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Bi buoteca sociológi ca los fundamentos teóricos


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la aparición de distintas formas artís­ticas_ (1). Wundt llega á considerar como una abstracción que no

(1) H. raine, Filoso/la del arte, 2." edic. alemana. pág. U, citada por Wundt, Lógica, tomo JI. pár. 2.Q, pág. 326.

corresponde á la realidad, el concepto aislado del alma in­dividual, "porque la realidad consiste precisamente en nu­merosos procesos l'spirilllalcs de natur;¡!l:za cllll1pleja el] cuya prodLlcciLíll p,trticipa una pllll,t1itl;ld tic intli\'itllllis que esUn eu recíproca

Literatura, arte, filosofía, ciencia, rc!igilin y moral ídad 5011 productos co!ecti\'os de la COIJ1l1llidad L'~piritual (2).

El medio espiritual no es con todo 1111 momento social originario que no permita UI1 anitlisis mas completo. S,ílo le forman los hombres y sus productos espirituales. Ante todo depende de la posición ecolll)mica de cada hombre estar sometido á I1nas Ú otras influencias espirituales. Así, el medio espiritual de un obrero fabril, que trabaja en un local cerrado junto á innumerables compañeros, que vive en una gran ciudad con instituciones de cultura, teatros, reuniones políticas, á la vez que tabernas y prostitutas; ante el diario contraste de su miseria y la ostentosa ri~ queza de los poderosos, es completamente distinto al de un campesino que, aislado, cultiva su tierra, vive en la aldea donde nació, y ha de morir sin otra influencia espi­ritual próxima que la compatible con la tranquila y monó­tona vida rural. Son tilIl1bién distintos el ambiente de un

(1) Wunu[. Lógica, tomo 11, pár. 2", pcig. 293.

(2) Idetll, íd., pág. 35.

EL MARXISMO 103

fabricante y el de sus trabajadores. La necesidad económi­ca en el orden social presente sujeta con sus apremios á la mayoría de la población al fatigoso trabajo físico, no permitiendo ocios que consagrar á actividades más eleva­das y convirtiendo así al hombre en una bestia de carga. La miseria hace, además, imposible toda cultura intelec­tual. De este modo está el medio espiritual de cada hom­bre estrechamente ligado á las condiciones económicas de su existencia.

Esta predominante influencia de las condiciones eco­nómicas en la vida del hombret iene como consecuen­cia que su marca quede impresa en todos los dominios de la vida consciente. El conjunto de las cualidades psicoló­gicas que distingue á un pueblo de los demás y constitu­ye el llamado carácter nacional, depende, en primer tér­mino, de las condiciones económicas del mismo. Pero el papel conductor de la economía, como ocupación predo­minante de la población, con el progreso histórico tiende á reducirse. El desarrollo de la productividad del trabajo reclama cada día más actividades que van saliendo de la economía. Los representantes de trabajos no económicos aurneutan de día en día; en Prusia, por ejemplo, el tanto

por ciento de personas ocupadas en trabajos no económi­cos ha subido de 4,5 (1843) á 11,7 (1895) (1). Por tanto, la parte del trabajo económico, dentro de la

(l) El hecho, aparentemente contradictorIo., de que actividades no económicas. como el baile y el juego. consuman en la vida de algunos pueblos tropicales prlmitivos casi tanto tiempo como la economia, se explica por las favorables condiciones naturales que les rodean y que les permiten atender á su subsistencia con un mínimo gasto de fuer~as. por lo tanto. debido á la mayor producllvldad relativa del trabajo eco­nómico ell los trópicos.

1Oc! EL MARXISJIIO

total actividad social, decrece con el curso de la Historia. El ascenso de la productividad del trabajo mina la prc~ ponderancia social de la economia, y las actividades no económicas consiguen figurar más cada vez como fuerzas motrices de la Historia.

IV

La concepclOn materialista de la Historia considera como momento determinante de la vida social no á la economía en general, sino á sus factores reales. Es de im­portancia capital no desatender esta distinción. En un pa­saje de El Capital, da Marx la siguiente fundamentación al materialismo histórico:

"El trabajo es, en primer término, un proceso entre el hombre y la naturaleza, en el cual el hombre, mediante sus propios actos, concilia, regula y comprueba su asimi­lación con la naturaleza. Frente á la naturaleza se como porta como una fuerza natural, poniendo en movimiento su organismo, los brazos, las piernas, las manos, la ca­beza para aprovechar la fecundidad natural en la forma más utilizable á su vida. Así, mientras él con su labor opera sobre la naturaleza exterior y la transforma, modi­fica también la suya propia."

Aquí se manifiesta una particularidad del proceso eco­nómico, que le distingue fundamentalmente de las restan­tes actividades hUmanas. El proceso económico se lleva á cabo entre dos polos, á saber: la naturaleza y el hOlll­bre; la Economía social comprende, pues, no sólo ¡as re­laciones de los hombres entre sí, sino también las pen­dientes con la naturaleza.

EL MARXISMO 105

De aquí que pueda ser considerado desde dos puntos de vista distintos y dar materia de investigación á diferen­tes ciencias: corno proceso social á las ciencias sociales, y á las naturales corno proceso físico.

Esta particularidad de la economía la crea una posi­ción peculiar entre los fenómenos sociales. La economía liga de un modo inseparable el medio material con el so­cial y espiritual. Todos los momentos sociales se deter­minan mutuamente y están comprendidos en una acción recíproca; pero la economía queda fuera de ella porque éste su aspecto real le da una mayor complejidad. Efec­tivamente que la naturaleza sufre transformación es me­diante el trabajo económico; pero estas transformaciones proceden sólo de las cualidades de la naturaleza exterior, que forman un momento objetivo de la economía, indepen­diente por completo del hombre; también el hombre, á la vez que modifica á la naturaleza, permanece sometido á sus leyes.

En la evolución histórica se transforman las costum­bres, las constituciones politicas, las normas jurídicas, las doctrinas científicas y filosóficas, las formas artísti­cas, etc., etc. Todas las categorías sociales puras están en constante cambio. El orden social de cada pueblo se mo­difica totalmente en los diferentes estadios de su evolu­ción, y no hay elemento puramente social que permanez­ca estacionado é inmutable en el curso de la Historia.

Pero la economía tiene una parte extraña á este pro­ceso evolutivo y que se conserva independiente de él y constituye el aspecto objetivo de la economía y está con­dicionado por las propiedades de la naturaleza exterior. No se modifica Con la evolución social, porque no toma parte en ella.

101; EL J\lARX1S,'lO

Como proceso entre el hombre y la naturaleza, tielle la economía su último límite eulas propiedades de aquélla. La situación geográfica de 1111 país, Sil sudo, su clima, el trazado de sus costas, la estructura lIe SIlS montauas, et­cétera, son totalmente independientes de los acontecimien­tos históricos. Así como en una roca dc cierta forma las

u

ulas chocan y rompen siempre de [a misma lllJner;l, mnes­twn las cundicioncs natllra!cs siclIlpre llli mislllO camino al curso de la vida, marcándole constan\cmente, en el mis­1110 scntido, límites y condiciones. Alcan/an con ello 1111 valor qlle excede al que tielle la escena de cualquier acun­tecimicnto eoucreto, y son lo pem¡al1ellte frcute á los cambios de la historia univer~al" O).

La naturaleza ejerce una doble influcncia, inlllelli:lla ó mcdiata, sobre el hombre. La primcra cOllsiste en la ac­ción delmcdio natural en que vive sobre el cuerpo yes­píritu del individuo; pero el efecto mediato de la natura lcza sobre el hombre es mucho más importante, á saber, el ejercido por las acciones conscientes de los demás.

La na! uraleza determina los fines externos y condicio­nes de la actividad humana, y de este modo influyc acti, vamente en toda la vida del hombre y en sus cualidades fisicas y psíquicas. Esta segunda influencia de la natura· leza se lleva á cabo primeramente á través de la eco­nomia (2).

El defecto capital de la concepción de la historia de Paul Barth, llamada antropogeográfica 1 está en el deseo·

(1) Ratzel, Antropogeografía. l. pág. 13.

(2) "La mayor parte de la influencia de la naturaleza sobre la vida espirilu¡d, tiene lugar mediante las relaciones económicas y sociales, las que por Sll parte están enfre sí ínlimamente ligadas., dice cün razón Ralzel. Véase su Alltropogeografía, 1, pág. 51.

EL MARXISMO

l1ocimiento de esta acción indirecta de la naturaleza sobre la \'ida social, que es decisiva. En lo que á la directa se rdiere, no se puede negar ciertamente; pero la ciencia contemporánea no ha logrado descifrarla. Así no ofrece c1l1da. por ejemplo, que el clima ejerce una accíón inme­diaLI sobre el organismo del hombre; en qué consiste esta

Por el contrario, las relaciones entre las cualidades del sucio, del clima, de la situación geográfica, etc., y la eco­nomía reinante son claras é indiscutibles. Mediante la cconomía determina la naturaleza las formas de la vida social. Es manifiesto, por ejemplo. que las condiciones de la producción de subsistencias son las mismas de la vida social. El hombre puede adaptarse á diferentes c1i­lllas; pero no á la carencia de alimentos. "Aislado, ó en pequeños grupos, podría vivir el hombre en el Polo Nor­te, alimentándose con los abundantes animales marítimos allí existentes; pero donde haya de vivir en mayor núme­ro necesita de un suelo fecundo. (1). En las regiones más frías y más secas, la población es siempre muy poco densa; la vida del hombre depende más de la humedad ó sequía de una región que de las oscilaciones de su temperatura.

"El calor puede ser suplido. hasta cierto grado con la casa,

el vestido y el fuego; pero el agua tiene que llegar de las

Ilubes ó sacarse del suelo. Fuentes terrestres se dan aún

(1) Ralzel, Antropogeografla, 11, pág. 205.

108 El MAHXIS.\1O

EL MAHXISMO 109

en lugares donde las celestes están casi agotadas; pen­semos cn los oasis del desicrto; pero cuando también éstas faltan, la falta de humedad no puede ser reemplazada con naJa; nos hallamos en el desierto implacable, donde la vida del hombre, de los animales y de las plantas acaba inevitablemente" (1).

La naturaleza pone límites exteriores á la actividad hnmana que 110 puede trasponer la Historia. De este modo determina y regula á la vida social la fuerza de l¡¡s condi­cioues económicas naturales. Un pueblu quc no ocupa la costa, jamás podrá emprender pesca ni comcrcio maríti­mo; como otro, pobre en yacimientos minerales no podrá explotar la minería; del mismo modo cada cultivo dc plantas tiene sus límites naturales, fuera de los cuales no puede prosperar, ctc., etc. La historia de cada pueblo des­cansa sobre las bases inalterables de su existencia mate­rial, las cuales, mediante la economía, delimitan las po­sibilidades del mismo.

Conocidas son las particularidades de un tipo de vida social tan persistente como el nómada. A través de siglos conservan los pueblos nómadas la misma forma de vida, de familia, instituciones sociales, etc. "Lo que los anti­guos nos dicen de los sauromatas y de los hamaxobitas de otras edades, puede todavía aplicarse hoy á ciertos pobla­dores de la Crimea con sus Filzjurfen sobre coches de dos ruedasn (2). El nómada está ligado estrechamente á determínadas condiciones naturales, y sólo en extensas estepas puede llevar esta vida errante un pueblo de pas­tores.

(1) Ratzcl, Antropogeografla, 11, pág. 207.

(2) ldern, Id.• 1, pág. 156.

Los bosquimanos ofrecen otro buen ejemplo de la re­lación íntima del tipo social con las condiciones natura­les de su existencia. El bosque deja su huella en la vida de algunos pueblos, como los indios del Brasil, los caza­dores de la selva del interior de Africa y los del Norte de Asia y América. "El bosque dispersa á sus pobladores en pequeñas tribus, es un obstáculo para toda organización política superior, dificulta el tráfico, y detiene el desarro­llo del cultivo y de la ganadería. Esta dependencia inme­diat¡¡ de la naturaleza explica también la conocida com­paración de la vida de los negritos con la de los animales selváticos" (1).

La vida de los pueblos primitivos está subordinada en mayor grado á las condiciones naturales que les rodean. "La gran cantidad de roateriales tomados del reino ani­mal y vegetal para construciones, vestido, menaje y ar­mas, liga tan íntimamente los caracteres etnográficos de estos pueblos con el medio natural en que viven, que lle­gan á tener los mismos rasgos, y en algunos casos po­dría hablarse con igual justicia de la cultura del bambú ó de las conchas, que de la de pueblos ganaderos ó pas­tares" (2).

Sin embargo, una dependencia tan estrecha entre las

condiciones naturales y las formas de la vida social, sólo

se encuentra en los primeros estadios de la evolución his-·

tórica. y caracterizándbse el progreso económico por el

creciente poder del hombre frente á la naturaleza, la evo­

lución histórica tiene que colocar al hombre en una rela­

tiva independencia de las fuerzas naturales. En el curso

(1) Ratzei. Antropogeografla. 1, páginas 478 y 479.

(2) Idcrn, Id., pág. 502.

110 EL ,\lA RXJS;\IO

de la Historia han de transformarse todas las condiciones sociales, incluso la economía, y sobre las mismas bases naturales se resolverán aquellas formas económicas que no tiellell nada [1c común entre si. La naturi.ilcz,¡ deja, por consiguiente, á la vida social ell S1l desarrollo Iiistóri«j llll círculo cada vez más amplio, que va lknáuduse progresi­vamente de otras condiciones que anles estaban excluí­das por la inmediata y exclusiva influencia de la natu­raleza.

Cuanto más atrasado es el estado cultura], mayor es la dependencia de la vida social de las cualidades natllra1cs que la envuelven. Vemos, por ejemplo, que las I'Ías de comunicación y tráfico en los períodos primitÍ\'os esLín casi reducidas á las que la naturaleza estableció: las cos­tas, los ríos, las faldas de las montafias y los desfiladeros son las primeras que se conocen, en cuyos pUlltos de em­palme lIacen las ciudades. El desarrollo económico crea con el tiempo caminos artificiales, que á partir de los fe­rrocarriles se separan más cada dia de biS vías de comu­nicación originarias; se perforan montañas, se abren ca­nales, y el tráfico puede extenderse en todas direcciones. Así ha ofrecido el canal de Suez un nuevo camino de comercio mundial. La comparación de un mapa de los ca­minos del Imperio romano con uno de las modernas rutas, muestra como á pesar de conservarse ciertos puntos de reunión comunes, la dirección de las vías de tráfico ha lle­gado á ser muy distinta.

"La importancia de los cursos fluviales es capital en

los comienzos de un pais. A ellos se reducen las primiti­

vas comunicaciones, qne se realizan sobre las aguas del

rio ó sobre sus orillas. En ellas se densifica más pronto la

población y se señalan las primeras fronteras sencilla é

EL MARXISMO 11J

inalterablemente. Sólo más tarde la evolución se desen­vuelve: la población abandona los valles y las hondona­das á medida que crece; los caminos, siguiendo las Curvas de los ríos, comienzan á parecer demasiado largos, y se busca manera de acortarles, y las fronteras rebasan las líncas que los ríos marcan y que no pueden servir de obs­tácnlo al tráfico cada dia creciente. (1).

Así se emancipa la sociedad cada vez más de su ori­ginaria dependencia con la naturaleza exterior, la que, to­talmente, no llega á desaparecer. La naturaleza limita el círcnlo de la vi?a social; pero este círculo de acción es cada dia más amplio. La cadena que une á la sociedad con la naturaleza exterior no se rompe nunca; pero sí se hace más larga y la evolución social deviene relativamente más libre, en el sentido de que se rige cada vez más por sus fuerzas propias, internas, espirituales y no por las aje­nas, exteriores y materiales que la determinaban antes. "Pueblo en estado natural no debe llamarse al que está en relación más íntima con la naturaleza, sino, si se per­mite la expresión, al que vive bajo su yugo. Por consi­guiente, cuando los etnógrafos dicen que en oposición á esto el desarrollo de la cultura consiste en su emancipa­ción de la naturaleza, hay que acentuar que la diferencia entre un pueblo en estado de naturaleza y uno culto, se ha de buscar, no en el grado, sino en la forma de su de­pendencia de la misma. La cultura es libertad de la natu­raleza, no en el sentido de una total independiencia, sino

en el de su unión múltiple y extensa" (2). Podemos, por consiguiente, llegar á la conclusión de

(1) Ratzel. Antropogeograf/a, n, pág. 535.

(2) Idcm, íd., J, pág. 65.

que la preponderancia del momento económico en la vida socia 1, tiene que decrecer con los progresos históricos.

Primeramente está la vida social dominada por la eco­nomía; pero después va siendo progresivamente detcrnli­nada la economía por otros fenómenos sociales, y ante todos por la ciencia. La economia va quedando así redu­cída á una acción recíproca en la vida social, convirtién­dose de causa ell efecto de la evolución histórica.

v

Hemos estudiado tres argumentos capitales, favora­bles al materialismo histórico:

1." Lo indispensable del trabajo económico para hacer posibles las bases materiales de cualquiera otra ac­tividad.

2." La preponderancia cuantitativa dd trabajo eco­nómico en toda la vida social.

3." La preexistencia en el proceso económico de un elemento material independiente y determinante de la evolución social.

Después de analizar detenidamente estos argumentos

hemos encontrado que, sin negar su validez, ellos mis­

mos prueban que con el proceso histórico el papel pre­

dominante de la economia decrece inevitablemente. Cuan­

to menor es la productividad del traLajo, más estrecha es

la dependencia de la evolución social de los factores na­

turales; y la evolución misma crea las condiciones de la

relativa emancipación de la sociedad frente al poder de la

economía. Por eso está el conocimiento sólo en los pri­

meros momentos pendiente de las necesidades prácticas,

EL M.AkXl~M.O

:conómicas sobre todo. Más tarde ya la relación se in­licrte y la economía queda dirigida y regulada por la (iencía. El deseo de conocer primitivamente débil ad­:¡[liere poco á poco importancia social y rige eficazmente, ,nediante la ciencia, á todas las demás actividades.

"No es la conciencia la que determina al sér, sino al ulltrario, el sér social á la conciencia., ha dicho una vez \larx. Pero esta terminante contraposición olvida, y por 'so se equivoca, que el sér social no es sólo la causa, sino 1:lIl1 bién el producto de la cOllciencia; y esto debe ser ,;pecialmente acentuado: la creciente importanCia de las ','yes propias de la conciellcia en la determinación del sér

,ocial.

La disti lIción del sociólogo americano Lester Ward ,le d.o: clases de progresos sociales, pasivos, naturales; ,;enellCOS UllOS, y activos. artísticos y teleológicos otros, ,s completamente exacta (1), La evolución social estuvo :¡asta ahora muy poco dirigida por la voluntad conscieu­:~ del hombre, á pesar de estar formada la sociedad de ¡,Idividuos aislados y perseguir todos sus fines conscien­;cs. Pero "la colisión de voluntades y acciones de illl1Ume­í-Ibles indi viduos colocan á la Historia en una situación parecida á la de la naturaleza inconsciente. Los fines que I:¡s acciones persiguen son buscados, pero sus resultados Icales imprevistos; y aunque á veces aparentan confor­ill:nse.con los fines pretendidos, tienen, por último, COllse­

UCIlClas muy distintas" (2).

Esta observación de Engels es s610 en parte exacta. ,\lJ.s cierto sería decir que hasta ahora la Historia en

--~

(~~ Véase Lester Ward, Sociologla dindmica. 1883. vol. 1, inlro­

,luCCIOII. ~_... _

(2) Engels, Luis Feuerbach. pág. 44.

EL MARXISMO

El MARXISMO

conjunto no ha resultado conscientemente elaborada por

los hombres, pero que ha de acercarse cada día más á

ello. Aquí, como en todas partes, el progreso consiste en

la mayor eficacia de la voluntad consciente sobre I~s fner­

zas elementales. La evolución social va ganando siempre

un mayor carácter artístico y teleológico, a~ercando pro­

gresivamente el resultado directo y pretendIdo por el co­

mercio humano.

n La antigua filosofía del derecho se babia puesto el problema de si el derecho es un producto n,.!t¡nal .ó. ar­tislico. A él contestan las teorías contemporáneas, diCien­do: que todo lo que procede ó informa la voluntad hu­111ana "5~ , a' la \'CZ , naturnl y artístico. En Sil desarrollo, sin embargo, la parte artística va aumentando frente á la natural, á medida que la participación de la voluntad y de su fuerza mental es mayor, hasta que, finalmente, logra una libertad, relativa, de su base natural y llega á ponerse en oposición con ella" (1).

Según la acertada descripción de Tlinnies toda forma· ción social comienza por una comunidad elemental no arbitrariamente creada, sino debida á las inclinaciones naturales del hombre.
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