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Brinkmanship La segunda fase del conflicto


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Brinkmanship




La segunda fase del conflicto




Nazanin Amirian

El fin del año 2005 coincide con el paso de la confrontación entre EEUU e Irán a la fase Brinkmanship de la crisis. Esta expresión que significa "Cuesta resbaladiza" fue creada por John Foster Dulles, y posteriormente se integró en la Teoría de Juegos. Sería el arte de recurrir a jugadas arriesgadas en el transcurso de unas negociaciones delicadas y de consecuencias imprevisibles con el objetivo de forzar la rendición de la otra parte. En una palabra, es la amenaza de destrucción mutua, y justo es la fase en la que se encuentran por un lado Irán, y por otro EEUU y sus aliados.

La parte iraní recurrió a esta política con las declaraciones del presidente Ahamdinezhad en defensa a su programa nuclear y retirar el precinto puesto por la AIEA a algunas de sus instalaciones nucleares, y con amenazas de utilizar sus influencias en Irak, Afganistán y Palestina para aumentar la crisis de Oriente Medio, y responder a los posibles ataques con dureza y en todo el mundo. La guinda de este peligroso juego la puso el comandante Yafari, jefe de las Fuerzas de Mártires “Niruye Esteshhadi”, el 24 de diciembre, al revelar que ha dado ordenes a sus militantes en todo el mundo a actuar en el momento que EEUU o Israel inicien el ataque a Irán.

Sin embargo, ante la evidente desigualdad de fuerzas, e Irak como trasfondo, se pregunta ¿Por qué Teherán no demuestra signos de tener miedo, sino totalmente lo contrario?



Pues, los ayatolás calculan que, por ejemplo, un posible bloqueo económico impuesto por el Consejo de Seguridad tendría efectos limitados en la sociedad , ya que al firmar tratados comerciales de gran envergadura con diferentes países que no están en la órbita de EUA, como China o Rusia, se han guardado la espalda. Intuyen que incluso una agresión "preventiva", no iría acompañada por un cambio del régimen, ya que la Administración Bush, aun no ha constituido ninguna oposición en exilio para evitar un vacío político en Irán, como lo hizo en casos de Afganistán e Irak. Por lo tanto, su Brinkmanship consiste en las tres siguientes ofertas: o recibe la garantía de no ser agredido a cambio de paralizar su programa nuclear; o se le acepta como un país nuclear y amigo (como Pakistán); o se asegurará que en su caída al infierno le acompañen todos los implicados en esta aventura. El presidente Ahaminezhad ha sido advertido por los reformistas del régimen que el hecho de haber convertido el programa nuclear en una cuestión de orgullo nacional de la población no es ninguna garantía de que en un posible enfrentamiento con el Occidente, los ciudadanos se pongan al lado del gobierno. Pues la situación de hoy en día es bien distinta del 1980 cuando Irak invadió Irán y la nueva república era recibida con ilusión. El paro de más de 12 millones de jóvenes -en parte por la masiva huida de capitales tras la presidencia de Ahmadinezhad-, la asfixiante inflación de 34 por ciento, y una sociedad que vive con la sensación de inestabilidad, frustración y el miedo, como factor de incertidumbre, junto con la tradición chiíta del martirio y el fuerte sentimiento nacionalista de los iraníes en defensa de su patria –que no del régimen-, pintan un panorama de imposible pronóstico ante lo que se está getando.
Por su parte, el Occidente, representado por EEUU, con su política inflexible está llevando la situación al límite. La propuesta Putin-Bush de enriquecer el uranio en Rusia para luego trasladarlo a Irán, como la ultima oferta del bloque anti iraní, se ha hecho a sabiendas de que los iraníes no lo iban a aceptar. Bastaba recordar cómo Moscú amenazaba en cortar el suministro de gas a Ucrania por falta de acuerdo en el precio, para no caer en la trampa. A demás, si Washington realmente está preocupado por el programa nuclear iraní, ¿Por qué no le ofrece garantías de seguridad como contrapartida? En su lugar, la Administración Bush sigue empeñado en devolver el año 2006 el dossier iraní a la Organización Internacional de la Energía atómica en dónde sus miembros votarían por remitirlo al Consejo de Seguridad para estudiar las posibles sanciones a Irán, lo cual representaría la conversión de la crisis en un problema internacional tal como desea EEUU.


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