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Encuesta a escritores argentinos contemporáneos



coordinación: Diego Cousido
El siguiente trabajo no pretende ser abarcativo ni mucho menos. Por razones de tiempo, no pudimos encuestar más escritores. Pedimos disculpas a quienes no incluimos en la convocatoria. Las preguntas, comunes a todos los encuestados, son éstas:

1 ¿Vive usted de la literatura? ¿Qué lugar ocupa en su modo de ganarse la vida? ¿Qué otros trabajos hace o ha hecho?

2 Si tuviera que comparar el trabajo de escritura con otro oficio ¿con cuál sería y por qué?

3 ¿Cómo trabaja su escritura? ¿Cuánto tiempo le dedica? ¿Lee alguien sus textos antes de publicarlos? ¿Escribe de manera regular? ¿Lee a otros autores en los períodos en que está escribiendo?

Alan Pauls

Alejandra Zina

Alejandro Parisi

Andrés Tejada Gómez

Aníbal Ford

Ariel Bermani

Bárbara Belloc

Carlos Battilana

Claudio Zeiger

Cristian de Nápoli

Daniel Freidemberg

Daniel Krupa

Daniel Link

Edgardo Cozarinsky

Elsa Drucaroff

Elvio Gandolfo

Emiliano Bustos

Fabián Casas

Federico Jeanmaire

Fernanda García Lao

Guillermo Saccomano

Gustavo Ferreyra

Gustavo Nielsen

Hernán Ronsino

Ignacio Molina

Jimena Néspolo

Joaquín Linne

Juan Terranova

Julieta Lerman

Leonor Silvestri

Leopoldo Brizuela

Lucas Funes Oliveira

Luis Gusmán

Luisa Lindo

Macky Corbalán

María Rosa Lojo

María Teresa Andruetto

Marina Kogan

Martín Kohan

Mauro Lo Coco

Nurit Kasztelan

Oliverio Coelho

Oscar Fariña

Osvaldo Aguirre

Pablo Toledo

Paula Peyseré

Pedro Mairal

Raquel Heffes

Ricardo Strafacce

Rodolfo Edwards

Romina Doval

Romina Freschi

Santiago Llach

Sonia Budassi

Susana Cella

Valeria Iglesias


*

Alan Pauls

1 ¿Vive usted de la literatura? ¿Qué lugar ocupa en su modo de ganarse la vida? ¿Qué otros trabajos hace o ha hecho?

No "vivo" de la literatura en el sentido de que el dinero que la literatura me da no me alcanza para pagar las cuentas, pero vivo de ella en la medida en que si no leo o escribo durante, digamos, veinticuatro horas, la vida sufre un entristecimiento general que afecta entre otras cosas mi competencia para producir el dinero que sí las paga y cuyas consecuencias vitales –en caso de que la situación se prolongara– serían imprevisibles. En términos económicos, la literatura es y supongo que seguirá siendo lo que nunca debería dejar de ser: un plus, un suplemento, un lujo. Es decir: un escándalo. (Todos los escándalos del "mundo literario" siempre tienen que ver con la relación equívoca que la literatura mantiene con el dinero.) Como siempre tiene algo de espejismo o de fraude, el dinero que llega de la literatura es el que menos espero en el mundo y sin duda el que más me hace gozar.
2 Si tuviera que comparar el trabajo de escritura con otro oficio ¿con cuál sería y por qué?

Con un oficio híbrido que combinara el arcaísmo y la paciencia de un artesanado con la velocidad de una ciencia instantánea.


3 ¿Cómo trabaja su escritura? ¿Cuánto tiempo le dedica? ¿Lee alguien sus textos antes de publicarlos? ¿Escribe de manera regular? ¿Lee a otros autores en los períodos en que está escribiendo?

Trato de escribir todos los días. Si las cosas de escribir no salen, trato de orbitar alrededor de lo que escribo la misma cantidad de tiempo que dedicaría a escribir. Orbitar quiere decir quedarme cerca de lo que (no) escribo: leer, releer, tomar notas, estar en babia, cambiarle la tipografía y el cuerpo y los márgenes a lo que ya tengo escrito, no atender el teléfono para convencerme de lo ocupado que estoy, etc. Escribo muy despacio, muy mentalmente, pero generalmente lo que escribo es lo que queda. Corregir para mí nunca es "pulir": es hachar, eliminar, cambiar de lugar. Corrijo siempre sobre grandes unidades de texto, nunca sobre pequeñas. Antes me desalentaba el tiempo que me llevaba cada frase. Últimamente me consuelo diciéndome que el tiempo que invierto en pensar quizás sea el mismo que los demás escritores invierten en corregir. Hay algunos amigos, dos, tres a lo sumo, que aceptan leer lo que escribo antes de que se publique. Leo mientras escribo a otros autores, por supuesto, incluso buenos autores que me exaltan o descorazonan, pero nunca nada "sobre" lo que estoy escribiendo. Todo eso, si lo leo, ya lo leí antes, cuando escribir era un sueño útil, y ya lo olvidé.



Alejandra Zina

1 ¿Vive usted de la literatura? ¿Qué lugar ocupa en su modo de ganarse la vida? ¿Qué otros trabajos hace o ha hecho?

Sí y no. Si la pregunta es si me gano la vida escribiendo ficción, la respuesta es no. Escribo ficción y mi gana pan tiene que ver con ella: soy editora, correctora, doy clases de narrativa en la Escuela de Cinematografía Nacional. Pero esto es relativamente reciente. Antes trabajé de:

Pegadora de patillas de pañolenci para la campaña Menem ´89. Lo hacíamos con otras dos amigas para el papá de una de ellas, que había comprado kilos de patillas y pegamento. Siempre salíamos colocadísimas de esas jornadas laborales.

Promotora de una cobertura médica trucha.

Promotora de una tarjeta de crédito trucha.

Vendedora de zapatos.

Vendedora de mallas en Villa Gesell.

Repartidora de afiches y volantes.

Secretaria privada de una psicoanalista lacaniana acaudalada que organizaba tertulias literarias en su casa de Recoleta.

Secretaria privada de una señora que se presentaba como diseñadora de modas, pero compraba la ropa en Once y después la revendía. Su marido, burrero y putañero tiempo completo, le giraba una mensualidad para sacársela de encima. Con esa mensualidad yo pagaba la peluquería, la manicura, la masajista, Visa, American Express, la tintorería, luz, gas, rentas, Automóvil Club Argentino, Tiempo Compartido, el teléfono celular y las cuentas de su casa en Punta del Este.

Secretaria en una institución educativa.


2 Si tuviera que comparar el trabajo de escritura con otro oficio ¿con cuál sería y por qué?

La escritura de cuentos y la luthería es una comparación que me gusta. Los luthiers reciben un madero al que tienen que transformar en instrumento. Serruchan, tornean, lijan, aplican clavijeros y cuerdas. Una vez que transforman la materia prima, tienen que afinarlo y hacerlo sonar. Yo imagino algo así cuando me siento a escribir un cuento. Al principio tengo un material tosco, tiene buen aroma y creo que es prometedor. Entonces laburo los personajes, el ambiente, las descripciones, el comienzo, el remate, la tensión dramática hasta que lo empiezo a ver. Cuando ya tiene forma, sigo con el trabajo fino: las palabras que elegí, la puntuación, la sintaxis, hasta que en algún momento (glorioso momento) siento que empieza a sonar. Cuando no pasa nada de esto, me frustro. El cuento aspira a la máxima precisión y uno se vuelve muy maníaco, muy obsesivo y omnipotente.


3 ¿Cómo trabaja su escritura? ¿Cuánto tiempo le dedica? ¿Lee alguien sus textos antes de publicarlos? ¿Escribe de manera regular? ¿Lee a otros autores en los períodos en que está escribiendo?

Depende. Mi producción es mayormente de cuentos. Construirlos me lleva mucho tiempo y no me salen siempre del mismo modo. A veces empiezo por un personaje, a veces por una frase que me suena en la cabeza y quiero meter en algún lado, a veces por un recuerdo, a veces por algo que escuché o que vi. Me esfuerzo por no explicar ni juzgar a mis personajes. Mientras escribo dejo que hablen ellos. Sus voces me interesan más que la mía.

Mi pareja es mi primer lector, al que quiero seducir. Mientras me lee, doy vueltas por la casa, fumo, lo espío, lavo los platos, hago tiempo hasta que se aparece para decirme qué le pareció. Por su cara me doy cuenta si la cosa viene floja o si es un "¡sigue así!".

Semanalmente muestro mi trabajo a mis compañeros de taller y a mi maestro, Alberto Laiseca. Conocen lo que escribo y confío en todo lo que me dicen. A veces, envío cuentos a otros amigos (escritores y no) y a mis hermanas.

Intento escribir todos los días, con disciplina deportista. Escribo de tarde, noche o madrugada. Jamás de mañana. La mañana se hizo para dormir.

Sí. Leo a otros autores. Me ayudan a resolver problemas o me dan buenas ideas o me conectan con una emoción o me advierten de algo. Pienso, por ejemplo, "¿cómo hizo Capote para decir esto que yo quiero decir?" Voy a Música para camaleones, leo, me digo "qué hijo de puta", y vuelvo a lo mío.


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