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Cuando se tiene algo que decir se lo dice en cualquier parte


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Ricardo Strafacce

1 ¿Vive usted de la literatura?¿Qué lugar ocupa en su modo de ganarse la vida?¿Qué otros trabajos hace o ha hecho?

¡Nooooooooo!

Me hace gastar lo que me gano en otro lado.

Trabajo de abogado. Fui imprentero también.
2 Si tuviera que comparar el trabajo de escritura con otro oficio ¿con cuál sería y por qué?

Con el de cocinero: preparar el plato lleva más tiempo que el de consumirlo. Y siempre quedan sobras además.


3 ¿Cómo trabaja su escritura?

Como un desocupado. Pero no cobro subsidio, ojo.

¿Cuánto tiempo le dedica?

En algunos períodos, toda la vida; en otros, apenas unos minutos por día

¿Lee alguien sus textos antes de publicarlos?

Alguna de mis hijas, alguno de mis amigos

¿Escribe de manera regular?

Entre regular y pésimo.

¿Lee a otros autores en los períodos en que está escribiendo?

Sí, por supuesto.



Rodolfo Edwards

1 ¿Vive usted de la literatura? ¿Qué lugar ocupa en su modo de ganarse la vida? ¿Qué otros trabajos hace o ha hecho?

No. No vivo de la literatura. En mi modo de ganarme la vida ocupa un lugar “alterno” pues los montos que percibo por mis trabajos vinculados con la palabra escrita no son muy elevados, están bastante lejos de redondear “un sueldo”, son “changas”… Mi primer trabajo fue cuidar coches en las adyacencias de la cancha de Boca, los días de partido. Íbamos con un amigo y ofrecíamos nuestros servicios de cuida-coches en la calle Martín Rodríguez, entre Lamadrid y la cortada Ayolas. Mi compañero de andanzas y yo éramos más flacos que Discepolín, un viento fuerte nos hubiese llevado quién sabe dónde, así que nuestras posibilidades de defender los autos ante un posible ataque eran escasas. La recompensa de los automovilistas se traducía en monedas de baja denominación, así que este negocio realmente nunca fue muy próspero. Con el correr de los años desempeñé diversos oficios. Fui secretario de un abogado provisional durante mucho tiempo. También trabajé en una biblioteca, en una librería y en un restaurante, de adicionista. En una época fui contratado por la revista deportiva “Tiro Libre” donde comentaba partidos del Deportivo Paraguayo, club que actualmente milita en la Primera “D”. Dicté clases de literatura, tuve algunos programas de radio y escribo en algunos medios, sobre temas diversos. Ocasionalmente soy guía de turismo cultural, oficio realmente bien redituado.
2 Si tuviera que comparar el trabajo de escritura con otro oficio ¿con cuál sería y por qué?

Si me permiten quisiera deslindar lo que para mí es el oficio de escribir “artísticamente” y el de escribir “laboralmente”. Creo que, por lo general, no coinciden. Escribir “artísticamente” es un acto de profunda y maravillosa libertad, no reglada por el mercantilismo ni por la Academia ni siquiera por el Altísimo. Lo mismo vale para cualquier otra disciplina: pintura, música, lo que fuere. El artista verdadero hace lo que se le canta, es “amateur”, “bohemio” (lo que no quiere decir “boludo”, aclaro) siempre. Por supuesto que el producto puede ser vendido al mejor postor, lo que es absolutamente lícito. El problema surge cuando el “artista” escribe a partir de las presiones y preconceptos del dinero o de la Academia del momento. Ahí se convierte en un esclavo, en una gris pieza del engranaje, en un oficinista (últimamente veo mucho de eso). Por otro lado, la escritura ofrece múltiples posibilidades laborales: el periodismo, la crítica, el cine, el teatro, la televisión, la publicidad, la política. La palabra es un arma de trabajo. Escribidor, escritor, artista, a veces se mezcla todo y entonces sale un Roberto Arlt. Si tendría que comparar mi oficio de poeta con otro, pienso en los jardineros, poetas y jardineros buscan lo mismo: rosas perfectas.


3 ¿Cómo trabaja su escritura? ¿Cuánto tiempo le dedica? ¿Lee alguien sus textos antes de publicarlos? ¿Escribe de manera regular? ¿Lee a otros autores en los períodos en que está escribiendo?

Escribo diariamente, para mí la escritura es como comer, como caminar, es un acto cotidiano y necesario. Hay dos etapas bien diferenciadas: primero está el sagrado impulso de la escritura salvaje, pulsional; como no soy beatnik, después viene el trabajo de corrección, de embellecimiento, ahí empieza el arte, la convención. Puede pasar que en la etapa “salvaje” surja un texto limpito, que tendrá pocas correcciones, pero mayormente hay que hacer retoques. Como dijo alguna vez Edgar Bailey, el “estado de alerta” debe ser constante, full time. Se te puede ocurrir una idea en el subte, en medio de un sueño, en una fiesta de cumpleaños, en cualquier parte… Llevo conmigo una libretita para anotar cosas. Pero siempre escribo por la noche, arranco después de la una de la madrugada. Sí, leo a otros autores cuando estoy escribiendo. También leo todos los días: libros, diarios, revistas… El poeta chileno Nicanor Parra escribió un poema que se llama “El Premio Nóbel”, se los transcribo, porque viene muy a cuento:

El Premio Nóbel de Lectura me lo debieran dar a mí que soy el lector ideal y leo todo lo que pillo: leo los nombres de las calles y los letreros luminosos y las murallas de los baños y las nuevas listas de precios y las noticias policiales y los pronósticos del Derby y las patentes de los autos para un sujeto como yo la palabra es algo sagrado señores miembros del jurado qué ganaría con mentirles soy un lector empedernido me leo todo –no me salto ni los avisos económicos claro que ahora leo poco no dispongo de mucho tiempo pero caramba que he leído por eso pido que me den el Premio Nóbel de Lectura a la brevedad imposible.

Romina Doval

1 ¿Vive usted de la literatura? ¿Qué lugar ocupa en su modo de ganarse la vida? ¿Qué otros trabajos hace o ha hecho?

No vivo de la literatura. De tanto en tanto me pagan un cuento, un artículo o una liquidación, pero esas entradas de dinero no son suficientes para decir que vivo de la literatura. Trabajo en la docencia y eventualmente en la traductora literaria.
2 Si tuviera que comparar el trabajo de escritura con otro oficio ¿con cuál sería y por qué?

Con el de cualquier artesano. Creo que los escritores somos artesanos porque no tenemos títulos y porque nadie puede enseñarnos a escribir; aun recurriendo a un maestro, éste sólo nos podrá guiar; aprendemos escribiendo en soledad y el lenguaje y la experiencia son nuestras herramientas.


3 ¿Cómo trabaja su escritura? ¿Cuánto tiempo le dedica? ¿Lee alguien sus textos antes de publicarlos? ¿Escribe de manera regular? ¿Lee a otros autores en los períodos en que está escribiendo?

La única manera de trabajar la escritura es escribiendo. Escribiendo y corrigiendo en una constante búsqueda. No creo en la inspiración y sí en el trabajo. El tiempo que le dedico varía según los problemas de la vida cotidiana y según la voluntad y las ganas. Puedo pasarme días enteros escribiendo pero también puedo pasar semanas sin tocar nada. Creo que hay que tratar de exigirse una regularidad. Le doy a leer mis textos a un grupo reducido de amigos escritores en los que confío ciegamente. Leo más clásicos que contemporáneos –escriba o no escriba– y no temo a las influencias. Ellas existen, se dan y hay que aceptarlas; ahora, cuando la influencia de otros tapa al autor o lo convierte en una versión menor de otro, hay que intervenir de inmediato con la corrección o directamente con la reescritura. Creo que se le puede perdonar a un escritor que no escriba como los dioses, lo que no se le puede perdonar es que no sea él mismo.



Romina Freschi

1 ¿Vive usted de la literatura? ¿Qué lugar ocupa en su modo de ganarse la vida? ¿Qué otros trabajos hace o ha hecho?

Asumo que vivir de la literatura tiene que ver con la obtención del dinero que utilizo. Sí, vivo de actividades relacionadas con la literatura. No de la escritura de poesía únicamente, aunque cada vez es mayor el porcentaje que esos ingresos representan en mis ingresos reales.

Principalmente me mantengo a través de la docencia, pero también la crítica, la traducción y la consultoría son actividades habituales para mí. La literatura ocupa todo mi espectro laboral, no obtengo dinero de otro modo, no en la actualidad. Probablemente la cantidad de trabajo que realizo no tiene relación con la cantidad de dinero que recibo, pero no creo ser la excepción y además vivo modestamente. Varias veces me faltó el dinero y nunca me sobró pero eso me ha dado destreza para administrarlo. No me doy lujos, mi lujo es elegir cuanto más pueda mis trabajos. Privilegio las oportunidades de hacer cosas interesantes y desafiantes por sobre aquellas que podrían proporcionarme más dinero. Lo interesante y desafiante me agrega un plus de experiencia que el dinero no logra igualar.

Trabajo desde los 16 años y he desarrollado múltiples tareas: kioskera, mensajera, moza, volantera, promotora, vendedora, secretaria, empleada administrativa, coordinadora de prensa y gestión cultural, docente, editora, escritora, consultora, consejera, traductora, investigadora.

La literatura es algo muy importante para mí. Vivo de ella no solo porque obtengo dinero sino porque me da felicidad y me ayuda, me constituye. Soy feliz por poder hacer poesía. También soy feliz por poder hacer otras cosas que no se relacionan tanto con la literatura y en las que gasto mi dinero: los afectos y otros saberes como la filosofía, la psicología y el yoga llenan mi vida, y también vivo de ellos.


2 Si tuviera que comparar el trabajo de escritura con otro oficio ¿con cuál sería y por qué?

La escultura. El lenguaje me parece tan material y plástico como la piedra, la madera o el metal, por nombrar materiales escultóricos clásicos. Escribir me parece la búsqueda de una forma y me parece tan penosa y al mismo tiempo tan sensual como la escultura.


3 ¿Cómo trabaja su escritura? ¿Cuánto tiempo le dedica? ¿Lee alguien sus textos antes de publicarlos? ¿Escribe de manera regular? ¿Lee a otros autores en los períodos en que está escribiendo?

Bueno, en parte contesté en 2, pero puedo agregar que el tiempo y las distintas etapas son fundamentales. El tiempo no lo tengo mensurado ni calculado, depende del proyecto, de si tengo un objetivo claro, un deadline o no. Pensando en mi escritura literaria, mi poesía, que es la escritura que yo más valoro, mi modo de trabajo ha cambiado a través de los años, calculo que por circunstancias coyunturales y también de maduración.

En la actualidad escribo todos los días, en un diario personal, o en mis cuadernos de trabajo. Eso va formando un mosto, algo que llegado un tiempo personal que no suelo poder prever, necesita ser revisado, levantado, colado. Ahí se efectúa una reescritura que se sistematiza en un pasaje de esos textos a la PC, una fijación, si se quiere. Allí pueden pasar mucho tiempo, algunos pueden pasar por mi blog www.freschi.blogspot.com, pero son un porcentaje realmente pequeño los que allí se alojan. Llegado otro tiempo que tampoco suelo poder prever, reveo esos textos, los imprimo, hago correcciones, los agrupo y desagrupo, sigo escribiendo a través de ellos. Esto puede suceder muchas veces. Mis ciclos son cada vez más largos.

Sí, suelo mostrar lo que escribo a personas de mi confianza, poetas a quienes admiro o afectos cuya perspectiva me resulta aguda. También suelo leer públicamente inéditos, como un modo de ponerlos a prueba. El blog funciona de manera similar.

Acerca de leer, nunca dejo de leer ni de escribir, así que sí, leo mucho mientras escribo, pero también vivo mientras escribo. No tengo como método investigar mientras escribo, aunque no lo descarto como opción.

Santiago Llach

1 ¿Vive usted de la literatura? ¿Qué lugar ocupa en su modo de ganarse la vida? ¿Qué otros trabajos hace o ha hecho?

Vivo de la literatura ajena.
2 Si tuviera que comparar el trabajo de escritura con otro oficio ¿con cuál sería y por qué?

No sé.
3 ¿Cómo trabaja su escritura? ¿Cuánto tiempo le dedica? ¿Lee alguien sus textos antes de publicarlos? ¿Escribe de manera regular? ¿Lee a otros autores en los períodos en que está escribiendo?

No escribo.

Sonia Budassi

1 ¿Vive usted de la literatura? ¿Qué lugar ocupa en su modo de ganarse la vida? ¿Qué otros trabajos hace o ha hecho?

No. La literatura ocupa un lugar, digamos, central o transversal en mi trabajo, depende del punto de vista. Quizá podría decirse, entonces, que vivo de la literatura de otros, y más en criollo, del periodismo cultural. También escribí un libro por el cual recibí un módico adelanto, pero más allá de los plazos de entrega, fue tan placentero que casi me olvido que puede considerarse un trabajo.

De todos modos, no sé si es posible, por lo menos en este país, vivir de la literatura, como sí sucede con otras artes. Pienso en las artes plásticas; el dinero que ofrecen los premios comparados a los literarios es muy amplia, como también si se compara, y perdón por la analogía, lo que recibe un autor “prestigioso” como adelanto por una novela, y lo que gana un pintor con la venta de un cuadro.

Hice muchos trabajos, desde baby sitter, a la docencia, a asistente de dirección en cine, y he mercantilizado el ejercicio de la redacción escribiendo sobre distintas cosas. Un tiempo trabajé, por ejemplo, escribiendo en la revista para los empleados de Metrogás.
2 Si tuviera que comparar el trabajo de escritura con otro oficio ¿con cuál sería y por qué?

No sé. Hay gente que se ofende cuando le hablan de oficio. La verdad es que no sé con qué otra cosa podría compararlo... A veces pienso que con cualquiera. Otras me otorgo demasiada importancia y pienso que con ninguna.


3 ¿Cómo trabaja su escritura? ¿Cuánto tiempo le dedica? ¿Lee alguien sus textos antes de publicarlos? ¿Escribe de manera regular? ¿Lee a otros autores en los períodos en que está escribiendo?

La verdad es que me pregunto qué es lo que convierte la escritura en trabajo. Supongo géneros que haya plata de por medio, de todos modos, el trabajo es un problema.

La escritura tiene sus vaivenes trabajosos y otros, la mayoría, tremendamente, excesivamente, hedonistas, con lo cual imponerme reglas o mediciones me resulta muy difícil. Escribo cuando puedo, cuando no estoy trabajando.

Soy fluctuante: a veces leo otros autores mientras escribo, otras no. A riesgo de quedar como cierto periódico dominical, justo, juro que justo hoy, estaba leyendo esto que está en la autobiografía de Chesterton, y que me recordó que tenía que responder la encuesta. Remite a otro problema: “Fue entonces cuando comencé a tener la impresión –que aún sigo teniendo– de que hoy en día lo peor del trabajo es lo que le sucede a la gente cuando termina de trabajar: el traqueteo de los trenes y tranvías, y la lenta vuelta a sus casas lejanas”. Ahora que la transcribo creo que no tiene tanto que ver.



Susana Cella

1 ¿Vive usted de la literatura? ¿Qué lugar ocupa en su modo de ganarse la vida? ¿Qué otros trabajos hace o ha hecho?

Diría que sí vivo de la literatura, no de la escritura. O sea, si pienso en la literatura en tanto lo institucional, en las varias tareas conectadas con cierta competencia literaria, sí. Enumero: trabajar en la Facultad de Filosofía y Letras, en el Instituto Lenguas Vivas, hacer traducciones de textos literarios de autores canónicos o no, hacer ediciones, compilaciones, estudios preliminares o prólogos, leer originales, hacer trabajos de corrección de estilo y notas periodísticas (por ejemplo bibliográficas), coordinar un Espacio Literario, y digamos que también alguna non sancta, como ghost writing. Esta sola enumeración creo que indica el lugar que ocupa, todas estas cosas demandan bastante tiempo. De modo que es mi ocupación básica. En cuanto a otros trabajos, además de decir que me ocupo de que funcione una casa (lo que no es fácil si uno no es rico como para delegarle a un ama de llaves todo eso y como para no tener que hacer cálculos en cuanto a la administración del presupuesto mensual de manera que pueda proveer lo que hace falta), en algún tiempo di clases particulares, de literatura, de castellano y de inglés. También en algún tiempo trabajé en la escuela secundaria, pero de nuevo, esto tiene que ver con la literatura en gran parte.

Cuando digo “vivo”, quiero decir, logro reunir una suma que me permite satisfacer necesidades básicas, pagar las cuentas, comprar algunas cosas (libros, por ejemplo, y muchas veces gracias a la facilidad de las cuotas, sobre todo los importados), hacer pequeños ahorros para afrontar gastos.

Pero supongo que la pregunta tiene que ver también con la escritura, con aquellos textos de creación o reflexión (digo, novela, cuento, poesía, ensayo). En este caso no podría decir que vivo de ellos en el sentido material de la cuestión, más bien intento vivir para ellos, sobre todo para hacerlos. Y todo el resto es literatura.
2 Si tuviera que comparar el trabajo de escritura con otro oficio ¿con cuál sería y por qué?

Lo compararía con cualquiera de las otras artes, escribir, digamos un poema, una novela, un cuento, me parece similar a pintar un cuadro, hacer una estatua, componer una pieza musical. La base de la comparación es simple: la página en blanco, la tela en blanco, el mármol informe, el pentagrama vacío. En todos los casos se trata de que el impulso llegue, y más que nada, siga estando, no flaquee demasiado, para que la obra llegue a constituirse.


3 ¿Cómo trabaja su escritura? ¿Cuánto tiempo le dedica? ¿Lee alguien sus textos antes de publicarlos? ¿Escribe de manera regular? ¿Lee a otros autores en los períodos en que está escribiendo?

Cuando está ese impulso del que hablaba y que puede sobrevenir a veces en insólitos momentos (digo impulso por nombrar de algún modo la fuerza que impele la escritura, no confundir con algún estado de inspiración romántico), me permite poner en marcha distintos modos de trabajo, con el común denominador de que se impone como lo único que hay que hacer en ese momento, sustraído todo lo demás, por urgente que sea, esos modos son adelantos en la realización de la obra, sean el diseño de un plan más general, la concreción de un texto en algún sentido como de corrido, la corrección de otro que estaba en barbecho, la anotación de una frase que me resulta significativa y en la que concibo un núcleo importante a desarrollar, y también, en algunos casos, el trabajo es medio a destajo, como sin parar, buscando llegar a una conclusión. El tiempo que le dedico, por tanto, es variable. Pueden ser períodos breves y entre medio de otras ocupaciones, menos breves o más extensos cuando, como si se despejara la maraña de tareas, la escena de la escritura se apodera de todo el tiempo, día y/o noche. En cuanto a lectura previa, sí, pero no demasiado, y exceptuando a los editores, no siempre. Escribo de manera regular, digamos siempre, pero no siempre la misma cantidad de tiempo. Leo antes, mientras y después de escribir, en tanto no tengo etapas definidas para cada cosa. Sino más bien zonas simultáneas, intersecciones, intervalos. Por otra parte, no podría no leer, es como la contracara ineludible de escribir.



Valeria Iglesias

1 ¿Vive usted de la literatura? ¿Qué lugar ocupa en su modo de ganarse la vida? ¿Qué otros trabajos hace o ha hecho?

Considero que vivo de la escritura, o tal vez, para abarcar todas las actividades que generan ingresos, vivo del lenguaje, de enseñar a usar el lenguaje. Doy talleres de creatividad y escritura creativa, pero también hago correcciones, traducciones, talleres de lectura en inglés y enseño español a extranjeros. De todos modos, excepto por las traducciones y las correcciones que son casi siempre técnicas, la literatura aparece como herramienta en las lecturas que hago y propongo a los alumnos.

Hasta el año pasado, también trabajé en escuelas primarias como profesora de inglés.


2 Si tuviera que comparar el trabajo de escritura con otro oficio ¿con cuál sería y por qué?

No puedo no imaginarme la escritura como una improvisación musical en la primera versión y como una composición durante las correcciones.


3 ¿Cómo trabaja su escritura? ¿Cuánto tiempo le dedica? ¿Lee alguien sus textos antes de publicarlos? ¿Escribe de manera regular? ¿Lee a otros autores en los períodos en que está escribiendo?

Soy demasiado autoexigente. Produzco muchísimas primeras versiones de cosas que nunca llegan a nada. Siempre me es más fácil empezar algo nuevo que corregir lo que tengo en bandeja de borradores. Pero cuando logro pasar la barrera de la angustia y la pereza, les dedico muchísimo tiempo a mis textos. No he publicado muchos textos literarios, los cuales siempre hay alguien que los lee. Otras cosas que he publicado (artículos, críticas, reseñas) nunca se las di a nadie más que a quién debía publicarlas.



No soy regular para escribir. Es una lucha eterna conmigo misma. Las épocas en las que no puedo escribir me siento muy mal y me defino como “una escritora que no escribe”.

Siempre estoy leyendo a otros autores. Siempre estoy leyendo.
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