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Bienestar e interacción social Araceli Damián


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Bienestar e interacción social

Araceli Damián*

En mi colaboración anterior (6/Junio/2005) me referí a la crítica que se ha elaborado en torno a la estrechez de los estudios convencionales de pobreza basados exclusivamente en el ingreso. En este tipo de estudios, en el hogar ideal (en sentido Weberiano) todos sus integrantes son asalariados, realizan todas sus comidas fuera del hogar, y se contratan los servicios de lavado, planchado y aseo del hogar.

La satisfacción de necesidades sólo depende del ingreso y los hogares requieren, además, tiempo para el trabajo remunerado y el consumo. Por tanto, las actividades realizadas por los hogares se llevan a cabo exclusivamente en la esfera del mercado (la venta de fuerza de trabajo y la compra de mercancías para el consumo).

Este modelo, sin embargo, tiene serias dificultades para funcionar, fundamentalmente por no considerar otros aspectos que afectan el bienestar de los hogares. En primera instancia el modelo ignora la existencia de hogares con requerimientos de crianza de menores, donde la intervención de la fuerza de trabajo familiar es (prácticamente) inevitable. Por tanto, tiempo necesario para la reproducción social no es considerado en el modelo.

La falta de tiempo para esta actividad repercute negativamente en la sociedad, ya que los niños con escaso cuidado por parte de adultos no adquieren las habilidades para la socialización y pueden desarrollar patologías sociales consecuencia del abandono o sufrir accidentes graves al ser dejados solos en casa por la necesidad de ir a trabajar.

Otro aspecto ignorado en el modelo es que los integrantes del hogar necesitan realizar trabajo doméstico ya que, aun cuando cuenten con equipo ahorrador de tiempo (lavadora de ropa, secadora, etc.), no se ha logrado robotizar la producción doméstica al cien por ciento (se requiere abastecer el hogar, tender camas, aspirar, planchar, etc.) El empleo de servidores domésticos o la crianza de menores en establecimientos especializados pueden disminuir fuertemente esta necesidad, pero no la elimina. Además, el costo por estos servicios es muy alto en relación al salario de un trabajador promedio.

Estos aspectos han sido discutidos desde los estudios con perspectiva de género y los de toma de decisiones en los hogares (elaborados por economistas neoclásicos). Sin embargo, este tema ha sido escasamente incorporado a los estudios de pobreza.

Otros dos elementos ignorados en el esquema ideal de hogar en el capitalismo es el tiempo requerido para la interacción social y para la autorrealización. Estos aspectos han sido abordados, de manera independiente aunque con ciertas coincidencias, por Julio Boltvinik (ver mi colaboración del 06/Junio/2005) y por Lord Meghnad Desai, este último economista británico reconocido mundialmente por sus análisis de, entre otros temas, la pobreza y el bienestar (ver su artículo “Well being or wel fare?” en Neil Fraser y John Mills, eds. Public Policy for the 21st Century, Policy Press, Bristol, 2000).

Mientras que Desai nos invita a repensar el concepto de bienestar basándonos en el tiempo dedicado a actividades sociales (comer con amigos o familia, por ejemplo), Boltvinik sostiene que es necesario ampliar el espectro de análisis económico (y de la pobreza), poniendo en el centro al ser humano como un todo, con todas sus capacidades y potencialidades humanas.

Ambos autores tocan aspectos que afectan el bienestar (aunque Boltvinik lo hace de manera más profunda y sistemática). Desai asegura que aun cuando la mayoría de los habitantes de los países desarrollados no son pobres en términos materiales, su nivel de bienestar es bajo. Este autor pone en duda que el bienestar crezca con el incremento del ingreso real, ya que nunca se toma en cuenta el costo social que implica que los individuos lleven a cabo una actividad productiva para generar ingreso.

Por ejemplo, se pasa por alto que hoy en día ha aumentado el número de horas de traslado al trabajo, perdiendo tiempo valioso en el que los individuos podrían desarrollar actividades que satisfacen necesidades básicas que aumentan su bienestar, como la interacción social.

Nos dice que en el pensamiento económico tradicional no importa si la necesidad de alimentarse se realiza de manera individual, social o familiar. No obstante, Desai sostiene que comer acompañado, disfrutar de la compañía de otros, es para el ser humano más importante que el hecho de comer en sí mismo (dada una satisfacción mínima de la necesidad). Por lo tanto, el bienestar debería ser medido en función del tiempo destinado a las actividades sociales que los individuos pueden realizar.

Boltvinik pone énfasis en el tiempo requerido para la autorrealización. En el sistema capitalista, sostiene, difícilmente se pueden desempeñar trabajos gratificantes, por tanto, el tiempo libre se vuelve el espacio fundamental para que el ser humano pueda desplegar todas sus capacidades y potencialidades. Una diferencia fundamental entre Desai y Boltvinik es que para el primero el fin último es lograr las condiciones materiales para que puedan desarrollarse las relaciones sociales, y para el segundo las relaciones sociales satisfacen necesidades básicas específicas (como las emocionales) que requieren ser satisfechas antes de que los individuos puedan alcanzar el florecimiento humano, planteamiento que me parece más adecuado.



*El Colegio de México, adamian@colmex.mx


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