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Canberras detectados por la flota


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CANBERRAS DETECTADOS POR LA FLOTA

(Al 1ro de mayo 2012)


A la memoria del Ten Eduardo J. De Ibáñez y del 1er Ten Mario H. González, caídos por la Patria. Quiera, el Señor de los Ejércitos, reunirlos al Ten Al Curtis, que los derribó y también cayó en batalla y justificarlos en el cielo de los héroes.  Al Teniente Comandante Mike Brodwater, para confirmarle que su misil no dio en el blanco.
Relata: Comodoro®-(Capitán en Malvinas)- Eduardo García-Puebla. (Piloto). Colaboró: Comodoro ®-(1er.Teniente en Malvinas)- Jorge Segat. (Navegador)
El 2 de Abril fue inmensa nuestra sorpresa y alegría. Apenas recuperados del evento comenzamos entusiasmados nuestras elucubraciones de combate. Con el 1er. Teniente Marcelo Adolfo Siri (Navegador) nos "fabricamos" el vuelo de Canberra hacia la zona de operaciones con el objeto de comprobar distancias y resultados de bombas y espoletas en el agua. Esto trajo aparejadas "cargadas" por parte de varios oficiales; era obvio nuestro interés por estar a la brevedad en la zona recientemente recuperada. Realmente era como el irresistible canto de la sirena. Así lo hicimos, aterrizamos en la Base Aeronaval Trelew y fuimos recibidos con patriótica algarabía.

  Efectuamos varios vuelos en el mar siguiendo distintos patrones de bombardeo y otras prácticas para ganar experiencia que no teníamos. Como siempre SIRI dio muestras de sus excelentes aptitudes como navegador y bombardero, aunque comencé a notar que le aquejaban terribles dolores. Pese a sus esfuerzos por ocultarlos, en ocasiones se le escapaban conmovedores quejidos. (Tenía cáncer). Así esperábamos la hora del combate, pero la flota fue más lenta que su enfermedad. Iniciadas las operaciones y ocultando grandes sufrimientos, me pidió que lo llevara de cualquier manera hasta el avión y lo ayudara a atarse para poder ir al combate, a lo que no accedí ya que su aptitud física estaba marcadamente disminuida, el margen de supervivencia era nulo en caso de derribo y en el mejor de los casos su estado se agravaría. Lloró conmigo de impotencia, como el buen soldado que no puede defender lo suyo. Pocos meses después de finalizada la contienda, ya en conocimiento pleno de su enfermedad libró su última batalla con la misma voluntad de aquellos días. Es imperiosa la mención de estos antecedentes para valorizar la personalidad de este luchador. Vaya este pequeño homenaje para la "Lombriz" Siri y sus hijos, para que siempre sepan de su valor.

Ante la inminente llegada de la flota, constituimos las tripulaciones estables compatibilizando criterios de eficiencia, experiencia y afinidad. Durante el conflicto el 1er. Teniente Jorge Segat fue mi inseparable navegador. Por momentos nos sentíamos eufóricos y luego de investigar las capacidades del enemigo, evadíamos los análisis entregándonos a un campeonato de dardos, en el que el centro mosca era la imagen de la señora Thatcher. (Nada que ver con el vudú, solamente era una buena terapia). La espera era dura, me recordaba la imagen del padre frente a la sala de partos. La tensión creciente y el incremento de secreciones glandulares consecuentes produjo fenómenos extraños: el más fantástico fue que el "Gordo" Cardo (la mascota del grupo) adelgazara; otros que en sueños realizaran maniobras evasivas y se rompieron la cabeza contra el suelo; algunos no dormían; se les caía el cabello y así variadas alteraciones fuera de lo común. El olfato nos dijo que esto se iba alargando, por lo que con Segat, Sproviero y otros fanáticos nos dedicábamos, metódicamente, de noche y fuera de alerta, a hacer gimnasia. Hoy sé que fue importantísimo su efecto en nuestros posteriores vuelos nocturnos "casi a ciegas", donde pudimos ver cosas adivinando. Según los expertos esto fue probable solo por poseer condiciones psicofísicas muy buenas. Como sello identificatorio y por mi afición al karate y a las pesas me quedó el apelativo: "Musculito".

El 26 de Abril se llevó a cabo la difícil e infructuosa misión de tres Canberras a las Georgias. Agregando el paulatino avance de la flota, se multiplicaban en nosotros las ansias de "la lucha justa" y también el miedo, por supuesto. No el miedo instintivo, ingobernable, sino el temor lógico al futuro de los hijos sin padre, a perder el numeral que confía ciegamente en nuestra pericia, o a ser combativamente inferior al enemigo, o a equivocarse en las decisiones, o a no llegar al blanco, o bombardear propias tropas, etc.; y ¿por que no?, a dejar este cuerpo material que, malo o bueno, es nuestro y nos acompañó unos cuantos años. Fue posible vencer el obstáculo porque paulatinamente se nos fueron cayendo "los velos" y nos descubrimos a nosotros mismos. Supimos que amábamos la tierra de nuestros padres e hijos y que necesitábamos esencialmente del Principio y Fin de todas las cosas: Dios. No soy original en los conceptos, pero me despreocupa el serlo, la historia del hombre es una viva reiteración. Lo que sí me importa es rescatar algún valor que nos han prodigado estos jóvenes, fieles exponentes de la sociedad argentina que con sus pocos años y experiencias son educadores ejemplares de las cosas trascendentales. Ellos nos recuerdan que debemos ser el estandarte de la cultura Greco-Romana pura y no el apéndice putrefacto de la cultura del "dios oro". Los cómodos y descreídos enjuiciarán esas abstracciones como "quijotadas", "tonterías", "utopías","ideales perimidos", o como quieran llamarles, pero jamás podrán con ellos.

Cuatro horas del día 1° de Mayo. El Mayor Vivas, jefe del Escuadrón, golpeando las puertas de los alojamientos gritó:

  — ¡ Atacan Puerto Argentino ! — ¡ Arriba todo el mundo !

No quiero asegurarlo pero creo haber escuchado que alguno salió con una bota de vuelo dos números más chica y viceversa. Las dos escuadrillas de alerta se subieron a los aviones quedando encerrados y atados. A fuerza de ser claro, debo decir que la imposibilidad de mínimos movimientos produce diversas molestias en piernas, espalda, cuello, etc., que con el correr de las horas se hace dolorosa. A propósito de estos datos que he ilustrado fue que improvisamos una escuadrilla para relevar a los que llevaban largas horas en esa condición. Total era por un ratito... ¡ Error !... A breves minutos de reemplazarlos, llegó la primera orden fragmentaria que consistía en dos salidas de tres aviones con 30 minutos de intervalo.

Salió la primera escuadrilla: "Ruta". Integrada por el Capitán Nogueira como jefe, Capitán Sánchez, Navegador, Teniente Cooke - Capitán Lozano de N° 2 y Capitán Rodino- 1er. Teniente Dubroca de N° 3. Nuestro blanco eran lanchas y tropas de desembarco al norte de la isla Soledad. Cumplido el lapso preestablecido decolamos, como guía el Capitán Alberto Baigorrí con el Mayor Rodeyro, de numeral 2 el Teniente De Ibáñez con el 1er.Teniente Mario González y como numeral 3 quienes relatan. La estructuración de la Escuadrilla no fue azarosa sino que el guía debe ser el más experimentado, sucediéndole en aptitudes y comando el N° 3, que a su vez brinda protección defensivo-evasiva a todo el grupo (en este caso el N° 1 y 3 éramos jefe de escuadrilla titulares) y el numeral 2 que va colocado en el medio, es el piloto más "nuevo", que como tal debe ser cuidado. Ascendimos alrededor de 10.000 metros, para ahorrar combustible, iniciando el descenso próximos a la zona de captación radárica del enemigo, para no ser detectados. Un dato de interés es que el avión Canberra; produce en el radar un eco exactamente tres veces más grande que un avión tipo Mirage y se percibe desde el doble de distancia en iguales condiciones.

Bruscamente, por el alcance de las ondas de VHF (Radio) comenzamos a escuchar gritos entrecortados y luego más claros: 

 — ¡ Bien pibe, lo pusiste de traste, lo tumbaste !

Otro decía:

 — ¡ Me eyecto !

Otro:

- ¡ Me dieron. No puedo tenerlo. !Me voy a la isla!



Este último parecía ser el Capitán Nogueira (“Ruta”). Efectivamente lo era, por la poca visibilidad reinante, no vieron hasta estar demasiado cerca que el desembarco había sido rechazado y la flota había aproximado a la costa para proteger el repliegue. Así se encontraron con una pared defensiva entre ellos y el objetivo. Segundos más tarde vieron notables destellos que iluminaron dos fragatas y luego, como tomando forma de la nada, varios misiles de gran porte y color blanco que se orientaban hacia ellos. Milagrosamente, por haberlos visto salir, pudieron esquivarlos. Pasando dos de ellos entre los aviones. Se produjo entonces la ruptura (desprendimiento de los aviones) defensiva. Evidentemente varias andanadas de misiles salieron en su búsqueda, de los cuales uno detonó cerca de la puntera del ala izquierda del guía, volándola como si fuese de papel de cigarrillo. La proximidad al agua evitó el impacto directo pero la pérdida del control producida por la explosión convirtió al agua en un virtual enemigo, evitando por centímetros la fatal colisión. Recuperado el control, vio salir a su encuentro una sección de Harrier (PAC.) del portaaviones cosa que providencialmente lo hizo desistir de aterrizar en Puerto Argentino y le evitó correr la misma suerte que el Capitán García Cuerva (M-III que desgraciadamente fuera en esos momentos derribado por artillería propia, al no querer eyectarse y perder su avión).

  El navegador Capitán Sánchez al sentir el impacto dijo:

 — ¡ Me eyecto ! — ¡ No ! ¡ No ! ¡Para, quédate! (Le dijo Nogueira, el piloto).

Ante la propia limitación por avería del "Palito" Nogueira , para acelerar adecuadamente y evadir los interceptores ordenó a sus numerales regresar a la base, quedándose él como señuelo. El "Pájaro" Baigorrí y yo lo llamábamos para saber de su suerte. De ese enlace y otros que se oían dedujimos que la sombrilla aérea de M-III regresaba al continente por limitación de combustible, dejándonos sin protección. Y que el desembarco inglés se había suspendido.



  • ¿ Escuchaste Pájaro ? — ¡Sí, le voy a preguntar al "Palito" ! — “Ruta – Rifle”. (llamado de escuadrillas)…

Sin recibir respuesta. Seguimos el descenso…

Volábamos casi tocando el agua, el N° 1 dejaba un torbellino de espuma (Condensación) en el aire. Perforábamos lloviznas y nubes desgarradas. Ya ni nos acordábamos del temblor de las piernas; del baño turco, ni de las incomodidades del asiento. Observamos con Jorge, que desde su cubil era "todo ojos", que el número 2, De Ibáñez, se desplazaba algunos metros hacia arriba, seguramente para aliviar la terrible tensión extrema que provoca el volar tan bajo sin distinguir el agua, de la bruma y del horizonte. Considerando que aun estábamos lejos del blanco y de la escucha enemiga.

Lo llamé :

 — ¡ Rifle 2; baje!

Momentáneamente descendió, aunque con tendencia a subir, cada tanto reincidía y yo intentaba llamar su atención con toques de mi pulsador de radio, tratando de no hablar para no ser detectados y no delatar nuestra posición. Nuestro último punto de control había sido al encontrarnos a 300 kmts. del objetivo. Avanzábamos sospechando que las cosas habían cambiado en el área.

De pronto algo me hizo recordar que aun tenía algunas rebeldías escondidas con el Señor por la muerte temprana de mi hermana de ocho años, que me tocó vivir en un accidente automovilístico con la impotencia de verla morir en mis brazos. Buen motivo para orar, rezamos ambos, Jorge y yo, mientras pensaba que necesitaba de Dios una oportunidad para confesarme mejor y recibir una formal absolución por mi antigua falta de perdón y de cristiana resignación… Y ante la rudeza del vuelo bajo volvimos al ansia del combate…

Como los dos aviones de adelante, tenían espoletas que harían estallar sus bombas muy cerca mío, fui tomando la conveniente distancia para evitar sus esquirlas. En ese momento algo indescriptible me impulsó a mirar hacia la derecha, forzando la natural posición del asiento. No supe en ese instante que mecanismo o sentido me alertó, pero fue algo que se impuso fuertemente en mi pensamiento. Fue un “aviso interior”(3) muy imperioso y claro que me hizo estirar mis correajes de sujeción del asiento, inclinarme hacia adelante y mirar francamente hacia mi puntera de ala derecha…Así lo hice. Del vientre de una nube apareció un pequeño filete blanquecino con pasmosa velocidad (Misil Sidewinder AIM-9L, de procedencia norteamericana). Se dirigía paralelo a mi rumbo, hacia el numeral 1. Apenas esa imagen se grababa en mi retina ya estaba gritando con todas las fuerzas:

 — ¡ Pájaro (Sobrenombre del Jefe de escuadrilla), abrite, un misil. ! — ¡Ruptura! (Orden de rompimiento evasivo para la escuadrilla).

Simultáneamente, accioné violentamente los aceleradores a su tope máximo, todo el volante (y pedal) a la izquierda y atrás.

 — ¡ Jorge, lanzá bengalas y chaff, cada 15 segundos !

Pasé rozando el agua con mi ala izquierda, que se extiende a 10 metros de la cabina; pero sin sacar la vista del misil. El N° 1 giraba rápidamente hacia la derecha, lo que quizás provocó que el Sidewinder calórico, enganchara más francamente la estela caliente del numeral 2, sumado a que éste iba más alto y lejos de las microgotas que levantan las olas y que su trayectoria era aún lineal. O quizás este fuere su enganche inicial. Con desesperación grité:

 — ¡ Guarda el 2 ! ¡¡¡Guarda el 2 !!!!

— ¡Vire carajo!.

 — ¡ Dios !....

  Ya era tarde… no tuvo tiempo de evadirlo. Vi el misil tocar su motor derecho lo que provocó un aparente leve efecto local sin explosión violenta perceptible a la distancia pero sí la evidente destrucción progresiva del motor, delatada por un filete de humo, que luego se haría fuego. En este instante perdíamos de vista la acción por el brusco cambio de rumbo que implicaba que mi ala derecha obstruyera por completo la visión del avión averiado. Pero el Capitán Baigorrí por estar virando hacia ese lado (Derecho) pudo ver la eyección y los dos hongos de los paracaídas, como así la caída del avión al agua con llamas en el motor derecho. Nuestro pecho se apretó de angustia por el derribo y se conmovió instintivamente de esperanza después por la eyección. En realidad, dadas las circunstancias que corrían, que estábamos aun distantes de Malvinas y a muchas millas del continente, parecía ser que nuestros amigos no tenían salvación en la inmensidad del mar abierto. (Sin embargo, en una riesgosa navegación, el Buque de la Armada “Alférez Zobral" zarpó en su búsqueda, sufriendo un ataque de helicóptero que le produjo graves pérdidas de vidas humanas, incluyendo a su Capitán).

Realizando la mencionada maniobra el número 1 alcanzó a divisar la silueta oscura de un Sea Harrier que se invertía tratando de vernos, y que seguramente nos perdió en el radar y se lanzó a nuestra caza en forma visual. Por accidente la diferencia tecnológica momentáneamente se había achicado. Entraban en juego otros factores, habilidad, experiencia y por qué no, providencia. En eso Jorge me dijo:

 — ¡Eyectá los tanques de puntera loco!

Efectivamente con tanques nuestras posibilidades de evasión eran mínimas, ya que no deberíamos superar los 700 Km., por hora, con riesgo de desprenderse uno de ellos, provocando un impacto inevitable de la aeronave contra el agua al haber una cuantiosa resistencia diferencial en cada ala. Estiré la mano hacia el panel derecho para eyectarlos; pero la violencia de la maniobra, la turbulencia y la velocidad incrementaron las “fuerzas g” instantáneas (1), y el peso de mi brazo, al punto de escaparle dos veces al botón de disparo. Volábamos a 750 Km/h.acelerando y haciendo cada vez más fuerza de tríceps para adelante en los comandos para no dejar subir al avión que superaba sus límites de diseño estructural. En el tercer intento, acerté en el botón y por el exceso de velocidad salieron catapultados hacia atrás sendos "tips" (tanques alares de puntera) y el avión crujió y se aceleró en forma brusca como si lo hubiesen soltado de golpe. En ese instante, coincidente con el lanzamiento de bengalas, sentí otro golpe o estremecimiento en la cola. Afiebradamente –pensando que estaba averiado comprobé los comandos y le dije a Jorge: 



  • Pensé que nos habían dado pero anda todo bien. —

Luego llamé al Jefe de nuestra escuadrilla “Rifle”:

  • ¿ Pájaro, qué hacemos ?  —

 — "Volvemos individual". (Cada uno por su cuenta).

 — "Ojo que nos andan buscando". — "Eyectamos bombas de planos".

Realmente no tenía sentido seguir hacia el objetivo, detectados por los radares de la flota, con dos Harrier arriba y varios Km. que aún nos separaban de la isla. Con gran congoja, por ser nuestro elemento ofensivo, lanzamos las bombas exteriores inertes para poder acelerar aún más, a 900 km/h.

Mis ojos escudriñaban cada nube y cada chubasco y giraban de un lado a otro como el haz del radar. Sentía como la velocidad aumentaba y aparecían fuertes vibraciones en los comandos. Lógicamente el resto de atención que me quedaba estaba afectado a no embestir la cresta de las olas. Pero Jorge (Navegador) que no veía tanto hacia afuera, colaboraba con los instrumentos. Dijo:

 — ¡ Viejo ! ¡ Guarda la velocidad, que nos desarmamos !

Teníamos aproximadamente 940 km/h, siendo la máxima, por límites estructurales 850 km/h. Reduje aceleradores y me pegué más a la superficie del agua. A continuación de algunas maniobras evasivas colocamos rumbo general 330° a Trelew, mientras sacábamos cálculos de consumo, por no saber si llegábamos con el alto gasto que ocasionaban la poca altura y velocidad de nuestro vuelo. Era difícil de entender pero la inteligencia artificial de la tecnología parecía estar fallando contra nuestra pobre inteligencia humana (¿Quizás ayudada por la inteligencia sobrenatural?). Los segundos corrían y el golpe no llegaba…

— Che, parece que nos perdió. ¿Cómo le irá al "Pájaro"? 

Llamé:


—“ Pájaro – Cobra”(Mi indicativo ordinario de vuelo) ¿Cómo andas?

— “¡ Bien loco ! No me enganchó” — ¡ A mí tampoco Pichón !

En la penumbra del avanzado atardecer, me pareció ver buques grisáceos que cubrían toda la visual. Con tal velocidad y rasante, pronto estábamos en un encierro. -¡Estábamos rodeados por la flota!. Se me apretó el corazón.

 — ¡ Estamos rodeados, veo fragatas por todos lados, no tengo por donde pasar ! Si levantamos, nos bajan.

Aunque no había forma de distinguirlos estaban demasiado cerca del continente por lo que dedujimos eran de la Flota Argentina. Dada la forma de nuestra amenazante aparición eso no era ninguna garantía de supervivencia si no alcanzábamos a avisarles, pues con toda seguridad en sus pantallas veían acercarse a un agresor.

 — ¡Jorge, ¡urgente!, con la clave, llamá en la frecuencia de los "Navis", que son nuestros. Yo por las dudas miro afuera para tratar de esquivar si nos tiran algo.

Todo ocurría tan vertiginosamente que los sentidos parecían lentos y torpes.

 — ¡ “Lobo – Matienzo” ! (Llamada en clave).

Prontamente arreciaron las llamadas de distintos buques pidiendo autenticación. (Confirmación por medio de códigos especiales). Lo que quería decir que estaban a punto de tirarnos con todo. Con un poco de alivio hicimos enlace con la fragata "Ponderosa" o "Maravilla", no recuerdo bien, que nos recibió el informe adelantado y pedido de auxilio:

— “Escuadrilla Rifle, tres Canberra, fuimos interceptados por aviones Harrier a 100/150 millas náuticas por el radial 330 de Malvinas. Un Canberra derribado por misil aire-aire, dos tripulantes eyectados”. 



  • Recibido, enviamos el informe y para el rescate informamos al Aviso "Alférez Sobral". (Que en esta empresa fuera atacado).

Regresamos de noche junto con el "Palito" Nogueira, que por avería o falla de sus equipos de navegación, sumada a la falta de su puntera izquierda, venía casi sin combustible al aterrizaje. Toda la gente, Oficiales, Suboficiales y Civiles nos esperaba al bajar. Nos abrazaron y sufrieron silenciosamente por la caída de nuestros camaradas el 1er.Teniente Mario "Coquena" González y el Teniente "Pituso" De Ibáñez .De ahí me fui a la capilla de la Base de Trelew. Entré, estaba a oscuras. Lloré y Recé por los camaradas caídos y por mí alma que necesitaba de la misericordia de Dios. Y a medida que me acostumbraba a la penumbra me encontré con muchas siluetas que me acompañaban. Estábamos todos allí, pronto vino el auxilio espiritual en las manos y alma consagradas de nuestro santo sacerdote, el Padre Rauch (2). Asumimos nuestra pérdida, "Levantamos el guante" y comenzamos la espera con la "vela de las armas" para asestar nuestro "golpe de maza" (símbolo de nuestro escudo de combate). Luego de este traspié la F.A.S (Fuerza Aérea Sur) nos dejó varios días inactivos por considerar que nuestra lentitud con tanques de puntera colocados y la falta de repuestos para eyectarlos en todas las misiones, agregadas a las condiciones momentáneas de la batalla hacían excesivamente riesgosa nuestra operación. Estábamos "tascando el freno", cada camarada que caía era una espina clavada en el alma y un multiplicador de nuestra impotencia. Llegó el desembarco de San Carlos. Mientras se realizaban los primeros ataques de escuadrillas argentinas a la flota en la Bahía, organizábamos una salida de ocho Canberra con ocho bombas de 1.000 Ibs. cada uno, con una escolta de Mirage III, previamente coordinada. El Mayor Chevallier, a cargo del Escuadrón en ese momento, expuso la misión a la F.A.S. El bombardeo sería “de zona” o “de alfombra”, desde 15.000 mts. de altura, cubriendo un paño de terreno de 2.000 mts. por 2.000 mts., con 64.000 Ibs. de bombas (32.000 Kg.) para destruir o desmembrar la cabeza de playa. El sistema de puntería sería visual y/o con el apoyo del "amado radar de PuertoArgentino". Este sistema se utilizó en varias ocasiones logrando batir objetivos, consistiendo básicamente en calcular interpolando los vientos existentes desde el terreno hasta la altura de lanzamiento, compatibilizados con la trayectoria balística de la bomba y de esta forma obtener un punto de lanzamiento y a órdenes del radar todos descargar las bombas.

Las posibilidades de retorno eran estimadas en el 40%, pero la importancia del blanco hizo que la mayoría nos ofreciéramos como voluntarios. La iniciativa fue aparentemente bien recibida por la F.A.S. Alcanzaron a despegar tres aviones y nos ordenaron regresar al aterrizaje, quizás por haberse desperdigado la cabeza de playa, o por la alta posibilidad de derribo o por otras razones de comando que no llegaron a nuestro conocimiento. ¡Lástima! Probablemente yo no escribiera esto hoy, pero era “LA MISIÓN” hecha a nuestra justa medida. En mi humilde entender esta podría haber cambiado el curso de la guerra. Si bien no pudimos llevarla a cabo a partir de allí comenzamos a operar en las temidas (Entre las tropas enemigas) “misiones nocturnas” que nos ganó el apodo de "Murciélagos". Salidas que hacíamos en sus dos variantes: las rasantes, donde luchábamos contra la poca visibilidad, la meteorología, la tortuosa navegación, la peligrosa proximidad al agua y de apenas visibles obstáculos, y la dificultad de encontrar el blanco sin visores nocturnos. Naturalmente también debíamos batirnos contra las defensas del enemigo. Nuestra ventaja era la sorpresa, la ineficacia de los sistemas defensivos de gran alcance, el poco preaviso de los sistemas de defensa de corta y media distancia y la mayor precisión en el tiro dada la diversa orografía y puntos de referencia para encontrar el blanco.

Y las nocturnas “de altura” que nos facilitaban mucho la navegación, ahorrábamos combustible y podíamos cargar el doble, o triple de bombas. Si bien estábamos más expuestos a los misiles de fragatas, adquirimos la habilidad de evadir, por ser muy visibles de noche, los misiles de gran alcance. Como desventaja, la mayor era la falta de precisión de los lanzamientos comparados con las otras.

Así regresamos, penetramos las defensas del enemigo, a veces a velocidades irrisorias para cuidar el combustible y los escasos tanques de puntera y de ala, y los golpeamos muy duro.

Vale en ello, el testimonio del Teniente Lucero, que todos vimos en la filmación de la Fuerza Aérea al ser rescatado del agua por los ingleses. Por aquellos días se hallaba internado en un hospital de campaña en San Carlos, cuando a la media noche uno de nuestros ataques hizo temblar con sus bombas toda la zona lo que ocasionó su evacuación inmediata para recibir, según le manifestaban Médicos Ingleses, gran cantidad de heridos y muertos (Quizá más de los que reconocieron en toda la guerra). Un inglés le dijo:

— "Hubo mucha sangre hoy aquí"

Otro testimonio es el recogido por corresponsales extranjeros que indican que los bombardeos al Monte Kent (algunos relatados anteriormente) produjeron la destrucción de un vivac con tropas y gran cantidad de pertrechos bélicos, acopiados para la irrupción final a Puerto Argentino. La que aparentemente debió postergarse y derivó en el desembarco de Bahía Agradable, que como sabemos fue muy "desagradable" para ellos. Coincidentemente el Capitán Pastrán, piloto derribado de Canberra, fue interrogado insistentemente por la inteligencia enemiga sobre “el sistema que utilizábamos para apuntar con precisión y sin visibilidad”, ya que en dos ocasiones habíamos alcanzado el Puesto de Comando enemigo.

De las declaraciones recogidas informalmente de ex-prisioneros se corroboró el temor permanente de las tropas invasoras a los bombardeos nocturnos.

Pasado el tiempo llegó a mis manos una revista Air-Pictorial, donde se publica un artículo de George Baldwin, titulado: (“Operaciones de Sea Harrier en las Falklands”), donde entre otras cosas enuncia: (lo encerrado entre paréntesis es de mi pluma con fines esclarecedores) "Al atardecer (1°de mayo) tres Canberra argentinos fueron avistados cerca de la flota (Escuadrilla del Capitán Nogueira) con los radares de abordo y luego perdidos, pero el rumbo del alejamiento fue tomado por un piquete (helicóptero con radar asociado al de una fragata) y pasado a una PAC (Patrulla aérea de combate, los dos Harrier vistos por la escuadrilla “Ruta”). Prontamente salieron en su busca los Harrier, que poco después hicieron contacto con los Canberra argentinos con sus radares Blue Fox (persiguiendo a la escuadrilla ”Ruta”, casualmente dieron con nosotros que veníamos en trayectoria opuesta).

  Los Canberra volaban a 50 pies (Error de apreciación ya que volábamos a menor altura y por eso debieron acercarse mucho para enganchar sus misiles en nuestra estela calórica) y eyectaron sus bombas (Vale como síntesis, pero en realidad en ese instante eyectamos solamente los tanques de puntera). El Teniente Al Curtis, que después murió, disparó su Sidewinder y vio su blanco explotar (En verdad explotó el misil pero no el avión); presto buscó el último Canberra dañado por otro Sidewinder disparado por el Teniente Comandante Mike Brodwater. (Ese era supuestamente mi avión y justificaba aquel remezón que habíamos sentido en la cola durante la evasión. No nos derribó porque volábamos a dos metros del agua, por la ruptura oportuna y por el lanzamiento de bengalas –caseritas ellas nomás, pero eficaces, hechas en Trelew por nuestros técnicos-; aunque evidentemente detonó atrás de nuestro avión). Este avión escapó lo mismo que el otro Canberra. Pero se calcula que fue dañado y es improbable que haya regresado a la base (En carta mía dirigida a los nombrados destinatarios con todas las consideraciones antes escritas agregué que: “doy fe de que ¡ sí regresamos a nuestra base y que lanzamos con posterioridad varias toneladas de bombas sobre sus tropas!” ).

Con el correr de los año,(1998), siendo Jefe del Grupo Estudios de la Escuela de Aviación Militar, pude conocer, como visitante al Gral. del aire inglés H. Gavin Mackay, Comandante de la Escuela de Vuelo RAF (En Malvinas, 1982: Oficial de Operaciones Aéreas del portaviones HMS Hermes), quien luego de expresarnos su sincera admiración por los pilotos de la Fuerza Aérea Argentina, me comentó que el Cnel. o Comodoro (No recuerdo bien) Mike Brodwater, difícilmente entablara diálogo conmigo porque mi derribo era el justificativo para su condecoración en el Reino Unido.
Termino con el estribillo de la Canción del Bombardero: 

¡Aviadores, navegantes, día y noche con razón.

Bombarderos, volaremos, estelando hacia el sol !

En reconocimiento:

A los que entregaron su vida como ofrenda de redención a nuestra historia mancillada, honra de nuestro pueblo y gloria junto a Dios. Les pido a ellos que intercedan por nosotros y por la Patria olvidada.
Notas y llamadas aclaratorias:

(1)- Aumento de peso provocado por la aceleración de la gravedad, que recibe el nombre de "G". 1 “G” es igual al peso normal, a mayor número se debe calcular como múltiplo de la unidad. Tanto los cambios bruscos de dirección, como la fuerte turbulencia y la alta velocidad, generan fuerzas “G”, prolongadas o instantáneas, que combinadas pueden ser tan potentes y violentas, hasta romper el avión.

(2)- Un párrafo aparte merece nuestro Capellán Castrense, el Padre Guillermo Rauch, quien declinó alojarse en el casino de oficiales de Trelew (Base Almte Zar de la Armada, desde donde Operábamos ordinariamente), con nosotros, armando un improvisado dormitorio abajo del tanque de agua, junto a la Capilla, para que no le faltare confesión de emergencia a ningún piloto que saliera a combatir. Allí sufrió el frío del sur, las inclemencias del tiempo y la soledad del ermitaño. Era el buen pastor cuidando sus ovejas arriesgando su vida por ellas. Por su intermedio muchos retomaron la vida de gracia. Algo similar ocurría mientras, en el continente: el Padre Alberto Ezcurra, -un guerrero de Dios- visitaba nuestras familias en Paraná, dándoles apoyo espiritual y “agallas”, para que fueran nuestras mujeres las que nos alentaran y arengaran para ir al combate sin pensar en las providencias que afectarían a nuestros deudos por nuestro posible derribo.

(3)- Respecto a aquel “aviso interior”: Tengo mucho que decir. Parecía desmesurado, además de la implícita responsabilidad que conllevaba que Dios hubiese intervenido a favor de mi alma y a raíz de la petición de alguien que no le había sido tan fiel como merece el Padre de toda Bondad. Así por algún tiempo preferí evitar discernirlo demasiado; pero pasados los años entendí por muchas, abrumadoras coincidencias (Dios-cidencias), con convicción certera, que había sido la misma Virgen María la que había tocado mi hombro y hablado a mi “oído interior” para darme un inmerecido pero necesario rescate y obviamente, también para darme más trabajos en los tiempos por venir.







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