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Centro Cultural Islas Malvinas Patrimonio Urbano Por Carina Vitali I. Introducción


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Centro Cultural Islas Malvinas



Patrimonio Urbano


Por Carina Vitali



I. Introducción

El Centro Cultural Islas Malvinas se encuentra ubicado en la Plaza del mismo nombre, entre las calles 19 y 20 y entre 50 y 54, de la ciudad de La Plata.


Antes de convertirse en lo que es hoy (un Centro Cultural y una extensa plaza) todo el predio estaba ocupado por el Regimiento 7 de Infantería, y el Edificio que hoy alberga al centro Cultural, era el Casino de Oficiales de dicho Regimiento. Su creación formó parte de un proyecto de recuperación de los espacios verdes públicos de la ciudad, basados en el diseño original planificado por iniciativa de Dardo Rocha, el proyecto del arquitecto Juan Martín Burgos y el ingeniero Pedro Benoit, donde figuraba el predio al que hacemos mención como un espacio verde llamado originalmente plaza Sarmiento, hoy plaza Islas Malvinas.

Comprende 5 hectáreas de espacios verdes; el edificio se levanta en la esquina de 19 y 50. Actualmente y desde su fundación, el 8 de agosto de 1998, su dirección está a cargo del periodista Juan José Becerra. Gubernamentalmente, depende de la Dirección de Cultura de la Municipalidad de La Plata.


II. Marco Histórico
La Plata fue fundada en 1882 para cumplir el rol de Capital de la Provincia de Buenos Aires. Las características de su materialización surgen de entrada como un plan desarrollado desde lo político, lo económico y lo territorial. Se operó sobre los tres elementos que componían su sistema: la zona rural, el puerto y la ciudad. Formó parte del sueño de Dardo Rocha de crear una nueva ciudad para capital de la Provincia de Buenos Aires, como un centro floreciente, no solo administrativo, sino también comercial, industrial y cultural.

En palabras del Arquitecto Ariel Iglesias, Subsecretario de planeamiento y desarrollo urbano de la Municipalidad de La Plata, el casco urbano original fue delineado con límites perfectamente definidos. Se caracteriza por su rigor geométrico, derivado del pensamiento racionalista de las ciudades ideales del Renacimiento, la influencia de las Leyes de Indias hispánicas y los cuatro siglos de evolución de la ciudad en cuadrícula. Conjuga los más modernos conceptos del urbanismo barroco y neoclásico con el higienismo sanitarista, símbolo de preocupación social y cultural de ese momento.


Su sistema de diagrama en cuadrícula, con sus diagonales, y plazas cada 6 cuadras, no solo está articulado para una buena distribución y circulación del tránsito, sino que tiene en cuenta la necesidad de cada barrio de tener un lugar o espacio verde en donde la comunidad se reúna para su actividad y desarrollo. Esta organización rítmica con que se ubican tanto las plazas como el Eje Gubernamental (Catedral, Municipalidad, Legislatura, Casa de Gobierno) es una característica de la identidad de la ciudad. Este Eje consiste en el emplazamiento de los edificios singulares de la ciudad a lo largo de un mismo eje perpendicular al bosque. Pero ha habido a lo largo de la historia platense muchos casos en los que su concepción original ha sido transgredida por distintas razones, sin ánimo de juzgarlas como grandes degradaciones, siendo, tal vez, consecuencia de la necesidades sociales de las distintas épocas. Tal fue el caso de la Plaza Sarmiento, hoy Plaza Islas Malvinas, que fue ocupada casi desde sus orígenes, en 1914, por el Regimiento 7 de Infantería, que cercó la superficie verde, dejándola vedada para el barrio por medio de edificaciones cerradas propias del Ejército. Este acontecimiento marcó al barrio por casi un siglo, acompañándolo en distintos protagonismos de hechos históricos, que marcaron un hito no sólo para este barrio, ni para La Plata en particular, sino para todo el pueblo argentino.
El Regimiento 7 de Infantería es uno de los más antiguos del Ejército: fue creado en mayo de 1813 por la Asamblea Constituyente, participó de la tercera campaña al Alto Perú, se integró al Ejército de Los Andes a las órdenes del coronel Pedro Conde, combatió en la batalla de Chacabuco cruzando la cordillera por el Paso de los Patos y participó de las luchas por la independencia de nuestro país y de Chile, en Cancha Rayada, Ayacucho y Maipú. En distintos años se constituyó como guarnición en Campo de Mayo, Rio Cuarto y Formosa.
Recordemos que en los años que el Regimiento se emplaza aquí, eran épocas en que la Argentina se despertaba con ciertos rumores de una guerra mundial. Cuál habrá sido la sorpresa cuando se sintió rozar de cerca esta posibilidad, cuando submarinos alemanes hundieron el buque de bandera argentina “Monte Protegido”. Si bien la tensión contra todo lo que fuera alemán creció, el Presidente Yrigoyen se mantuvo neutral. Aquí el ejército hacía ya varias décadas que no participaba de ninguna guerra, pero se creyó prudente acercar el Regimiento dentro del Eje Gubernamental: ante cualquier alarma, iba a estar presto, detrás de los edificios gubernamentales, como un respaldo. Las crónicas de la época describen la llegada del personal militar como una mudanza pública acompañada del clamor popular de una sociedad educada en los recuerdos de las legendarias hazañas patrióticas de la Independencia.
Los años que corrieron luego fueron tiempos en los que el sentido patriótico, se transformaba en lindas, entretenidas y atractivas “puestas en escena” para la comunidad, a través de los desfiles, en donde el Regimiento formaba parte de la vida pintoresca de las fiestas patrias, y toda la comunidad salía a ver el desfile... Pero en particular en la vida cotidiana de esta comunidad su recuerdo está presente aún, en muchos relatos que viejos vecinos nos vienen a contar cuando a la tarde se dan una vuelta por la plaza, como un lugar donde rememorar viejas épocas, de tardes en las que los soldados luchaban con las viejas mulas para que caminen, tirando de los cañones, mientras ellos, desde la vereda, les acercaban un mate. Ni qué decir de todas las personas que miran y señalan con orgullo el ex Casino de Oficiales, mientras dicen “yo hice la colimba aquí”, y nos cuentan rumores de unos túneles ocultos, existentes en toda la ciudad y en este predio también, ya vieja e incorporada leyenda popular platense.
Pero ocurrieron otros hechos, no tan pintorescos, que tuvieron como protagonista a este Regimiento, como fue la presencia, en septiembre de 1930, del entonces cansado y enfermo presidente - recién depuesto - Hipólito Yrigoyen.
Llegó al regimiento, luego de haber pasado por la Casa de Gobierno provincial. Allí su amigo, el entonces Gobernador de la Provincia, consideró que no iba a estar seguro, luego de enterarse que turbas habían entrado a su casa y destruido sus pertenencias. Decidieron ir al Regimiento 7 a entregar la carta de renuncia a la Presidencia de la Nación. Enfermo, llegó en compañía de su médico, que llevaba una profunda cara de preocupación. Yrigoyen se encontraba afiebrado, con sus labios morados y abatido. Lo recibieron las autoridades del Regimiento, que si bien habían ya mandado un telegrama para ponerse a las órdenes del nuevo mandatario, garantizaron la integridad física del ex presidente. Luego de leer el documento de renuncia, ante la mirada penosa de los militares, el jefe del Regimiento le expresa: “Señor Yrigoyen, bajo mi palabra de honor y la del Regimiento a mis órdenes, su vida se halla garantizada, ocurra lo que ocurra. Y estoy a su servicio”. Una hora más tarde le hace saber el gobierno que puede irse a donde quiera. Y entonces Yrigoyen pronuncia estas palabras, sencillas y tristes: “Me quedo aquí, si me es permitido, estoy mal y no tengo adonde ir”.
Se instaló en el dormitorio del jefe, en el edificio del Casino de Oficiales y se quedó allí unos días, hasta que llegó la orden de trasladarlo detenido al Acorazado Belgrano. Un hombre que había luchado por más de treinta años por sus ideales y convicciones finalizó así su carrera política entre los muros del Regimiento 7.
Otro hombre que formó parte de esos sueños de lucha por lo que se cree vale la pena dar la vida y que efectivamente la dejó entre las paredes de este edificio, fue el Teniente Coronel Oscar Lorenzo Cogorno, quien se sublevó el 9 de junio de 1956 contra el gobierno revolucionario que había derrocado al general Juan Domingo Perón. Cogorno contaba con el apoyo de doscientos civiles y suboficiales retirados. En esos días Perón estaba exiliado en Asunción, y muchos de sus seguidores habían huido, pero este grupo junto con otros militares, como el General Juan José Valle, decidieron sublevarse. Es así que esa madrugada, en las inmediaciones del Regimiento, los vecinos vivieron momentos dramáticos por la lucha entre fuerzas leales y rebeldes. Ómnibus y tranvías fueron colocados como barricadas. Cogorno, junto con el Capitán Morganti, tomó el Regimiento, y así distintas fuerzas combatieron toda la noche hasta que a la mañana la aviación marina, bajo la sorpresa y el temor de la población, bombardeó el Regimiento. Los aviones pasaban rasantes por sobre las casas de los vecinos. Finalmente Cogorno junto con sus colaboradores fue vencido y condenado a muerte de acuerdo a la ley marcial, y fusilado en el patio del Regimiento 7 junto con el subteniente Alberto Abadíe... dejando otra marca histórica imborrable en este edificio...
Ya en décadas más cercanas, lejanas quedaban las anécdotas pintorescas del Regimiento, ante los atropellos llevados a cabo por el gobierno militar instaurado en 1976, y en el seno de la comunidad nacía el recelo de tener ese edificio militar tan cerca de la sociedad civil. Esta opinión fue creciendo a principios de los años 80, a medida que se fueron conociendo las violaciones a los derechos humanos cometidas por el llamado “Proceso”. Rota la confianza entre la sociedad civil y la militar, los vecinos platenses comenzaron a temer esos muros a los que no se podían acercar, bajo riesgo de sufrir apercibimientos, voces de “Alto” y disparos.
En 1982 se desata la Guerra de Malvinas, maniobra e intento de reivindicarse ante la población, por parte del gobierno militar, a través de su presidente de turno, Leopoldo Fortunato Galtieri, intentando distraer al pueblo de los temas cada vez más crecientes de las violaciones a los derechos humanos, y atropellos a la democracia. El “Proceso” ideó un golpe bajo, utilizando el profundo sentimiento de frustración de la población con respecto a la usurpación de Gran Bretaña de estas islas. Pero les salió mal, ya que ni se reivindicó ni logró explotar para sus fines el sentimiento patriótico de la población, más que por unos primeros momentos de euforia, como quién gana un partido de fútbol. Recién cuando comenzaron a llegar los telegramas de aviso convocando a otras clases de “colimbas”, la población tomó conciencia que no se trataba de otra teatralización pintoresca, o que iba a haber una guerra allá lejos en unas islas, sino que los tocaba de cerca, y eran nuestros hijos y parientes quienes iban a tener que dar su vida. La reacción de la gente fue tratar de ayudar. Como siempre, surge “el ser solidario” y se juntaron montones de elementos para “los chicos”... menuda desilusión y bronca cuando se supo el mal manejo de esta colaboración, otro factor más de impotencia e indignación contra este gobierno militar. Es así que a pocos días de terminada la guerra, una fría noche de invierno, trajeron de vuelta a los soldados conscriptos “a oscuras y en silencio”, - como cuenta con dolor una vecina del lugar, quien salió a la calle durante varias noches a esperarlos -, ya que corrían los rumores, “que vienen hoy, que vienen mañana”, sin mayor información oficial, y despertaba a sus hijos para salir casi todas las noches desde que había finalizado la guerra, diciéndoles “tenemos que ir a recibirlos, por más que sea doloroso, es lo menos que podemos hacer por ellos”. Esta vecina cuenta, con mucha tristeza, que lo que se encontró no era un recibimiento digno para con chicos que volvían como héroes: los trajeron a escondidas, tristes, flacos, dolidos por sus compañeros que no habían regresado, cuyos familiares lloraban agarrados de las rejas del portón del Regimiento, imagen que le quedó grabada como sello en su corazón y en el de sus hijos. Este portón que aún ahora sigue en pié como símbolo de tanto dolor, y para que no perdamos la Memoria. Lo acompaña un monumento en homenaje de los chicos caídos, cuyo símbolo es la paloma de la paz, pero con rasgos en el ala levantada, que nos marca signos de guerra.
Terminada esta guerra, caído el poder de la dictadura, no pasó mucho tiempo sin que se tomara la decisión de trasladar el Regimiento al predio militar que ya poseía en la localidad de Arana. Allí se organizó un Museo Militar, que se puede visitar actualmente.
III. El Centro Cultural Hoy
En 1984 la Provincia de Buenos Aires le devuelve formalmente el predio a la Municipalidad de La Plata. Por entonces surgieron varias preguntas, a las que había que encontrarles respuestas:
¿En qué consistiría y qué abarcaría la recuperación de ese espacio? Se estaba de acuerdo, mayoritariamente, que sería un espacio verde y de esparcimiento, pero ¿qué parte se conservaría de las construcciones existentes? Y ¿qué utilidad se les daría?
Recién en 1993 se realiza el proyecto de remodelación. Comenzando los trabajos de demolición, se decide conservar el antiguo edificio del ex Casino de Oficiales y el portón de hierro correspondiente al frente del Regimiento, por donde entraron los soldados cuando volvieron de la guerra de Malvinas. Este edificio, mientras se realizaban distintos trabajos de remodelación en la plaza, fue prestado a algunas escuelas, y utilizado para algunas funciones de carácter administrativo, hasta que en 1994 se inaugura la Plaza, a la que se rebautizó “Islas Malvinas”.
La decisión de ubicar allí un Centro Cultural se tomó en respuesta a una necesidad de la comunidad, siendo un hecho comprobado el papel que los centros culturales juegan en la vida de los individuos y en la civilización actual, ya que son los más adecuados para el desarrollo de la vida urbana y también son los que tienen mayor capacidad de comunicación con la población. Este proyecto respetó la arquitectura del edificio, el cual debe darse como una inacabada autobiografía técnica, funcional, y estética de la institución. Esto es porque pese a ser concebida conforme a unos proyectos concretos, su razón de ser tiene que tender a ser dinámica, como centro de actividades humanas. Esta exigencia inspira al urbanismo y a la arquitectura moderna en su origen funcionalista y en su desarrollo orgánico, teniendo en cuenta que no puede ser tomada bajo un motivo íntegramente materialista o meramente práctico. Sin olvidar su origen y el espíritu que subyace en el edificio, el motivo y creación de este espacio en épocas pasadas, cuyo objetivo es inmanente porque es humano, pero que afronta problemas, no ya de comodidades, sino de la vida o muerte de una sociedad en la cual el individuo invoca la libertad y busca desesperadamente una integración de su cultura. En donde una comunidad urbana hace un llamamiento por una escena física integrada, por un urbanismo y una arquitectura que sean una señal y una promesa o, al menos, un consuelo en nuestra civilización.
Otra pregunta que se debía resolver era: ¿un edificio creado para una función ajena a la actividad artística y recreativa, como lo era un Regimiento, puede asumir otra funcionalidad? Y ¿Cómo adaptar una estructura de vieja planta, de estilo indefinido, a las exigencias de un centro cultural contemporáneo? El problema era resolver estos dilemas sin cambiar su fisonomía peculiar. Todos esto fue posible resolverlo gracias a que existen criterios arquitectónicos que nos dan la posibilidad de hacerlos extensibles y así lograr una metamorfosis audaz, pero con la ayuda de una intuición que sepa armonizar estilos pasados con ampliaciones modernas. Es así que este edificio escapó a las utilizaciones más comunes que se adoptan en estos casos para salvarlos del abandono, ocupándolos con alguna función público administrativo, como delegaciones y ministerios, llenando sus espacios con oficinas burocráticas, con la engañosa excusa de que así se utiliza y conserva un edificio histórico. Es por ello que se debió no perder el sentido cívico y democrático que corresponde a su finalidad popular evitando por todos los medios caer en una grandilocuencia monumentalista; con ello tenemos en cuenta a los aspectos no solamente formales, sino a las reacciones físico- psicológicas. Se trata de que sea el hombre el que humanice y anime las formas, solicitando de ellas toda la capacidad de identificación que puedan ofrecerle.
El 8 de agosto de 1998 se inaugura el Centro Cultural Islas Malvinas, con tres salas de exposición, Microcine, Auditorio y un Bar Cultural – con servicios de videoteca de cine arte, y cibercafé - En lo que antes era el casino de oficiales y las barracas donde dormían los soldados, se puede ver respetado el edificio; solo se modificó el espacio para oficinas y baños de servicio, pero mínimamente, ya que se mantuvo el diseño original, se conservó y recicló su uso sin transformar el estilo de la construcción. Al patio central se le agregó un escenario para eventos musicales.
Hoy el Centro Cultural Islas Malvinas es un importante espacio de arte contemporáneo, al que acuden tanto los representantes de las culturas más dispares como los públicos más variados, convirtiéndose en un lugar abierto a la discusión, donde se pueden pronunciar todas las palabras, ver todas las imágenes y escuchar todas las voces. Espacio que conserva presente su historia, pero se lanza hacia el futuro, acompañado por una comunidad que lo siente parte suya y acude a él con cariño.
Su actividad presente nos demuestra que el arte no necesita de lugares quietos o salas acartonadas para poder existir, pareciéndonos a todos un lugar cercano y dinámico, “el Malvinas” como comúnmente es mencionado, por suerte no se disfrazó de templo sagrado ni de pomposo edificio de estilo clásico. Aquí se produce una actividad ágil en donde lo que vale es el permanente cambio y participación por parte del que tenga ganas de expresarse o bien disfrutar de alguna de las actividades aquí realizadas.

Bibliografía

.- Gálvez Manuel: Vida de Hipólito Yrigoyen. Editorial Tor, Buenos Aires, 1945.

.- Rosa, José Marìa: PERÓN, Treinta años que conmovieron la política Argentina. Ed. Proa, Buenos Aires, 1987.

.- Soler, Ricardo: Cien años de vida platense, Editado por el Diario El Día. La Plata, 1982.

.- León, Aurora: EL MUSEO: Teoría, praxis y utopía. Cuadernos de Arte Cátedra.

.- Revista aniversario del Centro Cultural Islas Malvinas La Plata, agosto de 2001 (Edición a cargo de Juan José Becerra, con la colaboración de Carina Vitali.)

.- Arquitectos Ariel Iglesias y Sergio Resa: Edición sobre los trabajos de recuperación de espacios verdes. Subsecretaría de Planeamiento y Desarrollo Urbano de la Municipalidad de La Plata, 2001.

.- Becerra, Juan José: Tesis inédita: “Gestión Cultural” para la Facultad de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata.



.- La Plata, una Obra de Arte. Obra conjunta de la Provincia de Buenos Aires y la Universidad Nacional de La Plata. Edición Especial de la Municipalidad de La Plata, editada con motivo del Centenario Platense. La Plata, 1982.
Agradecimientos profundos a la gente de La Plata que aportó sus recuerdos, incluida mi familia, la cual vivió muchos años muy cerca del Regimiento 7.


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