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Cada cristiano debe tener en cuenta y aplicarlo a sí mismo: "Sólo quien escucha la Palabra puede llegar a ser anunciador"


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Cada cristiano debe tener en cuenta y aplicarlo a sí mismo: "Sólo quien escucha la Palabra puede llegar a ser anunciador".

"Iglesia y Palabra de Dios están unidas inseparablemente. La Iglesia vive de la Palabra de Dios y la Palabra de Dios resuena en la Iglesia, en su enseñanza y en toda su vida"

 

-Benedicto XVI-

 

 



                                                                                       ISSN 1668-2351

BOLETIN  LITURGICO "San Pío X"® -  Nº 124 

 

     Director: Pbro. Ricardo Dotro   



 

 

      En este número:



 

* Benedicto XVI: En la Eucaristía está el secreto de la santidad-
* La Columna de Fray Héctor: Catecismo de la Iglesia Católica: La celebración del misterio cristiano
(9) El sacramento de la Eucaristía - A cargo del distinguido liturgista argentino Fray Héctor O. Muñoz op. -

* 29 de setiembre: Fiesta de los Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael: Los arcángeles y sus mensajes al pueblo, por Pbro. Eduardo A. González -

* Octubre, Mes del Rosario, por Pbro. Rafael Prieto, España.

* Guiones litúrgicos propuestos para los domingos 2, 9 y 16 de octubre, por Pbro. Eduardo González -

* Próxima edición.

* Difundiendo buenas noticias: SUSCRIPCION 2005 - Servicio Quincenal de Boletín Litúrgico "san Pío X" exclusivo para suscriptores abonados -

* Correo de Lectores -  Sitios recomendados -

* Cursos, Conferencias, Jornadas y otros... 

 

 

 

En la Eucaristía está el secreto de la santidad


El sacerdote, testigo y anunciador del «milagro de amor»

 


¡Queridos hermanos y hermanas!

Mientras el Año de la Eucaristía llega a su fin, quisiera retomar un tema


particularmente importante, que era particularmente grato a mi venerado
predecesor Juan Pablo II: la relación entre la santidad, camino y meta del
camino de la Iglesia y de todo cristiano, y la Eucaristía. En particular, mi
pensamiento se dirige hoy a los sacerdotes para subrayar que en la
Eucaristía está precisamente el secreto de su santificación. En virtud de la
sagrada ordenación, el sacerdote recibe el don y el compromiso de repetir
sacramentalmente los gestos y las palabras con las que Jesús, en la Última
Cena, instituyó el memorial de su Pascua. Entre sus manos se renueva este
gran milagro de amor, del que está llamado a convertirse en testigo y
anunciador cada vez más fiel (carta apostólica «Mane nobiscum Domine», 30).

 

Por este motivo el presbítero tiene que ser ante todo adorador y


contemplativo de la Eucaristía a partir del mismo momento en que la celebra.

Sabemos bien que la validez del sacramento no depende de la santidad del


celebrante, pero su eficacia para él mismo y para los demás será mayor en la
medida en que él lo vive con fe profunda, amor ardiente, ferviente espíritu
de oración.

Durante el año, la Liturgia nos presenta como ejemplos los santos ministros


del altar, que han tomado la fuerza para imitar a Cristo de la cotidiana
intimidad con él en la celebración y en la adoración eucarística. Hace unos
días hemos celebrado la memoria de san Juan Crisóstomo, patriarca de
Constantinopla a finales del siglo IV. Fue definido «boca de oro» por su
extraordinaria elocuencia, pero también se le llamaba «doctor eucarístico»
por la amplitud y profundidad de su doctrina sobre el santísimo sacramento.
La «divina litúrgica» que más se celebra en las Iglesias orientales lleva su
nombre y su lema --«basta un hombre lleno de celo para transformar a todo un pueblo»-- manifiesta la eficacia de la acción de Cristo a través de sus
sacramentos. En nuestra época, destaca también la figura de san Pío de
Pietrelcina, a quien recordaremos el próximo viernes. Celebrando la Santa
Misa revivía con tal fervor el misterio del Calvario que edificaba la fe y
la devoción de todos. Incluso los estigmas que Dios le donó eran expresión
de íntima conformación con Jesús crucificado. Pensando en los sacerdotes
enamorados de la Eucaristía, no es posible olvidar a san Juan María Vianney, humilde párroco de Ars en tiempos de la revolución francesa. Con la santidad de la vida y el celo pastoral logró hacer de aquel pequeño pueblo un modelo de comunidad cristiana animada por la Palabra de Dios y por los sacramentos.

Nos dirigimos ahora a María, rezando de manera especial por los sacerdotes


de todo el mundo para que saquen de este año de la Eucaristía el fruto de un renovado amor al sacramento que celebran. Que por intercesión de la Virgen Madre de Dios puedan vivir y testimoniar siempre el misterio que es puesto en sus manos para la salvación del mundo.

[Tras el Ángelus, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En


castellano dijo:]

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española aquí presentes, así


como a los que están unidos a esta oración mariana a través de la radio o la
televisión. Con las palabras del apóstol Pablo, de la liturgia de este
domingo, os exhorto a llevar una vida digna del Evangelio de Cristo. ¡Feliz
día del Señor!

   [Traducción del original italiano realizada por Zenit]

 

 



 

 

"LA COLUMNA DE FRAY HECTOR"



A cargo del distinguido liturgista argentino fr. Héctor O. Muñoz op.

  CATECISMO DE LA IGLESIA CATOLICA



* La celebración del misterio cristiano (9)

 

 



* El sacramento de la Eucaristía (1356-1405) (Última Parte)

 

Con este artículo, finalizaremos lo comenzado en mi  última "Columna".



 

 

5. El sacrificio sacramental: acción de gracias, memorial, presencia (1356-1381)

 

Las formas celebrativas han cambiado, según los tiempos y lugares. Pero "en su substancia", seguimos obedeciendo a lo que el Señor instituyó en su última Cena: ofrecer a Dios lo que Él mismo nos ha dado (135-137).



 

La Eucaristía puede ser considerada:

a. como acción de gracias y alabanza al Padre

La Eucaristía es, al mismo tiempo, "sacrificio de alabanza" (1359) y "sacrificio de acción de gracias" (1360). Alabamos a Dios dándole gracias por su creación y por sus intervenciones a favor de los hombres, tramando su Historia en los hilos de nuestra Historia , en un intento de que ésta sea también "Historia de salvación".


Además, la Iglesia canta y presta sus labios para hacerlo en nombre de toda la Creación, sabiendo que Cristo es el actor principal de este canto (1361).

 

b. como memorial sacrificial de Cristo y de su Cuerpo, que es la Iglesia

Lo expresamos en la anamnesia , oración que en las Plegarias eucarísticas sigue a la consagración y alabanza (1262).
No debemos entender memorial  en el sentido de "acordarme de algo", sino como la proclamación de las maravillas que Dios ha realizado a favor de los hombres , haciendo presentes las gestas de Dios en nuestra Historia. Es como si hoy, en nuestras celebraciones eucarísticas, consideráramos con un hecho real la Muerte y la Resurrección de Jesús, no como un "ayer" que sucedió hace dos mil años, sino como una presencia viva que se hace actual para la asamblea congregada, en el presente de esta celebración (1363-1364).

 

Pero si hacemos "memorial" de la Muerte y de la Resurrección del Señor, la Eucaristía no puede eludir ser un sacrificio, como lo fue el de la cruz (1364-1365). Y es sacrificio porque "representa  el sacrificio de la cruz, porque es memorial y aplica su fruto". En el lenguaje sacramental, se hace presente el mismo acontecimiento del Calvario, siendo además, un único sacrificio , una sola Víctima, ofrecida por un único Sacerdote, Cristo Jesús. La Iglesia, Cuerpo de Cristo unido a su Cabeza, se hace partícipe de esta ofrenda de la Cruz, uniéndose a la misma como sacrificio del Cristo total, Cabeza y miembros. Y esto, desde el Bautismo, en el cual "nos sumergimos" en un misterio de muerte  y vida, haciéndonos uno con Jesús en la Cruz y también en el triunfo sobre el sepulcro (1367, 1368, 1369).


Y en esta ofrenda se hacen también presentes los miembros de la Iglesia-en-el-cielo, los que ya comparten el cara-a-cara con Dios, como elegidos para la gloria (1370).

 

Esta ofrenda de Cristo, expresada en los dones eucarísticos, es también realizada por los difuntos , para que puedan compartir su presencia, una vez purificados de sus pecados. En la Eucaristía del Señor, la Iglesia  -al ofrecer a Cristo-  se ofrece también en sus miembros, unidos a Aquél que se ofreció de una vez para siempre, en el altar de la Cruz (1371-1372).



 

 

6. El Banquete pascual

 

En el Magisterio contemporáneo, la Iglesia insiste en que la Misa es, al mismo tiempo,  sacrificio y banquete (1382).


El altar será "la mesa del sacrificio" y es también el mismo Señor, sobre el cual la Iglesia se ofrece en sacrificio (1383).

 

La comunión será la conclusión; nos haremos uno con Aquél a quien recibimos (1384). Nadie es digno de tal sacramento y de tal comunión. No recibimos el Cuerpo y la Sangre de Cristo como pago a nuestros méritos, sino obsequio y remedio para nuestra debilidad (1386).



 

Cada una de las especies eucarísticas (la del pan y la del vino), contiene en sí  "todo el fruto de gracia propio de la Eucaristía", pero sabemos también que el modo óptimo será comulgar con el Pan y el Vino, "forma donde más perfectamente se manifiesta el signo del banquete eucarístico" (1390).

 

"La comunión acrecienta nuestra unión con Cristo", pues quien lo come vivirá por Él (Cf Jn 6,57) . Se da una analogía entre el alimento corporal y el  Pan vivo bajado del cielo, "Carne de Cristo resucitado". Así como en el Bautismo nos hicimos uno con Jesús muerto y resucitado, así  -con la comunión eucarística- participamos de la vida del que venció a la  Muerte y nos regala la victoria de la Vida.


Además, la Eucaristía borra nuestros pecados veniales, nos preserva de los graves y edifica la Iglesia en unidad (1392-1396). También nos compromete a favor de los pobres. Si Jesús nos ha invitado a su Mesa y ha abierto sus dones para saciar mi hambre y mi sed, no podemos dejar de hacer lo mismo, comprometiéndonos a abrir el corazón a nuestros hermanos menos favorecidos (1397).
Además, la Eucaristía no sólo es "signo de unidad", sino también "causa de unidad". Es vínculo de caridad. Muchas veces, hasta que el don de la unidad se haga frutos de unidad, tendremos que sufrir el dolor y el escándalo de la ruptura (1398).

 

 



7. La Eucaristía: anticipo de la gloria futura

 

Cada Eucaristía es, en su liturgia, "una celebración profética" del Banquete del Reino, un anticipo de la mesa que Jesús presidirá para sus elegidos (1402). Ya en la última Cena el Señor anticipó este hecho, al decirnos que ya no bebería el fruto de la vid hasta que lo hiciera, con nosotros, en el Reino de su Padre (Cf Mt 26,29; Lc 22,28; Mc 14,25)  (1403).


En la Eucaristía "vemos" a Cristo con los ojos de la fe. En el Reino, lo veremos cara-a-cara, tal cual, sin necesidad de signos mediadores. Hoy celebramos "mientras esperamos la venida gloriosa de nuestro Señor Jesucristo" (1404).

 

No hay manifestación más clara de la bienaventuranza de los cielos nuevos y de la tierra nueva que nos promete el Señor, que la de la Eucaristía, allí donde "se realiza la obra de nuestra redención" (1405). Mientras el Reino pleno viene... ¡comamos y adoremos!


 

 

 

29 de setiembre  



Fiesta de los Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael

 

 



LOS ARCÁNGELES Y SUS MENSAJES AL PUEBLO

 

La tradición cristiana consideró como arcángeles a los personajes que en los escritos bíblicos se mencionan con los nombres de Miguel, Gabriel y Rafael.



 

Los rabinos discutían si su número era de seis o siete y existen textos apócrifos que mencionan al Arcángel Uriel.

 

El culto a éste último tuvo tal exageración que en el siglo VIII el Papa Zacarías y los Concilios Carolingios lo erradicaron de la devoción popular. En la misma época, por la proliferación de los nombres de los ángeles el Sínodo de Letrán dispuso prohibir ponerles nombres propios, conservando solamente los tres que se mencionan en la Biblia.



 

Según san Gregorio Magno, los arcángeles son los encargados de transmitir los mensajes de mayor trascendencia, y a través de sus nombres se conoce la misión específica que se les encomienda.

 

El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que la misión de los ángeles se subordina a Jesucristo y a su proyecto de amor para toda la humanidad: "Los ángeles son criaturas espirituales que glorifican a Dios sin cesar y que sirven a sus designios salvíficos con las otras criaturas. Según Santo Tomás de Aquino, los ángeles cooperan en toda obra buena que hacemos."



 

Como en la actualidad el culto a los Ángeles y a los Arcángeles vuelve a tener cierta difusión, conviene recordar que tanto ellos como la Virgen María y todos los santos y las santas alaban la grandeza de Dios. Juntos con ellos, los cristianos sólo rendimos culto de adoración al único Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y siguiendo su ejemplo, estamos atentos a escuchar su Palabra y practicarla.

 

 

¿ QUIÉN COMO DIOS?



 

Miguel significa ¿quién como Dios?, con una respuesta implícita: Nadie como Dios.

 

Es citado en varios escritos con estilo apocalíptico, y por tanto, con profusión de figuras simbólicas que tienen como finalidad llevar un mensaje de esperanza para el pueblo perseguido a causa de su fe.



 

Según el libro de Daniel, redactado alrededor del año 165 a.C,.los imperios y los poderosos, los opresores y los injustos no serán finalmente los vencedores, por el contrario, quienes estuvieron de parte de la justicia serán los auténticos triunfadores.

 

En aquel tiempo se alzará Miguel, el gran Príncipe, que está junto a los hijos de tu pueblo. Será un tiempo de tribulación como no la hubo jamás, desde que existe una nación hasta el tiempo presente.



 

En aquel tiempo será liberado tu pueblo: todo el que se encuentre inscripto en el Libro. Y muchos de los que duermen en el suelo polvoriento se despertarán, unos para la vida eterna, otros para el horror eterno.

 

Los hombres prudentes resplandecerán como el resplandor del firmamento y los que haya enseñado a muchos la justicia, brillarán como las estrellas, por los siglos de los siglos. (Daniel 12,1-3)



 

El libro del Apocalipsis, que como casi todo el Nuevo Testamento se escribió en la segunda mitad del siglo I, muestra a Miguel victorioso en una misteriosa lucha contra el enorme Dragón, la antigua Serpiente llamada Diablo o Satanás.(ver Apocalipsis 12,7-12) El texto remite al libro de Daniel (12.1) dónde se recuerda que Miguel es el gran Príncipe que está junto a los hijos del pueblo.

 

El autor de la Carta de Judas, hacia el año 80 se hace eco de una tradición contenida en un libro apócrifo del judaísmo, llamado La Asunción de Moisés. Según ese relato, cuando Moisés murió, Satanás reclamó el cuerpo porque el hombre que había sacado al pueblo de la opresión del Faraón era un asesino, responsable de la muerte de los egipcios. Miguel reaccionó protegiendo el cuerpo del difunto y considerando el argumento una blasfemia, pero en vez de insultarlo sólo le dijo: Que el Señor te rechace a ti, difamador (Judas, 9).



 

La promesa del Libro de Daniel convierte en figuras resplandecientes y brillantes como las estrellas, a todas las personas que vivieron con coherencia y que enseñaron a muchos la justicia. Se trata de una imagen que las asemeja a los ángeles, pero que quiere significar una felicidad definitiva imposible de expresar con palabras.

 

Puede relacionarse con las palabras de Jesús de Nazaret en el Sermón de la Montaña: Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. (Mateo 5,6)



 

Por eso, nuestra resurrección será la manifestación del triunfo definitivo ante el pecado y la muerte, logrado por el amor de Jesucristo, el Señor de los Ángeles y de los hombres.

 

 

LA MEDICINA DE DIOS



 

Rafael, que significa Dios sana o medicina de Dios figura solamente en el relato del libro de Tobías. Se trata de una narración edificante, sin ninguna intención histórica. Fue redactada alrededor del año 200 a.C. con la finalidad de transmitir una enseñanza de carácter moral y religioso para mantener despierta la fe de los judíos que vivían en regiones paganas y hostiles a sus creencias y valores éticos.

 

Tobías recibe de su padre la misión de ir a cobrar el dinero de un pariente que vive en una ciudad lejana. Sale a su encuentro Rafael, el ángel que se le manifiesta en forma de un hombre y bajo el nombre de Azarías le propone acompañarlo durante el viaje.



 

Con su ayuda, presencia y compañía podrá vencer a un espíritu maligno, casarse con Sara, obtener el dinero, encontrar el remedio que cure la ceguera de su padre y retornar con su esposa al hogar paterno.

 

En los textos bíblicos más antiguos, Dios se acerca personalmente a los hombres, pero en los escritos de la época del libro de Tobías aparece con más claridad la trascendencia divina.



 

Por eso se aumenta la distancia y el respeto entre Dios y sus criaturas, convirtiendo a los ángeles en fieles intermediarios que transmiten los mensajes de bendición o castigo.

 

Además, muchos de los judíos que se encontraban alejados de su patria y dispersos por distintas regiones, corrían el riesgo de adherir a las creencias de sus habitantes sobre los espíritus celestiales, considerados dioses menores. Es probable que para evitar confusiones el relato subraye que Rafael, después de revelar su identidad explique su conducta dirigiendo toda la gloria al Dios de Israel.



 

- Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles que están delante de la gloria del Señor y tiene acceso a su presencia. Cuando yo estaba con ustedes, no era por mi propia iniciativa, sino por voluntad de Dios. Es a él al que deben bendecir y cantar todos los días (Tobías 12,15.18)

 

Rafael alaba a quienes, como Tobías fueron capaces de cumplir la ley de Dios, a pesar de los riesgos y persecuciones e insiste en el valor de la limosna.



 

La limosna, en la práctica judía y en la de los primeros cristianos, no era sólo una pequeña moneda que se entregaba a un necesitado; incluía donaciones y contribuciones solidarias que permitía la ejecución de obras de importancia para el pueblo o resolvían las necesidades más notables de una familia.

 

La limosna era un modo de restablecer la justicia que Dios quiere en la tierra y las personas religiosas la acompañaban con la oración y el ayuno.



 

Hoy día el horizonte se amplía. Las injusticias, las marginaciones y las exclusiones en un mundo globalizado reclaman obras concretas de solidaridad planetaria que muestren, con nuevas incitativas, propuestas y proyectos, que no sólo atiendan las necesidades de los pueblos pobres y de los pobres de los pueblos, sino que también se enfrentan las causas productoras de postración y de su miseria siglos más tarde, el Nuevo Testamento traerá una novedad: la divinidad y la humanidad se unen en la persona del Hijo de Dios. El único Mediador es uno de nosotros.

 

Pero vuelve a aparecer la desviación religiosa que obliga al vidente del Libro del Apocalipsis a prevenir nuevamente contra la adoración los ángeles:



 

- Cuando terminé de oír y ver, me postré a los pies del Ángel que me había mostrado todo eso para adorarlo. Pero él me dijo:¡Cuidado! No lo hagas porque yo soy tu compañero de servicio, el de tus hermanos los profetas y el de todos aquellos que conservan fielmente las palabras de este Libro. ¡Es a Dios a quien debes adorar!"  (Apocalipsis 22, 8-9. Ver: 19,10)

 

 



LA FORTALEZA DE DIOS

 

Gabriel significa hombre de Dios, El Señor se ha mostrado fuerte o Fortaleza de Dios.

 

Según el libro de Daniel es el ángel que recibe la orden de explicar al profeta el sentido de sus visiones y de interpretar, con la mirada de la fe, el desarrollo de la historia que vive el pueblo y su desenlace final.



 

Una voz gritaba diciéndole: "Gabriel, explícale la aparición a este hombre. Él me dijo: "Entiende, hijo de hombre que la visión se refiere al tiempo del fin".

 

Yo hablaba todavía en oración, cuando Gabriel, ese hombre al que había visto al comienzo de la visión se acercó en rápido vuelo, a la hora de la oblación de la tarde. Él me instruyó y me habló diciendo: "Daniel, yo he salido para abrirte la inteligencia. Discierne la palabra y entiende la visión. (ver Daniel 8,16-17 y 9,22-23)

 

La misión de Gabriel incluye la apertura del pensamiento y el discernimiento de los sucesos, que también hoy son necesarios para conocer los signos de los tiempos, es decir, los acontecimientos que ocurren en nuestra época y por los que Dios quiere mostrarnos nuevos campos y situaciones de evangelización y presencia activa de su Reino.



 

Sus mensajes adquieren especial importancia en los dos primeros capítulos del Evangelio de Lucas, porque transmite anuncios divinos a quienes son llamados a realizar una misión especial al servicio del pueblo.

 

Se presenta ante Zacarías como enviado para llevar la buena noticia del futuro nacimiento de su hijo, Juan el Precursor, engendrado en el anciano vientre de su esposa Isabel. Tiempo más tarde anunciará a la joven virgen María, comprometida con José de Nazaret la encarnación del Hijo de Dios por obra del Espíritu Santo.(ver Lucas 1,11-20 y 2,26-38)



 

En la Carta a los Hebreos, el hijo de María ocupa en la gloria, el lugar que le corresponde por ser el Hijo de Dios:

 

Así llegó a ser tan superior a los ángeles cuanto incomparablemente mayor que el de ellos es el Nombre que recibió en herencia. ¿Acaso Dios dijo alguna vez a un ángel: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy?.¿Y de qué ángel dijo: Yo seré un padre para él y él sera para mí un hijo?.Y al introducir a su Primogénito en el mundo Dios dice: Que todos los ángeles de Dios te adoren" (ver: Heb. 1,2-6)

 

En su parte final la Carta insiste en que el amor y la solidaridad se concretan en la hospitalidad, porque aún sin advertirlo, puede recibirse en la propia casa a mensajeros divinos: Perseveren en el amor fraternal. No se olviden de practicar la hospitalidad, ya que gracias a ella, algunos, sin saberlo, hospedaron a los ángeles. (Heb.13,1-2)



 

"En especial hay que destacar la importancia cada vez mayor que en nuestra sociedad asume la hospitalidad, en todas sus formas, desde el abrir la puerta de la propia casa y más aún la del propio corazón, a las peticiones de los hermanos, al compromiso concreto de asegurar a cada familia su casa, como ambiente natural que la conserva y la hace crecer. Sobre todo la familia cristiana está llamada a escuchar el consejo del apóstol: Sean solícitos en la hospitalidad (Romanos 12,13) y por consiguiente en practicar la recepción del hermano necesitado."(Juan Pablo II la Carta a las Familias)

 

El autor de la Carta a los Hebreos escribió que algunos, sin saberlo hospedaron a los ángeles. Ahora el propio Jesucristo nos anuncia que podemos albergarlo a Él mismo, el Hijo del Hombre y Señor de los Angeles. Rodeado de todos ellos podrá decirnos: Vengan benditos de mi Padre y reciban en herencia el reino que les fue preparado desde el principio del mundo, ...porque estaba de paso y me alojaron. Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo. (Mateo 25,34-35.40)



 

 

 

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