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Cordero de Dios


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Cordero de Dios”

Dirección y guión: Lucía Cedrón

En la liturgia católica el texto dice “cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros. Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo damos la Paz”. Es decir aquel que muere en nombre de Dios o una causa justa tiene piedad de nuestras miserias como camino hacia la Paz. Paco (Juan Minujín) está casado con la hija de un veterinario (Malena Solda) el cual (Jorge Marrale) al enterarse que su yerno es guerrillero, pone en peligro la vida de su hija y querida nieta Guillermina, trata entonces de convencerlos que se vayan del País. Paco se niega y es acompañado por su mujer esto provoca un disgusto al padre y abuelo de las dos personas que más quiere. Nadie queda en Paz.

La película empieza 20 años después cuando el veterinario es víctima de un secuestro extorsivo que su nieta Guillemina negocia desesperada por conseguir dinero para salvarlo. La madre llega de París, donde estuvo exiliada, pero con poco ánimo de salvar a su padre ¿por qué?

Durante la película se va aclarando porque este rencor de la hija por su padre y el gran amor de la nieta por su abuelo. Se sugiere que en un operativo la hija es “chupada” por el ejército mientras intentaba salvar a un compañero herido (era la médica del grupo). El militar, al cual el padre le atendía caballos, lo extorsiona proponiendo salvar a su hija si entrega al yerno. En términos más propios al título de la película “el cordero de Dios” tiene el nombre Paco, que con su muerte salva el de su mujer y tantas otras gracias a “la piedad” que tiene ante las injusticias y atropellos de la dictadura o de cualquier autoritarismo corrupto. Pero no trajo la paz familiar sino el rencor de la hija por su padre al sospechar que él fue el entregador.

Sin embargo el amor de la nieta le permitió ver que otros aspectos de su padre, incluso la desesperación del padre por salvarla. Esto le permitió perdonarlo y ayudar a juntar el dinero de rescate vendiendo la casa que Paco había comprado para ellas.

Que paradoja “el cordero de Dios” salva incluso a aquel que lo traicionó gracias al amor y el perdón. Solamente así se corta la cadena del odio y la venganza lográndose la Paz.


Octavio Fernández Mouján

Mayo 2008



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