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Concha Méndez, Carmen Conde, Rosa Chacel, Ernestina de Champourcin y Josefina De la Torre


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La nómina de hombres poetas en este periodo es larga, pero las antologías y libros de texto apenas citan, como mucho, a cinco mujeres: Concha Méndez, Carmen Conde, Rosa Chacel, Ernestina de Champourcin y Josefina De la Torre. Son peces en la tierra. He aquí una mínima muestra de algunos de sus trabajos.

Concha Méndez

Ven a mí que vas herido...

Ven a mí que vas herido
que en este lecho de sueños
podrás descansar conmigo.

Ven, que ya es la media noche


y no hay reloj del olvido
que sus campanadas vierta
en mi pecho dolorido.

Carmen Conde

Ausencia del amante

He vuelto por el camino sin hierba.
Voy al río en busca de mi sombra.
Qué soledad sellada de luna fría.
Qué soledad de agua sin sirenas rojas.
Qué soledad de pinos ácidos errantes...
Voy a recoger mis ojos
abandonados en la orilla.

 Rosa Chacel



Narciso

¿Dónde habitas, amor, en qué profundo


seno existes del agua o de mi alma?
Lejos, en tu sin fondo abismo verde,
a mi llamada pronto e infalible.

Nuestras frentes unánimes separa


frío, cruel cristal inexorable.

Zarzas de tus cabellos y los míos


tienden, en vano, a unir lindes fronteras.

Sobre el mío y tu cuello mantenido


un templo de distancia en dos columnas
silencio eterno guarda entre sus muros;
nuestro mutuo secreto, nuestro diálogo.

Silencio en que te adoro, en que te encierras,


recinto de silencio inaccesibles
y lugar a la vez de nuestras citas.

¡Siglos espero frente a la cruenta


muralla dura que lamento inerme!

Eternidades entre nuestras bocas


a cien brisas y a cien vuelos de pájaros.

¿Para qué pies que hollaban la pradera


jóvenes, blancos corzos corredores
si no me llevan hacia ti ni un punto?

¿Para qué brazos tallos de mis manos


si jamás alcanzarán a estrecharte?

¡Límpida, clara linfa temblorosa


jamás en nuestro abrazo aprisionada!

¿Para qué vida, en fin, si vida acaba


en el umbral de la mansión oscura
donde moras sin hálito, en el vidrio
que con mi aliento ni a empañar alcanzo?

¡Oh, sueño sin ensueño, muerte quieta


lecho para mi anhelo, eterno insomne!

Único al fin reposo de mis ojos


tu infinito vacío negro espejo!

Ernestina de Champourcin

La voz del viento

Búscame en ti. La flecha de mi vida 
ha clavado sus rumbos en tu pecho 
y esquivo entre tus brazos el acecho 
de las cien rutas que mi paso olvida. 

Despójame del ansia desmedida 


que abrasaba mi espíritu en barbecho. 
El roce de tus manos ha deshecho 
la audacia de mi frente envanecida. 

Navegaré en tus pulsos. Dicha inerte 


del silencio total. Ávida muerte 
donde renacen, tuyos, mis sentidos. 

Ahoga entre tus labios mi tristeza, 


y esta inquietud punzante que ya empieza 
a taladrar mi sien con sus latidos. 

Josefina de la Torre

Tú en el alto balcón de tu silencio,


yo en la barca sin rumbo de mi daño,
los dos perdidos por igual camino,
tú esperando mi voz y yo esperando.

Esclavo tú del horizonte inútil,


encadenada yo de mi pasado.
Ni silueta de nave en tu pupila,
ni brújula y timón para mis brazos.

En pie en el alto barandal marino


tú aguardarías mi llegada en vano.
yo habría de llegar sobre la espuma
en el amanecer de un día blanco.

Pero el alto balcón de tu silencio


olvidó la señal para mi barco.
Y me perdí en la niebla de tu encuentro
–como un pájaro ciego– por los años.

Elisabeth Mulder

¡Si pudiera salir de mí!

acaso me salvaría!

Tal vez se marchitara

como una flor

el dolor


en que la vida me abisma

si no diera a lo exterior

tan gran parte del horror

de mí misma (Sinfonía en Rojo,15)



LUCÍA SÁNCHEZ SAORNIL
Caminos del arco iris

A Norah Borges, por una deuda antigua

Eché mi corazón al mar


en busca de tu huella

Eras lo que no se sabe


bruma.

Yo iba abriendo caminos de arco-iris


para alcanzarte
y tras tus pasos
seguí mis antorchas
cuando tu mano de oro
abrió mi costado izquierdo.

María Cegarra

Presencia de Miguel

Nadie,
-ni antes ni después de ti-


Supo, sabe
Pronunciar mi nombre.
Hacías una creación de la palabra,
Del tono, del sonido, del acento…
Entonces…
Te recuerdo en mi nombre
-aprendido de ti-
Que conmigo inseparable, llevo.
Inconsumible, ingrávido.
Sin muerte y sin dolor.
Pilar de Valderrama

Acaso a ti mi ausencia
acompaña. A mi memoria
tu recuerdo
?

Me acompañó tu ausencia día a día


en todas mis angustias interiores;
en medio de amarguras y dolores
llenó de tu nostalgia el alma mía.

Al irte para siempre, no sabía


tu corazón los arduos sinsabores
que me acechaban, como negras flores
de muerte, olvido y soledad sombría.

En aquel ?tu dolor? de mi recuerdo


estaba yo; tú estabas en la ?ausencia?
en que ?de mar a mar? nos obligaron.

En laberintos de un ayer me pierdo;


y veo en esta luz de tu presencia
que ni guerra ni mar nos separaron.



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