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Bi buoteca sociológi ca los fundamentos teóricos


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SECCIÓN SEGUNDA

VALOR Y PLUS-VALÍA

CAPiTULO VI

VALOR Y COSTOS

1.1". Ir<".• I¡,orial del valor del traba/o: La Ideallst•• la relaelv" y la ab,olula.-J. La lIoc­Irll/a marxi.la lIel valor: El carácter histórico del valor. -Valor y proclo.-I.a ,on· tradicción interna del concepto marxista del valor. -11. La do,trilla de los costos nlHoltftós y rdalivps: El trabajo como costo absoluto.---Costos relatfvos.-Costos de la producción capitalista. -Los costos absolutos como calegorfa .ocl.l por exceloncla. 1lI. La doctriaa del vator: Del valor en general. -El valor económico. -L. comensu·· rabilid.d de los sentlmlenlos agradables y desagradables.-La leorla de la utilidad limite y la del valor dellrabajo.-l'ormaelón del precio.-El precio como expresión de I.s reladones de poder sodal y dependencla.-El factor Incon'ciente en la lorma· erón del precio.

La doctrina marxista del valor encuentra en el·trabajo el fundamento del valor de las mercancías. Sin embargo, llamar á esta teoría del valor del trabajo, es decir muy poco de su contenido, pues no hay una sola, sino por lo menos tres teorías de esta.clase. Una de ellas fué expues­ta ya por Tomás de Aquino, con las ,siguientes palabras: "Oportet ad hoc, quod sit justa .. commutatio, ut tanta calceamenta dentur pro una domo vel pro sibo unius bominis, quantum' ¡f!dificator.vel. agrícola excedit coria­rium in laboreet:Jn'experÍsis; :.quiasi h{)cnon obser~a­tur, non erit coii1Iliittatio:\;era~,,:(1). .'EI 'cambio de los

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(1) • Conviene, segun:esto, ~ara:qu~sea~i~~~bIO Justo, que se den Cantas prendas de· calzBrp.of uri~ c:'~s~·~p'Qr. ~1;¡Hmentode un hombre, corno el constraetoi ó.eFagrle~ltgr.~~1;~:~~'!t~~al~ de.! cu~to yen gas­tos, porque si est~.ttCl esobseryadoi·~h~¡unbfo(comml¡tatio)no es jnsto.• Citado por º1~tz~I•.EcCiiio~Ia:-~~ci{¡l~t~d~a, 1895; pág. 207.

EL iIlARXISi\lO

bienes, según esta teoria, para que responda á las exi­gencias de la justicia, debe determinarse conforme á la cantidad qe trabajo que se necesita para producirlos. No afirma que el precio efectivo de los bienes corroesp~nd~.á esta exigencia; pero sí que es injusta la detennInaclon del valor por otro criterio. El valor del trabajo es por consiguiente, según esta concepción, no una ley de los hechos económicos, sino la suprema norma moral que debe regirlos. De aquí que pueda ser llamada esta teoría:

teoria idealista del valor del trabajo. La doctrina del justo precio es caracterí stica durante la Edad Media. El ideal económico del cristianismo estaba formulado en la frase: "Ú cada uno según su tralJajo,,, Y ¡¡ est,e precepto fué siempre fiel la teoría económica dc los Santos Padres. Por ser este ideal la expresión de una norma ética universal, ha podido conservar su validez completa hasta Iluestros días. El socialismo moderno, re­cogiéndolo, ha hecho de su consecución su fin más

elevado. El autor de las Contradicciones económicas-el inteli­gente Proudhon-designa el valor del trabajo como valor constituido, Y descubre "el progreso de la sociedad en 105 intentos tan repetidos de resolver el problema de la cons­

titución del valor" (1). La constitución del valor es para Proudhon equivalen­te á lograr un estado económico en el que desaparezca la apropiación del trabajo por las clases ociosas, Y en el q,ue cada trabajador reciba integro el producto de su trabaJO. No habiendo sido conseguido todavía con el reinante or-

EL MARXISMO

den económico, el valor constituido no es un hecho que corresponda á la reaJidad presente, sino un ideal para el porvenir.

Por lo que acertaba Proudhon cuando llamaba á la teoría del valor del trabajo, asi entendida: "la teoría re­volucionaria del porvenir". y sólo por una mala inteli­gencia intencionada pudo Marx comparar el valor consti­tuído de Proudholl con el valor del trabajo de la eco­nomía clásica y "encontrar muy cándido que Proudhon considerase como teoría revolucionaria del porvenir lo qlle I~icardo ha demostrado científicamente como la teo­ría de la sociec!a(1 burguesa contemporánea" (l). Hicar­do no ha demostrado, ni pretendido demostrar siquie­ra, que el trabajador recibe en la sociedad burguesa el producto integro de su trabajo. La teoría del valor de Ri­cardo no puede compararse con la de Proudhon por tra­tar ambas de objetos distintos: mie"ntras Proudholl en­tiende por valor constituido el derecho del trabajador al

producto integro de su trabajo, Ricardo aspira á fijar con su t(~oria del valor la ley de la formación efectiva del pre­do. En la cantidad de trabajo exigida por la proauccióll de 105 bienes ve Ricardo el más importante momento ob­jetivo, pero ni COIl .mucho el único, para regular el pre­cio medio de todas las mercancias sujetas á la libre con­currencia. El pensamiento de que sólo el trabajo sea la sustancia del valor fué completamente ajeno á Ricardo, como claramente se ve, sobre todo, en sus cartas á Mac Culloch. "A veces pienso-dice el gran economista en ulla de estas cartas-que si se me permitiese escribir de nnevo el capítulo de.mi,?bra sobre el valor habría de in­

0(1) Promj/¡on. Sistema de (as colltradicciOlles económicas. 188G, olomo r. p~g. 90. (1) Marx, Miseria de la Filoso/ta, pág.·18. '. , o'


EL MARXISMO



sistir en que el valor relativo de los productos está regu­lado, no por una, sino por dos causas, á saber: la canti· dad relativa de trabajo necesaria para la obtención del objeto, y por el provecho que corresponde al capital em­pleado durante la producción" (1 ¡.

La ocasión es para Ricardo otro factor del valor de las mercancías multiplicables á discreción, completamente independiente del trabajo; el valor de las mercancías nu multiplicables se determina, por el contrario, haciendo abstracción del trabajo que cuestan, por la oferta y la de­manda exclusivamente.

La doctrina del valor de Ricardo puede ser llamada re­lativa por no considerar al trabajo como un factor absolu­to, sino sólo como el fundamento relativo más importante del valor de las mercancías.

Hay otra teoría del valor que reconoce al trabajo como

sustancia absoluta del valor, y consiguientemente puede

ser llamada teoría absoluta del valor del trabajo. Esta es

la expuesta por Rodbertus y Marx (2).

Según la teoría absoluta del valor del trabajo, valor no es más que trabajo cristalizado en las mercancías. El trabajo, y nada más, dete!mina el valor de las mercan­cías, ya que el trabajo es la sustancia misma del valor.

(1) -Cartas de D. Ricardo d J. R. Afc. Culloch, 1895, pág. 7l.

(2) Rodbertus tuVo la lnconsec~cnda de sustentar simultáneamente 'Ias tres dlferétllesll~oiías del valor-trabajo.

EL MARXISMO

"Como valores son' todas las mercancías, sólo una deter­minada cantidad de trabajo crÍstaJizado n (l).

Pero el valor es no sólo equivalente al trabajo. El trabajo es la base de toda la economía, no una catego­ría histórica por lo tanto. El valor, á su diferencia, es, según Marx, una categoría histórica formada por dos di­ferentes elementos: l.", por la cantidad de trabajo gasta­da en la obtención de un determinado producto útil, y 2.", por la expresión de este gasto, no inmediatamente en el tiempo de trabajo social, sino por medio de otro pro­ducto de trabajo que se cambia por el primero. Faltando este segundo momento hist6rico, el gasto de trabajo so­cial no toma la forma de valor. La sociedad socialista np necesitará del valor para expresar la cantidad de trabajo invertida en la produccíón. "La producción socíal inme­diata, así como la distribudón directa, excluyen todo cam­bio de mercancías, la transformación de los productos en mercancías igualmente....., y con ello también su con­versión en valores. Tan pronto como la sociedad entra en posesión de los medios productivos ylos emplea en la socialización inmediata de la producción, el trabajo de cada uno deviene..... desde luego, y directamente, trabajo social. No se necesita ya de ningún rodeo para fijar la cantidad de trabajo encerrada en un producto; la expe­ríencia diaria muestra inmediatamente cuanto es preciso en término med.¡o..... Las gentes pueden hacerlo muy sencillamente sin intervención del tan famoso valor" (2).

El valor es, según esto. una forma hist6rica por la que

(1) Marx: Crllica4e iqE~onPinlapoIÚ¡ca',J~59, pág. 6.


(2) Engels, LarinJólucjdri4e.li¡-¿j~~fja"tte·Elfgenjo Dühring, pá-­


glnas 334 y 336.." " . . ,-.,',.. '.. .... .. ,



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EL ,\IARXIS.\lO

llega á expresarse, bajo determinadas relaciones socia­les-las de la producción de mercancías -el trabajo so­cial; es una ferma propia de la producción de mercancías para medir el trabajo social. "La fuerza de trabajo huma­na consumiéndose, ó el trabajo humano. crea valor; pero no es valor. Deviene valor cristalizado en forma de pro­ducto. (1).

Mas para comprender bien la doctrina marxista del valor, es necesario saber, 110 sólo lo que es el valor, sillo también lo que no lo es. La particularidad de esta doctri­na está en la distinción rigurosa que hace de los concep· tos ';'alor y precio. Mientras que otros economistas unifi­can el valor de las mercancías en abstwcto con su expre­sión concreta en el precio, Marx las considera como cosas distintas. Después de publicado el tcrcer tomo de El Ca­pital han creído muchos ver la doctrina del valor de este

tomo en contradicción con la del primero, porque en el tercero expresamente reconoce que: no los costos de tra­bajo, sino los costos de la producción capitalista, la in­versión de capital, constituyen el punto de gravitación del precio de las mercancías; mientras en el primero encon­traba en el trabajo la sustancia del valor. Sin embargo, Marx había ya insistido en su primer tomo sobre que "el precio medio de las mercancías no coincide precisamente con su valor" (2) Y que muchas cosas tienen precio sin po­seer valor alguno (la tierra, la vegetación espontánea, cte.). Ciertamente no precisa Marx en el primer tomo de su gran obra la relación eX¡icta entre valor y precio; pero ya en su doctrina general del valor estaba claro qne, segCIlI

(1) Marx, El CI pilg. 18..




(2) El Cl1pital.1. 3." edic., pág. 129

EL MARXISMO



su concepción, el precio de las mercancías tiene que ser cosa muy distinta de la mera expresión en dinero del va­lor del trabajo (1).

Después de publicado el tercer tomo de EL Capital, es imposible toda discusión. La doctrina del precio de Marx concuerda, en todo lo esencial, con la de Ricardo, mien­tras qlIe la tearia absoluta del valor del trabajo sólo tiene de común el nombre con la teoría relativa del valor del trabajo del mismo economista clásico. Ricardo ve en el trabajo sólo uno entre varios factores del valor; para Marx lorma el trabajo la sustancia del valor mismo,

El concepto del valor absoluto del trabajo es el eje del sistema económico de Marx. Muchos críticos de Marx sos­tienen que su principio económico fundamental-el valor absoluto del trabajo-es un postulado que Marx no prueba. La observación es cierta, pero la falta de prueba de este principio no puede considerarse como el punto débil del sistema marxista. Está metológicamente justificado. ¿Qué debía probar Marx? ¿Qué el precio de las mercancías coincide con los costos de trabajo? Esto no lo afirma Marx, lo niega terminantemente.

La realidad del costo de trabajo de las mercancías no necesita prueba alguna. Razón tenía Marx al ver en todo su sistema la mejor prueba de su principio, en su expli­cación de las leyes de la economía capitalista. El cimien­to de su sistema es el concepto del valor absoluto del

(1) Sí dice Marx que "la expresión del valor de una mercaneia en oro es su forma en dinero, 6 sea su precio. (El Capital. l, pág. 60); pero en la siguiente página explica "que una cosa puede tener un pre­cio formal sin tener valor., La primera afirmación queda refutada por la segunda, y proviene, sin duda, de un descuido en la forma de ex­presarse.

EL MARXIS,\lO

trabajo; si el sistema no cae, es por descansar sobre só­lida base. El mentado concepto tiene que ser considerado como un postulado de la ciencia económica; corno la con­dición de su existencia. Henunciar á este concepto signi~ fica renunciar á la comprensión científica de la economía capitalista.

La critica de la doctrina marxista del valor debe con­sistir en el juicio de la utilidad científica del concepto del valor formulado por Marx, en su eficacia como medio de investigación. En mi opinión, encierra este concepto una contradicción interior que le incapacita de servir para la investigación,

El valor es para Marx, como se ha dicho, no el traba­jo simplemente, sino el trabajo objetivado en las mercan­cías. Mas, ¿cómo puede el trabajo objetivarse en las mer­cancías? ¿En virtud de qué fundamento aparece el trabajo en la economía de mercancías no como lo que es real­mente-esto es, una determinada cantidad de fuerza de trabajo humana-, sino como una propiedad del producto del trabajo, de la mercancía? Y ¿en qué propíedad de la mercancía se manifiesta la objetivación del trabajo?

La causa de la objetivación del trabajo humano en sus

productos parece estar en que en la economía de mercan­

cías es imposible la comparación directa del trabajo em­

pleado en la obtención de los diferentes productos, por­

que la economía social, en este estadio, consta de econo­

mías individuales, independientes y autónomas, entre las

cuales, los objetos cambiables, las mercancías, forman el

único lazo de unión. La objetivación del trabajo se expre­

sa, por tanto, en el precio de las mercanclas. Aparte de

su precio, la mercancia no tiene propiedad alguna en la

que pueda objetivarse la cantidad de trabajo que contiene.

EL MARXISMO 153

Pero el precio de las mercancías no expresa la canti­dad de trabajo que contienen, sino la inversión de capi­tal efectuada durante su producción (1). En el precio de las mercancías se objetiva, no el trabajo, sino la inver­sión de capital. Y na pudiéndose objetivar el trabajo más que en el precio de las mercancías, se deduce que esta objetívación no tieue lugar.

La contradicción interna del concepto marxista del valor está, por lo tanto, en lo siguíente: El valor es, se­~ún Marx, trabajo objetivado; pero como Marx expresa­mente reconoce, el precio no coincide con el valor del trabajo; ahora bien, el trabajo, si no en el precio, en nada puede objetivarse Por consiguiente, el valor no es traba­jo objetivado.

Con esto queda fijado lo contradictorio del concepto

marxista del valor. Le ha puesto á Marx ante el siguiente

dilema: ó los precios de las mercancías se determinan por

su valor, y en este caso el valor lIO coincide con los cos­

tos de trabajo, ó no está determinado por el precio, e·11

cuyo caso el ~oncepto del valor, pierde todo sentido pre­

ciso, porque el valor sólo puede set pensado como fun­

damento del precio.

En el primer caso, la construcción marxista del valor

se desploma; en el segundo pierde toda relación con

los hechos reales del cambio, queda sin contenido. En

ambos se muestra incapaz de ser utilizada como medio de

investigación. Asi debió comprenderlo Marx, y en la im­

posibilidad de dar al formulado 'dilema una solución con-,

forme á los fundamentos del"sistema. tienen su explica­

(1) Véase Q; :Adler, Los /unáamentos de la critica marxista de Ir¡ economla exiJ'tenÚ;1887. pago -90. '. _..

_ --' _ .~. '.•• ' ~"': . .' " .A'

lSI l'L ,\1 AkXJS~lO

ción las contradicciones existentes en su teoria eCOnó­mica.

En los tres tomos de El Capital vacila su autor entn: conclusiones antagónicas: el reconocimiento Ó la nega­ción en el trabajo de una propiedad determinante del precio. Según las Ilecesidades de su argumentación se dccide por una ú otra. En el primero parece como si el precio estuviese directamente determinado por el valor; en el tercero, donde se trata de la formación del precio de las mercancías, niega que sea así. De aqlli nace la creen­cia de que la doctrina del valor del tercer tomo contradi­ce la del primero. En realidad, la contradicción es má~ honda, reside en el concepto del valor absoluto del tra­baio que no determina los precios, y, sin embargo, se eX­presa en las relacioncs de cambio de las mercancías.

Esto ha dado un sello fantástico á lJIucl¡¿JS cOlIstruccio nes económicas de El Capitulo Después de haber ncgadu Marx expresamente, que el precio de las mercancías gra­vita sobre los costos de trabajo, añade una fórmula tra~ de otra, superpone teoremas, construye su sistema que se cOllJplica cada vez más, fundado en el reconocimiento implícito de que el precio de las mercancías..... gravita sobre los costos de trabajo. El pensamiento se envueh-:e siempre en este concepto contradictorio. El autor vive en un mundo fantástico que no tiene relación alguna con el real. Fenómenos reales-como el precio de la tierra-sol1 designados como imaginarios, mientras que conceptos absolutamente imaginarios -como valores, en cambio. que no están en circulación-son proclamados clave de la sabiduría económica más elevada.

EL MARXISMO

11

Sin embargo, con la determinación de lo que una doctrina tenga de contradictorio, no queda rematada la (lítica de la misma. Puede ser insostenible como conjun­to, y contener sus elementos mucho de verdadero. Una critica 'provechosa debe no sólo rechazar lo falso de una doctrina, sino también valorar lo que contenga de cierto.

La teoría absoluta del valor del trabajo de Rodber­tlls-Marx es, ciertamente, como teoría del valor-como tcoria del precio, por consiguiente, ya que el precio es Illl¿J manifestación concreta del valor abstracto -incondi­cionalmente falsa. Pero la disconformidad de esta teoría (011 la formación real del precio es demasiado manifiesta para poder ser desconocida de pensadores del fuste de Podbcrtus y Marx. Si á pesar d~ esto la mantuvieron firme, fLlé por considerarla base indispensable para su ~istema económico, que tenía por fin la expl~cación de las rdaciones sociales del capitalismo. Sobre la teoria dd valor descansa propiamente la de la plus-valía, COIl la que estos pensadores reputan como una forma de la explotación social todo ingreso que no procede del pro­

pio trabajo.

No se puede discutir que la teoría. absoluta del valor del trabajo contiene un fondo de verdad. "Ninguna otra cosa más que el trabajo-dice Ro~bertus-puedecontar­se entre los costos de los bienes; eS. el único elemento á considerar desde el punto de vista de los costos de pro­ducción de los mismos..... .y siun bien cualquiera cuesta

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al hombre indudablemente el trabajo que ~xige su pro­

156 El MARXIS,\IO

El MARXISMO 157

ducción, en su relación con el hombre, ningún otro ele­mento puede encontrarse del que pueda decirse que entra en los costos de su adquisición. No se puede llegar talll~ poco que para la producción de un bien es necesario otr~ bien activo. El materíal necesario para ello es aportado por la Naturaleza..... Habria, pues, de querer hablar siem~ pre de costos, que individualizar á la Naturaleza para ave­riguar cuáles sqn los suyos. La materia natural no es un gasto que haga el hombre para obtener el bien, y costos de un bien son, para nosotros, tan sólo aquéllos que éste tiene. (1).

El proceso económico es una actividad humana que tiene por fin la creación de los medios de satisfacer nues­tras necesidades. La categoría del valor económico se re­fiere á estos medios; pero la misma actividad humana no queda comprendida en la categoría del valor. Por eso ne­cesita la comprensión científica del proceso económico, junto á la categoría del valor, también la de los gastos de trabajo: los costos. Ambas se completan mutuamente y forman las categorías fundamentales de la ciencia econó­mica, apareciendo en la categoría de los costos el hombre como elemento activo de la economía, y la del valor dis­frutando de ella. Pero, ¿eH qué consisten los costos en sentido absoluto? Evidentemente tan sólo en gasto de tra­bajo humano, ya que sólo el hombre es el sujeto de la economia humana. '

"Cuando Roscher afirma que las vacas y los toros son los productores de los terneros, y Smith que en la agri­cultura no trabaja sólo el trabajador, sino también el ga­

(1) Rodbertus, Para el cOlloáfíriento de nuestro estado cconómi· ca, 1842, páginas 6-B.

nado..... dan estos autores al ganado personalidad, pues sólo nna persona puede ser activa" (1). Observa acertado Effertz. ¿Por qué atribuímos s610 al hombre la personali­dad? ¿Por ser el hombre el único sér de razón, el rey de la creación, etc.? Desde luego que no. "Todo esto es fan­tasía. El verdadero motivo es mucho más casero. El bom· bre es persona, porque estudiamos la economía humana. Si estudiásemos la de las abejas, las abejas lo serían, y si quisiéramos estudiar la de los bueyes, .serían personas los bueyes. Y en ambos casos los hombres dejarían de

serlo" (2).

De aqllí que ni el trabajo del caballo, ni el salto de agua qlle mueve un molino, puedan contarse como costos en sentido absoluto. El trabajo del caballo no eB un gasto

de fuerza vital del organismo humano; por él no siente el hombre cansado su cuerpo. El único verdadero elemento de costo en la economía humana es, por consiguiente, el hombre mismo.

Esta concepción parece tropezar con muchas dificul­tades. No sólo productos del trabajo, otras muchas cosas que no se obtienen con el trabajo tienen una gran sígnifi­cación económica para el hombre, como el suelo, por ejemplo. El hombre tiene que ser tan ahorrativo fre'nte al suelo cuando no queda nínguno libre ó' desocupado, como frente á todo otro bien ecol16mico. ·5610 los bienes que cuestan trabajo son bienes económicosw-dice Rodber­tus.-Esto es notablemente falso. Elsuelo es, bajo las ~, cunstancias econ6micas corrientes deJos pueblos cifill~ zados, un bien económico. .

(1) Otto Effcrlz, Trabá/oy~sue[(), 1897,pág. 46.

(2) Idcm, Id., p~g, 47. ..~ .,

Esta es una objeción contra la teoría absoluta del va­lor del trabajo de Rodberlus y Marx; pero no contra la teoría absoluta de los costos del trabajo aquí representa­da. Para el autor de las Cartas sociales el trabajo CC>llsti­tuyó sustancia no sólo de los costos, sino del valor tam­bién. Por eso negó Rodbcrtlls cualidades económicas­de valor-á todas las cosas que no son productos de tra­bajo. Yo niego rotundamente que el trabajo sea la sus­tancia del valor; sÍ es, en cambio, en mi opinión, la única sustancia de los costos absolutos.

El error de Rodbertlls-como el de Marx-estaba en pretender identificar dos cOllceptos totalmente distintos, el de los costos y el del v

Ahora bien, de los costos absolutos-los gastos de trabajo-, hay que distinguir los relativos. La categoría de los costos absolutos es tan distante de [a del valor, como el hombre sujeto de la economía lo está de los objetos de la misma. Para lograr un determinado fin es necesario el gasto de un bien valioso; asi significa este bien el costo del fin á conseguir. La vegetación espontánea no cuesta

(1) Véase Wles"er. Sobre el origen JI lejes fundamentales del valor económico, 1884, pág. 79.

EL MARXISMO 159

nada á la humanidad, sin embargo tiene valor en cuanto se cuenta junto al trabajo al emplearla en la construc­ción de una casa. Claro está que los costos en este senti­do tienen un carácter económico completamente distinto que los costos absolutos del trabajo. El interés por ellos es tan primitivo como cualquier otro interés humano. Es­timamos nuestro trabajo no porque-ó no sólo porque­con su ayuda obtenemos bienes para satisfacer nuestras llecesidades. Nuestro trabajo es nuestra actividad vital, y el gasto de trabajo es el de nuestro organismo, de nos­otros mismos. Por eso debemos ser en relación á nuestro trabajo tan moder;,dos como con nuestros bienes; por esto son los costos del trabajo costos absolutos.

Otro carácter económico tiene el empleo de bienes ex­teriores de valor real. Un bien gratuito como la vegetación espontánea, continúa siéndolo siempre, también como ma­terial de construcción. Mas por tener la madera un valor determinado significa, COmo elemento de construcción, un determinado sacrificio económico. Los costos de esta se· gunda clase, para distinguirlos de los costos de trabajo, [os I1amo costos relativos, relativos porque su costabi­lidad es un derivado de su valor.

En la economía de cambio cada bien que tiene valor puede, cambiándose, servir para la adquisición de otro bien. Todo se puede comprar por dinero, y por eso es na­tural que dentro de las modernas condiciones económicas los costos de todos los bienes económicos se expresen,ge­neralmente, por la cantida.d de dinero. necesaria para com" prarlos. ""

El suelo baldío no contiene ningúnátomo de trabajo humano. La humanid~d lo obtiene sin el menor gasto de su fuerza vital. Pero la tierr~ tie~é .valor y puede, en con­

'. . ,-.'. ,­

EL .\lARXI5MO

secuencia, expresarse éste en un determinado precio. Para el que ha comprado la tierra con su dinero, significa este dinero el precio de la misma. Estos costos tienen, sin embargo, un carácter relativo, sólo cuenta para la econo· mía privada del comprador del suelo, lo mismo que sólo afecta á la economía pri\'ada el cambio de riqLteza rcali­do; para la sociedad toda continÍla siendo gratuita la tie­rra; la sociedad no ha experimentado con la adquisición del suelo el menor sacrificio.

La categoría de los costos de explotación, considera­da como inversión del capitalista, tan característica de la economía reinante, es una cakgoría de costos relativos. "El costo capitalista de las mercancías-':""observa Marx­se mide en la inversión de capital; el costo efectivo en los gastos de trabajo" (1).

Los costos de la producción capitalista-costos de ex­plotación-no son, coma se ha dicho, costos absolutos, sino relativos. Puesto que el capitalista, sujeto de la ex­plotación, no toma parte en el trabajo produ.:tivo, está, naturalmente, muy poco interesado en los costos abso­lutos del trabajo. Sólo como inversión de capital le pa­recen los gastos en trabajo, un elemento de costo de su empresa. Desde el punto de vista capitalista el trabajador es uno de tantos medios de producción, una forma del capital. Lo característico de la categoría de los costos de producción en el capitalismo consiste precisamente en desaparecer por completo la distinción económica funda­rnental entre el hombre y los objetos de su comercio. El hombre y los medios de producción materiales aparecen en esta categoría confundidos como cosa de una misma

(1) J\1arx, El Capital, tomo IV. pág. 2.

El. MARXISMO 161

especie. Una tal identificación de cosas tan heterogéneas en sí es una consecuencia de la economía capitalista, para la cual el trabajador 110 constituye el sujeto, sino el objeto de la economía. Ciertamente, como Rodbertus dice, en .. contradicción con las modernas ideas jurídicas", las Cua­ks "rl:COIlOCell el1 el trabajador la misma personalidad libr~ (jlle en un rentista" (1). Igualmente hay que (011­\'CJllr con l~odbertl1s en que la consideración capitalista del trabaja.dar como un medio de producción "presupone lllvoluntanamente la esclavitud", y que pensando así "se hace de los trabajadores máquinas perfectas, y que sus subsistencias dejan de ser bienes ó ingresos, para conver­tir~e ~n el pienso ó el carbón que el animal de carga y la maquIna consumen respectivamente" (2). Todo esto es cierto; pero falso la conclusión, según la cual, por con­tradecir esta concepción las modernas ideas jurídicas, con­tradice también "el estado real de las cosas". Con éste concuerda perfectamente, por el contrario, la realidad ca­pitalista que sólo á las primeras contradice (3).

Desde el punto de vista capitalista las inversiones de capital; pero no los gastos de trabajo, forman los verda­deros c~stos de la producción. Esto nos explica por qué la categorra de los costos de trabajo es tan extrafia á la con­den,ci~ capitalista. Y con todo, [os gastos de trabajo son los UIllCOS costos absolutos de la sociedad capitalista. Una ciencia objetiva de la sociedad no debe situarse en un punto,de vista capitalista, no representando los capitalis­tas mas que una parte de la sociedad y no á toda ella.

(1) . Rodbertus, Para el conocimit'flto de nuestro estado eCOlló/Jl'­(0, lli l:¿. p.ig. 22. 1

(2) ldem. id., id.


(3) IdellJ. íd., id. Véase el cap. IX de la misma.


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EL MAHXISMO líi3

ciÓl1 de los precios aparece á la conciencia capitalista como situado fuera del verdadero proceso económico; y, de hecho, la categoría de los costos absolutos no se ma­nifiesta en la superficie del mundo capitalista,

Sin embargo, no es menos real que la categoría del valor. Ciertamente se objetiva el valor en los precios, y no así los costos del trabajo; pero solo el fetichismo de las mercancías, cuya natura!cza reveló Marx tan ~l'niaIIl1ell­le, puede conducír á ocultar detrás de su precio la fuerza l:Íecliva propia de la economía, el hombre económico, A los ojos liD deslumbrados por este fetichismo, no puede quedar escondido en ningún caso el valor real de los cos­tus de trab<1jo, "Eu toda ocasión-observa Marx-tiene qu e interes¡¡r á los hombres el tiempo de trabajo que cuesta I¡¡ producción de las subsistencias. (1). Los costos úel trabajo son la categoría social por excelencia. La ca­legaría del v¡t1or tiene carácter de fetiche: relaciones so­ciales están ocultas en ella con la careta de relaciones de

mercancías; detrás del precio de las mercancías no se ve

al obrero, su productor. No pasa lo mismo con los costos

del trabajo: aquí aparece el hombre social descubierto, su

persona paciente y doliente en su lucha con la Naturaleza

y con sus relaciones sociales, las que nacen sobre la base

de esta lucha.

El concepto de la productividad del trabajo pertene­

ce, como generalmente se reconoce, á lps conceptos fUIl­

damentales de la ciencia económica. El progreso social

como el económiéo se mide, sencillamente, por la eleva­

ción conseguida en la productividad del trabajo. La ciell­

cia económica no es capaz de explicar sus doctrinas más

(1) El Capital. 1, pág. 38.

El. ~\.~IlXISMO

IGl

dementales sin este concepto. Así parte de él, en Sil doctrina del capital, por ejemplo, un adversario tan deci­dido de la teoría del valor del trabajo como Biillll1­Bawerk, cuando descubre la Si!411ificación económica del capital en "que se pueda obtener por medios indirectos, COIl el mismo trabajo más producto, ó el mismo producto

con un trabajo menor" (1). "El grado de productividad social del trabajo, su mo dificaciólI, ele.. es lo que ·--dice Sombart-, sin Ile!4,¡r á la cOllciencia de los agentes de la producción 6 de cualquier individuo ecollómico, decide en última instancia sobrL~ los precios, sable la cuota de la plus-valía, sobre toda la estructura de la vida económica, poniendo límites precisos al arbitrio individual" (2). Ahora bien, el concepto de la producti\'ill
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