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Categorizan a escolares asiduos al ciberbullying matones del ciberespacio expertos definieron tres categorías en este tipo de ataques, dependiendo la frecuencia


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La Nación, 15 de diciembre de 2007


Categorizan a escolares asiduos al ciberbullying

MATONES DEL CIBERESPACIO
Expertos definieron tres categorías en este tipo de ataques, dependiendo la frecuencia. La recomendación es tratar el tema en su inicio, pues las posibilidades de éxito de la terapia recomendada en estos casos aumentan considerablemente.

José decidió no ir al viaje de estudios con sus compañeros para no verse expuesto a sus permanentes agresiones. Pero su acto fue inútil.


Desde el sur, donde estaba su curso, recibió decenas de mensajes de texto y e-mails con insultos y amenazas. Sus pares habían tomado un acuerdo y cada 30 minutos lo bombardeaban desde el celular.
El ciberbullying es hoy una realidad aplastante y abrumadora. Las fotos y los videos extremos filmados con celulares y difundidos por Internet por medio de blogs y fotologs en los que se realizan montajes fotográficos y se disparan mensajes ponzoñosos a múltiples destinatarios constituyen las formas más frecuentes que escogen los adolescentes para desprestigiarse unos a otros.
¿Por qué lo hacen? ¿Qué hay detrás de la agresión anónima y solapada en el espacio virtual?
Investigadores estadounidenses publicaron un estudio en el Journal of Adolescence Health, tratando de despojar de sus máscaras electrónicas a los matones del ciberespacio. Los investigadores identificaron tres tipos de agresores: los limitados, quienes han acosado por Internet una o dos veces en el último año para hacer comentarios desagradables; los ocasionales -que lo han hecho de tres a cinco veces- y por último, los agresores frecuentes, quienes han hecho uso de Internet más de 6 veces en el último año para hacer comentarios desagradables y entre 3 y 5 veces para acosar a un compañero.
Agresores agredidos

Los científicos establecieron una clara asociación entre el hostigamiento a otros con conflictos de tipo sicosocial y conductual.


Así, mientras un muchacho más molesta a otro por Internet, aumentan las probabilidades de que éste haya sido víctima de abuso o maltrato o de tener conflictos con quienes están a su cargo. Ello se incrementa cuando ellos mismos hayan sido víctimas de hostigamiento anterior.
Rodrigo de la Fabián, sicólogo del Centro de Adolescentes Ser Joven, precisa que “los adultos tendemos a pensar que si un joven molesta una o dos veces a un compañero por Internet no tiene importancia .Pero es necesario tomarlo en cuenta, porque ese adolescente podría tener problemas en su entorno y en su vida personal. Podrían ser jóvenes más agresivos que rompen frecuentemente reglas y tienden al retraimiento y la depresión”, dice.
El sicólogo agrega que “especialmente aquellos jóvenes que realizan ciberbullying en forma limitada u ocasional representan una oportunidad para intervenir tempranamente con un buen pronóstico”.
“En el caso de la joven que practicaba sexo oral con un amigo, todos los ojos están puestos en ella, pero nadie se pregunta por qué los jóvenes que la acompañaban deciden subir ese video. Y sería bueno hacerlo porque el bullying es un problema individual, pero también colectivo. Y en estos momentos tanto los colegios como los padres no se están haciendo cargo de lo que les pasa a ellos también”.
Castigo a la diferencia

Un estudio de la Unicef, señala que el 31% de los alumnos entre 12 y 18 años se han sentido discriminados en su escuela a veces o siempre, y el 85% de ellos señalan que son mirados en menos o rechazados por sus propios compañeros. El doctor JulioVolenski agrega que más del 50% de los niños y adolescentes declara haber visto que alguno de sus compañeros ha sido aislado por ser “diferente” al resto (defectos físicos, rasgos indígenas o que piensan distinto), cifra que se eleva al 76% en colegios particulares.


“Los factores desencadenantes son los modelos educativos, la ausencia de valores, límites y reglas de convivencia y el hecho de aprender a resolver los conflictos con violencia. Por eso es necesario fortalecer la familia, crear canales de comunicación saludables, estar atentos a los síntomas del acoso y determinar límites”, resaltó.

La Nación, 17 de diciembre de 2007


Mujeres que abandonan o dan a sus hijos en adopción

LO SIENTO, NO PUEDO SER TU MADRE
En 2006, 584 mujeres llamaron al Sename para consultar cómo ceder a sus hijos en adopción. Niñas de sólo diez años. También mujeres sobre los 40. No son las únicas. Otras los abandonan en calles u hospitales, como ocurrió recientemente en Angol. Embarazos no deseados, pobreza y soledad están tras su decisión.

Dio nombres falsos para ingresar al Hospital de Angol. Estaba a punto de dar a luz. Por eso se obvió el hecho de que no portara cédula de identidad. Su hijo nació sano. Lo tuvo en sus brazos, lo acarició, lo abrigó, lo amamantó, lo dejó en su cuna y se fue del recinto asistencial sin mirar atrás.


Este caso de abandono -que tiene a la policía en busca de la madre- reabrió el debate sobre el derecho a no querer o no poder ser madre.
En Chile abandonar a un hijo -aunque sea en un lugar seguro como un hospital- se paga hasta con cinco años de cárcel. Ello sin contar con el peso de un juicio social implacable.
José Antonio Rivera, sociólogo y jefe de desarrollo e investigación de la Fundación San José para la Adopción, dice que si se pone como centro al recién nacido, el abandono en lugares públicos es una práctica que siempre deja, en mayor o menor medida, en riesgo al niño. "Por eso, una penalización severa viene a desincentivar esta salida irresponsable al embarazo no deseado".
Sin embargo, considera que tal respuesta tiene un inconveniente: la penalización por sí misma no resuelve el problema de fondo. "Hay una mirada algo economicista, pues pone el acento en los incentivos más inmediatos que mueven a las personas. Como fundación, en cambio, proponemos una transformación cultural que ubique la adopción como una alternativa real al embarazo no deseado. Para eso hay que desterrar el prejuicio que cae sobre las mujeres que ceden sus hijos en adopción, y también aprender a valorar a la familia adoptiva como otra forma de hacer familia".
Igual piensa Pilar Landerreche, directora de la Fundación Chilena de la Adopción, quien hace hincapié en el tema del juicio social. "Hay un contexto que se desconoce. En el caso de esta mujer (Angol) ella tuvo la delicadeza de dejarla en un hospital. Podría haber abortado, pero le ofreció lo mejor que pudo ofrecerle. Antes de juzgar hay que conocer la situación", dice.
Solas y sin dinero

El tema no es menor. Sólo en 2006, según el Servicio Nacional de Menores, 584 mujeres solicitaron información de cómo ceder a su hijo en adopción, entre ellas niñas de 10 años. De todas las que consultaron sólo un 11,3% entregó finalmente a sus hijos. El resto no lo cedió, al menos, por esta vía.


Se trata en su mayoría de mujeres solteras (77,4%), cesantes (25,9%), estudiantes (25,9%) o dueñas de casa (17,8%). No hay figura paterna responsable, aunque no es la principal razón. Tener un "hijo no deseado" (41,8%) y la falta de dinero y apoyo familiar son los motivos más mencionados (ver infografía).
"El que una mujer perciba su embarazo como no deseado se debe a un conjunto de razones difíciles de distinguir o separar, ya que es un fenómeno -como casi todos los sicosociales- de origen multicausal. Teniendo esto en mente, son muchas las motivaciones consignadas por las mujeres para ceder su hijo en adopción, entre las cuales se cuentan motivos económicos, ausencia de pareja estable, falta de apoyo familiar y la interferencia de la posible maternidad con su proyecto de vida. Otra causa de gran relevancia sería la incapacidad de vincularse afectivamente con el bebé, de generar grados importantes de apego con el niño en gestación, debido a que en su propia historia vital existen modelos de interacción familiar deficitarios y poco empáticos", dice Rivera, quien acaba de lanzar el libro "La adopción en Chile. Una mirada a sus protagonistas".
"Engorrosa adopción"

El problema es que para algunos la adopción está lejos de ser un proceso facilitador, que ayude a la madre. Así lo cree la sicóloga Nadine Schramm, autora de la tesis de investigación "Mujeres en conflicto con la maternidad. La entrega de un hijo en adopción o la transgresión del ideal materno", del departamento de Sicología de la Universidad de Chile.


Schramm describe el sistema, que califica, como engorroso: "Le piden a la madre inscribir y reconocer legalmente al hijo, para luego dejarlo en el hospital. De allí el niño es reubicado en un hogar de protección". En rigor se le pide que lo abandone legalmente. Scharmm dice que no existe un procedimiento especial para ceder a un hijo en adopción. "La figura que legalmente se impone es la del abandono. No basta con la declaración de voluntad de la cesión por parte de la mujer. De hecho el juicio es básicamente en contra de ella".
En ese sentido la sicóloga dice que debería simplificarse el trámite de adopción y que debiera existir una institución que no sólo vele por los derechos de los niños -como es hoy- sino también por el de estas madres.
Scharmm también critica que estas mujeres sean tratadas implícitamente como incapacitadas por el sistema. "Aquí en Londres (donde la experta hace un postitulo) leí la semana pasada de un caso en que una mujer que decidió entregar su hijo en adopción (allá el aborto es legal, hoy se discute si su límite de 24 semanas sea muy alto). Y básicamente ocurre lo mismo que en Chile. Los jueces deciden consultar a los padres de la mujer (de 25 años) si quieren quedarse con el bebé. Si ellos no quieren o pueden, se consultará al padre de la guagua, quien no sabe de su existencia. Es decir, nadie respeta la decisión de la madre de entregar a su hijo. ¿Por qué la adopción sería la peor alternativa para el niño?", se pregunta.
La sicóloga dice que el sistema de alguna forma pide que los padres rectifiquen la decisión de su hija. "Pero creo que una mujer adulta, debería poder decidir si ser tratada meramente como hija de sus padres. En este sentido, no es el texto legal el que explícitamente diga que esta mujer es incapaz de tomar esa decisión. Pero claramente está implícito en los procedimientos legales".
El sociólogo de la Fundación San José, sostiene que debido a que desvincularse de un hijo es un proceso complejo y definitivo, se le otorga a las mujeres todas las garantías para que decidan de la manera más libre, informada y responsable posible. "Se intenta asegurar una elección consciente, que le permita dimensionar el alcance de la decisión que está tomando, lo que obviamente exige un tiempo adecuado. Sin perjuicio de ello, nuestra experiencia dice que los períodos de permanencia de los recién nacidos en Casa Belén -hogar donde se encuentran transitoriamente los niños en proceso de adopción- se han ido acortando significativamente, lo que demuestra que el proceso legal también es más ágil y expedito que antes".
Algo que Scharmm no niega, pero que -a su juicio- no es suficiente. "Desde la implementación de los tribunales de familia se ha acortado el tiempo de decisión de la mujer considerablemente. Pero que sea más expedito no significa que sea más fácil para la mujer. La citación a tribunales de los parientes, que según la ley pueden ser hasta de tercer grado, puede implicar mucha demora. Porque al final, la decisión no es de la mujer sino de su familia", remata. LN
La Nación, 21 de diciembre de 2007

En puntajes nacionales. Una mujer obtuvo el máximo en ambos test

PSU: COLEGIOS PRIVADOS SUPERAN 4 VECES A MUNICIPALES
De los 261 jóvenes que obtuvieron 850 puntos, 182 son alumnos de establecimientos pagados, 41 de municipales y 38 de subvencionados. Todos los alumnos consultados por este diario coinciden en la importancia del docente en su éxito y en el rechazo a la brecha que les impone su origen social.

Desde la medianoche de ayer fue liberada, en los portales de internet de las universidades del Consejo de Rectores, la información con los puntajes obtenidos por quienes rindieron este año la PSU. Una mujer, Katalina Díaz Zamorano -del American Brithish School- fue la única en obtener el puntaje tope del test: 850 puntos en Lenguaje y Matemáticas.


Tras ella, aparecen dos jóvenes con puntaje nacional en Lenguaje y 227 postulantes en matemáticas. Entre quienes se destacaron en los números está Jonathan Monsalve Reyes, ahora ex alumno del Instituto Nacional. Tiene 18 años, vive en La Pintana, y tras enterarse de su puntaje sólo atinó a decir: "esto es un sueño". No es para menos. Su padre es guardia de seguridad en un edificio y su mamá, cajera en un supermercado. "Somos una familia humilde, trabajamos para darle lo máximo a él", dijo emocionado el papá José Monsalve al enterarse del logro de su único hijo. El joven, consciente del salto social que puede dar su familia a través de él, dijo que quiere estudiar ingeniería en la Universidad de Chile. "Aunque no tengo ni computador", dice.
Jonathan apoyó el movimiento de Los Pingüinos en 2006 y cree que la educación pública "debería ser el estandarte fundamental del Estado. Lo que se ha hecho es poco y del acuerdo para cambiar la LOCE creo que hay que ver para creer".
Gemelos capos

En el otro extremo de la ciudad, Cristóbal y Pedro Vicuña Illanes, del colegio Cumbres, de Las Condes, pasaron a la historia no sólo por su máximo en matemáticas, sino por ser los primeros gemelos en la historia en obtenerlo, ambos, un puntaje nacional. Son dos de siete hermanos. Su mamá es profesora y su padre, ingeniero comercial, la misma carrera a la que aspira Cristóbal, mientras Pedro prefiere Medicina. Ambos quieren estudiar en la UC. "Esta prueba es complicada. Yo me preparé con preuniversitario, porque puedo contratarlo, pero mucha gente no puede. Es la suerte de algunos estar donde estamos y es injusto que otros no lo tengan", dice y agrega que las brechas se pueden acortar y que el buen rendimiento "pasa mucho por los profesores y por la familia que esté detrás de uno", dice Pedro.


Romina Andrea Jiménez Olivera, de 18 años, estudió en el Carmela Carvajal, su mamá es secretaria y su papá comerciante. Quiere seguir ingeniería civil en la UC. Fue sorprendida por LN con la noticia de su puntaje máximo en matemáticas. "La verdad, me lo esperaba, porque es capa para matemáticas, ella tenía seguridad que lo lograría", dijo su padre, Luis Jiménez, quien emocionado agregó que "es una oportunidad de ser algo más de lo que es uno, de salir y ser una profesional". Romina en tanto, dice que debiera haber mayor equidad en la educación. "Al final, prácticamente la única educación buena es la pagada y eso no puede ser".
En regiones, Gonzalo Concha Garrido, de 18 años -que estudió en el Liceo Abate Molina A-8 de Talca- llevó la buena nueva a sus padres. También fue top en matemáticas. Ellos son enfermeros y él quiere estudiar Medicina. A su juicio, la valor docente es fundamental: "Hay un problema porque los profesores de liceos municipales no son bien evaluados ni estimulados, y eso influye, ya sea por los sueldos u otras cosas, mientras que en los pagados sí tienen incentivos".
Destacan municipales de Santiago

Este año hubo treinta tres puntajes nacionales más que en el proceso anterior.


Los diez mejores puntajes promedio Matemática –Lenguaje de los colegios municipales se concentraron este año en Santiago, cuatro son de Providencia.
En la lista de los doce colegios que concentran la mayor cantidad de puntajes nacionales destacan el Instituto Nacional con la mayor cantidad de puntajes nacionales a nivel país (25) y el Carmela Carvajal (4). Ellos son los únicos dos municipales.
En la misma lista aparece sólo un subvencionado: los más desmejorados en este primer adelanto de puntajes PSU.
La brecha económica vuelve a aparecer. Casi 55 mil alumnos de bajos recursos (menos 270 mil pesos) sacaron menos de 250 puntos. Esa situación sólo la vivieron 1.623 alumnos de rentas superiores (más de 800 mil pesos).
La Tercera
EL PRIMER CONTROL GINECOLÓGICO
Muchas madres se preguntan sobre cuál es el momento adecuado para llevar a su hija por primera vez al ginecólogo. La doctora Carolina Schulin-Zeuthen, ginecóloga especializada en adolescentes de la Clínica Las Condes, responde a esta inquietud y precisa qué ocurre en ese primer control.
Con la colaboración de la Dra. Carolina Schulin-Zeuthen

Departamento de Pediatría de la Clínica Las Condes


Cuando las niñas llegan a la pubertad sufren muchos cambios: aumenta su estatura, su cuerpo se ensancha, su piel se vuelve más grasosa, les crecen los pechos, aparece el vello púbico y axilar. Llega su primera regla.
"El primer signo puberal aparece alrededor de los ocho años; en la mayoría de las niñas se trata de la aparición del botón mamario. En esta etapa es importante que algún especialista, que puede ser el pediatra, supervise que los hitos del desarrollo puberal ocurran con una progresión adecuada", dice la doctora Carolina Schulin-Zeuthen, ginecóloga especializada en adolescentes de la Clínica Las Condes.
La primera menstruación suele presentarse dos años después del inicio del desarrollo puberal. "Éste es un buen momento para que una adolescente visite por primera vez al ginecólogo. Si bien no hay reglas, se recomienda que el primer control ocurra entre los doce y quince años", precisa la doctora.
El primer control ginecológico tiene un carácter informativo y preventivo, y no contempla -salvo si la paciente ha iniciado relaciones sexuales– un examen ginecológico interno. Se realiza un examen físico general en el que se evalúan peso y talla, y también el desarrollo de carácter sexual, es decir, se evalúan las mamas y se lleva a cabo una observación externa de genitales.
La mayor parte de la consulta consiste en una entrevista para conocer los antecedentes personales y la historia médica de la paciente. "Uno le pregunta por su proceso ginecológico: cuándo ocurrió su primera menstruación, la regularidad de su ciclo, si siente dolor al menstruar. También se aclaran las dudas que pueda tener sobre los cambios que está viviendo. Si ha iniciado su vida sexual, uno hace educación preventiva sobre el autocuidado y cómo prevenir el embarazo y las enfermedades de transmisión sexual", explica la doctora Schulin-Zeuthen.
La adherencia a los controles ginecológicos futuros depende en gran medida del éxito de la primera visita. Por eso, es importante que la paciente se sienta cómoda y tenga confianza con su médico.
"Es frecuente que la primera vez vengan con un poco de temor y acompañadas de la mamá, especialmente si se trata de adolescentes menores de 15 años. De todas formas, la paciente siempre tiene la posibilidad de estar sola con el médico. Lo que hago es explicarle que tendré que hacerle preguntas personales y le doy la opción de estar sola o acompañada tanto en la entrevista como en el examen. Son ellas las que eligen", indica la especialista.
La recomendación para las adolescentes mayores de 15 años es que visiten al ginecólogo una vez al año.

EL MERCURIO

Hay que poner límites
LA GENERACIÓN DE LA INTOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN
Los niños de hoy no están acostumbrados a recibir un NO por respuesta. Saben que tienen todo a un click o a un ring.Más allá de una pataleta infantil, el problema es que en la adolescencia no son capaces de enfrentar ni el más mínimo fracaso.¿Cómo terminar con este fenómeno?
Sylvana Palomino, LS
Por Que los niños de antes no son como los de ahora... de eso no cabe duda.
Antes, por ejemplo, recolectar todos los facsímiles para completar alguna enciclopedia temática tardaba varias semanas. Y lo mismo sucedía si uno se "enganchaba" con alguna serie semanal de televisión. Todos esperaban pacientemente el día y la hora del nuevo capítulo. Había dedicación y tiempo. Sobre todo tiempo.
Hoy, por el contrario, el desarrollo de las nuevas tecnologías permite que los niños tengan todo al alcance de la mano. De hecho, la palabra "esperar", parece inexistente en su vocabulario.
En la infancia, si algo no llega a tiempo, no funciona o no resulta, aparecen abruptamente la angustia, los llantos, rabietas y pataletas.
Más tarde, si no rinden bien en el colegio, tienen decepciones amorosas o no logran entrar a la carrera que querían, pueden terminar con estrés, depresión y hasta en suicidio.
Se trata, en definitiva, de la intolerancia a la frustración: fenómeno que se ha convertido en el nuevo "mal" de esta generación que quiere todo al instante.
Tiempo versus culpabilidad

La terapeuta ocupacional y floral, María Ester Céspedes, reconoce que efectivamente esa es la percepción que día a día le transmiten los niños y adolescentes que van a su consulta.


De hecho, siente que la mayoría de sus anhelos apuntan a no "tener que 'deber' hacer las cosas", que están agobiados de tantas demandas y exigencias. O sea, la vida para ellos se está poniendo demasiado acelerada y todo se les ha ido adelantando.
Y Camila Contreras (35), psicóloga, madre de dos hijos, Andrés y Pablo, bien lo sabe.
Para ella todo iba bien hasta que Pablo cumplió la edad necesaria para entrar al colegio.

"Tú no te imaginas la cantidad de exámenes a los que deben someterse los niños. Es un estrés tremendo. Desde hace aproximadamente un mes he peregrinado por varios colegios, pero no he conseguido nada. Mis hijos estaban felices en la casa, lo pasaban bien, podían hacer lo que querían. Pero ahora cuando dejo a Pablo en algún colegio para que rinda algún examen o lo entrevisten, me llaman a la media hora para que lo vaya a buscar, porque no se comporta como debiera ser. Eso lo pone nervioso a él y me tiene muy complicada", relata.


Según los especialistas, no son sólo las nuevas tecnologías o la inmediatez del momento las responsables de la incapacidad de los adolescentes para soportar sus frustraciones o fracasos.
También juega un papel la culpabilidad que sienten los papás por no dedicarles el tiempo suficiente ya sea por el exceso de trabajo o por estar separados.
Antes las mamás tenían todo el tiempo para estar con los niños y, como las familias eran extendidas, si ella no estaba, siempre había algún adulto significativo cerca del niño para llevarlo a la plaza o a jugar. Pero el tiempo actual es aceleradísimo y el costo de la vida mayor. Por lo tanto, ambos padres deben trabajar. De ahí que nazca en ellos cierto sentimiento de culpabilidad. Eso los lleva a complacer, sin medida, los deseos de sus hijos. Y ese "sin medida" tiene como consecuencia una obsesión permanente en el niño por tener más y de manera instantánea".
"Ahora ellos nos esclavizan"

Verónica Lillo, académica de la Facultad de Educación de la Universidad Católica, revela otra arista. Según ella, este fenómeno pasa por el estilo diferente que tienen los jóvenes de relacionarse con los sistemas informativos y de poder. Explica que los padres de estos niños se relacionaron con sistemas más autoritarios. Ahora, en cambio, ellos saben perfectamente cuáles son sus derechos y cómo exigirlos. Y, al tratar de hacer el tema más democrático, los padres han perdido su poder frente a ellos. "Ahora ellos nos 'esclavizan'", señala.


El celular, por ejemplo, se está convirtiendo en un "arma mortal". Los padres están a un ring para resolverles las necesidades más mínimas e inmediatas. Ante cualquier eventualidad, ellos están ahí para entregar la solución.
Bajo este tratamiento de sobreprotección, muchos jóvenes no soportan el estrés que genera cualquier dificultad, por menor que sea. Simplemente porque no están preparados para eso.
"Hoy los adolescentes se enfrentan a un grave problema: no poseen una gran tolerancia a la frustración, lo cual afecta su manera de enfrentar la realidad y su vida. Pareciera que antiguas generaciones toleraban mejor el fracaso. De cualquier manera, éste es un problema que la sociedad debería detenerse a pensar, ya que no tiene una solución técnica aparente, sino que más bien va a necesitar un cambio de hábitos, valores y paradigmas", alerta Diego Araos junto a un grupo de compañeros de la Universidad Adolfo Ibáñez.
Ellos, impactados por la muerte de una joven viñamarina por anorexia y los suicidios de dos niñas en Iquique y Talca en las últimas semanas, exigen que la sociedad se detenga a pensar en un problema "que no tiene una solución técnica aparente, sino que más bien va a necesitar un cambio de hábitos, valores y paradigmas".
Según Vania Martínez, psiquiatra infantil de Psicomédica, la solución pasa por "poner oído" a las necesidades de cada uno de los hijos. "Las necesidades deben ser satisfechas de manera que la frustración sea moderada", señala.

Y aunque parezca precoz, ese aprendizaje comienza al momento de amamantar.


También, explica, hay que diferenciar los tipos de "pataletas": "Como hay padres que no soportan que sus hijos lloren un poco, se pasan al otro extremo. Cuando los niños hacen peticiones, una forma de demostrarles cariño consiste en ponerles límites. Hay que enseñarles a postergar las necesidades. Así se ayudará a los niños a autorregularse".
Para Paula Salamanca, psicóloga infantil del Instituto Neuropsiquiátrico, la única forma de que los adolescentes y niños aprendan a ser tolerantes a la frustración es... justamente bancándose algunos fracasos.
Círculo vicioso: niños enrabiados y padres agobiados

Aunque en un principio sólo sean pataletas, rabietas o llantos, la intolerancia a la frustración puede terminar mucho más allá que en una simple depresión.


En términos prácticos y no tan extremos, las personas con incapacidad para tolerar el fracaso no pueden trabajar en equipo, son dominantes a la hora de establecer relaciones de pareja y, generalmente, sienten que cualquier situación los sobrepasa.
Sin embargo, esta es una situación que no sólo afecta al niño, sino también a sus padres. "El menor que no tolera las frustraciones relacionadas con la insatisfacción vital, genera que los padres caigan en una paulatina frustración también, porque no lo ven nunca contento. Sienten que le dan y le dan y el niño parece no darse cuenta. Lo que desencadena un círculo vicioso", señala Céspedes.
Para romper con esto, Paula Salamanca propone comenzar por decir "no". Poner límites es lo fundamental. "Para algunos papás es mucho más fácil entregar todo altiro, antes que soportar una pataleta, pero eso termina perjudicando al niño", señala.
Receta

"Una forma de demostrar cariño a los hijos consiste en ponerles límites", aseguran los expertos.



TERRA
Susana Roccatagliata
"LOS PADRES EN DUELO LOGRAMOS VOLVER A TENER PASIÓN POR VIVIR"
La periodista, que hace 21 años sufrió la pérdida de un hijo, explica, ante la pérdida que tuvo Cristián Warnken, que el amor y la unidad en la familia son la base para seguir adelante y lograr vivir con el dolor.
Por Carola Oyarce Rozas
SANTIAGO, enero 3.- Muchos dicen que lo peor que puede pasar en la vida es que se muera un hijo, sobre todo si es un niño que recién comienza a vivir. Por eso fue el impacto ante la muerte de Clemente, el hijo de tres años de Cristián Warnken que falleció tras ahogarse en la piscina de su casa. Una situación parecida vivió la periodista Susana Roccatagliata, que hace 21 años perdió a su segundo hijo, de sólo cuatro años en ese momento.
Todo ocurrió cuando llevó al pequeño a la clínica para que lo operaran por una leve cojera que tenía, el problema es que nadie sabía que era alérgico a la anestesia y falleció. Desde ese entonces Susana ha tenido que aprender a vivir con el recuerdo y el dolor de haber perdido a un hijo. No quería saber del mundo, se preguntaba por qué le había pasado a ella, pero tenía otro hijo y debía salir adelante. De a poco logró continuar con su vida, tuvo dos hijas más y siguió con otras actividades.
Fue así como ha escrito dos libros “Un Hijo No Puede Morir” y “La Otra Cara del Dolor”, fundó el Parque Memorial para recordar a los hijos no nacidos o fallecidos de hasta 35 años y también es directora del Centro de Protección de Menores de Quinta de Tilcoco, creado en 1970 por el sacerdote Alceste Piergiovanni y que en la actualidad alberga a 200 niños.
- ¿Qué sentiste cuando te enteraste de la muerte de Clemente?

Sentí una pena inmensa e indescriptible porque yo sé lo que es perder un niño. Se derrumba todo, la vida no tiene sentido y no lo puedes creer. Estuve mal todo el día pensando en la familia, imaginé que estaban viviendo una situación de shock e incredulidad, que eso no había pasado y que era un sueño, una pesadilla. A todo Chile le debe haber pasado, pero todos los días me llaman padres que han perdido hijos por distintas circunstancias y desagraciadamente la mayoría es por accidentes de tránsito, por eso a diario sufro con algún papá porque siempre que muere un niño uno se impacta el doble, es una vida que tú dices por qué.


- ¿Cómo lo haces para que esa pena no te afecte en tu vida diaria?

Yo he tenido la suerte de darle un sentido a mi vida y si a mi me pasó esto, al poco tiempo dije hay que darle un para qué porque si me quedaba en el por qué quizás me habría muerto de dolor. Uno se quiere morir de dolor, no quiere vivir ni abrir los ojos, no eres capaz de ver que hay otros amores, marido, hijos, mamá, papá, abuelos, hermanos. Yo le di un sentido a mi vida, de a poco fue dando señales para que yo pueda tomar un camino que fue ayudar a otros en el dolor. Cuando a mí me pasó yo estuve total y completamente sola, no sabía que existían otros padres y otras madres que habían pasado por esto.


- ¿Por qué tan sola?

Hace 21 años atrás la muerte era un tema tabú, a la gente que le había pasado lo escondía y guardaba, era algo que no se hablaba. Hoy día gracias a Dios porque existe el Parque Memorial, hay tantas personas a las cuales recurrir y no todo el mundo puede pagar un siquiatra.


- ¿En ese caso qué le dirías a Cristián Warnken y su señora?

A mí me pasó algo bien especial porque leí la noticia en internet y me quedé pegada en la silla. El día después de Navidad fui a dejar a mi hija al Parque Arauco y más tarde la fui a buscar, no me tenía que bajar, pero estacioné el auto y me senté en un sofá a esperar que mi hija terminara de comer. De repente me tocan la espalda con mucho cariño, era una mujer y me dice: "Susana, anoche soñé contigo, te necesito, soy la señora de Pedro Pavlovic". No lo podía creer, la abracé y me dijo: “Hemos estado tan tristes que lo único que quería era encontrarme contigo”. Cristián (casado con Danitza, hija de Santiago Pavlovic) es un hombre maravilloso que escribió una carta hermosa, pero no tienen que ocurrir estas cosas para que la gente le dé valor a la vida. A toda esa familia le cambió la vida para siempre, hay una familia antes y otra después.


- ¿Cómo se puede fortalecer esa familia?

Yo creo que el amor es lo más importante, que se amen, que no se reprochen, que no se culpen, que no se juzguen, las cosas van a pasar igual haga lo que haga uno. Ese niñito vino a esta vida a darles amor a ellos y que no olviden que ese hijo que se fue no vino aquí para que ellos mueran en vida, sino que todo lo contrario, se tienen que amar más como familia, se tienen que decir lo importante que son, lo que significa el uno para el otro. Hay días, meses, años en que uno se pregunta por qué la gente come, por qué ríe, sientes que uno no quieres nada, no quieres despertarte, no te interesa mirarte al espejo y todo lo que te importaba antes ahora no te importa.


- ¿Qué crees que revela la columna que escribió Cristián?

Él es un hombre que ama a su hijo y a las cosas que ama su hijo, incluso al agua y la piscina, esa parte me impresionó. Él hablaba del amor que siente por su hijo a través de otras cosas que Clemente tocaba. Yo creo que en este minuto está en estado de shock y que su carta maravillosa nos impactó. Es un hombre que ha leído mucho y eso lo va a ayudar siempre a descubrir el gran misterio de la muerte que, mientras uno no la experimente, no sabe lo que es, pero él es tan sabio que va a salir adelante. En este minuto tiene que apoyar a su señora y a sus hijos, uno cree que los niños no se dan cuenta, pero viven la ausencia y para eso tiene una familia, padre, abuelo, suegros y amigos que lo van a ayudar.


- ¿Cómo se puede ayudar a quienes han perdido un hijo?

Lo que uno necesita en este momento es estar rodeado de amor, eso es lo único que nos ayuda a levantarnos. Ellos no pueden olvidar a ese chiquitito que va a vivir en sus corazones siempre y tienen que saber que ese hijo va a seguir amando el mundo.


- ¿Es recomendable entrar a alguna terapia para superar esto?

Eso depende de ellos. Cuando la ansiedad o la angustia no te abandonan es bueno acudir a un especialista, eso va a depender de ellos, sólo ellos pueden saber eso. También requiere un poco de tiempo, nadie es tan asertivo para darse cuenta en que situación se encuentra, ellos mismos va a ir viendo sus necesidades. Pero el exceso de ansiedad y angustia no es bueno, cuando eso se produce y si uno tiene los medios de acercarse al especialista es bueno que lo haga, eso ayuda mucho.


- ¿Cómo se puede evitar caer en las recriminaciones con la pareja?

Siempre hay culpa...imagínate qué más culpable me puedo sentir yo que llevé a mi hijo a una clínica y salí con él muerto en un ataúd, qué más culpable que llevé de la mano un hijo que iba confiado con su padre y su madre. La culpa no es hacía el otro, es hacia uno mismo y cuando se produce eso, el proceso de duelo tiene una parte que es la más larga y es la culpa, pero uno no se puede quedar pegado porque se convierte en un duelo patológico... Creo que en el caso de ellos no se va a dar porque los accidentes ocurren y uno no es omnipotente y ese es el gran error del ser humano, creer que puede evitarlo todo, pero no es así. A lo mejor en ese momento no hubiera muerto mi hijo, pero en otras circunstancias igual hubiera pasado....yo no se por qué ocurren las cosas, pero hagas lo que hagas si va a ocurrir no lo puedes cambiar, es así.


- ¿Cuáles son las etapas que se viven en este tipo de duelo?

Están super establecidas, está la etapa de shock que es en los primeros meses, después la culpa que es una etapa larga donde se trata de encontrar explicaciones a lo ocurrido, uno cree que las pasa como en una línea del tren, primera estación y segunda estación, pero no es así, tú vas y vienes, entras y sales. Somos seres humanos, todos distintos y se pone a prueba todo, tus características de personalidad, tu formación y tus creencias, por eso la gente hace distintos caminos, pero todos atravesamos por esas situaciones de distintas maneras, es algo impredecible porque el ser humano no es una máquina.


- ¿Hay un momento donde puedes decir “estoy bien”?

No. Yo puedo decirte que estoy viviendo bien con el dolor de haber perdido un hijo, pero yo nunca más fui la misma y por eso puedes comprender que me dediqué a esto si no, no. Muchas veces me he preguntado por qué me tocó a mí y no a otro. De tener a mi hijo en la casa, tendría 26 años y me imagino que hubiese sido más lindo que el sol, como son mis otros hijos. El resto de la gente me ve bien, tengo mis momentos de dolor, lloro sola, ya no digo que tuve cuatro hijos, digo tres porque he aprendido que la gente se incomoda. Te vas metiendo el dolor más adentro y lo vas haciendo más tuyo, pero de que la Susana es otra, absolutamente, me río y gozo con mis niños, los disfruto y estoy llena de temores porque perdí a un hijo y uno siempre vive con el temor que te pase de nuevo.


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