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Bernardo Guerrero Jiménez, Las Venas de mi Ira. Jorge Soria Quiroga, Religiosidad Popular, Identidad Cultural y Mesianismo Político en el Norte grande de Chile


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Bernardo Guerrero Jiménez, Las Venas de mi Ira. Jorge Soria Quiroga, Religiosidad Popular, Identidad Cultural y Mesianismo Político en el Norte grande de Chile.

Ediciones Campvs. Universidad Arturo Prat / Ediciones El Jote Errante, Iquique 2005. 156 págs.

Esta vez, Bernardo Guerrero, presenta un texto enriquecedor sin duda alguna, para el estudio y la comprensión de la identidad nortina y específicamente del escenario de los sentidos, los afectos y el pathos de Iquique, en torno a la figura pública de un hombre que ha marcado con un signo característico de épocas premodernas, la ciudad de Iquique.

La investigación que desarrolla el autor, se centra en un personaje de la esfera pública, pero que ha transcendido la historia, el tiempo de dos siglos y ha podido situarse en el imaginario colectivo de los iquiqueños. Con su apellido y apodos, señala un significado de único entendimiento para los habitantes de toda edad y condición social en Iquique.

La historia analítica del Alcalde Jorge Soria Quiroga es la historia de la segunda mitad del siglo XX. Es un hombre del tiempo y que como tal está marcado, como dice Eric Hobsbawm (1998) por los contextos de una era de los extremos. En un acabado, pero aún inconcluso fin, se centra la secuencia política de un hombre que pasa a ser un personaje en la escena de los juegos de poder de un puerto y su proyección internacional que lo mueven emotivamente. El desarrollo de los aspectos biográficos, íntimamente ligados a la tierra nortina y su dimensión social expresada en la función edilicia y electoral, señala una impronta que atraviesa los credos absolutos y fluye en la religiosidad, la cultura y la identidad del Norte Grande.

Bernardo Guerrero, desde su prisma quirúrgico social, logra reflexionar al hombre, centra el estudio del personaje y lo hace objeto de las Ciencias Sociales para comprender su fenómeno de masas a las que él quiere. Y ellas (las masas locales) dejan que éste las seduzca con toda su retórica y su accionar popular. Accionar que en sí, para el autor, es el pilar de su atractivo social y político, expresado en las urnas. Imbatible para cualquiera que enfrenta su territorialidad local (que es parte de su símbolo), como persona y espacio ante un centralismo que intenta abarcar la periferia nortina y que encuentra en Jorge Soria un obstáculo, por cuanto es además percibido como un líder a seguir. El autor rescata una frase usada por el Alcalde Soria en múltiples ocasiones y que retrata esta realidad: “ …defender para que Iquique crezca hacia el desarrollo”.

El texto conduce a deambular por el tiempo y a través del Alcalde, pasear entre discursos y proclamas por las que el lector se siente atraído, así como por el personaje visto como un legítimo señor, ungido por la mayoría y decisivo, como también sufrido en su propia historia personal, pero que trasmite sueños que prometen la felicidad. Sin embargo Bernardo Guerrero logra una comprensión del fenómeno Soria y su relación con el poblador en la esfera política:

“Obedece a una forma de hacer política que niega a los partidos, sobre todo si éstos son de inspiración capitalina; cuestiona la burocracia del Estado y pone al pueblo como el centro de sus preocupaciones. Con él se conecta a través de tres caminos muy ligados entre sí. Primero, les ofrece soluciones inmediatas (estructura de favores, viabilizada a través del aparato municipal); segundo habla su idioma, el idioma de la emotividad tan típico de las comunidades premodernas que en el Norte grande, y en especial en Iquique, tiene tanto asidero. Y por último instala el sueño de la felicidad como una meta y cuya consecución es fácil de obtener” (Guerrero:10).

De esta forma el texto ilustra como tales, racionales y modernos la forma de entender una relación que no obedece a este orden, si no que se sitúa en otra área: la de los afectos, los sentidos, la expresión lúdica y los gestos, la victimación de la figura que lucha ante el Poder Central, el héroe local que defiende su ciudad, su aldea, su tribu ante Santiago. Guerrero ejemplifica esta conducta como la primera coordenada del sueño mesiánico que logra jugar y negociar con la modernización que vive el contexto y ante ella, gesticula y logra conducir al orgullo, la grandeza y el desarrollo, igual o mejor que las ciudades de países más desarrollados, poniendo el acento en la igualdad acompañada del adjetivo “para todos”.

La religiosidad, que Bernardo Guerrero ha investigado anteriormente a través de múltiples libros y artículos, es también un motor importante que mueve la relación y complicidad entre la figura del Alcalde Jorge Soria y el pueblo de Iquique. Su fe católica mariana y su sacrifico personal y familiar hacia una ciudad antes que hacia el yo hogareño o propio. Tal vez para las miradas más racionales parece extraño que este político local mantenga una alta adhesión y aumente cada vez su pozo electoral. Más Guerrero se hace la pregunta adosada a su respuesta:

“Pero ¿qué ofrece Soria? Ofrece el sueño de un Iquique grande y hermoso integrado y capaz de producir riquezas. En un ambiente donde el tecnicismo se ha apoderado de la política. Soria ofrece sueños. El sueño de la integración, por ejemplo, conecta muy bien con una tradición y una utopía latinoamericana ya vivida por los aymaras, ya pensada por Bolívar. Soria actúa muchas veces como el Presidente de Iquique de allí la idea de Iquique-país. Soria ofrece reeditar bajo nuevos términos, la riqueza e importancia que tuvo esta ciudad en la época del salitre” (Guerrero:78).

Entonces Soria se presenta en su discurso como el recurso de la historicidad encarnada, por lo que Iquique se simboliza en su persona y su figura traspasa lo local o nacional y se hace regional dentro de un espacio continental. Su lucha y esa es una de sus palabras fundamentales, es por Iquique y la “integración”, siendo uno de sus pilares simbólicos el hito 60, que sería la clave geográfico-política a su proyecto de integración con la sub región y en especial con la otredad chilena, es decir, Bolivia; Estado con el que Chile tiene (a nivel de cancillerías) una historia de desencuentros, pero que con Soria es más de concordancias por su afinidad cultural y espacial. Otra arista que define al Alcalde es su pragmatismo que también es condición de su cercanía con los sectores populares, en este aspecto el autor señala:

“Es tan fuerte la idea de la integración en el imaginario del sorismo, que el alcalde Soria llegó a ofrecer a Bolivia mar a cambio de agua. Este hecho, lo cubre el diario “Presencia” del país hermano en su edición del 4 de abril del 2001. La mayoría de la clase política de este país, tanto de izquierda como de derecha, rechazó esa propuesta. Cambiar agua salada por agua dulce para hacer realidad la agricultura en el Norte Grande, era la fórmula del Alcalde” (Guerrero:83).

Para las Ciencias Sociales no deja de ser de interés el análisis y su reflexión escrita de fenómenos locales que trascienden más allá de las fronteras de provincia y de país, como es el caso de la imagen del Alcalde de Iquique que por lo demás trata de elevar una conclusión que no es satisfecha a los intereses ideológicos de los seguidores o detractores del alcalde, en particular el mismo autor señala que éste libro no gustaría ni a soristas o antisoristas, por interpretar desde la disciplina sociológica al personaje, que en sí, es explicado por su presencia constante en la escena pública del Norte Grande.

“En Iquique, es visto como un alcalde-padre que protege y que en reciprocidad pide y valora la lealtad, sobre una ciudad que él ha construido” (Guerrero:65) y que no escatima epítetos a quienes traicionan esa voluntad o acuerdo, por ello ,señala el autor, desconfía de los partidos y se basa más en el apoyo de seguidores que se convierten en mediadores con la población y que hoy con el PAR (Partido de Acción Regionalista), concreta su sueño regionalista de sello propio y con una clara impronta personal.

La investigación que presenta Bernardo Guerrero, enriquece la discusión de la temática local y revela una vez más la importancia de los elementos que mueven la vida cotidiana y el mundo popular y las lógicas particulares que contradicen lo racional. El alcalde en toda su figura es una parte importante de los sentimientos: juega con los sentidos, conoce su territorio, le pertenece y lo define. Todo ello se percibe en el texto. Este “viejo alcalde”, como se autodefine, es parte de la memoria iquiqueña y que hoy Bernardo Guerrero ha rescatado como aporte a la comprensión social de los fenómenos de la política y sobre todo de la política popular y sus rasgos de identidad.



Patricio Rivera Olguín

Universidad Santo Tomás, Iquique, Chile.


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