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Cartas de amor La guerra. Un soldado avanza hasta llegar arrastrándose a un sitio resguardado donde dormita otro soldado. Es noche cerrada y se ven a lo lejos los resplandores de las explosiones de las bombas


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Cartas de amor

La guerra. Un soldado avanza hasta llegar arrastrándose a un sitio resguardado donde dormita otro soldado donde dormita otro soldado. Es noche cerrada y se ven a lo lejos los resplandores de las explosiones de las bombas. Durante toda la escena se escucha ruido de guerra. Los dos soldados son americanos del norte “made in USA”, y se llaman Mac y Joe, lógicamente.


Mac: (Entra fatigado) “Hello, Joe”.
Joe: (Medio incorporándose) “How do you do, Mac?” ¿Cómo ha ido esa guardia?
Mac: Fatal, Joe. Han caído Sandy, Bob y el cabo Johnson. Y hace un frío ahí fuera que no lo aguanta nadie. ¿Por qué no harán las guerras en verano?
Joe: (Le da una manta) Toma, tápate. Ahí hay café si quieres. (Enciende una luz de campaña y le alcanza la cafetera).
Mac: Thanks, Joe (Bebe) ¡Está frío!
Joe: Se ha apagado el fuego hace rato ya.
Mac: Estoy desmoralizado, Joe. Perdona que te lo diga, pero estoy desmoralizado. ¿Tienes un chicle, please?
Joe: Se me han acabado. Toma, te daré medio del mío. (Se saca medio chicle del que está masticando y se lo da).
Mac: (Mascando) No sabe a nada.
Joe: Me lo pasó el cabo Johnson ayer. Está muy usado.
Mac: Lo que es la vida, Joe. Ayer masticaba este chicle el cabo Johnson y hoy está muerto y lo masticamos nosotros. Jonson era un buen muchacho. Llevaré sus cosas a su mamá. Y este medio chicle también. Fue lo último que masticó.
Joe: Son cosas de la guerra. Duerme un rato, Mac. Lo necesitas. Tienes muy mala cara.
Mac: No puedo, Joe. Estoy muy deprimido. (Pausa). Sandy, Bob y el cabo Johnson se me han muerto encima.
Joe: ¿Dijeron algo?
Mac: Tacos.
Joe: ¿Tacos?
Mac: Sí, solo tacos. Sandy dijo primero algo de su madre, y luego ya tacos. Los otros, tacos directamente. (Pausa) ¡Joe!
Joe: ¿Qué?
Mac: ¿Tú no echas de menos a tu madre?
Joe: Sí, mucho. Sobre todo por las mañanas.
Mac: ¿Y a tu novia?
Joe: También. Sobre todo por las noches. Hey, Mac, estás tiritando.
Mac: Es de frío. Es lo más terrible de la guerra, ¿verdad?, que no vengan las mujeres con nosotros. ¿Te imaginas? Yo podría venir ahora del puesto y ella me tendría preparado el café caliente y tarta de manzana. Y Mary... Mary estaría también esperándome. Me abrazaría, me besaría, y la guerra sería más soportable. Se me quitaría la depresión esta que tengo. ¿Por qué no traen a las mujeres a la guerra, Joe? ¿Por qué venimos nosotros solos?
Joe: No lo sé. Me imagino que sería un lío. Habría que traer también a los niños... Sería peligroso.
Mac: ¿Peligroso? Sandy, Bob y el cabo Johnson acaban de morir y ni siquiera habían desayunado. Si por lo menos hubieran dormido anoche con sus mujeres... si hubieran tomado sus krispies y sus huevos con beicon, y esta mañana les hubiesen dado un beso a sus hijos antes de patrullar... ¿Qué hacemos en el frente los hombres solos, mientras los demás están en sus casas?
Joe: Sí, Mac, tienes razón. Es duro ser hombre. Sobre todo cuando hay guerra.
Mac: (A gritos, ya un poco fuera de sí) Yo se lo voy a decir al capitán, que me traiga al menos a Mary, a mi Mary. Sueño con ella, la veo a todas horas... ¡La quiero! ¡La necesito!
Joe: Una mujer es lo más hermoso que hay en el universo. Sí, Mac, sí. Dios hizo un gran trabajo cuando las creó. Se esforzó. (Descubriendo algo de pronto) Oye, debajo de ti hay sangre. Un charquito.
Mac: (Mirando) Pues sí, es verdad. No me había fijado. ¿De quién es?
Joe: Antes no estaba. Antes de que tú vinieras, quiero decir.
Mac: Pues hay mucho. (Se mira) Parece que baja por aquí, por la pierna.
Joe: ¡Mac! ¡Estás herido!
Mac: No noto nada... (Se quita la ropa y buscan entre los dos).
Joe: ¡Aquí! Tienes un agujero en este lado. Y otro más abajo... ¡En el estómago tienes otro boquete! ¡Dios mío! ¿Qué te ha pasado, Mac?
Mac: (Se agarra el estómago y cae de rodillas) Estas heridas son malas. He visto muchas. Voy a morir, Joe. Estas cosas se saben.
Joe: ¿Llamo a los sanitarios?
Mac: Antes quiero dictarte una carta para Mary. Luego ya no podré.
Joe: OK, Mac. (Toma papel y pluma) Dime.
Mac: My dear Mary, dos puntos. Me alegraría que al recibo de la presente estés bien. Yo, lo normal en caso de guerra: muriéndome. Quiero que sepas que te he amado siempre, nena, diga lo que diga tu madre. Si algunas veces no te iba a buscar era porque tenía cosas que hacer en el rancho. Ya de pequeños, cuando soñábamos con comprar un rancho mientras jugábamos a los médicos en el granero, yo te amaba, Mary. Yo no podremos hacer el viaje de novios a caballo por Texas, como siempre soñé. Ni podremos montar el Burger King en la esquina de Main Street, como tanto deseabas. Quiero pedirte que cuides de mi pobre madre. Dile que no le escribo porque, aunque la quiero, no sé qué decirle. Si me dan alguna medalla, haces una copia para ti y le das a ella el original. Al fin y al cabo es mi madre. Y no se me ocurre nada más que decirte. ¡Qué duro es morir lejos de ti, oh, Mary, y de la dulce Patria! Da recuerdos a tus padres y hermanos, y se despide de ti para siempre jamás este tu novio que lo fue. Mac.

PD. Mary, siempre has creído que era tartamudo, y no lo soy. Solo tartamudeaba contigo, Mary, porque no podía hablarte cuando me mirabas, del amor que me entraba. Con los demás hablo normal; pregúntaselo a quien quieras. I love you.



No dejes de echarla al correo, Joe.
Joe: OK, puedes estar tranquilo. ¿Quieres algo más, Mac?
Mac: No, ahora voy a decir unos cuantos tacos. Me cago...
Joe: (Zarandeándole en sus brazos) ¡Mac! ¡La dirección, Mac! Que no me has dado la dirección donde tengo que mandarla! ¡Mac! ¡Mac!
(Y el ruido de las bombas tapa el resto de los gritos del moribundo Mac) Telón.


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