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Buenos Aires, 2 de mayo de 2012 a la Sra. Presidenta


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“LA SEGURIDAD SOCIAL. ACTUALIDAD Y PERSPECTIVAS. SU FINANCIACIÓN”
Aquí expusieron los Dres. Enrique Dieulefait y Jorge García Rapp.

El Estadista Matemático, Enrique Dieulefait efectuó una interesante exposición sobre el Sistema Previsional, basado en un modelo numérico.

Explica, desde el punto de vista del sistema previsional, como el censo (relevamiento general de población y vivienda), nos otorga la posibilidad de conocer: 1. Las edades y crecimiento de la población. 2. Las tasas de mortalidad.-

Dichos índices demográficos fueron cambiando a través del tiempo; especialmente, en el siglo XX, puesto que, con la aparición de la medicina moderna, las tablas de mortalidad infantil se redujeron notablemente, modificándose la esperanza de vida.-

Expresa Dieulefait: “Para las tablas de mortalidad que se utilizaron mientras estuvo en vigencia el Sistema Previsional de Capitalización en nuestro país, una mujer a la edad de retiro, de 60 años, tenía una esperanza de vida superior a los 23 años, mientras que un varón a la edad de retiro, de 65 años, tenía una esperanza de vida levemente superior a los 15 años”.

Los índices demográficos, nos permitirán ver el funcionamiento del sistema previsional en distintos aspectos.

Dieulefait señala la conveniencia de estudiar el valor numérico de las edades límites para acceder a la jubilación.

Dentro del modelo numérico de Dieulefait, el sistema resulta deficitario con respecto a la mujer, la que accede al beneficio jubilatorio a una menor edad (60 años) y, a su vez, tiene una mayor esperanza de vida; en cambio, en el varón presenta un superávit (edad de retiro 65 años). Esta diferencia, de 5 años, provoca un desequilibrio en el sistema previsional y, a su vez, “impulsa a la mujer a una condición de jubilada cuando todavía se halla en pleno ejercicio de su capacidad”. La diferencia de 5 años en la edad de jubilación se justificaba en que esa era la relación de edad de los matrimonios, facilitando así que se jubilen al mismo tiempo. Sin embargo, este dato fue cambiando progresivamente. Así, entre los matrimonios registrados en Buenos Aires en 2008, la diferencia de edad ha sido apenas de un 1.2.-

Habría que reconsiderar la edad para acceder a la jubilación. Inclusive, si modificamos en un año el acceso al beneficio previsional (esto es, en el varón, 64 años, y en la mujer, 61 años), incidiría en el resultado del modelo numérico, disminuyendo el superávit en los varones y, a su vez, disminuyendo el déficit en la mujeres, por lo que el sistema resultaría menos vulnerable.-
Bajo el título “Moratorias Previsionales” el expositor refiere a la forma en que el sistema previsional incorpora a su régimen a aquellos que estuvieron fuera de la fuerza de trabajo; o sea, que no cumplieron los requisitos mínimos para entrar al sistema, a saber: no cuentan con los requisitos de edad, antigüedad, aporte personal, ni dieron lugar al pago de las contribuciones patronales. Sin embargo, igualmente reciben el beneficio previsional.-

Según Dieulefait, habría que separar ambos sistemas, debiendo encararse las moratorias previsionales como un modelo asistencial, ya que en el modelo numérico descripto resulta deficitario y no corresponde ponerlos en pie de igualdad con aquellos que han trabajado durante toda su vida, aportado y motivado las contribuciones patronales.-


Sostiene Dieulefait que en el Sistema Previsional de Reparto el haber se actualiza. Lamentablemente, va a un ritmo más lento que el aumento de los salarios y la inflación. El haber mínimo tuvo varios ajustes pero, a pesar de ello -destaca el autor-, “están lejos de recomponer aquellos valores iniciales”.-

Para terminar, estos modelos numéricos son útiles para analizar el sistema previsional de reparto, permitiendo visualizar las consecuencias que provoca introducir modificaciones, de forma o de fondo, a los mecanismos del sistema previsional de reparto.


El Dr. García Rapp nos devela en su ponencia un tema que en la actualidad está en la agenda política de los tres poderes de gobierno. Define los alcances, funciones y compromisos de la Seguridad Social, sus recursos y posibilidades de autofinanciarse o no y cuál es el futuro en nuestro país para los potenciales y actuales beneficiarios del sistema.

“El objetivo final de los regímenes de seguridad social es abonar prestaciones, y esto implica sustentabilidad financiera” comienza el autor. El problema de su financiamiento es una constante de los gobiernos, por ello el Ponente advierte: “resulta necesario precisar el ritmo al que aumentarán los recursos (sistema de financiación) y como será distribuida esa carga financiera entre las personas que proporcionan la financiación”.-

El autor explica los más importantes modelos de protección social, entre los que destaca el modelo profesional centro europeo que consiste en que los recursos provienen de las cotizaciones sociales, en base a las cuales se determina el derecho a las prestaciones, y el monto de las mismas. Este mismo modelo, predomina en Iberoamérica.

Los sistemas de cobertura de salud y de riesgos del trabajo mantienen un régimen de financiamiento contributivo, con aportes y contribuciones en las Obras Sociales y con el pago de las primas a las Aseguradoras de Riesgos del Trabajo (ART).-

El autor realiza un análisis numérico de los fondos provenientes de los aportes y contribuciones sociales y arriba al dato final estadístico de que sólo el 55,7% de los ingresos del sistema jubilatorio proviene de esta fuente (aportes) y el porcentaje sólo cubre el 77% de los beneficios previsionales.-

En la década del noventa, el sistema mixto de financiación generó una deuda con los cotizantes de más alto aporte, pues se derivó recursos de su mayor capacidad contributiva a sectores de menor capacidad. Esta deuda, conviene García Rapp, no será fácil de saldar.-


Señala que los ingresos de ANSES provienen de dos fuentes: los ingresos contributivos, es decir los aportes personales y contribuciones patronales provenientes del mercado laboral formal; y los ingresos tributarios conformados por detracciones de tributos específicos y porcentajes de determinados impuestos coparticipables (IVA, Ganancias, Bienes Personales, Combustibles), y no coparticipables (Monotributo, Adicional sobre cigarrillos), así como también por un 15% de la masa coparticipable bruta una vez conformada. Esto hace que algunos piensen que el sistema previsional perdió la posibilidad de autofinanciarse, ya que la ANSES requirió siempre del auxilio de dos vías de financiamiento tributario, es decir el de afectación específica y el de coparticipación federal.-

Para contestar este interrogante, el autor realiza un análisis, con los guarismos que arrojan los aportes de las contribuciones que hace el propio empleado con relación a los impuestos a las Ganancias e I.V.A, y su impacto en estos contribuyentes.-

El resultado es que en el caso del Impuesto a las Ganancias, aquellos trabajadores en actividades con ingresos más altos que poseen mayor capacidad contributiva, deben efectuar el mayor esfuerzo, porque a su aporte jubilatorio que ya es significativo, se le suma el alto porcentaje de impuesto a las ganancias que debe tributar. El autor considera esto inequitativo, máxime cuando con estos trabajadores se está asumiendo una deuda a futuro, pues de la forma que se determina el haber inicial de las jubilaciones en la actualidad, éstos no reciben en proporción un haber justo. Esta deuda difícilmente sea saldada, salvo que como en la actualidad deban promover una demanda de reajuste.-
Al referirse a las cuentas de la ANSES, el autor manifiesta que se encuentran en análisis y sus resultados aparecen cuestionados.
El método de cálculo del haber jubilatorio y el sistema de topes, hace que las tasas de sustitución, para las actividades de mayores ingresos y correlativo mayor esfuerzo contributivo, no supere en promedio el 40% de los salarios en actividad, y en los ingresos más altos, que habrán efectuado mayores aportaciones, y habrán contribuido en mayor proporción al impuesto a las ganancias, la jubilación no superará el 25% de sus remuneraciones en actividad.-
También es importante la incidencia de la cobertura de las prestaciones no contributivas y de la Asignación Universal por Hijo. Con esta última, el régimen general de Asignaciones Familiares ha aumentado, ya que cuenta con tres grupos de prestaciones: el de los trabajadores en relación de dependencia, el de los jubilados y pensionados, y la nueva “Asignación Universal por Hijo”.-
Otro factor analizado es la cuestión demográfica. El autor concluye que deberíamos pensar para 2050 en un volumen de erogaciones prácticamente duplicado respecto de la tasa de sostenibilidad de los aportantes respecto de los pasivos, a cifras constantes, y que se verá seriamente afectada la recaudación por cotizaciones.-
El autor arriba a sus conclusiones, desechando afirmaciones generalizadas, anticipando algunas problemáticas, y enunciando algunas propuestas.-

Así nos dice que:

- La asignación universal por hijo, no es abonada con recursos de “los jubilados”, el financiamiento del SIPA es mixto ya que el 45% de impuestos y parte de la coparticipación.-

- Las proyecciones demográficas se deben vincular a los niveles futuros de PIB, a la productividad y al empleo futuros.-

- El Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS), tiene gran parte de sus activos invertidos a largo plazo, liquidarlos antes afectará su valor.-

- El sistema actual no promete el 82% móvil, sino solo y en el mejor de los casos un 40% de la remuneración en actividad.-

- No todos los beneficiarios del SIPA están en condiciones legales de promover un juicio por movilidad de las prestaciones.-

- El sistema de seguridad social requiere atender ante todo las situaciones de pobreza y de quienes poseen limitada capacidad contributiva, con prestaciones de tipo universal.-

- Se deben incentivar las cotizaciones sociales con complementos que se vinculen con el mayor esfuerzo contributivo.-

- El sistema requiere de mecanismos complementarios voluntarios gestionados por sus propios interesados, para aquellos que posean capacidad contributiva excedente.-

En cuanto a las problemáticas, García Rapp concluye manifestando que:

- El sistema ha dejado de ser un sistema de reparto clásico y las cuestiones sobre su sostenibilidad han pasado a ser decisiones de asignación de recursos.-

- El tema del 82 % móvil, de las prestaciones asistenciales, de los planes de empleo y de la asignación universal por hijo, que cubre a casi 7,3 millones de beneficiarios excediendo el marco de cobertura del SIPA, dependerá de decisiones de política económica, de asignar nuevos recursos o reasignar los existentes.-

- Las variables paramétricas podrán ser nuevamente modificadas, si el equilibrio financiero del sistema cuasi contributivo así lo requiera, por ejemplo modificando la edad mínima de acceso a la jubilación.-

- El sistema en la actualidad promete abonar a quienes poseen remuneraciones cercanas al ingreso medio de la economía, un 40% de las remuneraciones percibidas en los últimos 10 años. El sistema de jubilaciones en la Argentina ha abonado a sus beneficiarios en promedio, tasas de sustitución que no superaron el 47%.

Y por último, el autor propone:

- Los sistemas de tipo profesional, deberán ser revisados incluyendo nuevos componentes de tipo universal o mejorando el monto de la actual Prestación Básica Universal, y sus requisitos de acceso, compatibilizar la respuestas de los sistemas a la nueva realidad del trabajo, informal, precarizado y con remuneraciones no registradas.

- Deberán fortalecerse los componentes que se adicionarán al componente de tipo universal, y que deberán estar vinculados a las cotizaciones, pero tomando en consideración diferentes mecanismos de cálculo del haber inicial. Y además con mecanismos de actualización de las remuneraciones utilizadas en el cómputo haciéndolas homogéneas.






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