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Bi buoteca sociológi ca los fundamentos teóricos


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(j"r'; \'lllulltHistJ. ~a 14 p~icologia y SLI rdacíón con ::\!arx.--lo común en);¡~ vision€'s

p,i")\ó~kJS de los pensadores del siglo XVlJl (Aufklarer) y J\Jan.

Marx procede de la escuela hegeliana y es reconocido generalmente como "joven hegelila negación de Hegel, y que ella subsiste ó cae con la dialéctica hege­liana (1).

Con mucha más razón afirma Marx, en el prólogo á la segunda edición del primer tomo de El Capital, que su 1l1Ctodu dialéctico, "por su fundamento, es liO sólo dife­

(t) Véase Dilhril1g. Historia critica de la economía naciol/al J' del socialismo, 3.' edic., 1879, pág. 487.

El. .'L\liXIS.\\(l

rente, sino contrario al de Hegel". y quc el tan S,))IJ lia

"coqueteadu" con las CXIHcsíolles hegdiallas...¡\lIlltjllC

Marx designa al proceso como ncgación de la negaciólI­dice Engcls--, no piensa COll ello dClllOstrar1u como !lis­t,'¡ricamcntc necesario. Por el contrario; dCSP1l0s Oc liabel probado históricamente que el proceso oe !Jecho en P;Ulc , se ha realizado, y cn parte ticnc que realizarse, k desig­na como 1111 proccso quc se lleva á cabo conforme ;1 un;1

determinada ley dialéctica" (1).

La observación de Engels es muy característic,\ y

descubre la verdadera sitllación de cada tll10 de los

fundadores de la cOllcepción Illalt:ríalista de la Ili:-:tori;,

frente á la dialéctica hegeliana. Eu la "negacióll de la ne­

gación" no descubre ElIgcls una ky de lo que realmente

acontece, ;lUnque sí una "ley dialéctica". ¡E"tralla ley que

no puede ser aportadn corno prueba, ni autoriza prcfjjar

un supuesto!

Esta es, acaso, la mejor muestra del papel que ha teni­

do la dialéctica hegeliana en la construcción filosófica de

la historia de Marx. A quedarse completamente libre de

esta dialéctica no podía decidirse Marx. Hasta su muerte

continúa siendo, en cierto modo, hegeliano, aunque, al

final, sólo en la forma de expresarse. Pero con la cubierta

hegeliana envolvió Marx otra sustancia que no tenía nada

de COmún con el ideal de la filosofía de Hegel. No sólo

era Hegel un metafísico idealista, mientras Marx pertene­

ce á aquellos pensadores que podrían llamarse metafísicos

materialistas, sino que, además, en sus concepciones psi­

cológicas y filosófico-históricas, fueron ambos pensadores

fundamentalmente oistintos. Como psicólogo y filósofo

(1) Engcls. en su obra contra Dühring. pág. 136

EL MARXISMO

:lc la historia, tenía Hegel de común con los pensadores lid siglo XVIII, ver como éstos, en el intelccto, la fuerza motriz de la vida consciente y de la historia; "c'est l'apt­Ilion qui gallvcme le monde.: á esta se reducía la psicolo­gía y la filosofía de la historia del siglo de la gran revo­lución. También era para Hegel el proceso del pensamien­to "el demiurgo de 10 real., que decía Marx. Esta filosofía de la historia intelectualista estaba íntimamente ligada con la psicología intelectualista, que reinó hasta tiempos llIuy recientes.

A Fichte, y, más aun, áSchopenhauer, corresponde la creación de una nueva corriente. en la psicología científi­ca. A Schopenhauer, que fué el primero en afirmar que, no la razón, sino la voluntad forma el elemento predomi­liante de la vida consciente. "El conocimiento en gene­ral-dice-tanto racional como empirico, procede ori­ginariamente de la voluntad, pertenece á la esencia de los llIás elevados estadios de su objetivación, como un mero fJ-v.""r" un medio para la conservación del individuo y de la especie, como otro cualquiera órgano del cuerpo. Origi­nariamente, pues, al serviciode la voluntad, determinado al cumplimiento de sus fines, continúa también á su ser­vicio casi universal y completo, así en todos los animales como en casi todos los hombres (1).

E~to es una inversión completa del punto de vista de Hegel. A la voluntad, y no á la razón, cQrresponde el primado de la vida humana. Marx, en este terminante punto de vista psicológico, no está con Hegel, sino con Schopenhauer.

(1) Schopenhauer, El mundo como voluntad y representación, edic. 8.",1891, pág. 181.

El M,\HX¡S/lIO

No hay motivo para aceptar que Marx haya estaLlo di­rectamente influido por Schopenhauer; pero está, fuera de toda duda, que reconocía. tan decididamente como ésk, el primado de la voluntad sobre la inteligencia . "La idea­dice, por ejemplo, en su polémica con Bruno Bauer-, se compromete siempre que se distingue de los .. intereses". Además,es fácil comprender que cada "interés" cualltiu~o históricamente logrado, cuando aparece por primera vez en el mundo como "idea" ó "representación,,, excede en mucho de sus verdaderos límites y se confunde general­mente con los intereses humanos. Esta ilusión forma lo que Fourier llama el tono de cada época histórica" (1).

El aspecto psicológico de la concepción materialista de la historia, ticnc su expresión más penetrante eu la tesis de Marx sobre Feuerbach, citada por Engels...El de­fecto capital de todo materialismo ha sido-dicc Marx ..­concebir la efectividad objetiva y real, sólo en forma de objeto ó de intuición sensible, pero no como actividad humana y sensibl~; práctica, no subjetivamente. De aqui procede que la parte activa fué desarrollada por el idealis­mo en oposición al I1laterialismo, pero sólo de un modo abstracto, naturalmente, ya que el idealismo no conoce la actividad real, sensible como tal.. ... El problema de si el entendimiento humano puede lograr la verdad objetiva, no es teórico, sino práctico. El hombre tiene que probar en la práctica la ve~dad de su pensamiento, es decir, su efectividad y poder, su aplicabiljdad á los problemas de este mundo. La discusión sobre la realidad ó no realidad

'.' . de un pensamiento que se separa de la práctica, es Ulla

~l) La Sagrada Familia, Colección de los escritos de Marx}' En­gels, 1902, tomo n, pág. 182.

H .'IAllXISMO

cucstión puramente escolástica•.... La vida social es esen­cialmente práctica. Todos los misterios que conducen las teorias al misticismo, tienen su solución racional en la práctica humana, y en la comprensión de ella" (1).

Todo esto parece haber sido aportado precisamente por richte. El menosprecio del momento intelectual en la vida de los hombres, en comparación con el de los intere­ses prácticos, es muy característico para el marxismo.

EsÍl: parentesco de la visión filosófico-histórica de Marx, C01l algunas doctrinas psicológicas de Fichte y Scllopcnllaucr, no se puede designar. precisamente, como el punto más débil del marxismo. Sobre la base de la filo­sofía hegeliana, no se puede construir hoy ningún sistema cicntífico, porque ésta puede considerarse ya como supe­rada. Lo contrario puede afirmarse de la psicología vo­luntarista de Schopenhauer. A ella pertenece el presente y parece ser que el futuro.

Se pueden distinguir tres direéciones importantes en la psicología científica: la intelectualista, la materialista y la voluntarista. La intelectualista tuvo un predominio duradero.

Los representantes de las asociaciones de psicología inglesas, fundadas por v. HartIey y Hume, co'mo los me­tafisicos alemanes del siglo XVIIl, pertenecen á esta co­rriente. La psicología materialista se desarrolló principal. mente en Francia. Pero la nueva psicología no es materia­lista, ni intelectualista, sino voluntarista. HEl voluntarismo es quizás la tendencia más pronunciada en la psicología del siglo XIX; es la forma como la ciencia émpírica se

(1) Engels, Luis Feuerbaclz, 1895; lHarx soPre Feuerbacfl. pági­nas 59 y 61. .

EL ,\1 ARX1S,\\Q

apropió la inversión de Kant y Fichte, que hace pasar el punto de vista filosófico de la razón teórica á la razón práctica. En Alemania han contribuído, principalmente á esta dirección, la metafísica de FiclJte y de Schape­nhauer" (l). El racionalismo unilateral del siglo XVIII po­nía, en primer término del proceso psíquico, á la razón; la vida afectiva del hombre no tenía junto á ella justifica­ción. Pero no ¡Í la razón, ni al scntimientu, quc por lo mcnos forma un perfecto proceso psiquico indepen­diente, sino á la voluntad, debió considerar C01110 fllll­damento de h vida consciente. "Lo espiritual, dice Wuudt, cs el ímperio de la voluntad. Ni la idea, ni la inteligen­cia ó el pcnsamiento deciden" (2). "Si alguna de las trcs especies de elementos conscientes --conocer, sentir y quercr~tu\'iese que ser considerada como forllla ftllld¡¡­mental de la vida consciente, tendría que serlo la "oJun­tad" (3), observa el conocido filósofo danés 11. H;¡ffding en su Psicologia. Lo insostenible de la explicación In­varita de los filósofos ingleses, del proccso intelectual como una pasiva asociación de representaciones, ha sido magistralmente demostrado por Windelband en uno de sus geniales ensayos. El pensar no se da en la realidad sin el sentimiento. "En el torneo de la vida anímica son las ideas sólo la celada que oculta al verdadero luchador, el sentimiento, á los ojos de la conciencia. Pero ¿qué son estos intereses, estos sentimientos, cuya intluencia en la marcha real de nuestras ideas tiene una significación

. (1) W. \\'indelband, Historia de [a Filosojia, 1900, p:íg. 518.


(2) W. Wundt, Logica, 2.a edic.. 1895. lktodo!ogia. 11. pág. 17.


(3) ¡Wffding, Psicologf¡¡. 3." edic. alemana, 1901. pág. 134.

tan incognoscible? No son otra 'cosa que formas y excita­ciones de la voluntad inconsciente" (1).



Cada organismo está expuesto al influjo de las infini­las tuerzas de la Naturaleza que le rodean. Todo está en la Naturaleza en una comunidad universal--este principio, asentado por Kant (2) como tercera analogía de la expe­riencía, en su Critica de la razón pura, ha sido totalmente cOllfirmado por la llueva ciencia natural~. La más lejana cslrélla no vibra sin ac~ión sobre nuestro organismo y sin recihir, por pequefía que sea, una acción refleja del mis­1Il0; todo está compleja y dependientemente entrelazado. En el medio que vivimos se entrecruzan las fuerzas innu­merables de la Naturaleza, y las infinitas sacudidas del lllUIHlo maierial golpean sin ces~r la envoltura material de nuestro espíritu. Pero nuestra vida consciente no muestra una tan grande diversidad. Sólo una parte insignificante de lus encantos del mundo exterior son recogidos por nuestra sensibilidad. Para todos ios otros, incomparable­lIlente nllmerosos, permanecemos ciegos y mudos; no afec­tan á nuestros órganos sensorios y no los observamos,

(1) WindcJband, Preludios, 2.' edlc., 1903, pág. 229. Riehl indica los méritos de Schopenhauer como fundador del moderno voluntarfsmo.

• Del campo filosófico nadie ha comprendido estas relaciones con tanta profundidad, ni las ha representado con tanta claridad como Scho­penhauer. Sus manifestaciones están, haciendo abstracción de la meta· fisica de la voluntad, en completo acuerdo con nuestras acll.IJles ideas sobre la significación funcional de la conciencia..... El intelecto es, según su concepción. como según la de la ciencia actual, una consecuencia, un resultado, un producto de la organización, no sú productor mismo. Tiene como supuestos, la existencia y la vida, y sería, por consiguien­le, eq ui vocado anteponcrle á la existencia y á la Vida mismas. A. Richt, El cristicislIlo jifosójico, !l, pág. 204.

(~I \'éasc Kant, Critica de la razón pura. Ed. Kirchmann, 5." edi· ción. 18S1, pág. 223.

El. ,'lA RX IS.\\O

,'l)IllO si no existiescn. Frenk á la cOlllpllcac'j'J:t iniiniLI de la natura1cza extnior, posecrnos sólo Ull reducido nú­mero de sentidos, poco diferenciados. y wt!t) lo '111(' no les akcta no tiene existencia para nuestra conciencia.

Pero, ¿qué determina la selección éntre aquellos en­cantos que percibimos y los que no percibimos? 0Jada Ineis que el interés práctico de la vida. Los scntideb, COllle! C11 ~eneral, la conciencia, son elaborados por la Incita por la cxistencia de los organismos. La conciencia existe para a~egl\far la vida al correspondiente organislllo', es, senci Ilamente un medio para la conservación de la vida. La,; ,ellsaciones del tacto, gusto y olfato; la vista y el oído sirven originariamente tan sólo para facilitar j los anima­le, d hallazgo de alimentos, Li huida ante los enemigos, la aproximación del macho ;Í la hembra. etc. La \'oluntad de vivir preside el desarrollo de la vida consciente,.v IlU al contrario. El interés práctico determina qLlé encantos dd mundo exterior han de ser aceptados por la concien­cia y cuáles no; el organismo está sólo interesado en c1i~­tinguir y percibir en el medio exterior aquello que pued,' favorecer los movimientos de la conciencia. La (oncien cia es, por consiguiente, desde el pInto lié vista hiológi­co, un regulador de los movimientos dd organismo, lo,; que por su parte están determinados por la voluntad de vivir (1).

Ciertamente que Marx no ha sido discípulo de Scho­penhauerj pero estuvo, como éste, sacudido por la corrien­te de ideas del siglo XIX, que en muchos aspectos signi­ficaba una reacción contra la filosofía racionalista del

(1) Véase A. FouiIJée. La psicologia de llls id,'ols fuerzas, L~93, tomo 1, pág. 12.

EL MARXISMO

"igl(J de la gran Revolución. L'esprit classiquc del si­glo XVIII, dice Taillc, recelaba de todo lo individual, concreto. históricamente diferente. El hombre fué conside­rado como una abstracción vacía, como una máquina ra­I.Onadora, y definido como "un sér sensible y pensante qLle huye del dolor y busca el placer., Todas las diferen­,:ias de costumbres, condiciones de vida naturales y so­ciales, tradiciones históricas, etc., fueron ignoradas, y 'lila se [l'conOCieroll las diferencias de cultura, á las que se consideró como clave de todas las otras. Basta con extender la cultura en la masa popular para obtencr un lluevo orden social racional. El Estado, según su sér, no es otra cosa más que un contrato social entre los que pertenecen á él, Y sólo la ignorancia de la masa popular hace ljue este contrato no corresponda á los intereses de la mayoría (1).

Marx ha descubierto, que ni el estado de la cultura, ni las opiniones, ni las ideas de los hombres, sino sus inte­reses, dominan el curso de la historia, y con ello se puso

l:11 manifiesta contradicción con la filosofía idealista. Me­diante el reconocimiento del primado de la voluntad sobre la razón acató Marx, como se ha dicho, la psicología vo­luntarista del siglo XIX (2). Sin embargo, Marx no rom­pió completamente con la psicología de la época idealis­ta. Cierto que consideraba la práctica ~e la vida social como lo originario y primordial, y la conciencia sólo Como un momento secundario de la vida social; pero lo

(1) Véase Taine, Los or/genes de la Francia contemporánea. El I/I/tiguo régimen, 1885, lib. III. ' , (2) Sobre el parentesco de Marx yel votuntarismode Sehopenhauer, ln~~ste l\1asaryk. Véase su escnto, Losfundamentos sociológicos y filo­SOJleos ciel mar.>;ismo, 1899, pág. 156.

El••\IARXJS;I\O

característico de las concepciones psicológil'as de Marx, consiste también en ignorar lo complicado de lus intere­ses humanos, lo que hace recordar el esprit clt¡si'jlle de los enciplopedistas. Del tejido varío qne constituyen los motivos hunJ:;lllos, Marx no atiende más qne á lJI! aspecto, el interés económico en su más cstrecho sCLltido, pues por él entiende, la tendencia á la inmediata conservación. Hasta parece que la psicología marxista es más pobre que la de los enciclopedistas; éstos ree0Lluc:ian sólo lllJ;l ca lisa del comercio humano, la aspiración al placer; y, Marx derra la voluntad humana en IlLl círculo toda ría más ce¡¡ido, pues sólo tiene en cuenta una c]¡¡se de placer--c1 de I¡¡ propia conservadón-, á la que cOllsidera como su­premo resorte social del obrar humano (1). Cierto que no niega la diversidad de las necesidades y apetitos huma­nos; pero cree que el interés económico,es bistórÍl:amclIÍt.:, el más poderoso y decisivo de todos ellos. De este 1110do simplifica aún más que los enciclopedistas el contenido de la vida consciente humana.

(1) Véase Wundl, luca, HliJ3, pago 510.

CAPITULO III

LAS NECESIDADES COMO FUERZAS CONnUCTOHAS DE LA EVOLUCIÓN SOCIAL

[ 'v1'Cl'.'údadn" p_)icológicas de propia conservacioll y goces sensibles: Prod uc:ríón d~

IJ vid.:t ínml:diata.-El papel de las dis.tfntas necesidades en la evolución de la eco­

nOIllÍ
11. Ll iI¡:;(into sexual: Hambre y amar.-La evolución de la. famili:J.-Esquema de ,:\t(,q:Jn. -Sil in<:on5istcncla.~Lade'pendenda de las formas famlliJres de 1;..1 vid:l ec.o­numic;),.-IU. Instintos de simpatfa: Su odgen.-Amor materno y compañerísmo.­S.... nlimientos al~rujslas.-IV. Instin.tos ego-altru{sta: Su iignificadón como fuerzas eJe la historl.a.~LJ aspiración al Poder,-V. instintos desinteresados: El juego.-Su esen~ Ci3 y Su orlgcll.-EI arte.-El saber.-El pa-pel de 105 Inteff~ses prácticos en el nacimien­to de la ciencia....-Ellnterls por la verdad.-La necesidad religjosa~ su bi1SC y signífi­cllc1nn social.

Hemos recono~ido que la voluntad constituye el ele­mento decisivo de la vida consciente. Pero la voluntad consciente es determinada por motivos; los cuales tienen en el hombre individual la forma de necesidades é instin­tos, El primado de la voluntad sobre la razón es, por con­siguiente, el primado en la vida consciente de los instin­tos y las necesidades que son los últimos resortes de las acciones humanas. Y ya que la sociedad consta de indivi­duos aislados, movidos cada uno por sus instintos, 110 puede el comercio social tener otro fin que la satisfacción de las múltiples necesidades de estos individuos. De las

·l~ EL .'¡ARXIS~IO

nCCesidades bumanas pueden hacerse los siguientes gru­pos principales: l." Necesiuades psicológicas de la propia CO¡berl';¡ l ¡fin y goces sensibles.

.).. Instinto sexual.

3." Instintos de simpatía.

-1." Instintos ego-altruístas.

5.° Instintos desinteresados; esto (:s, que no descan­san en un interés práctico.

El primer grupo tic neCl'siuades forma la base psicoJú­gica de la vida individual, y es común

A la satisfacción de este grupo de necesidades sirve aquella actividad que Marx y Engels nombraron: "pro­ducción de la vida inmediata" y, en general, identificaron con la actividad económica. Claro está que la inmediata conservación, la producción de los medios de susteuto, es una condición previa de toda otra actividad. De la espe­cial urgencia de las necesidades de este grupo tom

EL MARXISMO

te, en diversas ocasiones. Este argumento consiste en de­cir: •que los hombres necesitan comida, bebida, casa y yc:sti do antes de hacer política, ciencia, arte,religión, etc., que, por consiguiente, la producción de los medios de vida materiales é inmediatos, y con ello,el correspondien­te estadio del desarrollo económico de un pueblo ó de un período bistórico, forma la base sobre que se desarrollan las instituciones políticas y jurldicas, el arte, y, aun las ideas religiosas de [os hombres que en él viven" (1).

No se puede discutir á Engels, que sin comer y beber es imposible hacer política. Pero con esta verdad pro­fllnda no queda resuelto sin más el problema de las rela­ciones entre la ·producción de la vida inmediata" y la política, arte, religión, etc., ya que estas relaciones no son en realidad tan sencillas como Engels piensa. La pro­ducción de los medios de vida necesarios, no es el único fundamento de la política, religión, etc., sino que, por el contrario, también estas son bases de aquélla.

Tomemos por ejemplo la producción del vestido, que

forma una de las partes.más importantes de la producción

económica. Estamos acostumbrados á considerar el ves­

tido como una .de las nec~sidades indispensables de la

vida; sin embargo, es un hecho comprobado por la mo.

derna ciencia etnológica, que "el hombre se ha procura­

do adorn os antes que, vestidos. y que el vestido es, en

parte, sólo un desarrollodeLadorno mismo. (2). Hay pue­

blos en los que no.seencuentra huella'de vestido alguno;

pero en ninguno faifa una forma cualquiera de tosco ador­

(1) El demócrata social, 1883, núm. 13: "Discurso de Engels 'ante la tumba de Marx•• cllado en. Woltmasm; El materialismo histórico, 1900. pág, 213.

(2) l.ippert, La historia de la cultura, 1885, tomo 1, pág. 175..

EL MARXISMO

no. "Esta primitiva inclinación del hombre á sobre:;alir individualmente, á hacerse visible como individuo me· diante algún distintivo que no provenga de sll natura­leza, esta originaria aspiración del hombre, distingue su especie de las de los animales más inmediatos á él de

una manera tan peculiar como el liSO de herramien­tas. (1). Lo mismo indica Ralzel cuando observa la ali­ción de los australianos al adorno, aun estando faltos de vestido, en un clima frío. u Llevan más adorno que ves­tido. (2). Lo que también puede aplicarse á muchos pue­blos de negros de Afeica; consideran el traje como adorno, y van desnudos en el mal tiempo, y, en cambio, ostentosa­mente vestidos cuando el tiempo es más hermoso (3).

Hoy no puede afirmarse que el vestido primitivo no sirviese más que para reservar al cuerpo del frío. Otra cosa ocurrió más tarde; lo que primero fué sólo cosa ho­norífica y de adorno, se convirtió, con el tiempo, en una necesidad indispensable para la vida.

Sería, sin embargo, absurdo medir el sentido estético de los pueblos primitivos por su afición al adorno. No por consideraciones estéticas estimaban estos pueblos el propio adorno, sino por sentimientos bien distintos como la vanidad, el deseo de imponerse á los demás, etcétera. El traje primitivo no era un medio de aparecer hermo­so á los demás, sino de hacer impresión sobre ellos. El adorno predominaba como un distintivo social-así como hoy las condecoraciol1es~, selial de la soberanía

(l) Lippcrl, La historia de la cultura, 1885, lomo 1, páginas 17,'} y 176. (2) (3) RalLel, Etnologla, 1886, tomo n, pág. 38. , Spencer, Los principios de la Sociología, 1879, parle -L" pa·


gina 180.•.



EL ,\lARXISMO

de clase; en muchos pueblos, ciertos adornos, eran privi­legio de las clases dominantes. Las pieles de animales selváticos eran distintivo de los caudillos y bucnos gue­rreros. "En el proceso evolutivo de la necesidad del ves­tido, que está tan estrechamente unido con la inclinación 1l1Lmana al adorno, se reconoce claramente la aspiración social á la importancia, separación por rango, y acentua­ción de las posiciones culminantes en la sociedad .. (1). Por consiguiente, ha representado la política un papel capital en el origen del vestido; la política, y hasta un cierto gra­do la religión. u Muchas manifestaciones del adorno hu­

manO pertenecen originariamente al campo del culto, Ó t.:stán en tan íntima unión con él, que no se puede com­probar cuánto tienen de culto, y cuánto de amor al ador­no tales fenómenos" (2).

También el desarrollo de la producción de alimentos se ha realizado bajo la influencia pode~osa de necesida­des, que no tienen nada común con la de alimentarse. Un estadio muy importante de la evolución económica fué el paso á la domesticación de ganados y al pastoreo. Y está comprobado, sin embargo, que ningú·n miramiento econó­mico llevó los hombresá este progreso. upoppillg, llama á los indios sudamericanos maestros en el arte de la doma', pero hace notar que se consagraban á este arte, general­

mente, con monos, papagayos y otros compaiieros de juego. Sus chozas están repletas de estos animales. Bien se puede pensar, que el poderoso instinto de-sociabilidad condujo más bien, á los hombres, en sus primeros pasos para lograr animales domésticos, q¡.te nt'> la consideración

. (1) Gurewitsch, La ~volución de las necesidades humanas, 1891, pag.56. .

(2) Lippcrl, ob. cH., pág. 177.

El. ,\\AHXISlIlO

de la utilidad que reportasen, y que sólo después debió aparecer ésta. En general, el hombre, cU:lIldo se encuen­tra <.'n un lli\'el de cultura inferior. hace primeru lo que le agrada, y sólo después, obligado por la necesidad, busca lo útil" (1). Según la opinión de Lewis ]\'1organ: "En el comienzo dI.: la dumeslicaciún se hizo la dd jll.:rru, para kner 1111 CUnlp,¡nero de caza; así como en otros IKTÍodos la presa y educación de las crias dI.: otros animalt.::s, quid sólo correspondió al ingenuo deseo de poseerlos" (2). "La inclinación de los hombres á tener animales bajo su dominio, observa Lippert 110 podría ser dl.:scubierta desde sus comienzos: se pierde confundida con la in­clinación infantil al juego..... Así, hoy toda\"ia, trae á veces el cazador un raposo á casa, sólo con ánimo de dar á sus hijos un juguete" (3).

Puede, pues, pensarse que al instinto del juego co­rresponde tal vez la más grande influencia cn la domesti­cación de animales. La religión ha colaborado con él en buena parte. El perro-el primer animal doméstico-, ¡ué considerado por diversos pueblos como animal sagrado, y, con otros muchos, cuidadosamente atendido. La \'ani­dad y la aspiración al poder social movieron por su parte á los hombres primitivos á domesticar animales feroces. En muchos pueblos primitivos era costumbre de sus cau­dillos, y lo ha seguido siendo hasta nuestro tiempo, tener lobos, leones ó leopardos domesticados, y, ciertamente, su aparición en compañía de alguna fiera produciría profun­da impresión en las muchedumbres.

(1) HalzcI, Alltropogeografia, tomo l, 2.' edic. 1899, pág. 49-1.

(2) l\\organ, La sociedad primith'a, trad. alemana de Liclihoff,

1891, páginas 35 y 36. (.3) Lípperl, ob. cit., páginas 128 y 129.

EL MARXISMO

Se ve, por c.onsiguiente, el poderoso influjo que han ejercido sobre la evolución económica, motivos que nada tenían de económicos. Las necesidades menos imperio­sas, como la de adornos y distintivos, han favorecido di­rectamente ralllas de la producción de los medios de vida lllds necesarios. Los hombres prefieren á menudo, contra lo que Ellgels piensa, lo inútil á lo provechoso; ya vemos, por ejemplo, cómo la cría de animales 110 fué introducida por los inmensos beneficios económicos que reportó des­pués, sino, sencillamente, por el humor infantil de tener en dIos compañeros de juego. Desde luego, no es muy cuerdo proveerse de cosas secundarias, cuando se carece de las indispensables; pero no debe perderse de vista, par3 comprender bien el curso irracional de la historia, que los hombres, los primitivos en particular, son seres de suyo poco razonables.

No quiere decirse con esto, que la producción de los medios de vida no sea una base de la vida social. La vida de los hombres primitivos está casi en absoluto con­sagrada á la busca de alimentos. La lucha por la existen­cia, que según las modernas concepciones, tiene tan gran papel en la evolución de los organismos, es, pri'mera­mente, lucha por el alimento. Desde luego que la vida de los hombres, aun de los más primitivos, es incomparable­mente más rica que la de los animales, y no se reduce al cuidado de la propia conservación; pero estas atenciones forman aun para la mayor parte de los hombres civiliza­dos su ocupación más importante. En su consecuencia, ella exige al hombre, tanto mayor tiempo de trabajo, cuan­to menor es la productividad del mismo. "Antes de la invención de herramientas y del aprovechamiento del fuego, aun en ¡as comarcas privilegiadas, las necesidades

;jI El MARX1S.\lO

de alimento y descanso exigían á los hombres todo su tiem po" (1) _ "Los rendimientos de la caza y de la cría~dice Grosse-soll tan insl'guros, que <'1 mClludo no bastan para los tiempos de escasez. Con razón cuidan los bosquimanos y australianos de llevar un CillltIrÓn contra el hambre. Los habitantes de la tierra del fuego padecen cnsí constantemente la miseria; y en Ins nnrraciones de los esquimales, es asunto tan frecuente el hambre, que fácil­mente puede deducirse el terrible p

llo de la "producción de la vida inmediata".

(1) Lippcrt, Historia de/a Cultura. 111, pág. uS.




(2) Grussc, LIIS formas de la familia J' llls de la eco/Jomía, 1896. pág. 36.

El MARXISMO



11

Junto á la necesidad de alimentarse, hay en el hom­bre otro instinto poderoso, no menos indispensable para la conservación de la especie, que es el instinto sexual. El hambre y el amor son, según la conocida frase de Schiller, las dos fuerzas que mueven la naturaleza. Am­bas arraigan en lo hondo de la naturaleza animal del hombre. Es muy característico que los autores del mate­rialismo histórico en su preferencia por la explicación científico-natural de la historia del hombre ai'ladiesen este segundo instinto humano, totalmente fisiológico, recono­ciendo su decisiva fuerza social. Esta nueva manifesta­ción del materialismo histórico fué desarrollada por En· gels, comO ya se sabe, en su obra El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado. De este modo des­apareció el primitivo monismo riguroso de la concepción materialista de la historia.

El americano Margan puede ser considerado como pre­cursor en este punto. En su famosa obra La sociedad anti­gua, hizo el atrevido ensayo de construir una historia de la evolución de la familia válida para todo el mundo. Sobre la creencia en la unidad del origen de las razas, afirmó la absoluta identidad de 105 períodos de evolución de la fa­milia en todos los pueblos del globo. por muy diferentes que sean sus condiciones de vida (1). Encontró en todas partes las mismas formas familiares que con férrea nece­sidad se sucedían en un proceso inaltp.rabl'e.

(1) ¡\lorgan, La sociedad primitiva, pág.. 319,

EL I>\ARX¡SI>\O

El intento de Margan puede hoy considerarse decidi­damente COl1l0 fracasado. Las más recientes investigacio­nes etnológicas prueban, con evidencia, lo insostcnibk de todo sn proceso evolutivo, cuyo punto de partida es la "familia consanguínea", por más que su existencia, según concesión del mismo Margan, "debe ser probada por otros medios que la alegación de esta forma de familia" (l). Más exactamente, que ella sólo existía en la fantasía del autor de La sociedad primitiva. Después aparecen, en 10-; esqne­mas de Margan, otras formas familiares encontradas cn diferentes pueblos, y con todas ell'ls se hace una scrie aplicable para todos los pueblos existentes.

Es ciertamente extraño que por esta vacilante cons­trucción se vieran en el caso Marx y Engcls de abando­nar los pensamientos capitales de su filosofia de l'l histo­ria. ¿Qué otra cosa sino tal abandono, significa la siguien­te afirmación de Engels?: "Las instituciones sociales, bajo las cuales viven los hombres de una epoca y país deter­minado, son condicionadas por ambas formas de la pro­ducción: por el momento de evolución del trabajo, por una parte, y de la familia por otra, Cuanto más atrasaclo está el trabajo, cuanto más limitados son sus prod uctas y la riqueza de la sociedad, por consiguiente, tanto más ef~c­tivamente dominado por la familia aparece el orden so­cial" (2). Por consiguiente ya no un sólo momento-los factores materiales de la economia-, sino dos distintos é independientes dominan la vida social.

Pero. ¿merecían las afirmaciones de Margan una alte­

(1) Morgan, ob. cit., p,ig-. 337.

(2) Engcls, El oligen de la ja 111 ilia. de la propi<'dacl pri¡'acl'l JI del Es/ario, 8." cuic., pág. Vil!.

EL MARXISMO

ración tan importante como la llevada á cabo en los fUll­damcntos de la concepción materialista de la historia? Lo insostcnible dc aquellas puede hoy asegurarse, como queda dicho. Hasta parece, que si en algún campo de la vida social son decisivas las condiciones económicas, es precisamente en la familia.

"En la misma medida que el conocimiento de los hcchos etnológícos va ganando terreno-dice con razón Grosse-. va perdiendo prestigio la teoria de Margan" (1). El investiuador americano consideraba al matriarcado

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como Ulla forma originaria de la familia que precedió en mucho al patriarcado. Esto parece ser erróneo: una obser­vación detenida de las relaciones familiares en los pue­blos más inferiores, ha demostrado que la familia patriar­cal es en ellos la regla. La mujer es en tales pueblos una csclava de su marido, quien dispone de su vida y trabajo COIllO de la de sus hijos (2). El mayor error de Margan era su idea capital, su punto de partida: la creencia en la semejanza y aun identidad de la evolución de la familia en todos los pueblos. Los hechos han demostrado que esto carecía de base sólida. No hay un proceso evolutivo de la familia que tenga validez universal, estando deter­minadas las formas de
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