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Capítulo III el renacimiento1 § la transición del mundo medieval al moderno


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Capítulo III
EL RENACIMIENTO1
§ 1. LA TRANSICIÓN DEL MUNDO MEDIEVAL AL MODERNO
El movimiento conocido con el nombre de Renacimiento puede describirse, en su sentido más amplio, como la transición del mundo medieval al moderno. Todos nuestros conceptos de vida y pensamiento tienen sus raíces dentro de ese período.
Vio los comienzos de la ciencia moderna y la aplicación de los métodos verdaderamente científicos a la investigación de la naturaleza. Presenció los descubrimientos astronómicos de Copérnico y Galileo y la aplicación de los fundamentos de la anatomía por Vesalio.
Fue la época de las exploraciones geográficas. Del descubrimiento del telescopio, de la brújula y de la pólvora, que concedieron al hombre el dominio de las fuerzas naturales hasta entonces desconocidas y multiplicaron sus poderes, su osadía y su capacidad para la aventura. Cuando estos descubrimientos geográficos hicieron posible el comercio mundial, empezó ese cambio de los métodos medievales en el tráfico y en el comercio que duró desde fines del siglo XIV hasta principios del XVII, cuando se establecieron definitivamente las condiciones modernas del comercio. El período de transición se destacó por la ampliación del territorio comercial que ya no estuvo "restringido dentro del Mediterráneo, del mar Negro y del Norte, del Báltico y de las costas orientales de África. Las agrupaciones rígidas de artesanos y traficantes -el sistema gremial de la Edad Media-, empezaron a disolverse y a conceder margen más libre al esfuerzo individual y al de las nuevas corporaciones. Los precios fueron librándose gradualmente de las reglamentaciones oficiales y quedaron sujetos a los efectos naturales de la oferta y la demanda. Se organizaron compañías que se aventuraron a compartir el tráfico mundial y se dio comienzo al comercio por medio de comisionistas. Todos estos cambios pertenecen al período de transición entre el mundo medieval y el moderno.
En el arte de gobernar a los hombres, el Renacimiento fue la época de la concentración política. En dos reinos: Alemania e Italia, el concepto medieval de emperador y papa, rey del mundo y sacerdote del mundo, todavía permanecieron lo suficientemente fuertes como para obstaculizar la unión de las fuerzas nacionales bajo una sola cabeza política; pero también allí puede encontrarse operando parcialmente el principio de la coalición -en Alemania, en la formación de grandes principados independientes, y en Italia en el desarrollo de los Estados de la Iglesia-, y su fracaso parcial sometió a las dos nacionalidades a la opresión extranjera. En todas partes se intentó establecer los derechos de los poderes seculares para que se emanciparan del tutelaje clerical y de la usurpación eclesiástica. Y en la base de todo ello podría hallarse el principio de la afirmación del derecho supremo del individuo a rebelarse contra todo lo acostumbrado, ya fuera ley o teoría que subordinara al hombre dentro de una casta o clase. Comenzó cuando los paisanos suizos hicieron picas atando las guadañas a sus bastones alpinos, y parándose hombro a hombro en Morgarten y Sempach. y emprendieron las cargas más feroces de la caballería medieval. Comprobaron que, hombre por hombre, el campesino valía tanto como el noble, y la hombría individual manifestada en esta forma corporal y cruda, muy pronto comenzó a expresarse en lo mental y moral.
En jurisprudencia puede describirse el Renacimiento como la introducción de los métodos histórico y científico; el abandono de la ficción legal basada en colecciones de falsas decretal es; el recobro del verdadero texto del código romano y la sustitución de la ley canónica por la civil como base de legislación y de gobierno. Hubo un rompimiento completo con el pasado. La sustitución del derecho civil basado en los textos legales de Justiniano, en lugar de la ley canónica fundada en el Decreto de Graciano, significó tal rompimiento de continuidad que fue el cambio más importante en aquel período de transiciones. Porque la ley penetra en todas las relaciones de la vida humana, y un cambio radical en los principios legales forzosamente envuelve una revolución que no es menos real porque opera silenciosamente. Los códigos de Justiniano y Teodosio revolucionaron completamente las enseñanzas de los canonistas, y los jurisconsultos civiles aprendieron a mirar a la Iglesia únicamente como a uno de los departamentos del estado. En las letras, fueron descubiertos los manuscritos clásicos; se introdujo el estudio del griego; se persiguió la hermosura del lenguaje en la elección y en el arreglo de las palabras guiándose por los modelos clásicos; también se descubrió la potencia literaria de las lenguas modernas: el italiano, el inglés, el francés y el alemán; y con este descubrimiento surgieron las literaturas nacionales de Europa.
En cuanto a las artes, se efectuó una completa revolución en la arquitectura, la pintura y la escultura, después de haber recobrado los antiguos modelos y por medio del estudio de los principios que rigen su construcción. La fabricación del papel y el descubrimiento del arte de imprimir y de grabar, multiplicaron la posesión de los tesoros intelectuales y del genio artístico y se combinaron para democratizar las artes y las letras. Lo que antes había pertenecido sólo a unos pocos, escogidos llegó a ser propiedad común. Los nuevos pensamientos podían obrar en las masas y empezaron a mover las multitudes. Las antiguas barreras medievales fueron derribadas y los hombres descubrieron que había algo más en la religión de lo que la iglesia medieval enseñaba, que la vida social era algo más que lo que el feudalismo había manifestado, y que el conocimiento tenía muchas facetas que sus padres habían ignorado.
Si el Renacimiento es la transición entre el mundo medieval y el moderno -y casi no es posible considerado de otro modo-, entonces es uno de esos grandes movimientos de la mentalidad humana que casi desafían la definición exacta y hay algo en él tan evasivo que cuando tratamos de definido, nos confunde. Symonds dice que "fue la emancipación de la razón en una raza de hombres que no toleraban el dominio, que se mostraron dispuestos a criticar los cánones de conducta, a quienes les entusiasmaba la antigua libertad, que despertaron al sentido de la hermosura y que, sobre todas las cosas, tuvieron un gran deseo de asegurar para ellos mismos libertad de acción en las esferas que estaban fuera de la región de la autoridad. Estos hombres, de una calidad tan vigorosa e independiente, fueron muy susceptibles al gozo de la exploración. No había problema que no estuvieran dispuestos a enfrentar ni fórmula que no se sintieran entusiasmados por remolcar de acuerdo a sus nuevos conceptos".2 Fue el florecer y el fructificar de la vida intelectual europea; pero quizás se debiera agregar que contuvo un nuevo concepto del universo en el que la religión consistía menos en el sentimiento de independencia de Dios y más en la fe sobre las posibilidades yacentes en la humanidad.

§ 2. EL AVIVAMIENTO DE LAS LETRAS Y LAS ARTES
Pero en general, el Renacimiento tiene un significado más limitado y que se define por la más potente de las nuevas fuerzas que obraron a favor de la regeneración intelectual. Significa el avivamiento del saber y del arte como consecuencia del descubrimiento y estudio de las obras maestras literarias y artísticas de la antigüedad. Quizás sea en este sentido más limitado que el movimiento preparó en una forma más directa el camino a la Reforma y a lo que le siguió, y merece examen más detallado. Fue el descubrimiento de un medio perdido de cultura y el consecuente despertar y difusión de un espíritu literario, artístico y crítico.
No se había perdido por completo el conocimiento de la antigua literatura latina durante la primera parte de la Edad Media. Los monasterios benedictinos preservaban los manuscritos clásicos –especialmente el monasterio de Monte Casino en la parte meridional y el de Fu1da en la parte septentrional de Europa. Estos monasterios y los establecimientos gemelos eran tanto escuelas del saber como bibliotecas, y hemos leído de más de uno de ellos en que el estudio de algunos de los autores clásicos era parte de la instrucción regular. Conocían y estudiaban a Virgi1io, Horacio, Terencio y Marcial. Livio, Suetonio y Sa1ustio. La literatura griega no había sobrevivido .en la misma extensión pero nunca desapareció por completo de la Europa meridional y especialmente de la parte sur de Italia. Desde los días de la República Romana en esa parte de la península italiana, que en un tiempo se llamó Grecia Magna, el griego fue el lenguaje de buena parte de la gente común como lo es todavía hoy, en los distritos de Ca1abria y Sicilia y los maestros y estudiantes de la universidad medieval de Salema nunca perdieron el gusto por el estudio de esta lengua3, Pero con todo esto, el siglo XIV, y muy especialmente la época de Petrarca, presenció el comienzo de un nuevo celo por la literatura del pasado y fue en realidad el comienzo de una nueva era.
Italia fue el primer pueblo que se libertó de las condiciones de vida medievales y que estuvo preparado para entrar a la nueva vida que esperaba a Europa. Existía el idioma italiano; el sentimiento distintivo de nacionalidad; la civilización estaba muy avanzada; había acumulación de riquezas y durante la época de los déspotas, se disfrutaban de relativa libertad en cuanto a los cambios constantes de las condiciones políticas.
El gran poema del Dante, entrelazando como lo hace lo imaginario con e! misticismo de Giacchino di Fiore, la más honda enseñanza espiritual y moral de la iglesia medieval y e! discernimiento y juicio de un gran poeta sobre los hombres y las cosas, fue la primer señal de que Italia había despertado del sueño de la Edad Media. Petrarca, el apasionado estudiante de la vida, el pensamiento y las emociones de los grandes maestros de la literatura clásica latina, fue e! que le siguió. Sus antecesores italianos, fueron para él hombres reales, y ellos tanto como él habían sentido la necesidad de la cultura helénica para solazar su alma y servir a la educación universal de la raza humana. Boccaccio, el tercer dirigente de este avivamiento predicó el gozo de vivir, la capacidad universal de placer y la sensible hermosura del mundo. Él también sintió, como Petrarca, la necesidad de la cultura helénica. Los dos sintieron e! mismo despertar hacia la hermosura de la forma literaria y comprendieron que e! estudio de los clásicos antiguos les ayudaría a alcanzada. Los dos sintieron el valor de la visión de un nuevo concepto de vida derivado del estudio de los clásicos; una vida más libre, más grande, más gozosa y más racional que la que había presenciado la Edad Media. Petrarca y Boccaccio tuvieron hambre de ese tipo de vida que se les presentaba, aquello que proporcionaba objeto al rol de las emociones, al sentido de la hermosura, y a la actividad multiforme de la inteligencia humana.
Se indujo a los eruditos griegos para que se establecieran en Italia -hombres capaces de interpretar a los antiguos poetas y prosistas griegos-, Manuel Crisolaras (en Florencia, 1397-1400), Jorge de Trebizonda, Teodoro Gaza (de cuya Gramática griega enseñó Erasmo mientras estuvo en Inglaterra), Gemistos Plethon, un platonista distinguido bajo quien el platonismo cristiano recibió un impulso, y Juan Argyopoulos que fue maestro de Reuchlín. Los hombres del Renacimiento primitivo fueron sus discípulos.
§ 4. Su RELACIÓN ANTERIOR CON EL CRISTIANISMO
No hubo nada hostil al cristianismo ni a la iglesia medieval durante las primeras etapas de este avivamiento intelectual, y muy poco del neopaganismo que desarrolló más tarde. Permanecieron muchos de los instintos de la piedad medieval y sólo los objetos fueron cambiados. Petrarca reverenciaba los manuscritos de Homero, que no podía leer, como uno de sus antecesores pudo haber reverenciado el escapulario de un santo4. Los hombres del Renacimiento primitivo coleccionaban manuscritos e inscripciones, camafeos y monedas y los adoraban como si hubieran sido reliquias. La biblioteca de los Médicis se formó allá por los años 1450 Y la biblioteca del Vaticano en 1453, y empezó la era del apasionamiento por las colecciones. A esto siguió la era del escolasticismo y los estudiantes italianos empezaron a interpretar a los autores clásicos antiguos con un misticismo del todo propio. Trataron el medio de conciliar el pensamiento cristiano con la antigua filosofía pagana y, como Clemente de A1ejandría y Orígenes, lo descubrieron en el platonismo. Se fundaron las academias p1atónicas y el Cardenal Besarión, Marsilio Ficino y Pico de la Mirándo1a llegaron a ser los p1atonistas cristianos de Italia. Por supuesto que, en su entusiasmo, fueron demasiado lejos. Se apropiaron de toda la vida intelectual de la era pagana y adoptaron tanto su percepción ética como intelectual, su base de placeres sensoriales y su gozo en la vida de los sentidos. A pesar de ello su pensamiento principal era demostrar que tanto el helenismo como el judaísmo era un camino hacia el cristianismo y que tanto la Sibila como David eran testigos de Cristo.
El papado patrocinó el avivamiento de las letras y las artes y se colocó a la cabeza del movimiento de la vida intelectual. El Papa Nicolás V (1447-1455) fue el primer Obispo de Roma que auspició el Renacimiento y puede considerársele a él mismo como representante de la sinceridad, de la sencillez y de los propósitos elevados intelectuales y artísticos de su período primitivo. Nacido de una oscura familia perteneciente a Sazanza, un pequeño pueblo cerca de Spezia, y abandonado a sus propios recursos antes de haber llegado al completo desarrollo de la adolescencia, se elevó por sus propios talentos y carácter a la posición más encumbrada de la Iglesia. Fue preceptor privado, secretario, bibliotecario y, en medio de todo, un genuino amante de los libros. Era el único lujo personal que se permitía y quizás en sus días no hubo quien los conociera mejor que él. Fue el consejero confidencial de Lorenzo de Médicis cuando éste fundó su gran biblioteca de San Marcos de Florencia. Él fue quien comenzó la biblioteca del Vaticano. Tenía gente que rebuscaba en los monasterios de Europa y coleccionó las reliquias literarias que escaparon de la destrucción del saqueo de Constantinopla. Antes de morir, su biblioteca del Vaticano contenía más de cinco mil manuscritos. Se rodeó de un círculo de artistas y eruditos ilustres. Llenó a Roma de artesanos hábiles y artísticos, decoradores, joyeros, vitraleros y recamadores. El famoso León Alberti fue uno de sus arquitectos y Fra Angélico uno de sus artistas. Lorenzo Valla y Poggio Bracciolini, el Cardenal Bessarión y Jorge de Trebisonda fueron algunos de sus eruditos. El dirigió e inspiró su obra. Los ataques críticos de Valla sobre la donación de Constantino y sobre la tradición de que los doce habían dictado el Credo de los Apóstoles no le hicieron perder la confianza en el erudito. Los principales autores griegos fueron traducidos al latín por orden suya. Europa pudo ver cómo la teología, la erudición y el arte se apoyaban mutuamente bajo la dirección de la cabeza de la Iglesia. Quizás Julio II (1503-1513) tuvo un concepto más definido que el mismo Nicolás en cuanto a que uno de los deberes del jefe de la Iglesia consistía en asumir la dirección del movimiento intelectual y artístico que estaba ampliando el pensamiento de Europa -sólo que su energía inquieta nunca le permitió el tiempo necesario para llevar a efecto su pensamiento-. “La orden que dio el papa Julio II a Miguel Ángel de que lo representara como Moisés, puede tener una sola interpretación: que Julio se abrogaba la misión de guiar al pueblo de Israel (la iglesia) desde su estado de degradación y mostrarle -aunque él no pudiera concederle la posesión-, la tierra prometida aunque fuera de lejos, esa tierra bendita que consiste en el goce de los beneficios intelectuales más elevados y de la educación y consagración de todas las facultades de la mente del hombre para unirse con Dios".5

§ 3. Los HERMANOS DE LA VIDA COMÚN
Alemania y los Países Bajos se encontraron singularmente bien preparados para recibir el avivamiento de las letras, artes y ciencias que había llegado a Italia. Uno de los más grandes beneficios que los místicos de los siglos XIV y XV legaron a sus países respectivos, fue un excelente sistema de educación escolar. Gerardo de Groote, uno de los discípulos de Jan van Rysbroeck, el místico flamenco, después de largas consultas con su maestro, fundó una hermandad que llamó Los Hermanos de la Vida Común6, cuyo objetivo era mejorar las condiciones de sus semejantes por medio de la multiplicación de los buenos libros y la educación cuidadosa de la juventud. Sus componentes tenían que mantenerse copiando y vendiendo manuscritos. Todas las casas de los Hermanos tenían una pieza grande donde un número de escribientes, con un lector que repetía despaciosamente las palabras del manuscrito, escribían, y de ese modo, antes que se inventara la imprenta, los libros se multiplicaban lo más rápido que era posible. Los Hermanos equipaban sus propias bibliotecas con los mejores libros de la antigüedad cristiana y pagana. Multiplicaron el número de pequeños tratados que contenían la teología mística y práctica de Los Amigos de Dios y los hicieron circular entre el pueblo. Florencio Radevynszoon, íntimo seguidor de Groote, resultó ser un distinguido educacionista y las escuelas de la orden muy pronto llegaron a ser famosas. Los Hermanos, usando las mismas palabras de su fundador, emplearon la educación con el propósito de "crear pilares espirituales en el templo del Señor". Insistieron para que se estudiara la Vu1gata en sus clases; colocaron las traducciones alemanas de los autores cristianos en manos de sus discípulos; se esmeraron en hacerles conocer perfectamente el latín y leyeron junto con ellos las selecciones de los autores antiguos mejor conocidos; hasta les enseñaron un poco de griego; y sus discípulos aprendieron a cantar los himnos latinos más simples y más evangélicos.
La escuela madre estaba situada en Deventer, ciudad del rincón sudoeste del gran territorio episcopal de Utrecht que es ahora la provincia holandesa de Ober- Yessel. Está situada sobre la margen de ese brazo del Rin (el Yessel) que, corriendo hacia el norte se desliza después de pasar por Zutphen, Deventer y Zwolle y se pierde en el Zuyder Zee en Kampen. Gran número de los más distinguidos dirigentes del siglo XV debieron su educación primaria a esta famosa escuela de Deventer. Durante las últimas décadas del siglo XV el director fue Alejandro Hegio (Haage, 1433 -1498), que llegó a Deventer en 1471 y permaneció allí hasta su muerte7. La escuela alcanzó el apogeo de su fama bajo la dirección de este renombrado maestro quien reunió a su alrededor a 2.000 discípulos ---entre ellos se encontraban Erasmo, Conrado Mutti (Mutianus Rufus), Hermann van Busch, Johann Murmellius-, y rechazando los antiguos métodos de instrucción gramatical les enseñó las hermosuras de la lengua latina llevándolos directamente al estudio de los grandes escritores de la antigüedad clásica. Era un estudioso tan infatigable que se pasaba las noches despierto, según se dice, teniendo en su mano el candelero con el que se alumbraba, a fin de despertarse cuando éste cayera si llegaba a dormirse. La gloria de Deventer se marchitó junto con este gran maestro que mantuvo hasta el fin las antiguas tradiciones de la escuela mediante la máxima de que la ciencia sin piedad era más bien una maldición que una bendición.
Las otras famosas escuelas de los Hermanos durante la segunda mitad del siglo XV eran Schlettstadt8, en Elsass, a algunas millas de la ribera occidental del Rin y más o menos a la mitad de la distancia entre Estrasburgo y Basilea; Munster sobre el Ems, el monasterio de los tiempos primitivos de la Edad Media; Emmerich, un pueblo sobre el Rin cerca de los límites de Holanda, y Altmarck en el noroeste. Schlettistadt bajo la dirección de su maestro Ludwig Drigenberg, llegó casi a rivalizar en fama con la de Deventer, y muchos de los miembros bien conocidos del círculo de Estrasburgo que se reunían alrededor de Jacobo Wimpheling, Sebastián Brand y el Savonarola alemán, Juan Geiler von Keysersberg, habían sido discípulos de esta escuela. Además de estos establecimientos más famosos, las escuelas de los Hermanos se desparramaron por toda Alemania. Con frecuencia se llamó a los maestros los Roll-Brueder y tuvieron una escuela con este nombre en Magdeburgo a la que probablemente fue enviado Lutero cuando pasó un año en ese pueblo. Su obra fue tan penetrante y su enseñanza tan efectiva, que los cronistas que no tuvieron nada que ver con los Hermanos nos informan que, en muchas de las ciudades alemanas podían oírse a las muchachas cantando los himnos latinos más sencillos, y que los hijos de los artesanos podían conversar en latín.
§ 5. LAS UNIVERSIDADES ALEMANAS,

LAS ESCUELAS Y LA ILUSTRACIÓN
El anhelo de educación se desparramó por toda Alemania en el siglo xv. Los príncipes y los burgueses rivalizaban unos con otros para erigir centros de educación. En un término de ciento cincuenta años se fundaron no menos de diecisiete universidades nuevas. La de Praga, fundación bohemia, surgió en 1348. A ésta siguieron cuatro fundaciones alemanas: la de Viena en 1365 o 1384; la de Heidelberg en 1386; la de Colonia en 1388, y la de Erfurt, que fue establecida por la gente del pueblo en 1392. Durante el siglo XV se fundaron las de Leipzig, en 1409; la de Rostock, a orillas de lo que se llamaba el Mar del Este, casi opuesto al extremo sur de Suecia, en 1419; Cracovia, fundación polaca del año 1420; la de Greifswald en el año 1456; las de Friburgo y Tréveris en 1457; la de Basilea en 1460; la de Ingoldstadt, fundada con la intención específica de instruir a los estudiantes obedeciendo al papa, tarea realizada singularmente bien, en el año 1472; las de Tubingen y Maguncia en el año 1478; la de Wittenberg en 1502; la de Francfort-del-Oder en 15 07. La de Marburgo, la primera universidad de la Reforma, fue fundada en 1527. El hambre de saber se apoderó de la clase burguesa y los pueblos competían unos con otros para proveer escuelas superiores con maestros pagados de las rentas del pueblo. Algunos de los pueblos alemanes tenían varias de tales fundaciones. Breslau, "el paraíso de los estudiantes", tenía siete. Tampoco se descuidó la instrucción de las niñas. Francfort-del-Meno fundó una escuela superior para niñas a principios del siglo XV e insistió en que las maestras debían ser damas eruditas y no monjas9. Además de las aulas los pueblos proveían con frecuencia hosterías donde los muchachos pudieran tener habitación y algunas veces leña para el fuego (se esperaba que obtuvieran su comida mendigando por las calles del pueblo), y con frecuencia también hospitales donde los estudiantes eran atendidos durante sus enfermedades.10
Tales posibilidades de educación atrajeron a muchachos de todas partes del país, añadiendo una nueva clase de vagabundos a los que ya infestaban los caminos durante la última parte de la Edad Media. El estudiante vagabundo, con su bufanda amarilla al cuello, era un personaje típico de la época, frecuentemente de no muy buena reputación. Generalmente -era representado en tal carácter en las Fastnachtspíele, o en toscas comedias carnavalescas populares haciendo las veces de bribón y muy a menudo de ladrón. Niños de diez y doce años dejaban sus aldeas y, acompañados por un estudiante de mayor edad, asistían a alguna escuela famosa. Pero resultaba que muy a menudo tales estudiantes de mayor edad eran vagabundos, que apenas tenían un poco de conocimientos como para imponerse a los campesinos sencillotes a quienes les vendían amuletos contra el dolor de muelas u otras enfermedades. Muy a menudo, los niños jóvenes que les eran entregados por los confiados padres, eran maltratados de un modo muy severo, y los empleaban para mendigar o robar comida además de enviados con latas a recorrer las cantinas para recolectar cerveza. Los pequeños infortunados eran los prisioneros, los esclavos de sus desacreditados maestros, y muchos de ellos murieron junto a los caminos. No es de extrañarse que Lutero, con su memoria llena de tales estudiantes vagabundos, años después denunciara el sistema en que los hombres a veces empleaban "veinte y hasta cuarenta años" de una así llamada vida de estudiante que en muchas ocasiones no era nada más que una completa vagabundez y relajación, para llegar al final sin saber ni alemán ni latín, "sin decir nada", agrega con honrada indignación, "de la vergonzosa y viciosa vida en la cual nuestra digna juventud ha sido tan gravemente corrompida". Han llegado hasta nosotros dos o tres de las biografías de estos estudiantes errabundos; y dos de ellas, las de Tomás Platter y de Johann Butzbach pertenecen a la época de Lutero y presentan un cuadro realista de sus vidas.11
A Alemania no le faltaban escuelas y universidades, pero escasamente puede decirse que hayan servido para algo más que como preparación para la entrada del movimiento del Renacimiento. Durante el siglo XV todas las universidades se encontraban bajo la influencia de la Iglesia y el escolasticismo prescribía los métodos de estudio. Era muy poco lo que se permitía penetrar en ellas de los nuevos conocimientos. Es cierto que si se exceptúan Colonia e Ingolstadt, el escolasticismo que se enseñaba era lo que se suponía las opiniones más avanzadas -las de Juan Duns Escoto, Guillermo de Occam y Gabriel Biel, más bien que la erudición de Tomás de Aquino y otros grandes defensores de las tradiciones papales; pero se prestaba tan cabalmente como el antiguo escolasticismo a las discusiones de toda suerte, sutilezas verbales y lógicas. Toda clase de conocimientos se discutían bajo fórmulas y frases sancionadas por el continuado uso escolástico. Es imposible describir las distinciones minuciosas y los intrincados razonamientos basados en ellos sin exceder el espacio de que disponemos. Bástenos decir que el curso prevaleciente de estudios constituía un marco imponente sin mucho contenido sólido, siendo en realidad una gimnasia intelectual sin mayores conocimientos verdaderos. Todavía puede notarse esa supervivencia en la lógica formal que aun se enseña. La cantidad de ingenio desperdiciada para producir las figuras y los modos y para descubrir y ordenar todos los posibles modos bajo cada imagen y darles nombres mnemónicos: Bárbara, Celarent, Darii, Ferioque prioris, etc.-, permite apreciar en parte los métodos escolásticos empleados en estas universidades del siglo XV.
Luego debe recordarse que el escolasticismo tomó una forma cuasi eclesiástica. Las universidades eran todas instituciones monásticas, donde los profesores y los estudiantes eran célibes profesionales y aficionados, respectivamente. Los alumnos se reunían en hosterías en las que vivían con sus maestros y donde aprendían a considerarse superiores a las demás personas. Los estatutos de la Oxford medieval declaran que Dios creó a los "clérigos" con dones intelectuales que negaba a las personas meramente laicas; que era conveniente que los "clérigos" hicieran alarde de esta diferencia por su apariencia exterior y que los sastres de la universidad cuyo deber era hacer extrinsecus lo que Dios había hecho intrínsecus, debían ser considerados como miembros de la universidad. Esos estudiantes medievales asumían algunas veces aires que sublevaban a los laicos y que con frecuencia fueron motivo de tremendas trifulcas. Así en el año 1513 la gente del pueblo de Erfurt abolló a cañonazos los portones de la universidad y después que huyeron los profesores y estudiantes destruyeron casi todos los archivos y la biblioteca. Alrededor de la misma época, después de mofarse los ciudadanos de Viena del traje sagrado de los estudiantes estalló "la guerra latina" que literalmente devastó la ciudad. Este orgullo separatista entre clérigos y laicos, culminaba en la gran procesión anual en la que los nuevos graduados con sus capirotes ataviados con toda la gloria de su canto y capucha, insignias de su grado de bachiller o maestro, marchaban por las calles principales de la ciudad universitaria en medio de los dignatarios universitarios y acompañados frecuentemente por los magistrados cubiertos con sus mantos. El joven Lutero confesaba que cuando vio por primera vez la procesión en Erfurt pensó que no había posición sobre la tierra más envidiable que la de un graduado que recién conseguía su capirote.
La tradición eclesiástica medieval se cernía sobre todos los departamentos del saber; y la filosofía y la lógica, o lo que se consideraba como filosofía y lógica de Aristóteles, gobernaba esa tradición.
La reverencia por el nombre de Aristóteles tenía casi la forma de fervor religioso. En una Vida de Aristóteles, curiosa y medieval, se considera al antiguo pensador pagano como un precursor de Cristo. Todos los que no querían aceptar su dirección eran herejes y su plan formal de pensamiento se creía que justificaba los sofismas refinados de la dialéctica medieval. Su sistema de pensamiento era la defensa fortificada que preservaba lo antiguo y lo protegía contra las incursiones de la nueva ciencia. De allí la aversión que casi todos los humanistas alemanes parecen haber sentido por el nombre de Aristóteles. Las actitudes de los partidarios de lo antiguo y de lo nuevo hacia el antiguo pensador griego están representadas en dos cuadros; cada uno animado por los sentimientos de la época. En uno, dentro de la Iglesia Dominicana de Pisa, se representa a Aristóteles parado con Platón, el uno a la derecha y el otro a la izquierda respectivamente, de Tomás de Aquino, y los rayos que brotan de sus libros abiertos forman un halo alrededor de la cabeza del gran teólogo y pensador medieval. En el otro, un grabado en madera publicado por Hans Holbein el Menor, en 1527, se representa a Aristóteles con los doctores medievales descendiendo a las moradas de oscuridad mientras Jesucristo está parado en primer término señalando la verdadera luz a una multitud de personas, entre las que el artista ha hecho figurar a campesinos con sus mayales.
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