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Código Tributario – Artículo 200 prescripcióN – citación prórroga teoria de los actos propios – principio de conservación del acto administrativo corte de apelaciones de copiapó – recurso de apelacióN – sentencia revocatoria


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No corresponde declarar la nulidad de una prórroga a una citación cuando el contribuyente ha aceptado la prórroga, de acuerdo a la teoría de los actos propios y al principio de conservación de los actos administrativos.
Código Tributario – Artículo 200
PRESCRIPCIÓN – CITACIÓN - PRÓRROGA - TEORIA DE LOS ACTOS PROPIOS – PRINCIPIO DE CONSERVACIÓN DEL ACTO ADMINISTRATIVO - CORTE DE APELACIONES DE COPIAPÓ – RECURSO DE APELACIÓN – SENTENCIA REVOCATORIA
La Ilustrísima Corte de Apelaciones de Copiapó revocó una sentencia de primera instancia dictada por Tribunal Tributario y Aduanero de Copiapó en la cual se acogió una reclamación deducida por un contribuyente en contra de una liquidación emitida por el Servicio de Impuestos Internos, al estimar el tribunal que la actuación fiscalizadora tuvo lugar fuera de los plazos de prescripción del Código Tributario.
El SII dedujo recurso de apelación señalando que la sentencia no ponderó conforme a derecho las pruebas acompañadas que permitían establecer que existió malicia en las declaraciones impositivas y, por tanto, la consecuencia de ello era que el plazo de prescripción ordinaria se aumentaba a seis años.
El tribunal de alzada consideró que esta alegación no fue contemplada por el recurrente dentro de los argumentos de defensa esgrimidos durante la sustanciación del proceso, por tanto no formaba parte del asunto controvertido y, en definitiva, manifestó que no correspondía pronunciarse respecto a este punto.
Ello, por cuanto el ad quem señaló que el asunto controvertido apuntaba a dilucidar si la prórroga para dar respuesta a la citación que se otorgó al contribuyente era legítima o invalida, ya que de ello deriva consecuencialmente la prescripción o no de la acción fiscalizadora.
Al respecto, la Corte señaló que la declaración de nulidad de la prórroga para contestar la citación era un dictamen sobre una nulidad de derecho público y que su declaración correspondía a los tribunales ordinarios de justicia por ser un contencioso administrativo. Al respecto, dado que el contribuyente aceptó la prórroga y así quedo acreditado, consideró el tribunal de segunda instancia que, de acuerdo a la teoría de los actos propios y el principio de conservación de los actos administrativos, ésta era válida y, por tanto, la acción fiscalizadora no se encontraba prescrita.
Por último, el tribunal de alzada se pronunció sobre la tributación de la cuota pagada por una institución a la asociación demandante en el ejercicio comercial 2007, correspondientes al año tributario 2008. El contribuyente alegó que dichos fondos no ingresaron a su patrimonio, empero, la Corte estimó que no se desvirtuó la naturaleza indemnizatoria de aquellos fondos y, según quedó acreditado en el proceso, sí entraron al patrimonio del contribuyente y, por tanto, quedaba afecto a impuesto.
El texto de la sentencia es el siguiente:
“ Foja: 407

Cuatrocientos Siete

C.A. de Copiapó

Copiapó, diecinueve de marzo de dos mil trece.

VISTOS:

I.- EN CUANTO A LA ALEGACIÓN DEL RECLAMADO POR SUPUESTA ERRONEA INTERPRETACION DEL FALLO RECURRIDO EN RELACION A LAS NORMAS DE PRESCRIPCION.



PRIMERO: Que en escrito de apelación el reclamado como alegación de fondo en acápite intitulado “Errónea interpretación y aplicación de las normas sobre prescripción” expresó que constituye un hecho irrefutable que en la sentencia recurrida no se ponderó, conforme a derecho, el cúmulo de probanzas acompañadas en autos que permitían establecer la malicia de las declaraciones impositivas y que obligaban al juez a entender que el plazo de prescripción se hallaba aumentado extraordinariamente a seis años, desarrollando detalladamente los argumentos esgrimidos relativos a este punto, los que reitera en su alegato efectuado con ocasión de la vista de la presente causa, pidiendo la revocación del fallo en alzada en razón que el actuar fiscalizador se encontró dentro de plazo, entendiendo éste en razón del término previsto para la prescripción extraordinaria.

SEGUNDO: Que en este ámbito es preciso tener presente que la alegación reproducida en el basamento anterior no fue contemplada por el reclamado dentro los argumentos de defensa esgrimidos durante la sustanciación del proceso, en consecuencia, al no formar parte de lo controvertido tampoco fue considerado en la resolución que recibe la causa a prueba, motivo por el cual no corresponde a esta Corte emitir pronunciamiento alguno sobre este punto, ya que hacer lo contrario sería constitutivo del vicio de “extrapetita”, al extenderse a puntos no sometidos al conocimiento de estos jurisdicentes, en los términos que previenen los artículos 160 y 768 N° 4 del Código de Procedimiento Civil.

No obstante, si bien uno de los tópicos debatidos, a partir de los fundamentos de la reclamación de estos autos fue precisamente el que, en la especie, la acción fiscalizadora del servicio gubernamental, al parecer del contribuyente, se encontraba fuera de plazo; tal alegación se enmarcó en lo que el actor identificó como el instituto de la prescripción, sin señalamiento preciso respecto a qué tipo de prescripción dirige sus observaciones, de lo que aparece evidente que en dicho contexto corresponde circunscribir el debate a lo que es la regla general en esta materia, referida precisamente al plazo de prescripción ordinaria, respecto de la cual se razonará en los motivos que siguen en la presente decisión a propósito del análisis de la alegación del contribuyente respecto a la validez de la resolución de prórroga.

II.- EN CUANTO AL FONDO

Se reproduce la sentencia en alzada previa eliminación de sus considerandos vigésimo tercero a vigésimo sexto.

Y TENIENDO EN SU LUGAR Y ADEMÁS PRESENTE:

EN CUANTO A LA VALIDEZ DE LA RESOLUCIÓN DE PRÓRROGA:

PRIMERO: Que, mediante el traslado evacuado por el Servicio de Impuestos Internos a fojas 198 a 211, dicho interviniente reconoció la calidad de acto administrativo de la concesión de prórroga otorgada a la reclamante, cuestión que a todas luces no se encuentra controvertida en estos autos, razón por la cual la discusión jurídica en este aspecto consiste en determinar la eficacia de la ampliación de plazo concedida por la fiscalizadora doña Arlette Meneses Gálvez para producir como efecto el aumento de los plazos de prescripción de la acción fiscalizadora del ente fiscalizador.

En este sentido, menester resulta establecer el carácter de legítima o inválida de la mencionada prórroga conferida al contribuyente es independiente de su eficacia, máxime si sus efectos son obligatorios desde que fue válidamente intimada a la reclamante, y que permitió que ésta se beneficiara de buena fe del plazo diferido para dar respuesta a la citación, sin que tal concesión le provocara perjuicio alguno a sus intereses como parte.

SEGUNDO: Que para asentar la inexistencia de un detrimento a los intereses de la Junta reclamante, basta con aludir al correo electrónico acompañado por la reclamada a fojas 311, en el que consta que la funcionaria fiscalizadora doña Arlette Meneses Gálvez le comunicó al apoderado de la reclamante, el egresado de derecho don Mario Bravo, la “aceptación del plazo por periodo solicitado”, adjuntando al efecto copia de dicha resolución. Asimismo, consta del instrumento citado la respuesta efectuada por el señor Bravo en los siguientes términos: “…Estimada doña Arlette: Por medio del presente, le agradezco la deferencia de habernos enviado la resolución que accede a la solicitud de prórroga de plazo que fuere presentada por el contribuyente XXXX, en relación a la Citación N° 3 que ha sido emitida a su respecto (…)…”. Con todo, resulta importante destacar que estos sinceros agradecimientos fueron igualmente remitidos, con copia, a los abogados patrocinantes y mandatarios judiciales de la reclamante, señores Mario Silva y Patricio Silva-Riesco, según se advierte de la pieza ya expresada.

En el mismo orden de ideas, ningún reclamo o cuestionamiento se efectuó en esa oportunidad a la resolución simple de prórroga, toda vez que otorgándole plena validez a la misma, la reclamante, según se advierte del instrumento de fojas 18, procedió a dar respuesta bajo el siguiente tenor: “…Que, encontrándome dentro del plazo legal, prorrogado (el destacado es nuestro) por resolución de fecha 23 de mayo de 2011, vengo en evacuar respuesta a la Citación N° 3 (…)…”. A mayor abundamiento, como antecedente adicional, se debe dejar constancia que en el segundo otrosí de esa presentación, se les confirió poder, entre otros, a los mismos letrados que figuran como abogados patrocinantes y mandatarios judiciales en esta causa.

Estas actuaciones voluntarias y expresas del contribuyente, reflejan inequívocamente que frente a una eventual antijuridicidad de un acto administrativo debe primar siempre la seguridad jurídica y especialmente cuando ella es acompañada de la buena fe. Sobre el particular, el destacado académico Jorge Bermúdez Soto, en su obra “Derecho Administrativo General”, Editorial AbeledoPerrot, LegalPublishing, Segunda Edición Actualizada, pg. 160, expresa que: “…una concepción irrestricta del principio de legalidad lleva a la conclusión de que cualquier vicio en un elemento del acto administrativo acarrearía una nulidad y por lo tanto la pérdida de eficacia y extinción del acto administrativo. En virtud de ella, cualquier vicio de que adolezca el acto administrativo lo llevaría de manera irremediable a su extinción. Sin embargo, sólo una parte muy pequeña de la doctrina lo ha visto así, y lo que es más importante, en la realidad práctica nunca se ha entendido de esa manera el principio de legalidad, ni mucho menos aplicado de esa forma….”

Como colofón de lo anterior, el citado tratadista asevera que existe una regla no escrita, pero asumida, en que solamente deben tomarse en consideración las gravísimas infracciones legales para que se proceda a declarar la nulidad (pg. 131, de la obra mencionada), cuestión que ha sido reconocido por la jurisprudencia reiterada de los Tribunales Superiores de Justicia, en orden a que se debe tener siempre presente el principio de conservación de los actos administrativos, en cuanto conduce al mantenimiento de aquellos que aun presentando una determinada irregularidad, pueden alcanzar el fin propuesto, sin menoscabar o entorpecer las garantías que el ordenamiento brinda a las libertades y derechos de los particulares (A modo de ejemplo, basta con examinar el laudo dictado por la Iltma. Corte de Apelaciones de La Serena, con data 23 de enero de 2009, en el recurso Rol N° 379-2008).

Lo anterior, tiene fundamento legal y práctico, toda vez que si se declara la nulidad a toda transgresión al principio de juridicidad sin distinguir su importancia, el principio de racionalidad quedaría marginado. Las normas jurídicas deben interpretarse en sentido finalista, acorde la sana razón, por sobre los formalismos que distorsionan el verdadero sentido y alcance de las mismas. Además, no procede igualar la gravedad de la falta de un requisito trascendente con la de una de menor entidad, pues afectaría una de las bases del estado de derecho, cual es la certeza, que forma parte de la juridicidad y la nulidad originaria un mal mayor que el que se trata de evitar.

A mayor abundamiento, la jurisprudencia de la Contraloría General de la República, ha avalado el planteamiento anterior, precisado que: “…las resoluciones adoptadas por los órganos de la Administración del Estado, que adolezcan de defectos de menor entidad que no privan al acto de los requisitos para alcanzar su fin, ni originan indefensión, no dan lugar a la anulabilidad del mismo….” (Dictámenes N°s 27.854-2008, 28.804-1998 y 8.630-2007, entre otros).

TERCERO: Que, por otra parte, la Ley N° 19.880, que Establece Bases de los Procedimientos Administrativos que Rigen los Actos de los Órganos de la Administración del Estado, contiene el principio antes explicitado, a saber, el “de permanencia o conservación de los actos administrativos”, en cuya virtud, si bien para la ley no resulta indiferente la ilegalidad del acto administrativo, no se permitirá la extinción del mismo por

cualquier vicio, sino que es exigible la concurrencia de ciertos requisitos para afectar la validez del acto.

En este sentido, el artículo 13 de la ley en comento prescribe que: “…El vicio de procedimiento o de forma sólo afecta la validez del acto administrativo cuando recae en algún requisito “esencial” del mismo, sea por su naturaleza o por mandato del ordenamiento jurídico y genera perjuicio al interesado…”, agregando que: “…La administración podrá subsanar los vicios de que adolezcan los actos que emita, siempre que con ello no se afectaren intereses de terceros…”, disposición que permite discernir que los vicios en la forma de comunicación, en el enunciado o en el procedimiento administrativo, solo excepcionalmente afectarían la validez del acto administrativo, aseveración que se encuentra corroborada por importante doctrina sobre la materia (Jorge Bermudez Soto, “El Principio de Confianza Legítima en la Actuación de la Administración como Límite a la Potestad Invalidatoria”, Microjuris, pag. 7), circunstancia que no se vislumbra haber acaecido en la especie.

Por otra parte, corresponde averiguar cuál es la naturaleza jurídica de la declaración de nulidad de la prórroga para contestar la Citación N° 3, atendido su efecto consecuente, esto es, la prescripción de la acción fiscalizadora del Servicio reclamado, constituyendo tal dictamen un pronunciamiento sobre una de nulidad de derecho público, cuestión que concierne a un asunto civil de carácter contencioso administrativo de la competencia de los tribunales ordinarios de justicia, calidad que no reviste el órgano jurisdiccional que conoce de la presente acción

CUARTO: Que, como último argumento para desestimar la postura de la reclamante, en orden a desconocer los efectos de la resolución de prórroga, basta recurrir a la actitud del administrado en sus relaciones jurídicas con la reclamada -latamente expuestas en el basamento segundo de esta sentencia-, conducta que inequívocamente es atentatoria contra la llamada “teoría de los actos propios”, la cual consiste en que no es posible aceptar como argumento de una acción, demanda o excepción aquello que resulta o puede resultar contrario a las propias afirmaciones o actuaciones de quien intenta tal acción o defensa.

En efecto, todo sistema jurídico, cualquiera que sea su contenido normativo, contempla fórmulas para proteger a los sujetos que actúan dentro del ordenamiento. Una de ellas es la regla que establece que a nadie le es lícito hacer valer un derecho en contradicción con su anterior conducta, la que desde muy antiguo se ha expresado en la máxima "venire contra factum propium non valet", expresión que en idioma castellano significa que nadie “puede ir válidamente contra sus propios actos”.

Luis Diez-Picazo dice: "El ejercicio de un derecho subjetivo es contrario a la buena fe no solo cuando no se utiliza para la finalidad objetiva o función económico o social para el cual ha sido atribuido su titular, sino también cuando se ejercita de una manera o en una circunstancia que lo hacen desleal, según las reglas que la conciencia social impone en el tráfico jurídico" (L. Diez-Picazo, La Doctrina de Los Actos Propios. Estudio crítico sobre la jurisprudencia del Tribunal Supremo, Barcelona, 1963, Pág. 141).

La llamada "Teoría de los Actos Propios" es una construcción jurisprudencial, cimentada a partir del artículo 1683 del Código Civil, referido en su aplicación a la nulidad absoluta. Sin embargo, posteriores sentencias le han dado un alcance más amplio, es decir que incluye todas áreas del derecho, incluyendo el público y administrativo.

A modo ejemplar, podemos citar la sentencia dictada por la Corte Suprema, el 28 de noviembre de 2005, recaída en autos Rol Nº 2.843-2005, que expresa: "… se ha de tener presente que la doctrina de los actos propios que suele ser formulada también como el principio o regla de que nadie puede ir contra sus propios actos - consiste, básicamente, en aquella regla o principio en virtud del cual se entiende que no es lícito para una persona hacer valer un derecho que está en contradicción con una conducta desarrollada por esa misma persona con anterioridad, cuando esta conducta, interpretada de buena fe, justifica la conclusión de que el derecho no existe o no se hará valer (Puig Brutau, pág.101). El fundamento que sostiene este principio es dar protección a la buena fe, manifestada en la confianza depositada en la apariencia. En efecto, en la medida que la conducta de un sujeto crea una apariencia de realidad, que es capaz de influir en un tercero, el cual sobre la base de esa confianza toma decisiones que afectan su patrimonio, se impone la necesidad de proteger la confianza de este tercero, impidiendo que prevalezca el derecho de quien contradice su conducta anterior…".

En otro veredicto dictada pronunciado por el máximo tribunal el 20 de septiembre de 2004, en autos Rol Nº 3.097-03, se sostuvo que: "… al actuar de la forma que lo hicieron los ejecutados, esto es interponer un incidente de nulidad de todo lo obrado, para posteriormente argumentar al deducir la excepción de prescripción que había transcurrido el plazo de un año a partir de la interposición de la demanda desconociendo el lapso intermedio, es hacer valer un derecho o una pretensión en contradicción con la anterior conducta de la misma persona, importando un perjuicio en contra del acreedor, lo que no resulta aceptable, de acuerdo al principio acogido por este tribunal, por la doctrina, y que inspira además disposiciones como es la del artículo 1.683 del Código Civil y otras de nuestra legislación, principio que recibe el nombre de teoría del acto propio.

Se expresa en la forma latina venire cum factum non valet, lo que implica que no es lícito hacer valer un derecho o una pretensión en contradicción con la anterior conducta de la misma persona, y siempre que este cambio de conducta o comportamiento importe un perjuicio en contra de otro o sea contrario a la ley, las buenas costumbres o la buena fe.

El efecto que produce la teoría del acto propio es fundamentalmente que una persona no pueda sostener posteriormente por motivos de propia conveniencia una posición distinta a la que tuvo durante el otorgamiento y ejecución del acto por haberle cambiado las circunstancias, y que si en definitiva así lo hace, primarán las consecuencias jurídicas de la primera conducta y se rechazará la pretensión que se invoca y que implica el cambio de conducta que no se acepta…".

Asimismo, la Iltma. Corte de Apelaciones de Santiago, en laudo emitido el 27 septiembre de 2000, en autos Rol Nº 913-2000, desarrolla los principios doctrinarios de la Teoría de los Actos Propios. Indica el fallo que: "…la teoría de los actos propios opera sobre la base de recoger principios generales de derecho, en especial el de buena fe, y establece la regla que a nadie es lícito hacer valer un derecho en contradicción con su anterior conducta. Esta teoría ha sido desarrollada en Chile por el profesor López Santa María y otros autores entre los que cabe mencionar la obra La doctrina de los actos propios. El deber jurídico de no contrariar conductas propias pasadas de que es autora la abogada doña María Fernanda Ekdahl Escobar (Editorial Jurídica de Chile, 1989).

Los autores españoles Diez, Picazo y Augusto Gullón en su Sistema de Derecho Civil, junto con fundamentar dicha teoría señalan como presupuesto para su aplicación los siguientes:

1º.- Que una persona haya observado, dentro de una determinada situación jurídica, una cierta conducta jurídicamente relevante, eficaz y vinculante. De ahí que si está viciada pueda el propio autor atacarla válidamente.

2º.- Que posteriormente esa misma persona intente ejercitar un derecho subjetivo o una facultad, creando una situación litigiosa y formulando dentro de ella una determinada pretensión.

3º.- Que entre la conducta anterior y la pretensión posterior exista una incompatibilidad o contradicción, según el sentido que de buena fe hubiera de atribuirse a la conducta anterior.

4º.- Que entre la conducta anterior y pretensión posterior, exista una perfecta identidad de sujetos.

La consecuencia jurídica debe ser impedir el ejercicio del derecho contradictorio propuesto, oponiéndose al mismo. (Sistema de Derecho Civil Volumen 1, pág. 439. Editorial Tecnos. Madrid 1998)…".

Otro dictamen de la Iltma. Corte de Apelaciones de Santiago, de 18 de noviembre de 2005, en autos Rol Nº 1.823-2005, esta vez en materia laboral, preceptúa que: "… Esta doctrina, más conocida en el derecho Común bajo la denominación de Teoría de los Actos Propios, expresa que en lo referente a la doctrina de los actos propios, la buena fe es el fundamento de un deber de coherencia, en el sentido que toda persona está obligada a respetar sus actos y declaraciones de voluntad, debiendo mantener una conducta, en todos sus órdenes de relaciones, leal y adecuada a la confianza que ha despertado en otras personas; es decir, la creencia de una parte que la otra va a cumplir la promesa dada, y esto implica lo que un autor denomina una vinculación invisible entre la voluntad propia y ajena, que está por encima de las palabras declaradas. Por eso la buena fe impone limitaciones al ejercicio de los derechos subjetivos, prohibiendo las conductas contradictorias. Es inadmisible en atención a la buena fe y al deber de actuar coherentemente, que el sujeto contraríe una conducta anterior suya, ya que esa conducta genera en otros la confianza que su agente permanecerá en ella. La máxima Venire contra factum propium expresa de manera tan inmediata la esencia de la obligación de comportarse de acuerdo a la buena fe, que a partir de ella se construye la totalidad del principio (L. Díez-Picazo, op. Cit., pág. 143, citado por el Profesor Ambrosio Rodríguez Quiroz en II Curso de Actualización Jurídica: Teorías del Derecho Civil Moderno, Facultad de Derecho-Universidad del Desarrollo, agosto de 2005, pág. 69)…".

Como colofón de lo anterior, se ha estimado por la jurisprudencia nacional que son requisitos para la procedencia de la teoría de los actos propios los siguientes: a) una conducta vinculante del sujeto; b) una pretensión contradictoria; c) un perjuicio de terceros, y d) identidad de partes.

En consecuencia, en nuestro país se ha estimado que cualquiera de las partes quedará vinculada por sus propios actos y no podrá alegar esa estipulación en la medida en que la otra parte se haya basado en tales actos, planteamiento recogido por la Excma. Corte Suprema en fallos recientes, entre los que destacan, entre otros, los emitidos con fecha 2 y 25 de noviembre de 2011, en los Ingresos Rol N° 5978-2010 y N° 3.046-2010, respectivamente, de lo que se denota su plena aplicación en nuestro ordenamiento jurídico, tanto en el ámbito del derecho público, como privado, de modo que sólo cabe desestimar la alegación del contribuyente que sostiene que la prórroga concedida en el caso sub lite, no tiene validez para estos efectos, y por el contrario, a juicio de estos jurisdicentes debe considerarse que tal aplazamiento formalizado a favor de la demandante es eficaz, máxime si sus efectos son forzosos para ella desde que le fue válidamente intimada, permitiendo que ésta se favoreciera de buena fe del plazo diferido para dar respuesta a la citación, sin que tal concesión le provocara perjuicio alguno a sus intereses como parte.

QUINTO: Que por lo razonado precedentemente cabe concluir que la notificación de los actos objeto de la reclamación de autos, esto es, de las liquidaciones Nos. 39 y 40, de fecha 12 de agosto de 2011, efectuada el día 16 de ese mismo mes y año, se verificó dentro del término previsto para la prescripción ordinaria en el artículo 200 inciso primero del Código Tributario, esto es, dentro del plazo de tres años desde la expiración del plazo legal en que debió efectuarse el pago, esto es, 30 de abril de 2008. Al efecto, la acción fiscalizadora del ente estatal se profesó en forma idónea y oportuna, debiendo contabilizarse para ello el efecto de ampliación previsto en el citado artículo 200 inciso cuarto del código del ramo, generado precisamente por el aumento del emplazamiento para responder a la citación forjado por el acto administrativo cuestionado en su legalidad por el recurrente, toda vez que, sin perjuicio que el defecto aquí manifestado atañe a alegaciones que debieron formularse en instancias distintas a este procedimiento y de que con su propia actuación el demandante validó dicho acto en la totalidad de sus efectos, lo que conduce indefectiblemente al rechazo de esta tutela de prescripción de la acción fiscalizadora del órgano contralor impetrada por el actor y recurrido de este arbitrio.

RESPECTO DE LA TRIBUTACIÓN DE LA JUNTA DE VIGILANCIA:

SEXTO: Que, fijado indubitadamente el hecho que ha existido una errónea interpretación y aplicación de las normas de prescripción por parte del sentenciador a quo, corresponde referirse a la tributación de la Junta de Vigilancia demandante.

En este punto, ya esta Corte de Apelaciones, con fecha 30 de mayo de 2012, expidió dictamen de segundo grado en la causa caratulada: “XXXX con Servicio de Impuestos Internos”, Rol IC N° 403-2011, en cuya virtud se confirmó, con costas el laudo pronunciado por el Director Regional de la III Dirección Regional del Servicio de Impuestos Internos, en causa Rol N° 10.016-2009, que rechazó el reclamo interpuesto por dicho contribuyente en contra de las liquidaciones N° 67 y 68 de fecha 18 de agosto de 2009, por concepto de Impuesto de Primera Categoría, correspondiente a los años Tributarios 2006 y 2007, confirmando a su vez, dichos actos administrativos.

SÉPTIMO: Que en el proceso aludido en el fundamento que antecede, al que en el presente reclamo la Junta de Vigilancia demandante ha pretendido desconocer el carácter de ingreso tributable de dichas sumas, haciendo alusión a un supuesto mandato con el denominado Fondo de Compensación Ambiental.

Sin embargo, este Tribunal de Alzada rechazó dichos argumentos y consideró que los dineros recibidos por la YYYY, por concepto de aportes al denominado Fondo de Compensación Ambiental constituyen un ingreso tributable para la reclamante por constituir un beneficio económico para ésta comprendido en el concepto de renta contenido en el inciso primero del artículo 2° del Decreto Ley N° 824, de 1974, sobre Ley de Impuesto a la Renta, confirmando así el criterio sostenido por la reclamada acerca de la naturaleza tributable de dichos recursos.

OCTAVO: Que en el caso sub-lite nos encontramos frente a la misma controversia jurídica ya resuelta por esta Corte en los antecedentes sobre recurso de apelación Rol N° 403-2011, de este Tribunal de Alzada, centrándose el debate en una materia de derecho, a efectos de determinar si los aportes que se cuestionan por la reclamada constituyen o no renta, según el concepto preceptuado en el artículo 2º N°1 del Decreto Ley N° 824, sobre Impuesto a la Renta, debiendo concluirse, al igual que en el caso en comento, que sí lo son, en términos que la reclamante debió haber registrado como un ingreso en su contabilidad los aportes efectuados por la Compañía Minera Nevada, pues la Ley del ramo no atiende a la naturaleza o finalidad de las personas para gravarlas o no con impuesto, sino que considera las actividades que realizan, los actos y contratos que ejecutan y los beneficios económicos que puedan obtener, aun cuando se señale que el objetivo perseguido en la constitución del Fondo mencionado era aminorar los eventuales efectos adversos que podrían producir a la cuenca del Río Huasco la aprobación del proyecto Pascua-Lama, pues los fondos prodigados por la Compañía Minera VVVV a la XXXX y sus Afluentes con tales propósitos, constituyen un beneficio para la misma, razón por la cual se encuentra afecta a los tributos establecidos en las respectivas liquidaciones.

Evidentemente en la presente causa nos encontramos frente a la misma figura, toda vez que se trata de la cuota pagada por la Compañía Minera VVVV a la asociación demandante en el ejercicio comercial 2007, correspondiente al año tributario 2008.

La actora en su escrito de fojas 145 a 183, ha esgrimido que los montos entregados por la compañía mencionada no ingresaron a su patrimonio, ello a través de extensas alegaciones respecto a que los fondos ingresaron en depósito o sujeto a una condición, entre otras tantas defensas, argumentando en síntesis que esta compensación ambiental puede percibirse a título de mera tenencia, lo cual es errado si consideramos que su objeto es resarcir el detrimento ambiental que pueda producirse con la ejecución del proyecto Pascua-Lama.

En efecto, el único objetivo que tuvo la Compañía Minera VVVV para ingresar tres millones de dólares (US$ 3 millones) anualmente a las arcas de la reclamante, fue el establecer un mecanismo compensatorio por el eventual malogro ambiental del Río Huasco. Las diversas modificaciones establecidas por la actora y la Compañía Minera VVVV, no han logrado mudar la naturaleza indemnizatoria de dichos dineros, los que han ingresado al patrimonio de la reclamante, quien, según se acreditó en el proceso, ha efectuado actos de disposición de dichos dineros.

En este sentido, resulta evidente que el sujeto pasivo de la obligación tributaria es la pretendiente, en virtud de la naturaleza del acuerdo y del hecho irrefutable que los caudales fueron ingresados a sus arcas y contabilizados en una cuenta de pasivo, pese a tener pleno conocimiento que esos peculios constituían ingresos tributables.

Sobre este punto, cabe indicar que también es cuestionable la existencia de un mandato civil otorgado por el Comité de Inversiones del Fondo a la reclamante, debido a que es la propia XXXX la que concurre a la celebración de las convenciones que dieron nacimiento a este Comité. Es decir, el Directorio de la Junta que concurrió al nacimiento de este órgano colegiado, es mandatado a su vez por esta última para que cumpla con las mismas obligaciones que se comprometió originalmente a cumplir con la Compañía Minera VVVV.

Así las cosas, resulta jurídicamente aceptable manifestar que la XXXX tenía limitada la disposición de los dineros entregados por la compañía aludida, por los acuerdos de administración e inversión que adoptara este Comité. Por ello, los derechos y responsabilidad del cumplimiento de los deberes recaían directamente en la XXXX, por ser ella la única titular de los dineros entregados por la Compañía Minera VVVV. Aceptar una interpretación contraria, vulneraría lo dispuesto en el artículo 2116 del Código Civil, en razón a que el Comité no es una persona jurídica que pueda confiar la gestión de uno o más negocios a otra.

NOVENO: Que del mérito de la prueba rendida y de lo ya señalado en relación a las alegaciones de fondo del actor y apelado de autos, surge nítidamente que no se ha logrado corroborar en este proceso los fundamentos en que el demandante asila su reclamación, por lo que, como ya se señaló dicho aporte anual, durante el año tributario 2008, correspondiente al año comercial 2007, efectivamente beneficia económicamente a esta última y en tal sentido constituye para ésta renta al tenor de lo dispuesto en el artículo 2º N°1 del Decreto Ley 824, de cuya percepción nace la obligación tributaria afirmada por el servicio en estos autos, todo lo cual conduce al rechazo del requerimiento de fojas 145 .

Por estas consideraciones y con lo dispuesto, además, en los artículos 139 y 143 del Código Tributario, SE REVOCA, con costas del recurso, la sentencia apelada de veinticinco de julio de dos mil doce, dictada por el juez subrogante del Tribunal Tributario y Aduanero de la Región de Atacama, señor Dante Martínez Benavides, escrita de fojas 683 a 691, en cuanto:

a) acogió la reclamación formalizada en lo principal de fojas 145 a 183, por la “XXXX”, en contra de la III Dirección Regional de Servicios de Impuestos Internos, en cuanto declaró la prescripción de las liquidaciones N° 39 y 40, emitidas por la demandada;

b) Dejó sin efecto las liquidaciones N° 39 y 40, de 28 de julio de 2011, emitidas por la III Dirección Regional del Servicio de Impuestos Internos, y

c) Condenó en costas a la reclamada.

Y en su lugar, se decide:

I.- Que, SE DESESTIMA, por carecer de oportunidad la alegación de que a la actividad fiscalizadora le asisten los plazos de prescripción extraordinaria, promovida en el recurso apelación y en estrados por la parte recurrente.

En cuanto al fondo:

II.- Que SE RECHAZA, en todas sus partes, la reclamación impetrada por la “XXXX”, en contra de la III Dirección Regional de Servicios de Impuestos Internos, a fojas 145 y siguientes de estos autos, por cuanto la acción fiscalizadora del Servicio de Impuestos Internos no se encontraba prescrita al momento de emitir las Liquidaciones N° 39 y 40, ambas de fecha 12 de agosto de 2011 y notificadas al reclamante con fecha 16 de los citados mes y año, toda vez que el acto administrativo consistente en la ampliación de plazo para contestar la citación produjo el efecto de ampliación previsto en el artículo

200, inciso cuarto del Código Tributario, verificándose todo ello dentro del término legal correspondiente.

III.- Que en consecuencia, respecto del fondo, se confirman las Liquidaciones N° 39 y 40, de fecha 12 de agosto de 2011, notificadas a la reclamante el día 16 de ese mes y año, por cuanto los caudales recibidos por este interviniente de parte de la Compañía Minera VVVV, constituyen un beneficio económico en los términos señalados en la Ley de Impuesto a la Renta, son tributables y debieron incluirse en la Declaración Formulario 22 de la Junta en el Año Tributario 2008, en razón que no existe disposición legal alguna que los califique como ingresos no constitutivos de renta.

III.- Que se condena a la reclamante al pago de las costas de la presente causa.



Regístrese y devuélvase con sus agregadas.”

CORTE DE APELACIONES DE COPIAPÓ – SALA DE VERANO – 19.03.2013 – ROL N° 7-2012 – MINISTROS SRES ANOTNIO ULLOA MÁRQUEZ – MIRTA ANGÉLICA LAGOS PINO- PABLO KRUMM DE ALMOZARA



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