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Capitulo vi las revoluciones


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Un factor accidental que reforzaría el internacionalismo de 1830-1848, fue el exilio. La mayor parte de los militantes de las izquierdas continentales estuvieron expatriados durante algún tiempo, muchos durante décadas, reunidos en las relativamente escasas zonas de refugio o asilo: Francia, Suiza y bastante menos Inglaterra y Bélgica. (Las Américas estaban demasiado lejos para una emigración política temporal, aunque atrajeran a algunos). El mayor contingente de exiliados lo proporcionó la gran emigración polaca -entre cinco y seis mil personas(22) fugitivas de su país a causa de la derrota de 1831-, seguido del de la italiana y alemana (ambas reforzadas por importantes grupos de emigrados no políticos o comunidades de sus nacionalidades instaladas en otros países). Por los años 1840, una pequeña colonia de acaudalados intelectuales rusos habían asimilado las ideas revolucionarias occidentales en viajes de estudio por el extranjero o buscaban una atmósfera más cordial que la de las mazmorras o los trabajos forzados de Nicolás I. También se encontraban estudiantes y residentes acomodados de países pequeños o atrasados en las dos ciudades que formaban los soles culturales de la Europa oriental, Hispanoamérica y Levante: París primero y más tarde Viena.
En los centros de refugio los emigrados se organizaban, discutían, disputaban, se trataban y se denunciaban unos a otros, y planeaban la liberación de sus países o, entre tanto sonaba esa hora, la de otros pueblos. Los polacos y algo menos los italianos (el desterrado Garibaldi luchó por la libertad de diferentes países hispanoamericanos) llegaron a formar unidades internacionales de revolucionarios militantes. Ningún alzamiento o guerra de liberación en cualquier lugar de Europa, entre 1831 y 1871, estaría completo sin la presencia de su correspondiente contingente de técnicos o combatientes polacos; ni siquiera (se ha sostenido) el único alzamiento en armas durante el período cartista, en 1839. Pero no fueron los únicos. Un expatriado liberador de pueblos verdaderamente típico, Harro Harring -danés, según decía- combatió sucesivamente por Grecia, en 1821, por Polonia, en 1830-1831, como miembro de la , la , de Mazzini, y la más borrosa ; al otro lado del Océano, en la lucha por unos proyectados Estados Unidos de Hispanoamérica, y en Nueva York, antes de regresar a Europa para participar en la revolución de 1848; a pesar de lo cual, le quedó tiempo para escribir y publicar libros titulados Los pueblos, Gotas de sangre, Palabras de un hombre y Poesía de un escandinavo.(23)
Un destino común y un común ideal ligaba a aquellos expatriados y viajeros. La mayor parte de ellos se enfrentaban con los mismos problemas de pobreza y vigilancia policíaca, de correspondencia clandestina, espionaje y asechanzas de agentes provocadores. Como el fascismo en la década de 1930, el absolutismo en las de 1830 y 1840 confinaba a sus enemigos. Entonces, como un siglo después, el comunismo que trataba de explicar y hallar soluciones a la crisis social del mundo, atraía a los militantes y a los intelectuales meramente curiosos a su capital -París- añadiendo una nueva y grave fascinación a los encantos más ligeros de la ciudad ().(24) En aquellos centros de refugio los emigrados formaban esa provisional -pero con frecuencia permanente- comunidad del exilio, mientras planeaban la liberación de la humanidad. No siempre les gustaba o aprobaban lo que hacían los demás, pero los conocían y sabían que su destino era el mismo. Juntos preparaban la revolución europea, que se produciría -y fracasaría- en 1848.
Notas Capítulo VI
(1) Ludwig Boerne, GesammelteSchriften, III, páginas 130-131.

(2) Memoirs of Prince Metternich, III, pág. 468.

(3) Sólo en la práctica, con muchos más privilegios restringidos que en 1791.

* Traducción española, Guadarrama, 1969.



(4) Viena Verwaltungsarchiv, Polizeilhofstelle H 136/1834, passim.

(5) Estos eran: 1. Sufragio universal. 2. Voto por papeleta. 3. Igualdad de distritos electorales. 4. Pago a los miembros del parlamento. 5. Parlamentos anuales. 6. Abolición de la condición de propietarios para los candidatos.

(6) Para Grecia, véase también el cap. VII.

(7) Los ingleses se habían interesado por España gracias a los refugiados liberales españoles, con quienes mantuvieron contacto desde los años 1820. También el anticatolicismo británico influyó bastante en dar a la afición a las cosas de España -inmortalizada en La Biblia en España, de George Borrow, y el famoso Handbook of Spain, de Murray- un carácter anticarlista.

(8) Guizot: Of Democracy in Modern Societies, Londres, 1838, pág. 32.

(9) El más lúcido estudio de esta estrategia revolucionaria general está contenido en los artículos de Marx en la , durante la revolución de 1848.

(10) Exceptuando, claro está, a los esclavos del sur.

(11) M. L. Hansen: The Atlantic Migration, 1945, pág. 147.

(12) F. C. Mather: The Government and the Chartists, en A. Briggs, ed., Chartists Studies, 1959.

(13) Cf. Parliamentary Papers, XXXIV de 1834; respuestas a la pregunta 53, (), por ejemplo, Lambourn, Speen (Berks), Steeple Claydon (Bucks), Bonington (Glos), Evenley (Northants).

(14) R. Dautry: 1848 et la Deuxième République, 1848, página 80.

(15) St. Kieniewicz: La Pologne et l’Italie à l’époque du printemps des peuples, en La Pologne au Xe Congrès International Historique, 1955, pág. 245.

(16) Sin embargo, en algunas zonas de pequeña propiedad campesina, arrendamientos o aparcerías, como La Romaña o partes del Sudoeste de Alemania, el radicalismo de tipo mazziniano consiguió obtener bastante apoyo de las masas en 1848 y más tarde.

(17) D. Cantimori, en F. Fejtö, ed., The Opening of an Era: 1848, 1948, pág. 119.

(18) D.Read: Press and People, 1961, pág. 216.



(19) Irene Collins: Government and Newspaper Press in France, 1814-1881, 1959.

(20) Cf. E. J. Hobsbawm: Primitive Rebels, 1959, páginas 171-172; V. Volguine: Les ideés socialistes et communistes dans les sociétés secrètes, , II, 1954, págs. 10-37; A. B. Spitzer: The Revolutionary Theories of Auguste Blanqui, 1957, págs. 165-166.

(21) G. D. H. Cole y A. W. Filson: British Working Class Movements, , 1951, pág. 402.

(22) J. Zubrzycki: Emigration from Poland, , IV, 1952-1953, pág. 248.

(23) Harro Harring tuvo la mala suerte de suscitar la hostilidad de Marx, quien empleó algunas de sus formidables dotes para la inventiva satírica en ridiculizarle ante la posteridad en su Die Grossen Maenner des Exils (Marx-Engels: Werke, Berlín, 1960, vól. 8, págs. 292-298).

(24) Engels a Marx, 9 de marzo de 1847.
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