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¿Crisis postcolonial en las economías sudamericanas? Los casos del Río de la Plata y Perú


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¿Crisis postcolonial en las economías sudamericanas?

Los casos del Río de la Plata y Perú


Jorge Gelman

Instituto Ravignani

Universidad de Buenos Aires/CONICET


Introducción
Los análisis sobre el desempeño económico de América Latina luego de la independencia coinciden en que durante la primera mitad del siglo XIX se produce un estancamiento o incluso un retroceso que genera una divergencia con algunas economías del mundo que estaban conociendo simultáneamente un crecimiento sostenido. Según algunos autores no sería durante el período colonial sino en esta etapa, y hasta 1870 al menos, en que comienza el atraso relativo de AL1.
Las explicaciones sobre este fenómeno son muy diversas.

Algunos insisten en factores determinados en gran medida por el azar como la llamada “lotería de bienes”, es decir la posesión de recursos aptos para los requerimientos de un determinado momento, así como la capacidad de algunos de ellos de generar eslabonamientos hacia atrás y adelante, en el clima2, en la geografía y en especial los problemas generados por medios de transporte costosos hasta los puertos en un momento en que cambia el contenido y los efectos del comercio internacional, etc.

Otro conjunto de explicaciones tiene más que ver con el peso de la herencia colonial y las instituciones que no promovieron el ahorro y la inversión, la libre iniciativa, la competencia, etc.3

En este conjunto hay definiciones vinculadas a la teoría de la dependencia que atribuyen a la implantación de los sistemas coloniales el origen del subdesarrollo y autores que desde otras vertientes han insistido en el papel de las instituciones ibéricas como factor de atraso4. Algunas explicaciones recientes insisten en el peso de las poblaciones autóctonas en el momento de la conquista, que en algunos casos favorecieron el desarrollo de instituciones que aseguraban un régimen económico de tipo extractivo y una estructura social muy desigual con alta concentración de la riqueza. Mientras en otras colonias (las de Norteamérica, pero también algunas hispanas, como la rioplatense) se desarrollan ‘economías de nuevo asentamiento’, con poblaciones nuevas que tienden a favorecer instituciones más equilibradas, con mayores oportunidades y movilidad5.

Vinculada con estas últimas hay explicaciones que insisten en el peso de la cultura como determinante de los comportamientos económicos, algunas más propensas que otras al trabajo, el esfuerzo, el ahorro y la defensa de la propiedad privada6.

Por estas u otras razones, diversos autores señalan a las políticas económicas tomadas por los gobiernos latinoamericanos como elemento importante para explicar el atraso. En esta perspectiva se destacan autores que adscriben a corrientes liberales que tienden a señalar como culpables del atraso a las políticas proteccionistas adoptadas por algunos gobiernos, mientras que otros habrían tenido mejores perfomances por la aplicación de políticas liberales o librecambistas que favorecieron el despliegue de sus potencialidades naturales. También en cuanto a políticas un tema importante es el de los sistemas fiscales implantados por los nuevos estados que además de promover o desalentar el crecimiento, habrían o no provisto los recursos que les permitiera imponer su autoridad.

Finalmente un argumento bastante general es el de los costos de las guerras prolongadas, que en varios casos habrían provocado no sólo un parate, sino la destrucción de riquezas que costaría mucho recuperar.
El problema con estas interpretaciones, más allá de las lógicas que las sustentan, es que se basan en datos de calidad más que dudosa. Una de las causas alegadas para explicar el mal desempeño económico -la crisis política, la inestabilidad y debilidad de los gobiernos- es también causa de la casi inexistencia de fuentes seriadas de calidad aceptable para medir la mayoría de los fenómenos económicos. Por lo que muchas veces hay que contentarse con apreciaciones de contemporáneos más o menos calificados, datos parciales y de valor no verificable, o la extrapolación de datos de alguna de las parcelas regionales o de algún sector económico (generalmente del comercio exterior de algún puerto importante o de alguna producción relativamente fácil de controlar como la minera) al conjunto de la economía y de los territorios que terminan conformando los estados nacionales que recién se consolidan en la segunda mitad del siglo XIX.
Algunos estudios intensivos y/o con herramientas metodológicas más sofisticadas han permitido en algunos casos mejorar la información disponible hasta ahora, y con ello discutir ciertas interpretaciones prevalecientes.
A nuestro juicio, uno de los problemas principales que se plantea en esta etapa es la transición de economías que habían estado centradas en lo que se llamó el ‘Mercado Interno Colonial’ organizado alrededor de algunos grandes centros mineros y/o comerciales, con importantes concentraciones demográficas y alto poder adquisitivo, que generaron amplios circuitos de comercio y cierta especialización estimulados por la producción de la ‘mercancía-dinero’, a su vez impulsada por las metrópolis y la demanda internacional de dicha mercancía7.

Con la revolución, la crisis de esos centros mineros y de los espacios organizados a su derredor8, el desarrollo de la revolución industrial en el norte, la apertura mercantil atlántica y los inicios de la primera globalización, el desafío que se plantea a las economías americanas es su capacidad de transitar más o menos exitosamente de esta economía centrada en esos MIC que pierden mucho de su pasado dinamismo hacia otra orientada por las exportaciones en un mercado mundial ahora mucho más dinámico y bien distinto al que caracterizó a los siglos XVII y XVIII.

Durante las primeras décadas del siglo XIX, la mejora más o menos general en los términos de intercambio para AL por la caída más que proporcional de los precios de los bienes manufacturados que importaba, se podía aprovechar en aquéllas economías que lograban insertase en ese mercado mundial exportando productos con buena demanda. Pero en aquéllas que no lo lograban sólo producía pérdidas, al afectar al universo productivo que abastecía los MIC y que se veía perturbado tanto por la crisis de algunos grandes mercados interiores como por la competencia de estos bienes baratos de las economías industriales que ahora llegaban masivamente a los puertos americanos.

Sin mayores pretensiones de originalidad, nos parece que aquí reside un fenómeno clave en el éxito relativo de las distintas regiones americanas en el temprano siglo XIX. En este aspecto nos parece que las razones que permitieron a unos u otros adaptarse más o menos eficazmente en este nuevo esquema económico global, tiene más que ver con lo que se ha llamado ‘lotería de bienes’ o la geografía que con factores institucionales, culturales o políticos. O en todo caso estos últimos aparecen en buena medida determinados por los primeros que aportan -o no- las herramientas para incorporarse eficazmente en la nueva economía atlántica. Esta lógica causal parece funcionar mucho menos en el sentido inverso (instituciones como modo de desarrollar una buena inserción en la economía mundial, a través de un buen uso de los factores).

Como intentaremos mostrar, el caso rioplatense (más exitoso) y el peruano (menos) parecen abonar esta hipótesis.
Por otra parte se podría decir que el nuevo factor dinámico para las economías americanas, la demanda de las economías en proceso de industrialización, se limita en general a bienes de bajo valor unitario cuya producción sólo es viable, dados los altos costos del transporte terrestre, en las zonas cercanas a los puertos de salida. Y esta producción parece tener en la mayoría de los casos menor capacidad de generar demanda hacia las economías interiores, que la que tenía la minería de plata, ubicada en el interior americano. Por ello podemos observar fuertes diferencias regionales en el desempeño económico, mayores aún que en la etapa colonial.
El otro problema que nos parece central tiene que ver con el peso de las guerras de independencia y civiles, que si en casi todos lados fue muy importante, sólo en algunas significó una destrucción masiva de riqueza y retrasó a veces por varias décadas la posibilidad de recuperar su capacidad productiva. El caso del litoral rioplatense, como se verá, pone en evidencia esta cuestión para regiones con capacidades productivas y de inserción mercantil teóricamente similares, pero que se vieron afectadas por las guerras de maneras muy diversas.
Junto a esto, influido por las guerras pero también por otro conjunto de factores, se encontraba el problema de establecer la autoridad del estado que, además de legitimidad política, requería de sólidos ingresos fiscales, antes provistos por el esquema impositivo español basado en algunos impuestos directos a la producción minera, etc., como en impuestos de capitación como el tributo indígena y al comercio interior y con la metrópolis. La crisis de algunas actividades que sustentaban esa estructura fiscal colonial y la pérdida de legitimidad de otras (como el tributo indígena9), dejaron a muchos de los nuevos estados en situación de déficit crónico y con escasísima capacidad de imponer nuevas estructuras administrativas y coercitivas. Por no hablar de nueva infraestructura…
En todo caso es bastante evidente a esta altura la dificultad de encontrar una pauta única en el desempeño económico latinoamericano.

No sólo hay enormes diferencias entre los espacios que van a terminar constituyendo sus países sino que a veces hay distancias tanto o más significativas al interior de esos espacios nacionales.

En primer lugar se podría decir que algunas economías latinoamericanas que sufrieron menos el impacto de estos cambios fueron aquéllas que ya en el período colonial combinaban una economía orientada al MIC con otra que participaba ampliamente del comercio internacional, ya sea a través de las metrópolis, ya sea directamente, como podrían ser los casos de Cuba, el Río de la Plata, Venezuela, etc.
En este sentido el contexto institucional no parece la clave, si entendemos por tal el conjunto del marco normativo y las instituciones establecidas por la Corona, que era el mismo en las diversas colonias.

Sin embargo en un sentido más amplio se pueden observar diferencias, en tanto que la participación en esos mercados, así como las condiciones de frontera, las experiencias históricas concretas, etc., favorecieron el desarrollo de prácticas y normas específicas en cada caso, a veces mejor adaptadas a la nueva economía atlántica.


En este texto intentaremos poner en evidencia los principales datos obtenidos hasta ahora sobre el desempeño de dos grandes economías del sur, Argentina y Perú, que parecen haber recorrido caminos bastante diferentes en la primera mitad del siglo, así como mostrar los contrastes en el interior de cada uno de sus territorios.
Luego de mostrar estas viejas y nuevas evidencias intentaremos volver sobre los modelos explicativos.
El Río de la Plata
El caso argentino ha sido señalado más bien como una excepción (junto al cubano y algunos otros pocos) en el contexto iberoamericano de estancamiento de la primera mitad del siglo XIX.

En este acápite intentaremos revisar esa discusión retomando viejas y nuevas evidencias, a la vez que señalar las fuertes divergencias regionales, más que como forma de sumar ejemplos, como herramienta para mejorar nuestras interpretaciones generales.


Uno de los problemas al tratar el tema es la general confusión del espacio geográfico, demográfico y económico que se considera.

Ensayos recientes hablan del desempeño económico de la ‘Argentina’ confundiendo en general el litoral o apenas Buenos Aires con la totalidad del territorio que termina conformando la Argentina en la segunda mitad del siglo XIX.

Así por ejemplo se habla del ‘comercio exterior argentino’, considerando las importaciones y exportaciones realizadas por el puerto de Buenos Aires. Es verdad que éstas son, por ahora, las únicas que se pueden cuantificar con un cierto grado de certeza, pero también es necesario señalar que una parte no despreciable del comercio atlántico se realizaba fuera del control de Buenos Aires, así como, sobre todo, para muchas de las provincias interiores de la futura Argentina resultaba más importante como vía de acceso al mercado internacional las fronteras con Bolivia o Chile que la salida directa al Atlántico.
Empecemos por ver algunos datos generales.
La población
La población del territorio argentino conoce un proceso de crecimiento que es evidente a fines de la colonia, se modera en la década revolucionaria, para retomar altas y cada vez mayores tasas de incremento inmediatamente después.
CUADRO 1: LA POBLACIÓN ARGENTINA10

Población (millones) Incremento anual

1800 0,300

1816 0,508 3.29

1825 0,570 1.28

1857 1,180 2.27

1870 1,819 3.32
Este crecimiento esconde procesos regionales bastante diferenciados que favorecen en general al litoral en detrimento del ‘interior’, como se puede observar en el siguiente cuadro.
CUADRO 2: DISTRIBUCIÓN REGIONAL DE LA POBLACIÓN ARGENTINA11


  1. 1869

Interior 165.000 52% 710.000 40,8%

Litoral 116.000 36% 848.000 48,8%

Cuyo 36.000 11% 179.000 10,3%
A la vez estos agregados ocultan algunos casos bastante diferentes.

Por ejemplo mientras en el litoral la provincia de Buenos Aires creció un 586% entre esas fechas o Entre Ríos un extraordinario 1.047%, Córdoba, el antiguo corazón demográfico del interior rioplatense creció un 306% o Jujuy, en el extremo noroeste, apenas un 121%. Pero no todo el interior creció moderadamente. Por ejemplo Salta lo hizo casi como Buenos Aires: un 557%. La región de Cuyo, en el centro-oeste, está en una situación intermedia.


Estas diferencias parecen explicarse fundamentalmente por las diversas dinámicas económicas de las regiones que hacen que, junto a crecimientos poblacionales naturales bastante parejos en casi todo el territorio, sean las migraciones interregionales las que expliquen esas diferencias abultadas entre unas y otras.
De esta manera el crecimiento de las regiones litorales, impulsado por la demanda del Atlántico norte, si bien no parece generar una demanda significativa de bienes al interior que compense la crisis de la actividad minera, promueve un proceso de migraciones hacia la zona litoral, con alta productividad, permitiendo compensar en la suma el desempeño general de la economía. Claro que generando a la vez fuertes desigualdades regionales, antes moderadas.
Las exportaciones
El dato más preciso que tenemos sobre la evolución económica en la primera mitad del siglo XIX es el de las exportaciones por el puerto de Buenos Aires. Como ya dijimos, es necesario tomar con precaución este indicador como expresión de un movimiento económico del conjunto del territorio argentino.

En principio se puede señalar que el litoral argentino tuvo una transición bastante rápida y exitosa en su comercio exterior desde un esquema colonial que, si bien integraba porciones crecientes de derivados pecuarios en sus exportaciones, incluía todavía cerca de un 80% de plata en las mismas.

Luego de la revolución, y el abrupto fin de la llegada del metálico altoperuano, el comercio de exportaciones rioplatense se compondrá casi exclusivamente de derivados pecuarios, que reflejan un proceso económico que para Buenos Aires se denominó la ‘expansión ganadera’, que con distintos ritmos se fue dando en las otras provincias del litoral y que incluso afectó parcialmente a varias provincias del interior que lograron reorientar sus economías hacia el nuevo comercio atlántico.

Algunos datos básicos de este comercio de exportación son los siguientes:


CUADRO 3: EXPORTACIONES POR BUENOS AIRES. PROMEDIOS QUINQUENALES12

Media anual (miles de pesos plata) pesos per capita

1811-15 1.290 3,1

1816-20 2.328 5,0

1821-25 3.551 6,7

1826-30 2.613 4,4

1831-35 4.718 7,2

1836-40 4.142 5,6

1841-45 6.895 8,2

1846-50 7.156 7,5

1851-55 9.384 8,9

1856-60 17.141 14,1

Estos datos implican un incremento de las exportaciones a una tasa anual de 5,5%13, equivalente a un incremento anual per capita de 3%. Claro que este incremento per capita es calculado por Newland sobre el total de la población del territorio argentino, cuando el origen de ese comercio no es de ese conjunto, ya que algunas regiones de ese territorio han establecido un comercio exterior que circula centralmente por otros canales.

Si consideráramos ese comercio de exportaciones de Buenos Aires como originado sólo en el litoral y en Córdoba (la única provincia del interior que contribuye con cifras significativas en la exportaciones de Buenos Aires) tendríamos unos valores absolutos per capita bastante más altos, pero a la vez, dado el aumento demográfico mas acelerado de ese espacio, nos arrojaría un indicador de incremento de exportaciones per capita más moderado.


En cualquier caso se puede observar un aumento importante en las exportaciones por Buenos Aires en todo el período, aunque con ritmos que varían bastante, según se puede ver en los datos elaborados por M. A. Rosal y R. Schmit:
CUADRO 4: TASA DE CRECIMIENTO DE LAS EXPORTACIONES14

Año monto (miles de pesos plata) incremento anual

1814 1.654

1824 2.854 5,6%

1834 3.420 1,8%

1844 6.474 6,5%


Allí se observan dos décadas con crecimiento muy fuerte en las exportaciones, y una intermedia con tasas muy moderadas. Esa década intermedia está afectada por una intensa sequía que aflige a toda la región entre 1828 y 1832, fenómeno climático devastador que siguió a 3 años de cierre casi total del puerto de Buenos Aires por el bloqueo brasileño en medio de la guerra por la Banda Oriental. Entre 1838 y 1840 se produce otro bloqueo del puerto, protagonizado por la armada francesa, que produce una caída también bastante drástica del comercio exterior. Pero en este caso, y dada la previa ampliación de la frontera bonaerense, esa etapa de exportaciones y faenamiento de ganado restringidos redunda en un incremento muy fuerte del stock que habilita que una vez terminado el bloqueo se recomiencen las exportaciones en niveles muy superiores a los de la década previa.

Un fenómeno alegado como causa de un cierto estancamiento económico en los años finales de la década del 20 tiene que ver con los inicios de la emisión de moneda inconvertible (para financiar los gastos del estado que se había quedado sin el ingreso aduanero) que produce una fortísima inflación fiduciaria y un desajuste agudo en los precios relativos.

Sin embargo la experiencia del bloqueo francés de finales de la década del 30, que se acompaña de fenómenos similares, no produjo el mismo resultado, lo que haría dudar del valor explicativo de este fenómeno. Por lo menos para develar el ritmo de las exportaciones. No así para otras cosas.
Ahora bien, ¿estos datos implican un crecimiento proporcional de las economías regionales? Y, en ese caso, ¿de cuales? ¿de Buenos Aires? ¿de todo el litoral? ¿del interior?
Como dijimos, las exportaciones realizadas desde el puerto de Buenos Aires se originaban en esta provincia, pero en proporciones variables también en otras, tanto del litoral como del interior.

Los productos principales de este comercio eran los derivados pecuarios, sobre todo los cueros, porciones variables de carne salada y en menor medida lana de ovinos que conoce incrementos en los 30 y 40 aunque deberá esperar hasta la segunda mitad del siglo para desplazar a los de origen vacuno en el comercio exterior15.

En este comercio exterior el peso de la producción originada en la misma Buenos Aires es central16. En el principal rubro, los cueros vacunos, la participación de Buenos Aires entre 1831 y 1850 nunca bajó del 50% del total exportado, para alcanzar algunos picos superiores al 90%. En promedio se ubicaba alrededor del 70% del total. Ese dato, por lo tanto, nos habla de que las exportaciones del puerto de Buenos Aires reflejaban sobre todo la salud económica de la propia provincia de Buenos Aires.

El resto, ese 30% en promedio, provenía de otras provincias. Entre ellas se observa en las fechas tempranas una participación destacada de la principal economía del interior, Córdoba, que en los primeros 30’ contribuye con un 7% de las exportaciones de cueros porteñas y muestra una interesante capacidad de adaptación a las nuevas señales de la economía global. Pero la participación más consistente, y sobre todo creciente, proviene de un puñado de provincias del litoral, en especial de la que muestra mayor vitalidad en esta etapa, Entre Ríos.

Si entre 1831-35 Entre Ríos tiene una participación del 7%, igual a la de Córdoba, en las exportaciones de cueros por Buenos Aires, alcanza el 11% del total en la década del 40’, cuando Córdoba redujo su peso relativo a apenas el 2%.
Teniendo en cuenta estos datos sería más razonable hablar de exportaciones per capita considerando el origen de esas exportaciones en términos provinciales, lo que resaltaría el éxito más importante de algunas de estas provincias y el atraso relativo de otras.
Así se ha construido un cuadro de exportaciones de cueros per capita, que toma en cuenta las poblaciones provinciales y la cantidad de pieles que cada una aporta a las que se salen por Buenos Aires
CUADRO 5: EXPORTACIONES DE CUERO PER CAPITA17 (en unidades)


    1. 1840-50

Buenos Aires 18,69 47,62

Entre Ríos 8,16 25,27

Santa Fe 4,44 10,35

Córdoba 2,45 2,74

Corrientes 2,38 6,42

Resto 0,50 0,47
En este cuadro se observa ante todo la pobrísima presencia de la mayoría de las provincias argentinas en las exportaciones pecuarias de Buenos Aires, salvo en el caso de las 3 del litoral (Entre Ríos, Santa Fe y Corrientes) y la única con cierto peso del interior, Córdoba. Como dijimos, la provincia mediterránea llegó a contribuir en los primeros 30 con casi el 7% de las exportaciones de cueros de Buenos Aires, pero su magnitud demográfica hacía que aún en esta etapa su tasa de exportaciones per capita fuera apenas igual a la más pobre del litoral y mucho más baja que la de Buenos Aires, Entre Ríos o de la todavía diezmada provincia de Santa Fe. Esta situación no hace más que agravarse en la década siguiente, dado el estancamiento de Córdoba y el gran dinamismo mostrado por todas las del litoral.

Igualmente, como se observa, el ritmo de crecimiento exportador de las provincias del litoral no les permite alcanzar el poderío económico de la de Buenos Aires, que mantiene una distancia en términos per capita de casi dos a uno en relación a la más rica del litoral y que, dado el peso demográfico de Buenos Aires, la coloca como una potencia económica en relación a todo el resto del territorio.

Como veremos luego, esta distancia se reproduce y aún agrava al considerar los recursos fiscales de cada provincia.
En todo caso los datos evocados hasta ahora indican la existencia de desarrollos económicos bastante diferenciados en las provincias del territorio argentino.

Aunque el conocimiento que tenemos sobre ellos es bastante pobre y muy desigual, trataremos de exponer algunos casos de manera resumida.


Las economías de las provincias argentinas
El caso obviamente mejor conocido es el de la provincia de Buenos Aires.

El cambio de intereses de sus elites desde el comercio de larga distancia hacia la explotación del hinterland agrario provincial, se puso de manifiesto rápidamente en un proceso de expansión fronteriza y de ocupación de un espacio antes controlado por grupos indígenas que, entre 1820 y 1833 aproximadamente, puso a disposición de los habitantes locales el triple de la tierra fértil de la que dispusieron durante dos siglos y medio.

En ese espacio, en el que originalmente se cultivaban cereales y productos de huerta para el mercado local, y ganados diversos para enviar al mundo andino, abastecer de carne el mercado de la ciudad y exportar por el Atlántico algunos cueros, se produce un importante crecimiento del stock ganadero vacuno, cuyo norte va a ser ahora la exportación por el puerto. Esta ganadería, pese a una cierto estancamiento y a veces descenso del precio del cuero en los mercados de destino en el Atlántico norte, conoce una fuerte mejora en sus rendimientos, tanto por el carácter extensivo de su producción en tierras muy baratas, como por su mejor aprovechamiento, al desarrollarse rápidamente el saladero que permite procesar toda la carne del ganado faenado, que ante se perdía en gran medida.
En ese territorio hay un crecimiento importante del stock vacuno que se ha podido calcular que era de cerca de 1 millón de cabezas en los momentos cercanos a la revolución de independencia, y alcanza hasta 3 millones en 1839. En este último año también había en las praderas bonaerenses bajo dominio criollo unos 2,5 millones de ovinos que empezaban a mejorarse a través del mestizaje y unos 600.000 equinos.

Si seguimos hacia delante, el vacuno ha duplicado su número en 1865 mostrando una moderación en sus tasas de crecimiento, pero ha dado un salto dramático el ovino hasta llegar a casi 38 millones de cabezas, poniendo en evidencia cuál era en ese momento el sector más dinámico de la economía bonaerense y el nuevo eje de sus exportaciones. No sólo ha crecido su número en cabezas de manera espectacular, sino que su precio ha subido en términos relativos, desde representar 1/10 del valor del vacuno en 1839 hasta ser casi su tercio en la fecha más tardía18.


CUADRO 6: STOCK GANADERO DE BUENOS AIRES

(miles de cabezas y tasa de incremento anual)

1810 1839 r 1865 r

Vacunos 1.000 3.000 3.8 6.100 2.7

Ovino 2.500 38.000 10.5
Este crecimiento económico de Buenos Aires, lejos de lo que señalaban las versiones canónicas, no se produjo exclusivamente en las grandes estancias ganaderas. La expansión económica del período autoriza un crecimiento destacado de las grandes explotaciones, pero también de las pequeñas y medianas.

Un estudio reciente ha logrado obtener indicadores de distribución de riqueza entre 1825 y 1839 llegando a la conclusión de que, pese al crecimiento de las muy grandes estancias, la expansión cuantitativa de las pequeñas y medianas parece compensar el desarrollo de los más ricos, para obtener un GINI similar en ambas fechas.

Se trata de un GINI alto pero comparable al de economías del norte que son señaladas como más igualitarias.

A la vez, esta casi universalización de la condición de pequeño propietario agrava una condición estructural de la economía agraria de la región, la escasez de mano de obra.

De esta manera los salarios de los peones de las estancias son muy altos y autorizan procesos verificables de acumulación y de movilidad ascendente. Por ello, aunque los datos en este sentido son más frágiles, la distribución del ingreso en Buenos Aires no sólo es mucho más equilibrada que la de la riqueza, sino que parece mejorar al de muchas sociedades de la época19.
Veamos que sucede en algunas otras provincias. En primer lugar del litoral.

Estos casos son interesantes porque las provincias que comparten condiciones ambientales con Buenos Aires y tienen bajos costos de transporte hasta el puerto por su ubicación junto al corredor fluvial del Paraná/Uruguay van a conocer procesos más o menos intensos de crecimiento agrario orientados por las exportaciones en esta etapa. Sin embargo sus ritmos son bastante diferenciados.

Una de las diferencias centrales parece ser la intensidad con que las guerras de independencia y civiles afectan a unas u otras.

A fines del 700 el Uruguay y Entre Ríos se mostraban mucho más dinámicas que Buenos Aires en sus desarrollos agro exportadores, sin embargo en las primeras décadas que siguen a la revolución será en esta última donde el crecimiento será más destacado.


Conocemos hoy mucho mejor el desarrollo de Entre Ríos, la más exitosa de las provincias litorales en esta etapa, gracias a los detallados estudios de Julio Djenderedjian y Roberto Schmit20.

El territorio de esta provincia, que no tenía existencia política autónoma durante el período colonial, había conocido un proceso acelerado de poblamiento y ocupación de sus tierras en la segunda mitad del siglo XVIII, desatado fundamentalmente por pobladores y propietarios de sus provincias vecinas (Buenos Aires, Santa Fe, Corrientes y la Banda Oriental) que emprenden allí una expansión ganadera extensiva, en explotaciones que superaban en tamaño a las de sus vecinas provincias y que aprovechaban sus recursos de manera bastante exitosa21.

Sin embargo, Entre Ríos va a ser, junto a Santa Fe, una de las provincias más afectadas por las guerras civiles, lo que va a producir una caída en términos absolutos de sus riquezas, particularmente de sus recursos ganaderos diezmados por los ejércitos y la desorganización general que estas guerras producían.

Recién hacia el año 30 se empieza a manifestar un cierto orden político, que le permite emprender a la provincia uno de los procesos de crecimiento económico y demográfico más sorprendentes del territorio, aunque lo debe realizar desde un piso más bajo que el colonial, lo que retrasa su nivel de riqueza.

Poco antes del 800, la población entrerriana parece ubicarse alrededor de 11.600 personas.

Para 1820 ha crecido, pero a tasas relativamente bajas, afectadas sin duda por estas guerras, para llegar a unos 20.000 habitantes y luego el crecimiento es exponencial, llegando en 1869 a algo más de 134.000 habitantes.


Si comparamos el crecimiento demográfico entrerriano con el de otras provincias más o menos exitosas del período observamos su mayor dinamismo:
CUADRO 7: POBLACION DE 4 PROVINCIAS ARGENTINAS22

Entre Ríos Corrientes Buenos Aires Córdoba


c. 1820 20.056 36.697 118.646 78.199

1869 134.271 61.782 495.107 210.508

r 3,95 1.06 3.09 2,12
Así se puede observar que, una vez superados los obstáculos impuestos por las guerras y la reorganización política de la provincia, alcanza los niveles de crecimiento demográfico más altos del territorio argentino. Es evidente que estas tasas tienen una fuerte dependencia de un proceso de migraciones hacia esta provincia. La zona más dinámica en este período era la que se recostaba sobre el rio Uruguay, el llamado ‘Oriente entrerriano’. Hacia 1820 más del 44% de sus varones y del 33% de sus mujeres habían nacido fuera de la provincia, porcentajes que se mantienen todavía en esos niveles a finales de los 40’23.

Este crecimiento poblacional es estimulado por el crecimiento económico de la provincia que, como dijimos, conoce primero un estancamiento o retroceso en la década revolucionaria, se empieza revertir tímidamente en los años 20’ y alcanza un crecimiento muy fuerte desde los 30’.

Según algunas estimaciones, poco antes de la crisis revolucionaria el territorio de Entre Ríos habría llegado a contar con un stock ganadero de unos 2 millones de vacunos y 3 millones de equinos, bastante más alto que el de Buenos Aires.

Desconocemos el nivel al que habría llegado este stock hacia el año 20, pero los registros cualitativos hablan de una caída muy fuerte.

Y desde allí se produce un crecimiento acelerado que permite alcanzar hacia 1849-50 un stock de unos 4 millones de vacunos, 1,8 millones de equinos y 2 millones de ovinos24.

Es decir que si bien desde los años 30 el crecimiento de Entre Ríos es mayor al de Buenos Aires, la fortísima caída producida en la década revolucionaria le permite recién duplicar su stock tardocolonial a mediados de siglo, cuando Buenos Aires, con un stock vacuno mucho más modesto a fines de la colonia (la mitad del entrerriano), logra triplicarlo para finales de los 30 y luego superar al stock entrerriano a mediados del siglo, mientras que ha dejado definitivamente atrás a la provincia entrerriana en el ganado lanar.


Este ejemplo abona entonces una de las explicaciones sobre las dinámicas económicas en este período: el peso de las guerras en el crecimiento.
La evolución económica entrerriana se reflejó también en su desarrollo estatal, medido por su capacidad de recaudación fiscal. Si en los años 20 el gobierno entrerriano recaudaba en promedio unos 100.000 pesos plata al año y de ello casi la mitad consistía en deuda tomada, en la década siguiente mantuvo cifras similares de ingresos, pero logró reducir el endeudamiento hasta menos del 15%. En la década del 40’, la de máxima expansión, logró mantener esos bajos niveles de endeudamiento y alcanzar una recaudación promedio de más de 150.000 pesos. Esto se debió sobre todo al aumento de las contribuciones obtenidas en los puertos del oriente entrerriano gracias al crecimiento de su comercio exterior25.
Veamos ahora el caso de Córdoba, provincia central en el esquema económico colonial y para la cual contamos con algunos buenos estudios sobre la primera mitad del XIX26.

Esta provincia, que a mediados del siglo XVIII era la más poblada del territorio argentino, tenía una economía dinámica cuyo eje era la producción de mulas para abastecer el mercado andino, a la vez que jugaba un papel considerable como articulador comercial entre el eje atlántico y el interior. Esta economía se sustenta en parte en una dinámica población familiar campesina que a la vez que participaba en estos circuitos, producía de manera doméstica textiles de lana que encontraban salida en los mercados coloniales, especialmente en el de Buenos Aires a finales del XVIII.

Con la crisis revolucionaria Córdoba pierde definitivamente el mercado de las mulas que había sido su principal motor económico desde inicios del siglo XVII y comienza un proceso relativamente exitoso de reorientación de su economía hacia el Atlántico, enviando hacia el puerto una parte no despreciable de los cueros exportados desde Buenos Aires, como ya evocamos.

Sin embargo este desplazamiento tiene costos importantes para la economía provincial que se manifiestan en un persistente deterioro de su balanza comercial que si entre 1800 y 1809 tenía un superávit de unos 30.000 pesos al año, entre 1810 y 1830 alcanza déficit que rondan 120.000 pesos anuales27.

Córdoba no logra aumentar de manera significativa su stock ganadero según los datos de que disponemos.

Hacia 1840 tendría unos 170.000 vacunos, 300.000 ovinos, 50.000 caprinos y algo más de 50.000 yeguarizos y 3.000 mulares. Si se considera que los cálculos de inicios del XIX indicaban un stock vacuno de casi 200.000 animales, se observa en realidad un descenso en este ganado, que probablemente refleje una caída aguda en la década revolucionaria seguida de una recuperación posterior.

En todo caso el stock del 40 muestra la clara decadencia del ‘ramo de mulas’, que a inicios del siglo todavía proveía de unos 20 a 25.000 animales al mercado andino y ahora apenas tiene unos 3.000 en stock. Y a la vez el stock bovino no logra reemplazar a este rubro, ya que ni siquiera recupera el nivel de fines de la colonia28.

De esta manera, si bien Córdoba logró mejorar sus envíos de cueros a Buenos Aires en los 30, se estanca y luego reduce su participación en la década siguiente (promedio de 40.000 cueros enviados en los 20’, 56.000 en los 30’ y 48.000 en los 40’29).

Bastante mejor parece haberle ido a Córdoba con los ovinos, no tanto por un crecimiento más importante de su stock, sino por un uso del mismo acorde con las señales del mercado atlántico. Si en el período colonial la lana del ovino cordobés era usada centralmente para la producción de tejidos en manos de las familias campesinas que encontraban salida en los mercados regionales, la caída de los precios de esos tejidos en el puerto ante la apertura del mercado atlántico y el alza de los precios de la lana demandada por esos mismos lugares que inundaban estos mercados con sus tejidos industriales, produce una reorientación de la economía del lanar cordobés, desde los tejidos campesinos a la exportación de lana en bruto30. Así si Córdoba exportó hacia Buenos Aires unas 18.000 arrobas de lana en 1834, esta cifra creció hasta más de 75.000 en 1852.

Mientras tanto los tejidos de lana que la provincia enviaba a Buenos Aires pasaron de unos 30 a 40.000 piezas anuales a inicios de los años 30’, a 26.000 en 1840, 12.000 en 1845 y 10.000 en 1853. Para 1846 las exportaciones de lana eran diez veces más importantes en valor que los tejidos, que tiempo atrás habían llegado a constituir uno de los principales rubros exportados hacia el puerto, junto a los cueros vacunos31.

Este crecimiento económico contenido se manifiesta también en la población. Como ya vimos la población cordobesa no deja de crecer en este período, pero lo hace a tasas moderadas en relación a Buenos Aires o Entre Ríos, reflejando más bien un importante crecimiento natural, que sin embargo parece afectado por algún nivel de emigración hacia fuera, en especial hacia ese mismo litoral que se expande vertiginosamente al mismo tiempo.

Aunque no tenemos estudios detallados sobre este fenómeno, se puede percibir esta emigración por las relativamente altas tasas de población femenina en los censos de la provincia. En el de 1813 las mujeres eran el 53,7% del total, cifra que se eleva en 1840 cuando alcanzan el 54,1%, para bajar algo en 1852 con el 52,2% del total32.

En los mismos momentos tanto Buenos Aires como Entre Ríos tienen una estructura inversa con tasas de masculinidad positiva33.

El carácter algo errático de la economía cordobesa en esta etapa se refleja también en la capacidad fiscal del estado, que apenas logra superar las cifras de inicios de los 30 (unos 140.000 pesos en 1830), a finales de los 40, pero con caídas intermedias bastante significativas.


Veamos un último caso, el de Salta, aunque los datos que tenemos son menos completos.

Con la revolución esta provincia va a sufrir la ruptura con el Alto Perú que había sido su mercado principal y sólo luego de la independencia boliviana se retomará este circuito, aunque en niveles que no parecen igualar a los que había tenido cuando Potosí era el eje económico de toda la región.

En todo caso este ejemplo es interesante porque muestra la dificultad de estas economías de integrarse en el circuito comercial atlántico y ayuda a poner en discusión el carácter del comercio de Buenos Aires como si fuera el de toda la Argentina.

Durante el período colonial Salta era el eje articulador del comercio de mulas hacia el Alto y el Bajo Perú, producidas tanto en su propio territorio como sobre todo en provincias sureñas como Santa Fe, Buenos Aires o Córdoba que se comercializaban cada año en la famosa Tablada de Salta. Este rubro era de lejos el principal producto comerciado por esta provincia, contabilizando hacia fines del XVIII por más del 90% de sus exportaciones de productos ‘de la tierra’. Entre 1765 y 1779 salen de esta provincia hacia las ‘de arriba’ unas 33.000 mulas al año, declina entre 1780 y 1794 hasta unos 18.000 anuales por los conflictos que sacuden el corazón andino y se recupera desde allí hasta 1808 con un promedio de 31.000 animales34.

Acompañando esta dinámica comercial, las series del diezmo de Salta indican una expansión de la producción agrícola-ganadera de la provincia de manera casi continua entre 1771 y 1810, particularmente notable en la primera década del siglo XIX35.

Pero también Salta era un importante centro para la reventa de los llamados ‘efectos de Castilla’ que ingresaban por la capital virreinal, Buenos Aires, y se dirigían a las provincias del Alto Perú.

Ambas actividades van a sufrir fuertemente la crisis revolucionaria, la caída de la producción minera y la ruptura del espacio político y económico que le acompañan.

En 1811, apenas un año después de la revolución de mayo en Buenos Aires, salen de Salta un poco más de 7.000 mulas hacia el Alto Perú (frente a las 30.000 de promedio en la década anterior) y esta caída se mantendrá en los años que siguen36.

En 1830 Salta parece recuperarse y exporta bienes (básicamente pecuarios) por 63.073 pesos plata.

Sin embargo, si consideramos que sólo la exportación de mulas a fines de la colonia significaba una cifra cercana a los 240.000 pesos anuales, es fácil advertir la crisis de esta economía37. Y aunque la mayor parte de las mulas coloniales eran originadas en otros territorios, es evidente que su invernada en los potreros de Salta y su posterior comercialización debían dejar en manos de los propietarios y comerciantes salteños unos ingresos que las ventas de los años 30 no debían alcanzar.

De las exportaciones salteñas de los años 30 el 37% iba a Buenos Aires, mostrando el esfuerzo de la provincia por reorientar su economía hacia el Atlántico. Pero la mayor parte de sus magras ventas se dirigían hacia el Perú, Bolivia y otros destinos.

Más aún sus importaciones: si todavía en 1830 Salta recibe la mayoría de las que llegan de ultramar de Buenos Aires (como lo hacía a finales de la colonia), ya en 1841 la mayoría viene desde el Pacífico a través de los puertos de Cobija y de Valparaíso. Para 1850 este puerto chileno acapara las ¾ partes del total.


Más allá de lo que estos datos indican sobre las dificultades de las economías que habían dependido de los mercados andinos en recuperar los niveles de actividad de la etapa tardocolonial, estas cifras también nos llaman la atención sobre la dificultad de considerar a las exportaciones de Buenos Aires como representativas de las de todo el territorio argentino. Si en el caso de Salta en 1830 sólo el 37% de sus exportaciones se dirigen hacia Buenos Aires, en el caso extremo de Jujuy en el mismo año apenas el 1% de sus 49.455 pesos exportados lo hacen. El resto evidentemente se dirige sobre todo a Bolivia, Perú y algunos destinos menores38.

De esta manera sumando las exportaciones de Salta y Jujuy en 1830 que no se dirigen hacia Buenos Aires, tenemos la cifra de casi 90.000 pesos plata.

Evidentemente frente a los 3 a 4 millones de pesos plata que salen por esos años anualmente desde Buenos Aires resulta una cifra muy exigua, pero sumados a otras provincias del interior y de Cuyo que dirigen su comercio en alta media hacia el Pacífico y el mundo andino, alterarían en cierta medida las llamadas ‘exportaciones argentinas’.

Lamentablemente hoy estamos todavía lejos de poder medir esos otros canales comerciales del territorio argentino con algún grado de exactitud.


Para finalizar este análisis de algunos datos cuantitativos de la economía argentina en esta etapa, queremos mencionar la cuestión de la recaudación fiscal. Al menos en cuanto indicador de la suerte diferenciada de las provincias argentinas y de las capacidades de accionar de sus respectivos estados que, recordamos, se manejaron durante casi todo el período tratado de manera autónoma y debían sostener sus respectivas estructuras estatales.

Si pudimos observar el éxito y el mayor peso relativo de la economía de Buenos Aires, esto se agudiza al considerar su capacidad fiscal. Evidentemente la clave de esta diferencia residía en el control del puerto de Buenos Aires que le daba a la provincia unos ingresos que ninguna otra podía siquiera soñar y que, por ello mismo, se convirtió en el eje de sucesivas disputas provinciales. Sobre todo teniendo en cuenta que el rubro central de la recaudación eran los impuestos a las importaciones, que se trasladaban a los precios de esas mercancías que luego circulaban en parte por el resto de las provincias interiores, cuyas poblaciones financiaban de esta manera al estado de Buenos Aires.

Veamos algunas cifras de recaudación fiscal de las provincias en cifras globales y en ingreso fiscal per capita.
CUADRO 8: INGRESOS FISCALES DE PROVINCIAS ARGENTINAS (pesos plata) 39

Ingresos población ingreso/capita

Buenos Aires, 1841 1.965.347 153.576 (1838) 12,8

Entre Ríos, 1838 102.807 47.671 (48) 2,2

Corrientes, 1841 101.442 61.782 (41) 1,6

Santa fe, 1841 60.238 41.261 (58) 1,5

Córdoba, 1841 139.551 102.248 (39) 1,4

Tucumán, 1838 25.526 57.876 (46) 0,4

Jujuy, 1840 14.173 30.000 (51) 0,5
Estas cifras dejan al desnudo no sólo el éxito fiscal relativo de Buenos Aires que tiene un ingreso per capita 6 veces mayor a la más exitosa de las provincias en esta etapa, sino que, dado su peso demográfico le otorgan a la provincia una capacidad fiscal abrumadora, sumando más ingresos que todas las otras provincias juntas. No resulta casual que los ingresos aduaneros hayan sido clave en las disputas por lograr la organización nacional en la segunda mitad del siglo XIX. Pero también estos deben ayudar a explicar el desempeño económico de Buenos Aires en toda esta etapa.

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