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Carta de Diego Portales a Diego José Benavente


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Carta de Diego Portales a Diego José Benavente (29 de julio de 1828)


Señor don Diego José Benavente.

Amigo muy querido:

Su apreciable del 25 me manifiesta la retardación con que recibió la mía del 15, debido, sin duda, a los acontecimientos de esos días y demás adminículos de vicisitudes que se juntaron.

El desenlace de ese drama singular no me tomo de nuevo, porque lo esperaba u otro parecido, desde que supe el papel que cupo a Ud. en él, convencido de que sabría tocar los mejores resortes hasta hacernos árbitro de la suerte de los amotinados.

La palabra de Ud. y otros testimonios no menos respetables sólo han podido arrancar mi fe, y forzarme a consentir en la energía y heroicidad que desplegó el pueblo de Santiago contra militares amados en buen número y dispuestos a todo exceso según las apariencias. Sin embargo, compadeceré siempre al hombre honrado, que movido del bien publico se presente a enfrenar el despotismo de un gobierno y a contener sus extravíos, fiado únicamente en el apoyo del Pueblo heroico y enérgico. No por esto debo creer que la conducta del de Santiago no pueda surtir y surta realmente saludables resultados, entre los que no son los menores contener la ambición audaz de tanto miserable, que se reputa con derecho a todo, Y hacer ver al gobierno que no sólo en los pícaros habladores y osados puede buscar su sostén.

¿Quién sino el señor Pinto y sus decentes amigos, pudieron creer a cierta clase de hombres sometidos a pasiones y resentimientos cuando era necesario sacrificarlos a la salvación de la Patria? Basta, que me voy encrespando. Don Estanislao Portales no ha contestado a Cea sobre su propuesta, y esté seguro me anuncia nuestro amigo Melgarejo, ha descubierto ya el secreto, que convenía guardar; con esta noticia puede Ud. conducirse con Lastra del modo que convenga más a sus intereses. Mi situación no es tan triste como Ud. se figura, desearía que Ud. tocase el desengaño exigiéndome pruebas que le fuesen de utilidad. No quiero, ni necesito los mil pesos que me ofrece su extremada delicadeza. Si es grande el sonrojo que Ud. me causa con recordar y encarecer este único y pequeño servicio, no es menor el que siento y de que quisiera desprenderme para decirle el destino que debe dar a esta suma y a cuanto posee su verdadero y afmo, amigo.



Diego Portales


Valparaiso 29 de julio de 1828.


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