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Bi buoteca sociológi ca los fundamentos teóricos


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Pero el trato espiritual de los hombres es sólo posi­b_e con la mediación de agentes materiales. Unu de otro no pueden separarse; y el material no es otra cosa quc el resultado de los [actores reales que obrau solnc lus hOIll­brtés. A l'l corresponde d preLlolllinio,cn opini6n dI: 1\;\

Como el más caracterizado representante de esta direc­ción puede citarse á H. Bucklé, que relaciona la tendCll­cín á la superstición de los espailOlcs y su intolerancia religiosa, con los frecllentes tcrrelllonos reinant..:s en este país; y cxplica la rdigióII antropomorfisla de los lIélcllos

EL ~\ARXIS,\IO

por la influcncia de la hermosa y tibia naturaleza griega, dcékra (1).

l~dra \'l'!. consiguén tales intentos probar la inf1lltéllcia

illI1lctliaLl de la naturaleza extcrior-situación geogr:lfic¡j,

clima, etc.----sobre d cstado de la vida social. Se puede

CLJIIVl'¡¡jr con Hatzel, cuando (lice: "La acción ele la natu­

raleza sobre el eslado corporal ó espiritual del hombre, ha

sufrido el destino más desventurado para un problema

científico; fué discutido detenidamente, y desde distintos

puntos de vista, antes de que se llegase á analizarlo con

los útiles de la investigación científica, y se penetrara en

su interior (~).

,\ I marxismo no puede confundírsele con estas tcorías. La historia de la Illll11unidad no es, desde el punto de vis­ta de Marx, un efecto pasivo de la naturaleza exterior, porque el hombre social cambia la naturaleza misina y crea su Ilistoria. "La doctrina materialista-dice Marx-­que hace á los hombres producto de las circunstancias y de la educación, y distintos, según ellas, olvida que las circunstancias son también transformadas por los hom­bres" (3).

El marxismo no niega la infiuencia de la naturaleza cxkrior sobre la historia humana; pero á lIiferencia dté aquella CUllctépción histórica que Paul Barth, CII su "Fjlo­sofia de la historia tomo soci%gio" llama antropogco­gráfica, hace resaltar Marx, no la influencia inmediata, sino la mediata, ejercida á través de la economía, por

(1) V~Jse 13\1ckle, lJistorÚl dI! la civilización en Inglaterra, ¡1i.')7, \'01. J. cap. 11; yol. 11, cap. L

(2) IAlltropogl'Ogmffa. II\U9; lomo 1, p¡í~.11.

(3) illdrx, soiJre FC\lerlJilcli. Suplemento al !./lis fi.'Il<,,-blll 11, dl' En­gel" ".íl.;-¡,O.

EL ,\\AHXh\\O

las condiciones de la natura1cza sobre el hombre. Toda economía descansa sobre bases materiales lLHJas por la naturaleza exterior. La esencia de la e(llllOlllia cOllsiste en ia transformación (k aquéllas; así se Lrcad pur J;¡ acti\'i­d.lll CCOJIÚlllica UII llllCVO medio arU,;tico, cw¡"¡ l'\'olllcióI1 pUlle l'n IlIovilllielltu la hi,;loria de la humallidad, en su consecuéllcia el lIIall'rialisl1lo histórico,

Las cOlldiciones materia1cs del trabajo JIU son Ulla cosa inal!erable y rígida, no son 1\11 decto pasivo de la natma!cza exterior, sinu 1111:1 e\'1l111l'i,'J11 lit) illlCrruJnpida de creacioncs históricas del Hombrc mismo.

Es de la mayor imporLincia distinguir radicalmente, las condiciones rC

proceso social. La distribución frente á ellas. aun repre­

sentando la parte social de la economía, puede igual­

mente ser considerada como real en virtud de las dife­

rentes operaciones técnicas necesarias para que el pro­

ducto llegue al consumidor.) Si la producción y el cambio

influyen considerablemente sobre la distribución, ésta, á

su vez, reacciona sobre aqudlas. Ya dice Engcls: "La dis­

tribución no es un mero producto pasivo de la proUUCciÓlI

EL MAHXISMO

y del cambio, sino que obra á su vez sobre ellos. Cada nueva forma de la producción ó del cambio es detenida en sus comienzos, 110 sólo por las antiguas y sus corres­pondientes instituciones políticas, sino también por la forma de distribución existente, y con ella tiene que lu­c!lélr hasta que se instaure la que corresponde" (1). A pesar de todo, la concepción materialista de la historia consideraba decisivas la producción y el cambio, pero no la distribución. ¿Por qué esto? Sin duda porqne prodllc~ ció n y cambio representan el lado real de la economía, mientras que la distribución es un momento social por ex­celencia. Más exactamerite: no la pruducción y el cambio, sino sus factores ó condiciones reales, son reconocidos por el marxismo como funuamentos del orden social Las condiciones sociales de la producción y del cambio serán á su vez determinadas, lo mismo que la distribución por los factores reales de la economía. El estado de la ciencia, el derecho reinante, la constitución politica, etc., influyen también poderosamente sobre la producción social. La concepción materialist~ de la historia no niega esta in­fluencia, pero considera en última instancia como decisivo el efecto resultante de los factores reales de la producción (y del cambio) sobre la vida social; N\arx y Engels esta­ban inclinados á considerar la raza como un factor econó­

mico independiente.

En una carta del año 1894 dice expresamente Engels que "la raza es un factor económico" (2). Algo semejante dijo también Marx: "Independienteme!lte de la forma más

l')

menos desarrollada de la producción social-Icemos cn

(1) Engels, ob. cit., pág. 151.

(2) Documentos del socialismo, 1902, tomo 11, pág. 7·1.

El Capitilf·-, la producti\'idad del trabajo está unida á

cOlHliciolles natura1cs: ellas hacen relaci(llI, hiell ~1 la na­

luralcl;¡ del hombre InislI\(). como );¡ raza, dc., hien á la

n¡¡tllTille¡;¡ que le rodea" (1). La raDl es, plles. se;.:ún En­

gch, un factor ecoll<Ílnico, y par,l I\Llrx U:l ll¡ulllClllu (k­

tCrInill,llltc de la prodlldil'idad del Ira!J;¡jo ,:umparabk ;1

la lIatuLlh'/a eX!l'rior.

Tambiéll illgllllOS ll1;nxistas cuelltilIl la rala como 1111 momellto indepellllienle que determina la \'ida social; ¡¡sí el soci(ilogo italiilllo Alltonio Lahriola (2). ¿Concuerda, sin emhargo, tal cOllcepLi,íll con el pellsamiento fUllda­IIlellt;11 del ll1ateri¡¡lismo ilistúrico?

De nillgún modo, por lus motivos qlle siguen:

Cierto que la capacidad de trahajo dclllOlllllle depende en alto grado de la razaáque pcrtencce. Es conlJcir!,) que ~i 1lIJlnilres de distinta raza corrC:ijll'llClc nl1a fl1crza lnllscu1ar IlIcdia diferente, distinto dcsarrul10 cerehral, ek.; diferen­cias físicas constituyell los rasgos ral'ia1cs, 'lile deben estar acampanados de diversa capelcidad intelectual. De esto no ha de deducirse que la taza, desde el punto de vista cle la concepción materialista .de la historia, deba ser reconocida como un factor económico de igual calidad que la naturaleza exterior; igualmente influyen otras mu­chas fuerzas ideológicas-como el clcrecho, el Estado, la religión, etc.~. que no son factores económicos, sohre la productividad del trabajo y la ecollomia social. La esen­cia de la filosofía de la historia marxista, consiste preci­samC:llte en reconocer la reacción de estos diferentes fac~ tOles sobre la economía, pero afirmando siempre el pri­


(1) El Capital, lomo 1, pág. HG.


(2) Véase su escritJ D,'l f11ll1,'rilllismo histd¡ico. Dilucidaciones prelimil1¡lres, Holtla, lWll, p:ig. 1:::8.




mado de ésta. Las condiciones de trabajo dadas por la naturaleza exterior, son factores económicos primarios, porque la economía no oscila en el aire, sino que descan­sa sobre bases reales.

La raza para el materialismo histórico, no es nn factor prímiH·io, sino secundario, COI1\O la moral, el derecho, el Estado, elc. Los caracteres de raza no son algo rígido é inmovil, están siempre en un proceso; no son una callsa definitiva, sino un resultado de la evolución del grupo de hombres respectivo, la cual á su vez está deter­minada en último recurso por las condiciones de existen­cia del mismo grupo. "Diferentes situaciones sociales obran favorable ó adversamente, precipitándolo ó dete­niéndolo sobre el proceso etnológico y así producen ca­racteres étnicos. En muchos casos donde se habla de "raza", sería más adecuado hablar de "clase". En todos los pueblos acompañan á la particularidad de la situación, distinciones corporales, las cuales, tanto más profundas son, cuanto más lejos están los pueblos de la cultura y de la libertad" (1).

El llamado espíritu nacional, que de seguir la opiJ.1ión

de muchos historiadores todo lo explica y se manifiesta

en todos los campos de la vida social, determinándola, es

cOllsiderado desde el punto de vista del materialismo his­

tórico, como una muy complicada resultante de la~ con­

diciones sociales y especialmente económicas de la vida

de cada pueblo. Cierto que no pueden ser explicados to­

dos los caracteres de raza meramente por las condiciones

económicas sobre las cuales un pueblo vive, ya que en

los caracteres heredados queda la huella de anteriores

(1) Rntzel, Antropogeografla. 2." parte, 189], pág. 590.

2-! El JIIARXIS,\lO

condiciciones de su existencia, ya desaparecidas. Las pro­piedades del espíritu nacional pueden, por tanto, explicar­se, así por las presentes, como por anteriores circunstan­cias económicas, lo mismo que otros .productos históricos: costumbres, derecho, etc. Y si Marx y Engels descubrcn en la raza un factor económico de la misma calidad que la naturaleza exterior, esto sólo prueba que los mis­mos progenitores de la teoría fueron infieles á sus bases.

III

La doctrina de las fuerzas productivas, de la decisiva significación en la vida social de [as condiciones materia­les del trabajo económico, es la base de la filosofia de la historia marxista. Sin embargo, esta doctrina no queda agotada por aquélla; forma otra de sus partes, la llamada de la lucha de clases.

La evolución de condiciones económicas reales, es la fuerza decisiva de la historia, aun obrando inconsciente­mente. En la conciencia humana el conflicto de una llue­va forma económica con otra vieja, hace que choquen in­tereses de diferentes grupos sociales y toma la forma de una lucha de clases. La doctrina de las fuerzas producti­vas ha esclarecido sólo la parte material é inconsciente del proceso histórico; tiene que ser completada COIl otra doctrina que explique la reflexión de este proceso objeti­vo en la conciencia del hombre. Este tema es el que re­suelve la doctrina de la lucha de clases.

Concepto fundamental de ella es el concepto de clase socÍt.l1. En el "Manifiesto comunista. figura esta cortante frase: "la historia de todas las sociedades es la histo-

El MARXISMO

ria de la lucha de clases". Algo más oscuro es compren­der qué entienden Marx y Engels por clase social.

"¿Qué forma una clase?,,; con esta pregunta y sin con­testación comienza. el tercer tomo de El Capital. Sólo a\'eriguamos que el reducido concepto de clase no puede ser confundido con el más amplio de grupo social. Los médicos y los empleados forman dos grupos sociales dis­tintos, pero no dos clases. La división social del trabajo es cosa muy distinta de la composición de las clases de la sociedad. En la sociedad primitiva se vislumbraban ya los comienzos de una especialización de los oficios, sin que á ellos correspondiese una sociedad de clases. Lo mismo podrá decirse de la futura sociedad socialista que á pesar

de eliminar de ella las clases, na ha de verse libre cier­tamente de la división del trabajo.

Sabemos, pue~, lo que no es la clase. Qué sea na

está precisamente determinado por Marx en El Capital, ni

en otros escritos suyos. Hasta parece que empleó este

concepto en sentidos diversos y aun contradictorios.

Así dice en su Revolución y reacción en Alemania que

al estallar la revolución estaba compuesto el pueblo ale­

mán de las siguientes clases: la nobleza feudal, la bur­

~uesia, la pequeña burguesía, los grandes y los pequeños

labradores, los campesinos libres, los siervos de la gleba,

los trabajadores del campo y los industriales (1). En total

no cuenta Marx menos de ocho clases. Igualmente des­

cansa su análisis del movimiento social y político coetá­

neo y posterior á la revolución de Febrero en Francia, so­

bre la distinción de clases numerosas dentro del pueblo

(1) Marx, Revolución y reacci6n en Alemania, trad. alemana de Kaulsky, 1896, páginas 7-11.

21; EL ;'lAHX¡';,\\O

francés, y cntn.: ellas presta particular atcllcil)n ú la ll1í~ siólI süci;¡j de la peljlleila buq.;llesia y ú lus pequcllO:' la­bradores. El punto brillan1c de este allú)isis lo [orma precisamente la ~ellial caracterización ele la peqncila hur­guesía COIllO ulla específica clase social. La PUlllelIa bu f­gllesía y diferentes grupos de labradores soll siempre considerados como clase independiente. En lo que se 1'1.> fiefe j los lahradores de parcelas, ks atribllye cunllJ C];ISL' social 1111 papel decisivo ell el origen del IIl1pelio. "Bulla­parle representa11;¡ un,1 c!¡lSe··-dil'l' Mar., 1.1 C];¡Sl' In,t.; IIIIIIIL'IOS:¡ de la sociedad france"a, 1;1 de lus clIlli\illlurL'" de p;lrceLls" (1).

Después de todo esto se sorprendcf:í el lcc\(lr, siu duda, Clldlldu lea en el mismo escrito qlle los clllti\'adu­res de parcelas, en cierto seutido, no forman una clase. "En tanto qlle milloncs de familias \'i\'cn hajo condicio· nes eeol1,'lIl1ieas quc separan su moJo dL: vida, inkréSL':'> y educación, de las de otras clases, y los colocan en riv;l­lidad frente j ellas, forman ;í su vcz una clase. Mielllras que entrc los cultivadores de parcelas sólo existe una local dCI)('ndellcia y qlle la particularidad de SLlS illll'­reses 110 produce lIillguna comunidad, ni unión l1acio~ lIal, ni org-anizaci,'Jn política, y así no forman clase al~l1­na" (2). En resumen, queda sin determinar, precisamente, después de ver que sí en un sentido, y que no en otro, si los cultivadores de parcelas forman ó nO lIna clase.

Pero si no son una clase porque la particularidad de

sus intereses no produce ninguna comunidad, ni unión

nacional, ni organización política entre ellos", también


(1) E/l8 Brulflario, 3." eúic., 1885, pág. ~7.

(2) lúcm. íd., íd.


EL MARXISMO



';l.:r:1 discutible que la pequeiJa burguesía forme una clase. \' sicnuu ciertamente los pequeños burgueses alemanes de la rc\"olLlcilÍn de Marzo tan incapaces de formar un partido politico independiente COIllO los agricultores cita­dos del tiempo de Bonaparte, podría decirse, que en cier­tü selltido tampoco formaban ellos una clase. Por este ca­mino quedarían e':cluídas muchas de las Jlumerosas eJl­(1!Iltradl$ por Marx en el seno de la sociedad moderna. ProhalJlcmcllll; quedarían de todas ellas sólo las tres cé­Icllles citadas ya por Adam Sl1lith, grandes tcrratenientes, l"apítali,;las y trabajadores. Yaun no todas. La cualidad de cla,;c dc los trabajadores no está, ni con mucllO, des­n/JItada.

CiL:rtamente que Marx habla innumerables veces de 1\)s trahajadores y del prolf.tariado, como clase reconocida. 1~lmbil'JI se dijo esto de los labradores, y ya hemos visto, sil! CIIlj¡~lfgO, que poco correspondían sus pretensiones á los caracteres de clase; y de no ser éstos y los pequeños hurgueses otras tantas clases, no tenemos ningún derecho á considerar como tal al proletariado antes de que llegue :1 deÍl'rmi!Jado momento de su evolución. En el Manifiesto CLJIlZilllista consla que el proletariado, en el tiempo de su

redacciól!, no era aún una clase. En este famoso escrito se Ice, qne "el fin más inmediato de los comunistas, como de todos los restantes partidos proletarios, es: formar la clase proletnria", y que "la organización del proletariado como cIase, y con ello como partido político, ha de alcanzar­se con la concordancia entre los trabajadores mismos" (1). Si, pu<.:s, la organización del proletariado comO clase es

(1) El .Hllllilicsto COlflllllis!n, 1891, páginas 16 y 18.

un fin á conseguir. es, naturalmente, porque no ha llegado aún á formarla.

La clave de todas estas extrañas contradicciones de Marx, puede encontrarse en ~u e:scríto de polémica COll­tra Prollllhon: "Las relacioncs cconómicas-dice Marx­hall convertido, desde luego, á la lIlasa de la población, en trabajadores. La soberanía del capital les ha creado una comunidad de situación y de intereses; asi ha lle­gado á cOllstituir esta masa ulla clase frente al capital, pero no en y para !'í misma. En las fases de la lucha qUe hemos señalado, ella se encuentra unida, constituida por si misma en clase. Los intereses que ella ddiende, devie­nen intereses de clase. Pero la lucha de una clase frente j otra, es una lucha politica" (JJ. Olro tanlo Jluede decirse de la burguesia. En su evolución, distingue Marx dos fa­ses: "una en la que, bajo la soberanía del feudalismo y de la monarquía absoluta, se constituye en clase; y otra, cuando ya constituida, derriba aquellos poderes para con­vertir la sociedad en una sociedad burguesa. La primera de estas fases fué la más larga, y exigió grandes esfuer­zos. También la burguesía comenzó con coaliciones par­ciales contra los seiiores feudales, (2).

Las clases sociales presentan dos fases en su evolu­ciún; primero se afirman frente á las demás sin ser aún propiamente clases y sólo más tarde, llegan á constituir­se como clases en si, con una organización propia. Cuan­do Marx negaba á los cultivadores de parcelas la cualidad de clase, quería decir, que no formaban una clase organi­zada y por si; mas con todo, lo eran frente i las otras.

(1) Milrx. La Miseria de la Filoso/la, piÍ¡:. ¡/lO. (~) "-km, íd., íd.

EL MARXISMO

Igualmente, el proletariado, en los tiempos del "Manifies­to comunista" no era tampoco una clase por sí, aun sién­dolo frente á la burguesía.

Esta dislinción entre clase para 105 otros y clase para sí, descansa, notoriamente, sobre la doctrina hegeliana dé! puro sér, que, mediante su negación, llega al sér para los 01ros y por la negación de la negación al sér para si. Cuandü Marx, llama al mislllo grupo social una vez clase, y 1L1e~o lL; niega esta propiedad, lo hace desde el punto de "ista de los diversos estadios que su evolución reco­rre. Dd mismo modo ponemos frente á frente una larva, y el anilllJI maduro en que luego se tnll1sforma, y, sin emhargo, cuando comparamos una larva con otros orga­Ilisltlos distinlos, le adjudicamos ya el nombre de lo que al términu de su transformación ha de llegar á ser.

De aquí se deduce, que lo que en las exposiciones de f\larx subre la cualidad de clase de los diferentes grupos sociales l)lldo ser considerado como una contradicción ló­¡.:ica, se reduce, más bien, á cierta ambigüedad en la forma de expresarse. Las clases sociales están, según Marx, COlllO todo en el mundo, sometido á las leyes de la evolución, y cada UnO de los momentos en la evolución c1e una clase, contiene caracteres decisivos que faltan á las otros.

Esto debe tenerse siempre presente para compren­der bien la doctrina marxista de la lucha de clases. La lucha de clases, dice Marx, es siempre una lucha políti­c¡¡; esto no puede afirmarse sin embargo de las contien­ltas ocurridas entre representantes de clases sin cons­tituir. Antes de la revolución de Febrero no tuvo el prole­tariado ninguna acción importante en la vida política. A pesar de c:so, las contiendas de los trabajadores con los

3D EL ~IAIlXIS.\\O

capitalistas SOI1 tan viejas como la producción capit c1ascs, privan á [a correspundiente cl)lllienda del c¿¡rjckr dc lucllU de clase. Pur eso L1icell M¡¡rx y Eubcls en el "Manifiesto comunista", que el tema llIás illlpol!anle ucl partido cOlllullista es: "centralizar las luchas locales dc [os trabajadores cn lllla lucha de cl

La diferencia entre el concepto de clase, y el mis ;,;c­neral, de gfl1po SOCial, esUí, por lu pronto, en que 105 in­léreses econlÍmicos de diferentes grupos :;ociale5 pueden c,¡incidir, mielltras que los de una clase Se encueutr¡ln ne­cesariamente en oposición frente á los de la5 demiÍs (1). Pero, ¿sobre qué descansa esta inevitable oposición de intereses que forma la característica decisiva de la socie­dad de clases? La contestación marxista es clara y preci­sa: Toda la oposición entre las clases no es otra, CJue una expresión del antagonismo fundamental de la sociedad IlIodema, que consiste en la apropiación por unos grupos sociales del pltls-trabajo de otros. La composición de cla­ses de la sociedad es, por consiguiente, una expresión so­cial de la reinallte y antagónica forma de la producciíSn;

(1) \'~a," K;mtsky, lllh'reses J¿ e/liS", illta,'s,s pUrliCIIII/¡,S ,; ill­lern,'S 'Oll/lII1CS. Ylln'v Tiempo, XXI. tomo!l, p;Íg. 211.

EL MARX[~MO

mientras subsista el plus-trabajo no pagado, conservará la sociedad su estructura de clases.

Enla sociedad primitiva que no conocía el plus-trabajo faltaba también, naturalmente, esta división de cla­ses Sólo por la violencia, de cualquier suerte que sea, puede obtenerse del trabajador este plus-trabajo, y esta vi'l1cncia produce el inevitable choque de intereses de los explotadores y de los explotados. Así nace la sociedad de clases.

¿Qllé es, según esto, una clase social? Un grupo so­cial formado por miembros que sostienen una posición económica análoga en el proceso de [a apropiación que llevan á cabo unos grupos sociales del plus-trabajo de otros; en Sil consecuencia, la clase tiene comunes iutere­ses económicos y comunes antagonismos. La explotación constituye la esencia de la formación de clases, pues, la rclacilÍn económica y social de la apropiación del plus-tra­baio eS una relación de explotación. Sobre esta base se divide la sociedad moderna en clases; unas que prestan Sll plus-trabajo y otras que se lo apropian. En la sociedad

presente, apoyada sobre la producción capitaHsta, forman los as¡¡lariados como explotados, y [os capitalistas y los propietarios del suelo como explotadores, las tres grandes clases características de nuestra forma de producir. Pero, aparte de est<:lS clases fundamentales, dividese la concre­ta sociedad c

EL MAHX[S.~IO

32 Así, por ejemplo, no formaban los pequeiios produc­tores de la sociedad primitiva clase algunu. JJoy encon­tramos dentro del capitalismo, también pcqueiJos produc­tores que hasta representan la mayoría de la población en los mús de los Estados europeos, Yque han llegado á ser clase gr,lcias al orden económico reinante Las parcelas de los lahradores franceses no les libra de la sooc:raní,¡ del C<1pital. "Las parcelas de los labradores son sólo el pretexto que permite á los capitalistas sacar de la tierra provecho, interés y renta y mostrar al lalJr,¡dor cómu g;1llél .su salario. La deuda hipotecaria que embargaba el

suelo impuso {¡ los labradores franceses un interés tall crecido como el interés anual de toda la deuda británica nacional" (1).

Del mismo modo forma la pequeña burguesía en la so­ciedad capitalista una clase intermedia entre dos extre­!1l0S el capital y el proletariado-, pero una clase con todos lo,; intcrcses y antagonismos que le son propios. Arlcsanos(l/Illldwcrf:er) Y tenderos, que forman el espina­

7.0 de esta clase, son empresarios capitalistas, y. como tales, están frente á frente de los asalariados; sin embar­go, tienen que temer, más que nadie, de la competencia del gran capital. Ellos explotan al trabajador, pero son arruinados por el capital; los más dichosos ascienden al rango de burgueses, mientras los desgraciados bajan á ser proletarios. Esta situacipl1 oscilante de la pequeña burguesía, determina el tipo social de esta clase, que no

es capaz de levantarse sobre los antagonismos de clase y colocarse fuera de las rclaciones de explotación reinan­tes en la sociedad moderna.

(1) ,\larx, El 18 Bmmario. p.ig, 101.

EL MARXISMO

Los llamados intelectuales y representantes de las pro­Ic:siones liberales, consagrados al trabajo intelectual, no forman por si una clase independiente, por la razón sen­cilla de que su trabajo no es trabajo económico. A pesar de ello, 110 están fuera de la oposición de clases, por verse obligados, mediante la fuerza de las relaciones económi­cas, á incorporarse á u na ó á otra. Los más de ellos pertenecen, por su origen, á la burguesía, y están estre­ch<1mellte unidos á ella por intereses económicos; otra parte más reducida, pero siempre creciente, se adhiere al proletariado. De este modo se separa toda la sociedad cn clases con determinados y opuestos intereses econó­micos. La oposición que produce la apropiación del

plus-trabajo no pagado, es la causa del antagonismo que rcina en toda la vida social.

Pero no dehe olvidarse que una clase tiene que reco­rrer l/lla larga evolución anícs de constituirse como tal. Esta l'\'olución se manifiesta en la creciente conciencia de clase que va adquiriendo. Alas que todavía no están constituidas falta la concienciá de sus intéreses de clase, ó lo que es lo mismo, de la oposición reinante entre ellos y los de las existentes. PÚr eso una clase no cons­tituida es incapaz de toda lucha política. .

La conciencia de su sú es lo que informa á una clase y la constituye. La conciencia consiste no tan sólo en el sentimiento de solidaridad con los miembros que la inte­gran, ya que la simpatía por aquéllos'que· se encuentran en semejantes condiciones dé vida, no es más que un sen­timiento natural á cada hombre norniaI, yen nada influye para él la conciencia de clase. Para esta es exigible algo más, á saber, el conocimieílto de. que la situación de los representantes de la respectivd clase 'está dorilinada y de­

El. MAllXIS.\\O

terminada por el lugar que ocupa en el orden económico reinante. Así, es necesario, para que el proletariado ad­quiera su conciencia de clase, no sólo que los proletarios sientan su solidaridad, sino que se recotlozcan explotados por el capital. La conciencia dc clases es, pues, sinónimo de la conciencia dc la oposición de clases; dc lo inevita­ble de la lucha de clases.

Toda lucha de clases es una lucha politica, ya que sicndo el Estado un órgano de la dominación dc clase~, las clases explotadas, sólo mediante la revolución social pucden cambiar en su provecho, su situación en el orden económico reinante. La clase dominante utiliza el poder del Estado corno medio de fundar su soberanía económi­ca, y sólo apoderándose de él pueden liberarse económica mente las clases oprimidas. El despertar de la conciencia de clases es, pues, equivalente á la transformación de la lucha económica en lucha política.

¿En qué sentido afirmaba Marx que la historia de to­das las sociedades ha sido la historia dc la lucha de cIa­ses? Ya sabemos quc una clase, sólo en cierto periodo de su desarrollo, es capaz de una lucha de clases; que este estadio es de menos duración que aquellos durante los cuales aun no posee conciencia alguna, y 110 puede, por tanto, luchar como clase. ¿Cómo ha de conciliarse esto con la afirmación marxista?

Ciertamente, no quiso Marx decir que todo movimien­to social fuese una lucha de clases. Cuán lejos estaba Marx de este absurdo, 10 prueba el mismo Manifiesto co­mUl/ista,donde se persigue la transformación de las luchas locales de los trabajadores en una lucha de clases, como el fin más inmediato dclmovimiellto comunista. Más bien aparecen en la concepción marxista las luchas d~ clases.

EL MAHXISMO

como fenómcnos poco frecuentes en el CUrso de la histo­

lÍa; cllo no fué nunCa discutido por Marx detenidamente.

Si quisiéramos construir con sus manifestaciones, á ve­

ú~s contradictorias, una teoría lógica y coherente, po­

dríamos darle la siguiente contextura: la evolución his­

lórica culmina en lucha de clases, aunque ciertamente,

110 cOlista exclusivamente de ellas. Las luchas de clases

~on los precursores de las conmociones políticas y socia­

ks y ícrminan "con una transformación revolucionaria de

l~l socieliacl toda, ó con el ocaso de las clases luchado­

fas" (1). Y como la historia no son sólo revoluciones cla­

mOrosas, de aquí que no conste, exclusivamente de lucha

de clases. Sin embargo, puede descubrirse el contenido

de la historia en la l,ueha de clases, ya que éstas forman

sus acontecímientos 'más importantes y decisivos, y todo ti resto debe ser considerado desde este punto de vista.

Asi, el ITlovimiento de los trabajadores de la primera IJ1ltad del siglo XIX, sin ser una lucha de clases, fué una preparación para ella; si bien los choques eco~ómicos de los grupos de obreros desorganizados con capitalistas aislados, no tiene carácter de lucha de clases, forman, sin embargo, una parte muy importante y necesaria en la his. toria de clase del proletariado por preparar la futura re­volución proletaria. Asi entendida, se convierte toda la historia universal en la historia de la lucha de clases es decir, en la historia del lento desarrollo de las clases 'del

.,

paulatino despertar de la conciencia de clase, que condu­ce á la lucha de clases y culmina en la revolución social. Sólo interpretándola así puede tener validez científica la doctrina marxista de la Iuc!la de clases. Forma COn la

(l) El manijiesto comllnista, pág. 10.

EL .\L\ lüIS,\\O

de las fuerzas productivas la segunda parte integrante de la concepción materialista de la histuria; illll!>as tl'orias 5011 cOllsideradas y abarcadas por sus fLlIl(Jaílon:s (únw un todo indivisible. Si lo forman en realidad es lo qUl' in­tentar.' demostrar en las siguientes investigaciones.

CAPÍTULO II

El. PUNTO DE PARTIDA PSICOLÓGICO Die LA C00iCEPCJÓN MATERIALISTA DE LA HISTORIA

.\I.H.'\ '.i H..·.~d,-\\,IUIl1~d y Tazón como fuerzas conductoras d¿ la hi':'lori.:l.-LIl direc­
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