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Bi buoteca sociológi ca los fundamentos teóricos


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costó. El valor en cambio, es una categoría histórica de la economía, ya que ésta puede también existir sin cambio; 110 así los costos del trabajo, que son una calegoría lógi­ca de la misma, no siendo concebible nínguna economía sin trabajo económico. Esta categoría tiene que ser el eje de la nueva ciencia económica .libre del fetichismo de las

(1) Bi.ihm-Bawerk, reorla positiva del Capital, 2." cdie., 1[102, pág. 18.

(2) Wcrncr Sombart, Crítica del sistema económico de K. Man. ArciJivo p,lra la legislación social. VII, p,íg. 577. Este notlhle a[líeul". de uno dc los más distinguidos economistas modernos, tiene d defecto de confundir la categoría del valor con la de los costos, y ¡lasta intenta borrar toda diferencia fLlIldamental entre ellas.

EL MARXISMO 16')

mercancías, que investigará las relaciones sociales de los hombres ocultadas por las de las mercancías. "Una consi­ueración justa de los fenómenos económicos desde un punto de vistl general-humano ó social, exige que los bienes que integran la riqueza sean estimados tanto por 10 que á sus costos como á su utilidad se refiere. Uno de los más certeros ataques, dirigidos contra los mercanti­

listas, está en que se ocupaban exclusivamente del pro­ducto obtenido y muy dcficientemente del proceso de la producción; cifraban el bienestar de los pueblos en la can­tidad de su riqueza material, y dejaban fuera de cuenta t'1l qué medida se obtenía este provecho mediante una mayor duración, intensidad, monotonía y perversión del trabajo" (1). Wieser tiene razón, ciertamente, cuando dice: "que el interés en ahorrar dificultades al trabajo es tan verdadero é importante para los hombres como el 'lile tienen en asegurarse la satisfacCión de sus necesi· dades» (2). Y del mismo modo se expresa Effertz: "El bi(~nestar de un hombre-dice-depende, estimándolo en una cantidad definida de bienes, de dos factores: de sus ingresos, y de su jornada de trabajo. Cuanto mayor sean sus ingresos y menor la jornada, más considerable es su bienestar. Un hombre que tiene que trabajar dieciocho horas díarias, padece tanto como otro que no tenga qué comer, aunque el primero posea tanta riqueza como ocio el segundo. El bienestar es igualmente incompatible con el hambre que con el trabajo excesivo" (3).


(1) J.llobsOll, J. RlIskin. reformador social, traducción rusa, l89!), pág. W.


(2) Wiescr, Sobre el origen del valor de [os bienes económicos, pá­gina 105.

(3) Effertz, Trabajo y tierra, pág. 64.


EL MARXISMO



Lo último es rigurosamente cierto; pero la afirmación de Effertz de que cada disminución del trahaio económi­co aumenta el bienestar de los hombres, necesita algunas limitaciones. Hay ciertas clases de trabajos económicos que por corta duración que tengan sólo cansancio y dolor significan para el hombre. "El interés en el asunto que se trabaja tan capaz de sustituir todo salario ó recompensa, se da en gran escala exclusivamente en empresas creado­ras ó intelectuales. Este atractivo falta en funciones bajas y mecánicas que generalmente lleva á cabo el proletaria­do y que no exigen, comúl1mente, gran capacidad inte. lectual; pero sí en su lugar, mayor esfuerzo corporal, ha­ciendo aburrida, desagradable y mecánica la jornada..... Trabajar todo el día en la mina, en una galería pestilente; conducir una locomotora ante el constante peligro, ó tra­bajar en una fábrica de productos químicos, por ejemplo, son ocupaciories que difícilmente se conservan por mera afición. (1). Pero otras clases de trabajo económíco como muchos agrícolas, de jardinería, caza, pesca, etc., pueden emprenderse con mayor agrado, siempre que su dmaciólI, 11éIturalmente, no exceda de ciertos límites.

De aquí que no pueda justificarse el considerar á todo trabajo económico, sin excepción, como una ocupación desagradable; aunque, desde luego, la más agradable acti. vidad excesívamente prolongada llega á convertirse en una tortura. Y es cierto que, por lo general, toda ocupación económica tiene que rebasar los límites, dentro de los cuales pudiera ser agradable. Este problema lo ha tratado de mano maestra W. S. Jevolls. El principio económico

(1) G. Sil1l1l1eJ,.lntroduuiÓfl en la ciencia dI! la .1101'1/1, 18HZ, pá­gina4lg.

EL MARXISMO

exige, precisamente, que nuestro trabajo no llegue al ex­tremo en el que la utilidad de la última unidad de trabajo dd producto obtenido, se identifica con el malestar que el mismo trabajo ocasiona (1).

Dentro del régimen capitalista el trabajador se ve obligado á rebasar el límite normal más amplio del gasto del trabajo, ya que no tiene la libertad de seflalar la du­ración de su jornada. El capitalísta no siente el sufri· miento que ocasiona al obrero este exceso de trabajo (Vberarbeitj y esLá directamente interesado en prolongar la jOfllada lo más que sea posible. De este modo nace con el capitalismo la tendencia á aumentar la jornada, contra la cual luchan tan tenazmente los trabajadores.

III

En la teoría del valor económico de los bienes no se puede olvidar que la categoría del valor tiene eficacia no sólo dentro de la economía. "El momento de la deter­minación del valor-dice Wundt-constituye el carácter más decisivo de 10 espirítual frente á 10 flsico...... El lIIundo espiritual es el mundo de los valores. Estos pue­

(1) Véa se Jevons, La leorla de la economla politica, 3." edic.• 188~. cap. V. Esta regla, establecida por J., no tiene una validez Incondicio­nal que permita pensar las condiciones económicas tan favorables, que el hombre podria satisfacer sus necesidades con una actividad que le fuese agradable siempre. La actividad económfca no causarla entonces cansancio á los hombres. Está, fuera de toda duda. por el contrario, que tal situación económica presupone un grado tal de productividad del trabajo, que sólo como Ideal del porvenir puede pensarse. En toda socie· dad histórica el trabajo económico ha sido siempre una labor pesada, emprendida sólo en atención á los ventajosos resultados que trae ci1nsigo.

EL MARXISMO

den darse en las más diversas modificaciones cualitativas

y en muy diferentes grados. Los valores sensibles, este­

ticos, éticos é intclectuales forman sólo los grupos más dcfinidos y salientes, entre los cuales existen transicio~ nes que los unen. Á todos ellos es común el moverse entre opuestos. Con esto muestran en el sentimiento la •

condición subjetiva de su existencia..... En el mllndo es­piritual tielle todo Sil valor, positivo ó negativo, mayor ó menor" (1). Windelband define la filosofía: "ciencia crítica de los valores universales" (2). La importancia de la categoría del valor en todo el dominio de las ciencias históricas la ha puesto en claro, mejor que nadie, H. Hi­ckert con su notable escrito: Limites de la formación de los conceptos de las ciencias naturales. Toda la realidad empírica es Naturaleza si se la estudia cn lo universal, é historia cuando estudiamos lo particular. La representa­ción de lo particular é individual es sólo posible "me­diante una relación de los objetos con los valores" (3). El juicio de los valores forma, por tanto, la base de toda la ciencia histórica.

En este sentido amplio se puede definir el valor con Ehrenfels, como: ~la deseabilidad de una cosa .. (4). Y como sólo podernos desear una cosa como medio para algo, ó como fin mismo, procede la división de los valo­res en valores finales-valores propios-y de mediación, valores de virtualidad, que hace el mismo Ehrenfels. El

(1) Wundt. Ldgica-metodologla, 11, pág. 16.

(2) Windclband. Preludios, pág. 30.

(3) Rickcrt. LImites de la formación de los cOllc
cielI­cias naturall's. 1902, pág. 307.

(~) Véase E/¡rcnfcls. Sistema de la tcorta dL' {os ¡·lB!!?, 1, pág. 5~.

EL MARXISMO 169

valor económico pertenece á esta segunda especie, por no ser la acti vidad económica un fin en sí, sino un medio para la consecución de otros fincs. Un objeto lleRa á ser estimado como valor económico cuando de su disposi­ción depende la satisfacción de nuestras necesidades. El I'alor económico es, por consiguiente, "la significación que los bicnes concretos adquieren para nosotros cuando tel1('1I10S conciencia que de su disposición depende la sa­tisfacción de l1uestras necesidades" (Menger).

Con la teoría de la utilidad límite, si no completar la doctrina del valor económico, sí se ha conseguido cierta­mcnte perfeccionarla en su esencia. Una comparación cuantitativa de nuestros sentimielltos de agrado ó des­agrado, de calidad tan distinta, parece á muchos ser im­posible; mas esta objeción contra la moderna doctrina del valor fué ya desautorizada por Kant hace tiempo. "Las representaciones de los objetos-dice el gran pen­sador-puedell ser muy desiguales.... ; sin embargo, el sentimiento de agrado..... es uniforme. ¿Cómo podría si no establecerse una comparación entre la importancia de dos rcpresentaciones diversamente motivadas. para decidirse

por la quc poseyese mayor deseabilidad? Un mismo hom­

bre pnede devolver un libro instructivo que cae en sus ma­

nos sin haberlo leído, por no renunciar á una cacería; de­

jar de escuchar un hermoso discurso por no llegar tarde

al almuerzo; suspender una interesante conversación que

le agrada por sentarse ante la mesa de juego; hasta des­

atender á un pobre que le pide, yen otro caso socorrería

con gusto, por no tener más dinero que el preciso para

pagar la entrada del teatro" (1).

(1) Kant, Crltica de la razón práctica, Ell. Reclam., pág. 26.

EL MARXISMO

Como medios de disfrutar todos los bienes económi­cos son comensurables, por muy distintos que puedan ser, y la moderna doctrina del valor no cometé ningllna falta, al partir de la conmcnsurabilidad dc los mismos. La aceptación general de la tcoría de la utilidad límite por parte de los economistas, ha sido el camino que han to­mado sus representantes para ponerse frente á la teoría clá~ica del valor. En la teoría del valor del trabajo de Smith-Hicardo encuentra Wieser .. uno de los más ma­nifiestos errores de la ciencia". Esta teoría está, en Sil opinión, "tan llena de contradicciones que un entendi ~ miento no predispuesto é imparcial no puede llegar á com­

prenderla" (1). Los juicios de Bohm-B;iwerk, y otros parti­darios de la escuela austriaca, son parecidos por su dUreza. Estos economistas juzgan á la vieja teoría como una red de despropósitos que no descansan sobre verdad alguna.

Pero toda esta discusión de los nuevos con los anti· guas descansa, á mi juicio, en una mala inteligencia. Los ataques polémicos de los austriacos á la teoría clá­sica del valor combaten propiamente, 110 la de Smilh-Ri­cardo, sino la teoría absoluta de Rodbertus-Marx. Esta es en realidad inconciliable con la teoría de la utilidad límite, porque el valor no puede ser al mismo tiempo tra­bajo cristalizado y utilidad limite; no así con la teoría re­lativa del valor del trabajo. La doctrina de la utilidad lí· mite, no sólo no se encuentra en contradicción efectiva con ella. sino que ambas teorías se apoyan mutua y lógi­camente. La una presupone la otra.

El mismo Jevons, que quiere aparecer como el des­tmctor de Ricardo, ha mostrado la plena armonía de am­

(1) Wicscr. Sobre elorigm de! valor, pág. 119,

E)-MARXISMO

has. "El valor de un bien-dice.-depende exclusivamen­te de su utilidad límite. Pero. ¿cómo puede alterarse esta utilidad limite? Mediante el aumento ó la disminución de la oferta del mismo; y esto, ¿cómo puede conseguirse? Con el aumento ó disminución de la cantidad de trabajo cmpl<'ado en la producción del bien de qué se trata. Desde este punto de vista hay, por lo tanto, dos etapas entre vnlor y trabajo. El trabajo determina la oferta y la oferta determina la utilidad límite la cual fija el valor, ó la re­lación de cambio de los bienes" (1). A Jevons le falta la conclnsión de este silogismo. ergo: el trabajo determina el valor.

Los costos de producción de una mercancía no in­fluyen en su precio desde el momento en que la misma aparece en el mercado; pero la cantidad de mercancías que llegan al mismo, depende, principalmente, de los costos de producción. Si son los costos de producción de dos mercancías iguales, sus precios tienden también á serlo, pues si no fuese así alcanzaría la producción de una de ell?s una ganancia más elevada que la otra. y en este caso se invertiría en aquélla un capital mayor, hasta que las ganancias y. en consecuencia, el precio fuera el mismo en las dos esferas de la producción.

Es muy fácil demostrar, de modo distinto que Jevons

en el pasaje copiado, cómo se llega desde la teoria de la

utilidad límite á la del valor relativo del trabajo. LOS cos­

tos de producción de los bienes son diferentes en las di­

ferentes esferas productivas. El máximum de utilidad se

consigue, dividiendo la producción social de tal modo que

en todas sus esferas, en la última unidad de tiempo, las

(1) Jcvons, Teorla de la Econom/apol/tica. páginas 16! y 165.

masas de productos tengan una misma utilidad. Cuandu

110 se da estc caso aparece una producción mcnos [HOVe­

dlOsa y deue scr limitada--Io que eleva la utilidad limilL'

de SilS productos -mkntras la otra producción dcbc cx­

tcnderse hasta que la utílidali de los productos olJtclliuus

en la última unidad de tiempo llegue á ser igual ell ¡Im­

bas csferas.

Los costos de producción de los respectivos produc­tos, Ó, lo que es lo mismo, la cantidad de los mismos 011­tCllidos en la misma unidad de tiempo, continúan síelHil) distintos. Su utiliJa¡J, COIllU se lJa dicho, debe ser la llli" 1Il¡¡; por cOllsiguiente, tiene que estar la utilidad de la ¡'Ji­lillla unidad de cada producto -su utilidad límite--eH razón inversa con la masa de productos obteni(ia en el mismo ticmpo, ó, con otras palabras, l¡¡ utilidad límite lk cada producto tiene que corresponder directamente á sus costos límites.

Esta rclación entre los gastos de trabajo para la pro­ducción de un bien y su valor apareció muy clara á Her­mann Gossen, el autor de la teoría de l;l utilidad límite: "Para obtener un máximo de satbfaccíóll-cscribc-tielle el hombre que distribuir su tiempo y sus fuerzas de Ld modo tn la adquisición de [os diferentes placeres que el valor del último átomo de la satisfacción obtenida corrlS panda á la cantidad de molestia que [e proporcionaría ob~ tenerla en el último momento del desarrollo de sus fuer­zas" (1).

La teoría de los costos de producción de Ricardo se separa en cierto modo de la teoría ¡Je la utilidad Iilllitc~

(1) GOSSClI, EvoluL'iJn dé ltl lé.)' dd cOlllcrciv Jmll/af/v. NlIc\'a edi­ción ale1llilllJ. 1889, pcíg. -t5_

EL MARXISMO 173

pero no la contradice. Aquélla atiende á momentos objeti­\'os, ésta á subjetivos de la form:tción del precio. Así como \,1 autoinspección en [a psicología no excluye la observa­ción obj 2liva del proceso psicológíco, sino que la como pleta y rouustece, también constituye la teoría objetiva del valor de Ricardo un complemento necesario de la teo­ría subjetiva de la utilidad límite.

La IllleVa teoría del valor no ha descubierto propia. mente ningun factor objetivo del mismo. A otros méritos (klJe su importancia. Es el primer ensayo científico hecho para explicar y demostrar el mecanismo objetivo de la f

Pero sí la teoría clásica del valor es compatible con la de la utilidad límite no puede, ciertamente, decirse lo mismo de la tcoría absoluta del valor del trabajo de Marx.~ HodlJertns. Esta es con ambas inconciliable. Es un error grosero ver en la doctrina marxista del valor, una conti­lIuación lógica de las doctrinas ricardíanas. Las teorias absoluta y relativa del valor tienen, como se ha dicho, casi sólo el nombre de común; sus respectivos contenidos se contradicen rotundamente. Si el trabajo es, COIIIO Ricardo enseña, uno de los varios factores objetivos del valor, no l)l\edc ser la sustancia del mismo.

EL ,11ARX!s.\\O

El defecto de la teoría de la utilidad limite se enCuen­tra en la excesiva acentuación con qne afirma el elemento pllralllente uatural CJI la formacioll del precio y el! des atender, en cambio, el mOlllento social dc la misma. "El valor de los bienes es independiente -dice Carlos Meu . ger~dc la economía Ilumana y de sus factores socialcs, Como también del ordcn juridico y de la e"bteucia de la Sociedad" (1). Es una doctrina autillistórica, con valido nniversal para todos los pcríodos y sistemas económico,;.

No se pucde negar, el] efecto, que en la estilllacioll del valor ecoEómico Ilay factores de validez general, por­que toda economía descausa sobre la estimacion del valor, independientemente de sns formas históricas. Mas, junio :1 estos factores universales, Ilay tamLién otros el! la for­¡nación del valor y del precio ecollómicos, de carácter so­cial é histórico que uo pueden scr ignorados.

Es un mérito que corresponde á Bijhm-Bawerk princi­palmente, haber fijado las leyes de la formación del precio, desdeel punto de \'ista dt: la nueva doctrina del valor. Este notable investigador, desarrolla la tcoria de la formación del precio en la economia moderna con el ejemplo de la venta de unos caballos, en la que da por sentado que el vendedor está dispuesto á conservar los caballos siem pre que el precio propuesto por el comprador sea demasiado bajo (2). Manifiesto es lo crudamente que esta abstención contradice á la realidad capitalista que produce las mer~ candas para el mercado, y no para el uso ó consumo del productor. Pero lo erróneo del ejemplo de 8ohm-Bawerk no tiene aqui tan grandes consecuencias como podría creerse.

(1) Mcnger. Principios dI! Ecollomla política, lb71, pág. 80.


(2) nühm-Bawcrk, L'orla positi"tl del Capital, 1902, pág. 211.


EL MARXISMO



En otros escritos de los teorizantes de la utilidad límite se corrige este defecto, reconociendo el precio del mercado dependiente, no de las estimaciones del valor del compra­dor y vendedor, sino ~xclLlsjvamcnte de las del prime­ro (l), concesión que no perjudica lo más minimo á la nueva doctrina del valor. En su consecuencia, se deter­mina el precio del mercado del siguiente modo: Los con­sumidores tiene la libertad de comprar esta ó aquella mer­cancía; cuando el precio exigido por una de ellas es tan elevado que caso de comprarla habría que renunciar á la adquisición de otra que proporcionase una mayor sa­tisfacción, entonces aquélla no llega á venderse. Esto obli­ga al vendedor á bajar el precio hasta el punto en que el consumidor no estime en menos la utilidad límite del pro­dllcto comprado por ese precio, que la de cua·lquier otro que pueda adquirir por el mismo. El dinero tiene en todo este proceso sólo un papel de intermediario, y no tiene influencia alguna sobre la relativa altura de los precios de las diversas mercancías. Así nace, sobre la base de las estimaciones subjetivas de los consumidores y la can­tidad de productos en venta, el precio del mercado; con lo que la influencia reguladora de los costos de produc­ción sobre el precio del mercado sólo se puede recono­cer en cuanto determinan la cantidad de productos ofre­

cidos (2).

(1 ) Véase el articulo de ZuckerlandI, •Precio., en el Diccionario de Conrad.

(2) 'Puede formularse, como regla general, qllC cllanto más breve sea cl tiempo considerado por nosotros. mayor es Su significación al medirse en el valor de las mercanclas en la demanda; y cuanto mayor sea, Id duración de aqllcl tiempo, más ha dc tenerse en cuenta para el valor· de los costos de prodllcción. A. MarshaIl, Principios de Econ18D8, edición inglesa, pág. 429.

17(, EL ,\\ARXI5MO

Mucho más importante es otro defecto del ejemplo de Bijhm-I3:l\verk de la venta de los caballos. El caballo no es, ciertamente, una típica mercancía capitalista. Sin em­bargo, B¡í]¡m-Bawerk tenía sus molí\'os para desarrollar su tcoría de la formación del precio sobrc nna vcnta tan poco corriente. El C

mann (2), que la utilidad límite uc una misma suma de bienes es distinta según el tamano dd prouucto que tknl.: que ser objeto de estimación como unidad indivisible. Cuanto mayor sea esta unidad, tanto más elevada es su utilidad limite, el valor de todas las existencias, por con­siguiente. Según la opinión de BiilJm-Bawcrk, CUlI!O de otros defensores de lil teoría, el valur de los I,kues de­pende, exclusivamente, de las relaciones élltn: la necesi­dad y su satisfacción, la escasez de los bienes y Sll utili~ dad (3). Vemos, pues, que con ellas no quedan agotados los elemcntos determinantes del precio; falta lino muy importante, á saber, el tamaño de la unidad, <¡lIe según

las condiciones objetivas dd mercado tienc qlle ser fun­damento de las estimaciones del comprador. La importancia de este elemento en la fornH~ción del

(1) Komorzynski, El valor en la ecol/omia aislada, 1889, pá­gina 53. .'

(2) ·Conforme sea ma)'or ó menor la canudad. de un l>JCII tomado comO LllliJad, s~ modifica la lItilidad limite y talllLJ~1I el \',dnr {le toJos ItJs cxislenlcs tun (';ld;1 llllíJad dd mismo." Sllllzlil.lllIl, /.11 c,l/,g,,,¡,¡

soci,¡l t'!l la ¡,col/omfa t,'JI;"'!, lo~l(i, pág. 2W.

(3) l3¡jhrn-Bawerk. Teoria positir'a del Cp:ig. 168.

EL MARXISMO

precio con ningún otro ejemplo aparece tan clara como en el salario. Parece estar hoy generalmente reconocido que los obreros oq.;anizados en sindicatos obtienen un salario más e1e\'ado de los capitalistas, que los no organizados. ¿Dónde está, pues, la influencia de la organización sobre cl precio ele! trabajo? Sin duda, en que los trabajadores organizados aparecen como un todo indivisible frente á los capitalistas, mientras que los que carecen de orga­nización tienen que negociar individual y aisladamente con ellos. En el primer caso aparece en el mercado del trabajo un número mayor ó menor de obreros como un bien económico indivisible; en el segundo entra como tal un solo obrero. De no convenirse en el primer caso en las condiciones del trabajo, se ve el capitalista, no raramen­te, obligado á interrumpir su industria, micntras que en el SéRUllIlo no nace ninguna perturhación. La estimación de la Int:ll:ancía trabajo por parte del capitalista en el pri­mer caso es mucho más elevada que en el segundo, en proporción con las dimensiones de la unidad del bien

úbjeto de la estimación.

El hecho de que las organizaciones obreras influyan

tan poderosamente en el precio de la mercancía trabajo

independientemente de cualquiera otra circunstancia del

mercado, muestra con claridad la enorme trascendencia dc

las relaciones de poder y dependencia social en la forma­

ción de los precios. Con la misma oferta de brazos é in·

variable demanda suben los salarios cuando la fuer;ta de

los obreros aumenta gracias á su organización, y bajan eu

el caso contrario.

El mouopolista es capaz de subir el precio de la mer­

cancia monopolizada, no sólo mediante la reducción de

las mercancías en venta, sino también negándose á ven­

EL MAHXIS~lO

178

der la mercancía á menor precio, lo que obliga al compra­dor á pagar por ella ellllayor precio posible. "Así, la al­tura dd precio del mercado-dice Biihm -Bawerlc ~se de­termina en aquella ZOlla cn la que la oferta y la dcmallda lo equilibran wantitati\'amelltc" (l). Esta zona, de¡¡:ro de la qne oscila el precio, puede ser más ó ll1ell.os allll~lla; las relaciones de fuerza y de dependencia soctal deClden .eI punto, dentro de esta ZOIl:.1, donde Ira de fii~lfse el .prec:o.

A . pueden la oferta y la demanda en relaclOll ,} la mn.­

SI \..t cancía trabajo, por ejemplo, expresarse en muy ( Istl~l os precios. El obrero aspira, naturallllente,. á conseguir, el mayor salario; pero por mucho que deSCienda L:.l salarIo. el obrero na puede negarse á vender su mercanCla por,dL:­pender de ello sU vida. También el capitalista prcfl,e:e pauar al trabajador lo menos pOSible, pero por lIluy ele vadO que sea el salario efectivo, excepto en d caso de que le consuma todo su provecho, ha de pref~nr el capI­talista pagar este salario antes que tener paralrzado su ca­pital. En este caso, la fórmula de Blihm-Bawerk ap~nas tiene validez, pues la zona de precios fijada es demasiado , • 50'10 quedan determinados con ella los límites cx­

amp1la. . . . tremas é impracticables de las oscilaCIOnes d,el .salano. Qué punto de esta zona expresa el ~al.ario lo flJ~ra exclu~ sivamente la fuerza relativa, economlca y socral de los

contratantes. La doctrina del valor de la escuela psicológica es de­masiado abstracta y racionalista. Parte del supuesto de que el hombre mide exactamente sus d~seos ~ prefiere siempre el 111

(1) TI'orla l'0silil't/ ¡JI'! ("pital, poíg. 225.

EL 1I1AI!XISMO

caso, no necesita de una previa mensura de sus deseos para decidirse por uno. La rutina y las costumbres deter­lIlinan la vida de la mayoría de los hombres. El consumi­dor adqniere ulla mercancía por un determinado precio, 110 por estar convencido de que con el dinero gastado lIillglllla satisfacción mayor podría obtener, silla simple­mente por seguir el ejemplo de otros y por estar acostum­Ilrado .:í comprar esa mercanCÍa por ese mismo precio. De ;¡ '1\1 í que los precios al detal1-de los cuales dependen j alllhién los al por mayor ,-sean tan estables. La costum­l)fe e~, pues, una fLlerza que determina efectivamente el proceso colccth'o, yen parte inconsciente, de la forma­ción del precio.

Cierto que las estimaciones individuales forman el fundamento del precio de las mercancías; pero tan pron­to como el precio aparece su influencia es recíproca. Así \lace la aparente independencia del precio de las mercan­cías de estimaciones individuales, la sustanti vación del precio, el fetichismo de las mercancías,

Los defectos de la teoría de la utilidad límite son los

de la economía política individualista y racionalista, de la

que es el fruto más sazonado esta doctrina, Da una solu­

ción ;,fortuuada al problema del valor en su forma abstrac­

ta, no histórica; para poder explicar manifestaciones con­

cretas del precio dentro de un sistema económico histórico

tiene que ser completada mediante factores sociales his­

tóricos, El prer.io de las mercancías es, como la moral y

el derecho, un resultado colectivo del proceso social en

parte inconsciente, en el que se expresan las relaciones

de poder y dependencia de los grupos sociales.

CAPÍTULO VIl

PLUS-VALíA

Ln /t'or,'a marxisla de! prOl}lyho: El trabajo como fuente exc1u:iiva dd proveclto.­In,l...'pdll.kneid de 10:> provect1Os de los rapitJlistas aisL.ldos de lJ composición de sus 1·;,¡pilJlc~. .Y tlep~ndencia de la cuota general del provetho de b composición dd ('.lp1­tul ~nLLll.-lI, Lrl cuota gl'w'rltl dcl provecho y la cQmposicion del capita.l social ni {Or difacnlt's ramos de la produccióll: La r.1lta de armonia entre 1J cllota gcn~ral (11.:1 l'rO\'edlO dt:clh'a y la rnlsma contada según la plusa vatia.-IIJ. Las oscilaciones dI' la (ilota geflcral del provecho: la ley marx~sta dd pro\,-e¡;;ho dec:recl'!:nte. Su Ln~ (GIl~bh:ncia.-AItNacionEsde la cuota del provecho hajo la influencia: IY, tle la di:;· milllh:idn. y 2.°, del aumento de la producth·idad del traba)o. IV. Plus-valla y pro­1"(('10: Ld independencia uc la cuota general del provecho de la l;;ompCJsidól1 del (a~ pit..ll soci~I.-La inconsistencia de la distincl6n del capital en constante y vari¡lhlc.

La doctrina de la plus-valía de Marx descansa sobre su teoría del valor. Aunque la teoría del valor constituye el antecedente lógico de la doctrina de la plus-valía, hay que considerar ésta como la parte capital de toda la cons­trucción teorética á la que aquélla sirve de fundamento. El fin exclusivo que esta construcción persigue es demos­trar que el beneficio capitalista proviene de la explota­ción de la clase obrera (1).

(1) La igualdad de los hombres..... es el fin del marxismo. Wcn­ckstcrn. 1896, pág. 137.

11i2

La teoría marxista dcl provccho ticnc quc ¡ijar objcti­vamellte la preexistcncia de csta explotación. El concep­to del valor absoluto del trabajo constituye la base dc esta tcoría. Partielldo dc cste concepto, llega ¡'.'lar>: COII­secuentcmelltc ti la conclusión de quc el pro\'ccho de los capitalistas, COlJlO cn g-cJlcral todo bcneficio quc no es dc­bido al trabajo, proccdc dc la apropiación dc trabajo nu pagado á los obrcros oCllpadús cn la produccilÍll, lil:\'a¡J;) á cabo por los capitalistas y otro.-propjt;li1rjos. l.a Icoria marxista dc la plus-valía que cs, almislllO tiempo, su tcu­ria del provecho, es Ulla consecucncia nl'ccs¡¡ria de Sll teoria del valor. La fuentc única del pro\'ccho capitalista tienc que scr el trabajo de aquellos obrcros. Y como sólo una parte del capital se dcstin;¡ al pago dc los trabajado­res y la otra á medios de prodllcción, el Jlue\'o \'alor cre¡¡­do en el proceso productivo que aparcce como provecho del capitalista procede eXclllSi\'aIllcnte de la primera parte dd capital, mientras que la segunda tiene un papel pasivo

y no produce ningún aumento de valor. Di.: aquí que llame Marx capital variable á la primera parte y capit;]1 constante á la segunda. En la afirmación de que el capital constante no participa en la creación de valores, radica la esencia de la teoría marxista dd provccho; lo que está en la contradicción más inconciliable con todas aquellas teo­rías que no separan en la formación del provecho, el ca­pital empleado en salarías del dedicado á los medios de

producción. Es un hecho conocido quc l:n lo visible del mundo capitalista no se observa distinción alguna entre capilal constante y variable, en relación con la obtcnción del pro-

EL ,'1ARXISMO

vecho. Las industrias en las que el capital variable predo­mina no arrojan mayores rendimientos que aquellas otras cn las que predomina el constante. Este hecho no lo dis­cutc Marx, sino que busca armonizado con su teoria del siguÍCnte modo: "A consecuencia de la diversa composi­ción de los capitales empleados en las distintas ramas dL' la producción..... es también muy diverso el importe de la plus-valía producido por ellos. Conforme con esto las cllotas del provecho que reinan en las ramas de la pro­dllcción, son originariamente muy desiguales; pero me­diante la concurrcncia llegan á nivelarse en una cuota ge­ncral del provecho que equivale al término medio de los q lle se obtienen•. Los capitalistas aislados" nO sacan la plus-valía, y, por tanto, el provecho producido en su es­kra, si no tanta plus-valía, ó provecho, como del valor ó bencficio total, ha sido obtenido en ut! período determina­do por el capital total de la Sociedad, tomadas en conjun­to todas las esferas de la producción, y que corresponde en una distribución igual á cada parte alícuota del mismo. Por 100 obtiene cada capital invertido en un afio, ó co· rrespondiente período, siempre el provecho equivalente á tantas partes cuantas tenga. Los diferentes capitalistas se conducen, en cuanto al provecho se refiere, como nuevos accionistas de una sociedad anónima en la que la partici­pación en el producto se distribuye conforme á su tanto por ciento" (1).

A estas consideraciones ha de contestarse, por lo pronto, que el proceso de nivelación expuesto por Marx, y que á cansa de la diferente composición de los capitales, por la diversa cuota originaria del provecho, presenta

(1) Marx,. El Capital. tomo 1Il, páginas 136 y 137.

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como ad hoc, es imaginaria y no corresponde en nada á la realidad. En la realidad capitalista no se presenta ocasión ninguna para este proceso, como tampoco se ven altera­das las cuotas "originarias" del provecho por la cornposi~ ción de los capitales. La formación del precio y del prove~ cho, por consiguiente, se lleva á cabo, no sobre la base del costo absoluto del trabajo, sino de los costos de la producción capitalista. Está fuera de toda duda que en lo que á una empresa aislada se refiere no puede observarse en la formación del provecho diferencia alguna entre el capital constante y el variable. "El capitalista-dice Marx~cuya visión es limitada, cree, con razón, que su provecho no procede sólo del trabajo empleado por él, ó en su empresa. En cuanto á su provecho medio se refie­re ticne raZÓll ..... Ahorro de trabajo-no sólo del trabajo necesario para obtener un producto dado, sino en el nú­mero de obreros ell1pleados~y un mayor empleo de tra­bajo muerto (capital constante), le parecen operaciones económicamente muy justificadas y que en modo alguno reducen la cuota general del provecho, ni al provecho medio mismo. ¿Cómo había de ser, por consiguiente, el trabajo humano la fuente exclusiva del provecho, cuando

la disminución de la cantidad de trabajo necesaria 110 sólo no reduce el provecho, sino que más bien, en deter­minadas circunstancias, aparenta ser la fuente inmediata del aumento del mismo? (1).

La opinión de que el trabajo humano no es la "fuente exclusiva del provecho., depende de la limitada visión de los capitalistas que se dirige sobre lo particular y no sobre el conjunto. Pero mientras que los provechos de los

(1) Marx, El Capital, tomo 111, pág. 1-19.

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capitalistas aislados dependen tanto del capital constante C0ll10 del variable, los de toda la clase capitalista están producidos, exclusivamente, por el capital variable. La ley de la plus-valía rige el conjunto de la distribución social, y, especialmente, de los ingresos sociales de las

_diferentes clases. Lo que concierne á la posterior distribu­ción de los ingresos dentro de una misma clase, depende de otras leyes. Tomando las ramas de la producción en conjunto, la suma de los precios de las mercancías equivale al valor de su traLajo; los provechos de algunas empresas aisla­

-das que no coinciden con la plus-valía no son capaces de anular la ley general de la plus-valia, pues todo "se redu­ce á que lo que va en una mercancía de más de plus-valia, quede en otra de menos, y que, por consiguiente, tam-• bién las alteraciones de valor, representadas en los pre­cios de producción de las mercancías, se compensan mu­tuamente. (1). De aquí que estén las cuotas generales del provecho, en oposición á las de cada rama productora, determinadas por la composición del capital social, á saber: "1.0, mediante la orgánica composición del capital (valor) en las distintas esferas de la producción; 2.°, me­diante la distribución del conjunto capital social en las di­ferentes esferas (2).

JI

La teoría de la plus-valía puede ser refutada tan s610 probando que tampoco la distribución de los ingresos so­ciales entre las distintas clases sigue la ley de la plus-va­

(1) Marx, El Capital. pág. 140.


(2) Idcrn íd _, pág. 141.


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lía, y que la cuota general del provecho, en su situación estática, como en sus alteraciones, es también indepen­diente de la composición del capital social. A continua­ción ha de intentarse esta prueba.

La composición del capital es muy distinta no sólo en las empresas aisladas, sino en grupos completos de la pro­ducción social. Podemos aceptar que el capital constante constitllye la parte principal en la producción de medios productivos, pero la menor en la de artículos de consumo de las clases dominantes (artículos de lujo especialmen­tel. El esquema siguiente pone á la vista de qué manera, partiendo de esto, se reproduce y distribuye el ingreso social.

Reproducción y distribución de los ingresos sociales expresados en sus precios el! dinero (1).

1. Producción de medios productivos:

180 m -1-00 s + 60 r =: 300.

11. Producción de artículos de consumo para los

obreros: 80 m + 80 s + .fO r == 200.

m. Producción de artículos de consumo para los ca­

pitalistas: 40 III +60S-1-25, = 125.

Con m, 5, r designaré respectivamente los medios de producción (capital constante), salarios (capital variable)

(1) En la construcción (Urnschiagspcriode)
del capital fijo y el circulante no se señala, aceptando que tanto uno como otro hacen aquel recorrido. La partición de la producción sociat es en d c,quema propor­cional; la demanda de todos los productos es igual á su oferta. ;0-.:0 se da acumulación capitalista alguna.

EL MARXISMO

Yrenta (plus-valía). Las cifras están elegidas á capricho y expresan en millones de marcos los precios (precios de producción) del capital invertido, rentas y productos anual­mente olJtenidúS en el grupo correspondiente de la pro­dllcción. La composición del capital es. conforme al su­puesto sentado, diferente en cada grupo, predominando d capital constante en el primero, el variable en el ter­CCIO y equiparándose en el segundo. Las cuotas del pro~ veclto, conforme á las leyes generales de igualdad de las mismas, lo son también y corresponden á un 25 por 100.

El esquema expresa en sus precios todas las relacio. \les de producción y distribución. Ahora bien, detrás de las mercancías están los hombres, y detrás de los precios el valor de trabajo, que no coincide con éstos. En el es­quema que sigue, el precio se sustituye con el valor del trabajo correspondiente. Yo parto de la hipótesis que la <.luración de la jornada y los salarios efectivos y la cuota de la plus-valía, por consiguiente (relación de la plus­valía con el capital variable), son iguales en todos los grupos de la producción. Queda igualmente aceptado que en el primer grupo citado están anualmente ocupados

150.000 trabajadores. Con la ayuda de los medios de pro­ducción, cuyo precio equivale á 180 millones de marcos, obtienen una suma de productos cuyo precio es de 300 millones. Si el valor del trabajo de esta masa de valorl:s lo llamamos X, el de los medios productivos gastados en

·. á. 1180

Ia producclQn ser 19ua á 300 X.

De aqui se obtiene la siguiente equivalencia:

180 """"3(j"Q X -1-150.000 años de trabajo (1) = X,

(1) ~a 'unidad de trabajo que se toma es un año por obrero. puesto {lile cstal! anualmente ocupados, como se ha dicho.

lBS EL MA¡IXIS.\W

y de aquí resulta X = 375.000 afIas de trabajo. El valor del trabajo de los medios de consumo de los trabajadores puede fijarse semejantcmcnte. El valor del trabajo de los

. . ~ 80.000

medios de producCIón consumidos aquí cs 37.) X -3ÓO~OO() años de trabajo, por consiguiente, 100.000 aiios de tra­bajo. El número de los trabajadores oClIpados CII esté grupo de la producción corresponde á 105 dd primcr grll­

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po como --, es, por consIguIente, de 100.000 x '0

tiO. b

200.000. El total valor dd trabajo de los productos dd se· gundo grupo importa 100.000 + 200.000 ~~ 300.000 aflos de trabajo.

En el tercero, el valor del trabajo de los medios de pro­

10

. 3-_ -0000 -1 ti' 1'1 .

dUCClÓll es /0:< -~ = J anos lera Ja)o. : nu­

300

lIIero de trabajadores oCllpados es igual que en el primero, y el valor del trabajo dé los productos obtellidos importa

50.000 + 150.000 -~ 20U.000 aiios de trabajo. La cuota de 200 (ele plus-valía social)

la plus-valia social es igual -~.----'-­

300 (de capital ~oClal variabk) ü6,G por 100, la que es igualmente valedera para cada grlt­po, cuyas cuotas ue plus-valía, couforme á la hipóte~¡s sentada, son iguales. Y así llegamos al segundo esquema

de la

ReprodlJcción y dístríbudán de los íngresos sociales expresados en valores de trabajo.

1. Producción de medios productivos: 225 In + 90s+ 60 r = 375.
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