Página principal

Crucis para adolescentes jóvenes


Descargar 129.44 Kb.
Fecha de conversión24.09.2016
Tamaño129.44 Kb.




Josefinos de San Leonardo Murialdo
VIA

CRUCIS


PARA ADOLESCENTES - JÓVENES
“Manos Amigas”

Recorriendo el camino de Jesús hacia el Calvario



nos daremos cuenta que es una historia

de pobres manos que desnudan, clavan en el madero, preparan la inscripción para fijarla encima de la cruz;

manos que juegan a los dados debajo de la cruz,

manos que parten el corazón con una lanza.
Antes que estas, otras pobres manos

han contado el precio de la traición,

han esposado al Justo,

han abofeteado al inocente,

han aplaudido la condena,

han preparado la corona de espina.

Dos manos han probado también

De lavarse delante de todo el pueblo

Que gritaba “¡Crucifícale!”.
Esta pobre historia de pobres manos,

el Señor la contempla y la soporta.

Nosotros también contemplamos esas manos

y estamos tentados de juzgarlas.

Pero, antes de juzgarlas, hagamos un alto.

Ahí adentro... están también nuestras manos.
Manos que cuentan con ganas el dinero;

manos que atan las manos de los humildes;

manos que aplauden la prepotencia de los violentos;

manos que despojan a los pobres;

manos que clavan, para que nadie

nos quite nuestros privilegios;

manos que en vano tratan de lavar las propias vilezas;

manos que escriben contra la verdad;

manos que traspasan los corazones...
La muerte del Señor

es obra de nuestras manos,

que continúan a lo largo de los siglos

su agonía y su muerte.

¡Si hubiera un agua que alcance

lavar estas manos mías!
Para olvidar mis manos

necesito mirar otras manos,

cambiar mis manos despiadadas

con manos misericordiosas.

Miro las manos de María, la Madre

de María Magdalena, de Juan,

que desde los pies de la cruz

se tienden hacia Jesús moribundo, bendiciendo,

implorando, perdonando.

Miro la manos del centurión,

que se golpea el pecho diciendo:

¡Verdaderamente este es el Hijo de Dios!”



Miro las manos de Jesús

que abraza voluntariamente la cruz,

que están abiertas de par en par,

clavadas, ensangrentadas,

acogedora y salvadoras.

Padre Primo Mazzolari

Nuestras manos también pueden continuar la obra de Cristo, que “pasó haciendo el bien a todos” o luchar contra su obra. Sí, “Dios no tiene manos, tiene solamente mis manos para continuar hoy su trabajo”.

A través de la Oración, queremos llegar a ser más capaces de transmitir algo de la ternura de las manos Dios.


REFLEXIONES y ORACIONES
El seguro de las manos
Con el agente de seguros me he interesado y he preguntado: ¿cuánto valen las manos de los artistas? ¿y las manos de los médicos y de las enfermeras?

¿las manos de los atletas? ¿las manos de los escritores?....

... Ah!.. y ¿cuánto valen las manos que dan una limosna, las manos que levantan a un caído, las manos que oran, las manos que ofrecen, las manos que se elevan a Ti, Señor?

Dom Helder Cámara


Manos vacías
He soñado... un hombre se presentaba al juicio del Señor.

“Mira, mi Dios”, le decía, “yo he observado tu ley, nunca hice nada deshonesto, malo o sucio. Señor, mis manos son puras y limpias”.

“Sin duda, sin duda”, le respondía el Señor, “pero, mira, ¡son manos vacías!”

Raúl Follereau

Las manos de Dios
Dicen que Dios, cuando creó al hombre y a la mujer, olvidó un particular: las manos. Apenas se dio cuenta, se puso a la obra y modeló una manos bellísimas, tiernas y delicadas para la mujer, fuertes y grandes para el hombre.

Comenzaron a usarlas. A veces las usaban bien y a veces mal. Entonces Dios decidió encarnarse, para tener él mismo las manos y enseñar cómo tenían que usarlas. Les mostró como bendecir, curar, donar, donarse. Permitió que clavaran sus manos, para demostrar que era posible tenerlas siempre abiertas, listas para acoger... Demostró que dos clavos nunca y de ninguna manera pueden clavar la libertad...



La mano de Dios
¡Es un techo la mano de Dios!

¡Es un refugio la mano de Dios!

¡es un vestido la mano de Dios!

¡es un fuego la mano de Dios!

¡es un misterio la mano de Dios!

porque escribe la vida y la muerte,

y separa, y une, levanta,

humilla, destruye y crea la mano de Dios!


Es poderosa la mano de Dios,

Es veloz la mano de Dios

Es severa la mano de Dios

Es leal la mano de Dios.

Es un barco la mano de Dios

que triunfa en toda tempestad.

Es paz la mano de Dios,

es alegría la mano de Dios,

es luz la mano de Dios,

es amor la mano de Dios.



Canto litúrgico

Dios es Padre y Madre
Dios es Padre y Madre. Tiene una mano masculina y otra femenina. Él sostiene, ella acaricia. Él fortalece, ella consuela; las dos manos están siempre tendidas. Non están pidiendo limosna, implorando, exigiendo, juzgando o condenando. Son solamente manos que bendicen, dando todo y esperando nada...

Son manos que se posan sobre cada uno de nosotros, hijos pródigos, y nos donan la eterna bendición divina: “Tú eres mi hijo predilecto, en ti yo me complacido”.

Las manos que perdonan, consuelan, curan y preparan un banquete festivo deben llegar a ser nuestras manos.

Henri Nouwen
Tú eres esas manos...
Cristo no tiene otro cuerpo más que el nuestro,

otras manos más que las nuestras,

otros pies más que los nuestros.

Tuyos son los ojos a través de los cuales Él mira

con compasión el mundo.

Tuyos los pies con los cuales Él camina haciendo el bien.

Y tuyas son las manos con las cuales Él bendice.

Santa Teresa de Jesús

...¿Por qué no haces nada...?
Muchas veces te he reclamado, Señor:

¿por qué no haces nada

por aquellos que mueren de hambre?

...¿por aquellos que están enfermos?

...¿Por aquellos que no conocen el amor?

...¿Por aquellos que sufren injusticias?

...¿Por aquellos que son víctimas de las guerras?

...¿Por aquellos que no te conocen?

Yo no entendía, Señor, Entonces Tú me has contestado:

“Yo he hecho mucho, todo lo que pude hacer:



¡Yo te he creado a ti!
UNA ORACIÓN
Todos repiten: “Tiéndeme tus manos y abrázame, Padre”


  • Tus manos me han plasmado (Job 10,8)

  • Somos obras de tus manos (Is.64,7)

  • En las palmas de tus manos has escrito mi nombre (Is.49,16)

  • En tus manos está mi vida (Dan. 5,23)

  • A tus manos pertenecen todos mis caminos (Dan. 5,23)

  • Nada se escapa de tus manos (Tob. 13,2)

  • Tu mano hiere y sana (Job 5,18)

  • Tú abres la mano y sacias a todo viviente (Salmo 144,16)

  • Las obras de tus manos son verdad y justicia (Sir.10,4)

  • En tus manos está el gobierno del mundo (Sir. 10,4)

  • Nadie puede parar tus manos (Dan. 4,32)

  • En tus manos están los justos (Sab. 3,1)

  • Que tu mano esté sobre mí (1Cor. 4,10)

  • No abandones la obra de tus manos (Salmo 137,8)

  • Tu mano es fuerte y poderosa (1Cor. 29,12)

  • Que tu mano me guíe por doquiera (Salmo 139,10)

  • Abre tu mano y tendré todo bien (Salmo 104,28)

  • Pon tu mano sobre mí y yo seré sanado (Mt.9,18)



Presentación
Las manos son las protagonistas de este Vía Crucis para adolescentes y jóvenes. No es solamente una elección de metodología para involucrar a los participantes, sino que reconocemos que el camino de la cruz es siempre “una historia de manos”...

Seguir a Jesús en el camino hacia el Calvario es casi “tocar con mano” al Hijo de Dios encarnado: su congoja, su soledad, su bondad infinita.

Las manos se mueven en sintonía con la mente y con el corazón; si estos son habitados por Dios, también las acciones orientan a la vida, al bien, al Reino.
Es importante saber “leer” con expresividad y vida, especialmente la meditación propuesta por Jesús...

Quizás será mejor que lo haga siempre una misma persona, con un signo que lo distinga (un manto rojo, por ejemplo).
También sería expresivo llevar una cruz, que pase de mano en mano en cada estación...
Concluyendo el Vía Crucis, se puede dar un signo como recuerdo (una oración, una estampa, una propuesta de caridad y compromiso....)


PRIMERA ESTACIÓN
MANOS OFRECIDAS

Jesús se dona a sí mismo en la Cena Pascual



Guía: ¡Sigamos a Jesús en el camino de la cruz!

Todos: ¡Él ha dado su vida por amor!
1º lector: Se estaba acercando la Pascua, fiesta en la cual los Hebreos celebraban el recuerdo de la liberación de la esclavitud de Egipto. Jesús sabía que los jefes del pueblo lo buscaban para matarlo. Por eso ha deseado estar con sus discípulos: para abrirles su corazón y dejarles su último mensaje de amor.
2º Lector: “Llegada la hora, Jesús se sentó a la mesa con sus discípulos y les dijo: ‘¡Cómo he deseado celebrar esta Pascua con ustedes antes de morir!’... Tomó entonces un pan en sus manos, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo: ‘Esto es mi cuerpo que se entrega por ustedes...’ Y después de la cena hizo lo mismo con el cáliz diciendo: ‘Este es el cáliz de la nueva alianza sellada con mi sangre, que se derrama por ustedes’. (Lucas, 22, 14-20)
Jesús: “Amigos míos, es la última vez que celebro con ustedes la Pascua. Este pan, que hoy parto por ustedes no es solamente alimento para el cuerpo: con esto les dejo mi mismo cuerpo en sus manos y en sus corazones; así me quedaré cerca de cada uno de ustedes y, más aún, estaré presente dentro de ustedes. Ahora estoy para dar completamente mi vida. Les encomiendo de amarse como yo los he amado a ustedes. No hay amor más grande del que entrega la vida por sus propios amigos. Y ustedes serán mis amigos para siempre, si se alimentan de este Pan y se comprometen a amarse recíprocamente.
Guía: Como el pobre que pide el pan para saciar su hambre, nosotros también pongamos nuestras manos hacia delante, con las palmas abiertas hacia arriba, en forma de copa, y digamos juntos: ‘Ayúdanos, Señor’.
3º Lector:

  • para prepararnos bien a nuestra Pascua...

  • para conocerte mejor y seguirte...

  • para participar con fidelidad a nuestra Misa Dominical...

  • para desear tu Palabra y tu Pan...

  • para compartir contigo nuestras alegrías y nuestros problemas...


Guía: Oremos:

Señor Jesús, a menudo nosotros también, como los apóstoles en la última cena, queremos ser superiores a los demás. Tú, en cambio, nos das una lección, diciéndonos que eres el servidor de todos, y te has gastado totalmente para todos. Ayúdanos a vencer nuestro egoísmo y guía nuestras manos a realizar gestos concretos de servicio e de amor.



AMÉN.


SEGUNDA ESTACIÓN
MANOS JUNTAS

Jesús ora al Padre en el huerto de los olivos.
Guía: ¡Sigamos a Jesús en el camino de la cruz!

Todos: ¡Él ha dado su vida por amor!

1º Lector: Terminada la Cena Pascual, Jesús se retira en oración en un lugar solitario, sin distracciones. Los apóstoles lo acompañan, pero se duermen... No comprenden la importancia de aquel momento. Mientras tanto Judas, con algunos soldados, busca a Jesús para entregarlo. Jesús, en la oración, encuentra la fuerza para reaccionar al mal y aceptar con serenidad las pruebas y la difícil misión que le espera.
2º Lector: “Cuando llegaron a un lugar llamado Getsemaní, dijo Jesús a sus discípulos: ‘Siéntanse aquí, mientras yo voy a orar’. Tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan. Comenzó a sentir miedo y angustia y les dijo: ‘Me muero de tristeza. Quédense conmigo y velen’. Se postró a tierra y suplicaba que, si era posible, no tuviera que pasar por aquel momento; y decía: ‘Abbá, Padre, todo te es posible. Aparta de mí este cáliz de amargura. Pero no se haga como yo quiero, sino lo que quieres Tú”. (Mc. 14,32-36)
Jesús: En las decisiones más importantes de mi vida, me he retirado a un lugar solitario para orar; y siempre he experimentado la cercanía de Dios Padre. Por eso te digo a ti también: haz de cada día un diálogo continuo con el Padre. Delante de cualquier dificultad, miedo o decisión, date un espacio de silencio para orar. En la paz de tu cuarto, háblale con confianza al Padre mío y tuyo; estés seguro que serás escuchado. De rodilla y con las manos juntas, podrás enfrentarte a la vida con la cabeza alta, sereno, con Dios a tu lado.
Guía: Unamos nuestras dos manos, con los dedos entrecruzados y apoyémoslas sobre el pecho, como para expresar que nuestra oración sale del corazón.

Digamos juntos: “Señor, enséñanos a orar”.


3º Lector:

  • Cuando estamos distraídos o preocupados...

  • Cuando estamos serenos y tranquilos...

  • Cuando no entendemos tu voluntad...

  • Cuando somos tentados por el maligno...

  • Cuando caemos en el pecado...


Guía: Oremos: Señor, nos pasa a menudo también a nosotros, como esa noche a tus discípulos, de no poder estar despiertos y contigo ni un poco de tiempo. Estamos siempre ocupados: el estudio, el juego, los amigos, la tele... Ayúdanos a poner un poco de orden a nuestra jornada y a escucharte mejor, porque tú quieres siempre lo mejor para nosotros. AMÉN

TERCERA ESTACIÓN
MANOS NO VIOLENTAS

Jesús regaña a Pedro por haber usado la espada
Guía: ¡Sigamos a Jesús en el camino de la cruz!

Todos: ¡Él ha dado su vida por amor!

1º Lector: Jesús llama “amigo” también a Judas, el discípulo que lo traiciona. Jesús no es vengativo, no responde al mal con el mal. Él rechaza todo género de violencia, no solamente aquella de las manos, sino también aquella que se genera con las palabras o con las actitudes. Jesús cree en la fuerza del amor y desea que todo pecador cambie de vida.
2º Lector: “Llegó Judas, uno de los doce apóstoles y con él una gran muchedumbre con espadas y palos. Uno de aquellos que estaban con Jesús golpeó con la espada a un siervo del Sumo sacerdote, cortándole una oreja. Jesús le dijo: ‘Guarda tu espada, porque todo el que pelea con espada, a espada morirá”. (Mt. 26,47-52)
Jesús: Yo he predicado un Evangelio de paz, porque no creo que el mundo pueda cambiarse con la violencia. He venido a buscar lo que se ha perdido y a curar lo que está enfermo en lo profundo del corazón. No he sido enviado para quitar a los malos de la tierra. Por eso, según mi ejemplo y con mi ayuda, usen sus manos para ayudar y construir, nunca para aplastar y destruir; para acariciar y no para golpear; para servir y no para ser servidos. Sepan que el odio llama a más odio; solamente el amor puede salvar el mundo. Mi mano será su defensa.
Guía: Como hijos del único Padre y hermanos entre nosotros, levantemos nuestros brazos, tomándonos de las manos.

Digamos juntos: “Crea en nosotros, Señor, un corazón nuevo”.


3º Lector:

  • para olvidar las ofensas y no tener rencores...

  • para no herir con palabras ofensivas o injuriosas...

  • para no ceder a la tentación de la venganza...

  • para no desalentarnos frente al mal...

  • para hacer siempre el primer paso hacia la reconciliación...


Guía: Oremos: Señor, danos valor para quitar las tensiones en familia y con nuestros amigos. Después de las discusiones o problemas, ayúdanos a encontrar pronto el camino del perdón y de la paz. Crezca en nosotros tu amor y el deseo de no hacer sufrir a nadie con nuestras palabras o acciones. AMÉN

CUARTA ESTACIÓN
MANOS LIBRES

Jesús no tiene temor de los poderosos
Guía: ¡Sigamos a Jesús en el camino de la cruz!

Todos: ¡Él ha dado su vida por amor!



1º Lector: Jesús es un hombre libre y valiente; non se deja condicionar por nada y por nadie. Un día echó del templo a los que vendían y compraban, porque habían convertido en un mercado el lugar sagrado de Dio, lugar de la oración. Ahora, delante del tribunal religioso, aún con las manos atadas, no tiene temor de responder y decir la verdad.
2º Lector: “Llevaron a Jesús ante el Sumo Sacerdote, que lo interrogó diciendo: -¿Eres el Cristo, el Hijo de Dios bendito?. Jesús le respondió: -Sí, Yo soy’. Entonces el sumo sacerdote, rasgándose las vestiduras, dijo: - ¿Han escuchado la blasfemia? Todos juzgaron que merecía la muerte. Algunos comenzaron a escupirlo y, tapándole la cara, le daban bofetadas y le decían: -¡Adivina! Y también los guardias lo golpeaban.

(Mc. 14, 53-65)


Jesús: Sí, Yo soy el Mesías Salvador, tan esperado. No se dejen engañar por las cadenas que bloquean mis manos y que no pueden encadenar mi corazón y mis palabras. Yo he venido como luz del mundo, pero no he sido acogido. Quien se creía más cercano a Dios me ha rechazado y golpeado. ¿Por qué también ustedes, hoy, no me reconocen, me ponen al último puesto sin escucharme y hasta se avergüenzan de mi? Yo soy el Hijo de Dios bendito; quien me ve a mí, ve al Padre. Quien me deja afuera de su corazón, se cierra a la gracia de Dios. ¡Agárrense de mis manos y serán libres!
Guía: Como signo de acogida hacia Jesús, extendamos nuestros brazos hacia abajo, un poco separadas del cuerpo, las palmas de las manos abiertas y ligeramente hacia arriba.

Digamos juntos: “Haznos libres, Señor”.


3º Lector:

  • de las esclavitud de las cosas y de nuestros vicios...

  • de la búsqueda de nuestro interés egoísta...

  • del temor de declararnos discípulos tuyos, dondequiera...

  • de una oración rezada solo con lo labios, sin corazón...

  • de todo lo que nos pueda alejarnos de Ti y de los hermanos...


Guía: Oremos: Señor, si Tú delante del tribunal hubieras callado la verdad, por miedo, hoy nosotros no estaríamos aquí para seguirte en el camino de la cruz. Concédenos amarte de verdad para aprender a ser libres, como tú, en el decir la verdad y en hacer el bien. AMÉN


QUINTA ESTACIÓN
MANOS LIMPIAS

Pilato se lava la manos y entrega a Jesús
Guía: ¡Sigamos a Jesús en el camino de la cruz!

Todos: ¡Él ha dado su vida por amor!




1º Lector: Jesús es condenado injustamente, para dar gusto a quienes gritan más fuerte. Pilato, el gobernador romano, reconoce que no tiene ninguna culpa; sin embargo, para non disgustar al pueblo y a las autoridades judías, entrega a Jesús a los soldados. Lavándose las manos, de hecho, condena a Jesús a muerte.
2º Lector: “Pilato les preguntó de nuevo: -¿y qué hago con Jesús llamado el Cristo? Todos contestaron:-¡Que sea crucificado! Él les dijo:-Pero, ¿qué mal ha hecho? Pero ellos gritaron más fuerte:-¡Crucifícalo! Viendo Pilato que no conseguía nada y que la gente se amotinaba cada vez más, tomó agua y se lavó las manos ante el pueblo, diciendo: -No me hago responsable de esta muerte; allá ustedes... Y entregó a Jesús a los soldados para que fuera crucificado”. (Mt. 27, 22-26)
Jesús: El mismo pueblo que había gritado “¡Hosanna!”, ahora vocifera “¡Ponlo en la cruz!”. Me esperaba este cambio... Mi predicación y mis acciones molestaban a muchos, sobretodo a quienes se aprovechaban de los demás. Y así yo he sido condenado culpable de haber querido cambiar el mundo. Sí, Yo soy Rey, pero en mi Reino hay lugar solamente para la bondad y la ternura; no hay espacio para otras armas. ¡Cómo cambiarían las relaciones si cada uno se preocupara del bienestar de los demás, recordando que delante de Dios el más grande es aquel que más ama y sirve!”.
Guía: Como signo de arrepentimiento, a cada invocación nos golpeamos el pecho, con la mano cerrada , y decimos juntos: “Señor, te pedimos perdón”.
3º Lector:

  • Por dar con facilidad siempre la culpa a los demás...

  • Por encontrar siempre excusas a nuestro egoísmo...

  • Por no reaccionar al mal, por comodidad e interés...

  • Por no ser coherentes con el Evangelio...

  • Por fingir de no ver las necesidades de los demás...


Guía: Oremos: Señor, nosotros también, muchas veces, como Pilato, nos lavamos las manos, no tomamos partido y los inocentes pagan las consecuencias... Ayúdanos a reconocer no solamente los pecados, sino también las consecuencias negativas del bien que no cumplimos. AMÉN


SEXTA ESTACIÓN
MANOS COMPROMETIDAS

Jesús carga con la cruz
Guía: ¡Sigamos a Jesús en el camino de la cruz!

Todos: ¡Él ha dado su vida por amor!

1º Lector: Hambre, miseria, destrucción, injusticias, violencias, corrupción.... todo esto es el efecto de la maldad que está presente en el corazón del ser humano. Jesús se compromete a desarraigar el mal llevando sobre sí el peso del pecado de todos, hasta el don de su propia vida.
2º Lector: “Los soldado lo llevaron al interior del palacio y llamaron a toda la tropa. Lo vistieron con un manto rojo y, trenzando una corona de espinas, se la pusieron. Después comenzaron a saludarlo, diciendo: -¡Salve, Rey de los judíos! Lo golpeaban en la cabeza con una caña, lo escupían y, poniéndose de rodillas, le rendían homenaje. Después de burlarse de él, le quitaron el manto rojo, lo vistieron con su ropa y lo sacaron para crucificarle. (Mc. 15, 16-20)
Jesús: Si mis manos pudieran hablar, cuantas cosas hubieran podido decir de los tres años pasados entre la gente... He acariciado a los pequeños, he multiplicado el pan para la gente, he donado amistad y perdón, he indicado el camino del bien... Mis manso han estado siempre comprometidas, disponibles y generosas. Ahora estas mismas manos son atadas al palo de la cruz: parece que ya no puedan hacer el bien de antes. Pero no es así: estos brazos míos continúan abiertos y llevan todo el mal del mundo sobre las espaldas, para vencerlo con mi amor. Es esto lo que siempre he deseado.
Guía: Pongamos nuestra mano derecha sobre le corazón, como si hiciéramos un juramento para indicar el compromiso solemne que asumimos de vivir todo lo que prometemos. Digamos juntos: “Me comprometo, Señor”.
3º Lector:

  • a mirar más a menudo y con fe al crucifijo...

  • a pedir tu ayuda cada mañana...

  • a llevar contigo mis pequeñas cruces...

  • a ser más solidario con quien está en dificultad...

  • a cumplir cada día una buena acción...


Guía: Oremos: Señor, nosotros también hacemos parte de aquellos que han preferido Barrabás en lugar de Ti y te han crucificado. Ilumínanos para que sepamos discernir claramente el bien del mal y te dejemos actuar en nuestra vida. AMÉN


SÉPTIMA ESTACIÓN
MANOS AMIGAS

Simón de Cirene ayuda a Jesús a llevar la cruz
Guía: ¡Sigamos a Jesús en el camino de la cruz!

Todos: ¡Él ha dado su vida por amor!




1º Lector: Jesús no alcanza a seguir en el camino; está agotado físicamente y destruido por dentro, entregado a las manos violentas y burlonas de soldados sin escrúpulos. Necesita ayuda, busca colaboradores, para que continúe su obra salvadora, a pesar de las dificultades.
2º Lector: “Cuando llevaban a Jesús para crucificarlo, detuvieron a un tal Simón de Cirene, que venía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevara detrás de Jesús. Lo seguía una gran multitud de pueblo y de mujeres, que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él”. (Lc. 23,26-27)
Jesús: La cruz que llevo es pesada porque recoge las penas de muchos: del enfermo y del desesperado, del marginado y del desempleado, de quien está solo y explotado. Estoy presente en cada persona que sufre e invoco ayuda y colaboración en nombre de muchos. Mi pasión no ha terminado, continúa en la vida del mundo. No pido compasión ni lamentaciones estériles, como hacía la gente al borde del camino; busco personas dispuestas a compartir conmigo el dolor de la humanidad, sobretodo de los hombres y mujeres, niños y jóvenes desesperados. Cada vez que sus manos se hacen cargo de los más débiles, me están ayudando a llevar la cruz”.
Guía: Como signo de solidaridad y fraternidad, nos tomamos de la mano y repetimos juntos: “Señor, nos comprometemos a amar más”.
3º Lector:

  • porque esto es el primero y más grande mandamiento...

  • porque se llega a ser maduros solamente cuando se ama...

  • porque quien ama deja una huella positiva tras de él...

  • porque sin amor la sociedad se deshumaniza...

  • porque al final seremos juzgados en el amor...


Guía: Oremos: Señor, danos un corazón listo, como Simón de Cirene, en hacer nuestra parte cuando la vida nos llama a compartir las cruces de los demás. Que lleguemos todos unidos a celebrar la Pascua. AMÉN

OCTAVA ESTACIÓN
MANOS TIERNAS

Verónica seca el rostro sangriento de Jesús
Guía: ¡Sigamos a Jesús en el camino de la cruz!

Todos: ¡Él ha dado su vida por amor!



1º Lector: Según la tradición, una mujer llamada Verónica, tuvo compasión de Jesús; pasó por medio de los soldados y con un paño de lino limpió su rostro ensangrentado. El semblante del rostro de Jesús se estampó en el tejido. Quien sufre necesita de estos gestos de atención y cariño.
2º Lector: “No tenía gracia ni belleza para que nos fijáramos en él... Fue despreciado y rechazado por los hombres, abrumado de dolores y habituado al sufrimiento. Como alguien a quien no se quiere mirar, lo despreciamos y lo estimamos en nada. Sin embargo, él llevaba nuestros dolores y por sus llagas hemos sido curados”. (Is. 53,2-5)
Jesús: Hoy en el mundo hay necesidad de personas como Verónica, que sepa consolar e infundir esperanza. Muchos rostros están desfigurados por la dureza de la miseria, por el sufrimiento de la enfermedad, por el dolor de la soledad, por las heridas de las injusticias. Cada gesto de ternura se quedará escrito en el libro de la vida. Pongan, pues, sus manos a disposición del Padre, para llevar un poco de calor humano y cristiano en nuestra fría sociedad. Contribuyan ustedes también a vencer el mal de hoy: la indiferencia. ¡Multipliquen los pequeños gestos de amor!
Guía: Vamos a poner la mano izquierda sobre la espalda del que está más cercano, y extendamos la mano derecha en signo de bendición, para invocar la fuerza de Jesús y decir que queremos estar cerca de quien nos necesita. Digamos juntos: “Manda tu espíritu, Señor”
3º Lector:

  • para no pretender solamente derechos y favores...

  • para demostrar el amor no con palabras sino con los hechos...

  • para ser más acogedores con quienes viven con nosotros...

  • para favorecer lo que une más que lo que divide...

  • para evitar palabras duras, vulgares o hirientes...

- para llegar con ternura al corazón del prójimo...
Guía: Oremos: Señor, a menudo nuestros ojos ven solamente nuestros problemas... Ayúdanos a darnos cuenta del dolor y de las dificultades de los demás, acercarnos a ellos con ternura y caridad, especialmente a quienes necesitan una sonrisa, una palabra de apoyo, una mano amiga. AMÉN

NOVENA ESTACIÓN
MANOS DESNUDAS

Jesús es despojados de sus vestiduras sobre el Calvario
Guía: ¡Sigamos a Jesús en el camino de la cruz!

Todos: ¡Él ha dado su vida por amor!




1º Lector: Jesús ha sido despojado de su dignidad de persona. Ahora le despojan también de sus vestidos y así lo exponen a las miradas y al desprecio de quien pasa. Nadie, sin embargo, le puede quitar la riqueza del amor que tiene en el corazón.
2º Lector: “Los soldados, después de crucificar a Jesús, se apropiaron de sus vestidos e hicieron con ellos cuatro partes, una para cada soldado. Dejaron a parte la túnica, tejida de una sola pieza, y la sortearon entre ellos. Así se cumplió la escritura que dice: Dividieron entre sí los vestidos y mi túnica la echaron a suerte”. (Juan 19, 23-24)
Jesús: Pensaba yo que ya lo había dado todo; me quedaba esa poca ropa que mal cubría mi cuerpo destrozado. También los vestidos se agarraron los soldados, dejándome totalmente desnudo. Ahora todos pueden estar seguros que no tengo más nada para mí. Todo lo he dado al Padre y a ustedes. El amor verdadero es siempre exigente, te lo pide todo. Pide de vaciarse completamente, sin medias tintas. Para eso hace falta vencer el propio egoísmo cada día, poco a la vez. Ustedes también llevarán a la presencia del Padre solamente las obras de amor sembradas a lo largo de la vida. Nada más.
Guía: Nos acercamos uno por uno a la cruz y con la mano, después de haberla acercado a nuestros labios, tocamos la imagen de Jesús mandándole un beso. Digamos juntos: “Ten misericordia. Señor”
3º Lector:

  • por todos los cuerpos violentados, vendidos y matados...

- por todos los cuerpos desfigurados por la miseria, la droga

o el alcohol...



  • por todos los cuerpos bonitos por fuera y dañados por dentro por el pecado...

  • por todos los cuerpos heridos por la enfermedad ...

  • por todos los cuerpos suprimidos antes de que nazcan...


Guía: Oremos: Señor, ayúdanos a considerar nuestro cuerpo y el de los demás como una realidad sagrada, el templo tuyo y de tu Espíritu. Haz que te demos gracias por la belleza de nuestro cuerpo, creciendo en sabiduría, edad y gracia. AMÉN


DÉCIMA ESTACIÓN
MANOS TENDIDAS

Jesús es clavado al madero de la cruz
Guía: ¡Sigamos a Jesús en el camino de la cruz!

Todos: ¡Él ha dado su vida por amor!

1º Lector: Hemos llegado a la cima del drama. Los clavos traspasan las manos y los pies de Jesús; la sed lo atormenta; no puede moverse por el dolor atroz de cada célula del cuerpo... A su alrededor hay solamente odio; dentro de él solo bondad y misericordia. ¡Es su sorprendente respuesta!
2º Lector: “Jesús salió de la ciudad llevando la cruz, hacia el lugar llamado Gólgota; allí lo crucificaron junto con otros dos, uno a cada lado de Jesús. Pilato mandó escribir y poner sobre la cruz un letrero que decía ‘Jesús de Nazareth, rey de los judíos”.

(Jn. 19, 17-19)


Jesús: Mis manos están fijadas al madero de la cruz, ya no se pueden mover. Sin embargo, ahora que estoy levantado de la tierra con los brazos abiertos, puedo finalmente abrazar a todos. Deseo que nadie se quede afuera del radio de mi abrazo de amor, tampoco estos dos ladrones crucificados junto a mí. Sin personas capaces de abrir los brazos cada día y hacerse cargo de la debilidad de los demás, el mal continuará a difundirse... Y recuerden que entre los brazos del Padre mío misericordioso, ¡hay siempre un lugar para cada uno!
Guía: Hagamos juntos la señal de la cruz: eso no es un gesto mágico, sino el símbolo cristiano. Significa trazar sobre su propio cuerpo la cruz de Jesús, dispuestos nosotros también a abrazar el mundo con nuestra bondad. Digamos juntos: “Ven a reinar entre nosotros Señor”.
3º Lector:

  • en la Iglesia, lugar de perdón y de fiesta...

  • en los países donde hay hambre y guerra...

  • en nuestras ciudades, siempre más violentas...

  • en nuestra casa, en nuestros padres, preocupados y cansados...

  • en quien dona su tiempo, energías y amor hacia los demás...


Guía: Oremos: Señor, sobre la cruz, en la humildad y en la debilidad, has manifestado plenamente como eres Salvador del mundo. Atrae, también hoy, a Ti, a cada uno de nosotros, para que crezca la civilización y la cultura del amor. AMÉN


ONCEAVA ESTACIÓN
MANOS GENEROSAS

Jesús nos invita a acoger a María como nuestra Madre
Guía: ¡Sigamos a Jesús en el camino de la cruz!

Todos: ¡Él ha dado su vida por amor!

1º Lector: Cuando una persona se prepara para morir, deja en herencia sus cosas a quienes más aman. Jesús no tenía nada, les quitaron incluso los vestidos. Le quedaba una cosa: su Madre, la persona que más amaba.
2º Lector: “Junto a la cruz de Jesús estaban su Madre, la hermana de su madre, María la mujer de Cleofás y María Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella el discípulo a quien tanto amaba, dijo a su madre: -Mujer, ahí tienes a tu hijo. Después dijo al discípulo: -Ahí tienes a tu madre. Y desde aquel momento el discípulo la recibió en su casa”.

(Juan 19, 25-27)


Jesús: Ahora que les he dado todo, mi pensamiento va a mi Madre. Dale hospedaje en tu casa, Juan. Te he amado con predilección porque eres el discípulo más joven. Estoy muy agradecido con mi Madre: ha dicho “sí” al ángel de Dios y yo he nacido en su vientre. Ahora repite su “Sí” a mi vida regalada por amor a todos. Su corazón, despedazado por el dolor, como si una espada lo hubiera traspasado, bate en sintonía con el mío. Recurran siempre y con confianza a Ella: les protegerá como Madre y les hará recuerdo con dulzura del Evangelio. Con ella nadie quedará huérfano.
Guía: Apoyemos sobre las entrañas nuestras manos, una a lado de la otra en forma de vasija, para pedir al Señor de ser llenados por su gracia. Digamos juntos: “Santa María ruega por nosotros”.
3º Lector:

  • Enséñanos a meditar en el silencio el Evangelio...

  • Oriéntanos hacia Jesús, hoy, mañana y siempre...

  • Ayúdanos a seguir a Jesús también en los momentos difíciles..

  • Haznos vivir con alegría en nuestra comunidad...

  • Lleva a Jesús nuestras necesidades e invocaciones...


Guía: Oremos: Gracias, Señor, por habernos donado también a tu Madre, como modelo y ayuda para ser tus auténticos discípulos. Danos tu Espíritu para amarla e invocarla, hasta cuando nos encontraremos juntos en el Paraíso. AMÉN

DOCEAVA ESTACIÓN
MANOS FRATERNAS

Jesús perdona a sus acusadores y hace amigos hasta en la cruz.
Guía: ¡Sigamos a Jesús en el camino de la cruz!

Todos: ¡Él ha dado su vida por amor!
1º Lector: Estamos en las últimas palabras. Jesús pone en práctica lo que siempre ha predicado: el amor a sus enemigos. Sobre la cruz perdona y hace nuevos amigos; así también el ladrón comprende de haberse equivocado y puede entrar en el Reino de Dios. El pecado ha sido vencido.
2º Lector: “Jesús decía: -Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, pero el otro lo regañaba: -Nosotros somos condenados justamente, pero éste no ha hecho nada de malo. Jesús, acuérdate de mí, cuando estés en tu reino. Jesús le dijo: -Te aseguro que hoy mismo estarás conmigo en el paraíso. Hacia el mediodía Jesús gritó: -Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y, dicho esto, expiró. Viendo todo esto, el oficial romano, alababa a Dios diciendo: -Verdaderamente este hombre era justo”. (Lc. 23, 34-47)
Jesús: Padre mío, ¡no me abandones! Los jefes me han condenado a muerte, muchos me han dejado solo, otros me insultan y se ríen de mí... Perdónalos a todos, como yo los perdono, porque no saben lo que están haciendo. Esta cruz de humillación y de dolor, en realidad, es mi trono: desde lo alto puedo reconocer mejor las situaciones y los problemas de todos. Y tú, que en la cruz te has arrepentido de tu pasado de violencia y de odio, sepas que en mi reino de verdad hay lugar para todos, también para ti. Todo está cumplido. El amor triunfa. ¡En tus manos, Padre, confío mi vida!
Guía: Con Jesús, somos hermanos, hijos de un mismo Padre. Con este espíritu démonos un gesto de paz y de fraternidad, con un abrazo. Digamos juntos: “Únenos, Señor”.
3º Lector:

  • Quita de nosotros la costumbre de juzgar a los demás...

  • Haz que no nos aprovechemos de las situaciones a nuestra ventaja...

  • Aumenta en nosotros el deseo de construir tu reino...

  • Concédenos la gracia de pedirte perdón el momento de nuestra muerte...

  • Recuérdate de quien hoy ha dejado este mundo...

  • Perdónanos, Señor, como nosotros perdonamos...


Guía: Oremos: Señor, tú has acogido a quienes se han acercado a ti con sinceridad de corazón. Danos también a nosotros la gracia de saber pedir y dar perdón, con la palabra, con la mirada, con el corazón y con el silencio. AMÉN

TRECEAVA ESTACIÓN
MANOS DESNUDAS

Jesús es bajado de la cruz y puesto en el sepulcro
Guía: ¡Sigamos a Jesús en el camino de la cruz!

Todos: ¡Él ha dado su vida por amor!




1º Lector: Jesús ha muerto. La gente poco a poco se aleja del calvario. Se quedan solamente algunos amigos de Jesús y algunas mujeres, que desde tiempo lo seguían, para escuchar su predicación. Son estas pocas personas que toman a su cargo el cuerpo de Jesús: lo quitan de la cruz, lo envuelven en una sábana, lo llevan a una tumba cercana. Toda la historia de Jesús de Nazareth parece verdaderamente terminada.
2º Lector: “Al caer de la tarde, la víspera del sábado, José de Arimatea, miembro distinguido del Consejo de ancianos, tuvo el valor de presentarse a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se extrañó de que hubiera muerto tan pronto y, llamado el oficial a cargo, le preguntó si había muerto ya. Informado por el oficial romano, entregó el cadáver a José. Éste compró una sábana, lo bajó, lo envolvió, lo puso en un sepulcro excavado en la roca y tapó la entrada con una piedra”. (Mc. 15, 42-46)
Jesús: Ahora todo está finalmente concluido. Víctima de la maldad de los hombres, puedo descansar en la paz del Señor. Soy como la semilla en la tierra: si no muere, no puede dar fruto. Este sepulcro nuevo no está hospedando a un muerto, sino al germen de la vida, que nadie puede sofocar. Siempre es así: solo del don de sí mismo nace la vida y florece el amor. Con mi muerte venzo la muerte, con mi entrega recupero todo dolor, con mi paso por la desnuda tierra abro a todos las puertas del cielo. Después de la muerte surge la espléndida aurora, después del sepulcro, Yo, el viviente, les espero.
Guía: Ahora cada uno traza con el pulgar una señal de cruz en la frente, en los labios y en el corazón. Es el gesto que el sacerdote y nuestros padres han hecho sobre nosotros el día de nuestro bautismo. Ya grandes, nosotros mismos escogemos de pertenecer completamente a Cristo Jesús. Decimos juntos: “Quédate con nosotros, Señor Jesús”.
3º Lector:

  • Cuando oímos decir que Tú no existes...

  • Cuando parece que el mal esté ganando...

  • Cuando vemos a las personas sufrir y morir...

  • Cuando vivimos como si Tú no existiera...

  • Cuando dudamos de tu ayuda...


Guía: Oremos: Señor, haz que también nosotros, como José de Arimatea, acojamos con devoción tu cuerpo cada vez que nos alimentamos en la Eucaristía. Muéstrate presente en la Iglesia y en el mundo para que tu vida triunfe sobre la muerte. AMÉN

CATORCEAVA ESTACIÓN
MANOS GLORIOSAS
Guía: ¡Sigamos a Jesús en el camino de la cruz!

Todos: ¡Él ha dado su vida por amor!
1º Lector: A Dios Padre le ha gustado el estilo de vida de Jesús, comprometido en el amor y por una sociedad nueva. Por eso, no ha dejado a su Hijo sepultado en una tumba. Esta es la noticia más bella y desconcertante nunca anunciada: el mal, el odio, la muerte non son los dueños del mundo; han sido vencidos para siempre, en Jesús resucitado.
2º Lector: “Jesús en persona se apareció a los apóstoles y les dijo: -La paz esté con ustedes. Espantados y llenos de miedo, creían ver un fantasma. Pero él les dijo: -¿De qué se asustan? ¿porqué surgen dudas en su corazón? Vean mis manos y mis pies; soy yo en persona. Tóquenme y convénzanse de que un fantasma no tiene carne ni huesos, como ven que yo tengo...”. (Lucas 24, 36-40)
Jesús: ¡Soy Yo, no tengan miedo! Después de los días de la pasión, no podía dejarlos solos. No pueden estar tristes, más bien, ¡vayan y anuncien a todos que estoy vivo! Llevo todavía los signos del dolor, porque las huellas del mal son profundas. Sin embargo ahora estoy con ustedes para siempre. Quédense unidos a mí para vivir en la alegría, en la luz y en la paz.
Guía: En señal de alegría y de fiesta por Jesús resucitado, ahora cantamos un himno de alabanza al Señor, con el ritmo de nuestras palmas.

Canto “Resucitó”.

RESUCITÓ, RESUCITÓ, RESUCITÓ, ALELUYA

ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA, RESUCITÓ

La muerte, ¿Dónde está la muerte?



¿Dónde está mi muerte? ¿Dónde es su victoria?

Gracias, sean dadas al Padre, que nos pasó a su reino,

donde se vive de amor.

Alegría, alegría hermanos, que si hoy nos queremos, es que resucitó.


3º Lector: Digamos juntos: “Muéstrate entre nosotros, Señor”.

  • a cuántos tienen miedo y no se deciden por el Evangelio...

  • a cuántos luchan por la paz y la justicia...

  • a cuántos esperan una palabra o un gesto de confianza...

  • a cuántos saben ver solamente lo negativo de la vida...

  • a cuántos se han alejado de la fe...


Guía: Oremos: Señor, Tú siempre nos sorprendes. Guíanos hacia el Padre tuyo y nuestro, para que, sostenidos de tu mano, nos comprometamos con seriedad y generosidad en vivir de manera nueva tu resurrección y tu presencia. AMÉN








La base de datos está protegida por derechos de autor ©espanito.com 2016
enviar mensaje