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Biografía y encuadramiento literario


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Biografía y encuadramiento literario
Ángel González (1925-2008), nació en Uviéu. La experiencia familiar y social de la Guerra Civil trasciende a veces en sus obras. Maestro primero, licenciado posteriormente en Derecho, vivió en Madrid, Sevilla y Barcelona. Con posterioridad dio clases en distintas universidades de Estados Unidos. Obtuvo el premio Príncipe de Asturias (1985) y el Reina Sofía (1996). En dicho año ingresó en la RAE.
Junto con Carlos Barral, José Agustín Goytisolo, Jaime Gil de Biedma (Grupo de Barcelona) y Carlos Sahagún, Claudio Rodríguez, Francisco Brines, José Ángel Valente, José Manuel Caballero Bonald y Félix Grande (Grupo de Madrid), Ángel González se sitúa en el llamado Grupo de los cincuenta (nacidos entre los años 1924 y 1938) o Promoción de los sesenta (años 60).
Como todo creador de media o larga vida fructífera, su escritura pasa por diversos momentos de preferencias temáticas y de inclinaciones estilísticas. Con todo, se puede señalar como general en él, en cuanto a la temática, un cierto predominio de lo social, de crítica social (con una vertiente, a veces, explícitamente política o histórica, especialmente en relación con el franquismo); del uso de la ironía, en cuanto al tono; de la contrafactura o del aprovechamiento de las troquelaciones del lenguaje coloquial («A mano amada» [156] —sobre «a mano armada»—), de la andadura prosaica y de la simulación del lenguaje oral, en cuanto a la sintaxis y la fraseología.
Las notas que vienen a continuación se refieren a poemas de La primavera avanza: antología, publicada por Visor Libros. Los números entre corchetes corresponden a las páginas de la misma.
I Temas y tonos

Los poemas autobiográficos. Una serie de textos de nuestro autor contienen ciertas referencias autobiográficas, representan una reflexión sobre su devenir histórico-familiar («Para que yo me llame Ángel González…» [26]), sobre su personalidad y hábitos («Dato biográfico» [172/173]).

Los poemas amorosos. Aunque no son el eje central de su poesía, aparece un interesante puñado de poemas amorosos desde la perspectiva del «yo» lírico «Alga quisiera ser, alga enredada…» [34], «Me basta así» [99/100] (este con una intensa resonancia de Pedro Salinas —La voz a ti debida, Razón de amor— y de Jorge Guillén, ambos de la Generación del 27). En otros momentos los poemas tienen una perspectiva social, colectiva, como «Inventario de lugares propicios para el amor» [107/108], que desemboca en crítica social, o abordan —también con una perspectiva social en la que no está lejana la empatía hacia las protagonistas— el oficio del sexo, tal en «Los sábados las prostitutas madrugan mucho para estar dispuestas» [111/113].

En esos poemas el tono es a veces el de la exaltación (el del «triunfo» del amor o la presencia de su pulsión), como en «Alga quisiera ser, alga enredada…» [34], «Calambur» [169]. En otros, el del dolor de la pérdida, tal en «A mano amada» [156].


Los poemas de reflexión sobre la historia o de «recreación» de la historia (normalmente, se combinan ambos aspectos), que conllevan siempre un «juicio» sobre ella: «Glosas a Heráclito» [170-171]. Más numerosos en sus primeros poemarios, presentan con frecuencia un carácter elíptico o elusivo, obligado, en parte, por las circunstancias del momento (censura, dictadura), en parte por la voluntad de construir una obra literaria (y no un libelo): «El campo de batalla» [45/47], «El derrotado» [44]; «Camposanto en Colliure» [82/84]. La experiencia de clase demuestra que, para la mayoría de ellos, es necesario «reconstruirle» al alumno el contexto político y social en que nacen, es decir, glosarlos, pues las claves de esos textos le son completamente ajenas. En esa línea señalaremos otros dos que tienen como fondo la crítica a la dictadura y a sus fundamentos en la guerra civil: «Discurso a los jóvenes» [60/62], «Elegido por aclamación» [87].

Un salto temático notable dentro de este apartado lo constituye «La paloma», donde, con la popular canción sudamericana («Si a tu ventana llega una paloma…») actuando a modo de contrafondo musical y, al tiempo, de leitmotiv, se repasan diversos momentos de la historia contemporánea en varios países a partir de los últimos años de la II Guerra Mundial (París, Roma, Cuba, Vietnam) para acabar, como se empezó, volviendo a España (… en donde vivo yo). Tal como se ha apuntado arriba, este tipo de poemas requieren una reconstrucción enciclopédica para el alumno de hoy (¿y de ayer?), a fin de que entienda el texto. Pero aun suponiendo un receptor contemporáneo de la emisión (esto es, cohistórico), el poema requiere dos sobreentendidos: los de los datos, solo presentados como indicios, y el del sentimiento, o empatía emocional-ideológica compartida, pues es difícil ver, por ejemplo, cómo puede ser la misma paloma de la paz la de la liberación de París de los nazis y la de la instauración de la dictadura castrista o la del proceso que se siguió en Vietnam del Sur tras el abandono de los EEUU, y, más aún, cuál de esas «palomas» es la que el emisor-autor espera para su patria. Un doble guiño, pues, de complicidad requiere el poema para su aceptación en el sentido en que el emisor lo propone: la complicidad del entendimiento del texto (la traducción de los datos) y la emocionalidad discursivo-ideológica de la cosmovisión del autor-emisor.



Los poemas de contrafactura de géneros literarios. «Introducción a las fábulas para animales» [85-86]; en menor medida «Dato biográfico» [172/173].

Los poemas sobre la literatura o sobre otros poetas. Poemas metaliterarios o de reflexión sobre los mecanismos de la literatura los hallamos muy particularmente en el libro Muestra, corregida y aumentada, de algunos procedimientos narrativos y de las actitudes sentimentales que habitualmente comportan (1976,1977), donde se encuentran varios en los que la palabra «poética» aparece explícitamente [164, 165, 167]. En «CONTRA-ORDEN. (POÉTICA por la que me pronuncio ciertos días)» [166] encontramos una clara resonancia del manifiesto de Pablo Neruda, «Sobre una poesía sin pureza» (1935).

En ocasiones, los textos tienen un carácter «programático» o de manifiesto, como en «Otro tiempo vendrá distinto a este…» [44], en este caso, tanto estético como ideológico. En otros momentos los poemas tienen como centro la memoria, la figura o la obra de otro literato («Camposanto en Colliure» [82/84], «Dos homenajes a Blas de Otero» [195/196], «Pétalo a pétalo memorizó la rosa…» [191], «J.R.J.» [192]. «A veces» (1971, Breves acotaciones para una biografía) [135] es un sorprendente texto que reflexiona sobre la escritura poética con imágenes explícitamente sexuales a partir de la personificación de la poesía como una mujer.



Ambiente ciudadano y espacios urbanos. El ambiente ciudadano y los espacios urbanos son un motivo muy destacado en algunos poemas o constituyen ocasión de reflexión o empatía, como en «Capital de provincia» [33] (tal vez su ciudad natal, Uviéu), donde la ciudad y sus habitantes son el núcleo emocional del texto.

Desesperanza, derrota, desconsuelo. Un tema que tiene una importancia destacada en el poemario Sin esperanza, con convencimiento (1961), y que se explicita en poemas como «Esperanza» («Esperanza, araña negra del atardecer. / Te paras / no lejos de mi cuerpo…» [48]), o «Porvenir» («Te llaman porvenir / y esperan que tu llegues / como un animal manso / a comer en su mano. / Pero tu permaneces / más allá de las horas, / agazapado no se sabe dónde.» [55].

La concepción metafísica o mística:

«Para que yo me llame Ángel González / para que mi ser pese sobre el suelo…; Solsticios y equinoccios alumbraron / con su cambiante luz, su vario cielo / el viaje milenario de mi carne / trepando por los siglos y los huesos; [«Para que yo me llame Ángel González…» [26]].



Los poemas facecia

Algunos de sus poemas no constituyen más que una facecia, una especie de chiste o gracia. Así, «Final conocido» [150] o «Eso era amor» [138].



II Los recursos expresivos
La sorpresa y la pirueta: a veces cercana al surrealismo, «Eso era amor» [138].

Contrafactura y aprovechamiento de las troquelaciones del lenguaje coloquial. Véase, por ejemplo, «A mano amada» [156] —sobre «a mano armada—», poema en que aparecen, además, otros elementos lingüísticos o conceptuales montados sobre las troquelaciones unidas a los asaltos o atracos: «en la esquina… los recuerdos me asaltan», «unos empuñan tu mirada verde», «apoyan en mi espalda / el alma blanca de un lejano sueño», «¡el olvido o la vida!, / me reclaman».

Juegos de palabras.

El calambur, en Prosemas o menos (1985), y en «Calambur» [169]: «dore mi sol así las olas y la / espuma que en tu cuerpo canta, canta / —más por tus senos que por tu garganta— / do re mi sol la si la sol la si la.». La dilogía o silepsis: «4. (Interpretación del pesimista) Nada es lo mismo, nada / permanece. / Menos / la Historia y la morcilla de mi tierra: / se hacen las dos con sangre, se repiten.» [«Glosas a Heráclito» [171]]. «Porvenir» [55] une una dilogía y un calambur. «Te llaman porvenir / porque no vienes nunca. Te llaman: porvenir / y esperan que tu llegues / como un animal manso / a comer en su mano».

En ocasiones los juegos de palabras se producen mediante un juego etimológico: «Y de guardar silencio, / y de estrechar mi mano estrictamente» [«Me basta así» [99]].



Los juegos fonéticos. «3. (Traducción al chino.) Nadie se mete dos veces en el mismo lío. (Excepto los marxistas-leninistas.)» [«Glosas a Heráclito» [170]].

La ironía. Se encuentra en muchos de los poemas del autor («Eruditos en campus» [193-194], «Introducción a las fábulas para animales» [85-86]). A veces se ejercita sobre la propia persona («Dato biográfico» [172/173]). Ocasionalmente, podemos calificar la actitud como de «sarcasmo» («Discurso a los jóvenes» [60/62], «Elegido por aclamación» [87], «Alocución a las veintitrés» [91/92]).

La ironía requiere, evidentemente, la complicidad entre el emisor y el receptor, un guiño de complicidad entre ambos, para que este entienda que lo que dice el emisor no lo dice en serio, y unos valores compartidos, que permitan ver como negativo lo que, en ciertos textos, se presenta como un valor positivo por emisores ajenos al «yo»/«él» del emisor más o menos identificable con el sujeto real, Ángel González. Así ocurre, de forma palmaria, en «Discurso a los jóvenes» [60/62].



La elipsis. Muy notable en poemas como «Alga quisiera ser, alga enredada…» [34], en que se combina con la enumeración, la enumeración cerrada y la esticomitia, para que el poema avance con concisión y rapidez hacia el final, al tiempo que consigue acumular muchos términos o elementos en pocos versos.

La esticomitia. «Soplo de brisa contra tu mejilla. / Arena leve bajo tu pisada.», en «Alga quisiera ser, alga enredada…» [34] (Cfr. La elipsis)

Paralelismos, simetrías, reiteraciones, bimembraciones, trimembraciones, plurimembraciones…

Los procedimientos reiterativos, tanto léxicos como estructurales (posicionales, sintácticos), son muy frecuentes en Ángel González y contribuyen, por un lado, a construir el ritmo del poema y, por otro, a elaborar una expresión al mismo tiempo morosa y matizada. Algunos ejemplos:



Para que yo me llame Ángel González / para que mi ser pese sobre el suelo; fue necesario un ancho espacio / y un largo tiempo; hombres de todo mar y toda tierra; Solsticios y equinoccios alumbraron; con su cambiante luz, su vario cielo; trepando por los siglos y los huesos [«Para que yo me llame Ángel González…» [26]].

«Alga quisiera ser, alga enredada […] Agua quisiera ser, agua salada.» Y, en general, todo el poema «Alga quisiera ser, alga enredada…» [34]; «Porque ninguna tierra / […] Porque ninguna patria» [«El derrotado» [44]].



«Y si ese sabor fuese / igual al tuyo, o sea / tu mismo olor, y tu manera / de sonreír, / y de guardar silencio, / y de estrechar mi mano estrictamente, / y de besarnos sin hacernos daño» [«Me basta así» [99]] (Como se observa, en ocasiones las reiteraciones se insertan unas en otras).

La construcción de una totalidad mediante una enumeración limitada

«fue necesario un ancho espacio / y un largo tiempo; hombres de todo mar y toda tierra; Solsticios y equinoccios alumbraron; con su cambiante luz, su vario cielo; trepando por los siglos y los huesos» [«Para que yo me llame Ángel González…» [26]].



El encabalgamiento. Es frecuente que se utilice para conseguir mediante él la sorpresa, para romper lo esperable, para subrayar una paradoja o una antítesis (ver, por ejemplo los encabalgamientos de [«Para que yo me llame Ángel González…» [26]] en el apartado paradoja) o para intensificar una idea (ver este, por ejemplo, del mismo poema: «fértiles cuerpos de mujer y cuerpos / y más cuerpos»).

Más ejemplos:



Fue necesario un ancho espacio / y un largo tiempo; fértiles cuerpos de mujer y cuerpos / y más cuerpos; fundiéndose incesantes / en otro cuerpo nuevo; sobreviviendo / naufragios; aferrándose / al último suspiro de los muertos [«Para que yo me llame Ángel González…» [26]].

«Sol recortando en sombra tu sencilla / silueta virgen de recién bañada.» «Alga quisiera ser, alga enredada…» [34].



La paradoja. El éxito / de todos los fracasos; caminos / que no llevan a ningún sitio; la enloquecida / fuerza del desaliento…; escombro tenaz, que se resiste / a su ruina; el fruto, / lo que queda, podrido, entre los restos. [«Para que yo me llame Ángel González…» [26]].

Hipotiposis: personificaciones y cosificaciones (conversión de conceptos y procesos en seres corpóreos).

Constituye un genuino rasgo de identidad de la construcción poética del autor:

Para que yo me llame Ángel González / par que mi ser pese sobre el suelo; el viaje milenario de mi carne/ trepando por los siglos y los huesos; [«Para que yo me llame Ángel González…» [26]]; «Yo estoy contento y, cariñosamente, / caballo gris me gustaría que fueras / para darte palmadas en las ancas» [«Capital de provincia» [33]], «Y los árboles / extiendan hacia ti sus fatigadas/ ramas, ofreciéndote / frutos o sombra para que descanses» [«El derrotado» [44]]; «Te llaman porvenir / y esperan que tu llegues / como un animal manso / a comer en su mano. / Pero tu permaneces / más allá de las horas, / agazapado no se sabe dónde.» [«Porvenir» [55]].

Las personificaciones se efectúan con frecuencia mediante lo que podríamos denominar más específicamente prosopopeya, convirtiendo en personaje (en un «tu» con el que se dialoga, por ejemplo, a un objeto o un concepto): «Ciudad de sucias tejas soleadas: casi eres realidad, apenas nido» [«Capital de provincia» [33]], «Esperanza, araña negra del atardecer. / Te paras / no lejos de mi cuerpo…» [«Esperanza,…» [48]], «Te llaman porvenir / y esperan que tu llegues / como un animal manso / a comer en su mano. / Pero tu permaneces / más allá de las horas, / agazapado no se sabe dónde.» [«Porvenir» [55]].



Símiles

«Te llaman porvenir / y esperan que tu llegues / como un animal manso / a comer en su mano. / Pero tu permaneces / más allá de las horas, / agazapado no se sabe dónde.» [«Porvenir» [55]].



Los heterozeugmas o yunciones entre ámbitos chocantes entre sí.

«Para que yo me llame Ángel González / para que mi ser pese sobre el suelo; Solsticios y equinoccios alumbraron/ con su cambiante luz, su vario cielo / el viaje milenario de mi carne / trepando por los siglos y los huesos; [«Para que yo me llame Ángel González…» [26]].


«Agazapada bajo las piedras y las horas» [«Esperanza,…» [48]].
La metáfora.

Metáfora cosificadora: yo no soy más que el resultado, el fruto, / lo que queda, podrido, entre los restos […] un escombro tenaz, que se resiste / a su ruina [«Para que yo me llame Ángel González…» [26]].

Metáfora personificadora: «Resucitándome con tu palabra, / Lázaro alegre,» [«Me basta así» [99]].

Las formas métricas y el ritmo

Predomina en González el verso libre, en el cual el ritmo viene dado por los períodos fónicos, la distribución de los acentos, los encabalgamientos, la sintaxis, las reiteraciones, los paralelismos, las enumeraciones... El metro reglado, especialmente el soneto, aparece en su primera época [«Alga quisiera ser, alga enredada…» [34]; «Me he quedado sin pulso y sin aliento…» [32], «Capital de provincia» [33], aunque se produce ocasionalmente en momentos más tardíos («Calambur» [169]).

Pero incluso en poemas de verso libre, ocurre la presencia ocasional de métrica reglada (véase este par de versos: volaban de las torres (7) / palomas y campanas (7) [«Los sábados las prostitutas…» [113]]). No se olvide, además, que, como elementos antirrítmicos, los encabalgamientos —tan frecuentes y aprovechados para reforzar la expresión— contribuyen, asimismo, al ritmo.

Tópicos de autor.

Como en todo autor, en Ángel González abundan los tópicos personales, las preferencias léxicas, las imágenes y troquelaciones reiteradas.

Así en «El derrotado» [44] aparece «Atrás quedaron los escombros: / humeantes pedazos de tu casa, y en «Para que yo me llame Ángel González…» [26]: «un escombro tenaz, que se resiste / a su ruina».

O: «Tú emprendes viaje hacia delante, hacia / el tiempo bien llamado porvenir» («El derrotado» [44]) Y: «Te llaman porvenir / porque no vienes nunca.» («Porvenir» [55]).

«Agazapada bajo las piedras y las horas» [«Esperanza,…» [48]]. Y: «Pero tu permaneces más allá de las horas, / agazapado no se sabe dónde» («Porvenir» [55]).

Las voces del emisor y la estructura comunicativa

Alternan poemas con emisor en «él», la forma aparentemente neutra u objetiva de la comunicación, con emisores en «yo» de diversos tipos: el «yo» autobiográfico [con diversas maneras, asimismo: a) sobre su devenir histórico-familiar («Para que yo me llame Ángel González…» [26]), b) sobre su personalidad y hábitos («Dato biográfico» [172/173], c) sobre su biografía amorosa («Alga quisiera ser, alga enredada…» [34], «Calambur» [169]].

En ocasiones, el «yo» emisor es un personaje ajeno (y antitético) al «yo» asimilable al del poeta/persona real («Discurso a los jóvenes» [60/62], «Elegido por aclamación» [87]).

Es muy frecuente también la presencia de un «tú» meramente dialógico, al que se dirige el «yo» «Alga quisiera ser, alga enredada…» [34], «Me basta así» [99/100].






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