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ARL 4 Domingo de Pascua A

PAGOLA 4 Pascua

IV Domingo de Pascua

Semana del 11 al 17 de mayo
ARL 4Domingo de Pascua A

Buen Pastor…
Estamos en la cuarta semana de Pascua y la lectura de los relatos del Resucitado que veníamos escuchando es interrumpida para proponer a nuestra reflexión u discurso hecho por Jesús durante la fiesta judía de la Dedicación, un discurso en el cual, el Maestro, usando el lenguaje de las parábolas, se define verdadero pastor de ese rebaño de los hijos de Dios que esperan la salvación; hay un solo pastor confiable y es El, el Hijo de Dios, que en pocos días dará la vida por su rebaño.
Las imágenes de la parábola son las comunes a la cultura de los pueblos orientales de aquel tiempo, para los que el pastoreo era uno de los recursos económicos más importantes, sin embargo, como señala el evangelista, el discurso de Jesús no fue entendido: “no entendieron qué significaba lo que les decía…”
No entendían a pesar de la familiaridad con la imagen del pastor, que la Escritura refiere a Dios, como podemos ver, por ejemplo en el Salmo 22 que la liturgia hoy nos ofrece, salmo que es un espléndido himno al Altísimo que se inclina con paterna solicitud hacia el hombre y lo guía, lo protege, lo nutre y lo lleva a una condición de vida que solo conoce felicidad, y que es la salvación eterna; un salmo que también es una profecía de la presencia salvífica de Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre.
En un contexto de lecturas como las de hoy, que señalan la constante presencia de Dios al lado del hombre a través de toda la historia, ya sea que hable de la providencia del Padre, como de la misión del Hijo, es hermoso, consolador y justo, releer con viva atención y con fe reconocida el Salmo 22, que dice:

El Señor es mi pastor,

nada me puede faltar.

El me hace descansar en verdes praderas,

me conduce a las aguas tranquilas

y repara mis fuerzas;

me guía por el recto sendero,

por amor de su Nombre.

Aunque cruce por oscuras quebradas,

no temeré ningún mal,

porque tú estás conmigo:

tu vara y tu bastón me infunden confianza.

Tú preparas ante mí una mesa,

frente a mis enemigos;

unges con óleo mi cabeza

y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu gracia me acompañan

a lo largo de mi vida;

y habitaré en la Casa del Señor,

por muy largo tiempo.
No es solo y principalmente poesía, es más que todo, la revelación del amor de Dios que salva, y salva en el Hijo Jesús que, retomando la antigua imagen del pastor, se identifica con é para iluminar a los hombres dando un contenido seguro a la necesidad que estos tienen de confiarse, demodo que la confianza no venga puesta en quien podría traicionarla, ni el hombre confíe su vida en personas que se asemejan mucho a los mercenarios, o peor, a ladrones y asesinos.
La imagen del pastor, hoy, ya no es familiar; solo en algunas regiones particulares o zonas del mundo en las que todavía se hace pastoreo. Pero no es difícil conocer, o recordar las condiciones de vida de los pastores, los largos periodos cuidando fuera el rebaño, una vida de soledad, de carencias, compartidas, si se puede decir así, solo con las ovejas del rebaño que se convierten en la única presencia viva.
Es por esta razón que el Evangelio, con vivo realismo, nos habla de un pastor que afectuosamente ha puesto un nombre a cada oveja, tanto que las llama por nombre y ellas acaban por reconocer la voz de su pastor y obedecen a su llamada: “las ovejas escuchan su voz,-dice el texto-, él llama a sus ovejas una por una y las conduce fuera. Y cuando ha llevado fuera a todas sus ovejas, camina delante de ellas y las ovejas lo siguen porque conocen su voz”.
Es un lenguaje simbólico, de un simbolismo no difícil de interpretar, incluso en nuestros días; con el, Cristo dice a todos los hombres, creyentes o no, que él se pone al lado de nosotros para compartir nuestra vida, para guiarnos, para defendernos y hacernos crecer en dignidad y libertad, sin defraudarnos de nada, antes bien, dando por nosotros su misma vida y abriéndonos el acceso al Padre.
El que, en cambio, entra por la puerta, -dice el Evangelio-, es el pastor de las ovejas,”; mientras quien se introduce por otro lado, con subterfugios y engaños, no es pastor, no es amigo, sino un malhechor que tiene como interés único aprovecharse y usar al prójimo a la propia ventaja; de estos tales conocemos todavía muchos.

Pero hay más, hay una afirmación verdaderamente fuerte que hace Jesús en esta ocasión, cuando afirma de sí mismo: “En verdad, en verdad les digo: yo soy la puerta de las ovejas…” Estamos en Jerusalén, la ciudad donde se levantaba el Templo, signo de la presencia viva del Altísimo; entonces, una de las puertas del Templo se llamaba precisamente “Puerta de las ovejas”, a esta puerta seguramente se refería Jesús mientras proclamaba la parábola del pastor, él que había dicho de sí: “Destruyan este templo y en tres días lo reedificaré”. Entonces, Cristo Jesús es pastor y templo, el templo nuevo, el templo verdadero, el templo vivo, la puerta que nos introduce en el Misterio mismo de la vida de Dios. En Jesús, Pastor y Templo, se realiza la comunión con el Padre y el Espíritu, la vida que es el objetivo de su misión en la tierra y es fruto de su muerte y resurrección, y respecto a esta misión, Cristo mismo dice. “yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia…”.


Un discurso difícil de comprender antes del don del Espíritu; pero ahora, a la luz de la Pascua, este adquiere un sentido pleno, y lo leemos en lo que Pedro escribe en su Carta: “Queridos, si haciendo el bien soportarán con paciencia los sufrimientos, esto será agradable delante de Dios. De hecho, a esto han sido llamados porque Cristo padeció por ustedes, dándoles ejemplo, para que sigan sus huellas: el no cometió pecado, y no se encontró engaño en su boca, cuando era ultrajado no respondía con ultrajes y sufriendo no amenazaba con venganza sino que ponía su causa en aquel que juzga con justicia. El cargó nuestros pecados sobre su cuerpo sobre el leño de la cruz para que, no viviendo más para el pecado, viviéramos para la justicia; por sus llagas hemos sido curados. Ustedes estaban dispersos como ovejas, pero ahora han regresado al pastor y guardián de sus almas.”
Ningún otro, fuera de Cristo, ha pagado el precio de nuestra libertad y de nuestra salvación, es él entonces, el único pastor que pueda decirse ”bueno”, el único que no ha discriminado entre hombre y hombre sino que a todos, indistintamente, ha llamado a su seguimiento para que todo hombre viva en plenitud de comunión: “Y tengo otras ovejas que no son de este rebaño, -son las palabras del Maestro-, también a estas las debo guiar, y escucharán mi voz y será un solo rebaño con un solo pastor. Por esto yo doy mi vida..” (Jn 10, 16-17)
Ahora, este camino de comunión en la unidad, camino largo de recorrer, está confiado a la Iglesia, está confiado a nosotros que creemos en Cristo, el Hijo de Dios, muerto y resucitado para la salvación de todos y, aún cuando estamos lejos de la meta, todavía, como resucitados con Cristo, nuestro Pastor, podemos acelerar los tiempos con la oración constante, con la palabra iluminada por la fe, con la fuerza que viene del Espíritu y cou un eficaz y alegre testimonio de vida.

Fr. Arturo Ríos Lara, OFM

Roma, 11de mayo de2014



PAGOLA 4 Pascua (A) Juan 1, 1-10

NUEVA RELACIÓN CON JESÚS

JOSÉ ANTONIO PAGOLA,

En las comunidades cristianas necesitamos vivir una experiencia nueva de Jesús reavivando nuestra relación con él. Ponerlo decididamente en el centro de nuestra vida. Pasar de un Jesús confesado de manera rutinaria a un Jesús acogido vitalmente. El evangelio de Juan hace algunas sugerencias importantes al hablar de la relación de las ovejas con su Pastor.

Lo primero es “escuchar su voz” en toda su frescura y originalidad. No con fundirla con el respeto a las tradiciones ni con la novedad de las modas. No dejarnos distraer ni aturdir por otras voces extrañas que, aunque se escuchen en el interior de la Iglesia, no comunican su Buena Noticia.

Es importante sentirnos llamados por Jesús “por nuestro nombre”. Dejarnos atraer por él personalmente. Descubrir poco a poco, y cada vez con más alegría, que nadie responde como él a nuestras preguntas más decisivas, nuestros anhelos más profundos y nuestras necesidades últimas.

Es decisivo “seguir“ a Jesús. La fe cristiana no consiste en creer cosas sobre Jesús, sino en creerle a él: vivir confiando en su persona. Inspirarnos en su estilo de vida para orientar nuestra propia existencia con lucidez y responsabilidad.

Es vital caminar teniendo a Jesús “delante de nosotros”. No hacer el recorrido de nuestra vida en solitario. Experimentar en algún momento, aunque sea de manera torpe, que es posible vivir la vida desde su raíz: desde ese Dios que se nos ofrece en Jesús, más humano, más amigo, más cercano y salvador que todas nuestras teorías.

Esta relación viva con Jesús no nace en nosotros de manera automática. Se va despertando en nuestro interior de forma frágil y humilde. Al comienzo, es casi solo un deseo. Por lo general, crece rodeada de dudas, interrogantes y resistencias. Pero, no sé cómo, llega un momento en el que el contacto con Jesús empieza a marcar decisivamente nuestra vida.

Estoy convencido de que el futuro de la fe entre nosotros se está decidiendo, en buena parte, en la conciencia de quienes en estos momentos nos sentimos cristianos. Ahora mismo, la fe se está reavivando o se va extinguiendo en nuestras parroquias y comunidades, en el corazón de los sacerdotes y fieles que las formamos.

La increencia empieza a penetrar en nosotros desde el mismo momento en que nuestra relación con Jesús pierde fuerza, o queda adormecida por la rutina, la indiferencia y la despreocupación. Por eso, el Papa Francisco ha reconocido que “necesitamos crear espacios motivadores y sanadores... lugares donde regenerar la fe en Jesús”. Hemos de escuchar su llamada.

 

NOVA RELAÇÃO COM JESUS

José Antonio Pagola.

Nas comunidades cristãs, necessitamos viver uma experiência nova de Jesus reavivando a nossa relação com Ele. Coloca-Lo decididamente no centro da nossa vida. Passar de um Jesus confessado de forma rotineira a um Jesus acolhido vitalmente. O evangelho de João faz algumas sugestões importantes ao falar da relação das ovelhas com o seu Pastor.

O primeiro é “escutar a Sua voz” em toda a Sua frescura e originalidade. Não a confundir com o respeito às tradições nem com a novidade das modas. Não nos deixarmos distrair nem aturdir por outras vozes estranhas que, mesmo que se escutem no interior da Igreja, não comunicam a Sua Boa Nova.

É importante que nos sintamos chamados por Jesus “pelo nosso nome”. Deixar-nos atrair por Ele pessoalmente. Descobrir pouco a pouco, e cada vez com mais alegria, que ninguém responde como Ele às nossas preguntas mais decisivas, aos nossos desejos mais profundos e às nossas necessidades últimas.

É decisivo “seguir“ Jesus. A fé cristã não consiste em acreditar em coisas sobre Jesus, mas em acreditar Nele: viver confiando na Sua pessoa. Inspirar-nos no Seu estilo de vida para orientar a nossa própria existência com lucidez e responsabilidade.

É vital caminhar tendo Jesus “diante de nós”. Não fazer o percurso da nossa vida solitariamente. Experimentar em algum momento, nem que seja de forma desajeitada, que é possível viver a vida a partir da sua raiz: desde esse Deus que se nos oferece em Jesus, mais humano, mais amigo, mais próximo e salvador que todas as nossas teorias.

Esta relação viva com Jesus não nasce em nós de forma automática. Vai-se despertando no nosso interior de forma frágil e humilde. Ao início, é quase só um desejo. Em geral, cresce rodeada de dúvidas, interrogações e resistências. Mas, não sei como, chega um momento em que o contato com Jesus começa a marcar decisivamente a nossa vida.

Estou convencido de que o futuro da fé entre nós se está a decidir, em boa parte, na consciência de quem nestes momentos se sente cristão. Agora mesmo, a fé se está reavivando ou se vai extinguindo nas nossas paróquias e comunidades, no coração dos sacerdotes e fieis que as formamos.

A descrença começa a penetrar em nós desde logo no momento em que a nossa relação com Jesus perde força, ou fica adormecida pela rotina, a indiferença e a despreocupação. Por isso, o Papa Francisco reconheceu que “necessitamos criar espaços motivadores e curadores... lugares onde regenerar a fé em Jesus”. Temos de escutar a Sua chamada.

 

BESTE HARREMAN BAT JESUSEKIN



José Antonio Pagola.

Kristau-elkarteetan beste harreman bat behar dugu bizi Jesusekin, harekiko harremana biziberrituz. Deliberatuki jarri behar dugu bera geure bizitzaren bihotzean. Ohikeriazko moduan aitortutako Jesus batetik, bizigiroan onartutako Jesusengana igaroz. Joanen ebanjelioak garrantzizko hainbat iradokizun egiten ditu ardiek beren Artzainarekin bizi behar duten harremanaz hitz egitean.

Lehenengoa da, «haren ahotsa entzutea», beraren freskotasun eta jatortasun betean hartuz. Nahastu gabe tradizioekiko errespetuarekin edota modaren berritasunarekin. Nahastu edo zoratu gaitzaten utzi gabe beste ahots arrotz batzuek, Elizaren barnean entzuten badira ere, Berri Ona komunikatzen ez dutenek.

Garrantzizkoa da, Jesusek «geure izenaz» dei egiten digula sentitzea. Hark berak erakar gaitzan utziz. Konturatzea pixkana, eta aldioro poz handiagoz, inork ez diela erantzuten Hark bezala gure galdera erabakitzaileenei, gure gurari sakonenei eta gure azken premiei.

Erabakitzailea da, Jesusi «jarraitzea». Kristau-fedea ez datza Jesusez gauzak sinestean, baizik hari berari sinestean: harengan konfiantza izanez bizitzean. Haren bizierak inspira gaitzan uztean, geure bizitza norabidetzeko argiro eta erantzukizunez.

Bizi-arazoa da ibiltzea, Jesus «geure aurrean» dugula. Ez egitea geure bizitzaren ibilbidea geuk bakarrik. Esperimentatzea halakoren batean, era traketsean bada ere, posible dela bizitza bizitzea bere hondo-hondoan arnastuz; Jesusengan eskaini zaigun Jainko horrengan arnastuz, geure teoria guztiak baino gizatarrago, adiskideago, hurbilago eta salbatzaileago eskaintzen zaigun horrengan, alegia.

Jesusekiko harreman bizi hau ez da jaiotzen gugan era automatikoan. Iratzarriz joan ohi da gure barnean era hauskor eta apalean. Hasiera batean, desio huts bezala kasik. Oro har, duda-mudaz, galdekizunez eta uzkurtasunez inguraturik hazi ohi da. Alabaina, ez dakit nola, iristen da une bat, zeinetan Jesusekiko ukipena deliberatuki hasten baita gure bizitza markatzen.

Konbentzimendua dut, kristau sentitzen garenon bihotzean momentu hauetan erabakiko dela, hein handian, gure fedearen etorkizuna. Gaur egun berean, biziberritzen edota itzaltzen ari da fedea gure parrokietan eta elkarteetan, haietako kide garen apaizen eta fededunen bihotzean.

Federik eza gure baitan sartzen hasten da, Jesusekiko gure harremana indarra galtzen hasten den momentutik, edota ohikeria, axolarik eta ardurarik eza direla-eta erdi lo gelditzen da. Horregatik, Frantzisko aita santuak aitortu du «gune motibagarri eta saneagarriak sortu beharrean garela… Jesusekiko fedea eraberritzeko lekuak, alegia». Jesusen deia entzun beharra dugu.

 

NOVA RELACIÓ AMB JESÚS



José Antonio Pagola.

A les comunitats cristianes necessitem viure una experiència nova de Jesús revifant la nostra relació amb ell. Posar-lo decididament en el centre de la nostra vida. Passar d'un Jesús confessat de manera rutinària a un Jesús acollit vitalment. L'evangeli de Joan fa alguns suggeriments importants en parlar de la relació de les ovelles amb el seu Pastor.

El primer és "escoltar la seva veu" en tota la seva frescor i originalitat. No confondre-la amb el respecte a les tradicions ni amb la novetat de les modes. No deixar-nos distreure ni atordir per altres veus estranyes que, encara que se sentin a l'interior de l'Església, no comuniquen la seva Bona Notícia.

És important sentir-nos cridats per Jesús "pel nostre nom". Deixar-nos atreure per ell personalment. Descobrir a poc a poc, i cada vegada amb més alegria, que ningú respon com ell a les nostres preguntes més decisives, els nostres anhels més profunds i les nostres necessitats últimes.

És decisiu "seguir" Jesús. La fe cristiana no consisteix a creure coses sobre Jesús, sinó creure'l a ell: viure confiant en la seva persona. Inspirar-nos en el seu estil de vida per orientar la nostra pròpia existència amb lucidesa i responsabilitat ..

És vital caminar tenint Jesús "davant nostre". No fer el recorregut de la nostra vida en solitari. Experimentar en algun moment, encara que sigui de manera maldestre, que és possible viure la vida des de la seva arrel: des d'aquest Déu que se'ns ofereix en Jesús, més humà, més amic, més proper i salvador que totes les nostres teories.

Aquesta relació viva amb Jesús no neix en nosaltres de manera automàtica. Es va despertant en el nostre interior de manera fràgil i humil. Al començament, és gairebé només un desig. En general, creix envoltada de dubtes, interrogants i resistències. Però, no sé com, arriba un moment en què el contacte amb Jesús comença a marcar decisivament la nostra vida.

Estic convençut que el futur de la fe entre nosaltres s'està decidint, en bona part, en la consciència dels que ara ens sentim cristians. Ara mateix, la fe s'està revifant o es va extingint en les nostres parròquies i comunitats, al cor dels sacerdots i dels fidels que les formem.

La increença comença a penetrar en nosaltres des del mateix moment en què la nostra relació amb Jesús perd força, o queda adormida per la rutina, la indiferència i la despreocupació. Per això, el Papa Francesc ha reconegut que "necessitem crear espais motivadors i sanadors... llocs on regenerar la fe en Jesús". Hem d'escoltar la seva crida.

 

A NOVA RELACIÓN CON XESÚS.



José Antonio Pagola.

Nas comunidades cristiás necesitamos vivirmos unha experiencia nova de Xesús reavivando a nosa relación con el. Poñelo decididamente no centro da nosa vida. Pasar dun Xesús confesado de xeito rutineiro a un Xesús acollido vitalmente. O evanxeo de Xoán fai algunhas suxestións importantes ao falar da relación das ovellas co seu Pastor.

O primeiro é “escoitar a súa voz” en toda a súa frescura e orixinalidade. Non confundila co respecto ás tradicións nin coa novidade das modas. Non deixarnos distraer nin aparvar por outras voces estrañas que, aínda que se escoiten no interior da Igrexa, non comunican a súa Boa Noticia.

É importante sentírmonos chamados por Xesús “polo noso nome”. Deixármonos atraer por el persoalmente. Descubrir aos poucos, e cada vez con máis alegría, que ninguén responde coma el ás nosas preguntas máis decisivas, aos nosos anhelos máis profundos e ás nosas necesidades últimas.

É decisivo “seguirmos” a Xesús. A fe cristiá non consiste en crer cousas sobre Xesús, senón en crelo a el: vivirmos confiando na súa persoa. Inspirarnos no seu estilo de vida para orientarmos a nosa propia existencia con lucidez e responsabilidade.

É vital camiñarmos tendo a Xesús “diante de nós”. Non facermos o percorrido da nosa vida en solitario. Experimentarmos nalgún momento, aínda que sexa de xeito torpe, que é posíbel vivirmos a vida desde a súa raíz: desde ese Deus que se nos ofrece en Xesús, máis humano, máis amigo, máis próximo e salvador do que todas as nosas teorías.

Esta relación viva con Xesús non nace en nós de xeito automático. Vaise espertando no noso interior de forma fráxil e humilde. Ao comezo, é case só un desexo. Polo xeral, medra rodeado de dúbidas, interrogantes e resistencias. Pero, non sei como, chega un momento no que o contacto con Xesús empeza a marcar decisivamente a nosa vida.

Estou convencido de que o futuro da fe entre nós estase decidindo, en boa parte, na conciencia de quen nestes momentos nos sentimos cristiáns.

Agora mesmo, a fe estase a reavivar ou vai extinguíndose nas nosas parroquias e comunidades, no corazón dos sacerdotes e fieis que as formamos.

A increnza empeza a penetrar en nós desde o mesmo momento en que a nosa relación con Xesús perde forza, ou fica adormentada pola rutina, a indiferenza e a despreocupación. Por iso, o Papa Francisco recoñeceu que “necesitamos crear espazos motivadores e sanadores... lugares onde rexenerar a fe en Xesús”. Temos de escoitar a súa chamada.



Domingo IV de Pascua (A)

(Domingo 11 de mayo de 2014)

Domingo del Buen Pastor

Jornada mundial de oración por las vocaciones

LECTURAS

Dios lo ha hecho Señor y Mesías

Lectura de los Hechos de los Apóstoles     2, 14a. 36-41
El día de Pentecostés, Pedro poniéndose de pie con los Once, levantó la voz y dijo:
«Todo el pueblo de Israel debe reconocer que a ese Jesús que ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Mesías.»
Al oír estas cosas, todos se conmovieron profundamente, y dijeron a Pedro y a los otros Apóstoles: «Hermanos, ¿qué debemos hacer?»
Pedro les respondió: «Conviértanse y háganse bautizar en el nombre de Jesucristo para que les sean perdonados los pecados, y así recibirán el don del Espíritu Santo. Porque la promesa ha sido hecha a ustedes y a sus hijos, y a todos aquellos que están lejos: a cuantos el Señor, nuestro Dios, quiera llamar.»
Y con muchos otros argumentos les daba testimonio y los exhortaba a que se pusieran a salvo de esta generación perversa.
Los que recibieron su palabra se hicieron bautizar; y ese día se unieron a ellos alrededor de tres mil.

Palabra de Dios.

SALMO     Sal 22, 1-6

R.El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.

O bien: Aleluia.

El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.
El me hace descansar en verdes praderas,
me conduce a las aguas tranquilas
y repara mis fuerzas. R.

Me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre.


Aunque cruce por oscuras quebradas,
no temeré ningún mal, porque Tú estás conmigo:
tu vara y tu bastón me infunden confianza. R.

Tú preparas ante mí una mesa,


frente a mis enemigos;
unges con óleo mi cabeza
y mi copa rebosa. R.

Tu bondad y tu gracia me acompañan


a lo largo de mi vida;
y habitaré en la Casa del Señor,
por muy largo tiempo. R.

Ustedes han vuelto a nuestro Pastor y Guardián

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro     2, 20b-25
Queridos hermanos:
Si a pesar de hacer el bien, ustedes soportan el sufrimiento, esto sí es una gracia delante de Dios.
A esto han sido llamados, porque también Cristo padeció por ustedes, y les dejó un ejemplo a fin de que sigan sus huellas. El no cometió pecado y nadie pudo encontrar una mentira en su boca. Cuando era insultado, no devolvía el insulto, y mientras padecía no profería amenazas; al contrario, confiaba su causa al que juzga rectamente. El llevó sobre la cruz nuestros pecados, cargándolos en su cuerpo, a fin de que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Gracias a sus llagas, ustedes fueron curados. Porque antes andaban como ovejas perdidas, pero ahora han vuelto al Pastor y Guardián de ustedes.
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