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C. Gestión de las áreas protegidas

1. Categorías de gestión de las áreas protegidas


  1. Las áreas protegidas pueden establecerse con muchos propósitos diferentes. Si bien es raro que se establezca un sitio protegido para un solo objetivo, es igualmente inusual que un sitio sirva a todos los objetivos ya enumerados. Según la función particular que se perciba para un sitio y las presiones sociopolíticas, el sistema jurídico y el contexto cultural, pueden establecerse regímenes jurídicos y de gestión muy diferentes en apoyo de su protección. Con el tiempo, se ha desarrollado una multitud de nombres o títulos diferentes para las áreas protegidas. En la actualidad, existen más de 800 términos usados para describir las designaciones nacionales y sus regímenes de gestión.

  2. Dada esta diversidad de objetivos y de sistemas de gestión, las categorías de gestión de áreas protegidas de la UICN (UICN, 1994) cumplen una función crítica en los análisis regionales y mundiales. Proporcionan un lenguaje común y permiten comparar y resumir los objetivos de gestión para las áreas protegidas del mundo, facilitando la interpretación de las definiciones nacionales de áreas protegidas.

  3. El sistema de categorización de la UICN tiene amplia aceptación y ha sido muy útil para obtener información de una manera más normalizada y para brindar orientación a los países cuando crean y amplían sus sistemas de áreas protegidas. Sin embargo, el sistema tiene varios defectos que se refieren tanto a su aplicabilidad en el terreno como a su exactitud, ya que ha sido aplicado en diversas perspectivas regionales e internacionales:

    1. Algunos sitios son difíciles de encasillar en una sola categoría, particularmente cuando tienen zonas interiores y cada zona encaja en una categoría diferente. En otros casos, la legislación o las características parecen caer entre categorías;

    2. Se puede carecer de suficiente información para determinar con exactitud la categoría de un área protegida, especialmente cuando proceden a la clasificación personas que están alejadas del sitio. Asimismo, deliberadamente o no, una autoridad puede categorizar los sitios de modo muy diferente a la situación sobre el terreno;

    3. A menudo, los sitios son ubicados en categorías de gestión que se basan en su situación de gestión hipotética, con frecuencia a partir de la designación legal oficial de un sitio más que por la situación real de los recursos y el régimen de gestión del sitio en el terreno. Este problema ha originado reclamos de que se agregue una dimensión complementaria de clasificación, basada en la eficacia de la gestión.

  4. Se encuentra en marcha un proyecto, “Hablando un lenguaje común”, para examinar estas cuestiones de categorización de las áreas protegidas, con participación de la Universidad deCardiff, la UICN, el WCPA y PNUMA-WCMC. 5/ En la Base de datos mundial sobre áreas protegidas figuran datos de más de 100 000 áreas protegidas. Casi un 70 % de ellas tienen asignada una categoría de gestión de la UICN y todas las categorías parecen estar relativamente bien representadas (véase UNEP/CBD/OSACTT/9/5).

2. Principales responsabilidades y tareas en la gestión de áreas protegidas


  1. Los sitios legalmente designados y administrados por gobiernos nacionales forman el núcleo del sistema mundial de áreas protegidas. En muchos países, los gobiernos provinciales o estatales y municipales también designan y administran áreas protegidas. Otras formas de protección incluyen las reservas privadas, los planes de protección voluntaria y muchas prácticas tradicionales de comunidades indígenas y locales, incluso la designación de sitios sagrados, áreas tabú y cierres estacionales.

  2. Sea cual fuere el tipo de estructura de gobernanza que tenga un área protegida, las tareas centrales de la gestión siguen siendo aproximadamente las mismas, aunque su importancia relativa y sus métodos de implantación pueden variar de un lugar a otro. Los recursos financieros también influyen mucho en la rigurosidad con que pueden aplicarse esas diversas responsabilidades. En general, suponiendo que se haya preparado y aprobado un plan de gestión del área protegida, las principales tareas que deben ejecutar los administradores de las áreas protegidas suelen incluir: 6/

      1. La aplicación del plan de gestión. Como mínimo, la gestión debería establecer alguna forma de presencia para demostrar la condición especial del sitio. Si los fondos u otras restricciones no permiten crear una infraestructura y contar con personal, por lo menos es necesario colocar carteles y distribuir información advirtiendo sobre la presencia del área protegida;

      2. Delineación de los límites de las áreas protegidas. Es importante la medición física y la señalización de los límites — y en algunos casos, los límites de zonas dentro de un área protegida —, pero un área protegida necesita “fronteras vivientes” que los interesados directos locales comprendan, acuerden y respeten. De modo que el proceso implica típicamente negociación y búsqueda de consenso, no sólo vigilancia e instalación de mojones delimitadores;

      3. Desarrollo y mantenimiento de infraestructura y equipos (tales como edificios de oficinas, vehículos, instalaciones y equipos de investigación, caminos, suministro de agua, equipo de comunicaciones, armas de fuego y servicios para los visitantes);

      4. Gestión del personal, financiera y administrativa, que incluye actividades tales como la contratación y gestión diario del personal, la contabilidad financiera, el desarrollo de capacidad y otras tareas administrativas;

      5. Vigilancia, evaluación y análisis de tendencias de los principales componentes biológicos u otros que son los objetivos de la conservación o que inciden sobre los objetivos de la conservación del área protegida;

      6. Práctica de la gestión adaptativa. Se han elaborado y se emplean ampliamente métodos para evaluar sistemáticamente los objetivos y las actividades de la gestión y para ajustarlos teniendo en cuenta la experiencia y las circunstancias cambiantes (p.ej., Margoluis y Salafsky, 1998; Oglethorpe, 2002);

      7. Atención de los turistas, investigadores y bioprospectores, lo cual comprende, entre otras cosas, determinar las condiciones de los permisos y derechos de entrada, el suministro de información mediante mapas, asesoramiento y exposiciones, la vigilancia de las actividades de los visitantes para asegurar que acaten las normas y la atención de las necesidades médicas del personal y de los visitantes;

      8. Mantenimiento de buenas relaciones con las comunidades locales e indígenas que vivan en las áreas protegidas o en zonas adyacentes;

      9. Solución de conflictos y controversias entre las autoridades de las áreas protegidas y otros interesados directos, como las comunidades locales, los intereses comerciales u organismos de gobierno;

      10. Vigilancia y cumplimiento de la ley, según corresponda;

      11. Promoción de los valores y éxitos del área protegida. Como se prevé que las áreas protegidas contribuirán cada vez más a los objetivos nacionales de desarrollo y generarán beneficios sociales y económicos para las personas y las comunidades vecinas, las capacidades de los administradores de sistemas para mantener enlace y cooperar con sus semejantes en otros sectores de desarrollo resultan una necesidad para una gestión efectiva.

3. Consideraciones específicas de la gestión de áreas protegidas transfronterizas


  1. La UICN define las áreas protegidas transfronterizas como “superficies terrestres y/o marinas que se extienden sobre una o más fronteras entre estados, unidades subnacionales como provincias y regiones, áreas autónomas y/o áreas fuera de los límites de la soberanía o jurisdicción nacional, cuyas partes constitutivas se dedican especialmente a la protección y el mantenimiento de la diversidad biológica y de los recursos naturales y los culturales asociados, y que están administradas en forma cooperativa por medios legales u otros medios efectivos” (Sandwith et al., 2001). Además, una red de áreas protegidas nacionales coordinadas que pertenezcan a más de un país pueden ser consideradas áreas protegidas transfronterizas si esas áreas protegidas comparten objetivos comunes (p.ej., la conservación de hábitats de una especie migratoria o la conservación de elementos ecológicos de valor representativo) y su gestión es armonizada.

  2. Un área protegida transfronteriza puede establecerse mediante iniciativas políticas de alto nivel de los gobiernos, las actividades locales sobre el terreno o por intervención de terceros tales como organizaciones no gubernamentales, las Naciones Unidas e instituciones académicas, o por convenios internacionales. Un área protegida transfronteriza puede estar conectada oficialmente mediante legislación, pero también pueden ser áreas protegidas separadas amparadas por acuerdos de gestión cooperativa basados en acuerdos locales sin fusión oficial. En algunos casos, se han establecido “parques de la paz” como estrategia de reconciliación en zonas de recientes conflictos o desastres.

  3. Esas iniciativas tienen un valor importante para fomentar la cooperación entre las naciones, así como grandes beneficios prácticos para la gestión. Como el foco de la conservación se ha desplazado a escala del paisaje y a los enfoques por ecosistemas, que reconocen la importancia de los corredores ecológicos y la conectividad, ha aumentado el interés por los beneficios prácticos de la conservación que ofrecen las áreas protegidas transfronterizas. Sin embargo, su creación tiene que superar dificultades relacionadas sobre todo con las diferencias entre los sistemas jurídicos y políticos, la cultura y los niveles de capacidad (Hamilton et al., 1996). La elaboración de mecanismos para coordinar e integrar la gestión entre países será vital y debería estar guiada por los principios del enfoque por ecosistemas.
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