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Cuadernos de ajedrez


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Año 3 Julio 2010 Nro. 31


CUADERNOS DE AJEDREZ

PMQVNT Horacio Sistac RSLWKZ




Aperturas
Defensa Francesa

Variante del Avance
Historia
Introdujimos a la Defensa Francesa en el primer año de vida de Cuadernos de Ajedrez, y lo hicimos a través de su Línea Principal pe-ro abordando el agudo Ataque Chatard-Alekhine.
Desde entonces no hemos vuelto a ella a pesar de que es un clásico en la práctica habi-tual del ajedrez de elite. En esta oportunidad pretendemos retornar a su análisis a través de una de las líneas que se ha puesto nuevamente de moda: la Variante del Avance.
Nos abstenemos de repetir su historia (lo que el lector podrá encontrar en la edición número 7 de Cuadernos de Ajedrez que se edi-tara en Julio de 2008) y resumiremos, apenas, los conceptos de base de esta defensa que fueran explicitados en aquella oportunidad.
Enrolada dentro de las defensas de or-den cerrado, la Defensa Francesa gesta una suerte de fortaleza, que impide al blanco gran-des hazañas para intentar su asalto, aunque con-mina a sus propias fuerzas a una suerte de encie-rro, en especial al famoso Alfil de la Francesa que sufre verdaderas penurias para entrar en jue-go.
Filosóficamente, el negro planteará sus acciones en el flanco de dama, por lo cual le re-sulta imprescindible provocar la ruptura del cen-tro, en algún momento, mediante la movida .... c5, razón por la cual el emplazamiento del caba-llo en la casilla c6 es practicamente un pecado capital. Por esta misma razón, y salvando algu-nas contadas variantes, ese mismo caballo suele emplazarse en el escaque d7, desde el cual da también soporte al pretendido avance de peón.
En general, las blancas gozan de venta-jas espaciales pero, como hemos afirmado, el asalto a la fortaleza negra no es de fácil concre-ción.

En la Defensa Francesa, los oponentes suelen concentrar sus esfuerzos estratégicos, co-mo sabemos, en el control de la casilla d4, una cuestión que se hace más evidente en el caso de la Variante del Avance.


En efecto, la Variante del Avance, ob-jeto del presente análisis, lleva el peón rey blan-co a la posición e5 rapidamente, mientras que todas sus restantes parientes suelen hacerlo (cuando no lo han cambiado por el peón dama negro) en etapas posteriores y con el fin de ga-nar un tiempo atacando al caballo que se empla-za en f6. Tal es el caso del Ataque Chatard-Alekhine que estudiáramos tiempo atrás.
Planteo
El planteo inicial de la Defensa Fran-cesa, Variante del Avance es el siguiente:





Blancas

Negras

1

e4

e6

2

d4

d5

3

e5

....


Diagrama 1

XABCDEFGHY


8rsnlwqkvlntr(
7zppzp-+pzpp'
6-+-+p+-+&
5+-+pzP-+-%
4-+-zP-+-+$
3+-+-+-+-#
2PzPP+-zPPzP"
1tRNvLQmKLsNR!
xabcdefghy

Como ya hemos anunciado, existe una movida crítica que deben practicar las negras, ¡y éste es el momento!




3

....

c5

Hasta aquí, sólo movimiento de peones y el primer anuncio de que la batalla circulará alrededor del punto d4. Las dos siguientes juga-das de las blancas son intercambiables y ambas propenden a dar soporte al escaque en cuestión.




4

c3

Cc6

5

Cf3

....

Ahora, siendo el turno de las negras, dos jugadas disputan las preferencias de los ju-gadores por igual. Ellas son 5. .... Db6 y 5. .... Ad7.


En verdad, ambas jugadas deberán ser practicadas en algún momento del desarrollo de esta variante, de modo que continuaremos con la tradicional, pero no queremos obviar una pe-queña y conocida trampa que surge de la prime-ra de ellas. Luego de 5. .... Db6, 6. Ad3 cxd4, 7. cxd4 Cxd4?? (muchos aficionados ingresan en esta celada creyendo que han ganado fácilmente un peón), 8. Cxd4 Dxd4??, tras lo cual 9. Ab5+ .... permite a las blancas ganar la dama rival.


5

....

Ad7

Esta movida asegura que cuando las negras emplacen su dama en b6 (algo que segu-ramente sucederá, como hemos afirmado), no corran el riesgo de aquella desagradable sorpre-sa.

Momentáneamente, la lucha por d4 ha cesado, lo que permite que la blancas prosigan con calma, tal vez la calma que precede la tor-menta por el punto crítico.


6

Ae2

Cge7

7

Ca3

cxd4

8

cxd4

Cf5

9

Cc2

Db6

10

0-0

....


Diagrama 2

XABCDEFGHY


8r+-+kvl-tr(
7zpp+l+pzpp'
6-wqn+p+-+&
5+-+pzPn+-%
4-+-zP-+-+$
3+-+-+N+-#
2PzPN+LzPPzP"
1tR-vLQ+RmK-!
xabcdefghy

La macabra maniobra del caballo dama blanco termina siendo la clave del sostén del peón sito en d4. A expensas de ello, el caballo negro que logró ubicarse en f5 tiene un empla-zamiento ideal. Intentar desplazarlo con g4 .... puede resultar en una peligrosa aventura para las blancas, especialmente porque las negras no necesitran apurar el enroque y, tal vez, no lo necesiten, contando con ambos alfiles en pro-tección del rey que, en tal caso, puedan res-ponder con el avance .... h5 luego de poner su caballo a salvo.


No obstante ello, jugadores de ataque suelen arriesgar aquella agresiva movida (espe-cialmente cuando el segundo jugador ya no pue-de enrocarse largo tras haber puesto en juego la torre dama) generando motivos tácticos en el flanco de rey que las negras, en ocasiones, no llegan a contrarrestar en el flanco contrario.
Por lo dicho, ¡las fuerzas sobre el punto d4 están en un equilibrio notable!
Algunos temas que nacen de esta posición y de sus familiares directas
El mencionado equilibrio puede lucir como un estancamiento de la iniciativa de las blancas. Sin dudas, las negras pueden iniciar acciones, según sus planes, en el flanco dama, empezando por .... Tc8 (pensando en el futuro y aprovechando la columna abierta) o ..... Ca5 proyectando cambiar su alfil “malo” mediante .... Ab5.
Las blancas, en ocasiones, intentan Ad3 .... para luego doblar peones enemigos con Axf5 .... aunque logran que el alfil negro se ins-tale en e6 con mucha más acción que la de con-vertirse en un simple sostén de la cadena de peones.
Cuando esto acaece, las negras deben evitar la tentación de ganar un peón ya que si, por ejemplo, 10. .... Tc8, 11. Ad3 Cfxd4? las negras ingresan en otra trampa que se consuma con 12. Cfxd4 (el caballo correcto) Cxd4, 13. Ae3 (clavando al caballo) Ac5 (creyendo evitar la clavada) y 14. b4 .... que termina ganando una pieza. Sin embargo, esta ganancia no es fácil para las blancas ya que luego de 14. .... Cxc2, 15. Axc5 Dc7 y si ahora 16. Axc2? .... las negras recuperan material (y una posición pri-vilegiada) vía 16. .... b6. Por ello, 16. Ad6! .... practicamente obliga a 16. .... Dc3 y, si bien 17. Tc1 .... asegura el material extra, 18. Dg4 .... ataca el punto g7 (abandonando el alfil en d3) pero promete mucho más que material.
Aunque no ya propio de esta posición pero sí de la familia de la Variante del Avance, las blancas pueden intentar un gambito en la 6ª movida con 6. Ad3 ....

Este cambio en la secuencia tradicional de la variante es conocido como Gambito Milner-Barry. Ciertamente ceden un peón lue-go de 6. .... Db6, 7. 0-0 cxd4, 8. cxd4 Cxd4, 9. Cxd4 Dxd4 (ya sin el peligro del jaque que deja la dama a su suerte), 10. Cc3 .... arribándose a la siguiente interesante posición.


Diagrama 3

XABCDEFGHY


8r+-+kvlntr(
7zpp+l+pzpp'
6-+-+p+-+&
5+-+pzP-+-%
4-+-wq-+-+$
3+-sNL+-+-#
2PzP-+-zPPzP"
1tR-vLQ+RmK-!
xabcdefghy

Como todo gambito, la entrega de un peón no es gratuita1 y mucho menos dos. Si, por ejemplo, 10. .... Dxe5, 11. Te1 Db8 (lo mejor), 12. Cxd5 .... recupera mucho más que un peón, ya que la ventaja de desarrollo de las blancas está fuera de cuestión.


Entonces, ¿cuál es el antídoto contra este gambito? La simple 10. .... a6! previene Cb5 .... y, refrenando su apetito, prepara mucho más. Luego de 11. De2 Ce7, 12. Rh1 (preparan-do f4 ....) Cc6, 13. f4 Ac5! con lo cual las negras tienen una excelente posición y la iniciativa.
Partida del alto voltaje táctico
Aportamos al lector una partida que es un verdadero ejemplo del espíritu temático que hemos esbozado en los párrafos previos, una partida cuyo voltaje táctico es extremo por don-de lo miremos y en el que ambos contendientes, aún con jugadas arriesgadas, propusieron su má-ximo en consistencia con las ideas que los im-pulsaban.
Nos referimos a la partida que disputa-ron Grischuk y Gulko en el Torneo de Ebsjerg del año 2000. Partimos de la posición del Dia-grama 2.


10

....

Tc8

11

Rh1

....

Byron Jacobs asevera que “Esta era una nueva movida. 11. a3 ...., 11. h4 h5, 12. Ag5 .... e, incluso, 11. g4!? .... eran bien conoci-das.2 Agregamos, de nuestra propia cosecha, que no comprendemos mucho su razón, aunque adivinamos su aspiración.


11

....

Ca5

12

g4

....

¡Comienza el show! Mientras las ne-gras abordan el flanco de dama, las blancas apu-ran el arriesgado ataque en el flanco de rey.




12

....

Ce7

13

Cfe1!?

Ab5

14

Cd3!

h5!?


Diagrama 4

XABCDEFGHY


8-+r+kvl-tr(
7zpp+-snpzp-'
6-wq-+p+-+&
5snl+pzP-+p%
4-+-zP-+P+$
3+-+N+-+-#
2PzPN+LzP-zP"
1tR-vLQ+R+K!
xabcdefghy

Tal como anunciáramos al expresar la ideas temáticas de esta variante, la agresiva g4 ...., que aprovecha que las negras dejarán su rey en el centro ya que no arriesgarán el enroque corto, encuentra contrajuego en su propio flanco mediante .... h5 con el concepto, a cargo del se-gundo jugador, de abrir la columna “h” y, aban-donando el flanco dama, trasladar sus fuerzas al ala contraria, una tarea nada fácil de llevar a ca-bo.




15

gxh5

Cf5

16

Ae3

g6?!

17

hxg6

fxg6

18

Tg1

Dc7

Aquí comienzan a apreciarse las inten-ciones del negro. Esta última jugada de las ne-gras pretende trasladar la dama hacia el flanco rey. Las blancas, sin abandonar sus propios pla-nes, responderán en defensa inmediatamente, no sólo del caballo doblemente atacado sino para situarlo en f3 en protección del peón “h”, para luego continuar con aquellos planes.



19

Cde1

....

Dudosa, por los motivos explicados y sólo si las blancas se conformasen con tablas, era 19. Tc1?! ...., a raíz de 19. .... Dh7, 20. Tg2 Ch4, 21. Tg3 (nunca 21. Tg4 .... a causa de 21. .... Cf3! que promete un mate inolvidable) Cf5 y el empate arribaría por repetición.




19

....

Axe2

20

Dxe2

Dh7

21

Cf3

g5


Diagrama 5

XABCDEFGHY


8-+r+kvl-tr(
7zpp+-+-+q'
6-+-+p+-+&
5sn-+pzPnzp-%
4-+-zP-+-+$
3+-+-vLN+-#
2PzPN+QzP-zP"
1tR-+-+-tRK!
xabcdefghy

Esta última movida de las negras no tiene ninguna inocencia. Su intención no solamente es incomodar al caballo instalado en f3 sino, mucho mejor aún, es continuar con .... Txc2, Dxc2 Cg3+! y conquistar la dama rival.




22

Tg2!

Ch4

Aunque luzca igual, ya no sirve 22. .... Txc2 a causa de 23. Dxc2 Cg3+ y luego de 24. fxg3 .... la dama cuenta con la protección de la torre recién desplazada.




23

Cxh4?!

Txc2!

24

Db5+

....

Mortal jaque que frena los intentos tác-ticos de las negras.




24

....

Cc6

25

Cf3

Ah6!

26

Axg5

a6?!

27

Db3

Axg5

28

Cxg5

Df5

29

Cxe6!

....

La posición de las blancas, que se exhi-be en el diagrama que sigue, es ya muy superior. Aquel jaque, aprovechando que el rey no tenía protección en ninguno de los enroques, terminó siendo la clave del desbarajuste de los planes negros.


Diagrama 6

XABCDEFGHY


8-+-+k+-tr(
7+p+-+-+-'
6p+n+N+-+&
5+-+pzPq+-%
4-+-zP-+-+$
3+Q+-+-+-#
2PzPr+-zPRzP"
1tR-+-+-+K!
xabcdefghy

Las blancas ganan un peón pero, más importante aún, amenazan un jaque doble en g7 o, mínimamente, obtener la calidad si 29. .... Dxe6 con 30. Dxc2 ....




29

....

Re7

30

Cg7

De4

La clavada de la torre blanca es un no-ble intento de las negras, pero ya adolecen de los tiempos necesarios para hacerla prevalecer.




31

Dxb7+

Rf8

32

Ce6+

Re8

33

Dc8+

Re7

34

Dxh8

Txf2

35

Dg7+

Aband.


Diagrama 7

XABCDEFGHY


8-+-+-+-+(
7+-+-mk-wQ-'
6p+n+N+-+&
5+-+pzP-+-%
4-+-zPq+-+$
3+-+-+-+-#
2PzP-+-trRzP"
1tR-+-+-+K!
xabcdefghy

Hermosa partida que describe los es-quemas conceptuales que esbozamos al descri-bir el espíritu que impulsa a cada contendiente en esta variante. Para el caso, la victoria fue de las blancas que, tras el jaque, obligaron a las negras a resignarse ya que si 35. .... Rxe6, 36. Dg6+ .... sería conclusiva. En efecto, si 36. .... Dxg6, 37. Txg6+ .... y si 37. .... Rd7 (tratando de conservar material), 38. Td6+ Rc7 y 39. Tc1 .... les aseguraría a las blancas la captura del ca-ballo y una torre (además de tres peones) de ventaja.



Estrategia
Materialismo en ajedrez3
En reiteradas oportunidades, hemos in-sistido en que la gula, pecado capital como po-cos, arrastra a males mayores que la indigestión. Esta aseveración la hemos manifestado, prima-riamente, al referirnos a cuestiones tácticas, pe-ro su validez no escapa a los conceptos estraté-gicos.
Ya el MF Alfredo Roca en su artículo de cierre del año 2009 nos ilustró magnífica-mente acerca del valor relativo de las piezas, ese teórico valor cambiante que –lejos de ser abso-luto- nos refiere a la verdadera utilidad de cada pieza en la particular situación en que se en-cuentre y en su poder de acción al momento en que sea necesaria. Recomendamos al lector re-pasar el capítulo de Estrategia de Cuadernos de Ajedrez #24 (Edición de Diciembre 2009) en el que pudimos apreciar que el sacrificio posi-cional de una dama por dos piezas menores ter-minó valiendo más que todo el arsenal rival, por cuanto aquél apenas podía moverse.
Dicho de otra manera, la diferencia ma-terial en ajedrez suele marcar una superioridad evidente en ciertas situaciones pero, a cambio, el materialismo se manifiesta como un pecado capital que muchas veces nos condena a las eternas llamas del infierno.
Robaremos, y deseamos que su autor nos autorice, algunas de las brillantes ideas de quien hoy ya se ha convertido en un clásico del ajedrez. Nos referimos al GM Jonathan Row-son, a quien esperamos brindarle un tributo a través de este artículo, pero no sólo por las ense-ñanzas que nos deja a través de su elaborada pluma sino, fundamental y especialmente, por-que nos brinda una indispensable cuota filosó-fica que alimenta nuestro pensamiento mucho más allá de los límites de los 64 cuadrados esca-queados.
Jonathan Rowson define pecado4, en ajedrez, como “.... una mala interpretación de la realidad.” A pesar de su aclaración de que ello no tiene ninguna connotación religiosa (lo cual compartimos, por supuesto) y de que sólo se refiere a la “realidad ajedrecística”, la pro-fundidad de sus afirmaciones trasciende la vas-tedad del ajedrez.
La sabia conclusión de Jonathan Row-son no se agota en el hecho de que el materia-lismo, en ajedrez, representa la simple acumula-ción de piezas y peones rivales sino en el hecho de la seguridad psicológica que provee a quien así actúa para creer en la superioridad de su juego.
Su análisis, mucho más profundo de lo que podemos exponer aquí, se remonta a la eta-pa en que el niño aprende a jugar ajedrez, sobre lo que asevera: “ Se trata de una condición en la que el material es el eje acerca del cual rotan nuestros procesos de pensamiento. Está integra-da por la forma en que aprendemos a jugar al ajedrez, cultivada por nuestra temprana expe-riencia del juego, y reforzada por el lenguaje y simbolismo del ajedrez”.
Quienes esto escribimos, nos atreve-mos a adivinar la influencia que Rueben Fine, a partir de su libro “La Psicología del Jugador de Ajedrez”, debe haber tenido en los pensa-mientos de Rowson y, por nuestra parte, nos atrevemos a agregar que aquella aseveración es también válida para la vida misma, se trate del mundo oriental u occidental.
Precisamente, los programa de compu-tación de ajedrez, mas allá de la mayor o menor sofisticación con que cuenten, son un cúmulo de algoritmos que, como supiese definir Gary Kas-parov5, representan la “fuerza bruta del cálculo” y en la esencia del cálculo radica, en primera instancia, la valoración del material existente sobre el tablero.
Claro está, esa “fuerza bruta”, perfec-cionada a lo largo de tantos años de desarrollo, ha ido incorporando otros conceptos como el valor relativo de una pieza en función a su mo-vilidad, por ejemplo. Sin embargo, y a pesar de que la ultra-sofisticación tecnológica ha podido derrotar al hombre en la lucha de los trebejos sobre el tablero, también es cierto que sufre grandes dificultades a la hora de analizar posi-ciones complejas que no le son familiares, en las que la abstracción de la mente humana prueba ser muy superior6.
Presentamos al lector un conocido ejemplo del Gambito Escocés, temática que su-pimos abordar en Cuadernos de Ajedrez #18 correspondiente a la edición del mes de Julio de 2009, hasta arribar a la movida 11ª de ambos:





Blancas

Negras

1

e4

e5

2

Cf3

Cc6

3

d4

exd4

4

Ac4

Ab4+

5

c3

dxc3

6

0-0

Df6

7

e5

cxb2

8

exf6

bxa1=D

9

De2+

Rf8

10

Ab2

Dxb2

11

Dxb2

Cxf6


Diagrama 8

XABCDEFGHY


8r+l+-mk-tr(
7zppzpp+pzpp'
6-+n+-sn-+&
5+-+-+-+-%
4-vlL+-+-+$
3+-+-+N+-#
2PwQ-+-zPPzP"
1+N+-+RmK-!
xabcdefghy

Consultados los textos de varios anti-guos teóricos que abordaron esta posición, nin-guno de ellos dudó en aseverar que “las blancas ganan la dama”, una expresión ingenua ante la evidencia pero que -en general- es interpretada por el aficionado como una ventaja conclusiva, aunque -a excepción de un sólo caso- ninguno de ellos se atrevió a catalogar la misma como de neta superioridad blanca.


Por su parte, el programa utilizado para estos análisis, Fritz 11, describe una situación de igualdad con, apenas, una insustancial venta-ja para la blancas.
¿Quién tendrá la razón? Aquel solitario Quijote que se atrevió a dictaminar una decisiva ventaja blanca, la indiferencia y el confuso si-lencio de la mayoría de los autores, o Fritz 11 que declama la igualdad.

Desde la óptica de un programa de or-denador su primer evaluación favorece a las ne-gras: 2 torres + 2 caballos + 2 alfiles + 7 peones = 29 peones (o 29,5 peones si tomamos a los al-files con un valor absoluto de 3,25 peones). Por el lado de las blancas: dama + 2 caballos + alfil + torre + 4 peones = 27 peones (o 27,25 peones si el alfil valiera 3,25 peones). En definitiva, para cualquier ordenador las negras aventajan a las blancas, materialmente, por 2 o 2,25 peones, según sea el valor absoluto del alfil.


Sin embargo, en la evaluación de Fritz 11 existe una ínfima ventaja para las blancas de 0,37 peones7, es decir que no solamente revierte la diferencia material sino que la vuelca a favor del primer jugador. Pues bien, ello es fruto del perfeccionamiento posicional que se ha introdu-cido en los programas de computación. Sin du-das, Fritz 11 analiza que el alfil “c8” no vale 3 o 3,25 peones, según se quiera, hasta tanto entre en juego. ¿Pero de allí a revertir la diferencia absoluta es prácticamente de 2 peones?
Sigamos la secuencia, según la mejor interpretación de Fritz 11:


12

Cc3

d6

Obviamente intenta que entre en juego el alfil con el fin de que, al menos, adquiera algo del valor teórico material que se le atri-buye.




13

Cd5

Cxd5

14

Axd5

a5

A partir de esta movida, Fritz 11 co-mienza a cambiar de opinión. Ahora, la dife-rencia a favor de las blancas es de 0,50 peones. Pareciera obvio que, en una posición abierta, ¡una dama libre vale más que 9 peones! y que la simplificación favorecerá a las blancas.


La diferencia reconocida es ahora de ½ peón, pero en verdad es incapaz de advertir que estratégicamente la diferencia es mucho mayor aún. Obsérvese que la torre rey negra no ha en-trado en juego y necesitará mucho para hacerlo.


15

a3

Ac5

16

Te1

….

Como se aprecia, el alfil negro de casi-llas blancas todavía no puede entrar en la refrie-ga (el peón b quedaría en el aire). Asimismo, Fritz 11 –tras esta movida de las blancas vuelve a cambiar de opinión, y lo hace radicalmente. Ahora la diferencia a favor de las blancas es de 1,42 peones, una ventaja que comienza a ser apreciable.


Diagrama 9

XABCDEFGHY


8r+l+-mk-tr(
7+pzp-+pzpp'
6-+nzp-+-+&
5zp-vlL+-+-%
4-+-+-+-+$
3zP-+-+N+-#
2-wQ-+-zPPzP"
1+-+-tR-mK-!
xabcdefghy



16

….

Ab6

17

Cg5

Ce5

En este momento, la evaluación del or-denador arroja una diferencia favorable a las blancas de 3,60 peones, ventaja decisiva a los ojos de cualquier jugador, precisamente, merced al sacrificio que propiciarán inmediatamente.




18

Txe5!

dxe5

19

Cxf7

Ad4

20

Dc2

c6

21

Aa2

….


Diagrama 10

XABCDEFGHY


8r+l+-mk-tr(
7+p+-+Nzpp'
6-+p+-+-+&
5zp-+-zp-+-%
4-+-vl-+-+$
3zP-+-+-+-#
2L+Q+-zPPzP"
1+-+-+-mK-!
xabcdefghy

Las blancas esconden su alfil de modo que no pueda ser molestado y, simultáneamente, siguen ejerciendo presión en esa crítica diago-nal. Un recuento materialista diría que las ne-gras ostentan el equivalente a 22 peones (o 23 si valoramos mejor a los alfiles) contra 19 peones (o 19,25) de las blancas.


Sin embargo, la evaluación de Fritz 11 ha cambiado radicalmente desde aquella primi-genia igualdad que pronosticaba. Ahora favore-ce a las blancas por más de 4 peones.
Juzgamos innecesario continuar con el desarrollo de esta teórica partida que, como he-mos indicado, produjo las mejores movidas pro-puestas por el propio programa Fritz 11, a sabiendas de que el resultado favorecerá inexo-rablemente a las blancas.
Lo importante de esta lección radica en aquella máxima de que el materialismo en aje-drez, y también en la vida, configura un pecado capital que nos muestra una ilusión presente a expensas de un altísimo costo futuro.
¿Quiere saber quién fue el único que se atrevió a pronosticar que aquella posición del Diagrama 8 era ampliamente favorable a las blancas? Se lo contamos: fue el GM Luis Palau8 hace muchos, pero muchos, años, cuando toda-vía no era siquiera factible imaginar la exis-tencia de ordenadores y sofisticados programas de ajedrez.

Medio Juego - Táctica
Ataques al Enroque (Parte IV)
Para concluir el abordaje de esta temá-tica, nos resta tratar el ataque a las fortalezas “fianchetadas”, aquellas en las que el peón g del enroque corto ha sido avanzado un solo escaque. Es común que este tipo de enroques cuenten con la presencia de su alfil rey en la casilla desalojada por el peón g (en g2 para el caso de las blancas y en g7 para el de las ne-gras) –aunque ello no es condición necesaria del enroque con fianchetto- el cual se convierte en un aguerrido defensor de su monarca cuando las fuerzas rivales intentan el asalto.
Como regla general, y según reitera-remos a lo largo de esta cuestión, el asalto al enroque rival se debe efectuar mediante el avan-ce de peones que, actuando como si se tratase de arietes medioevales, puedan abrir brechas en el castillo rival que, más tarde, den lugar al empla-zamiento del resto de las fuerzas en la zona de ataque.
C. Enroques con Fianchetto
Posición Típica
Diagrama 11

XABCDEFGHY


8-+-wq-trk+(
7zpp+lzppvlp'
6-+-zp-snp+&
5+-+-+-+P%
4-+rsNP+-+$
3+-sN-vLP+-#
2PzPPwQ-+P+"
1+-mKR+-+R!
xabcdefghy
Minic-Lee

Cracovia, 1964

Juegan las negras
Como se aprecia, el asalto al fianchetto suele efectuarse con los peones a fin de abrir brechas. Para el caso, la última jugada de las blancas fue 1. h5 .... con la intención de controlar la columna h con la torre. Mostramos las maniobras típicas para este tipo de situaciones.





Blancas

Negras

1

....

Cxh5

2

g4

Cf6

3

Ah6

Axh6

4

Dxh6

....

La idea del blanco es, pues, 5. g5 .... tratando de quitarle al caballo el dominio de la casilla h7, y si 5. .... Ch5, entonces, 6. Txh5 .... preparando a la otra torre para llegar a h1.


Ejemplo C (1)
Diagrama 12

XABCDEFGHY


8rwqr+-+k+(
7+p+l+pvlp'
6-+-zppsnp+&
5+-+L+-+P%
4p+-vLP+-+$
3+-sN-+P+-#
2PzPPwQ-+P+"
1+-mKR+-+R!
xabcdefghy
Abrahmson-Fäldt

Postal Sueco

Juegan las blancas

Material: Totalmente equilibrado, aun-que las blancas perderán una pieza en la siguiente jugada.
Posición: el rey blanco está protegido y las piezas del primer jugador están enfocadas hacia el enroque, pero deben actuar con decisión.
Objeto del ataque: casilla f7 luego de abrir la columna h.
Razón del ataque: atacar el caballo en f6 obligando a despejar la diagonal a2-g8 que vulnera el punto f7 solamente defendido por el rey negro.

Acción:





Blancas

Negras

1

hxg6

hxg6

2

Dg5

....


Amenaza: Es claro que si (a) 2. …. exd5, 3. Dxf6!! Axf6, 4. Axf6 …. amenazando 5. Th8#, y si (b) 2. .... Cxd5, 3. Axg7 Rxg7, 4. Dh6+ .... especulando seguir con 5. e5+ .... y luego 6. Ce4+ …. con efecto devastador.
Secuencia:


2

....

e5

3

Th8+!

Aband.

Si 3. .... Rxh8, 4. Axf7 ...., que era el objetivo, para continuar con Th1 .... en algún momento, aún cuando medien jugadas inter-medias que sólo dilatarían el desenlace. Si, en cambio, 3. .... Axh8, 4. Dxg6+ Rf8 y 5. Dxf7#.


Ejemplo C (2)
Diagrama 13

XABCDEFGHY


8rsn-+-trk+(
7zp-wq-+pvlp'
6lzp-+p+p+&
5+-zp-+-+P%
4-+L+NzP-+$
3+-zPP+-+-#
2PzP-+-+P+"
1tR-vLQmK-+R!
xabcdefghy
Brinste-Hert

Correspondencia, 1972/73

Juegan las blancas

Material: Totalmente equilibrado.
Posición: el rey blanco está a salvo a pesar de que luce tan desprotegido, pero no corre peligro inminente. El enroque negro no tiene defensores para controlar el caballo, una torre y la dama en acción conjunta, a los que se unirá el protagónico alfil de casillas negras.
Objeto del ataque: abrir la columna h y enfilar dama y torre en ella.
Razón del ataque: dominar las casillas negras que rodean al rey negro.
Acción:





Blancas

Negras

1

hxg6

hxg6

2

Dg4

Axc4

3

Dh4

Tc8

4

f5!

....


Amenaza: La verdadera amenaza es 5. f6 …., pero su real motivación es hacer entrar al alfil de casillas negras en juego para que este controle la diagonal f8-h6 primero o, eventual-mente, la diagonal a1-h8.
Secuencia:


4

....

exf5

5

Dh7+

Rf8

6

Dxg7+!!

Aband.

Las amenazas se convierten en realidades. Si 6. .... Rxg7, 7. Ah6+ Rh8 (no pueden 7. .... Rg8 a causa de 8. Cf6+ Rh8 y 9. Af8#), 8. Ag5+ Rg8, 9. Af6 .... y las negras no pueden dilatar el mate con Th8 ....


Ejemplo C (3)
Diagrama 14

XABCDEFGHY


8-wql+r+-+(
7+-+-trpmkp'
6pzp-zp-+p+&
5+-+PzP-+-%
4-+-+-zP-+$
3+P+-+-+-#
2P+-+-wQLzP"
1+-+RtR-mK-!
xabcdefghy
Vidmar-Kmoch

San Remo, 1930

Juegan las blancas

Material: Totalmente equilibrado.
Posición: mientras el rey blanco está fuera de peligro, el monarca negro está en la diagonal a1-h8 a la que tiene acceso la dama blanca.
Objeto del ataque: el peón en f7.
Razón del ataque: abrir la diagonal a1-h8 y, de ser posible, también la diagonal a2-g8 para la acción del afill.
Acción:





Blancas

Negras

1

e6

fxe6

2

dxe6

Axe6


Amenaza: estando las diagonales abiertas, el blanco requiere concentrar fuerzas sobre el punto e6.
Secuencia:


3

Dd4+

Rg8?

Correspondía 3. …. Rf7.




4

Ac6

Ad7

5

Ad5+

Ae6

6

Dc4?

Aband.

A pesar de este abandono, plenamente justificado, no lo es por la movida efectuada por Vidmar, sino porque correspondía 6. Txe6 …. ya que si 6. …. Txe6, entonces 7. f5! …. por cuanto 7. …. gxf5, 8. Df6! Dc8 (defendiendo la torre clavada), 9. Rh1! …. amenazando 10. Tg1#.


Ejemplo C (4)
Diagrama 15

XABCDEFGHY


8r+qsnr+k+(
7+p+-+pvlp'
6p+-zp-snp+&
5+-zpPzp-vL-%
4-+-+P+-+$
3+-zP-+NsNP#
2PzP-wQ-zPP+"
1+-+RtR-mK-!
xabcdefghy
Gruschewski-Bykow

Frunse, 1959

Juegan las blancas

Material: Totalmente equilibrado.
Posición: nada hace prever desventajas en la posición de las negras.
Objeto del ataque: eliminar el alfil del fianchetto y romper el enroque pero no con un peón sino con una pieza menor (un caballo).
Razón del ataque: aprovechar que la dama blanca domina la diagonal c1-h6 para ubicarse, según convenga, en g5 o h6 acumulando fuerzas sobre el flanco rey.
Acción:





Blancas

Negras

1

Ah6

Dd7

2

Axg7

Rxg7

3

Cf5+

....


Amenaza: ante 3. ....gxf5, 4. Dg5+ Rf8, 5. Dxf6 f4, 6. Dh8+ Re7 y 7. Dxh7 ..... con superioridad evidente.
Secuencia:


3

....

Rh8

4

Dh6

Tg8

5

Cg5

b5

6

Td3

Cb7

7

Tg3

De8

8

Tg4!

Df8

9

Th4

Dxh6

10

Cxf7#



La presión sobre el punto h7 era insos-tenible para las negras que, al tomar la dama, descuidaron el punto f7.


Concluiremos esta temática del abor-daje de los castillos “fianchetados” y toda la se-rie de los ataques al enroque enemigo en nuestra próxima entrega.
La miniatura del mes

Contribución de Julio Refay



Otro Gambito Nórdico9
Continuando minipartidas con el Gam-bito Nórdico, seguimos con una producción de 1967. Espero la disfruten.
Mariasin-Epstein10

Bobruisk 1967





Blancas

Negras

1

e4

e5

2

Cf3

Cc6

3

d4

exd4

4

c3

dxc3

No es obligatorio aceptar el gambito. También es bueno 4. …. d5 o 4. …. d6. Tal vez, lo mejor sea 4. …. d3 devolviendo el peón ya que la mejor casilla de salida del caballo dama es vía el escaque d2.




5

Ac4

cxb2

6

Axb2

d5


Diagrama 16

XABCDEFGHY


8r+lwqkvlntr(
7zppzp-+pzpp'
6-+n+-+-+&
5+-+p+-+-%
4-+L+P+-+$
3+-+-+N+-#
2PvL-+-zPPzP"
1tRN+QmK-+R!
xabcdefghy



7

Axd5

Cf6

8

0-0

Ae7

9

Db3

0-0

10

Td1

De8?


Diagrama 17

XABCDEFGHY


8r+l+qtrk+(
7zppzp-vlpzpp'
6-+n+-sn-+&
5+-+L+-+-%
4-+-+P+-+$
3+Q+-+N+-#
2PvL-+-zPPzP"
1tRN+R+-mK-!
xabcdefghy

Era preciso jugar 10. …. Cxd5 con buenas posibilidades defensivas.




11

Ca3

a6

12

Tac1

Ad8

13

Cc4

Ce7

Ahora ya la captura en d5 perdía. Por ejemplo: 13. …. Cxd5, 14. exd5 Cb8, 15. Aa3 Ae7, 16. Tde1 …., o también 14. …. Ce7, 15. d6 Cc6, 16. dxc7 Axc7, 17. Aa3 Ce7, 18. Tde1 …. y las negras no tienen defensa. Si 18. …. Ae6, sigue 19. Cg5 …. que es conclusiva.




14

Axf7+!

….

Bonito golpe combinativo. El alfil blanco puede capturarse de tres maneras dife-rentes, pero, por desgracia, todas llevan a la derrota.




14

….

Txf7


Diagrama 18

XABCDEFGHY


8r+lvlq+k+(
7+pzp-snrzpp'
6p+-+-sn-+&
5+-+-+-+-%
4-+N+P+-+$
3+Q+-+N+-#
2PvL-+-zPPzP"
1+-tRR+-mK-!
xabcdefghy

Desastroso sería 14. …. Rxf7, a causa de 15. Ce5#, o 14. ….Dxf7, a lo que seguiría 15. Cg5! ….




15

Cce5

Cc6

16

Txc6

bxc6

17

Cg5!

….

Aunque tentadora, con esta movida se evita caer en la bonita celada 17. Txd8? Dxd8, 18. Cxf7 Ae6!, y las negras ganan una pieza toda vez que el primer jugador debe desviar la dama de la diagonal del alfil (19. Da4 …. o 19. Dc2 …. custodiando el escaque d1) pues si 19. Dxe6 Dd1+ y mate a la siguiente.




17

….

Ae7

18

Cexf7

Rf8

Se amenazaba un brillante mate me-diante 19. Ch6+ Rf8, 20. Dg8+ Cxg8, 21. Cxh7#




19

e5

Cd5

20

Df3

Rg8

21

Txd5!

Ag4


Diagrama 19

XABCDEFGHY


8r+-+q+k+(
7+-zp-vlNzpp'
6p+p+-+-+&
5+-+RzP-sN-%
4-+-+-+l+$
3+-+-+Q+-#
2PvL-+-zPPzP"
1+-+-+-mK-!
xabcdefghy

Perdía 21. …. cxd5, 22. Dxd5 Axg5, 23. Cxg5+ Ae6, 24. Cxe6 …. pero no 24. Dxe6+? …. a causa de 24. …. Dxe6, 25. Cxe6 Tb8!.




22

De4

….


22. Dxg4 …. dejaba a semejante ataque practicamente sin efectividad luego de 22. …. Axg5, 23. Cxg5 cxd5


22

….

Axg5

23

Cxg5

Dh5

24

Td4

Aband.


Diagrama 20

XABCDEFGHY


8r+-+-+k+(
7+-zp-+-zpp'
6p+p+-+-+&
5+-+-zP-sNq%
4-+-tRQ+l+$
3+-+-+-+-#
2PvL-+-zPPzP"
1+-+-+-mK-!
xabcdefghy

Y el blanco quedaba con una pieza de ventaja.



Finales
Grandeza de Alekhine en un final histórico
Sabidas son las virtudes que Alekhine ostentaba en todos los órdenes de la partida, es decir en la apertura (para los estándares de su época) y en el medio juego donde era indiscu-tible su visión estratégica y de largo plazo cuan-to su despliegue táctico y de corto plazo.
Pero sus virtudes no se agotaban allí, sino que se extendían también a la fase final de la partida. El ejemplo que mostraremos a conti-nuación es una elocuente demostración de su sa-ber en la faz conclusiva de una partida de aje-drez.
Nos referimos a la que disputó en la cuarta ronda del segundo match por el Campeo-nato del Mundo11 contra Efim Bogoljubow en la ciudad de Villingen, en abril de 1934. Tras una luchada Defensa Semieslava, luego de 51 juga-das por ambos bandos, arribaron a la siguiente posición:
Diagrama 21

XABCDEFGHY


8-+-tr-+-+(
7+l+rvl-mk-'
6p+-+-+-zp&
5zP-+-+P+-%
4-zp-zp-zp-+$
3+P+L+-+-#
2-+R+-vL-zP"
1+-+-tR-mK-!
xabcdefghy
Alekhine-Bogoljubow

Villingen, 1934
La última jugada de las negras había si-do 51. …. exd4, lo cual les redituaba un peón de más y, para mejor, pasado y sostenido por am-bas torres. Sin embargo, Alekhine, siguiendo los mejores consejos de Nimzowitch, bloqueaba el camino de este “criminal suelto” con su alfil de casillas blancas.
No obstante, la genialidad del gran Alekhine iba mucho más allá de aquellas sim-ples consideraciones y lo probaría en las manio-bras tácticas que siguieron:





Blancas

Negras

52

Txe7+!

….

Este sacrificio de calidad (transitorio, por cierto) conlleva mucho más veneno que el pueda adivinarse. Imaginamos la perplejidad de Bogoljubow ante esta jugada cuando, segura-mente, contemplaba que de alguna manera haría llegar su peón libre a la ansiada coronación.


Reproducimos los comentarios del pro-pio Alexander Alekhine: “ El punto inesperado de esta operación tan inocente a primera vista, es la coronación inevitable del peón de ‘f’. Co-mo puede verse sin dificultad, las negras ten-drán que seguir en adelante una línea de juego rigurosamente determinada.12


52

….

Txe7

53

Ah4

Rf7

La movida de las blancas deja en evi-dencia porqué nos referíamos a que la entrega de calidad era transitoria, pero también asegura-mos que aquel sacrificio portaba mucho más veneno. En efecto, Alekhine señala: “A cual-quier otra cosa [distinta de 53. …. Rf7], 54. f6+ ….


Lo que sigue es un arrollador ataque en las expertas manos de Alekhine.


54

Axe7

Rxe7

55

Tc7+

Td7

56

f6+

Re8

57

Ag6+

….


Diagrama 22

XABCDEFGHY


8-+-+k+-+(
7+ltRr+-+-'
6p+-+-zPLzp&
5zP-+-+-+-%
4-zp-zp-zp-+$
3+P+-+-+-#
2-+-+-+-zP"
1+-+-+-mK-!
xabcdefghy

¡Brutal concepción final de Alekhine! Esta última movida obligó a Bolgojubow a dejar el camino del peón “f” expedito hacia la coronación pues, de lo contrario, hubiese perdido la torre e, irremediablemente, la partida. Alekhine comenta: “Más exacto que 57. f7+ Txf7, Ag6 Ad5, etc.” donde, ganando la calidad, la victoria debería esperar mucho aún, agregamos nosotros.




57

….

Rd8

58

f7

Rxc7

59

f8=D

f3

60

Dxb4

Td6

61

Ad3

Aband.


Diagrama 23

XABCDEFGHY


8-+-+-+-+(
7+lmk-+-+-'
6p+-tr-+-zp&
5zP-+-+-+-%
4-wQ-zp-+-+$
3+P+L+p+-#
2-+-+-+-zP"
1+-+-+-mK-!
xabcdefghy

Con independencia de la diferencia de material que favorece a las blancas, los dos peo-nes sueltos de las negras eran fácilmente blo-queables mientras la dama podría hacer estragos en las huestes negras.


Sin dudas, esta fue una enorme demos-tración del dominio que Alexander Alekhine también sabía ostentar en la fase final de la par-tida.

Historias y Anécdotas del Ajedrez

Contribución de Germán Gil



El “quinquenio dorado” de la reflexión ajedrecística
¿Hubo, en verdad, una etapa “proto-deportiva” en la historia del ajedrez?
Sí que la hubo, bien que todavía inmer-sa en ese período “predeportivo” en el que el ajedrez “serio” era una lucha heroica y desigual por la existencia, y que se cobraba a menudo la vida y la salud de sus cultores (Alekhine y Ca-pablanca, víctimas de sendos ataques cerebrales; enfermedades mentales terminales en Steinitz y Morphy; adicciones y pobreza extrema en tantos otros casos, y la lista sigue…).
Recién a fines de la Segunda Guerra Mundial vería la luz a la faz del mundo la línea soviética “deportiva”, que hacía un culto de la preparación del “competidor” ajedrecista con un criterio análogo al de un atleta de cualquier especialidad, con su equilibrio entre entrena-miento físico y mental, la figura del “entre-nador” y un calendario deportivo que contem-plaba picos de actividad con etapas de descanso.
A caballo de ambas etapas, se inserta un “quinquenio dorado”, aproximadamente cal-culable en los años de la entreguerras hasta la toma del poder por los nazis (1933), en el que la experiencia competitiva de los cien años trans-curridos, así como los duros debates (cuya arena fueron los libros y publicaciones, las revistas especializadas y los tableros de torneos) entre clásicos e hipermodernos, dieron lugar a profun-das reflexiones sistemáticas sobre la naturaleza del ajedrez, su historia técnica, los núcleos duros de su teoría y los mecanismos de la re-flexión ajedrecística.
Sin duda que los puntales de estas reflexiones, conocidos por todo jugador que haya superado la etapa de la “plaza”, son Nue-vas ideas en ajedrez y Los grandes maestros del tablero, de Ricardo Reti, y Mi sistema, de Aarón Nimzovitch. Sin embargo, en la misma línea se hallan otros textos, acaso con menos pretensiones de “totalidad” que los nombrados, pero que se internan también por caminos que, más tarde, la era “deportiva” dejaría sin profun-dizar. Así, el intento de Rudolf Spielmann por crear una “teoría del sacrificio”, o la propuesta de Roberto Grau para modificar la nomenclatura de la teoría de aperturas (uno de cuyos textos liminares publicáramos en Cuadernos de Ajedrez, Año III, n° 27, marzo de 2010).
Aun las famosas “profecías” sobre el fin del ajedrez, que en 1928 parecía que todo ex campeón mundial tenía que hacer –eso sí, des-pués de perder el título de una disciplina que, mientras los había tenido como monarcas del planeta, habían practicado sin augurarles esos tristes destinos-, no podían ser formuladas a la ligera, y debían basarse en razonamientos que, aunque equivocados en sus conclusiones, po-seían premisas que se adentraban en la médula más profunda de las esencias ajedrecísticas. Ta-les servicios prestaron los desilusionados Lasker y Capablanca en su momento.
Que este pensamiento protodeportivo no era exclusivo de ex campeones mundiales o de teóricos de la talla de Reti o Nimzovitch, y ni siquiera de fuertes maestros como Spielmann o Roberto Grau lo demuestra este artículo del her-mano del campeón argentino, cuyo palmarés deportivo nos es desconocido (de hecho, no hay partidas de él en las grandes bases de datos), pe-ro que nos muestra aquí un nivel de reflexión acerca de la actividad ajedrecística al menos lla-mativa, bien que descansando en algunas con-cepciones prefreudianas que hoy pocos pedazo-gos del ajedrez suscribirían.
De la psicología del jugador de ajedrez13
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