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Calle I # 202 esq. A línea El Vedado. Ciudad de la


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Calle I # 202 esq. A Línea

El Vedado. Ciudad de la

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FAX (537) 551937

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LA CALIDAD EN EL DESARROLLO PROFESIONAL.

AVANCES Y DESAFIOS 1

Dr. Ramón Syr Salas Perea, Escuela Nacional de Salud Pública, 2000.
Los retos de la educación superior para el Siglo XXI plantea la necesidad de un nuevo proceso educativo, fundamentado en los principios de excelencia, calidad y pertinencia. Las Escuelas y Facultades de Medicina de todo el mundo, en mayor o menor escala han iniciado ese trabajo, con una característica especial: la de integrar la educación a los procesos productivos y de los servicios.
Uno de los retos que se han planteado en muchos países en los últimos años lo representa la calidad de la formación y superación de los recursos humanos. Este proceso ha estado vinculado directamente a los cambios políticos, económicos y sociales que se han generado en los diferentes países, donde el desarrollo social, de la ciencia, la técnica, la práctica y la investigación, han obligado a aplicar -- no en el discurso, sino en la práctica efectiva – los conceptos de eficiencia, calidad y exigencia en los procesos educativos que realizan las universidades, cada vez más comprometidas y en interacción con la sociedad.
A partir de la Cumbre Mundial de Educación Médica celebrada en Edimburgo en 1993, se viene desarrollando un movimiento internacional para la búsqueda de un cambio articulado entre la educación médica, la práctica médica y la organización de salud, que posibilite la formación de un profesional que responda a las necesidades económico-sociales de sus respectivos países, pero a su vez sea capaz de enfrentar los retos científicos y tecnológicos que nos exige la próxima centuria, sobre la base de una cooperación e interrelación, tanto en los ámbitos nacionales como mundiales.
El desafío que hoy se abre es el de una Universidad que busca la creatividad y flexibilidad curricular, junto con su avance en la producción intelectual y científica de aplicación, tanto en la creación de conocimientos como en la producción y los servicios; por tanto una Universidad que establece relaciones con todos los sectores de la sociedad y con los distintos contextos socio-culturales del territorio, provincia, nación y con otros países, tanto de forma regional como mundial.
La excelencia académica constituye uno de los elementos de mayor importancia y controversia en la educación superior contemporánea; pues su determinación se encuentra estrechamente vinculada a los procesos de la evaluación curricular y la acreditación académica de las Universidades.
La calidad académica no es una abstracción, sino un referente social e institucional y sus resultados tienen que ser analizados, no sólo en términos cognoscitivos y conductuales, sino en cuanto a la producción intelectual y científica, y cómo dan respuestas las universidades, a las necesidades planteadas por el encargo social (1).

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Reproducido de: Educ Med Sup 2000;13(1):41-50.
La educación médica no es un espejo que reproduce mecánicamente el mundo del mercado de trabajo. Es un proceso de formación cultural, moral y ética que se interrelaciona e imbrica con la ideología, la ciencia, el arte y las tecnologías médicas de la sociedad en que se desarrolla (2). Y es de ahí que, el criterio de calidad educacional se define en este contexto, en términos de pertinencia social, calidad curricular y buen desempeño profesional.
Es mensurable tanto en la actividad puramente académica, como en la producción científica y tecnológica, así como en la actuación profesional de sus egresados en los propios servicios de salud, durante toda su vida laboral activa.
Kent (3) define cuatro conceptos diferentes de la calidad, así tenemos:


  • Como lo excepcional, que ha sido el concepto académico tradicional.

  • En la consistencia de un producto, que es la conceptualización propia de la producción industrial.

  • En el cumplimiento de una misión, que es el concepto gerencial, que se enmarca en el análisis de la eficiencia y eficacia del cumplimiento de una tarea o misión.

  • En la satisfacción de las necesidades del usuario, que es el que se emplea en el mercado.

  • En la transformación del hombre, que es el concepto educacional o pedagógico contemporáneo de formación de los individuos y grupos sociales.


La modernización de la Universidad enfrenta cuatro retos fundamentales:


  • Equidad, calidad y eficiencia

  • Flexibilidad curricular, pertinencia social e investigación profesoral y estudiantil.

  • Inserción, interacción y compromiso social de la Universidad con el país.

  • Modernización y descentralización de los procesos académicos-adminis-trativos.

Las variables del contexto general y particular que potencian la dinámica de la Universidad hacia el Siglo XXI podrían resumirse en:




  • Internacionalización de la producción y globalización del conocimiento.

  • Desarrollo tecnológico (cambios acelerados en las tecnologías).

  • Nuevos paradigmas pedagógicos para la enseñanza.

  • Nuevos paradigmas administrativos y productivos.

Uno de los fenómenos más característicos de esta época es la aparición de la “globalización”, que modifica el paradigma de las relaciones interestatales ahora vigente. Este concepto no se limita al aspecto puramente económico; en realidad en un proceso multidimensional que comprende los aspectos vinculados con la economía, las finanzas, la ciencia y la tecnología, las comunicaciones, la educación, la cultura, la política, etc. (4). A su vez, los avances tecnológicos están modificando profundamente la naturaleza de la actividad productiva.


Frente a los procesos de globalización, los Estados necesitan nuevos enfoques y políticas lúcidas para fortalecer su capacidad de negociación, fomentar su competitividad y mejorar su inserción en la economía internacional. Este es un reto que las instituciones de la Educación Superior tienen también que asumir, como un imperativo de la época, y contribuir a la formulación de estas políticas.
Uno de los elementos claves para reinsertarnos favorablemente en una economía mundial abierta radica en el mejoramiento sustancial de nuestra competitividad. Competitividad implica (4) conocimiento, tecnología, manejo de información, destrezas; significa elevar la calidad de nuestros sistemas educativos y la preparación de nuestros recursos humanos de alto nivel. Competitividad significa incorporar el progreso técnico a la actividad productiva y de los servicios. Hoy en día, como lo advierten los analistas, no sólo compiten los aparatos económicos sino también las condiciones sociales, los sistemas educativos y las políticas de desarrollo científico y tecnológico. En realidad es la sociedad en su conjunto, el país mismo, quien compite y no sólo el sector empresarial.
Pero la ciencia no nace por generación espontánea. Sus raíces se hunden en la existencia de un sistema educativo de alta calidad, cuyos métodos didácticos activos estimulen la innovación, la creatividad y el espíritu de indagación en los educandos.
Es por ello que la educación no puede ser considerada bajo ningún concepto como un “gasto”, pues está llamada a constituirse en la inversión prioritaria de nuestros países en desarrollo. En nuestros países, las Universidades constituyen la columna vertebral del subsistema científico-tecnológico, y por eso a ellas les corresponde estimular el espíritu creativo y la investigación científica, que representa el punto de partida de todo esfuerzo de mejoramiento científico-tecnológico.
En tal sentido la reforma académica en las instituciones de la Educación Superior está direccionada hacia una universidad abierta, centrada en la estrategia de la educación permanente, donde se combinen estudios presenciales, semipresenciales y a distancia. De ahí que el verdadero reto esté en cómo “cambiar” la universidad tradicional por una universidad abierta e interactuante, creativa e interviniente en los procesos sociales.
La Universidad debe asumir, por sobre todo, su función fundamental como productora de conocimientos, y responsabilizada con la educación posgraduada; y como se encuentra ante una situación competitiva, se hace necesario responder con productividad, eficiencia y eficacia ante estos retos contemporáneos.
Debemos hacer esfuerzos conjugados para evitar que se imponga la “calidad” como expediente retórico sin consideración alguna sobre su fundamentación real. Si a ésta la definimos en términos de una labor educativa, debe consecuentemente cumplirse en dos instancias (5), la de la enseñanza, de jerarquía profesoral, a través de la cual el docente orienta y reorienta el desarrollo intelectual del educando y, la otra, la del aprendizaje, de categorización estudiantil, que facilitando la motivación del joven, hace que éste crezca y se desarrolle personal y socialmente, mediante actitudes, destrezas, valores y conocimientos que lo conviertan en un ciudadano educado, útil y solidario.
El proceso educativo del educando como sujeto se asienta en momentos claves de su desarrollo expresados por el “aprender a aprender”, “aprender a ser”, “aprender a actuar y a hacer”, “aprender a convivir”, “aprender a cooperar y ser solidario”, “aprender a emprender”, etc. La calidad de la educación es en último término, el propio sujeto educativo, es la propia persona, es el propio ser humano con sus capacidades, convicciones, sentimientos y potencialidades desplegadas en razón de su vida y responsabilidades personal y social (6).
En el contexto específico de la Universidad se han identificado tres desafíos como los más importantes (7): viabilidad, equidad y excelencia. La viabilidad es el conjunto de los procesos económicos (gestión) que inciden directamente en la posibilidad de asumir plenamente las funciones y responsabilidades universitarias; es decir la posibilidad de controlar la complejidad de los procesos implicados en la vida universitaria, sobre la base de nuestras propias políticas y planes de desarrollo. La equidad no es más que la posibilidad que deben tener todos los sectores de la población a acceder a la Universidad, aunque siempre en correspondencia con sus capacidades y posibilidades reales.
La calidad de la educación precisa de tres procesos: el desarrollo de una gestión académica eficaz y eficiente; la capacidad de autoevaluar permanentemente la calidad de la enseñanza impartida; se requiere del intercambio y la cooperación entre las universidades, tanto nacional como internacionalmente.
La calidad no debe ser planteada solamente en términos cognoscitivos, sino que debe medirse también en términos de respuestas a las necesidades de la sociedad en las que están inmersas las instituciones (1). La calidad no es sólo una resultante que se da bajo determinadas circunstancias, sino que debe considerarse válidamente, también, como un grado de desarrollo del proceso universitario.
El concepto de calidad en la educación superior puede analizarse de múltiples y variadas formas. Se constituye en el elemento central del proceso de gestión universitaria de estos tiempos. Debe contemplar (8): la formación del profesional, la educación posgraduada, la investigación científica y tecnológica, así como la extensión universitaria. Por otra parte no pueden dejar de considerarse en este proceso, la evaluación y acreditación institucionales. Es necesaria la conciliación de los componentes teórico-cognoscitivos y práctico-profesional con la formación de valores, en el ámbito de la pedagogía contemporánea, privilegiando el aprendizaje participativo, las técnicas de trabajo en grupos, así como los procedimientos lúdicos de formación activa: aprender haciendo, resolviendo problemas profesionales, preparando al hombre para la vida.
La educación reproduce y construye valores, conocimientos, habilidades profesionales y cultura, dando a la sociedad una dimensión histórica en correspondencia con la sociedad en que se desarrolla. O sea que, no se puede pensar en calidad de la educación superior como un fin en sí, disociado de la inserción concreta de la institución universitaria en un determinado contexto social. Esa vinculación necesaria entre calidad y pertinencia es uno de los presupuestos fundamentales para el abordaje de esta temática, cuyo instrumento de afiliación para ambas dimensiones debe ser un proceso de evaluación institucional, orientado hacia un triple objetivo: mejorar la calidad de la educación superior, mejorar la gestión universitaria y rendir cuentas a la sociedad. Será pertinente si responde adecuada y creativamente a todos estos retos.
Otros Desafíos:
Por otra parte, el desarrollo científico y tecnológico contemporáneo nos enfrenta a otros desafíos; entre los cuales tenemos (9):


  • Rapidez en la obsolescencia de los conocimientos: El profesional a egresar de las aulas universitarias tendrá que renovar, durante su vida laboral, más de una vez su arsenal de conocimiento y habilidades.

  • Velocidad en la aparición de nuevos conocimientos y tecnologías: Es necesario que el profesional haya aprendido a obtener nuevos conocimientos, y sea capaz de generar nuevas tecnologías.

  • Globalización: Por lo que tenemos que compatibilizar la visión local e internacional de los problemas a solucionar y desarrollar las metodologías que correspondan.

Para enfrentarlos se requiere de: Información, intercambio y actividad investigativa. Hay que identificar a la Investigación como un componente esencial de la calidad en salud.


En consecuencia se hacen indispensables en la Educación Médica Superior profundos cambios cualitativos para el logro de estos objetivos sociales de renovación estructural, flexible, democrática y funcional, fundamentados en:


  • Profundizar significativamente en el mejoramiento de la calidad y pertinencia de los currícula, vinculando su desarrollo al sistema científico y tecnológico y a las estrategias pedagógicas y comunicativas modernas.

  • Avanzar en la modernización de la Universidad mejorando su capacidad de gestión, promoviendo alianzas estratégicas con otras universidades a nivel nacional, regional y mundial.

  • Ampliar y diversificar la oferta educativa para atender un mayor número de usuarios en las modalidades presencial, semipresencial y la educación a distancia o desescolarizada.

La Universidad Médica tiene que redimensionarse desde un nuevo posicionamiento, que vincule su accionar interno (el diseño y organización curricular, sistema de evaluación, desarrollo profesoral, sistema de ingresos, entre otros), con su accionar externo, incrementando su compromiso institucional con la sociedad, materializado en la integración con los servicios, la participación activa de profesores y educandos en el trabajo, tanto en la identificación de los problemas de la comunidad como en la solución de los mismos (10).


Esta interacción requiere, en primer orden del compromiso y la decisión de las instituciones y sus dirigentes, así como una alta motivación y concientización de los objetivos comunes a alcanzar. En segundo lugar, es necesaria la creación de espacios comunes de interacción intra y extramuros. Se necesita la decisión política de priorizar la educación y la salud de la población e integrar la docencia, los servicios y la investigación de forma tal, que nos permita garantizar la calidad de la práctica médica y de la educación médica (11).
La calidad de la formación y superación de los recursos humanos de la salud está en estrecha interrelación con la calidad de los servicios de salud, ya que nuestros procesos educacionales se fundamentan en la interacción de dos principios de la educación superior cubana: la combinación de la teoría con la práctica y del estudio-trabajo, que en nuestro caso se materializan en la educación en el trabajo, eje y fundamento de todos nuestros procesos educacionales.
La calidad de nuestros procesos educacionales poseen cuatro dimensiones esenciales, estrechamente interrelacionados, que son (12):


  • Dimensión técnico-profesional, que se basa en la competencia y el desempeño profesionales del claustro.

  • Dimensión interpersonal, fundamentada en la comunicación e interrelaciones de los integrantes del equipo de salud o grupo básico de trabajo, que es la célula organizacional del servicio, que desarrolla y ejecuta las diferentes acciones, y que son la base del enfoque multiprofesional e interdisciplinario.

  • Dimensión ambiental, que comprende las facilidades, los recursos materiales y los aspectos de dirección con que cuenta el servicio para desarrollar los procesos docentes, atencionales e investigativos, y

  • Dimensión social, que comprende la interacción del grupo básico de trabajo o equipo de salud con el individuo, la familia y la comunidad y su resultante.


La integración docente, atencional e investigativa es un proceso de interacciones entre profesores y educandos, que se desarrolla en los propios servicios de salud y con la sociedad. La Universidad asume sus responsabilidades atencionales y lidera la investigación en función de contribuir a la satisfacción de las necesidades de la población. La integración requiere del diálogo, la concertación y la negociación entre todos los factores comprometidos con el estado de salud de la población; debiendo ser la Universidad la institución catalizadora y promotora del proceso.
La sociedad contemporánea requiere de cambios cualitativos en el sistema de salud, a fin de incrementar la satisfacción de las necesidades de la población y de la comunidad, mediante el empleo óptimo de los recursos humanos y materiales existentes. Ello nos plantea la necesidad de promover la formación de un nuevo profesional y especialista. Este nuevo profesional tiene que ser capaz de desarrollar, al menos, las funciones esenciales siguientes (13,14):



  • Promover saludables estilos de vida, al desarrollar sus habilidades comunicativas con los individuos y los grupos sociales.

  • Considere en su accionar las necesidades de salud y las expectativas de los individuos y la comunidad.

  • Brindar atención médica de calidad dirigida a satisfacer las necesidades del individuo, la familia y la comunidad.

  • Desarrolle nuevas prácticas que posibiliten su trabajo en equipos multiprofesionales y multidisciplinarios, asumiendo las tareas de gestión que le corresponden.

  • Garantizar la relación costo-efecto, al tomar decisiones que aseguren el empleo óptimo de los recursos, considerando las implicaciones éticas y financieras en beneficio del paciente.

Debemos significar cómo recientes investigaciones publicadas por el Banco Mundial otorgan creciente importancia y necesidad al incremento de la calidad de la enseñanza y la investigación a fin de (15):




  • Mejorar la preparación del personal docente,

  • innovar en la enseñanza, la organización y el contenido de los programas de estudio y de los métodos de evaluación del desempeño de los estudiantes,

  • aumentar la calidad de los establecimientos educacionales,

  • perfeccionar los exámenes y los procedimientos de selección e ingreso,

  • establecer sistemas de acreditación y de evaluación del desempeño profesional, y

  • aumentar la productividad y la calidad de la superación postgraduada.

En Cuba, la acreditación de las instituciones, la evaluación de la competencia y el desempeño profesional, los procesos de superación posgraduada y el establecimiento del sistema de créditos académicos en el posgrado, constituyen los pilares fundamentales que sustenta el desarrollo de la calidad de los recursos humanos, lo que repercute directamente en la calidad de los servicios que se brindan a la población y de los procesos educacionales (16).


La acreditación de las instituciones y unidades docentes es un proceso evaluativo del cumplimiento de los indicadores de calidad, que permite certificar públicamente que una institución posee los requerimientos mínimos establecidos para desarrollar con eficiencia un proceso de formación académica y de superación profesional. Este proceso continuo --de acreditación y reacreditación-- permite garantizar la calidad de los procesos docente-atencionales y propicia el desarrollo cualitativo institucional.
Es un proceso continuo y sistemático de autoevaluación y evaluación externa, que se rige por criterios basados en el juicio que se emite sobre una institución, a la luz de los objetivos propuestos. Este proceso permite garantizar la calidad e integridad de los procesos de formación y superación de los recursos humanos. La acreditación de una institución para desarrollar un programa de formación o de posgrado puede ser revocada en cualquier momento. Debemos tener presente que, la acreditación docente no tiene por objetivo sancionar ni retirarle las funciones a ninguna institución académica o servicios de salud; sino erigirse en el mecanismo de control del nivel de calidad requerido para el desarrollo de los procesos educacionales: un fin de búsqueda de la excelencia académica.
La calidad de un servicio de salud, parte del nivel de competencia y desempeño de sus trabajadores en el cumplimiento de sus funciones laborales y sociales. La competencia de los trabajadores de la salud consiste en los conocimientos, las habilidades, actitudes, valores, destrezas y juicios necesarios, así como su organización, retención y empleo en la práctica social, a fin de dispensar servicios de salud pertinentes, seguros y oportunos a la población (17).
La educación y formación profesional, independientemente de su duración, no garantiza un ejercicio profesional idóneo indefinidamente. Prepara sólo para comenzar una vida profesional y aporta los cimientos para poder continuar la educación permanente, durante el resto de su vida. Sin superación profesional permanente, la competencia profesional decrece progresiva e inexorablemente.
El desempeño profesional es el comportamiento o conducta real de los trabajadores, tanto en el orden profesional y técnico, como en las relaciones interpersonales que se crean en la atención del proceso de salud / enfermedad de la población y comprende la pericia técnica y la motivación del personal, así como sus valores humanos y éticos.
Todos estamos de acuerdo en que los conocimientos científicos y tecnológicos, en el mundo contemporáneo en que vivimos, se hacen obsoletos con gran rapidez y que desgraciadamente no todos somos conscientes de la necesidad de mantener una búsqueda activa y permanente de la superación profesional que requerimos para poder garantizar la calidad de nuestros procesos educacionales y de la atención médica que brindamos a la población.
Esta concepción de la calidad del desempeño, unida e integrada a la calidad de los servicios, nos lleva a postular la evaluación de la competencia y el desempeño profesional como un proceso continuo de evaluación de la calidad de la atención en salud, que rompe los marcos puramente académicos, y la vincula con la responsabilidad y el compromiso social, como respuesta a las necesidades de la población; en un proceso activo y participativo de problematización constante, que dirige las acciones a desarrollar en los procesos permanentes de superación profesional.
La superación profesional constituye un conjunto de procesos educacionales que posibilitan a los graduados universitarios la adquisición y perfeccionamiento continuo de los conocimientos y habilidades requeridos para un mejor desempeño en sus responsabilidades y funciones laborales (18). Es un componente clave de los sistemas de salud para poder asegurar la calidad y la pertinencia de sus acciones. Muchos programas de educación continua no producen los cambios esperados, en parte por deficiencias del personal docente, especialmente en relación con los aspectos pedagógicos y de tecnología educacional. Tecnología significa esencialmente conocimiento aplicado a la solución de problemas prácticos. Así tenemos que, la formulación de los objetivos del aprendizaje y los métodos empleados, no responden ni garantizan el desempeño que se espera del trabajador, y los programas reflejan más la disciplina e interés del docente, que las necesidades educacionales del personal y del propio sistema de salud (19).
El crédito académico constituye la unidad de medida que expresa el grado de profundidad y extensión de los contenidos previstos en un programa de estudio del sistema de superación de posgrado, y se obtiene mediante una evaluación rigurosa que cada programa define de acuerdo con sus objetivos a alcanzar. A su vez también incluye las actividades que indican el desarrollo profesional así como la producción científica de los profesionales que laboran en el Sistema Nacional de Salud. La superación profesional de nuestro personal constituye la herramienta insustituible para mantener y superar el nivel de desarrollo alcanzado en los recursos humanos de que disponemos.
El sistema de créditos académicos posibilita plasmar y organizar mejor nuestras posibilidades, en la búsqueda de la mayor excelencia posible en la calidad de la superación profesional, a la vez que motiva y estimula dicha superación permanente en los recursos humanos en salud. Permite, a su vez, interrelacionar las diferentes variantes de la formación académica del posgrado y de la superación profesional, de forma escalonada y progresiva.
Nuestras Facultades y Escuelas de Medicina, Enfermería y Estomatología tienen que aceptar los retos que el mundo actual nos hace en las puertas del próximo milenio. La Universidad tiene que asumir estos desafíos y compromisos, o tendrá que abandonar sus responsabilidades con la sociedad y entonces vendrán otras instituciones ajenas que las desarrollarán.
El claustro profesoral y sus directivos tienen que asumir su papel, a fin de garantizar la calidad del proceso universitario, sobra la base de la equidad y pertinencia social.
Hay que escoger, como dijera Jorge Ricardo Massetti: “Situarnos en el mundo de los que luchan o en el mundo de los que lloran” (20).
REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS


  1. Albornoz O. La calidad de la Educación Superior. La cuestión de la productividad, rendimiento y competitividad académica del personal docente y de investigación en América Latina y el Caribe. Documento de Trabajo Comisión 2. Conferencia Regional sobre Políticas y Estrategias para la Transformación de la Educación Superior en América Latina y el Caribe. CRESALC, UNESCO, MES. La Habana, Noviembre 1996.

  2. Organización Panamericana de la Salud. Gestión de Calidad en la Educación Médica. Una propuesta de evaluación total. Documento de Trabajo. División de Recursos Humanos, Washington: Organización Panamericana de la Salud, 1994.

  3. Kent R. Evaluación y Acreditación en la Educación Superior Latinoamericana. Razones, logros, desafíos y propuestas. Documento de Trabajo Comisión 2. Conferencia Regional sobre Políticas y Estrategias para la Transformación de la Educación Superior en América Latina y el Caribe. CRESALC, UNESCO, MES. La Habana, Noviembre 1996.

  4. Tünnermann C. Conferencia Introductoria. Conferencia Regional sobre Políticas y Estrategias para la Transformación de la Educación Superior en América Latina y el Caribe. CRESALC, UNESCO, MES. La Habana, Noviembre 1996.

  5. Acosta E. Educación hacia la búsqueda de su calidad. Tema Libre. Conferencia Regional sobre Políticas y Estrategias para la Transformación de la Educación Superior en América Latina y el Caribe. CRESALC, UNESCO, MES. La Habana, Noviembre 1996.

  6. Arrién JB. Calidad y Acreditación: exigencias a la universidad. Documento de Trabajo Comisión 2. Conferencia Regional sobre Políticas y Estrategias para la Transformación de la Educación Superior en América Latina y el Caribe. CRESALC, UNESCO, MES. La Habana, Noviembre 1996.

  7. Morales E. Calidad de la Educación Superior. Tema Libre. Conferencia Regional sobre Políticas y Estrategias para la Transformación de la Educación Superior en América Latina y el Caribe. CRESALC, UNESCO, MES. La Habana, Noviembre 1996.

  8. Benitez F et al. Calidad de la Educación Superior Cubana. Documento de Trabajo Comisión 2. Conferencia Regional sobre Políticas y Estrategias para la Transformación de la Educación Superior en América Latina y el Caribe. CRESALC, UNESCO, MES. La Habana, Noviembre 1996.

  9. Lage A. Desafíos del Desarrollo. Innovación, Ciencia y Desarrollo, 1995; 1 (1): 5-15.

  10. Salas-Perea RS, Hatim A, Rey R. Sistema de Monitoreo y Control de Calidad de la Competencia y el Desempeño Profesional. Educ Med Sup, 1997; 11 (1): 17-30.

  11. Jardines JB, Diego JM, Clavijo A, Salas-Perea RS, Aneiros-Riba R. Avances en la Profesión y Educación Médica en Cuba. Ponencia. En: Cumbre Mundial de Educación Médica, Edimburgo, Agosto 1993.

  12. Salas-Perea RS. Educación en Salud: Competencia y Desempeño Profesionales. La Habana: Editorial Ciencias Médicas (en imprenta).

  13. Boelen C. Los médicos de “primera línea” del futuro. Salud Mundial 47º, Alo Nº 5, Septiembre-Octubre 1994.

  14. Boelen C. Medical Education Reforms: The need for Global Action. Academic Medicine, 1992; 67 (11): 745-749.

  15. Banco Mundial. La Enseñanza Superior. Las lecciones derivadas de la experiencia. Washington: Banco Mundial, 1995: 1-16.

  16. Cuba. Ministerio de Salud Pública. Plan de Acción para incrementar la calidad de los recursos humanos en salud. Anexo Resolución Ministerial Nº 142, 1996.

  17. Kane MT. The Assessment of Professional Competence. Evaluation and The Health Professions, 1992; 15 (2): 163-182.

  18. Cuba, Ministerio de Educación Superior. Reglamento de la Educación de Posgrado de la República de Cuba. EMPSES, 1996.

  19. Mejía A. Educación Contínua. Educ Med Salud, 1986; 20 (1): 43-69.

  20. Massetti JR. Citado por Lage A. Desafío del desarrollo. Innovación, Ciencia y Desarrollo, 1995; 1 (1): 15.





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