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ARL El Cuerpo y la Sangre de Cristo

PAGOLA Cuerpo y Sangre de Cristo

Solemnidad

Semana del 22 al 28 de junio

ARL El Cuerpo y la Sangre de Cristo

El domingo pasado escuchamos la invocación de Moisés “…que el Señor camine en medio de nosotros… “ (Ex 14, 9), mientras el pueblo de Israel camina por el desierto hacia la tierra prometida, tierra de felicidad, de libertad y de paz que, sin embargo, parece tan difícil de alcanzar.

Es un camino difícil, fatigoso y cargado de peligros, el del éxodo, pero durante todo el recorrido la presencia de Dios no les falta. El Señor acompaña a su pueblo por todo el tiempo que dura su peregrinar, lo protege con la nube, lo guía con la columna de fuego; escucha su clamor y les perdona su infidelidad.

El éxodo de los hebreos de Egipto, es la historia de un pueblo pero también es como un icono de todo el recorrido de la existencia humana que con fatiga se dirige hacia una meta de felicidad y de libertad; es la historia de todos y de cada uno, pues cada uno de nosotros realiza su propio éxodo y se pone en camino hacia una meta: hacia una esperanza que no defraude. Si recorremos a grandes momentos la historia de la civilizaciones y de los pueblos, los encontramos todos, indistintamente, en camino hacia un futuro mejor, y sucede lo mismo si recorremos hacia atrás la propia historia personal, una historia que ha perseguido objetivos, que ha enfrentado fatigas y desilusiones, que ha experimentado temores y dolor y que, seguramente en ciertas situaciones ha tenido la tentación de rendirse frente a las dificultades y a los temores, y ha implorado y esperado una mano de lo Alto, una mano que condujera a la salvación.

Es una historia antigua que se repite puntualmente para cada hombre que viene a la vida y que lentamente se adentra en “el desierto” que la misma conlleva, cada uno ciertamente, tiene sus propios lugares desolados que recorrer, con necesidades exigentes pero en este caminar no está solo porque lo ha de sostener el amor, y el primero de todos, el amor de Dios que es Padre presente y providente.

De esta presencia atenta, misericordiosa y generosa del Padre, nos habla hoy el pasaje del Deuteronomio que recuerda las palabras con las que Moisés se dirige al pueblo exhortándolo a no dejar perrder de la memoria los beneficios recibidos de Dios durante el duro peregrinar por el desierto: “acuérdate de todo el camino que el Señor tu Dios te ha hecho recorrer en estos cuarenta años por el desierto… El que te ha humillado y te ha hecho probar el hambre, después te ha nutrido con el maná que tú no conocías, que ni tan siquiera tus padres habían jamás conocido, para hacerte entender que el hombre no vive solamente de pan, sino que vive de cuanto sale de la boca del Señor. No olvides al Señor Dios tuyo, que te hizo salir del país de Egipto, de la condición de esclavo, que te ha conducido por este desierto grande y espantoso… que ha hecho brotar para ti el agua de la roca durísima, que en el desierto ha nutrido con el maná desconocido a tus padres”.

El don del pan, el alimento misterioso que caía del cielo para aquellos hombres extenuados por el hambre, fue un acontecimiento que permaneció como memoria viva a través de los siglos y es a este acontecimiento extraordinario al que se relaciona Jesús cuando habla de sí mismo como el verdadero pan que baja del cielo, no un alimento cualquiera sino la misma persona del Hijo de Dios que se hace alimento en el camino de la vida para quien desee alcanzar la meta última, que es la salvación.

En todas las épocas, y también en l nuestra, Dios, en la persona del Hijo camina con los hombres; lo ha hecho de modo visible, como un hombre ordinario, cuando se encarnó en Jesús de Nazaret, que compartió nuestra historia,, atravesó nuestros desiertos, sufrió el hambre con los últimos, y la sed y los cansancios; baste recordar los cuarenta días en el desierto de las tentaciones al inicio de su vida pública cuando, tentado de pedir a Dios transformar las piedras eb pan, rebatió con fuerza la verdad de las palabras pronunciadas en otro tiempo por Moisés: “No de solo pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios!” (Mt 4, 4)

La palabra de Dios, es alimento vital para el hombre, porque es palabra que salva, ella fue anunciada por el mismo Cristo Jesús, Verbo eterno del Padre, en los tres años de predicación cuando las muchedumbres hambrientas de verdad, de justicia, de libertad y de paz lo seguían y lo escuchaban con fe y con entusiasmo.

Fue en una de estas ocasiones que el Maestro viendo tanta gente que lo seguía y lo escuchaba, que desfallecía de fatiga se conmovió: “encontró mucha gente, -se lee en el Evangelio-, y se llenó de compasión…” (Mt 14, 13ss); los caseríos donde hubieran podido procurarse el alimento necesario, quedaban lejos y el Maestro no quiso regresarlos sin comer y cansados; entonces realizo aquel estupendo milagro de la multiplicación de los panes que no solo sirvieron para colmar el hambre sino que sobraron abundantemente, señal de la solicitud infinita del Padre por todo hombre.

El milagro de los panes realizado en una situación real de necesidad, va más allá de la contingente necesidad de alimentar a tantas personas, este es ya un anuncio del otro pan, el “pan vivo bajado del cielo”, que el Hi8jo de Dios habría ofrecido a los suyos en la vigilia de su muerte, en aquella memorable última cena, un pan que da la vida, que transforma la vida del hombre y la enlaza estrecha y radicalmente con la misma vida de su Redentor.

En el pasaje del Evangelio de hoy, Jesús hace un discurso muy elevado, y mucho más comprometedor que otros, un discurso que es como el toque de prueba de la fe, semejante a un parte aguas entre los que desean conocerlo y seguirlo y los demás, que ante el aparente absurdo de aquellas palabras prefirieron alejarse.

¿También ustdes quieren irse?”, diría Jesús a los suyos, pero ellos se reafirman en el seguimiento porque reconocen en las palabras del Maestro, las únicas palabras capaces de dar la vida, es más, la vida eterna, expresión que significa: apertura de las mentes y de los corazones al conocimiento profundo del Misterio de Dios para vivir la comunión con El.

Yo soy el pan vivo, bajado del cielo, -son las palabras desconcertantes del Señor., el que come de este pan vivirá eternamente y el pan que yo les daré es i carne, para la vida del mundo”.

Un misterio verdaderamente grande que el Hijo de Dios hará visible, en la última cena, en la vigilia de su muerte con aquel sencillo gesto de ofrecerles el pan partido sobre el que había pronunciado las palabras: “Tomen y coman este es mi cuerpo entregado por ustedes. Hagan esto en memoria de mi”. (Lc 22, 19)

Este es el pan que nos acompaña y nos sostiene en el camino de la vida, “pan de los peregrinos”; de hecho mientras estamos en el tiempo, nuestra existencia está en marcha, como la de los hebreos en el desierto, hacia la tierra prometida, que es la completa comunión con Dios.

Este es el pan vivo, Cristo, presente en el Sacramento, que todavía acompaña y da vida y fuerza a la Historia, a la nuestra, personal vivida y la otra mucho más amplia, la de la humanidad entera y la del mundo.

El camino del hombre, de todo hombre, sigue siendo largo y fatigoso, pero Cristo ha asegurado el alimento y es él mismo, escondido en una pequeña porción de pan, que nos acompaña por el camino, nos alimenta, nos calma la sed, nos ilumina como a los discípulos de Emaús.

El Señor resucitado había prometido que estaría siempre con nosotros cada día hasta el fin de los tiempos; esta promesa se cumple cada día sobre miles y miles de altares en cualquier lugar del mundo, porque el hombre no muera de hambre, para que el mundo no muera de sed, sino que permanezca unido en comunión de amor con su Dios, Jesucristo Redentor.

Pan vivo que da vida y es la vida misma del Hijo de Dios, muerto y resucitado que con la Eucaristía pasa a nosotros a través del pan y el vino, los signos sacramentales que nos asemejan a El y luego nos hacen capaces de crear comunión los unos con los otros, haciendo de todos nosotros, tan diferentes y lejanos, un único cuerpo en Cristo Jesús, pan vivo y vida del mundo.



Fr. Arturo Ríos Lara, OFM

México, 22 de junio de 2014.

PAGOLA Cuerpo y Sangre de Cristo. Juan 6, 51-58

ESTANCADOS

JOSÉ ANTONIO PAGOLA,

El Papa Francisco está repitiendo que los miedos, las dudas, la falta de audacia... pueden impedir de raíz impulsar la renovación que necesita hoy la Iglesia. En su Exhortación “La alegría del Evangelio” llega a decir que, si quedamos paralizados por el miedo, una vez más podemos quedarnos simplemente en “espectadores de un estancamiento infecundo de la Iglesia”.

Sus palabras hacen pensar. ¿Qué podemos percibir entre nosotros? ¿ Nos estamos movilizando para reavivar la fe de nuestras comunidades cristianas, o seguimos instalados en ese “estancamiento infecundo” del que habla Francisco? ¿Dónde podemos encontrar fuerzas para reaccionar?

Una de las grandes aportaciones del Concilio fue impulsar el paso desde la “misa”, entendida como una obligación individual para cumplir un precepto sagrado, hacia la “eucaristía” vivida como celebración gozosa de toda la comunidad para alimentar su fe, crecer en fraternidad y reavivar su esperanza en Cristo.

Sin duda, a lo largo de estos años, hemos dado pasos muy importantes. Quedan muy lejos aquellas misas celebradas en latín en las que el sacerdote “decía” la misa y el pueblo cristiano venía a “oír” la misa o “asistir” a la celebración. Pero, ¿no estamos celebrando la eucaristía de manera rutinaria y aburrida?

Hay un hecho innegable. La gente se está alejando de manera imparable de la práctica dominical porque no encuentra en nuestras celebraciones el clima, la palabra clara, el rito expresivo, la acogida estimulante que necesita para alimentar su fe débil y vacilante.

Sin duda, todos, pastores y creyentes, nos hemos de preguntar qué estamos haciendo para que la eucaristía sea, como quiere el Concilio, “centro y cumbre de toda la vida de la comunidad cristiana”. Pero, ¿basta la buena voluntad de las parroquias o la creatividad aislada de algunos, sin más criterios de renovación?

La Cena del Señor es demasiado importante para que dejemos que se siga “perdiendo”, como “espectadores de un estancamiento infecundo” ¿No es la eucaristía el centro de la vida cristiana”. ¿Cómo permanece tan callada e inmóvil la jerarquía? ¿Por qué los creyentes no manifestamos nuestra preocupación y nuestro dolor con más fuerza?

El problema es grave. ¿Hemos de seguir “estancados” en un modo de celebración eucarística, tan poco atractivo para los hombres y mujeres de hoy? ¿Es esta liturgia que venimos repitiendo desde hace siglos la que mejor puede ayudarnos a actualizar aquella cena memorable de Jesús donde se concentra de modo admirable el núcleo de nuestra fe?

 

ESTAGNADOS

José Antonio Pagola.

O Papa Francisco repete que os medos, as dúvidas, a falta de audácia... podem impedir de raiz que se possa impulsionar a renovação que necessita hoje a Igreja. Na sua Exortação “A alegria do Evangelho” chega a dizer-se que, se ficamos paralisados pelo medo, uma vez mais podemos ficar-nos simplesmente como “espectadores de um estancamento infecundo da Igreja”.

As suas palavras fazem pensar. Que podemos perceber entre nós? Estamos a mobilizar-nos para reavivar a fé das nossas comunidades cristãs, ou continuamos instalados nesse “estancamento infecundo” de que fala Francisco? Onde podemos encontrar forças para reagir?

Uma dos grandes contributos do Concilio foi de impulsionar o caminho desde a “missa”, entendida como uma obrigação individual para cumprir um preceito sagrado, para a “eucaristia” vivida como celebração gozosa de toda a comunidade para alimentar a sua fé, crescer em fraternidade e reavivar a sua esperança em Cristo.

Sem dúvida ao longo destes anos, temos dado passos muito importantes. Ficam muito longe aquelas missas celebradas em latim em que o sacerdote “dizia” a missa e o povo cristão vinha “ouvir” a missa ou “assistir” à celebração. Mas, não estamos celebrando a eucaristia de forma rotineira e aborrecida?

Há um facto inegável. As pessoas estão a afastar-se de forma imparável da prática dominical porque não encontram nas nossas celebrações o clima, a palavra clara, o rito expressivo, a acolhida estimulante que necessita para alimentar a sua fé débil e vacilante.

Sem dúvida, todos, pastores e crentes, temos de nos preguntar que estamos a fazer para que a eucaristia seja, como quer o Concilio, “centro e cúpula de toda a vida da comunidade cristã”. Mas, basta a boa vontade das paróquias ou a criatividade isolada de alguns, sem mais critérios de renovação?

A Ceia do Senhor é demasiado importante para que deixemos que se continue a “perder”, como “espetadores a um estancamento infecundo” Não é a eucaristia o centro da vida cristã”. Como permanece tão calada e imóvel a hierarquia? Porque que é que os crentes não manifestamos a nossa preocupação e a nossa dor com mais força?

O problema é grave. Temos de continuar “estagnados” num modo de celebração eucarística, tão pouco atrativo para os homens e mulheres de hoje? É esta liturgia que temos vindo a repetir desde séculos a que melhor pode ajudar-nos a atualizar aquela ceia memorável de Jesus onde se concentra de modo admirável o núcleo da nossa fé?

 

 



PLANTO EGINIK

José Antonio Pagola.

Frantzisko aita santua errepikatu eta errepikatu ari da, beldurra, duda-muda, ausardia-falta… eragozpen gerta daitezkeela gaurko egungo Elizak beharrezkoa duen berrikuntza eragiteko. «Ebanjelioaren poza» delako bere Erreguan hau esatera iritsi da: beldurrak jota geratzen bagara, «Elizak agor eta antzu nola planto egiten duen begira» gelditzeko arriskua bizi dukegula.

Hitz horiek zer pentsa ematen dute. Zer hauteman dezakegu geure artean? Mugitzen al gara geure kristau-elkarteetan fedea biziberritu dadin ala Frantziskok aipatzen duen «agor eta antzu planto egite» horri begira gelditurik jarraitzen dugu? Non aurki genezake indarrik erreakzionatzeko?

Kontzilioaren ekarpen handietako bat izan zen mezaren inguruan aldaketa hau eragitea: «meza» agindu sakratu bat betetzeko agindu indibidualtzat hartzeari utzi, eta elkarte osoaren ospakizun pozgarri bezala bizitzearen «eukaristiatzat» hartzea, fedea elikatzeko, anai-arreba artekotasunean haziz joan eta Kristoganako esperantza biziberritzeko.

Dudarik gabe, azken urte hauetan, urrats oso garrantzizkoak egin ditugu. Oso urrun gelditu dira latinez ospatutako meza haiek, zeinetan apaizak «esan» egiten baitzuen meza eta kristau-herriak «entzun» egiten baitzuen meza edota «egon» egiten baitzen ospakizunean. Baina ez ote dugu jarraitzen geure eukaristia ohikeriaz eta era aspergarrian ospatzen?

Hor dago ukaezineko gertaera bat. Jendea urrunduz doa, modu geldiezinean, igandekoa bizitzetik; hain juxtu, gure ospakizunetan aurkitzen ez duelako ez girorik, ez hitz argirik, ez erritu adierazlerik, ez onarpen kitzikatzailerik, bere fede ahul eta duda-mudazkoa elikatzeko behar duena.

Inondik ere, guztiok, artzain eta fededun, behar dugu galdera egin: zer ari gara egiten, eukaristia izan dadin, Kontzilioak nahi duen bezala, «kristau-elkartearen bizitza osoaren erdigune eta gailur?» Alabaina, aski ote da parrokien borondate ona edota bakar batzuen sormen bakana, eraberritzeko beste irizpiderik gabe?

Jaunaren Afaria gauza inportantegia da, «galtzen» jarrai dezan uzteko, nolatan «agor eta antzu planto egiten duen» begira geldituz. Ez ote da eukaristia kristau-bizitzaren erdigunea? Nolatan gelditu da hierarkia hain isil, hain mugigaitz? Nolatan ez dugu agertzen fededunok geure kezka eta geure mina indar handiagoz?

Larria da arazoa. «Planto eginik» jarraitu behar ote dugu eukaristia modu honetan ospatuz, gaur egungo gizon-emakumeak hain eskas erakartzen dituen modu honetan? Mendez mende errepikatzen ari garen liturgia-modu hau ote da hobekien laguntzen ahal diguna, Jesusen afari gogoangarri hura eguneratzeko, zeinetan biltzen baita era miresgarrian gure fedearen muina?

 

ESTANCATS



José Antonio Pagola.

El Papa Francesc està repetint que les pors, els dubtes, la manca d'audàcia... poden impedir d'arrel impulsar la renovació que necessita avui l'Església. En la seva exhortació "La joia de l'Evangeli" arriba a dir que, si quedem paralitzats per la por, un cop més podem quedar simplement com a "espectadors d'un estancament infecund de l'Església".

Les seves paraules fan pensar. Què podem percebre entre nosaltres? Ens estem mobilitzant per revifar la fe de les nostres comunitats cristianes, o seguim instal•lats en aquest "estancament infecund" de què parla Francesc? On podem trobar forces per reaccionar?

Una de les grans aportacions del Concili va ser impulsar el pas des de la "missa", entesa com una obligació individual per complir un precepte sagrat, cap a "l'eucaristia" viscuda com a celebració joiosa de tota la comunitat per alimentar la seva fe, créixer en fraternitat i revifar la seva esperança en Crist.

Sens dubte, al llarg d'aquests anys, hem fet passos molt importants. Queden molt lluny aquelles misses celebrades en llatí en què el sacerdot "deia" la missa i el poble cristià venia a "oir missa" o "assistir" a la celebració. Però, no estem celebrant l'eucaristia de manera rutinària i avorrida?

Hi ha un fet innegable. La gent s'està allunyant de manera imparable de la pràctica dominical perquè no troba a les nostres celebracions el clima, la paraula clara, el ritu expressiu, l'acollida estimulant que necessita per alimentar la seva fe feble i vacil•lant.

Sens dubte, tots, pastors i creients, ens hem de preguntar què estem fent perquè l'eucaristia sigui, com vol el Concili, "centre i cim de tota la vida de la comunitat cristiana". Però, n'hi ha prou amb la bona voluntat de les parròquies o la creativitat aïllada d'alguns, sense més criteris de renovació?

La Cena del Senyor és massa important perquè deixem que se segueixi "perdent", com "espectadors d'un estancament infecund" No és l'eucaristia el centre de la vida cristiana". Com roman tan callada i immòbil la jerarquia? Per què els creients no manifestem la nostra preocupació i el nostre dolor amb més força?

El problema és greu. Hem de continuar "estancats" en una forma de celebració eucarística, tan poc atractiu per als homes i dones d'avui? És aquesta litúrgia que estem repetint des de fa segles la que millor pot ajudar-nos a actualitzar aquell sopar memorable de Jesús on es concentra de manera admirable el nucli de la nostra fe?

 

ESTANCADOS



José Antonio Pagola.

O Papa Francisco está repetindo que os medos, as dúbidas, a falta de audacia... poden impedir de raíz impulsar a renovación que necesita hoxe a Igrexa. No seu Exhortación “A alegría do Evanxeo” chega a dicir que, se ficamos paralizados polo medo, unha vez máis podemos ficarmos simplemente en “espectadores dun estancamento infecundo da Igrexa”.

As súas palabras fan pensar. Que podemos percibir entre nós?

Estámonos mobilizando para reavivarvos a fe das nosas comunidades cristiás, ou seguimos instalados nese “estancamento infecundo” do que fala Francisco? Onde podemos atopar forzas para reaccionarmos?

Unha das grandes achegas do Concilio foi impulsar o paso desde a “misa”, entendida como unha obriga individual para cumprir un precepto sagrado, cara á “eucaristía” vivida como celebración gozosa de toda a comunidade para alimentar a súa fe, crecer en fraternidade e reavivar a súa esperanza en Cristo.

Sen dúbida, ao longo destes anos, temos dado pasos moi importantes. Fican moi lonxe aquelas misas celebradas en latín nas que o sacerdote “dicía” a misa e o pobo cristián viña “oír” a misa ou “asistir” á celebración. Porén, non estamos celebrando a eucaristía de xeito rutineiro e aburrida?

Hai un feito innegábel. A xente estase afastando de xeito imparábel da práctica dominical porque non atopa nas nosas celebracións o clima, a palabra clara, o rito expresivo, a acollida estimulante que necesita para alimentar a súa fe débil e vacilante.

Sen dúbida, todos, pastores e crentes, temos de preguntármonos que estamos facendo para que a eucaristía sexa, como quere o Concilio, “centro e cume de toda a vida da comunidade cristiá”.

Pero, abonda coa boa vontade das parroquias ou a creatividade illada dalgúns, sen máis criterios de renovación?

A Cea do Señor é demasiado importante para que a deixemos que se siga “perdendo”, como “espectadores dun estancamento infecundo”. Non é a eucaristía o centro da vida cristiá?. Como permanece tan calada e inmóbil a xerarquía? Por que os crentes non manifestamos a nosa preocupación e a nosa dor con máis forza?

O problema é grave. Temos de seguir “estancados” nun modo de celebración eucarística, tan pouco atractivo para os homes e mulleres de hoxe? É esta liturxia que vimos repetindo desde fai séculos a que mellor pode axudarnos a actualizar aquela cea memorábel de Xesús onde se concentra de modo admirábel o núcleo da nosa fe?

Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo (A)

(Domingo 22 de junio de 2014)

LECTURAS

 

Te dio un alimento que ni tú ni tus padres conocían



Lectura del libro del Deuteronomio     8, 2-3. 14b-16a

Moisés habló al pueblo diciendo:


«Acuérdate del largo camino que el Señor, tu Dios, te hizo recorrer por el desierto durante esos cuarenta años. Allí él te afligió y te puso a prueba, para conocer el fondo de tu corazón y ver si eres capaz o no de guardar sus mandamientos. Te afligió y te hizo sentir hambre, pero te dio a comer el maná, ese alimento que ni tú ni tus padres conocían, para enseñarte que el hombre no vive solamente de pan, sino de todo lo que sale de la boca del Señor.
No olvides al Señor, tu Dios, que te hizo salir de Egipto, de un lugar de esclavitud, y te condujo por ese inmenso y temible desierto, entre serpientes abrasadoras y escorpiones. No olvides al Señor, tu Dios, que en esa tierra sedienta y sin agua, hizo brotar para ti agua de la roca, y en el desierto te alimentó con el maná, un alimento que no conocieron tus padres.»
Palabra de Dios.

SALMO     147, 12-15. 19-20

R.¡Glorifica al Señor, Jerusalén!

O bien:


Aleluia.

¡Glorifica al Señor, Jerusalén,


alaba a tu Dios, Sión!
El reforzó los cerrojos de tus puertas
y bendijo a tus hijos dentro de ti. R.

El asegura la paz en tus fronteras


y te sacia con lo mejor del trigo.
Envía su mensaje a la tierra,
su palabra corre velozmente. R.

Revela su palabra a Jacob,


sus preceptos y mandatos a Israel:
a ningún otro pueblo trató así
ni le dio a conocer sus mandamientos. R.

Hay un solo pan. Todos nosotros, aunque somos muchos,

formamos un solo cuerpo

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto     10, 16-17

Hermanos:


La copa de bendición que bendecimos, ¿no es acaso comunión con la Sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo? Ya que hay un solo pan, todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo Cuerpo, porque participamos de ese único pan.

Palabra de Dios.

SECUENCIA

Esta secuencia es optativa y puede decirse íntegra desde * Este es el pan de los ángeles.

Glorifica, Sión, a tu Salvador,


aclama con himnos y cantos
a tu Jefe y tu Pastor.

Glorifícalo cuanto puedas,


porque él está sobre todo elogio
y nunca lo glorificarás bastante.

El motivo de alabanza


que hoy se nos propone
es el pan que da la vida.

El mismo pan que en la Cena


Cristo entregó a los Doce,
congregados como hermanos.

Alabemos ese pan con entusiasmo,


alabémoslo con alegría,
que resuene nuestro júbilo ferviente.

Porque hoy celebramos el día


en que se renueva la institución
de este sagrado banquete.

En esta mesa del nuevo Rey,


la Pascua de la nueva alianza
pone fin a la Pascua antigua.

El nuevo rito sustituye al viejo,


las sombras se disipan ante la verdad,
la luz ahuyenta las tinieblas.

Lo que Cristo hizo en la Cena,


mandó que se repitiera
en memoria de su amor.

Instruidos con su enseñanza,


consagramos el pan y el vino
para el sacrificio de la salvación.

Es verdad de fe para los cristianos


que el pan se convierte en la carne,
y el vino, en la sangre de Cristo.

Lo que no comprendes y no ves


es atestiguado por la fe,
por encima del orden natural.

Bajo la forma del pan y del vino,


que son signos solamente,
se ocultan preciosas realidades.

Su carne es comida, y su sangre, bebida,


pero bajo cada uno de estos signos,
está Cristo todo entero.

Se lo recibe íntegramente,


sin que nadie pueda dividirlo
ni quebrarlo ni partirlo.

Lo recibe uno, lo reciben mil,


tanto éstos como aquél,
sin que nadie pueda consumirlo.

Es vida para unos y muerte para otros.


Buenos y malos, todos lo reciben,
pero con diverso resultado.

Es muerte para los pecadores y vida para los justos;


mira como un mismo alimento
tiene efectos tan contrarios.

Cuando se parte la hostia, no vaciles:


recuerda que en cada fragmento
está Cristo todo entero.

La realidad permanece intacta,


sólo se parten los signos,
y Cristo no queda disminuido,
ni en su ser ni en su medida.

* Este es el pan de los ángeles,


convertido en alimento de los hombres peregrinos:
es el verdadero pan de los hijos,
que no debe tirarse a los perros.

Varios signos lo anunciaron:


el sacrificio de Isaac,
la inmolación del Cordero pascual
y el maná que comieron nuestros padres.

Jesús, buen Pastor, pan verdadero,


ten piedad de nosotros:
apaciéntanos y cuídanos;
permítenos contemplar los bienes eternos
en la tierra de los vivientes.

Tú, que lo sabes y lo puedes todo,


tú, que nos alimentas en este mundo,
conviértenos en tus comensales del cielo,
en tus coherederos y amigos,
junto con todos los santos.

ALELUIA     Jn 6, 51



Aleluia.
«Yo soy el pan vivo bajado del cielo.
El que coma de este pan vivirá eternamente», dice el Señor.
Aleluia.
EVANGELIO
Mi carne es la verdadera comida, y mi sangre, la verdadera bebida

+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan     6, 51-58

Jesús dijo a los judíos:
«Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo.»
Los judíos discutían entre sí, diciendo: «¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?»
Jesús les respondió: «Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.
Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente.»

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