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Conferencia de la cátedra arzobispo loazes y la fundación municipal “josé maría soler” (villena)


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CONFERENCIA DE LA CÁTEDRA ARZOBISPO LOAZES

Y LA FUNDACIÓN MUNICIPAL “JOSÉ MARÍA SOLER” (VILLENA)


Curso 2006-2007

Del 10 de enero 28 de marzo al de 2007
PASADO Y PRESENTE DE VILLENA Y SU ENTORNO

15 de marzo, jueves, a las 20:00 h.

Los movimientos sociales en Villena en la Edad Contemporánea

D. César López Hurtado

La tarea de investigar, no pocas veces, ha sido comparada con lo que sucede al extraer cerezas de un cesto; coges unas y entrelazadas salen otras. Igual sucede con los datos que a lo largo de una investigación sobre un determinado tema van apareciendo; contrastas un dato y aparecen nuevas perspectivas, nuevas preguntas.

Ello me ha llevado a centrar el estudio de los movimientos sociales en Villena de manera principal en lo que significó para la ciudad la eclosión y el desarrollo del movimiento obrero. Es más, no es posible entender la historia contemporánea de Villena, al menos la del primer tercio del siglo XX, sin tener presente lo que significaron para el progreso de la ciudad las Sociedades Obreras de Resistencia y su permanente lucha en pos de la igualdad social.

La organización del movimiento obrero local es la cuestión que primordialmente vamos a tratar de exponer aquí. También, a través de la aproximación que realizaremos a los acontecimientos vividos durante aquellos años, encontraremos algunas claves para entender por qué la Guerra Civil fue inevitable.

Del mismo modo descubriremos en esta charla otros colectivos de la población que orbitaron en una Villena que intentaba la búsqueda de su identidad moderna, en unos tiempos verdaderamente difíciles en lo económico y en lo social. Ello nos permitirá entrever el paisaje social y las circunstancias vividas por una mayoría de antepasados nuestros, en el período comprendido desde la Restauración monárquica española (1875) hasta la Segunda República (1931).

Las fuentes utilizadas para conocer el período que analizaremos a continuación han sido el estudio de los documentos guardados en el Archivo de la Diputación Provincial, las colecciones de la prensa local y provincial consultadas en distintas hemerotecas y, sobre todo, los valiosos documentos conservados en el Archivo Histórico de Villena.

Antes de empezar, quisiera agradecer la colaboración de las personas que han atendido mis demandas: Ángel Luis Prieto de Paula, Mateo Marco Amorós y, especialmente, a los miembros de la Fundación José Mª Soler, Loli Fenor Miñarro y José Fernando Domene Verdú, así como a la Cátedra Arzobispo Loazes representada por Gregorio Canales, por la confianza puesta en mi persona.

Comencemos pues:

En 1868 tiene lugar en España uno de los acontecimientos más trascendentales que registra su historia contemporánea. La reina Isabel II era destronada por la llamada «Revolución Gloriosa».

En apenas seis años desde aquella fecha, período que conocemos como el «Sexenio Democrático», (o «Revolucionario» –los apellidos no son gratuitos–) un torbellino de hechos de enormes consecuencias se suceden en el país: Una monarquía extranjera se frustra apenas a los dos años desde su implantación. La conocida como tercera guerra carlista vuelve a enfrentar a los españoles. Y hasta una formidable insurrección anticolonial estallaba en Cuba.

En esta España se abría paso con luz propia la “Constitución democrática de 1869”, que entre otros puntos sancionaba el sufragio universal directo para los varones mayores de veinticinco años, la libertad de cultos religiosos y una amplia declaración de derechos; entre los cuales, se reconocían por primera vez los derechos de reunión y asociación.

Este derecho constitucional de reunión y asociación resultará decisivo para la organización de las clases trabajadoras. Como asimismo para colectivos hasta entonces perseguidos y marginados, como la masonería o el espiritismo que tendrán notable influencia en Villena a partir del último cuarto del siglo XIX al amparo de estas leyes permisivas.

Como alternativa de gobierno a este agitado período, irrumpe en la política nacional la primera República Española. Su pasajera implantación estará sazonada por el ensayo de una federación cantonal.

Cuando el día 11 de febrero de 1873, tras la abdicación y posterior salida de España de Amadeo I, reunidos el Congreso y el Senado proclamaban la República, en Villena ocupa la alcaldía, Casimiro Martínez Hernández, destacado demócrata local y fundador de la logia masónica de Villena “Amor nº 126”, correspondiente al Gran Oriente de España.

Las fracciones que se constituirán en Villena una vez proclamada la Primera República y hasta final de siglo serán cuatro y se corresponden con los republicanos POSIBILISTAS (Emilio Castelar), FEDERALISTAS (Francisco Pi y Margall), PROGRESISTAS (José María Esquerdo) y CENTRALISTAS (Nicolás Salmerón).

Sin entrar en el funcionamiento del sistema político de la Restauración –en el que los Ayuntamientos y la Diputación eran instituciones clave del entramado electoral y caciquil-, acotamos que, durante el período de 1873 a 1890, los posibilistas villenenses ostentaron la alcaldía en cuatro ocasiones, totalizando su estancia al frente de la misma poco más de cinco años y obteniendo en ese mismo período un diputado provincial. Todos ellos, pertenecían a la pequeña y mediana burguesía local.

Durante aquellos años de continuos vaivenes políticos, la situación de Villena es la de una población agrícola que atraviesa por una pujante situación socioeconómica merced a la llegada del ferrocarril en 1858.

A la bonanza económica de este período contribuirá, de manera crucial, la producción vinícola que evolucionará de manera constante.

También aumentó la población. Durante la década de 1877 a 1887, se verá incrementada de manera considerable. De los 11.424 habitantes, la cifra aumentará hasta los 14.450. Lo que supone un porcentaje de crecimiento de la población absoluta del 26,48 %, el más alto índice porcentual alcanzado jamás en un período censal de diez años en la historia de la ciudad.

El hecho económico de aquellos años quedará reflejado en la expansión urbana de la población y en el comienzo en 1882 de las obras e instalaciones del ferrocarril de la V.A.Y.

La preocupación por la sanidad, la instrucción pública y la cultura también está patente en aquella época.

El feliz panorama cambió en pocos años. La miel empezó a amargar. La limitación exportadora de los vinos villenenses a Francia, provocará un duro declive económico en la localidad. Diversas bodegas y comerciantes vitivinícolas comenzaron a cerrar sus negocios al disminuir el mercado francés sus importaciones de vino. La finalización del Tratado Comercial con Francia produjo una crisis que se nota incluso en la celebración de las Fiestas que verán notablemente reducida la participación de comparsas y festeros salientes.

Cuando comienza el nuevo siglo, Villena, es una población de sólido carácter agrario y compuesta de forma mayoritaria, por braceros y jornaleros del campo, aunque inmersa en la severa recesión económica que comenzaba a dejarse sentir con todo su rigor desde los años finiseculares.

Con una industria en los años de tránsito del XIX al XX anclada en la elaboración de vinos, alcoholes y aceite de orujo. La ciudad comenzaba a forjar su cimentación industrial en la fabricación de calzado, sillas y muebles. Sectores que constituirán, junto a los oficios artesanos tradicionales, los pilares que sustenten el futuro desarrollo económico de la población.

La industria del calzado era, entre las establecidas en Villena a comienzos de siglo, la que patentizaba una trayectoria más avanzada en la expansión de sus fabricados. Los seis talleres existentes en Villena en 1903 producían al año 240.000 pares de zapatos.

No obstante, los obreros de la industria zapatera y la clase obrera en general, si no de forma tan dramática como la padecían los braceros, también afrontaban una crisis que afectaba a su subsistencia debido a los bajísimos jornales –no más de dos pesetas con cincuenta céntimos– percibidos por trabajar, como mínimo, doce horas. Trabajo plagado de inseguridades.

Para comprender los desequilibrios económicos de la época diremos que un kilo de pan tenía un coste de treinta y cinco céntimos y la mayoría de familias estaban compuestas de más de cinco miembros. Es fácil sacar las cuentas. Con un jornal diario, como mucho, se podía comprar siete kilos de pan.

Eran tiempos de penuria. Tiempos que suponían el mejor caldo de cultivo para las ideas marxistas y anarquistas que se expandían por Europa.

Si bien la propagación de las ideas marxistas llegaría a nuestro país –a Madrid– en el año 1872, el socialismo alicantino comenzará a manifestarse en la capital, Elche y Crevillente en 1890. Aunque pasado el optimismo y la euforia de los años iniciales de aquella década, su desarrollo resultaría más lento. Será en una posterior expansión provincial, durante los primeros años del siglo veinte, cuando socialistas de Elche y Alicante dedicaron grandes esfuerzos a organizar nuevas Agrupaciones y sociedades obreras por toda la provincia.

La campaña propagandística desplegada en Villena al efecto no resultaría estéril. En 1903, se fundan en la ciudad las primeras sociedades obreras de resistencia, de clara inspiración socialista.

Hasta esa fecha los obreros y jornaleros de Villena todavía no se habían organizado como clase, más allá de alguna sociedad de socorros mutuos, como la Sociedad Cooperativa “El Porvenir” -de corte casi gremial-, fundada 1894.

Este tipo de asociacionismo se iría agotando.

Con anterioridad a esta cooperativa mutualista, existió en Villena un Círculo Católico de Obreros. Constituido el 4 de octubre de 1891, el único indicio que encontramos en Villena de este Círculo es que fue establecido en la Parroquia de Santiago.

A pesar de la lentitud de los trabajadores de Villena en comprender el alcance de los conceptos de «clase» y «emancipación social», será con motivo de una manifestación de los braceros en demanda de trabajo, llevada a cabo el 20 de mayo de 1902, cuando los jornaleros locales aparecen por primera vez concienciados de la necesaria unión para alcanzar sus logros. Es más, desde aquella manifestación, se puede hablar de un comienzo real del movimiento obrero en Villena.

La carta entregada en mano al término de la manifestación, al alcalde de Villena, Don Ricardo García Arce (abuelo materno de D. José María Soler), no puede ser más explícita y es el mejor ejemplo de la situación de extrema desesperación en que se encontraban los jornaleros del campo villenense por la falta de trabajo. El escrito dice así:
«Ilustre Ayuntamiento: los que suscriben, hijos de esta Ciudad, trabajadores honrados, exponen:

Que no teniendo recursos para poder comer, piden trabajo para cubrir esta necesidad primera. No queremos guerras, somos honrados, queremos paz. Por eso salimos a la calle, con oportunidad, en pacífica unión y pedimos lo que nos hace falta: trabajo, para que les llevemos a nuestros hijos también un pedazo de pan.

Deseamos en el alma, que el Ilustre Ayuntamiento procediera con oportunidad y honradez, de la justicia y bien del obrero.

Y por último, que termine el hambre: queremos pan. Si el Ilustre Ayuntamiento se muestra hoy, no se promoverá algarada alguna, pero gestiónese pronto este asunto de trascendencia suma, para evitar que deliren nuestros cerebros por la fatal, por influencia de la escasez y de la miseria, y acabemos la vida en las terribles convulsiones del hambre.

Villena 20 de Mayo de 1902.
Una manifestación de estas características en Villena, es más que comprensible en aquellos días, si nos atenemos a la dramática lista de un censo de pobres de 1904, en el que aparecen registrados como «pobres» mil cuatrocientos quince villenenses (¡1.415 vecinos!) (sobre un censo en 1900 de 14.099 habitantes), lo que supone si lo entendemos por familias un elevadísimo porcentaje de los habitantes de la localidad. Otra detallada relación nominal, ésta del año 1910, informa, que 742 jornaleros son «pobres absolutamente».

Esto confirma que más de un millar de vecinos tenían enormes dificultades para siquiera alcanzar niveles de mera subsistencia; sobre todo a partir de que finalizara la sementera, en noviembre, y hasta el mes de junio en que daban comienzo las labores de la siega de cereales. Largos meses en los que el Ayuntamiento intervenía con diversas medidas humanitarias –o de garantía social para evitar desórdenes– en socorro de estos temporeros. Así, la instalación de la llamada «cocina económica» que, por cinco céntimos, daba derecho a un plato «de caliente», durante aquellos durísimos meses desde finales de otoño a la primavera. Este servicio era normalmente instalado en la placeta de las Malvas, junto al Asilo de Ancianos.

No obstante estas experiencias, la concienciación como clase en los trabajadores locales no comenzará a generalizarse hasta el año siguiente. Gracias al esfuerzo personal de unos pocos hombres de Villena, en 21 de julio de 1903, quedaba constituida la sociedad “Constancia” de Agricultores. Diez días después, el 1º de agosto, los “Albañiles” también se constituían en sociedad de resistencia. En 17 de agosto lo harían los zapateros, que titularon a su asociación con el nombre de “El Progreso”. Y recién terminado aquel verano, el 30 de septiembre, también se agrupaban los ebanistas bajo la titulación de “La Fraternidad”.

Y los frutos del asociacionismo, no tardan. La clase obrera local conseguirá durante el año 1904 grandes avances.

El primero de todos ellos, la organización de la primera sociedad obrera de resistencia femenina en la población. Fue fundada el 17 de enero de 1904, domingo de San Antón. El nombre adoptado por la nueva entidad, sería el nada modesto de “Juventud Ilustrada”, muy notorio y significativo en sí mismo. Y será la primera sociedad femenina que ha existido en la ciudad. Sociedad enteramente conformada y gestionada por mujeres.

La fundación de esta sociedad femenina tuvo inmediatas consecuencias. Fue el chispazo que puso en marcha la primera huelga del siglo XX en Villena. Cuando a la mañana siguiente –estamos en 18 de enero de 1904– aquellas mujeres entraban a los talleres y fábricas de muebles donde trabajaban, la mayoría fueron despedidas por el hecho de haberse asociado.

Ante tamaña coacción empresarial sus compañeros los ebanistas, organizados en la sociedad “La Fraternidad”, solidarios con el drama de sus compañeras, se declaraban en huelga. Los buenos oficios del alcalde Joaquín Herrero Valdés, aquella misma semana, arreglaron el conflicto.

A partir de esa fecha, la eclosión de las sociedades obreras de resistencia en la vida de la población, ya no constituirá un factor ocasional, sino que irá alcanzando carta de naturaleza en el devenir ciudadano, incluso celebrando las distintas sociedades obreras sus reuniones ordinarias, los domingos y festivos, prefiriéndolas a otros esparcimientos; o los mismísimos Congresos Regionales del Partido Socialista celebrados en la ciudad (como el de 1910), aunque coincidieran con las fechas de la celebración de las Fiestas de Moros y Cristianos. Entre otras cosas, porque no disponían los trabajadores de otro tiempo libre para reunirse, sino en las festividades. Y en el caso de los Congresos, para obtener al propio tiempo una mayor proyección de sus ideas, aprovechando la muchedumbre que concentraba en la ciudad la celebración de las fiestas en honor de la Virgen de las Virtudes.

La fundación de la Federación Local de Sociedades Obreras de Villena, finalizando el mes de enero de 1904, fue un hito básico para la evolución del movimiento obrero local. Supondría la puesta en marcha de los preceptos de solidaridad y de lucha coordinada contra los abusos patronales, por parte de las sociedades obreras de la localidad.

El ingreso en la Unión General de Trabajadores de las cuatro sociedades organizadas, el 7 de abril de 1904, nos permite vislumbrar el número de afiliados hasta entonces: “Constancia” de Agricultores, 1.110 asociados. La “Sociedad de Albañiles”, 150. “El Progreso” de Zapateros, 104. “La Fraternidad” de Ebanistas, 56.

Aprovechamos para decir que hasta el comienzo de la Guerra Civil, el número de Sociedades Obreras de Resistencia organizadas en Villena fue de 27:

-24 SOCIALISTAS y 3 ANARCOSINDICALISTAS.

La publicación de diversos periódicos de inspiración socialista también ocupó un lugar fundamental en la organización obrera y sindical. Varios fueron los títulos de los periódicos editados hasta 1936: Villena Obrera (1912-1913). La Voz del Obrero (1920-1921). Acción Social (1932-1934). ¡Alerta! (1934) y Frente Popular (1936).

El primer domicilio del Centro de Sociedades Obreras de Villena, estuvo radicado en un popular café llamado “la Sardina” –viejo y espacioso caserón, rotulado por entonces con el nombre de “Cervecería Española”-.

Las Asambleas generales, no obstante, por la gran concentración de trabajadores que concitaban, se celebraron en el solar del antiguo Trinquete en la calle Sancho Medina –hoy Pabellón Festero-, que era alquilado cuando la ocasión así lo requería. Ello hasta el año 1906 en que fue edificada una casa propia –la actual Casa del Pueblo, inaugurada el 26 de abril de aquel año.

La cuestión anticlerical, que en futuras décadas aflorará con virulencia, también comenzaba a suscitarse desde las posiciones obreristas villenenses a la par que crecía el movimiento obrero en la ciudad. Este anticlericalismo se iría radicalizando con los años. En tiempos de la Segunda República estallaría con extrema violencia.

Otro aspecto de interés a considerar de aquella Villena fue la expansión del espiritismo en la ciudad. El 1º de enero de 1907, el Centro de Estudios Psicológicos “La Caridad”, ya establecido en la calle San Francisco cuanto menos desde 1890, inauguraba oficialmente su nuevo domicilio en la calle San Cristóbal, 10. Este Centro ejercería una notable influencia en determinados ambientes y a él acudirían destacados miembros de la sociedad villenense.

Enrique Chaminade, un librepensador francés afincado en Villena desde 1896, y José María Navarro López, más conocido por el pseudónimo de “José María Reyes”, darían un fuerte impulso al centro espiritista y a sus postulados.

Algún día habrá que dedicar un estudio monográfico a estos hombres dada la dimensión humana de la trayectoria de sus vidas.

Al otro lado del mundo obrero, la clase dirigente de Villena estaba compuesta fundamentalmente -junto a la pequeña nobleza local-, por exportadores, comerciantes y elaboradores de vinos, que a finales del siglo XIX –como se ha dicho– conocieron momentos de gran esplendor. Ellos son los que ostentarán los cargos políticos y sociales más relevantes de la ciudad hasta bien entrado el siglo veinte.

En estos años se cuece un hecho que tendrá hondas repercusiones para el devenir económico y político de la ciudad. Con certera precisión será denominado por el historiador villenense Sebastián García Martínez como LA "CUESTIÓN DE LAS AGUAS". El conflicto comienza cuando las aguas subterráneas son alumbradas de forma masiva en pozos motorizados. Muchos de ellos explorados bajo el disfraz de ser minas de lignito. El ejemplo del Zaricejo es espectacular. Pero las explotaciones se van también expandiendo sin ninguna prudencia por otros lugares del término villenense en aquellos años, años precisamente de sequía. No pocos manantiales que nutrían a la Comunidad de Regantes de la Huerta y Partidas de Villena quedaron agotados. Las tierras sedientas de la provincia reclamarán desde entonces agua. Y agua y más agua. Y no habrá forma de calmar aquella sed. Y mucho menos, los intereses especulativos generados.

Villena pagará muy caro en el futuro –bien lo sabemos– el haber emprendido de una forma tan desmedida la explotación de sus aguas subterráneas y el haberlas vendido tan "alegremente" a Compañías intermediarias y no de forma esporádica a los agricultores de aguas abajo del Vinalopó.

No vamos a entrar aquí en la vieja política de los pueblos, con sus luchas localistas, intereses particulares, prevaricaciones y caciquismos. Tan solo destacar que lo que aquellos hacendados consideraron entonces un magnífico negocio, la venta del agua de los ricos veneros del subsuelo villenense, será un pesado lastre para el futuro desarrollo económico de la ciudad. Problema que ha llegado hasta nuestros días manifiesto en la sobreexplotación de los acuíferos hasta límites insostenibles y en soluciones políticas que han dañado y roto no pocas relaciones personales. Al tiempo que han perjudicado de forma excesiva muchos intereses socioeconómicos y estratégicos de Villena.

Tal vez la persona que más rápidamente intuyó “o vio” el daño que se le venía encima a los villenenses con la cuestión de la venta del agua a gentes foráneas, fue Don Cristóbal Amorós Sarrió que en 1910 compró al político Don Segismundo Moret “el Molino de las Virtudes”, “llave” primordial del riego de la demarcación de la Laguna. Lo compró para cederlo de manera altruista al Ayuntamiento de Villena. Ello con el fin de arreglar y adecentar el Santuario con las rentas del mismo y para que jamás faltara el agua a los laguneros.

Nunca agradecerá bastante Villena a la familia Amorós lo que hizo por la ciudad en ésta y en otras muchas ocasiones en las que no podemos detenernos. Un claro ejemplo lo tenemos en los terrenos en los que fue edificado el Instituto de Enseñanzas Medias en el que nos encontramos.

Retomando el hilo del movimiento obrero villenense, un momento muy importante del mismo lo constituye la visita de Pablo Iglesias a Villena.

El domingo 30 de mayo de 1909 se celebraba en el Centro Obrero de la ciudad, en su salón de actos, un mitin en el que intervino el fundador del Partido Socialista español junto a destacados líderes históricos del socialismo regional y provincial.

No sería esta la única vez que estuvo Pablo Iglesias en Villena. Tres semanas más tarde, el 21 de junio de 1909, llegaba de nuevo a la ciudad, aunque esta segunda vez permaneció en Villena tan solo unas horas.

Apenas un mes más tarde, la cuestión obrera local tomaba fuertes tintes de lucha. Desembocarán en el mes de septiembre en los espinosos sucesos acaecidos durante las suspendidas Fiestas de Moros y Cristianos.

Graves acontecimientos motivados por la Guerra de Marruecos y la llamada de los reservistas, que provocarán numerosos incidentes en todo el territorio nacional –sobre todo en Barcelona en lo que conocemos como “LA SEMANA TRÁGICA”– se estaban gestando también en la ciudad. Ya a finales de julio, el domingo 24, cuando estaba la música dando un concierto en la Corredera, se presentó un socialista colgando crespones negros en los árboles de dicha calle en señal de luto con motivo de la guerra y de protesta por la celebración de los conciertos. Fue detenido y el público se amotinó protestando por su detención. Intervino la guardia civil y el público se retiró de la Corredera.

Al día siguiente, se reunió el Ayuntamiento en sesión extraordinaria acordando suprimir los conciertos en la Corredera y las Fiestas en honor de la Patrona. Pero el día 5 de septiembre, aunque suspendidas las fiestas, fue verificada como de costumbre la conducción de la imagen de la Virgen de las Virtudes desde el Santuario a Villena. Fue recibida por el Alcalde, algunos concejales, la banda de música, el clero y algunos fieles devotos. A la llegada de la procesión a la plaza de Santiago, fue esperada por muchos grupos que se mostraban hostiles. Fue saludada con silbidos y gritos de «¡muera el alcalde!». Éste fue apedreado al igual que las autoridades que le acompañaban, que se dispersaron en desbandada. El desorden fue tremendo. Obligaron a la Banda de Música a retirarse y la imagen de la Virgen fue abandonada en el suelo por sus portadores. Entonces, la muchedumbre dio vivas a la Patrona, mientras algunos grupos se dirigieron a casa del Alcalde en actitud amenazante. Una lluvia de piedras no dejó un cristal sano en su vivienda ocasionando graves destrozos en la fachada.

Fueron de tal calibre los desmanes y excesos que se produjeron, que la guardia civil tuvo que emplearse con amenazas incluso de abrir fuego contra la multitud, a la orden de aviso del tercer toque de corneta, si los revoltosos no se dispersaban de las cercanías del Círculo Villenense. Llegó a dar dos toques sin que nadie se dispersara. Los más revolucionarios habían destrozado todo el mobiliario, vajillas y los cristales del casino.

Una compañía del Regimiento de la “Princesa”, desplazada desde Alicante (con más de 150 soldados), tuvo que intervenir en los graves disturbios, codo a codo con los refuerzos de numerosos efectivos, que también desplazó a la ciudad la guardia civil, incluso de caballería. Esta fuerza militar quedó acantonada en Villena hasta el día 20 de septiembre; una vez pasadas las fiestas de Moros y Cristianos que finalmente tuvieron lugar del 12 al 16 de septiembre con presencia y vigilancia de los militares y la guardia civil, y con la prohibición expresa de no efectuar los festeros disparos de arcabucería. Un bando de la Alcaldía también prohibió «la venta de vino y licores en el Santuario de las Virtudes el día de “La Esclavitud”» para evitar borracheras y posibles desórdenes.

Así las cosas, la labor obrera continuaba. El domingo 14 de noviembre, la recién creada Conjunción Republicano Socialista local, daba su primer mitin en el Centro de Sociedades Obreras.

Comenzaba una nueva etapa de la política española.

No sería un camino de rosas la cuestión obrera a partir de 1910 en Villena. Nunca lo fue de todos modos.

En el transcurso de esta década, muy dura en toda la nación por el problema de las subsistencias y agravado sobremanera por el estallido de la Primera Guerra Mundial, se dará en Villena la escisión de significados miembros de la Agrupación Socialista local hacia posiciones anarcosindicalistas. Entre ellos la de Enrique Guardiola Tomás, antiguo presidente de la Agrupación Socialista local, alineado en la órbita anarquista más radical.

Expulsado del Centro Obrero por vender periódicos anarquistas en sus dependencias, entró en contacto con dirigentes ácratas de Elda para tratar de organizar en Villena un grupo semejante. El 27 de diciembre de 1915, a raíz de un mitin celebrado en el Teatro Artístico de Villena –con posterioridad cine Avenida- , surgiría el grupo local titulado “PASO A LA ANARQUÍA”.

Los anarcosindicalistas villenenses dedicaron grandes esfuerzos a partir de entonces para conseguir afiliaciones entre los obreros de Villena. Aunque siempre serían minoría frente a los socialistas locales.

Si bien el impacto de la Guerra Europea se dejó sentir también en Villena, aquellos años aumentaron las empresas industriales en la población; aunque al mismo tiempo, el proceso de aumento de la carestía de las subsistencias afectó duramente a los trabajadores y a los jornaleros del campo.

Aunque se trabajara de sol a sol, el jornal no daba para vivir. Si un kilo de trigo valía casi una peseta, los alemanes, en guerra, lo pagaban al triple o a lo que se les pidiera. Las dificultades económicas eran enormes. Ante esas circunstancias, sólo los especuladores vivían. Ante esta crisis de subsistencias, el Ayuntamiento de Villena, por su parte, resolvió ayudar económicamente de una manera módica a todos los jornaleros que emigraran de la ciudad en busca de trabajo. Muchos de ellos fueron a la construcción del ferrocarril de Canfranc. Incluso, se les adelantó el dinero para el billete de tren hasta aquel destino.

¡Nada más triste para un Ayuntamiento que pagar a un jornalero para que abandone la ciudad y de este modo la aligere de gastos! Pero más patético todavía será que personas sin escrúpulos, como el alcalde pedáneo de La Encina, Pedro Más Murillo, concejal del Ayuntamiento de Villena y propietario de la Fonda de la estación ferroviaria, en aquellas circunstancias cobrara de manera abusiva en la estación

«de cada obrero que por allí transitaba agrupado a otros en busca de trabajo, la cantidad de dos reales por atenderles y autorizarles las relaciones de embarque que necesitaban para obtener billete reducido»

Esto ocurría en mayo de 1920.

Aunque hemos dado un pequeño salto cronológico en nuestra exposición, no queremos olvidar la HUELGA DE AGOSTO DE 1917, que en Villena tuvo un desarrollo ciertamente revolucionario y especial gravedad.

Como primer paso de aquella huelga general se concentraron los huelguistas en la estación del ferrocarril, en las primeras horas de la madrugada del 13 de agosto de 1917. No bajaban de los ochocientos. Un grupo de éstos, siguiendo la línea férrea en dirección a Caudete, arranca varios raíles del tendido ferroviario, al tiempo que cortan los postes telegráficos y del teléfono a unos cuatro kilómetros de la ciudad. Otra cuadrilla, que se despliega vías abajo en dirección a Alicante, se dirige hasta el puente del ferrocarril que vadea el cauce del Vinalopó y allí hace lo propio quedando cortada la vía entre las estaciones de Santa Eulalia y Villena. Señalamos que la pretendida voladura del túnel de Elda fue abortada in extremis.

Los huelguistas también se trasladaron a la estación del “Chicharra”, donde varios grupos no dejaron circular el tren a Jumilla. Asimismo, cortan los hilos telefónicos y del telégrafo de las líneas de Villena a Muro y Jumilla, quedando completamente aislada la ciudad. Conseguido este primer objetivo de incomunicación, los piquetes de huelga se distribuyen por todas las entradas del pueblo, no permitiendo entrar ni salir de él a ninguna persona ni vehículo.

Las fuerzas de la guardia civil de Villena, que se reducían a cinco guardias al mando de un teniente, fueron insuficientes para contener el tropel de gente que vociferaba y recorría las calles, animando a unirse a la huelga.

Mediada la mañana, como refuerzo para controlar la situación, llegaron a Villena seis parejas de la guardia civil de Monóvar. No obstante el envío de este socorro el estado de la huelga se había complicado tanto, que a las cuatro y media de la tarde llegó un tren especial con cuatro coches que conducían más fuerzas de la benemérita, al mando del teniente coronel de la zona.

La tarde fue larga y la noche especialmente infortunada. Villena quedó completamente a oscuras al ser asaltada «la fábrica de la luz de los franceses» por los huelguistas. Hubo intensos tiroteos. En el tiempo que duró la refriega hubo numerosos heridos del lado de los huelguistas y un muerto por la guardia civil en los aledaños de la estación del ferrocarril, que no tenía nada que ver con la revuelta. De la violencia de los choques puede dar idea el hecho de que cada guardia civil que custodiaba la estación «disparó los proyectiles de tres peines».

La normalidad quedó restablecida por completo cuando, poco después del amanecer del día siguiente, llegaban a Villena una compañía del Regimiento de Infantería “Princesa nº 4”, de guarnición en Alicante; y dos compañías del Regimiento de Infantería “Guadalajara nº 20”, de guarnición en Valencia. Al frente de estas fuerzas, alrededor de 400 soldados, figuraba el comandante del Regimiento de Infantería “Guadalajara nº 20” que distribuyó los efectivos militares por la ciudad, restableciendo la tranquilidad. La vigilancia de la vía férrea por los soldados se hizo rigurosa, ocupando además las carreteras.

La represión fue dura y los registros domiciliarios, buscando armas y heridos, cuantiosos. El mismo día 14 se procedió a la detención de los supuestos instigadores de los sucesos. Llegaron a ser detenidos 34 hombres y 3 mujeres en Villena, 17 en Cañada y 9 en Benejama. 63 personas en total.

Causó especial conmoción en la ciudad, que entre los detenidos, figuraran tres tenientes de Alcalde del Ayuntamiento, y se buscara como cabeza de motín al también concejal y Primer Teniente de Alcalde, José Marhuenda Santana.

El día 16 de agosto por la mañana, en un tren militar procedente de Alicante, fueron enviados a la capital donde fueron encarcelados doce hombres y dos mujeres.

Durante los días siguientes siguieron los arrestos y hubo varias expediciones de presos a Alicante. La mayoría de ellos, permanecieron en el Castillo de Santa Bárbara de la capital, más de nueve meses; hasta que en mayo de 1918, fue concedida una amnistía general por el Gobierno de la nación.

Aunque no nos podemos extender por cuestión de horario, sí queremos referirnos a los sucesos de Octubre de 1934 para apuntar que todavía serían más graves en Villena que esta huelga, al tener otras consecuencias añadidas. El cambio de Gobierno del Ayuntamiento de la ciudad, entre otras, y la muerte de dos militantes socialistas en la Puerta Almansa por disparos de la guardia civil. Asimismo fueron violentos, en el mes de marzo de 1936, los episodios incendiarios de la quema de iglesias y conventos de la población.

Estos acontecimientos, los de 1917, 1934 y 1936 –y hasta los de 1909-, apuntan en la misma dirección: la tremenda violencia contenida que estalla por el odio de las clases obreras hacia una sociedad acomodada que las explota y oprime ante la carencia de leyes que en verdad protegieran su desamparo social y económico.

Que tal vez la guerra civil que estalló el 18 de julio de 1936 era inevitable nos lo anunciaba ya en el año 1915, con extraña premonición, el anarquista villenense Enrique Guardiola Tomás. En un artículo titulado ¡HAMBRE!, publicado en el periódico “Alicante Obrero” el 14 de abril de 1915, bajo el seudónimo “Un Gusano Roedor”. Escribía las siguientes líneas:

«El hambre aprieta y los hombres no hacen por remediarla.

Los ricos burgueses, de ella no se preocupan; hacen bien. Están satisfechos de la vida. Los que no lo están son los trabajadores. (…)

Y es que las fieras del bosque no son tan crueles como nuestros verdugos, los grandes zánganos de la colmena social: la burguesía.

Llegará un día en que no se crucen de brazos frente a la miseria, los hombres que se dedican a producir riqueza.

Se agotará la paciencia de las criaturas que en vano piden clemencia.

Levantarán los puños, y enarbolando el rojo pendón de la justicia popular, prenderán fuego en los palacios y en las fábricas.

Sacudirán el polvo de los ídolos encerrados en los templos; sacarán a mitad del arroyo el trigo y la riqueza acaparada y saciarán el hambre.

Cobrarán miedo los verdugos, y los parias de librea saldrán de los cuarteles a restablecer el orden –este orden criminal que nos humilla y asesina– y chocarán con el pueblo rebelde, o probablemente confraternizarán con él favoreciendo su triunfo.

Las viejas canciones de la Internacional, se harán callejeras fortaleciendo el paso de la revolución que tanto temen los tiranos, y ésta será fecunda lluvia de justicia para la tierra agostada

Un Gusano Roedor. Villena 13 de abril de 1915.»
Terrible alegato. Veintiséis años más tarde, tras el Alzamiento franquista de 1936, a todo lo ancho de España se sucederían éstos proféticos episodios.

Pero retomemos el hilo del tiempo. En septiembre de 1923, la llegada de la Dictadura de Primo de Rivera provocó en los socialistas de Villena una actitud expectante, aunque manifestaron en la sesión municipal del 21 de septiembre de 1923, que

«no han de crear dificultades a la gestión administrativa del Directorio Militar»

Actitud que no impidió la destitución de los concejales socialistas.

Durante la Dictadura de Primo, no pareció modificarse mucho la tradicional actividad socialista en Villena: siguieron las peticiones al Ayuntamiento para que resolviera la crisis anual obrera y siguieron los repartos de jornaleros entre los mayores contribuyentes y medidas similares.

Aunque en el ámbito local, los años de 1920 registran un acontecimiento muy digno de tenerse en cuenta: la Coronación Canónica de la Patrona de la Ciudad. Acto llevado a cabo el 6 de septiembre de 1923.

Aunque son muchos los aspectos a destacar relativos al evento, nos quedaremos en la mención de la recogida de alhajas y donativos para la Corona de la Virgen, organizada a través del periódico “LA CORONA” por las “Juntas” de Señoras y Caballeros de la Coronación Canónica, que resultó espectacular.

Paralelamente a esta campaña, otra publicación local, titulada “NOSOTROS”, emprendía una campaña contraria al proyecto de dotar a la Patrona de Villena con un manto y corona de oro. La oposición se pone de manifiesto en varios artículos, en los que los títulos lo dicen todo: “La coronación de la Virgen es un afrentoso baldón para Villena”. “Pan al pueblo que la Virgen nada pide”. “Corona de joyas y corona de espinas” o “Ya se aproxima la farsa”, este último aparecido en septiembre de 1923, ya inminente la coronación. “NOSOTROS”, aprovecha todas las ocasiones que se le ofrecen para desacreditar el proyecto. La pugna es indicador de la distancia entre las organizaciones obreras y la Iglesia.

En 1930, tras años de estabilización, volvían a aumentar los afiliados a la Agrupación Socialista. Nuevos líderes impulsaban la Juventud Socialista que multiplicaba su actividad, al tiempo que resucitaban los escasos sindicalistas existentes, agrupados algunos en el “Ateneo Ecléctico Popular”, abierto en la placeta de las Malvas.

La alianza de republicanos y socialistas consiguió la victoria en Villena en las elecciones de 1931. José Cañizares Domene, presidente de la Agrupación Socialista y de la Federación local de Sociedades Obreras, era elegido alcalde de la ciudad por aclamación el 14 de abril de 1931. Comenzaba la Segunda República… Se abría un período esperanzador que tuvo sin embargo un triste epílogo, la Guerra Civil…

Y aquí dejamos nuestra intervención que prometemos retomar desde el inicio de este período hasta la represión de posguerra en otra oportunidad.



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