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Bi buoteca sociológi ca los fundamentos teóricos


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El progreso social consiste en 1:1 t nsformación de esta originaria comunidad natural en

ra 1. d' 'o

la asociación cada vez más autónoma de os In ¡VI nos, en una sociedad, ó más bien, en un sistema de socieda­des soble la base de un acuerdo libre.

Cierto que la sociedad no se desprende jamás de Sil base e1cmental originaria para llegar á ser un contrato so­cial absolutamente libre, igualmente que el individuo nunca se redime totalmente de sus instintos naturales.

""

.

(1) Fernando Tbnnies, COl/lunidady Sociedad, 1887, pág. 235.

Il.'i Pero asi como la voluntad que interviene reflexionando proyectando y decidiendo, y es inseparable de la concien~

cia de su autonomía, toma con el desarrollo de esta COll­ciellcia cada vez más espaCio del ocupado antes por los instintos y tendencias originarios, del mismo modo la l'\'Oluciün social deviene en progresión ascendente el pro­ducto de la voluntad humana relativamente conscía y li­bre. La necesidad económica, que 110 es otra cosa que l'I poder de la naturaleza exterior dominando á los hom­1m::; ¡~or medio de la economía, va cediendo Sil pue~to al

IIllperro de la libertad condicionada, á la creación Cons­l"jcntc de sus condiciones de existencia mediante los hombres.

Este pensamiento, que significa tanto cama la disolu­ción de la idea fundamental del materialismo histórico

,

aUllque parezca extraño, no fué completamente descono­l~ido para sus.fundadores. "El Estado es todavía hOY-dice l:ngcls-en tiempo de la gran industria y de los ferroca­rriles, á grandes rasgos, sólo el reflejo, en forma COmpen­(!lada, de las necesidades económicas de la clase domi­nante dentro de la producción capitalista, y lo sería toda­vía mucho más en una época en que los hombres tuvieran que consagrar una mayor parte de su vida en satisfacer sus necesidades, que estuviera, por consiguicnte, más suuor­dinado á cl1asque hoy nosotros. (1). Lo que quiere decir que I,IOY somos más independientes que antes, Ó, lo que es lo llIlsmo, que Engels reconoce la tendencia de la evolu­ción social á minar el predominante carácter social de la

econolllfa.

Con relación al porvenir se expresa Engels aún con

(1) L. Fe/lerbach, pág. 50.

EL MARXISMO

más decisión. El socialismo ha de traer consigo la total liberación del hombre del yugo económico. "La sociali­zación de los hombres que hasta ahora les fué impedida por la naturaleza y la historia será su propia obra. Las fuerzas extrailas objetivas que dominaron la Historia cac­rán bajo la inspección del hombre. Sólo uesde Cl1tOllCC~ elaborarán los hombres con plena conciclIcia su historia, comenzarán á predominar las causas históricas pllestas por ellos en acción y su eficacia será creciente. Es el sal­to de la humaniuad, del reino de la lleccsidad al de la

libertad. (1). Nada podria adncirse contra esta descripción de la so­ciedad futura si no la diese Engels una expresión tan ab­soluta. El socialismo c5tá tan lej05 ,le 5cr nn orden social absolutamente libre de condiciones económicas objetivas, como el capitalismo de su total sumi5ión á ellas. La eman­cipación completa del poder de la naturaleza no ha de conseguirla jamás el hombre; una libertad relati \'a no la consigue, tan sólo con este enigmático "salto. futuro. El defecto de la descripción engebialla consiste precisamen­te en representar Engels el progreso social, no como un proceso lento, sino como un salto. En la realidad la evo­lución social se lleva á cabo continuamente, sin interrup­ción; el reino de la libertad crece paulatinamente, pero en el seno de la necesidad, inevitablemente, hace ya siglos, y cada paso de la humanidad hacia adelante es un nueva dominio de la libertad conquistado por los hombres á la

necesidad ciega.

(1) Engels. Re[}olución de la ciencia de Eugenio Düllrillg. pági­

nas 305 y 306.

CAPÍTULO V

LAS CLASES SOCIALES Y LA LUCHA DE CLASES

I ;¡ <':Or1Jpo~icidn de tlascs de la sociedad actua1.~l. Los motitJos di la tacha socia!: Lo} Illcllü ¡HJr 1,\ riqtle.zJ y ti. lucha por d podt!r.-Luc:ha polllica.-La guerra en los [Jue· 1J1os c;Jz,ldorL's. en Jos nómadil5. en los agricultores y en los dviILz.ados_-Difercntes

III(Jtivos lIt:: l.as guerrils..-U. El punta de vista de clase erl-los dijert!ntes dominios de la acliuidad t'spiriWQ[; La deneld.-La verdad lóg:k'a y los int~res€5 de cJase.-V~Hde¿; olljt:tkva de las leyes dd pensar.-La moral. Universalidad de l.as normas éticas.­Concilmcia del d1:lber.-La religi6n.-Innuencia de ha condiciones. ~conómicas en la llIofil.lúl¡¡¡.J y l¡J rt:li~i6n .-EI arte. -1 11. La l/lcha de clas~~s y los movimil'lltos soc!ail'$ dt' muslro tiempo; El movimlecto cooperilllvo.~E¡ socialismo moderno. La inte1i~en· da sociJlista. La reforma socíal. la leg-¡s.lací(jn protectora de trabajo.-La reciente agndización de: la lucha de c1l1ses.-Su5 causas,-Los interest:s económkos y los fae· tort'S reales de la economía.

En el Estado moderno son manifiestas las diferencias referentes á la situación jurídica de los distintos grupos sociales debidas á la nacionalidad, religión, cultura, pro­fesión, etc; pero de todas estas diferencias, una sobre todo es señalada y trascendental, la diferencia económica de pertenecer á esta ó aquella clase social.

La composición de clases de la sociedad es una expre­sión del hecho social de la apropiación por unos grupo5 sociales del plus-trabajo de otros. Pero las clases sociales no se disti~guen solamente por su papel en la economía social, Ó por su bienestar económico; cada una representa

llB EL MARXISMO

un tipo social especial y complejo, y, sobre la distinta si­tuación económica, aparecen diferencias de costumbres, opiniones, y forma de vida de la clase correspondiente. Lo que llamamos moderna cultura es propiedad casi ex­clusiva de las clases más ricas. La pobreza está casi siem­pre acompañada de rudeza y no pocas veces de salvajis­mo. En los grados más inferiores de la escala social rara mente consigue transformaciones el progreso, y en las sociedades más civilizadas de nuestro tiempo se encnen­tra, con toda su crudeza, el contraste entre el ni vel de culo tura de las clases elevadas y el de las inferiores.

Partiendo del hecho exacto de que las diferencias eu la situación económica tienen que estar acompañadas de diferencias culturales, y de que los intereses económicos de las clases diversas se encuentran en oposición, han identificado, los fundadores del materialismo histórico, la historia universal con la historia de la lucha de clases por

la riqueza.

"La historia de toda sociedad existente, es la historia de la lucha de clases., dice el famoso Manifiesto comu­nista. En su polémica con Dühring, afirma Engels que el "poder es sólo el medio, y fin, por el contrario, el prove­cho económico., y que "la servidumbre (Unterjoclllll1g, dice Düring) fué siempre un medio para conseguir el sus­

tento.•

Esta es la idea fundamental de la doctrina de la 11IClHl de clases; pero la exposición que hace de ella Engels ne­cesita por parte de la lógica algunas serias objeciones.

E.L MARXISMO 119

Puede conducir á error contraponer "el poder. -la fuerza polílica,-á la "ventaja económica.-la riqueza;-ya que el poder, puede ser, y es con frecuencia un fin mientras que la riqueza es siempre un medio para algo (l).Por con­siguiente, no "la ventaja económica., sino aquello para que sirve, por ejemplo, el propio sostenimiento ó los pla­ceres sensibles, puede ser contrapuesto á la aspiración al poder como fin independiente y definitivo.

Es evidente que el instinto de conservación no cons­tituye el único, ni el más importante motivo de la lucha de clases. Sólo los menesterosos luchan por la mera existen~ cia; los demás, hasta entre los trabajadores medianamente cualificados, luchanno sólo por la existencia, sino por ele~ varla y hacerla más digna del hombre. Para las clases pu­dientes la necesidad de sustentarse no cuenta, naturalmen­te, entre las causas de la lucha de clases. Un rico no quiere enriquecerse más para sustentarse, puesto que sin nece­sidad de ello tiene bastante asegurada su existencia. La aspiración á gozar tiene en este respecto un mayor va­lor, aunque es también muy individual y no puede ge­neralizarse como explicación. Es verosímil que sólo los sentimientos ego-altruistas, los que se manifiestan por as­pirar á distinguirse y lograr una fuerza social, sean los fundamentos psicológicos más import:mtes del apetito de riquezas; la riqueza se busca frecuentemente más bien como medio de dominar, que no, á la inversa, la fuerza como medio de enriquecerse.

(1) Von Ehrenfels distingue "los valores propios. (Eigenwerti.') de los 'valores eficaces. (Wirkungswerte) ó para la acción. El poder puede poseer valor propio (para valuarse así mismo), mientras que la riqueza sólo posee valor de eficacia; es estimada sólo como medio para obtener algún fin distinto de ella misma. Véase su Sistema de la leorla del valor, 1897. pág. 77.

EL MARXISMO

Á pesar de Engcls, es, por consiguiente, falso que -el poder sea sólo el medio y la ventaja económica e[ fin"; con mayor frecuencia es "la ventaja económica. el medio para el "poder.,-Ia fuerza. Con otras palabras, la historia poli· tica no es una historia encubierta de la lucha de clases por intereses económicos, porque los hombres no sólo luchan por la riqueza, sino por el poder también. La historia po­lítica conserva, por tanto, su independencia en el mismo plano que [a economica.

En e[ primer término del escenario histórico nos en· contramos con la guerra, que tan importante pape 1 ha te­nido siempre en la consolidación de los diferentes grupos sociales como Estados, unidades políticas organizadas. ¿Qué es, pues, la guerra? ¿Solamente una lucha por inte­reses económicos, ó algo de mayor complejidad?

Para los pueblos salvajes no es la paz, sinola guerra su

estado normal. "En teoría-dice Morgan-cada tribu

india que no ha estipulado con las demás un contrato de

paz, se encuentra en estado de guerra. Cada una es libre

de organizar sus tropas de guerra y emprender las cam­

pañas á su gusto (1). Otro tanto asegura Spencer, de dife­

rentes pueblos primitivos (2).

Este incesante estado de guerra de los pueblos primi·

tivos está favorecido por la caza, que es la forma de su

economia. En una y otra ocupación utilizan las mismas

armas y desarrollan y ejercitan la misma capacidad espiri.

tual y corporal; el mejor cazador es, al mismo tiempo, el

primer guerrero. La economía dominante secunda, en

cierto modo, las empresas guerreras.


(1) Morgan, La Sociedad primitiva, pág. IOQ.


(2) Spcnccr, Principios di! socio!ogltJ, pár. ·152.


EL MARxrSMO



Sin embargo, es claro que el motivo económico tiene un papel muy reducido en las guerras de los pueblos ca­zadores, ya que éstos no poseen gran cantidad de subsis­tencias que pudiera apropiarse el vencedor mediante la guerra. Tampoco puede decirse que las guerras se deban en ellos á oposición de intereses de clase, no existiendo en el estadio de estas tribus semejante diferenciación. Na­die ha descrito con mayor vigor que Engels el orden so­dal armónico de estos pueblos. Reína en ellos una paz interior absoluta, el pueblo no está dividido en explota­dores y explotados, todos son libres é iguales, y esta vida idílica sólo se ve perturbada por la permanente situación de guerra con las tribus vecinas. El poder no podría ser considerado en estos pueblos como medio de "provecho económico., puesto que ninguno especial nace de eJ. Con todo se muestra en ellos una gran inclinación al

poder. Mas no moviéndolos una oposición de intereses, ¿qué les impulsa á atacarse mutuamente con tanta afición?

Primeramente parece que el placer de guerrear. Es para ellos la guerra una especie de sport. Los juegos de combate forman una buena parte de los preferidos por hombres y animales. La inclinación á la lucha es tan fuerte entre los hombres que "apenas existe una forma de juego que no pueda tomar fácilmente el caracter de combate, especialmente, si aparecen dificultades que vencer ó sur­ge algún peligro que evitar" (1). Las luchas de los gladia­dores en la antigua Roma, las de los caballeros germanos, [os torneos de la Edad Media, los asaltos de nuestros dias, y muchos otros ejemplos, son buena prueba de lo arraigado que está .en el hombre de todos tiempos el

(1) Groos, Les juegos de los hombres, pág.217.

El MAIlXIS~10

instinto de lucha. De aqui que los pueblos primitivos se ataquen primeramente por el placer de luchar.

Se juntan, naturalmentc, otros muchos motivos, entre ellos el sentimiento de venganza, tan poderoso ell los pueblos salvajes; eOIl ocasión de los pasados cOlllbates lIace el dcseo del desquite, La aspiración a distiuguirsl', á la gloria, es acaso la causa más frecucntc dc las gue­rras entre los pueblos primitivos. La vanidad de los sal­vajes es lo primero tIue sorprende á los obsef\'udorcs de ~ll vida, y nada les parece llIiÍs adecuado para satisfacer­la que los éxitos guerreros. Asi se comprclldt: que á pe­SiH de !a n:laliva illlJtiliJad l'COIIlílllica qUl' la gnerra tic­l\(; para ellus, vivan combatiendo coustantemente.

No son menas guerreros llIuchos pueblos pastores, lu que l'stá en estn:clia re!

rra entre pueblos nómadas tiene en los ganados un pre­cioso botín. "El bandido árabe~dice I3urckhardt-consi­dera l!ol1orable su industria, y cl nombre haralll)' (ban­dido) es el titulo más lisonjcro que se puede adjudicar á un joven caudillo. El árabe roba indistintamente á sus enemigos, allegados ó vecinos, siempre que no se encucn­tren en su propia tienda, donde la propiedad es sagra­da" (1). No extraña, pues, "que las tribus árabes se cn­cuentren en perpetuo combate y tIue sus gnerras, de cor­

(1) Grossc, Las formas dI! la ¡ámilia, páginas 97 r 90,

1-.1. MARXISMO

ta duración, se sucedan con breves intervalos de paz, rotos por el llJenor motivo". Estas mismas cualidades dis­tinguen á los pueblos nómadas americanos. "Los pobla­dores de las Pampas viven más de la rapifla de ganados q lle dl'1 p

También Spencer se ocupa de los robos de ganado en los pueblos nómadas. "Entre los bechuallos-dice-es la \'t:lJgallZa por robos anteriores el motivo más frecuente de las guerras, y su finalidad no es otra que comeler nuevos r.Jllfls. Otro tauto podría decirse de lIIuchus ]111(,'0105 elltopeos de la

Entre los agricultores primitivos la guerra tiene otros

distintos motivos económicos, como el robo de esclavos,

las disputas sobre los límites de sus tierras, etc. No se

puede olvidar que también en algunas tribus el hombre

es objeto de caza, como entre los caníbales. "No otra

cosa que estas cacerías fueron las llamadas guerras de los

aztecas, yen carne humana pagaban sus tríbutos los so­

metidos" (3). Con todo no se puede negar que la guerra

entre los pueblos agricultores sirve con menos frecuenciJ

a fines económicos que entre los nómadas.

Igualmente ocurre entre los pueblos civilizados. Los

(1) Grosse, Las formas de la familia. páginas 97 y 98.




(2) Spencer, Principios de sociologla, 1882. parte V, pág. 2(;7. Véase también Lippert, Historia de la CIlltura. 1, pág. 1H.

(3) Lippen, lfisloria de la cultura, l. pág. 61.



EL MARXISMO

más diversos motivos hacen que estalle una guerra; á ve­,ces hasta el altruismo, como cuando comienza por def.:n­der á un pueblo de los ataques de que es objeto. El fana­tismo religioso fué durante largo tiempo una fuente fc­cunda de guerras constantes y despiadadas, El amor na­cional ofendido, el patriotismo, da, hoy mismo, frecuente ocasión á las guerras. Pero en general puede decirse que la motivación psicológica de las guerras entre 105 pueblos ci vilizados está, predominantemente, en los sentimien­tos ego-altruístas. También los motivos económicos tie­nell junto á ellos importancia capital; como en las gue· rras cololliales contemporáneas. Sin embargo, una gran guerra, considerada económicamente, es en muy raroS ca­sos, aun para el mismo vencedor, una aventura prove­chosa. Cuesta demasiado dinero. No sill justicia IIlU" chos sociólogos (St. Simon, Comte, Buckle, Spencer), contraponen el tipo industrial de la sociedad al guerrero, y consideran la guerra como la perturbación más honda del progreso industrial. Desde Adam Smith muchos eco­nomistas se han esforzado en probar la inutilidad econó­mica de la guerra, cuyos perjuicios económicos superan cou mucho á sus ventajas, lo que no disuade, lo más mí­nimo, á los pueblos civilizados de arruinarse en constan­tes guerras, dando con ello buena prueba de Que no son

los intereses económicos lo que les mueve á guerrear.

¿Qué clase social gana con una guerra? Ciert:lInente

que no es la trabajadorá. ¿Ganan los capitalistas? Sin

duda, en algunos casos; pero con más frecuencia sufren

la industria y el comercio cuanlio~as pérdidas, aun eJl

los pueblos victoriosos. Aun aceptado que la guerra fa­

vorece á los intereses económicos de las clases podero­

sas, esto 110 puede explicar por qué las grandes masas,

EL MARXISMO 125

que evidentemente no constan de capitalistas, son las más veces belicosas y apoyan con su asentimiento la política gtIerrera de los Gobiernos. Nada puede hasta hoy despertar en las masas mayor entusiasmo que los éxitos gnerreros, y sería desconocer totalmente la naturaleza hu­lllaJla pretender explicarle por los provechos económicos, muy dudosos, Que una guerra pudiera reportar al vence­dor. El soldado moderno no es el mercenario de otros tiempos, no lucha por la riqueza, sino por bienes ideales, como la honra, la fama, el poder de su patria, etc.

El hecho social de la guerra qne no puede explicar­se por la doctrina de'l predominio de los intereses econó­micos, tanlo menos puede ser considerada como una lu­cha de clases; pues precisamente es característico en la guerra la mayor ó menor solidaridad con que en ella in· tervienen todas las clases sociales, á pesar del antagonis­mo que existe entre sus respectivos intereses. El senti­miento de nacionalidad y otros de solidaridad semejantes á él, se manifiestan en la. guerra demasiado poderosos para que junto á ellos puedan prevalecer los debidos á la conciencia de la oposición de cIases. Aquí son notorios los errores á que puede conducir el desconocer la impor­tancia del factor político como poder social, independien­te é inconfundible con los intereses económicos.

En la historia considerada como la de las luchas de los

grupos sociales, podemos distinguir luchas de dos tipos:

luchas de clases dentro de una sociedad política organiza­

da y luchas de agregados políticos, de conjuntos de cla­

ses, de Estados. Ambas son, en mayor ó menor grado, lu­

chas por el poder social; pero con la diferencia de ser en

las primeras la riqueza á menudo un medio, y entonces se

lucha primero por conseguirla; en las segundas, por el

El MARXISMO

contrario, su objeto próximo es raramente la riqueza, sino más bien la sumisión política inmediata del enemígo y J.¡ constitución sobre él de una soberanía política en la que todas las clases dcl Estado vcnccdor se sientcn solidaria­mente interesadas.

La preexistcncia de una cierta solidaridad de intereses entre las diferentes clases de un Estado no puede negar· se ni aun dentro del dominio económico. Ello es expresa­mente reconocido por I\autsky, quien además indica "que también la sociedacl capitalista es como toda otra una uní· dad orgánica, en la cual los perjuicios que sufre una parlé no dejan de dañar á las restantes" y llega á la conclusióiI de que la armonía de intereses de las diferentes clases es "hasta cierto grado innegable .. (1).

Por consiguiente, no tcnemos derecho á considerar al Estado, exclusivamente, como un poder que sir\'e para la organización de la soberanía de clases. En la (Ouserva­ción de la independencia política del Estado están iUllal­

.,

mente interesadas todas las clases sociales, en Cllanto tie­ne un valor ideal para todas. En el terreno económico el Estado no solamellte instaura la soberania de clases, sino que favorece al desarrollo económico y acrecienta la suma de la riqueza nacional, lo que corresponde á los intereses de todas las clases sociales. A esto acompaña la misión cultural del Estado, cuya aspiración primordial está en los progresos de la cultura y la elevación del nivel intelec~ tual de sus súbditos, porque la fuerza politica y la eco­nómica son inseparables del progreso de la cultura.

(1) Kuut:;ky. Elproblema agrario, pág. 309.

EL MARXISMO

II

En relación con las más elevadas actividades del espí­ritu-ciencia, filosofía, arte, moral, religión-, tiene to­davia menos validez la teoría del predominio de los inte­reses de clase. El conocimiento científico y filosófico si­gue sus propias leyes lógicas, que no tienen comunidad alguna con los intereses de clase. Marx y Engels no se inclinaban á dudar, desde el punto de vista de sus cono­cimientos teóricos, de la validez objetiva de las ciencias exactas. Como materialistas creían en la existencía obje­tiva de la materia, cuyas leyes son descubiertas por la ciencia ...¿Es nuestro pensamiento capaz-pregunta En­gels-de conocer el mundo exterior; podemos construir con nuestras representaciones y conceptos del mundo ex­terior una imagen fiel de la realidad?" (1). Su contestación es terminantemente afirmativa j si podemos probar la exactitud de nuestra concepción de un proceso natural, mientras nosotros le obtenemos sacándole de sus propias condiciones, y, además, lo hacemos servir á nuestros fines, hemos terminado con la incognoscible "cosa en sí, kantia­na" (2). La ciencia que se apoya en los experimentos, co­

noce, según Engels, la verdad objetiva.

Siendo asi el verdadero conocimiento científico tiene

que ser también totalmente independiente de los intere­

ses de clase. de 10 contrario dejarla de ser objetivo. Exis­

te, por lo tanto, desde el punto de vista mismo de los

fundadores de la doctrina de los intereses de clase, por lo

(1) Ellgels. L. Feuerbach, p¡\g. 15.


(2) Idem, id., pág. 16.


EL MARXISMO



menos un dominio de la actividad social, sobre el cual su sentencia nO tiene validez: el del conocimiento científico, en cllanto es objetivo. Los intereses de clase, siendo muy poderosos, no son capaces de hacer girar al 5,01 en derre­dor de [a tierra; y como nuestras representacIOnes y con­ceptos científicos, según la teoría del conocimiento .de Engels, son un reflejo de la realidad, frente á ellos los 111­tereses de c1asc son igualmente impotentes. El curso de la naturaleza, indepcndicnte de los intereses de clase, se reproduce objetiva y necesariamente en nuestra concien­cia. Por mucho interés que tuviésemos en negar la exac­titud de los axiomas geométricos, no seríamoscapaces de lograrlo. Ningún esfuerzo de la voluntad conseguiría re­presentarnos un triángulo cuyos ángulos sumasen más ó

menos de dos rectos.

Por muy débil que sea la teoría del conocimiento de

Engels, por lo menos prueba, ciertamente, lo insostenible

del punto de vista de clase como criterio de verda~..

Toda teoría del conocimiento, fuera del esceptlclsmo

absoluto, está obligada á reconocer la universalidad de

nuestros procesos lógicos y la preexistencia de la verdad

objetiva independiente de los intereses prácticos de la

vida. La única solución consecuente del marxismo sería volver á la frase de Pitágoras: "El hombre es la medida de todas las cosas". Pero el escepticismo fílosófico es in­conciliable con la metafísica materialista de Marx, ya que ésta cree conocer la naturaleza de las cosas. Así que se encuentra el marxismo ante este dilema: materialimo ó lucha de clases. En ambos casos queda arriesgada su suerte. Igualmente impotente es el punto de vista de clase

EL MARXISMO

con relación á la nioral, aunque Engels no lo crea así, des­de luego. "La teoría moral de Feuerbach es, como todas las anteriores, propia de todos los tiempos, de todos los pueblos y situaciones, y, por lo mismo, no es aplicable nUl1ca ni en sitio alguno, y permanece frente al mundo exterior tan impotente como el imperativo categórico de I\ant. En realidad, cada clase y hasta cada profesión tie­ne su propia moral la que deja de seguir siempre que pue­de hacerlo impunemente; y así el amor, que todo debe

unirlo, llega á ocasionar guerras, disputas, procesos, es­cándalos, divorcios, ctc.,. (l).

Aquí habla Ellgels de dos cosas totalmente distintas. Primero afirma que las normas éticas no son cumplidas ell nuestra sociedad; después que no existen tales nor­lilas universales. Lo primero es rigurosamente cierto, lo segundo queda desmentido por el mismo Engels cuando añade que cada clase está dispuesta á quebrantar su pro­pia moral. Para quebrar algo es menester que exista. Si realmente cada profesión tuviese su moral, lo que no apa­rece claro, ¿por qué no habría de adaptarse de tal modo á

los intereses del respectivo grupo social, que hiciese in­necesaria toda posible infracción?

Cierto que las costumbres y el género de vida son dis­tintos para cada clase social; pero con todo, ricos y po bres coinciden al reconocer lo moralmente bueno ó malo. Desde hace siglos los hombres civilizados consideran la moral cristiana como el ideal ético más elevado, con lo que, naturalmente, no comulgan los pueblos salvajes. Esto no contradice lo más mínimo la universalidad de las nor­mas éticas, del mismo modo que la renovación de las

(1) Fl'uer/Jac/i. págInas 34 y 35.

130 EL MARXISMO

doctrinas científicas no desmiente la universalidad de las

leyes del pensamiento. La opinión de Buckl~, ~e que las

doctrinas morales no han experimentado casI ninguna al­

teración en la Historia es ciertamente inexacta; pero con~

tradice menos los hechos que la afirmación opuest~ de

Engels de que, no sólo cada epoca, sino cada profesIón,

tienen ulla moral propia. . . Cada clase social tiene sus propios intereses econaml­cos, antagónicos con los de las demás hasta c!erlo punto; O la conciencia moral es otra cosa que los llltereses de

per .. I clase. La esencia de la aprobación ó desaprobaclOn mor~ consiste, precisamente, en que ciertas acciones recono.cl­das como buenas ó malas en si, no lo son como medIOS para determinados fincs. De este modo nace el concept.o del deber ético. de la obligación, corno orden que c.ullIplJr por su propia validez. Efectivamente, puedel~ lo~ mtere­scs de clase oscurecer de tal modo la conCIenCIa de. l.a ralidad que lleguen á ser concebidos corno norma ctl­

mo ..

ca' sin embargo, no serán aprobados por sí mIsmos, SInO

po'r contener cierta validez moral. El principio formal del

deber supera á todas las diferencias de clase, y en el rc­

conOClmlen. . to del deber puro coinciden todos los .hom­

bres de conciencia moral, sin distinción de clases 11l pr~.

"Los deberes individuales pueden deteflnI­

ados empíricamente; la conciencia del deber es a prIOri,

feSlOnes.· ser . .

n .. á

110 puede fundarse sobre base alguna em~lTlca. ym s bihn, da ella posibilidad á los deberes especla~es ~ue rc­"ben "su contenido en cada caso de la expenencla. (1).

Cl •• . Una moral de clase consciente de SI mIsma es una

contradictio in adjecto, porque la esencia de la moral está,

EL M:ARXISMO 131

precisamente, en reconocer el deber y cumplirlo como tal y desatendiendo los intereses egoístas. La teorfa del predomini~ de los intereses de clase es tan impotente en la fundamentación de los hechos éticos, como frente á la ulliversalidad de las leyes del pensamiento. La prolonga­ción consecuente del punto de vista de clase es, en resu­Illen, equivalente á la negación de toda moral y de toda

cicncia objetiva.

Mas la teoría de los intereses de clase contradice tam­

bién, terminantemente, el contenido empírico de 105

hechos de la conciencia moral. Cierto que son los juicios

morales de los distintos pueblos diferentes; pero sus dife­

rencias van disminuyendo can el Curso de la Historia. Á

medida que progresan en su evolución, Van coincidiendo

los juicios morales de los pueblos cultos. Existe, por

tanto, una dirección firme, en la que se realiza la evolu­

ción de la moral, y esta es la prueba más palpable de [a

preexistencia de una moral universal. "Quien comete una

injusticia es más desgraciado que el que la sufre. (1), dijo

D~mócrito. E[ imperativo categórico de Kant, está ya es­

Cflto en el Mahabharata casi con jas mismas palabras (2).

Desde [os Evangelios, después de diecinueve siglos de

progresos inconsiderables, la humanidad no ha señalado

novedades ni diferencias en la distinción de lo nloralmen­te bueno ó malo.

Las normas éticas tienen un valor escaso comomotivos del comercio humano ~n la sociedad moderna. Pero por poco cumplidas que sean, en la vida social no puede pres­cindirse de ellas, y necesitan una explicación científica.

(1) \Vundt, Ética, 1, pág. 288. .

(1) Windclband. Preludios, pág: 325. (2) Spencer, Los principios de la .ética•. e"dicción aleman,l 1879

l0Il1oI.pág.360.. ." " " "

EL ~IARXISMO

Ya que la doctrina de los intereses de clase no puede dar!;l. se ve obligada á negar los hechos mismos. Sin embargo, los hechos son más poderosos que todas las teorías.

La religión que tan íntimamente ligada está con la moral, tampoco puede ser explicada por los intereses de clase. La devoción. que es el fundamento psicológico de las creencias religiosas, pertenece á los sentimientos primordiales del espíritu. Cierto que la composición de clases de la sociedad influye sobre la fe como sobre las costumbres de la sociedad; en esto tiene razón el marxis­mo; pero se equivoca al determinar el alcance de esta in­fluencia, que no consiste en la sustitución de la moral y de la religión en la conciencia, por intereses de clase, sino en la dependencia del contenido concreto de ambas, de la situación económica del correspondiente grupo social. Se puede explicar, por ejemplo, mediante los intereses de clase, por qué fué aceptada la religión cristiana en la sociedad romana, primero por las clases pobres. Se

puede convenir con Nietzche cuando designa al Cris­

tianismo comO "ingreso (Aa/stand) de los esclavos en

la moral,.. Ahora, que va mucho más lejos cuando afirma

que la base del Cristianismo originario la formaban no

sólo el temor, sino el odio de clase de los ricos á los po­

bres (1). Yen ello se engaña, porque aunque la situación

de los pobres fa vorecia mucho su entrada en la nueva re­

ligión del amor, esta circunstancia no significaba un mo­

tivo consciente. El interés de clase era totalmente incon­

ciliable con el t:levado entusiasmo religioso de los prime­

ros cristianos, que no sólo renunciaban á todos los pro­

(1) VéaseNletzche, Lagenealogla de la moral. Obras de Nielzche, tOmo VII, pág. 326.

EL MARXISMO

vechos económicos, sino hasta á su existencia terrena.

Todavía tiene menor validez el punto de vista de clase en lo que al arte se refiere. La situación económica infor­ma los juicios estéticos de las diferentes dalles sociales; el! cierto sentido puede decirse que cada clase tiene su estética propia; las ricas y cultas encuentra de mal gusto lo que en los pobres y rudos despierta el placer estético. Sin embargo, la esencia de lo bello, como Kant ha mos­trado, está en que "representa el objeto de una general complacencia". Sobre lo agradable no se puede discutir; pero si sobre lo bello "y no se puede decir, por tanto,. cada cual tiene su gusto. Ello equivaldría á afirmar que no hay gusto alguno, esto es, ningún juicio estético que pudiera dar conformidad á la pretensión legítima de cada 11110" (1). La mejor prueba empírica de la universalidad de los juicios estéticos está en que las creaciones del arte antiguo, después de todas las alteraciones que se han dado en el orden social hasta hoy, siguen despertando la complacencia estética. La teorla del predominio de los intereses de clase n~ es, pues, capaz de descubrir la esen­cia íntima de la moral, de la religión, el arte y la ciencia, por no ser el interés de clase criterio de 10 verdadero, hermoso y bueno. La historia humana es incomparable­mente más noble y elevada que la mera obtención de subsistencias.

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Hay dos tipos de movimientos sociales. En uno se manifiesta vigoroso el carácter de clase, que en el otro queda encubierto. En la historla contemporánea el prime­

(l) Kant, Crltica del juicio, ed. ¡\éhrbach, páginas 53-56.

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ro ha tenido una intervención considerable; pero lampo­ca se puede olvidar al segundo. Buen ejemplo de movi· miento social de esta segunda clase es el moderno coope­ratismo que junto á la acción política del socialismo y á las Trade-Unions, integra el moderno movimiento obrero,

Estos dos últimos son movimientos característicos de la moderna lucha de clases; al contrario, el movimiento cooperativo puede ser considerado como un ensayo, si 110 de resolver, por [o menos de contricuir á la solución pa­cffica del problema social. El socialismo moderno es pre­dominantemente un movimiento de clase. Exclusivamell­te no'lo es. Lo's grandes utópicos-Owen, SI. Simón, Fourier--no predicaban odios de clase, y estaban pro­fundamente convencidos de que la transformación se realizaria, no por medio de la lucha de clases, sino pa· cíficamente y mediante el trabajo solidario de lo; repre­sentantes de todas las clases. Fourier esperó toda su vida que los capitalistas [e dieran el primer millón ne­cesario para la fundación del primer fa[ansterio. Owcn fué un rico fabricante é intentó, sin,éxito, fundar en el mundo capitalista la asociación pacifica del porvenir. De las mismas aspiraciones y esperanzas estuvieron anima­dos los sansimonianos. Todo esto puede ser utópico, pero queda e[ hecho de ser ellos los fundadores del socialismu moderno que no ha nacido, por consiguiente, de los intere­ses declarados de las masas oprimidas, sino de las aspira­ciones desinteresadas de gentes de elevados sentimientos hacia un orden social justo. La fuerza del socialismo mo­derno está no sólo en elinterés de clase de los trabajado­res, sino también en que corresponde á la conciencia mo­ral de nuestro tiempo, que exige iguales derechos para todos los hombres.

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La gran masa socialista de nuestros días no consta solamente de trabajadores. La intelectualidad socialista, en su mayoría procedente de la burguesía, es débil en número en comparación con la masa obrera, pero no pue­de medirse por esto su valor para el movimiento. La inte­lectua[idad le ha provisto, por lo pronto, de caudillos. Los fundadores del socialismo alemán-Marx, Lassalle, En­gels, Liebknecht-procedían de la clase burguesa, y lo mismo puede decirse hoy de otros muchos.

Uno de los rasgos característicos del movimiento so­cialista en los últimos año~ consiste en la creciente sim­patía que despierta en los mejores representantes de las clases poderosas. El fabianismo inglés es un ejemplo de este socialismo de los cultos.

La importancia de la colaboración de la intelectualidad con el proletariado, ajena en sus simpatías socialistas á toda lucha de clases, es reconocida también por los marxis­tas.•ElIa

Tan injusto es negar la poderosa influencia de los in­

tereses de clase en el desarrollo de la legislación social

del siglo XIX, como querer explicarlo exclusivamente por

ellos. Hasta puede. decirse que lo más importante de lo

conseguido en este punto no se debe A-1os esfuerzos de

los trabajadores. La concesión. del derecho de coalición

en Inglaterra en 1824, por eje~plo, no puede pon.erse en

(1) Kautsky, Bernstein;' eiprog~ám~ socialista. pág. 133.

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relación directa con ningún movimiento obrero. Francís Place, un maestro sastre y patrono acomodado, á cuya energía infatigable debe la 'clase obrera la ley de 182-1, fué un burgués radical, discípulo de Bentham y James MilI, y consiguió la libertad de coalición para favorecer á la clase obrera; pretendiendo de este modo acabar con la orga­nización haciéndola libre. Era un amigo sincero de los tra­bajadores; pero creía que Su bien no estaba en su organi­zación como clase, sino en conservar una absoluta libertad individual, y se equivocó por completo al medir los efec­tos prácticos que la supresión de la prohibición de coali­garse, conseguida por él, habría de tener (1). Los trabaja, dores ayudaron muy poco á Place en su agitación, y sólo después de conseguida la ley comprendieron todo su valor.

"Aunque los trabajadores na habían hecho nada por conseguir la libertad de coalición, estaban resueltos á conservarla en vigorw (2), dicen S. y B. Webb. Sin la dis­posición de la clase obrera á defender sus derechos con toda energía no los hubieran podido conservar. Pero con todo, es un hecho que no fué conquistada directamente por los trabajadores, sino por un burgués radical.

La legislación fabril se debe todavía menos á movi­mientos obreros. Entre los jefes del movimiento encami­nado á conseguir las leyes de protección de los trabaja­dores se encuentran gentes de distintas clases sociales. Ricardo Oaster, uno de los campeones de [a agitación fa­vorable á la jornada de diez horas, era un hacendado la­brador conocido como antiguo Tory, defensor del tro­no y del altar. Este hombre generoso, que consagró mu­

(l) Véase Sldney y Beatriz Webb, Historia del Trade-unionismo inglés, Traducción alemana de Bernstcin. 1895, págin3s 83 y 85.

(2) Itlern, Id., Id,

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ellOS años de su vida á luchar contra el trabajo excesivo de los nillos en las fábricas, y que murió en la miseria, abandonado y olvidado de todos, fué un amigo de los desgraciados como el fabricante Roberto Owen, el otro gran luchador de la misma campaña. Al mismo tipo de hombres pertenecía el influyente caudillo del año 30, el pasto!' metodista Stephens (1). Estos y muchos otros, sin ser obreros, inflamaron su simpatía por la reforma social en su amor á la humanidad exento de odios de clase. Los obreros se mantuvieron mucho tiempo en una actitud pa­siva frente al movimiento, y sólo después de largos aoos de agitación comenzaron á participar en él.

Con esto no pretendo negar que el punto culminante de la historia social de nuestros días radica en [os movi­mientos de clase; y sin decir que nuestra historia sea sólo lucha de clases, hay que reconocer su predominio. No es casual que precisamente en nuestro tiempo la doctrina de la lucha de clases se haya hecho tan popular; á ello ha contribuido también en gran parte, desde luego, el capi­talismo, orden económico reinante. '

El capitalismo ha hecho de la lucha social la ley fun­damental de la vida económica. La existencia de todas las clases sociales se ha hecho mucho más insegura con el capitalismo; al mismo tiempo éste ha abierto el camino á la clise obrera para mejorar su situación económica me­diante la lucha organizada con los capitalistas. En cuanto á las clases poderosas concierne, el capitalismo ha des­pertado en ellas un ilimitado deseo de riquezas, haciendo esta forma de producciÓn no sólo posible, sino necesaria

(1) Sobre los caudillos del movimiento favorable á la legislación ohrera. véase la historia de Alfrc4. de 1857,:.

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como ley de concurrencia, su característica acumulación del capital.

No puede sorprender que precisamente hoy los inte­reses económicos aparezcan en primer término. La lucha política no ha tenido nunca un carácter tan marcadamen­te económico, ni nunca fué la lucha de clases tan tirante, ni tan seguida, como bajo la soberanía del capitalismo. "Desde la introducción de la gran industria, Ó sea, por lo menos, desde la paz europea de 1815, dejó de ser para los ingleses un secreto que allí la vida política estaría en de­rredor de las pretensiones de la soberanía de las dos clases dominantes: [a aristocracia de la tierra y la burguesia. En Francia, con la restauración de los Barbones, se dió el mismo fenómeno; los historiadores de la Revolución, des­

de Thierry hasta GuilOt, Mignet y Thiers, lo consideran la clave de la hístoria francesa desde la Edad Media. Y desde 1830 fué reGonocido como luchador por la sobera­nía en ambos países el proletariado, la clase obrera~ (1).

En las épocas anteriores hubo muchos objetos de la lucha social independientes de la riqueza. Mientras fueron los derechos políticos un privilegio de las clases domi­nantes; cuando se negaba á la gran masa popular hasta la libertad civil, podía anteponer~e á los intereses económi­cos la lucha por la igualdad política. Por ello no es tan fácil desentrañar la eficacia de los intereses econó~cos de clase, en la historia palltica del pasado. Los intereses económicos estaban á menudo encubiertos por los polí­ticos.' Después de la revolución francesa y sus consiguien­tes conmociones polIticas en Europa, el problema se ha modificado. La igualdad política y jurídica de los ciuda­

(1) Engels, L. Feuerbach, pág. 47,

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danos fué, aunque en, diversos grados, reconocida; la desigualdad económica no sólo subsiste, sino que se ha agudizado gracias al aumento colosal de la riqueza de la clase capitalista, y á la solo relativa y escasa disminución de la pobreza de los trabajadores. Así se ha concentrado la lucha social en este punto, constituyendo la lucha de cla­ses por los intereses económicos el contenido predomi­nante en la historia social de cada Estado capitalista.

Esto explica que en la actualidad los intereses econó­micos ocupen el primer término. Ciertamente que la lucha de clases no agota el contenido de la historia moderna, ya que los intereses de clase, ahora como antes, no tie­nen validez alguna frente á la actividad del espíritu; pero lo que se llama historia social, esto es, la historia de las relaciones cambiantes de las diferentes clases que com­ponen la sociedad politicamente organizada, está, desde que domina el capitalismo, determinado principalmente por la lucha de clases.

y al mismo tiempo ha llegado á estar la sociedad ac­tual relativamente libre del yugo económico. La econo­mía tiene, ciertamente, una acciótl menos absorbente en la sociedad capitalista que en otras épocas, pues habiendo aumentado el capitalismo -considerablemente la produc­tividad del trabajo, ha reducido relativamente la sumisión á las' fuerzas naturales. En las primeras épocas fué el orden social un producto pasivo de los factores materia­les económicos; hoy son ellos, cada vez más, un producto del hombre social.

De este modo, co~ 'la evolució'n social ha aumentado el

valor de los intereses económicos, como motivo conscien­

te de las acciones humanas, al mismo tiempo que el de

los factores materiales, de,laeconomfa, co~o momentos

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determinantes en orden social, ha decrecido. Esta es la mejor prueba de lo equivocado que es no distinguir unos de otros, lo subjetivo de lo objetivo, los intereses eco­nómicos de los faclores materiales de la economía. La concepción materialista de la historia considera estos fac­tores reales como el momento determinante de la histo­ria; sólo en parte considero verdadera la doctrina-para serlo por completo necesita, en mi opinión, sólo una, pero muy importante, limitación: reconocer la tendencia á disminuir que tiene en el curso de la historia la acción predominante de las condiciones reales de la economía. La doctrina de la lucha de clases afirma que el interés económico es el motivo determinante de la vida social y que la lucha de los grupos sociales por los medios de subsistencia forma el contenido principal de la historia. Es evidente que esta segunda doctrina no es ninguna consecuencia lógica de la primera. El predominio de los factores materiales de la economía no trae necesariamen­te á la conciencia el de los intereses económicos, puesto que al hombre se ofrece inconsciente la influencia de aquellos factores económicos. De aquí que no estemos obligados á aceptar ambas teorías,

Esta última descansa sobre falsas suposiciones psico­lógicas y contradice rotundamente los hechos históricos. Por lo pronto la lucha de los grupos sociales no se limita á los medios de subsistencia, síno que también pretende el poder social; además esta lucha no agota ni con mucho el contenido de la historia, ya que ante las actividades superiores del espíritu no tiene eficacia alguna. En 'efec­to, los intereses económicos de las difere-ntes clases se encuentran en un antagonismo insoluble; pero no siendo los intereses económicos el único interés humano, no

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se deduce de este antagonismo la situación antagónica de todas las actividades sociales, y la doctrina de la lucha de clases es, por consiguiente. recusable por generalizar á toda la historia lo que s610 tiene validez en un reduci­do campo de acción (1). La lucha de clases no se puede. ciertamente, arrojar de la historia, hasta hay que recono­cer que recientemente ha crecido su significación consi­derablemente. Mas con todo, hoy como ayer, no se re­duce la historia á lucha de clases, y hay que considerar como errónea la afirmación contraria de Marx y Engels.

(1) "Entre los intereses sociales-dice Kautsky-hay algunos más que los de clase. La totalidad de [os intereses de las clases de una socie­dad no forman la totalidad de los intereses sociales que en ella viven. Los intereses artísticos. científicos, sexuales y otros muchos no entran entre los de clase. (Nue~o Tiempo, XXI, tomo 11. pág. 261), Esto es exacto, pero en este caso, ¿qué queda en vigor de la famosa frase del Manifiesto comunista sobre la lucha de clases? ¿Insistirá toda via Kauts· ky cn que la historia de la humanidad se resuelve en la historia de la 1uc ha de clases?
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