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Capítulo XV salcedo obtiene sus limites


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Capítulo XV

SALCEDO OBTIENE SUS LIMITES

64. PETICION CONTRA MOCA.


La espinosa discusión de límites entre Salcedo y La Vega se había agravado con la creación de la Provincia Espaillat, aunque esto fue un alivio para Salcedo, que encontró un compañero en sus lides contra La Vega.

El Congreso Nacional conoció en su sesión del 7 de Diciembre de 1900 una manifestación de los habitantes de "Los Conucos, San José, Jayabo, y Rancho del Medio" protestando contra la idea que tiene la común de Moca de pedir se les sustraiga de La Vega, a la que desean seguir perteneciendo 122.

La misma petición fue estudiada en la sesión del 25 de febrero de 1901, pero la Comisión de lo Interior dijo: que "no puede dar lugar a resolución alguna, puesto que los firmantes se limitan a negar que hayan dado su firma para protestar contra la posible segregación de esas secciones de la Provincia de La Vega y su incorporación a la Provincia Espaillat...", opinando que debía ser archivada, lo que se le llevó a efecto123.

65. SALCEDO PIDE SUS LIMITES.


El 12 de febrero de 1902 los principales habitantes de Salcedo volvieron a la carga, pidiendo al Congreso Nacional que les concediera sus verdaderos límites. En la sesión del 2 de abril de ese mismo año, la Comisión de lo Interior presentó su informe, favorable a Salcedo.
El diputado Castro, hablando en nombre de la Comisión, formada por los diputados Sánchez G. y MI. A. Pichardo, dijo:

"Ciudadanos Diputados: la petición que en fecha 12 de febrero del año en curso dirigieron al Congreso varios habitantes de Salcedo merece en nuestro sentir que sea favorablemente acogida, por las razones en que se funda.

Por tanto, es nuestro parecer que debe reintegrarse al pueblo de Salcedo en sus antiguos límites, una vez que le han sido cercenados ilegalmente, ni hay motivo razonable para ello"124 . A pesar de todo esto, todavía no estaba fijado el día en que los salones de aquel venerable lugar oyeran la lectura de la ley que reconocía la justicia de las peticiones salcedenses.

66. REUNION DE PALMAR.


El conflicto pro límites estaba llegando a su clímax y la situación iba empeorando cada día más, enconándose los ánimos, con gran pérdida de los verdaderos intereses nacionales.

Con el noble fin de estudiar las diferencias existentes, tuvo





El General Pascasio Toribio (al centro  acompañado de los generales Carlos López (izq.) y Sinencio Taveras, de Santiago, después de una incursión por la frontera durante el gobierno de Juan Isidro Jiménez.

lugar una entrevista, en 1905, celebrada en la Sección de Palmar, en la casa del Señor Santiago Figueroa.

Sendas comisiones asistieron a este importante evento. Por La Vega, el Gobernador Provincial, General Jesús Céspedes, el Lic. Manuel Ubaldo Gómez y el Cura Párroco, Canónigo Armando Lamarche; por Salcedo, los generales Pascasio, Zenón Toribio y Carlos López, Pedro P. Gómez y el Cura Párroco, Pbro. Eliseo Bornia Arizal2s.

Nada práctico produjo la reunión de Palmar sino que era necesario que el Congreso por sí mismo hiciera uso de su alta autoridad y de sus poderes constitucionales para dirimir, con acto inapelable, la discusión de límites entre La Vega y Salcedo.


67. ACALORADA DISCUSION EN EL CONGRESO


Cada día iba cobrando más consistencia la petición salcedense en pro de la devolución de sus límites.

De nuevo se presentó ante el Honorable Congreso Nacional la ya tan debatida cuestión, y en la sesión del 22 de marzo de 1905, la Comisión de lo Interior, compuesta por el Diputado mocano Manuel de Jesús Viñas, y Santiago Guzmán Espaillat, presentó su informe, clamando por la devolución de los límites de Salcedo:

"Con fecha 5 de enero de 1880, los habitantes de aquel lugar, hoy Salcedo, en atenta solicitud, pidieron al H. Cong. Nac. y obtuvieron de él se erigiese aquella sección en Puesto Cantonal, lo que tuvo efecto por resolución emanada de esta Cámara en fecha 2 del mes de nov. del año 1880, siendo presidida más tarde la instalación de dicho Cantón por el ciudadano Gobernador Civil y Militar de La Vega... (después de enumerar los límites ya conocidos, continúa)... Son éstos, Hon. Diputados, los verdaderos límites de Salcedo, cercenados en mala hora por la audacia de una autoridad arbitraria que sin fijarse en el delito que consumaba, hizo desaparecer del archivo de aquella alcaldía el acta que al efecto se levantara para la instalación de aquel poblado como Puesto Cantonal".

Al mismo tiempo la Comisión presentó un proyecto de Ley concebido en los siguientes términos:


EL CONGRESO NACIONAL

En nombre de la República


Vista la comunicación de fecha 8 de marzo del corriente año
125   Osorio, o. c., pág. 41.

dirigida por el Ciudadano Gobnor. de la Prov. Espaillat al Ciudadano Mtro. de lo Interior y Policía y enviada por este funcionario al seno de esta Cámara.

Considerando: que la expresada comunicación entraña la solicitud de que le sean confirmados a la común de Salcedo sus antiguos límites.

Considerando: que los verdaderos límites de la común de Salcedo, son los mismos señalados en el acta levantada con motivo de su instalación como Puesto Cantonal en el año 1880, una vez que hasta la fecha no ha habido ninguna disposición legal en contrario,


RESUELVE:
Unico: confirmar a la común de Salcedo los mismos límites que expresara el acta levantada para su instalación en Puesto Cantonal el año 1880 y que son los siguientes: por el N., la Cumbre; por el E., el río Cenoví desde su nacimiento, hasta llegar al paso del camino real que va de La Vega a S. Fco. de Macorís; por el O., el río Bacuí, desde su fuente hasta el paso del camino de lugar denominado El Azucey, siguiendo camino arriba hasta el paso del Palmar que atraviesa el precitado camino de Macorís y siguiendo hacia el E. hasta llegar al paso de Cenoví ya citado.

Envíese al P.E. para los fines consiguientes, etc.

Ante una solución tan favorable a Salcedo, el diputado por La Vega, Fco. Espaillat de la Mota, dijo:

... una común no puede estar enclavada entre dos provincias. Si la común de Salcedo hubiera sido creada con anterioridad ala Prov. Espaillat no habría inconvenientes en extender los límites en todas direcciones y hacia las comunes de La Vega, Moca y S. Fco. de Macorís, pertenecientes en aquel entonces a la Prov. de La Vega... Por tales motivos, el actual conflicto no tiene lugar entre las comunes de La Vega y Salcedo, sino entre las Provincias de La Vega y Espaillat.

La individualidad de La Vega quedaría injustamente lesionada. Su presupuesto municipal que asciende a veinte mil pesos durante el año, se reduciría de golpe a diez o doce mil. La común rural de Salcedo se engrandecería a expensa del dominio ageno.

El patrimonio de la común de La Vega no puede ser lesionado por el Cong. Nac. La tutela que el Estado Ejerce sobre los municipios, no es en calidad de poder público, sino de administrativa.


Se dice a menudo que esas secciones deben pertenecer a Salcedo porque esta común tiene poca jurisdicción. Esta es una apreciación falsa y absurda; pues la nivelación de la riqueza no ha pasado aún de la mente del anarquismo. Que La Vega tenga riquezas y Salcedo miserias, no justifica el despojo legal de la primera".

(Después de unas erróneas divagaciones sobre la distinción entre el poder legislativo y el administrativo), dice:

"Y si la mayoría de la Cámara, usando del yo mando, en violación del artículo 103 de la Constit. y de la resolución legislativa de fecha 26 de junio de 1889, dirimiera en favor de la Prov. Espaillat, habrá cometido un exceso de poder y un acto de flagrante injusticia.

Queda pues formulada mi protesta, contra el informe presentado por el dip. Viñas en su calidad de miembro disidente de la comisión de lo Interior y Policía''126126.


68. ENTREVISTA DE GOBERNADORES.


La situación no podía ser más crítica, y la cuestión límites había llegado a considerarse como una discusión entre dos estados enemigos, y no como una diferencia entre hermanos, entre hijos de la misma patria.

Si La Vega no quería ceder ante las justas aspiraciones de Salcedo, éste no estaba dispuesto a cejar en la defensa de lo que naturalmente le pertenecía.

En estos momentos entra en la escena el General Cirilo de los Santos (a) Guayubín127 que se puso frente a frente a los hermanos Toribio. Con motivo de los razonamientos habidos, celebráronse diversas entrevistas entre los Gobernadores de Moca, La Vega y Pacificador, pero aquellos cónclaves no sirvieron para otra cosa que para avivar las llamas de la discusión128.

Con motivo de presentar su memoria al Ministro de lo Inte-


rior y Policía, el Gobernador de Moca, General Quírico Feliú, pidió al Ciudadano Ministro que interpusiera sus buenos oficios para que se marquen "definitivamente los límites de Provincia, con la Provincia de La Vega"129.

69. EL CONGRESO REVISA LA PETICION DE SALCEDO.


En el augusto recinto donde se preparan las leyes que deben regir los destinos de la nación, volvieron a escucharse las voces airadas, unas veces, o pacíficas, otras, de los contendientes en la ya conocida cuestión de límites entre Salcedo y La Vega.

La sesión del Congreso de 2 de mayo de 1906130 fue testigo de acalorada discusión entre los defensores de ambas tesis: la vegana, que propugnaba la continuación del statu quo, y la salcedense, que urgía la devolución de sus límites naturales.

Aunque la Comisión de lo Interior, compuesta de los diputados Arredondo Miura y Francisco Espaillat de la Mota, opinó porque no se tocara la posesión de La Vega, uno de los más decididos defensores de Salcedo y a quien se debe eterna gratitud, Don Manuel de Jesús Viñas, se levantó para hacer una apología de los derechos salcedenses y su actitud valiente y su bien orientada defensa jurídica abrieron una profunda brecha por la que entró de lleno el Congreso para dar a Salcedo sus límites.

Con un espíritu de verdadera equidad el diputado Viñas dijo entre otras cosas: "por bastardas pasiones, este enojoso asunto se ha tratado siempre como si se tratase de una línea limítrofe entre dos potencias, en que una de las cuales en perjuicio de otra, ocupa una porción del terreno ajeno; pero no, aquí no se trata más que de un diferendo entre dos provincias hermanas enclavadas en el territorio dominicano, y cuya solución, que no debe ser otra que la que aconseje la justicia, no debe tener otra consecuencia que el abrazo fraternal en que deben estrecharse siempre los pueblos cobijados por el hermoso pabellón cruzado".

A pesar del ataque hostil del diputado Espaillat de la Mota, la serenidad del diputado Viñas logró campear la situación y responder acertadamente alas diferentes objeciones puestas por los abogados de La Vega.

Después de una pausada intervención del diputado Alfonseca,


pidiendo que se dejen a un lado "chismecillos locales y provincialistas", el Congreso cerró sus sesiones.

Los congresistas continuaron la interesante discusión en la sesión del 30 de mayo siguiente131 , llegándose ahora a determinaciones más concretas, que ciertamente daban a conocer que de una vez por todas el Congreso deseaba resolver el litigio.


70. COMISION DE AGRIMENSORES.


Una de las resoluciones prácticas aprobadas fue la nominación de una Comisión de Ingenieros que estudiara el problema sobre el terreno y diera su consejo técnico sobre el asunto.

EL CONGRESO NACIONAL

EN NOMBRE DE LA REPUBLICA

En uso de las facultades contencioso administrativas acordadas por la Constitución, Resuelve:

Art. 1.  Los límites de Salcedo, común de la Prov. Espaillat, comprenden todo el territorio que antes se denominaba Juana Núñez, sección de la común de La Vega.

Art. 2.  El reconocimiento de los límites entre la común de La Vega y la de Salcedo, se efectuará por tres agrimensores nombrados por el Poder Ejecutivo, sobre el aviso conforme de los Ayuntamientos de La Vega y Salcedo.

Art. 3.  La delimitación se llevará a cabo en presencia de los síndicos de ambas comunes. De todo lo cual se levantará un proceso verbal, que deberá contener, si ha lugar, las observaciones de los síndicos.

Art. 4.  A cada Común se notificará en la persona del Pte. del Ayunt. la delimitación, con copia del proceso verbal y del plano de delimitación, debiendo llenarse las demás formalidades legales.

También se remitirá copia de todo lo actuado, al Congreso.

Art. 5.  El plano de delimitación no será válido, sino después de ratificado por el Cong. Nac.

Art. 6.  La presente resolución deroga toda otra que le sea contraria y será enviada al Poder E. para los fines constitucionales.

Dada, etc.132.

Propúsose también la celebración de un plebiscito para cono
cer el querer y el pensar de los habitantes de las secciones en disputa, proponiendo el diputado Octavio Beras que este plebiscito fuera presenciado no sólo por la Comisión de Ingenieros, sino también por una Comisión del Congreso, lo que fue aprobado a unanimidad.

Al año siguiente, el 31 de agosto de 1907, el Ministro de lo Interior avisó al Honorable Ayuntamiento Comunal que el Poder Ejecutivo había nombrado la Comisión de Agrimensores para hacer el estudio. La Comisión estuvo compuesta por los señores: Gerardo Yansen, Arístides García Mella y Osvaldo Rodríguez. Por carta del 7 de octubre, el Ministro envía al Ayuntamiento los planos de la demarcación hechos por la Comisión de Agrimensores.

El 31 de mayo 133 , el Congreso reconsideró el asunto, proponiendo los gastos que debían hacerse para estas investigaciones, y para el traslado de los representantes de las Cámaras.

71. COMISION DE DIPUTADOS.


En las dos sesiones antedichas se acordó todo lo relativo ala nominación de una Comisión del Congreso que por sí misma pudiese darse cuenta del problema que planteaba realmente el litigio.

No se hizo esperar la Resolución del caso y el 31 de mayo de ese mismo año se nominó la referida Comisión:

Núm. 4686. RESOLUCION del C.N. que nombra una comisión para estudiar la cuestión límites entre La Vega y Salcedo. G.O. Núm. 1696 del 20 de junio de 1906.
EL CONGRESO NACIONAL

En nombre de la República.


RESUELVE:
Art. 1.  Nombrar una Comisión compuesta de los diputados José D. Alfonseca, hijo, Octavio Beras, Ildefonso A. Cernuda, Lowenski Monzón y José E. Otero Nolasco, quien la presidirá, para que estudien la cuestión de límites pendiente entre las Comunes de La Vega y Salcedo, trasladándose a dichos lugares para que en vista de los documentos existentes y de la consulta que harán a los habitantes de las secciones en litigio, informen a la Cámara en la próxima legislatura ordinaria.




La Comisión de Diputados retratada cuando salía de Salcedo. De izquierda a derecha, Ildefonso Cernuda, dip por Samaná, Lowesky Monzón, por Azua,

Padre José Otero Nolasco, por S. Fco. de Macorís, José D. Alfonseca, por Moca, y Octavio Beras, por el Seybo.




Art. 2.  Se vota la suma de quinientos pesos oro, para los gastos de la referida Comisión.

Párr.  Envíese al Poder Ejecutivo para los fines constitucionales.

Dado en el Palacio del Congreso, a los 31 días del mes de mayo de 1906; año 63 de la Independencia y 43 de la Restauración.

El Presidente:  A. Arredondo Miura.  Los Secretarios. Armando Victoria.  Florencio Santiago.

Ejecútese, comuníquese por la Secretaría correspondiente, publicándose en todo el territorio de la República para su cumplimiento.

Dada en el Palacio Nacional de Santo Domingo, Capital de la República, a los 15 días del mes de junio de 1906; año 63 de la Independencia y 43 de la Restauración.
El Presidente de la República,

R. LACERES.


Refrendada: El Ministro de lo Interior y Policía. MI. Lamarche García.

Refrendada: el Ministro de Relaciones Exteriores, encargado de los Despachos de Hacienda y Comercio. E. Tejera134.

La Comisión comenzó sus trabajos al año siguiente, y el 30 de enero de 1907 se encontraba ya en La Vega135 . La tensión existente era angustiosa y si no hubiera sido por la sabia discreción de los componentes de la Comisión del Congreso, se hubiera desatado una terrible guerra civil.

Cuando la Comisión estaba en La Vega, el General Zenón Toribio le envió el siguiente telegrama, índice claro de lo peligrosa que hubiera sido cualquier indiscreción por parte de los diputados: "Salcedo. Comisión Límites, La Vega. Retírome Macorís, sin tomar parte activa asunto límites siempre que Guayubín permanezca neutral y se quede en esa. ZENON".

Con motivo de la presencia de la Comisión, el Ayuntamiento de La Vega le ofreció un "informe que presenta la Junta Defensora de los límites de la Común de La Vega, nombrada por el pueblo en su Asamblea del 20 de enero del año corriente, a la Honorable Comisión del Congreso Nacional encargada de investigar todo lo pertinente ala cuestión límites suscitada por la Común de Salcedo". La Vega, 1 de febrero de 1907"136.

Un vegano sincero aprovechó también la ocasión y publicó una hoja impresa, que mereció el aplauso de todos los amantes de la justicia. Con este motivo Pascasio Toribio puso el siguiente telegrama al Gobernador de La Vega: "Macorís, 1 de febrero de 1907. Gobernador Bobea, La Vega. Felicito nombre Salcedo autor hoja suelta titulada "Límites"137 que firma vegano. Aplauso sincero para esta opinión honradora. PASCASIO TORIBIO".

Después de su trabajo en La Vega, la Comisión salió para


Salcedo, a donde llegó el 4 de febrero, siendo recibida por la población con muestras de júbilo, pues era ver ya casi logrados los ideales sustentados por más de 27 años.

Cuando la Comisión llegó ala población recibió un mensaje del Ministro de lo Interior, Lamarche García, concebido en los siguientes términos: "Capital, 4 de febrero de 1907. Diputado Otero, Salcedo. Le felicito feliz llegada; aquí se susurra solución satisfactoria. Aguardo sus noticias, salud. MINISTRO INTERIOR, L. GARCIA".

También saludaron a la Comisión los Hermanos Toribio: "Macorís, 4 de febrero de 1907. Diputados Otero, Beras, Cernuda, Alfonseca, Monzón y Gobernador Camarena. Salcedo. Nos congratulamos feliz llegada. Por habernos ido a encaminar Presidente Cáceres y haber regresado a las 11 p.m. no contestamos ayer. Que los traten bien es el deseo de sus affmos. amigos. PASCASIO Y ZENON"136.


72. INFORME RENDIDO POR LA COMISION DE DIPUTADOS.


Una vez que la Comisión se hubo reintegrado ala Ciudad de Santo Domingo, entre todos los diputados prepararon su informe que presentaron al Honorable Congreso Nacional, documento que es una bien ponderada exposición de las razones que siempre tuvo Salcedo para pedir un ensanchamiento de límites. Tan importante y honrador documento se reproduce in integrum:

Ciudadanos Diputados:

En fecha 24 del mes de enero ppdo. se dirigió al Cibao la Comisión especial que suscribe con el fin de cumplir el encargo que se le había conferido en 31 de mayo de 1906, relativo a informar, en la presente legislatura ordinaria, sobre la debatida cuestión de límites entre la antigua común de La Vega y la moderna de Salcedo.

Inútil será el relatar ahora el viejo origen de la disidencia entre esas dos importantes entidades de la República, porque en virtud de los tantos documentos producidos por una y otra común ante el Congreso Nacional creemos que ese viejo origen es suficientemente conocido; inútil será también que ahora digamos las cau-

sas que dejaron irresoluta esta cuestión por espacio de algunos años, porque en el Congreso Nacional no son tampoco ignoradas dichas causas. Tócanos, sí, decir para nuestra propia satisfacción que ala hora de llegar a los lugares en litigio nuestra prudencia y discreción evitaron tal vez incidentes dolorosos no sólo para esas dos importantes regiones sino para toda la República, porque aquellos ánimos sobreexitados de suyo hacía tiempo se tornaban sobreexitad ísimos con nuestra presencia en aquel momento, por lo que no sería aventurado conjeturar que se estuvo a punto de ver convertidos aquellos campos feracísimos, capaces de producir el fruto de todas las zonas del globo, en horrorosos campos de combate.

Y, cuán lamentable hubiera sido que el hermoso espíritu de concordia y harmonía que debe reinar siempre entre todos nuestros pueblos hermanos se hubiera mudado en irreconciliable espíritu de desunión y discordia, y tanto más lamentable es este caso cuanto que esas fecundísimas tierras, nobles hijas del trabajo, palpitan la misma vida, el mismo esfuerzo, el mismo ideal, la misma aspiración, la misma comunidad de intereses y esperanzas! ...

Cuando se piensa que la antigua Vega Real, sentada a las faldas de su abrupta cordillera, como una reina en su trono, ha visto emanciparse con ojos orgullosos, tantos hijos ya mayores; cuando se piensa en el amoroso lazo con que han de estar reunidos idealmente la una y los otros, como lo están materialmente por su naturaleza tan pródiga y tan próvida; y cuando además de todo esto se ve, como nosotros vimos, más y más encantados cada vez, aquellos montes ubérrimos que niegan su entrada libre al sol, que todo lo calcina, y dan paso franco a la lluvia que lo fecunda todo; en donde basta sólo que se arroje la simiente para recoger el fruto; aquellos arroyuelos cristalinos que van cantando eternamente un himno ala prosperidad y a la abundancia; aquellas verdes sabanas que a trechos corta el bosque y abrillanta el rocío; aquellos envidiables cultivos de cacao, que pronto será consumo necesario universal; cuando se piensa, decimos, en todo esto que embargó nuestro ánimo o asombró nuestra esperanza, no es difícil que os contagiéis vosotros, Ciudadanos Diputados, del pesar que nosotros concebimos al ver a punto de empapar de sangre de hermanos aquellos pueblos tan hermosos y tan ricos.

Conviene que lo digamos, y lo decimos, que solamente ahora, en el augusto seno del Congreso Nacional, es que rompemos el silencio que nos impusimos en el Cibao, porque las circunstancias que dejamos apuntadas nos aconsejaron y nos obligaron patriótica-


mente a ese discreto procedimiento. Tócanos decir hoy en alta voz que nuestra visita a La Vega y a Salcedo y a sus campos litigiosos fue muy cuerda medida de esta Hon. Cámara, pues sin ella la cuestión que pronto habréis de resolver habría quedado para siempre sin resolución.

Hemos leído muchos documentos auténticos, la mayor parte de los cuales pertenece y devolvemos al Archivo del Congreso; hemos consultado también muchos papeles privados, que devolveremos a los interesados; hemos oído a personas connotadas de La Vega y Salcedo en reuniones que convocamos expresamente; recorrimos completamente solos, acompañados de un guía, todas las secciones que radican entre dichas dos comunes; inquirimos la opinión de todos los habitantes de esas secciones; vimos con nuestros propios ojos los límites posibles, y apreciamos ala vez imparcialmente la conveniencia para ambas comunes en buscar la solución más racional a su vieja cuestión en litijio.

De eso os damos cuenta hoy y creemos que el Decreto que os proponemos satisfará las aspiraciones de La Vega y de Salcedo, y que el desacuerdo existente desde hace veinte años más o menos quedará ahora completamente extinguido, y que un abrazo cordialísimo borrará para siempre el recelo, el disgusto, y la desconfianza que entre ellas habían reinado hasta hoy.

La línea que tiramos por el Sur de Salcedo es la más conveniente para evitar en lo porvenir lo que no se evita en el presente, es decir, el conflicto civil, municipal y militar que se sostiene y la lucha que se entabla a causa de la proximidad de la población de Salcedo a su línea limítrofe con los remotos campos de La Vega. Tirando dicha línea, como la tiramos nosotros, un poco más allá del arroyuelo Juana Núñez, que bordea a Salcedo, queda zanjada la grave dificultad más visible entre esas dos importantes comunes de la República.

Y por si merece vuestra alta aprobación os sometemos el adjunto proyecto de Decreto.

Santo Domingo, Abril 12 de 1907.

La Comisión:
J. E. Otero Nolasco, Octavio Beras,

J. A. Cernuda, Monzón, Alfonseca139.


73. RELACION DE UN TESTIGO.

Para útil conocimiento de los que no vivimos aquellos días de ansiedad para Salcedo, ponemos aquí la hermosa carta que nos ha dirigido Don Octavio Beras, fallecido en Santo Domingo el 5 de febrero de 1967. Con la maestría de un consumado maestro, Don Octavio narra el viaje de la Comisión.


15 de marzo de 1954
Excmo.

Mons. Hugo E. Polanco Brito,

Obispo de Centenaria y Auxiliar de la

Diócesis de Santiago el Mayor.

Santiago de los Caballeros:
Mi Querido amigo:
La dilación en complacer los deseos del muy digno Padre Polanco, me causa la satisfacción de dirigir este informe a S.E. el señor Obispo de Centenaria, Auxiliar de la Diócesis de Santiago de los Caballeros.

Comienzo solicitándole excusar mi involuntaria tardanza y suplícole, anticipadamente, perdonarme, si mi memoria no fuere lo suficientemente exacta como yo quiero y demanda vuestro interés, al relatar ocurrencias de hace casi media centuria.

La cuestión de límites entre las comunes de Salcedo y La Vega, que ocupó la atención de aquellos pueblos del Cibao durante largos años, fue conocida por el Congreso Nacional de que yo formaba parte, en las legislaturas de 1906 y 1907 y resuelta al aceptar la proposición del Diputado, Lic. Joaquín E. Salazar, quien pidió la designación de una comisión especial que examinase los documentos producidos por ambos litigantes, y estudiase la cuestión sobre el terreno, pudiendo escuchar, cualquier testimonio honrado, preferentemente, el de los antiguos moradores de los lugares en disputa.

La referida comisión debía ser integrada por cinco miembros del Poder Legislativo; cuatro escogidos libremente por los Representantes de La Vega y Espaillat y uno por el Presidente del Congreso, no pudiendo figurar entre éstos ningún representante de las citadas Provincias.

En la misma sesión fue hecha la selección de esta manera:

Pbro. José E. Otero Nolasco, Diputado por San Francisco de Macorís, Presidente; Dr. José Dolores Alfonseca, Diputado por Santo Domingo; Sr. Lowenski Monzón, Diputado por Azua; Lic. Ildefonso A. Cernuda, Diputado por Samaná y el que escribe, Sr. Octavio Beras, Diputado por el Seybo, a quien le ha tocado sobrevivir a sus dignos compañeros en la notable comisión, que cumplió a cabalidad su cometido con patriotismo, libre de presiones ni pasiones políticas, ni conveniencias personales o de grupos.

Recuerdo que algunas semanas después, tomamos pasaje hacia el Cibao en uno de los vapores de la línea Clyde, que hacían el servicio entre la entonces ciudad de Santo Domingo de Guzmán y la de New York, a la sazón fondeado en el Placer de los Estudios (me parece que era el Seminole) y llegamos al Puerto de Sánchez, felizmente, en la tarde del siguiente día. En esta ciudad nos quedamos a pasar la noche, y en nuestro hotel recibimos las visitas y las atenciones de numerosas personas que acudieron a cumplimentarnos. Entre éstas figuró el señor Jefe Comunal quien nos advirtió: "Ustedes deben tener mucho cuidado, porque considero que mañana, desde que Uds. salgan de Sánchez en el tren, irán rodando sobre un reguero de pólvora".

Como era lógico, tal afirmación fue considerada privadamente en el seno de la comisión, cuando el Jefe Comunal se hubo despedido, y resolvimos: ser discretos y prudentes; evitar todo comentario; no tener conversaciones sobre nuestra actuación ni aceptar homenajes en ninguna de las poblaciones que visitáramos, hasta nuestro regreso de las secciones y lugares en disputa.

A la mañana siguiente nos trasladamos a la Estación del "Ferrocarril de Samaná a Santiago" que así era llamado aunque nunca salió de Samaná ni jamás llegó a Santiago; y, a poco, rodábamos plácidamente, bien acomodados en un confortable vagón especial que la Compañía había destinado exclusivamente para la Comisión del Congreso, y gozando las delicias que ofrecía a los viajeros la contemplación de las singulares plantaciones agrícolas que cruzábamos, tan exhuberantes y tan prometedoras.

Nos dirigíamos a La Vega pero el tren hacía cortas paradas en las numerosas estaciones intermedias para tomar pasajeros o para recoger productos de la agricultura que era ya de bastante importancia en la región cibaeña.

De pronto, en una de estas paradas, surgió el General Cirilo de los Santos, alias Guayubín, acompañado por varios hombres de su Estado Mayor y armados de. carabinas. No recuerdo si este General tenía algún cargo oficial por aquellos días pero él era bien
conocido por todos los miembros de la Comisión y nos pidió permiso para acomodarse en nuestro vagón especial con sus muchachos. El Presidente Otero Nolasco le contestó: "General, le podemos ofrecer un sitio para Ud. con mucho gusto, pero la Comisión prefiere que los muchachos se acomoden en otro de los vagones del tren".

Guayubín comprendió que tal deseo era justo e inició de inmediato la conversación sobre el obligado tema del día: los límites entre Salcedo y La Vega; pero a pesar del entusiasmo y la vehemencia de sus expresiones nosotros permanecíamos callados como muertos, obedeciendo a nuestra consigna, de tal modo, que él se dio cuenta rápidamente y casi nos gritó: "Señores, ¿Uds. se han tragado la lengua? ". Entonces el Presidente Otero Nolasco le explicó nuestro silencio y le invito cortésmente a cambiar de tema.

El General asintió, pero no sin antes asegurarnos que los veganos no consentirían en perder ni un metro de tierra, de tal manera que estarían dispuestos a arreglar esta cuestión de los límites, con las armas, militarmente, antes que tolerar las pretensiones de Zenón y de Pascasio. (Se refería a los hermanos Toribio).

Su Señoría el silencio, se hizo dueño y soberano en aquel vagón después de tales expresiones.

Llegamos a la estación de La Vega y allí fuimos recibidos amable, cordial y atentamente, por los elementos más importantes en aquellos días, de la política vegana y por los directores de la culta sociedad que ostentaba, orgullosa, familias tan distinguidas como los Gómez, los Moya, etc., etc.

Llamó nuestra atención la presencia de algunas carabinas entre aquella numerosa concurrencia. Una hora después nos despedimos de los simpáticos y atrayentes elementos veganos y, luego de explicarles por qué no podíamos aceptar los honores y agasajos con que ellos querían cumplimentarnos, seguimos hasta San Francisco de Macorís, donde proyectábamos pasar la noche y continuar a la mañana siguiente hacia la interesante y deseada Salcedo.

De igual modo que en La Vega fuimos recibidos en Macorís por numerosos elementos de la política, el comercio y la sociedad macorisana que se encontraban ya reunidos en la estación para saludarnos; luego nos fuimos al hotel de una señora cuyo nombre he olvidado, en el cual encontramos habitaciones preparadas y nos quedamos algunos instantes en el patio del mismo, debajo de los árboles charlando con un pequeño grupo y pudimos enterarnos de que en Macorís, había un mayor número de gentes armadas que en La Vega; el mismo señor Gobernador, Zenón Toribio, que era uno
de los contertulios, lucía empolainado y con espuelas, chamarra militar de brillante botonadura dorada y fino sombrero de Panamá. Su hermano, el también General Pascasio Toribio, hombre fino, atento y bondadoso, hizo la presentación.

Por ciertas expresiones del Gobernador nos dimos cuenta de que allí había también una excitación; Ud. juzgará cómo sería ella cuando este Gobernador, cual si respondiera a las del General Guayubín en el tren, dijo: "Ojalá que Uds. se volvieran para la Capital y nos dejaran a nosotros los militares arreglar este asunto a tiros; que cuando diéramos una batalla el que la ganara marcaría el límite ".

Es seguro que al escuchar tales desplantes, los miembros de la comisión tuvimos muy presente la advertencia del Jefe Comunal de Sánchez.

Aquella noche tuvimos alguna lucha para convencer al Gobernador Toribio de que ni él, ni ninguna otra persona de significación nos acompañaría en nuestra gestión; mas, él cedió al fin y luego aceptó nuestra petición de proporcionarnos un guía que nos acompañara hasta Salcedo, pero escogido entre gente humilde.

Listas las nobles y nerviosas cabalgaduras ala mañana siguiente, salimos rumbo a Salcedo acompañados ahora del práctico guía que nos envió el Gobernador.

Algún tiempo después,castigados por el sol, nos detuvimos en una bodega de las que encontrábamos a nuestro paso, para recibir un pequeño descanso y tomar algún piscolabis; y allí nos dimos cuenta, de que el guía, sin embargo de su sencillo traje de fuerte azul, su mediacinta en la cintura y su cabeza cubierta por humilde chambergo de ordinario panza de burro, era nada menos que el Jefe Militar de las fuerzas destacadas en San Francisco de Macorís. Huelga decir que este jefe se vio precisado a abandonar nuestra compañía aunque con manifiesta inconformidad y, cuando hubo desaparecido en una de las bifurcaciones del camino, nos pusimos nuevamente en marcha, llevando instrucciones escritas del dueño de la bodega, para no extraviar la vía que nos conduciría a Salcedo.

A poco andar, en el cruce del camino de Moca, nos encontramos, inesperadamente, con el General Ramón Cáceres, H. Presidente de la República acompañado por cuatro oficiales, el cual, previo cambio de cordiales y amistosos saludos, nos informó que se dirigía a la Capital porque no quería encontrarse en el Cibao, en tanto que la comisión de límites del Congreso cumpliera su cometido y que se situaría cerca del Ejército, porque estaba dispuesto a

utilizarlo, para aplastar, rápidamente, a cualquier elemento que tomara el camino del desorden aprovechándose de la excitación producida en las comunes de Salcedo y La Vega por la cuestión de límites.

El encuentro con el Presidente calmó los ánimos de los comisionados, que habían sido puestos en guardia por la actitud de los Generales Guayubín y Zenón y sus inexplicables expresiones, tratándose de simples diferencias limítrofes, entre comunes hermanas que ellos querían resolver por las armas como una cuestión fronteriza internacional.

Por fin llegamos a Salcedo. Allí no encontramos sino muy escasos hombres armados y ninguna apariencia de excitación, pero sí una gran expectación que, aunque discreta y moderada, era notable y alcanzaba a todas las clases sociales. Los salcedenses mostraron un notable interés de bien impresionar a los comisionados, creando un ambiente más suave, que aparecía con encomiable discreción y seriedad y les era muy favorable en nuestro concepto.

Al igual que en La Vega y Macorís conservamos en Salcedo nuestra planeada discreción y aplazamos honores y agasajos. Y al siguiente día, en excelentes monturas frescas y sin otro compañero que un pequeño dibujo del camino a seguir que nos trazó un amable caballero salcedense, nos dirigimos alas secciones en litigio; y, cuando hubimos caminado una media hora, nos detuvimos a la sombra de unos árboles frondosos, a contemplar el interesante desfile de innumerables campesinos que conducían los productos de su cosecha hacía la población vecina a lomo de bestias.

Confundidos con éstos pasaba un señor de alguna edad, jinete sobre una hermosa y bien enjaezada acémila; era hombre de aspecto sencillo aunque distinguido (no siempre andan juntas la sencillez y la distinción) y se nos ocurrió llamarle la atención. El vino hacia nosotros y, descubriéndose, se puso a nuestras órdenes. El Presidente Otero Nolasco le explicó: "Nosotros no somos conocedores de estos lugares y, teniendo necesidad de llegar sin extraviarnos y sin tardanza a un pobladito que, aunque no está muy lejos de Salcedo, pertenece a La Vega, queremos un guía que nos conduzca; si puede Ud. proveernos uno de esos jóvenes para este servicio, nosotros le recompensaremos con gusto y con largueza".

Nuestro interlocutor se descubrió de nuevo y dijo en el lenguaje especial del campesino cibaeño: "de manera que utede deben seis la Comisión dei Congreso que tamos eperando poraquí; y, entonce, que lo muchacho sigan con la recua pa Saicedo y yo me
quedaré acompañándoloj a utede, poique, como viejo al fin, soy buen conocedoi y pueo seisle de mucha utilidá".

En realidad, la ayuda de este hombre, cuyo nombre no recuerdo, nos fue conveniente en gran manera, porque nos condujo a los sitios en litigio y nos puso en contacto con antiguos propietarios de aquellos lugares, encanecidos ya en el cultivo de sus tierras prodigiosas, que nos facilitaron datos y explicaciones tan sinceros y tan serios, que produjeron en nuestro ánimo la firme convicción de que "Salcedo" tenía toda la razón en sus reclamaciones, ya que tales lugares estaban dentro de los límites de la antigua Sección de "Juana Núñez" ratificados íntegramente en el Decreto que la convirtió en Común.

Nosotros constatamos esto, con toda precisión, y con la imparcialidad e interés que presidió nuestro trabajo en cada momento. Y así, también, nos dimos exacta cuenta, con la misma imparcialidad e interés, de que era casi una cuestión de orden público, la intervención del Gobierno en los variados problemas que se presentaban a diario en aquel vecindario, tan distante de La Vega, que el brazo de sus autoridades no alcanzaba hasta él para el cobro de los impuestos municipales, ni para la persecución de la delincuencia, ni para la captura de los prófugos de la justicia, ni para ofrecer la necesaria garantía a la pequeña propiedad ni a las personas, ni para la difusión de la enseñanza primaria que era ya una de las principales atribuciones de los Municipios.

La falta de vías de comunicación de tal época, dificultaba tan notablemente el transporte, que la numerosísima población allí residente vivía sin la debida atención oficial y el poblado estaba convirtiéndose en centro de libertinaje y de desorden. Por esta razón la Comisión recomendó muy encarecidamente al Congreso que, no solamente por el derecho que asistía a Salcedo en la cuestión de los límites, sino también como MEDIDA SALUDABLE AL ORDEN PUBLICO, debía ponerse término a tal situación sin pérdida de tiempo, poniendo estos elementos al cuidado y vigilancia de las autoridades de Salcedo que podían comunicarse con ellos en cuestión de minutos.

El Informe de la Comisión fue considerado y, después de grandes debates sostenidos especialmente por los Representantes de las provincias de La Vega y Espaillat, la mayoría acogió el Informe

Yo tengo la casi seguridad, Monseñor, de que, si la República hubiera tenido entonces, como tiene ahora, para garantía de sus instituciones, bien organizados y bien adiestrados su Ejército y su

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Policía; si hubiera tenido el territorio cruzado, como en esta época, por buenas carreteras y eficaces instalaciones telegráficas y aéreas, que suprimen las distancias, el Congreso no hubiera tenido necesidad de disponer entonces el cese del Statusquo que había sido acordado anteriormente sobre los límites de aquellas comunes, medida que 'pudo haber producido lamentables incidentes desgraciados y vestido luto en un estimable número de familias dominicanas que nacieron para vivir unidas bajo el mismo cielo, bajo el mismo sol, arrancando su bienestar y felicidad a las exhuberantes tierras que Dios mismo puso en esta Quisqueya maravillosa como patrimonio de todos para vivir vida de dichas y de venturas al calor de una sincera confraternidad reafirmada y mantenida permanentemente por el santo ideal de hacer una Patria digna, engrandecida y próspera...



Pero los Congresantes, que se dieron estrecha cuenta de su grave responsabilidad, pasaron por sobre las amenazas de los Generales, porque ya la cuestión de estos límites era una cuestión de orden público que alcanzaba muy seriamente al porvenir de las familias que residían en aquellos lugares sin la debida atención oficial y no podía ser motivo de nuevos aplazamientos, aunque los apasionamientos y vehemencias hubieran lanzado algunos elementos militares por el camino de la violencia. La solución aconsejada por el derecho fue tomada aunque eran persistentes los rumores y las amenazas.

Concluída nuestra cuidadosa inspección a los lugares discutidos, regresamos a Salcedo donde éramos esperados ansiosamente para asistir a un espléndido banquete ofrecido en honor de la Comisión y a un magnífico baile como obsequio preparado expresamente, por el Club Salcedo.

En ambos obsequios tuvimos la oportunidad de apreciar la cultura y corrección de los elementos de aquella sociedad. Una comisión de caballeros en el banquete y otra formada por elegantes y finas damas en el baile, atendían con singular deferencia y con derroches de simpatías poco común, a los comisionados, ganosas de que todos quedáramos complacidos y distinguidos.

A nuestro regreso de Salcedo visitamos Santiago, Moca y La Vega (no tuvimos tiempo para San Francisco de Macorís) recibiendo honores y distinciones, especialmente en estas dos últimas ciudades, en las cuales logramos reformar un poco el ambiente de excitación y alarma que encontramos tres días antes y crear uno tranquilizador y de confianza en los hombres del Gobierno y en la dignidad y constante devoción a la Justicia de aquel Congreso de


1907, que supo, en todas ocasiones, colocarse ala altura de sus deberes, con puro patriotismo, y atento siempre al bienestar de la República.

Contento de haber correspondido a sus deseos escribiendo este relato, ratifícole la seguridad de mi consideración y amistad muy distinguidas y quedo como siempre su affmo. y buen amigo,

Octavio Beras

74. EL CONGRESO NACIONAL DA SUS LIMITES A SAL CEDO.


Núm. 4744. RESOLUCION del C.N. que fija los límites entre la común de La Vega y Salcedo. G.O. Núm. 1781 del 20 de abril de 1907.
EL CONGRESO NACIONAL

En Nombre de la República.


Declarada la urgencia y previas las tres discusiones constitucionales.

Considerando: que en virtud de la discusión suscitada entre las comunes de Salcedo y La Vega relativa a sus límites respectivos, diputó el Congreso Nacional una Comisión especial para que estudiase la cuestión sobre el terreno, examinase los documentos producidos por ambas comunes y consultase la opinión de los habitantes de los lugares en litigio;

Visto el informe y dictamen de la citada Comisión;

Visto el párr. 24 del artículo 25 de la Constitución Política del Estado,


DECRETA:
Art. único. Los límites que en lo adelante separarán las comunes de Salcedo y de La Vega son: sobre la misma línea trazada en el Mapa del General Casimiro N. de Moya, decretado oficial en fecha 18 de mayo de 1905, hasta el lugar denominado "Cañafístolo"; de ahí en línea recta hasta la bifurcación del arroyo denominado "Aguas Frías" con el camino real entre Salcedo y Macorís; desde aquí en adelante el mismo camino real hasta el río "Cenobí" que lo separa del distrito Pacificador.
Párr. Envíese al Poder Ejecutivo para los fines constitucionales.

Dado en el Palacio del Congreso Nacional, a los 19 días del mes de abril de 1907; año 64 de la Independencia y 44 de la Restauración.

El Presidente: Ramón O. Lovatón.  Los Secretarios:  A. Acevedo.  D.D. Alfonseca h.

Ejecútese, comuníquese por la Secretaría correspondiente, publicándose en todo el territorio de la República para su cumplimiento.

Dado en el Palacio Nacional de Santo Domingo, Capital de la República Dominicana, a los 19 días del mes de abril de 1907; año 64 de la Independencia y 44 de la Restauración.
El Presidente de la República:

R. CACERES.

Refrendado: El Ministro de lo Interior y Policía:  MI. Lamarche García140.

75. REGOCIJO SALCEDENSE.


Aunque larga fue la lucha, al fin brilló esplendoroso el sol de la justicia, y Salcedo recibió alborozado la noticia de que por Ley del 19 de abril de 1907 el Soberano Congreso Nacional había dirimido el penoso litigio de que nos hemos venido ocupando.

El Sr. Manuel María Sanabia, por largo tiempo diputado al Congreso Nacional, regaló al Ayuntamiento un monograma "que sirvió para esclarecer el asunto de límites entre Salcedoy La Vega".

A fines del año 1907, el 24 de noviembre, el Ayuntamiento autorizó al Pbro. Eliseo Bornia Ariza, a Don Tomás María Abréu y al Síndico Municipal para que levantaran postes de mampostería en la línea divisoria de Salcedo y La Vega.

Ese mismo año, el Excmo. Señor Arzobispo de Santo Domingo, Dr. Adolfo Alejandro Nouel, a petición del Pbro. Bornia Ariza141 , concedió a Salcedo sus límites eclesiásticos, iguales a los concedidos por el Estado.



Casi inmediatamente después se nombró, el 1 de mayo de 1908, una Comisión cuyo deber era representar a la Común en los actos y asuntos de la Provincia, compuesta por los Señores Vicente Garrido, Francisco Ariza, José Fco. Tapia, Juan E. Osoria, Francisco Cruz Alba y Juan Ma. Alba.


122 - Gaceta Oficial, No. 1375, del 20 de Dic. de 1900.

123   Gaceta Oficial, No. 1415, del 28 de Sept. de 1901.

124 - Gaceta Oficial, No. 1488, del 21 de febrero de 1903.

126   Gaceta Oficial, No. 1607, del 9 de agosto de 1905.

127   El General Guayubín fue por algún tiempo mantenedor de la política horacista. En 1904 fue enviado a auxiliar las tropas que estaban en Sosúa al mando del Gral. Js. María Céspedes, y entró en Pto. Plata con Cáceres. Cf. Pichardo, pág. 241. G.O. No. 1693, del 9 de junio de 1906. Murió a causa de las quemaduras recibidas en la catástrofe de "Los Higueritos" el 15 de febrero de 1908. A este acto asistió el General salcedense Zenón Toribio. Cf. Pichardo, 254 y Gómez, No. 600.

128   Osorio (Pág. 42) habla de estas reuniones, pero no nos parece que sea exacto al dar los nombres de los Gobernadores, pues en 1906 eran Gobernadores de La Vega, el Gral. Pedro A. Bobea y de S.P. de Macorís, el Gral. José Bordas Valdez. (Cf. G.O., No. 1668, del 10 de marzo de 1906). El Gral. de los Santos fue hecho Gobernador del Distrito de San Pedro de Macorís para sacarlo de La Vega, donde su presencia era embarazosa para las autoridades.

129   Gaceta Oficial, No. 1688, del 23 de mayo de 1906.

130   Gaceta Oficial, No. 1714, del 22 de agosto de 1906, no del 26 de enero de 1907, como afirma Osorio, o. c., pág. 42.

131   Gaceta Oficial, No. 1735, de 3 de Nov. de 1906.

132   G.O. No. 1735, 3 de Nov. 1906.

133   Gaceta Oficial, No. 1736, del 7 de noviembre de 1906.

134   Col. de Leyes, t. XVIII, Núm. 4686, pág. 257. G.O. Núm. 1696, 20 de junio de 1906.

135   La presencia de la Comisión se debió ala intervención del Gobernador de San Fco. de Macorís, Zenón Toribio, que puso al Pbro. Otero Nolasco el siguiente telegrama: "Macorís, 9 de enero de 1907. Diputado Otero, Capital. He tenido conocimiento que la Comisión no podrá venir para informar al Congreso en febrero asunto límites Salcedo. Venga. Nunca he pedido a Ud., pero hoy en nombre de nuestra vieja amistad, le suplico venga, pues si la referida Comisión no se presenta será un asunto mal para el pueblo de Salcedo. En nombre de ese pueblo que pide a gritos sus límites le suplico me conceda súplica que le hago. Urge contesta. Salud y prosperidad. Gbnor. Toribio".

136   Hoja Impresa en la Imprenta de Jesús Martínez, A.G.N., Fondos del Congreso, 1907. (Véase el Apéndice II a).

137   Esta hoja suelta fue reproducida en "E1 Candil", Semanario de intereses generales, de S. F. de Macorís, Año 1, No. 11, Feb. de 1907. Directores: R. Cruz Torres y Luis M. Castillo. Cf. A.G.N., Fondos del Congreso, 1907. (Véase Apéndice 11 b).

136   Todos estos telegramas en A.G.N. Fondos del Congreso, 1907.

139    A.G.N. Fondos del Congreso, 1907, No. 18.



140   Col. de Leyes, t. XVIII, pág. 349.

141   Boletín Eclesiástico, No. 15, diciembre 20, 1907





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