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la misma se puede deducir de las relaciones económicas existentes, y de los principios de la econo­mía, el advenimiento de una revolución social" (1).

(1) Escritos completos de Marx y Engels. tomo 11, 1902, páginas 393·99. ­

EL MARXISMO

Tales afirmaciones fueron desarrolladas por Engcls. también en sus escritos posteriores (del afio 1850), apli­cándolas entonces á Inglaterra. Forma la esencia de SIl argumentación el principio de que "la industria, en su e-volución actual, debido al incremento de las fuerzas pro­ductivas, puede aumentar sus mercancías incomparable­mente más de prisa que sus mercados". Asi llega Engcls á la conclusión de que "la industria inglesa, cuyos medios de producción poseen una fuerza de expansión muy su­perior á sus salidas, se encontrará, con paso IllUY rápi­do, en el momento en que sus medios auxiliares se ago­ten", en el que se haga crónica su superproducción, y "toda la sociedad 1ll0dernil, ante la superabundancia de fuerzas vitales inaplicables por un lado, y de completa ex­tenuación en otro. vea llegada su ruina" (1), si no fuese la revolución social la fuerza que sacase á la Humanidad del laberinto capitalista.

La misma tcoría de la falta de mercado para los pro­ductos de la industria capitalista, tan expansiva, forma la base teórica de las manifestaciones sobre la necesidad de la descomposición del orden económico capitalista en otros escritos de Engels y Marx, como el Manifiesto comu'lista, yen la polémica de Engels contra Dühring. En el Manifiesto comunista se lee que" las relaciones bur­guesas han llegado á ser insuficientes para contener toda la riqueza social producidas por ellas. ¿Cómo vence la burguesia sus crisis? De un lado mediante la forzosa anu­1ación de una buena parte de fuerzas productivas; des­pués, con la conquista de nuevos mercados, é intensifi­cando la explotación de los existentes. ¿A qué se reducen

(1) Escritos completos de Marxy Engl!ls, tomo 111, paginas 389-94.

EL MARXISMO 233

estos medios? A preparar crisis más generales y podero­sas, y á disminuir los medios que las previcnen. Las arIllas con que la burguesia dominó al feudalismo, se dirigen ahora contra la burguesia misma. (1).

En su escrito contra Dühring alude Engels á la nece­sidad dc "cxtenderse, de la industria capitalista, que se burla de toda presión. La presión la forman el consumo, la venta, los mercados, en los productos de la gran indus­tria. Pero la capacidad de expansión de los mercados, extensiva como intensiva, está dominada, desde luego, por otras varias leyes de una eficacia mucho menOs enér· gica. La extensión de los mercados no puede marchar á la par con la de la producción. La colisión se hace inevita­ble, y puesto que ella no aporta solución alguna, mien­tras subsista la producción capitalista, se repetirá periódi­camente" (2). El recorrido de la industria capitalista es una espiral que va cerrándose y que tiene que terminar con la superproducción crónica y la imposibilidad de un

ulterior desarrollo de la industria capitalista, esto es, 0011

la revolución social.

En el tomo III de El Capital, expone Marx que, con la

producción inmedi3ta, sólo se lleva á cabo el primer acto

del proceso económico capitalista. Falta el segundo y

más dificil, la realización, la valoración del producto ob­

tenido. Las leyes de la producción capitalista y las de la

realización no sólo no son idénticas, sino que están en

antagonismo. La producción capitalista está limitada por

la fuerza productiva de la sociedad; la realización, por u la

(1) Eugenio Dühring ó la revolllción de la ciellcia, 3.' edición alemana, 1894, pág. 296.

(2) Idcm, id., Id.

234 EL JI\ARX¡SJltQ

proporcionalidad de las diferentes ralllas de la produc­dón, y por la fuerza consumidora dé la sociedad. Esta lil­tima, no está determinad", por la fuerza productiva abso­luta; ni tampoco por la fucrza absoluta de consumo, si no mediante la fuerza de consumo, fun.dada en las relaciones antagónicas de la distribución, que fijan el consumo dt: la gran masa popular en un mínimulIJ, alterable tan sólo dentro de limites reducidos. Además, sc ve limitado por la tcndencia á la acumulación y al aumento del capital". El interior antagonismo, nacido de este modo, "busca <:ompensarse con la expansión del campo externo de la producción. Cuanto más se desarrolla la fuerza producti­va, mayor es el conflicto que se produce con la estrecha base que sustenta las relaciones del consumo".

Como resultado final del análisis marxista de las con­diciones dI.: la realización del producto capitalista, afirma su autor qut "los verdaderos límites de la producción ca­pitalista los forma el mismo capital,,, esto es, "que la producción es sólo producción para el capital, y no á la inversa; y los medios de producción son precisamente medios dedicados á una continua ampliación de la estruc­tura del proceso vital para la sociedad de los producto­res". Los límites de la producción capitalista (la limitada fuerza expansiva del mercado para la industria capitalis­ta) están constantemente en pugna con la necesidad de expansión del capital. "El medio -desarrollo incondicio ­nado de las fuerzas productivas sociales-, está en per­manente conflicto con el limitado fin, la valoración del capital existente. (1).

La teoríu quc informa todas estas afirmaciones, pllede

(1) El Capilul, tomo IV, páginas 225·32.

EL MARXISMO

resu mirse de este modo. La esfera del mercado para la producción capitalista está determida por la capacidad del consumo social; si aumenta la masa de productos más rápidamente que el consumo social, una parte de los pro-. duetos obtenidos 110 puede enajenarse, y ulla parte del capital queda sin valoración. La superproducción comien za y el capital permanece inactivo. El desarrollo de la pro­ducción capitalista hace que esta situación sea cada vez más duradera, puesto que el consumo social, frente á aquel desarrollo, sólo experimenta un aumento muy reducido, mientras crece la rapidez con qlle la producción asciende. Tiene que llega" pues, un dia en que la superproducción se haga crónica. yel orden ('conómico capitalista, en viro tud de la imposibilidad de una valoración continuada del capital, acumulado siempre sin cesar, llegará á srl

rUlI1a.

Estas ideas son hasta hoy las reinantes en el pensa­miento socialista. Carlos Kautsky, está tan firmemente convencido como su maestro, de que la economía capita­lista camina /racía una superproducción crónica que él titula "situación de fuerza, que cuando llegue, inevita­blemente, traerá consigo el socialismo". ~"A tals itua­ción se llegará-añade Kautsky-, de continuar la evo­lución económica en el mismo sentido que hasta aqul, pues el mercado interior, como el exterior, tienen sus lí­mites, mientras que la expansi9n de la producción es de hecho ilimitada..... La producción capitalista se hace im­posible,en el momento histórico en que se establece que el mercado 110 puede ampliarse á compás de la produc­ción; esto es, tan pronto como la superproducción se

haga crónica. Y este momento no ha de hacerse esperar.

La superproducción crónica, incurable, forma "el úl­

236 EL M,\¡¡X1S~1O

timo límite el1 la capacidad vital de nuestra actual so­

ciedad" (1).

También Cunow cree en lo inc"itable de la fuina ca­pitalista á consecuencia dc la falta de llIcrc3dos de vcnta. Para él, cs s<\[o cuestionable, "cuáuto ha de durar toda"U¡ la producción capitalista en cada país, y en qué circuns­tancias ha de tener lugar la descomposición..... Ahora aquÍ, allí despues, verá una industria reducirse su expor­tación, de la que depende su existcncia, hasta que pro­bablemente comience IIn estado general de decadencia económica, semejante al que con lIlucha menor fuer,a ha el~trado cn algunas ramas de nuestra 3gricultura, el que solo puede tener un final: la desaparición ­nómico existente (2).

Por lo demás, es muy natural la fidelidad con que I(autsky y Cunow conservan las doclrínas de sus maes­tros. Más interesante es que el notable teórico de los "revisionistas" -l(. Schmidt-crea, tan firmemente como Kautsky, en la posibilidad de una superproducción cróni­ca, motivada por la poca capacidad expansiva dcl merca­do capitalista. En su artículo sobre mi libro Las crísis co­merciales en Inglaterra, dice Schmidt, entre otras cosas, la siguiente: "Si la opinión, representada por Tugan-Bara­l10wsky de que toda superproducción, exclusivamente, proviene de las desproporcionadas inversiones del nue\'o capital puesto en curso, fuese cierta, no podria tampoco prescindirse de ver por qué el capitalismo. mediante su evolución, como Marx y los marxistas aceptan, se cava su propia fosa. Si la miseria de las crisis procediese sólo

(1) 8t'rllsteín y el programa socialista, página. 1'12,-I5.

(2) Cuno\V. "La teoría de la catástrofe., S¡¡n'o TiollpO, XVII, tomo 1, páginas ·127 y -I28.

EL MARXISMO

de la falta de proporcionalidad, no se agudizarían progre­sivamente con el incremento del capitalismo, hasta con­mover toda la base del sistema económico reinante. OtrJ. co,a acontece cuando la exten-iíón de la producción en­cuentra un lilllite, siquier.\ sea elástico, en la capacidad del conSUlllO. Este es el punto de vista que muestra más palpable y sencilla la concepción, según la cual el des­arrollo económico camina con inevitable necesidad hacia una catástrofe económica general" (1).

Cierto que Schmidt considera tal dirección en el des­arrollo del capitalismo, sólo como una tendencia que se cruza con otras opuestas. Mas con todo, es bien claro quc SelJlllidt, en eslc punto, sc apoya sobre la misma base teórica quc l\autsky. Los "revisionistas" y los "orto­doxos" están de acuerdo en este tema.

TUllllJién algunos economistas "burgueses" aceptan la tcoría de que la esfera de la producción social está limi­tada por la del consumo, y que la producción social no es c3paz de extenderse más rápidamente que el consumo. Junto. á esto, la escuela de Ricardo~Say, no reconoce la posibilidad de una superproducción general, cuando pien­sa que la acumulación del capital no reduce el consumo social, pues todo el capital invertido se convierte en sala­rios y pasa, de este modo, al consumo de los trabajado­res. El consumo de éstos aumenta, por lo tanto, precisa­mente, en la misma medida en que el consumo de los capitalistas se reduce, á consecuencia de la acumulación. La escuela MaIthus-Sismondi reconoce, por el contrario, la posibilidad de una superproducción general á COl1se­

(l) "Soore la teoría de las crisis comerciales y de la superprodl.lc­cj')Il,.. /de Bernstein, 1901, pág. 675.

238 El. .\l.\flX IS MO

cuencia de la demasiado rápida acumulación del capital,

la cual conduce á un excedente de mercancías produ­

cidas, en comparación con la demanda efectiva. Ambas

escuelas aceptan como evidente que la esfera de la pro­

ducción social está determinada por la del consumo y se

mueve paralelamente con ésta.

Entre los modernos economistas que han discutido el proLlema de la acumulación del capital con mayor dele­nimieuto, sobresale Biihm-Bawerk, cuya teoría del capital es cousiderado¡ por llIuchos. debido j lo profulldo de Sil análisis, como una obra maestra. Y de hecho ocupa Aiihm-Gawerk, por lo penetrante y original de su pensa­miento, uno de los primeros pnestos entre los modernos teóricos de la Economía. Ha llegado este pensador, des­pués de Hila laboriosa invesligación de las condiciones de la acumulación del capital, á la cOllc1usilin de que: "d ingreso de 11n pueblo, á la jar~a, es idéntico cOlllos rendi­mientos de su producción,,; y, de acuerdo con esto otro tratadi~la, Lexis, afirma que" la suma anual del c~nsu. mo, la de la producción y la de los ingresos primarios,

han de ser consideradas como cantidades que cuantivu­mente tiellen casi que coincidir" (1).

Parece, por consiguiente, que la necesaria conformi­dad entre la producción y consumo sociales, pertenece á aquellas afirmaciones aceptadas como generales en la ciencia económica contemporánea. Se discute que el ca­pitalismo conduzca á la limitación del consumo general, pero, parece indiscutible que, cuando este caso llega, la producción social no puede ya extenderse sin provocar una superproducción.

(1) B¿¡hm·Bawerk, Tl'orfa positiva del capital. pág. 123.

EL MARXISMO 239

Teniendo presente la calidad y el número de las auto­ridades económicas favorables á la mentada teoría, es, tal vez, una empresa arriesgada, pretender demostrar que esta teoria es fundamentalmente falsa. No otro ha de ser> sin embargo, el tema de cuanto sigue.

No es difícil comprender qué es 10 que ha movido, á ecollomistas pertenecientes á distinta y aun opuesta di­rección, al unánime reconocimiento de la tcoria que criti­camos. El asunto parece demasiado sencillo para que pu­diera dar lugar á discusión. La actividad económica no puede tener otro fin que la satisfacción de las necesida­des humanas. La producción social es una actividad eco­nómica, y nada vale, cuando no sirve p lril cubrir, con me­dios de consumo, las necesidades económicas. El consu-.• mo, fin de la producción, aun necesitando paLl ser logrado de gran rodeo, es, en todo caso, el único fin posible de la producción.

"¿No es toda necesidad de producción, por su natura­leza, relativa; esto es, no cuenta en ella el capitalista con vender las mercancías obtenidas mediante los medios de producción; mientras que la demanda de consumo apa­rece como definitiva y absoluta, ya que en ella, como el nombre lo indica, el consumidor no piensa en venta al­guna ulterior de las mercancías compradas?n

"Sólo sobre esta base, y en estrecha relación con esta demanda delinitiva, puede desarrollarse la relativa, de medios de produc.::i6n. La demanda de medios de produc­ción es, por lo pronto, demanda de primeras materias y auxiliares y máquinas, en las ramas que producen los ar­ticulas que han de satisfacer el consuman. Por lo tanto. parece indudable que "la demanda de consumo ó definiva. es la fuerza motriz que, corriendo todas las esferas de la

economía, pone en marcha el inlllenso mecanismo de la producción .. (1).

Esto asegura Sc]¡midt. Los argumentos de Kautsky no parecen menos convincentes. "La producción es y será, para el conSUllJO humano". Cierto que la división del tra bajo Ira conseguido dar autonomía á la producción de ínstrumentos para el trabajo, dando lugar al nacimiento de talleres para la producción exclusiva de herramientas, primeras materias, etc., pero, sin embargo, "todos ellos sólo sirven al último fin, la producción de medios para el consulllo humano, y se paralizan tan pronto como este úl­timo fin no basta para conservar su actividad". "Produ­cir-termina diciendo -, es aportar articulas de consumo para uso del hombre. Este fenómeno puede velarlo la di­visión del trabajo, pero no limitarlo ni suprimirlo" (2).

Sería altamente absurdo pensar que el capital acumu­lado pudiera ser utilizado duranle una disminución abso· Juta ó rdntiva del consumo social; el asunto no requiere ningún detenido examen, pues el concepto lógico de la producción lo resuelve de modo definitivo.

Ahora que á mí no me parece concluyente esta argu­mentación, Por lo pronto, tengo que protestar decidida­mente contra la concepción antihistórica de la economía, como una categoría no histórica, sino lógica. Es muy (:quivocado hablar de la economía en general, como si fuese la misma en todas sus modalidades históricas. Hay economía y economía; desde el punto de vista que nos interesa debemos distinguir dos grupos de sistemas eco­


(1) Schmidt. "Téoria uc la superproducción,,, R<'visia qllincenal Socialista, UC BCrJistcill, 1901, p~g. ti73.


(2) Kantsky. 'Teorías de crisis., -l, ""lIe,·o Tiempo, 1902, páginas 117-18.

EL MARXISMO



nómicos. El primero, cuya característica es la coinciden­cia en llna misma persona, del sujeto de la economía y el trabajador económico; lo que llamaré economia armónica. Entre los distintos sistemas económicos que comprende este gTllpO, están:

l." La propia producción, para el consumo del pro­ductor mismo.

2.° La economía de cambio entre pequeños produc­tores independientes que descansa en la división social del trabajo; y

3." La producción socialista del porvenir en la que la dirección de la producción pertenecerá á la totalidad de los productores.

Es esencial en todos estos sistemas económicos que los inmediatos productores disponen de los medios de producción y regulan la marcha de la misma; esto es, la clase de artículos que han de producirse. Llamo armó. nicos á estos sistemas, porque no presuponen como nece­saria una oposición de intereses entre las personas que la integran, Jo que en el segundo grupo es inevitable.

A este segundo grupo le llamo de economías antagó­nicas. Su rasgo característico consiste en que en estos sistemas económicos el sujeto económico y el trabajador no coinciden en una persona. El trabajador está incluido en una economía extraña á él, cuyo sujeto es otra persona qlle no particip¡¡ en el trabajo económico; los medios de producción no pertenecen al trabajador, sino al sujeto económico, que determina y dirige la marcha de la pro­ducción. Dentro del grupo están:

1.° La economía de esclavos;

2.° la feudal, y .

3.o el sistema económico capitalista.

. 16

Son antagónicas, por formar su esencia la oposición de intereses. Todas ellas presuponen la ¡Hcl'xistl'ncia de dos grupOS sociales distintos, por lo menos, un') de l~s cuales posee la fuerza de hacer del otro un sllnplc medIO económico. Pero comO este \'dtimo es talllbi0n fin en si mismo, la oposición de intereses estalla ine\'itablcmentc.

Es claro que la actividad económica, en la economía armónica, no puede servir á otro fjn que satisfacer las ne­cesidades de la sociedad. No asi en la economía antagó­nica. En el proceso económico toman parte, por lo menos. dos personas. cuya fIlJlci,)n econólllÍL:a es 1I1IIY di,.;lillla. La Ulla es snjcto ecolHimico y delérmilla la direcl:i"J11 01)­jdiva del proceso todo. Se encuentra en la l.ni,sl11a posi­ción que toda persona en la economía ·arJtlOlllca. Pero, además de esta persolla~el scilor ele los esclavos, y el feudal, como los capitalistas·-, participa lalllbién 1.'11 Ll economía, como simple medio de prodLlcciúll, d trabaja­dor que aporta su trabajo. Su papel es bicn distinto al del

primero. Es Ulla pieza delmccanismo económico que 110

sirve á su fin, sino al de otra persona. En ulla palabra, el

trabajador no es el sujeto, sino el objeto de esta econo­

mía, como los animales, las herramientas y las prill1era~

materias. Esto, por ejemplo, ocurre cuando de los esclavos se trata. Si el esclavo continúa siendo fin en si mismo, no ejercita. sin embargo, influencia alguna en la dirección ob­jetiva del proceso económico, determinado ~xc~usivall1en­te por su señor. Para el señor-y, por conSIgUiente, para la economía de esclavos-, liD hay distinción entre el con­sunlO de los esclavos y el llamado consumo productivo­el de medios de producción-dentro del proceso de la misma. La economía de esclavos depende tan sólo del

El. ,\1 ..\ HxrSMO 2~3

consumo ele los mismos, en cuanto éste es un momento necesario de la producción.

El seJ10r tiene que alimentar SIIS esclavosy, siendo pre­visor, ha de mantenerlos bien, como á bestias de carga, flor la rnzón conocida de que la buena alimentación aumenta la fuerza de trabajo del hombre, como de la bestia.

La cualidad económica de los esclavos, como simples medios económicos, se manifiesta terminantemente, ob­ser"ando que el esclavo puede ser sustituído por otro me­din de producción, sin que el fin superior de estaeconümía sufra alteración alguna. "El primitivo arado peruano no era más que ulla viga con un reborde en el extremo infe­rior, viga que arrastraban sobre el campo, de seis á ocho hombres" (1). Eldueñode losesclavospuede undíapensa¡ que los caballos cumplirían esta misión con mayor efica­cia y aquel día sustituiría con caballos sus esclavos. Des­pués, en una parte de sus campos cultivará, en vez de centeno, avena para dar de comer á los caballos. Ello

más que empobrecer al señor le enriquecerá, pues el cul­

tivo de sus campos dará mayor rendimiento y los prove­

chos sobrantes que estén á su disposición constituirán una

mayor cantidad de medios de consumo. Obtendrá, por

consiguiente, un aumento de su consumo propio y, al mis­

mo tiempo, una disminución del de los hombres que le

sirven de medios de producción. Esta última disminuciólI,

puede ser tan considerable que la suma total del consu­

mo humano de esta economía-esto es, el consumo del

señor y de los esclavos, juntamente-experimente una ab­

soluta mengua. La economía cumplirá su fin objetivo-sa­

(1) Lippert., Historia de la fiviUzac:ón. 1885. tomo 1, pág. .52.

2H El. ~l"RXIS.\1O

tisfacción de las necesidades de su sujeto, el seiior -, tan bien ó mejor, con la ayuda de otro medio de produccióll que la fuerza humana. La cantidad dd produl:lo obtenido aumcntará; II partc correspondiente al capital en la eco~ nomia capitalista, será productivamente consumida, sin dejar restos (en otra forma; por caballos, en lugar de hombres) y la cantidad de plus-producto cre2erá, igual­mente. Sólo el consumo de los hombres, en su totalidad, disminuirá, lo que en ningÍln modo perturbará el equili­brio de la economía de esclavos.

Pasemos ahora á la economia capitalista. Kautsky no tiene nada que replicar contra mis esquemas sobre la acu­llIulación del capital (que, además, fueron construidos su­bre Marx) incluidos en mi trabajo acerca de las crisis; pero ellos prueban, según mi crítico, algo totalmcnte distinto de lo que yo deduzco de ellos. "Los esquemas de Tu­gan-dice-muestran tan sólo un' caso en que pucd~ dar­se, sin crisis, Ull descenso en el consumo: en el paso de la prodLlcción sencilla á la complicada. De este único caso hace Tugan el tipo de la realidad capitalista-cuando. por el contrario, es uno que en la realidad no se da casi nun­ca (1)>>.

En mi opinión, sin embargo, esto que Kautsky llama caso único y extraño á la realidad, forma una ley inmanen· te de la evolución capitalista. Examinaré el caso más des favorable para mi teoría, á saber: la acumulación del capi tal acompañada de un permanente y considerable deseen so de los salarios ysin aumento alguno del consumo de los capitalistas. En el siguiente esquema establezco que el sao lario disminuye su valor cada afío en un 25 por 100, y el

(1) 'Teorías de las crisis" ·1, Nuevo Tiempo, 1901, poig. 116.

El MARXISMO

~45

valor del consumo de los capitalistas, á pesar del aumento del provecho, conserva una cuantía inalterable. Según mi hipóll:sjs,~ del provecho total, será acumulado por los

4 capitalistas en el primer año (esto es, empleado en un

aumento de la producción), los restantes ~ serán consu­midos improductivamente; en los años siguientes no ex­perimentará el consumo improductivo de los capitalistas ningÍlIl cambio en su valor absoluto-de manera que se acumulará cada vez una parte mayor del provecho.

E

panada de un descenso de los sularios é inmovilidad del

COI/S l/IIlO improductivo de los capitalistas (1).

EL PRIMER AÑO

1. Producción de medios productivos.

1.632 mp + 544 s+ 544 P = 2.720.

(1) Para el primer año se supone, que en todos los grupus de la pru­dllcción social el capital fijo-medios de producción (mp)-, es, por su valor, triple que el capital de salarios-suma de los mismos (s)-, y el provccho (p), es igual al capital de salarios. En el segundo año varian todas estas relaciones debido á que lo invertido en salarios baja en l,n 25 por 100 y el provecho aum,enta, en correspondencia: Asi vemos q¡¡C en el segundo afio, 'el capital de salarios en la producción de arliculos para los capitalistas, cuyo valor total no se ha alterado, no impolta

120 (como en el primer año), sino 90 tan sólo (ha bajado, pues, In 30 unidades, 6 sea en un 25 por 100); el provecho, en cambio, ha aumen­tado un número igual de unidades y asciende asi á ISO. El valor del ca­piLl1 fijo en la producción de medios de consumo para los capitalistas perlllanece inalterable. En el tcrcer afio, el salario ha bajado de nuevo, en el lcreer grupo de la producción social, en un 25 por lOO, es decir, 22,5 unidades; las mj~mas que h ganado el provecho; el valor del ca pi­

tal lijo conlinúa inaltcrilble.

216 EL MAIIXIS.\\O

JI. Producción de arlicul05 de CO]]5UIII0 para los obreros. 408111p + 13G s + 130p ~ G80.

llI. Pro1ucción de artíclllo$ de COII$UmO dl.: los capi­talistas. 360 mp -1-120 s -1-120 JI --~ GOO.

SEGUNDO A¡\;O

I. Producción de medios produdL lOS. 1.987,4 fIIp + -1.96,8 s + 828, I P --3.JI2,3.

JI. Producción de artículos dc consumo de los ubreras. 372,6 mp + 93,2 s + 155,2 P 621.

C-..

111. Producción de articulos de consumo de los capi­lali$tas.

360 mp + 90s + 150 P = 600.

TERCER AÑO

l. Producción de medios productivos. 2.285,4 mp + 431,6 s -j-1.23:) JI -. ·LJO~).

11. Producción dearticulos de con5 umo de los obreros. 366,9 mp + 68,9 s + 175,5 P = 611 ,3.

m. Producción de artículos de consumo de los capi­

talistas. 360 mp + 67,5 s+ 172,5 P = 600.

Este esquema debe poner de manifiesto de qne ma­nera ticllc que repartirse la produccjóll social, á fin

EL MARXISMO

de que, á pesar del descenso del consumo social y la más rápida expansión de la producción social, no quede Ilingún producto excedente ó sin vcnder. El provecho obknido cn el primer año importa 800 millones de mal'­cos (5-H +.136 + 120). Un 25 por 100 de este provecho ha de ser capitalizado, conforme con la hipótesis sentada. Por consiguiente, quedan sobrantes para el ~onsumo del capitalista, en el segundo año, 600 millones de marcos. La misma suma importa el consumo de los capitalistas en el año siguiente.

Al final del primer año se obtendrán 2.720 millones de marcos, en medios de producción. Los mismos que serán consumidos en el segundo año mediante la ampliación de la producción, porque exige, en medios de producción, la suma de (1.987,4 + 372,6 + 360) 2.720 millones. Los artículos de consumo para obreros, obtenidos en el pri­mer año, importarán 680 millones; de la misma cuantía es el capital de salarios (es decir, la demanda por los tra­bajadores de medios de consumo) en el segundo afio (496,8+93,2+90). Los medios de consumo de los ca­pitalistas producidos en el primer año, 600 millones de marcos, serán consumidos en el segundo. De modo que la suma del producto social del primer año, será consumi­do, sin dejar residuo, por la producción y el consumo del segundo.

El capital de salarios del primer año es de (544 + 136

+ 120) 800 millones de marcos; el del segundo, de 680 millones. El consumo

EL MARXIS,\lO

4.533,3 millones. El valor del producto obtenido ha aumentado, por consecuencia, en un 13 por 100.

El aumento de la producción social cOlresponde al descenso del consumo social; la oferta y la demanda de productos continúan, sin embargo, en perfecto equili­brio (1).

EneltercerafIo decreceel capital de salarios á(·184,6+ 68,9 + 67,5) 621 millolles, en el cuarto á 611,3 millo­nes, etc., mientras que el valor del consumo de los capi­

(1) Puede parecer que el equilibrio entre oferta y demanda no se logra en mi esquema. En el primer año se obtienen 2.720 millones de marcos de medios de prollucción, y para la producción de los n~islll(Js en el seglIllllo, es necesaria la suma de 1.9<'17,-1 millones. De modo <] lIe ell el cambio con Jos dcm;is productos de los grupos 1/ y III quedariÍ la diferencia, ósea: 2.720 ~ 1.%7,·1 = 73:2,1; millones. SimulláneamelHe, en el segundo año, en el mismo primer grupo de la producción social, aumentará la demanda de productos de los grupos JI y JII iÍ 901,8 millo· nes de marcos (196,8 millones de articulos de consumo de los trabaiado­res del primer grupo y -108 millones de artículos de consulllo de los ca­pitalistas en el mismo, puesto que éstos, según nuestra hipótesis, consu­men 'f. de su provecho del primer año [544 millones de pesetas]). De

manera que en Jos capitalistas y trabajadores del primer grupo, la com­pra excederá á la venia en 172,2 millones (90-1,8 -732,6 = 172,2). ¿Cómo ha de cubrirse, pues, este déficit?

La dificultad es tan sólo aparente. El descenso de los salarios y el estacionamiento del consumo de los capitalistas tienen como consecuen­cia, que los capitales invertidos en la producción de los dos últimos gru­pos sufre una disminución que pasa al primer grupo, que aumenla considerablemente. Asi, en el segundo año, el capital fijo y de salarios del segundo grupo es 78,2 millones menor que en el primer año, y el del tercer grupo, en el segundo año, menor en 30 millones; además los capitalistas del 11 y III grupo colocarán el provecho capitalizado del pri­mer año, cuyo importe asciende en el segundo grupo á 31 millones y á 30 millones en el tercero, en el primer grupo de [a producción social. La suma (78,2 + 30 + 34 + 30) da un total igual á 172,2, esto es, el defi­cit aparente del primer grupo queda cubierto con los capitales que in­gresan de los otros dos.

EL MARXISMO 249

talistas permanece inalterable y el valor del producto so­cial total aumenta cada vez más veloz. El descenso cons­tante del consumo social, junto á la expansión permanen­te de la producción social no es capaz de provocar la más ligera perturbación en el proceso de valoración del ca­pital.

Por consiguiente, á pesar del considera ble descenso de los salarios presupuesto, que nunca tiene tanto alcance en la realidad; 'á pesar de la disminución absoluta del con­sumo social, el capital no encuentra dificultad alguna para valorar una suma de producto cada vez mayor. La amplia­ción de la producción, es decir, el consumo productivo de medios de producción, entra en el lugar del consumo hu­mano y todo continúa igual, como si la economía na sir­viese á los hombres, sino el hombre á la economía.

Esta es precisamente la paradoja fundamental de la economía capitalista (como en general de todas las anta­gónicas): puesto que una parte de la sociedad constituye el sujeto económico, mientras que la otra, mucho mayor, es objeto de la misma; se hace posible dar á la economía social una dirección, que hace del medio de satisfacción de las necesidades humanas un medio de expansión de la producción á costa de aquéllas, con lo que se frustra el fin justo de toda economia. Esto no es mi "osada paradoja", como Kautsky lo llama, sinQ una ley· económica fundada en la esencia de la economía capitalista.

Vemos, pues, que ni junto á un descenso absoluto tan considerable del consumo social se descompone la eco­nomía capitalista. La ruina necesaria del orden económi­co capitalista debido á la falta de mercado, firme creencia no sólo de los marxistas "ortodoxos., sino, al parecer, de

EL [·\AHXIS.'1O

el precedente análisis, que es una quimera. La envoltura capitalista de la sociedad moderna no se descompone, ni en las condiciones actuales que hacen imposible todo fin racional de la misma.

Para mostrar la 10tal inconsistencia de la doctrilU marxista he analizado el caso que parece más favoralJl . lura ella. Con esto no prdelldo decir, naturalmen1c, l]u ~ la condición establecida por mí, el descenso de los sala rios, corresponda á la realidad capitalista. Más bien soy de los que creen que la lIlás reciente fase de la evolución capitalista está caracterizada por una subida considerable de los mismos. Pudiera, por lo dicho, pensarse que mi análisis ha refutado la teoria marxista, pero sin contribuir gran cosa á la comprensión de la realidad capitalista.

Sin embargo, no es así. La disminución relativa del consumo social, á pes<.Jr del alilllento ;¡usoluto de los sa larios, constituye la ley fundamental de la cvolución ca­pitalista. Hasta aquí he prescindido delmolllentu más im­portante de la acumulación capitalista, tal y com0 se efectúa en rcalidad; esto es, de la relativa sustitución de las fuerzas humanas por los medios de producción. El progreso técnico consiste, precisamente, en la entrada ell la producción de herramientas muertas, máquinas y otros medios de producción, en el lugar que ocupaba el traba­jador. Cierto que crece el número absoluto de obreros, pero en mucho mayor grado aumenta la suma y el valor de los medios de producción puestos en movimiento y elab9rados por el trabajador. La composición del capital social-para hablar COIl la terminología de Marx-es cada vez más clevada. La consecuencia de ello es que cada vez eorr~sponda al consulllo social u.na cnota menor del producto. El proJueto que no se consume socialmen-

EL MARXISMO

te-hierro, carbón, máquinas, etc. -, crece más rápida­mente que los artículos de consumo-alimentos, vesti­dos, etc.-Tiene lugar, por consiguiente, una disminución relativa del consuma social; el valor de los medios de consumo disminuye en relación con los de producción (aulI creciendo absolutamente).

También se manífiesta el progreso técnico de la eco­nomía armónica, en el relativo incremento de la importan­cia de los medios de producción en el proceso productivo. Pero la diferencia consiste en que en la economía armó­nica los medios de producción no pueden concurrir nunca con el hombre; el consumo de hierro, carbón, etc., nunca puede tener lugar á costa de pan, carne, etc.

En la economia capitalista maneja la clase capitalista, en medios de producción, una parte mucho más conside­rable d~ la que sería posible en la economía armónica. En la ceollOlIlía socialísta el consumo social tiene que ser el Ílnico fin posible de la producción, con lo que la expan­sión productiva á costa del consumo, es absolutamente irrealizable. Pero en la economía capitalista los progresos de la técnica de la producción tienen la tendencia de sus· tiluir, relativamente, el consumo humano por el consumo de medios productivos.

¿No puede esto conducir á la formación de un pro­ducto sobrante que no pueda venderse? No creo que, des­pués de todo lo dicho, pueda presentarse esta pregunta. Es evidente que ninguna dificultad ofrecerla construir un nuevo esquema, unido al anterior, para demostrar que la lIlJxima sustitución imaginable de obreros, por medios de

p: oducción, no es capaz de dejar sobrante, ni una sola uni­dad de valor de los últimos. Si desapareciesen todos los obr-cros menos uno, éste solo pondría en movimiento la

?52 EL ,'1.'\RXIS.\\O

inmensa cantidad de lIláquínas y con su ayuda elaboraria nuevas máquinas y artículos de consumo para los capita­listas. La desaparición de la clase obrera 110 perturbaría 10 más mínimo, el proceso de valoración del capital. Los ca­pitalistas no verían reducida la cantidad de sus artiCll¡O~ de consumo, y el producto total obtenido en un afio seria utilizado y consumido en el siguiente por la producción y consumo de los capitalistas mismos. Tampoco constitui­ría dificultad alguna que los capitalistas quisieran reducir su propio consumo; en este caso, la producción de sus medios de consumo se limitaría, obteniéndose en cambio una parte aún mayor de medios.de producción, que servi­rían para una extensión cada vez mayor de la misma. Así, por ejemplo, se produciría hierro y carbón que sirvirian para aumentar, más cada vez,laproducción de carbón y dl' hierro. La producción de este modo ampliada de carbón y de hierro cOllsumiría la suma creciente de productos ob­tenidos en el año anterior, y así hasta el infinito, es decir, hasta que se agotasen las existencias de los minerales 11<;­cesaríos.

Todo esto parece muy extrañO y hasta se juzgará UII inmenso contrasentido. Tal vez; pero la verdad no es siempre fácil de comprender, sin que deje de ser verdad por eso. No designo como verdad, naturalmente, la hipó­tesis, arbitraria y completamente ajena á la realidad, de que la sustitución del trabajo manual por la maquinaria conduzca á una forzosa disminución absoluta del número de trabajadores (esta hipótesis sólo me ha servido para mostrar que, aun llevada hasta el absurdo, mi teoria no se alteraba), sino la afirmación de que en ulla distribución proporcional de la producción, ningún descenso del COll­sumo social es capaz de hacer que aparezca un sobrank

EL MARXISMO 253

de productos (1). Llamo ley fundamental de la evolución capitalista á la disminución continua que experimenta, dentro d~ la producción social, la cuota del consumo, sin tener un límite determinado. El descenso relativo de la demanda de medios de consumo no perturba el proceso de valoración del capital, y en ningún caso puede deter­minar la descomposición del orden económico capitalista y su transformación en un mundo socialista.

La teoría aqui desarrollada del proceso de valoración del capital coincide con los resultado~ de las investiga­ciolles estadísticas de Werner Sombart, sobre 'la importan­cia del mercado interior para la industria capitalista. Es creencia firme, no tan sólo de los marxistas, sino de otros mucllos economistas, que la industria capitalista necesita cada vez más del mercado exterior para la valoración de la suma siempre creciente de sus productos, porque el mercado interior no es capaz de utilizarla. Sombart, ha demostrado brillantemente que en un país tan señalada· mellte capitalista como Alemania, es cierto, precisamente, 10 \,';ontrario. Se exporta una cuota cada vez menor de productos de una industria, tan rápidamente expansiva, como la alemana, mientras que en el interior del país en­cuentra mercado pr?vechoso una parte creciente de los

mismos. Desde este pJ.lnto de vista, es muy instructivo ob· servar que el proceso de desarrollo de las diferentes in­d ustrias en su adaptación al mercado interior es muy desigual. As!, la exportación de artículos de hierro en el período de 1880·1900, á pesarde la extraordinaria expan­sión de la industria alemana de.J hierro, ha descendido de

(1) Si se consigue, yen qué medida, la proporcionalidad deJa pro­ducción social mediante el capitalismo, es otro problema que he inten­tado resolver en mi libro sobre las crisis.

El. ,\lAHXIS~lO

UII 29,3 á un 7,8 por 100, de la producción total respecti­va alemaua; la de carbón lIlilleral, (le uu 11 á Utl 7,3 por 100 (1). Mcnos considerable es la disminución de la cuota de exportación en la industria textil. Según csto, el mer­cado interior alemán se extiende lIlás rápidamente en n:­lación al hierro y al carbón, que 110 en artículos de tejidos. ¿Por qué? Porque el desarrollo capitalista produce una mayor demanda de medios de producción, pero 110 tan considcrable de mcdios de consulllo.

Por lo demás, es un hecllo generalmcnk conocido, que la evolución capitalisla lIIás recien!c está caracteriza­da por una extensión llJuy rápidn cle aquellas fillll

Kautsky, entre otros. en su escrito contra Bernstcin, lo aduce también. Pero Kautsky 110 comprende la callsa de la enorme expansión de la industria del hierro en l1ues~ tro tiempo, y exprcoa la creencia de que pronto esta in­dustria ha de quedar en la situación actual de la industria textil, que no lleva á cabo casi ningún progreso y, enton­ces, veríamos acabar el capitalismo. Lo aquí expuesto prueba que ninguna superproducción amenaza á la indus­tria del hierro, y que, en la futuraevolucíól1 de la economía capitnlista, ha de corresponderla siempre la supremacía.

(1) SOlllbart, la ('corlOmfa nacional afemarw l'l1 d sigfo XIX, 1903, páginas -130 y 31. Hay IIna nueva edición de este litr,) del all0 1909.

El. MARXISMO

CDnrado Schmidt, distingue dos suertes de demanda: absoluta y relativa. La distinción es exacta, pero equivo­ca la aplicación que Schmidt hace de ella. Cierto que la de­manda capitalista de medios de consumo, para uso indivi ­dual, ticne otro carácter económico que la de carbón para las máquinas dc vapor; la diferencia consiste en que el consumo improductivo de los capitalistas es, sencillamen­te, una anulación de valores que constituye et momento terminante de la realización del capital, mientras que el COllSUIllO productivo del carbón no destruye su valor, y forma un momento intermedio de este proceso. De aquí que: podamos designar la primerá demanda como definitiva

y absoluta, y la segunda como relativa, puesto que la pri­mera representa el fin objetivo de aquella economía, mien­tras que la segunda es, tan sólo, un medio para este fiu.

¿Delltro de cuál de ellas tenemos que contar la deman­da del asalariado de objetos para su consumo? Según Schmidt, esta es una demanda absoluta; pero, es bien claro que, ni el consumo del trabajador, ni la combustión del carbón, en el horno de una máquina de vapor, en nin­gÍln caso llevan á cabo la realización del capital. Como el obrero su sustento, así consume la máquina t'1 carbón Si designamos la demanda de carbón como relativa, ha de ocurrir lo mismo con la de alimentos por parte del obre­ro, ya que el consumo de éste es un medio para la reali­zación del capital, pero no su fin objetivo.

El aparente carácter absoluto de la demanda del obre. ro de medios para su consumo.• es debido á que éstos son comprados por el trabajador mismo, mientras que los medios de prodúcción Jos compra el capitalista. Desde el punto de vi~ta de.la realización del capital, resulta il1dif~­rcute conoc~r quién-si el obrero ó el capitalista -apare­

256 EL MARXISMO

ce como comprador e1l clmercado. El di1lero gastaJo por d obrero lo recibe éste de los capitalistas. Dentro del salariado natural ó ell especie, desaparee.:: tambi~1I aque­lla allalogía, plles el trabajador, como el galla~o, es sus­tentado á costa del ci¡pitalista. No es comprensible, por­·que hemos de considerar el centeno que el agricultor ca­pitalista da á sus obreros como 1111 objeto de demanda <¡bsoluta, y la cebada que pone á sus caballos como 1111 objeto de demanda relativa" .

Kautsky nos asegura, que "prodUCIr es oh.tener artI~u. los de consumo para liSO del hombre". En clcrto sentido <2sto es exacto. j~a cuestión está sólo el1 saber si cada hombre, ell todo sistema económico, cOlIsume como tal es decir como fin de la economía. Ya he indicado ante­ríormen;e que esto tan sólo acontece en los sistemas .eco Ilómicos que he llamado armónicos, per~ 110 e~l los 111ar­mónicos. En una economía socialista es ImpOSible que la economía social vaya dirigida hacia la disminución, y 110 al aumento de la masa de objetos del cOllsumo hum~[~o. Ello es por el contrario posible, y, bajo ~ier~as condlclO­lL'S, necesario, dentro de la economía capltahsta, ~ues en ella el sujeto dcl sistcma es el propietario del capital, no sicndo el trabajador, hombre desposeído, más ~ue un

-imple medio de esta economía, una forma del capital so­

~ .

cial; capital variable, según la terminolog~a marxista.

Marx censuró síempre á los economIstas burgueses que considerasen á la economía capitalista un~ economía absoluta. Él ha caído, precisamente, en la mIsma falta, La economía absoluta no puede perseguir ningún otro ¡in que la satisfacción de las necesidades humanas: La economía capitalista es incompatible, hasta un cierto grado, con este fin. Marx lo comprendió así y de ello de-

EL MARXISMO

dujo la consccuencia, quc la economía capitalista oculta 1111 contrasentido económico irremediablc, incompatible con las mismas leyes de realización dcl capital, lo que imposibilita su existencia, como sistema económico his­tórico, después de un cierto período. Ahora bien, este con­trasentido económico del capitalismo lo encontró Marx, por haber atribuido al sistema económico capitalista-que pertenece al grupo de los antagónicos-los fines de la ecoqomh armónica, que es la consíderada como eco­nomía, en absoluto. Una vez conocido el carácter anta­gónico de la economía capitalista en todas sus manifesta­cioncs, desaparece este contrasentido descubierto por Marx, pues no dirigiéndose la proúucción capitalista al aumento del consumo humano, sino al de capital (lo que correspo,nde COIl una disminución relativa del consumo humano), no puede encontrarse en contradicción alguna con sus principios, ni Con dificultades para la realización

de sus productos.

II

La tendencia decreciente de la cuota del provecho constituye, según Marx, otro límite de la producción ca­pitalista,Soore su base acontecen trastornos numerosos de la economía capitalista. Si no áumenta el número de los trabajadores ocupados en las empresas capitalistas, Ó 110 son capaces los capitalistas mismos de elevar el grado de la explotación, el aumento del capital no puede ir acom­pañado del de la masa del provecho. En estas condicio­nes 110 queda hueco alguno en la producción para nuevos capitales. Pcro como· la acumulación capitalista no puede

258 EL MARXISMO

terminar, la existencia de nuevos capitales conduce, ante la imposibilidad de elevar la masa del provecho social, á la paralizacióll de los capitales colocados ya en la pro­ducción y á la superproducción absoluta del capital.

La cuota decreciente del provecho pone, por lo tan­to, un límite á la producción capitalista; "esta particular lindera atestigua la limitación y el carácter histórico y pasajero de la producción capitalista; atestigua que no es una forma absoluta de producción de riqueza, sino que más bien está en conflicto con toda ulterior duración, en cierto momento de su desarrollo. (1).

En la primera variante de la teoría de la necesaria descomposición del orden económico capitalista, se pone toda la fuerza en el antagonismo existente, entre la pro­ducción capitalista y el consumo social; pero aquí se acentúa la falta de relación entre la producción capitalis­ta y la formación del provecho. Ya sabemos hasta qué punto es equivocada la primera explicación; otro tanto puede decirse, como ya se ha probado antes (cap. VII), de la segunda.

La teoría de la descomposición capitalista tiene que srr completamente abandonada. La economía capitalista no lleva consigo elemento alguno que en un momento dado haga su vida imposible. Engels pensaba, hacia el año 40 del siglo pasado, que la evolución capitalista había casi llegado á su límite, debido á la carencia de nuevos mercados, y que la producción capitalista, en lo futuro, tendría que aUlinorar su marcha. Evidentemente fué esta profecía muy desafortunada. La producción capitalista ha conseguido desde entonces una extraordinaria expansión

(1) l\larx, El Capital, tomo IV, p{¡g. 22:3.

EL MARXISMO 259

Yno ha encontrado, por esto, ninguna nueva dificultad en la realización del capital. La IÍlisma industria capitalista se ha creado mercado para la masa cada día más enorme de sus productos.

Sin embargo, nuevamente vuelve á asegurarnos, el teórico hoy más conocido de la escuela marxista, que nos encontramos cerca del último límite de expansión de la producción capitalista y que'pronto ha de serIa impo­sible valorar su capital. ¿Puede ofrecer la menor duda, que la profecía de Kautsky no disfrutará de mayor fortu­na que la de Engels? Una teoría económica cierta, sólo puede presagi'ar, y con absoluta seguridad: que el capita­lismo no llegará á su ruina por carencia de mercados.

Esto, en ningún caso quiere decir que haya de tener el capitalismo una vida ilimitada. El orden económico socialista me parece que ha de ser el legítimo heredero del capitalista. Considero, sin embargo, irrealizable la hi­pótesis de una situación de violencia en la economia que haga saltar al capitalismo, para hacer hueco á un nuevo sistema económico; aunque reconozco la preexistencia en el sistema económico capitalista, de un antagonismo in­terno, insoluble, que le hace llevar aparejado, con necesi­dad fatal (aunqqe n~ económica), su propia ruina. Este antagonismo radica en que la economla capitalista hace del hombre-trabajador un simple medio económico. y con· duce, al ~ismo tiempo, á la difusión de la concepción ju­ridica que ve en toda persona humana el fin supremo en sI. Esto es, pues, la contradicción del principio funda­mental económico, con la norma ética fundamental, la cual dice: "El hombre, Y. en general, todo sér racional existe como fin en si mismo, no meramente como medio al servicio de esta ó aquella voluntad, sino que debe ser

2tj(J EL MAllXISMO

considerado en todas sus acciones, dirigidas tanto á sí mismo, como á otros seres racionales, siempre como fi 11 (1)".

Lo anteriormente expuesto ha mostrado que el capi­talismo, según su verdadera naturaleza, est;'! cn conflicto con esta suprema norma ética. La escucla nwrxista juz~ó al capitalismo demasiado favorablemente; creía qlle tam­hién la economía capitalista se vería obligada á considerar al homure trabajador y su conSIlIllO, como 11110 de SIlS fillcs; de 110 hacerlo se descompondría á callsa de la imposibili­dad de valorar el capital. Esta concepción descansa en un completo desconocimiento de las verdaderas leyes de la realización del capital. El descenso del consulIlo social, acompafIado de un simultáneo aumento de la producción capitalista, desde el punto de vista capitalista no es nin­gún contrasentido económico, ya qlle la economía capi~ talista no aspira á cubrir inlllediatameute la necesidad so­cial, sino á valorar el capital, para lo cllal no llecesita del consumo humano. El capital no ve en el hombre el único fin racional de la economía, sino el medio económico más importante. La más poderosa de las armas económicas empleadas por el hombre en su lucha con la naturaleza ~~ el capital-, se vuelve así contra el hombre mismo.

La evolución económica difunde, entre las más exten­

sas capas sociales, la conciencia de esta Situación, y crea

medios para su. eleminaciÓn. El nuevo ideal social de­

viene una fuerza social cada día más considerable. "La

Idea se desacredita, siempre que se la diferencia del in­

terés,,-ha dicho una vez Marx-. Ello es cierto; pero

(1) Kant, Fundamento de la metaj/sÍCi! de ll/s costumbres. Ed. Kirchmann, 1897, pág. 52.

El. MARXISMO

también 10 ha expresado de otro modo: "Sólo en nombre del derecho general de la sociedad puede atribuirse una clase la soberanía sobre todas las otras,,; se refería con ello al papel emancipador del proletariado, en la futura transformación social. Tan exacto es lo segundo como lo primero. Un ideal social puede vencer únicamente cuando corresponda, al mismo tiempo, á los intereses de los gru­pos sociales más poderosos y á la concepción ética de la gencmlidad. En este caso tiene que vencer. El ideal socia­lista posee ambas cualidades: corresponde á los intereses de las clases obreras-la inmensa mayoría de la pobla­CíÓll-, y constituye también la exigenCÍ;t fundamental del derecho natural. "El derecho innato es uno sólo,,-ha di­cho el pensador más grande de la época moderna-y "la libertad (independencia de otro poder compelente), en tanto que se armolliza con la libertad de todos, según una ley general, es este Ílnico, originario, derecho que corres­ponde á todo hombre, debido á sti personalidad huma­na" (1). El capitalismo es incompatible con este derecho originario de los hombres, de aquí que tenga que dejar su puesto á un orden social mejor y más justo. Pero la Hu­manidad nunca recibirá el socialismo como un regalo de las fuerzas económicas, cíegas y elementales, sino que tiene que conquistar con su trabajo el nuevo orden social.

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Webb (Sidney y Beatriz): Die Geschichte des britischen Tra­de-Unionismus, 1895.~I36.

Wenckstern: Marx, 1896.-181. Wi.cser (F. v.): Uber den Urs­

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Windelband: Oeschichte der Phi­losophie, 1900; Preludien, 1903. -'-42, 43, 130 Y 168.

Woltmann: Der historische mate­ria!is(nus, 1900.-49.

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ZuckerlandJ.-175.

ÍNDICE

PágInas,

Prólogodel traductor.•..•...•......'.••..•,......•'..... I Prólogo ,•....... , " ,. 1

SECCiÓN PRIMERA

CONCEPCiÓN MATERIALlSTA DE LA HISTORIA

Capftulo primero.-Las ideas fundamentales de la concepción materialista de la historia ,;.•.... .. .•• 5 l.-Concepto de la fuerza productiva. . . . .... ....•... 6 n.-Factores reales de la economla ••...•••.•... " .•. ' 12 III.-Ladoctrinade laluchadeclases.... ••......•..... 24 Cap. l/.-EI punto de partida psicológico de la conceplón ma­terialistade [ahistoria.•...•..•" •: ..•..••." ....•.... .. 37 Cap. JI/.-Las necesIdades cómo fuerzas conductoras de la evolución socIal. ••••.••'•.•;.,...••......:•••..'...•.... 47 l.-Necesidades psicológicas de propia conservación y. gocessensibles , '" '.....•..........•.. 48 II.-Ellnstlnto sexual , ' .. .. . 55 nr.-Instintos de simpatla '. . 60 IV.-Instintosego-altruistas..•. ..•. 66 V.-Instintos desinteresados.•.••.••..•....• '" .• ' ' 11 Cap. JV.-Económ[a yvidasotlJlI. .•••.. ,: .•••••... ,. ...• 85 l.-Concepto de la economla................. ...... 87 n.-La economla como fundamenta de todas las demlis actlvidades•••••..•••.:.•'.•.••.•..••••,.... .• 92 I1I.-La economla como ocupación pr[nclpa[ de la mayorla delapoblación.••••.•.'.••.••.........•......• 99 IV.-EI momento real de la economla.... .••..... .... .. 104

V. -Conciencia y sérsocial.•..••••..•..•.••.••,..... 112

Páginas.

Cap. V.-Las clases sociales y la lucha de clases .... '" . . .•. 117 l.-Los :notivos de la lucha social .•............. -... . llR H.-El punto de vista de clase en los diferentes dominios de la actividad espiritual.. . .. ........•.....•.. 127 IIl.-La lucha de clases y los movimientos sociales de nuestro tiempo.............•................. 133

SECCIÓN SEGUNDA

VALOR Y PLUS·VALlA

Cap. VI.-Valor y costos.......•..................... , . . 1-13 l.-La doctrina marxista del valor , .. I·H., II.-La doctrina de los costos absolutos y relativos...... 155 IIl.-Ladoctrinadelvalor............................ 167 Cap. VIl.-Plus-valía................................... 1111 l.-Lateoríamarxistadelprovecho...•..........••.. 182 H.~La cuota general del provecho y la composición del capital social en los distintos ramos de la produc­ción '" .. .. 18S III.-Las oscilaciones de la cuota general del provecho. . . 190 IV.-Plus-valía y provecho.... . .. 20-! Cap. VIJI.-El plus-trabajo y el beneficio del capitalista.. •. . 207 I.--EI plus·trabajo ...........................•.•.. 207 n.-fundamento social del beneficio del capitalista.... . . 210 III.-Causas determInantes de la elevación del beneficio del capitalista................................... 216

SECCIÓN TERCERA

1.1\. DESCOMPOSICiÓN DEL ORPEN ECONÓMICO CAPITALISTA

Cap. IX.-La descomposición del orden económico capitalista. 229 1.-Teoria de la falta de mercado para la industria capi· tallsta...•....•••.... ..'..................... 230 H.-Conclusiones.•.•'.••••••..•••.••.•..••••.•••..•.. 257 tndlcedeobras yaLllores.•.••••..•.••••.........•.•.••••. 263
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