Página principal

Autora: Prof. Clara R. de Schejtman


Descargar 86.1 Kb.
Fecha de conversión18.07.2016
Tamaño86.1 Kb.
"NUEVOS APORTES DEL ESTUDIO DE INTERACCIONES TEMPRANAS Y DE INVESTIGACIÓNES EMPÍRICAS EN INFANTES A LA COMPRENSIÓN PSICOANALÍTICA DE LA ESTRUCTURACIÓN PSÍQUICA"
Autora: Prof. Clara R. de Schejtman
Introducción
Los descubrimientos del psicoanálisis y la psicología evolutiva en el siglo XX produjeron un cambio fundamental en la consideración de la infancia y la ubicaron como etapa productora de las bases para el desarrollo del individuo y crucial para la psicopatología adulta.
El aumento de conocimiento respecto de los oscuros primeros tiempos de la vida impone tender puentes entre la biología, pediatría, psicología y el psicoanálisis. Las intersecciones entre estas disciplinas y la influencia sociocultural componen una trama compleja donde los conceptos coexisten, se superponen o se relacionan.
En el campo de la psicología y el psicoanálisis se produjo una multiplicación casi inabarcable de teorías acerca del desarrollo infantil, la constitución subjetiva y la estructuración del aparato psíquico. Cada teoría se sostiene en paradigmas nodales y selecciona las diferentes evidencias empíricas y/o conceptuales significativas a partir de las cuales se desprende la construcción de una psicopatología. En este sentido, resulta hoy reduccionista sostener enfoques que plantean una causalidad única en la constitución psíquica.
La discrepancia entre una parte del psiquismo que evoluciona con el crecimiento y funciona en un nivel maduro, y una parte del psiquismo que permanece con modos primitivos de funcionamiento y de comprensión, es quizás el aporte más original a la salud mental del enfoque evolutivo en psicoanálisis (Fonagy y Target, 2003).
En esta comunicación intentaremos tender algunos puentes entre conceptualizaciones psicoanalíticas clásicas de los primeros tiempos de estructuración psíquica y los aportes de autores que estudiaron los momentos iniciales de la vida desde la perspectiva evolutiva basada en la observación directa de interacciones tempranas.

Primeros momentos de estructuración psíquica y aportes de la investigación en infantes.
Freud (1896), concibe al viviente humano desvalido e incapaz de llevar a cabo la acción específica necesaria para cancelar la insatisfacción proveniente de la tensión endógena que le producen sus necesidades básicas de hambre y abrigo. Los etólogos han observado que cuanto mayor es el nivel de desarrollo cognitivo de una especie, más largo es el tiempo de dependencia de alguien más capacitado. El concepto de prematuración apunta a considerar insuficiente la dotación innata de la especie humana para tomar a su cargo su autopreservación y mantenerse con vida. Bolk define la prematuración como una mutación animal que se sustrajo a las normas cronológicas de gestación.
La prematuración y el desvalimiento y la falta de programa genético para su superación devinieron un desafío teórico y clínico que llevó a una multiplicidad de entrecruzamientos entre la psicología evolutiva y el psicoanálisis. La imposibilidad del infante para autopercatarse de su malestar y la incapacidad para resolverlo requieren de un “adulto auxiliador observador” que pueda leer los indicios de los estados afectivos del infante. Esta lectura se realiza desde la subjetividad del adulto jugada en este proceso de hominización.
Freud (1915) llamó "yo de realidad inicial" a la instancia incipiente que ha distinguido un adentro y un afuera según una buena marca objetiva: El infans casi inerme muy pronto se halla en condiciones de establecer un primer distingo y una primera orientación entre estímulos de los que puede sustraerse mediante una acción muscular (huida) y otros estímulos frente a los cuales una acción así resulta inútil, pues conservan su carácter de esfuerzo (drang) constante. A los primeros, los imputa a un mundo exterior y los segundos son la marca de un mundo interior, correspondiente a necesidades pulsionales. Es en la eficacia de su actividad muscular, que el viviente humano encuentra un asidero para separar un afuera y un adentro (Calzetta, 2000).
El concepto de yo de realidad inicial plantea una primera discriminación “objetiva” entre estímulos interiores y exteriores que se subsumirá al principio de placer-displacer, consecuencia de la vivencia de satisfacción.

Los cuidados parentales satisfacen simultáneamente las pulsiones autoconservativas, a través de la satisfacción real de la necesidad y de las pulsiones sexuales, a través del plus libidinal con el que ejercen esos cuidados, ubicando al infans bajo predominio del principio del placer. Así el desvalimiento es reemplazado por un yo placer que prolonga el estado narcisista primordial.


Freud llama “principio de constancia” a la tendencia a evitar el aumento de displacer proveniente de la excitación. El precario yo en constitución rechaza aquello que pueda devenir fuente de displacer, lo arroja hacia fuera. El yo placer purificado quiere introyectarse todo lo bueno, proyectando la hostilidad hacia el exterior (Freud, 1925).
Green (1993) refuerza este punto planteando que este yo de placer purificado, núcleo de experiencias placenteras, es indispensable para adquirir una organización mínima que permitirá al sujeto tolerar posteriormente lo desagradable. La observación minuciosa de díadas madre-bebé permite conocer los efectos de la cualidad y cantidad en la presentación de estímulos en juego durante las interacciones que deberán preservarse a predominio del principio del placer.
La porosidad de los límites del yo narcisista puede llevar a una tendencia en el sujeto a defenderse de las excitaciones displacenteras provenientes del interior con los mismos métodos de que se vale contra un displacer de origen externo. Esta característica del psiquismo humano es el punto de partida de sustanciales perturbaciones patológicas (Freud, 1930).
El campo de la investigación en infantes y en díadas madre-bebé con metodología observacional empírica minuciosa produjo nuevos conocimientos acerca de la vida afectiva de los infantes. Estos aportes pueden constituir una herramienta significativa para responder a algunos interrogantes y brechas en nuestros conocimientos teóricos acerca de la estructuración psíquica.

“Observar” en griego significa vigilar estrechamente, prestar atención. Ferrater Mora (1994) plantea que la filosofía considera la observación como base del saber y el conocimiento. La observación de fenómenos, si bien tiene un carácter empírico, no excluye la introspección y reflexión que esos fenómenos despiertan. La aprehensión de los fenómenos interactivos en la primera infancia vía observación permitió incluir el estudio del psiquismo temprano dentro de la perspectiva de la ciencia. Este tipo de estudios aportó a la construcción de regularidades y patrones conductuales e interaccionales según las diferentes edades.


R. Spitz (1951, 1965), psicoanalista e investigador, fue pionero en los estudios sobre el primer año de vida, basados en observaciones filmadas. Retomando la línea freudiana de la teoría del apuntalamiento - fusión entre necesidad biológica y necesidad afectiva (autoconservación - sexualidad) - publicó en 1946 trabajos sobre la depresión anaclítica en niños hospitalizados durante la guerra. Sus testimonios desgarradores describen cómo niños separados de sus madres, atendidos en prolijas guarderías iban apagando su impulso vital, entraban en un llanto monótono y sin destinatario, rechazando el contacto humano primero y luego el alimento. La deprivación afectiva parcial o total llevaba a detenciones del desarrollo, propensión a contraer enfermedades y en los casos extremos a rechazo total a alimentarse y a muerte por marasmo. Spitz fue el primer psicoanalista en alertar acerca de la relación entre vínculo primario y depresiones graves en la infancia. Sus estudios tuvieron una importante influencia en los departamentos de pediatría y psicoanálisis infantil sobre la necesidad de prevención en salud mental. Películas de bebés aterrados repitiendo movimientos estereotipados recorrieron el mundo alertando acerca de los indicadores del daño a corto y largo plazo que produce la deprivación afectiva materna.
Otros psicoanalistas basaron sus formulaciones teóricas en la observación de infantes y de interacciones tempranas: Bowlby (1969), Mahler (1975), Stern (1990), Lebovici (1988), Fonagy (2002) y otros.
¿Cuáles serán las articulaciones posibles entre la reconstrucción del vínculo primario desde el psicoanálisis y los aportes de datos provenientes de la investigación empírica?
Winnicott y Stern trabajaron en estos entrecruzamientos.

Winnicott, (1957) diferencia lo “temprano”, registrado por los observadores de bebés, de lo “profundo” proveniente de la construcción propuesta desde el psicoanálisis. Winnicott plantea la existencia de un desfasaje entre la interpretación profunda psicoanalítica de un material clínico resultante de conjeturar acerca de situaciones de la primera infancia, y su verificación en la observación directa de interacciones tempranas. El valor de la observación detallada es que permite puntualizar sutiles influencias del ambiente, de las cuales el infante no puede percatarse.


Stern (1985) propone la interfaz entre el “infante clínico” construido a través del relato producido en análisis y atravesado por la transferencia, y el “infante observado” producido a través de la investigación. Esta interfaz permite realizar saltos inferenciales acerca de la vida subjetiva de los infantes que enriquecen la construcción de las teorías sobre el origen. Stern concluye que las inferencias que incluyen datos obtenidos en estudios observacionales experimentales otorgan mayor consistencia a la construcción de conocimiento acerca de la primera infancia.
Las investigaciones actuales basadas en observaciones filmadas y microanalizadas de infantes desde las primeras horas de vida mostraron que los infantes poseen un notable desarrollo de las capacidades perceptivas innatas singulares y diferenciadas y produjeron un cambio en la concepción de los primeros tiempos de la vida (Brazelton y Cramer, 1993). En estos estudios se encontraron patrones de comportamiento tales como la habituación, irritabilidad, consolabilidad, reactividad ante estímulos, la aceptación o rechazo de acercamiento físico y otros (Brazelton, 1975). Estos aportes pueden relacionarse con la intuición de un yo real primitivo, caracterizado por montantes biológicos singulares y “objetivos” que se fusionarán con el intercambio libidinal y narcisizante con el objeto primario.
El acento, puesto por el psicoanálisis clásico en la estructuración del psiquismo, ubicando a los padres primordialmente como objetos o imagos pasibles de introyección y proyección, dio un vuelco a partir de los años 70. El nuevo “paradigma relacional” deja de concebir a la madre como objeto del niño y pasa a estudiar su participación real, sus comportamientos y sus fantasmas inconcientes (Dio Bleichmar, 2006). La relación madre-hijo y luego madre-padre-hijo pasan a ser las nuevas unidades de análisis y el enfoque evolutivo y psicoterapéutico pasa a ocuparse de las acciones interactivas observables entre padres e hijos.
En este encuentro primero entre padres e hijos, los investigadores de infantes encontraron que los bebés son activos iniciadores de interacción. La hipótesis central de los investigadores de infantes es que los seres humanos tienen una fuerte necesidad innata de contacto intersubjetivo y bidireccional. Al menos en el 40 % del tiempo, las interacciones con el medio son iniciadas por los bebés.
El primer desafío del infante humano es el logro y mantenimiento de la homeostasis fisiológica y emocional, y éste es un proceso diádico y bidireccional. El adulto es una parte del sistema regulador del infante. La madre regula la homeostasis del infans a través de la satisfacción de las necesidades de hambre, apaciguamiento, sueño y acercamiento físico, y al mismo tiempo el infante colabora en la regulación de la lactopoyesis (producción láctea). Este proceso provoca la liberación de occitocina que coopera en la contracción del miometrio uterino, facilitando la retracción del útero en el puerperio.

Los estudios observacionales mostraron la fuerte influencia que la capacidad propia de comunicación y autorregulacion del bebé tiene sobre las respuestas de la madre. La conducta comunicativa del infante no es difusa como se pensaba sino que está organizada en configuraciones de cara, voz, gesto y mirada. Cada configuración (expresividad) comunica claramente el estado afectivo. Las rutinas interactivas cotidianas tienen una estructura narrativa de acción comunicativa y no de palabras y van constituyendo un sistema de sentido para el niño basado en una secuencia de mensajes afectivos. Este sistema de sentido se establece mucho antes de que el niño pueda relacionarse con una narrativa de palabras.


Investigaciones han demostrado que la interacción temprana madre-bebé es un sutil interjuego entre desencuentros (mismatches) y encuentros (matches). Estos encuentros son los momentos de regulación mutua positiva donde la madre y el bebé coinciden en la expresión de afecto positivo. Cada participante infante y adulto señala su evaluación acerca del estado afectivo del otro y responde a ella. Cada miembro de la díada intenta mantener un estado de coordinación o reparar un estado de no-coordinación. La interacción madre-bebé se mueve sucesivamente desde estados coordinados o sincrónicos a estados no coordinados (Tronick et al, 1989, 1999; Schejtman y otros, 2003, 2004).
Uno de los equipos de investigación de la Cátedra de Psicología Evolutiva-Niñez dirigido por la Prof. Clara R. de Schejtman está llevando a cabo un programa de investigación desde el año 2000 (acreditado por UBACyT y por la Asociación Psicoanalítica Internacional) que estudia la regulación afectiva y la autorregulación en díadas madre-bebé a través del microanálisis de interacciones videofilmadas entre bebés de 6 meses y sus madres. Los resultados mostraron que sólo el 16% del tiempo de una interacción cara a cara se produce encuentro de miradas y afecto positivo entre la madre y el bebé. La mayor parte del tiempo los infantes activan recursos propios de autorregulación, como afecto neutro, atención a objetos distintos que la madre, exploración del entorno, autoapaciguamiento oral y distanciamiento de la madre. La regulación diádica y la autorregulación son dos caras del mismo proceso de regulación afectiva. Los resultados permitieron inferir un puente entre autorregulación y autoerotismo. En la muestra estudiada gran parte del autoapaciguamiento oral se producía en presencia de un despliegue de afecto positivo de la madre. De aquí inferimos que el investimiento libidinal por parte de la madre articula autorregulación con autoerotismo, concebido éste como ligazón estructurante del exceso de cantidad de excitación. Si el ambiente falla en el acompañamiento positivo al proceso de autorregulación del bebé, en lugar de autorregulación puede producirse retraimiento (Schejtman y otros, 2005). Estos hallazgos cuestionan la idealización de las interacciones madre-bebé como recíprocas y sincrónicas, y puede ligarse a la conceptualización de Winnicott, sobre la paradoja fundante acerca de la capacidad temprana de “estar a solas en presencia de otro”.
A continuación presentaremos los aportes de John Bowlby y sus continuadores y de Daniel Stern, psicoanalistas contemporáneos que incluyeron en sus desarrollos teóricos aportes desde la perspectiva evolutiva y de la investigación observacional con infantes.

Aportes de la teoría del Apego
Estudios de John Bowlby

John Bowlby (1969, 1973, 1980) desarrolló las bases de la teoría del Apego que en la actualidad ha sido reformulada por numerosos teóricos e investigadores en primera infancia. Bowlby postula una necesidad humana universal para formar vínculos afectivos estrechos. La reciprocidad de las relaciones tempranas, como precondición del desarrollo normal probablemente en todos los mamíferos, incluyendo a los humanos, es el núcleo de esta teoría (Hofer, 1995).

Bowlby (1944) sufrió un fuerte impacto trabajando con delincuentes juveniles. En un estudio sobre 44 ladrones, encontró en todos ellos evidencia de una prolongada separación de los padres. De allí que se interesó en estudiar una población de niños pequeños institucionalizados por abandono de sus padres. En el seguimiento psicológico de estos dos grupos encontró que muchos de estos individuos padecían una tendencia marcada a la “desafectivización” y construían vínculos mayormente superficiales.

El apego del infante humano se define como la búsqueda de proximidad y mantenimiento de cercanía física alrededor de una figura o algunas figuras diferenciadas. Esa proximidad se manifiesta en abrazos, caricias, búsqueda de ser sostenido, sonrisas y vocalizaciones en la interacción social, etc.

La proclividad biológica de apegarse y buscar cercanía permanente con la figura de apego constituiría una “base segura” para el niño la cual le facilitará la exploración del mundo circundante. Los niños pequeños muestran una intensa preocupación por localizar a las figuras de apego en entornos desconocidos y aumentar la proximidad a ellas. Esta búsqueda de apego iniciada desde “la cuna” se mantiene durante toda la vida y se activa en situaciones de debilidad y de stress. La discontinuidad temprana en el vínculo de apego tiene gravosas consecuencias en el sentimiento de sí del niño y en la calidad de la construcción de vínculos afectivos para toda la vida.

Bowlby remarcaba los hallazgos de Lorenz (1935) según los cuales las especies animales no necesariamente se apegan a las figuras que las alimentan, y fue pionero en la concepción de que el infante humano viene al mundo predispuesto para la interacción social.

Para Bowlby el apego es en sí mismo un sistema motivacional de base biológica, mediante el cual el infante busca la proximidad con el adulto con el cual vivencia la regulación de sus estados físicos y afectivos (Fonagy, 2003).

La activación de conductas de apego depende de la evaluación por parte del infante de un conjunto de señales del entorno que dan como resultado la experiencia subjetiva de seguridad o inseguridad. El sistema de apego es un regulador de la experiencia emocional, y brinda al niño una vivencia de seguridad. Su falla se encuentra en la base de muchas formas de trastornos mentales.

El infante aprende que la presencia del cuidador actúa como regulador de la activación neurovegetativa, evitando una desorganización que va más allá de sus capacidades de afrontar tal situación, y reestableciendo el equilibrio. El infante irá a buscar la proximidad física con el cuidador con la esperanza de ser calmado y de recobrar la homeostasis. La conducta del infante hacia el final del primer año adquiere carácter intencional. Sus experiencias pasadas con sus cuidadores son incorporadas en sus sistemas representacionales a los cuales Bowlby (1973) denominó "modelos internos activos" o "modelos internos de trabajo", que podrían considerarse antecedentes de la representación.

Fonagy (2003) sugiere que estos conceptos responden a la influencia piagetiana en Bowlby (menos reconocida). Lorenz y Piaget asistían a los grupos de discusión que organizaba Bowlby en la Asociación Mundial de Salud en Ginebra sobre cuidado parental y desarrollo de la personalidad.

Otro de los trabajos nodales de Bowlby fue alrededor de los efectos de la separación breve o prolongada de las figuras de apego y los duelos tempranos.

Bowlby (1969, 1973) describió un gradiente de reacciones frente a la separación de la figura de apego que va desde “protesta, desesperación y desapego”:

1-Protesta.

La etapa inicial de protesta se caracteriza por la necesidad y búsqueda de ubicación de la figura de apego, que se expresa en llamadas esperanzadas, llanto y rabia. Esta reacción va disminuyendo su intensidad convirtiéndose en un llanto monótono triste y el niño se va haciendo más hostil hacia otros niños y adultos iniciando un proceso de duelo por la pérdida de la figura de apego.

2- Desesperación.

Al cabo de unos días, si continua la separación de la figura de apego, los niños atraviesan una fase de desesperación; aparentemente todavía preocupados por el progenitor perdido. Se observan períodos de llanto débil y paulatinamente más desesperanzado. Los niños suelen volverse apáticos y retiran el interés por el entorno.

3- Desapego.

En la etapa final, llamada de desapego, los niños empiezan a fijarse en el entorno inmediato, incluyendo otros cuidadores y otros niños. En las experiencias de Bowlby, los niños que llegaban a este estado ignoraban y evitaban activamente la figura de apego primaria al llegar el momento de un eventual reencuentro, y algunos parecían no poder recordarla (Heinicke y Westheimer, 1966). Para sorpresa de los investigadores, el padre u otros familiares eran fácilmente recordados y saludados. Esta respuesta desapegada frente a la figura de apego primaria podía durar días, semanas, e incluso meses.

Bowlby concluyó que estos fallos de reconocimiento respondían más a mecanismos de defensa represivos y evitativos frente a la ausencia de la figura anhelada. Las secuelas de tales separaciones mayores “traumáticas” incluyeron no sólo la aparición de ansiedad y ambivalencia con respecto a las personas previamente queridas, sino también, eventualmente, un estado de desapego (indiferencia) en el cual se reprimían tanto sentimientos afectuosos como hostiles.

Son renombradas las filmaciones realizadas por el matrimonio de investigadores ingleses Robertson, en las cuales se pueden ver las reacciones de niños de 1 a 2 años, quienes aparentemente, habían tenido una relación armoniosa con sus padres, y fueron separados temporariamente por un parto de la madre o internaciones, y puestos al cuidado de una familia sustituta. Es conmovedor el caso de Thomas, de dos años a quien se le presentó una fotografía de la madre en su ausencia. En la película se puede observar como en un comienzo, Thomas besaba y acariciaba la foto y, días más tarde, retrocedía al ver la misma foto, mirando hacia abajo y ocupándose de un juguete que llevaba. En una escena posterior, frente a la misma foto, Thomas enérgicamente daba vuelta la espalda con una expresión de ansiedad. (Robertson y Robertson, 1967 – 1972).

Fonagy (1999) propone que estas experiencias permiten inferir acerca de los procesos de construcción de la representación. La fotografía y el acceso a ella por parte de Thomas no cambiaron. Sin embargo, las reacciones cambiantes que se produjeron en Thomas pueden explicarse por los cambios en su relación imaginada con la madre.

Podemos inferir que la representación de la madre se fue transformando de una figura buscada y anhelada, asociada a una experiencia placentera de apego, en una figura que evoca el dolor producido por su ausencia, por lo tanto hostil y que el niño desea evitar.

La observación clínica encontró que cuando la madre se ausenta, aun por tiempos no muy prologados, la primera manifestación es de rechazo y hostilidad. Cuanto más larga es la ausencia, más difícil es para el niño rearmar el vínculo de apego y en algunos casos aun si la “base segura” fue construida, queda en el niño una vulnerabilidad afectiva muy marcada.

El aporte del trabajo de Bowlby en su época fue la toma de conciencia de los efectos patológicos irreversibles que la ruptura o discontinuidad del vínculo primario, aun no demasiado prolongada, puede producir en los infantes y los niños. Estos conocimientos se incorporaron a la pediatría y a la educación temprana y promovieron la orientación a los padres acerca de la necesidad de preparación psicológica gradual del niño para las situaciones de cambio en la vida cotidiana; mudanzas, cambios de colegio, adaptación al jardín de infantes, viajes de los padres, separaciones, intervenciones quirúrgicas, etc.

Estos trabajos aportan conocimientos fundamentales para la orientación a familias e instituciones que trabajan con la primera infancia en hogares de tránsito, adopciones y guardas.

La controversia respecto al carácter no sexual y no ligado al hambre del apego llevó al alejamiento de Bowlby de la sociedad psicoanalítica británica dominada por el pensamiento kleiniano de la época. Bowlby aspiraba a rescatar la naturaleza biológico-evolucionista del sistema de apego como sistema regulador bio-social homeostático abierto. Su método de investigación fue el estudio de las conductas de apego y las interacciones observables y no solo las fantasías o imagos que el niño construía respecto al objeto.

El antagonismo entre un psicoanálisis basado en las fantasías inconcientes y el mundo interno y otra línea basada en los acontecimientos realmente vividos, llevó a la excomunión de Bowlby de la Asociación Psicoanalítica Británica en tiempos de Melanie Klein y a posturas militantes por parte de distintos grupos de psicoanalistas que produjo un impasse prolongado respecto de los aportes de la intersubjetividad a los conocimientos sobre la estructuración psíquica.
Patrones de apego - Estudios de Mary Ainsworth

Si bien las ideas de Bowlby fueron desplazadas por otros psicoanalistas de la escuela inglesa, en los años 60, Mary Ainsworth retornó a las teorías de este autor y operacionalizó algunos patrones de apego realizando observaciones naturalísticas muy amplias de díadas madre-bebé, primero en Uganda y luego en EEUU. A partir de estos estudios, diseñó una situación de laboratorio llamada “la situación extraña” (Ainsworth, 1969; 1985; Ainsworth, Blehar, Waters y Wall, 1978). Dio Bleichmar (2005) comenta que esta prueba se ha convertido en el test de apego más reconocido y utilizado en investigaciones en todo el mundo, contribuyendo a que el apego se haya establecido como una teoría muy fundamentada sobre el desarrollo socioemocional.

El dispositivo experimental de la situación extraña consiste en tres etapas. En la primera, infantes de 12 meses y sus mamás comparten una situación de juego libre con un investigador (la persona extraña). Posteriormente, la madre se retira por unos minutos para luego retornar y reencontrarse con su hijo. Las diferentes reacciones de los niños frente a la separación y al encuentro posterior dieron lugar a la formulación de cuatro patrones básicos de apego:

1- Apego seguro: estos niños exploran rápidamente el ambiente en presencia de la madre previo a la separación, se los nota ansiosos ante la presencia del extraño y la evitan. Se ven perturbados por la breve ausencia de la madre y buscan rápidamente el contacto y reaseguro de ésta cuando retorna. El infante retorna casi inmediatamente a la exploración del entorno y al juego.

2-Apego ansioso/evitativo: estos infantes tienden a aparecer menos ansiosos por la separación, muestran indiferencia frente al extraño, pueden no buscar la proximidad de la madre después de la separación, y pueden no preferir a la madre más que al extraño. Estos niños sobrerregulan afectos y evitan situaciones que producen stress. Se podría pensar que son niños cuyos niveles de excitación no fueron suficientemente estabilizados por los padres y por ello se observa cierta indiferencia hacia ellos. Se cree que en algunos casos estos niños padecen cierta intrusividad parental.

3-Apego ansioso/resistente: estos niños muestran una exploración limitada del ambiente próximo y poco juego aún antes de la separación. Tienden a ser altamente perturbados por ésta y presentan dificultad al reencontrarse con su madre, subregulan afectos mostrando agitación, tensión, llanto pasivo, etc. La presencia de la madre o sus intentos de calmar al niño fracasan, y la ansiedad y rabia del infante parecen impedir que obtenga alivio con la proximidad de la madre.

4- Apego desorganizado: Un cuarto grupo de niños exhibe conductas aparentemente no dirigidas hacia un fin, dando la impresión de desorganización y desorientación (Main y Solomon, 1990). Los infantes manifiestan inmovilización, golpeteo con las manos, golpeteo con la cabeza, altos niveles de ansiedad, deseo de escapar de la situación aún en presencia de la madre. En estos casos, se encontró que las madres se ubicaban como fuente de reaseguro y de temor simultáneamente, activando intensas motivaciones conflictivas. No es de extrañar que una historia de severa desatención o de abuso sexual o físico esté asociada a menudo con este patrón (Cicchetti y Beeghly, 1987; Main y Hesse, 1990).

Resumiendo, los infantes seguros parecen vivenciar interacciones mejor coordinadas con sus padres que se muestran sensibles, raramente sobre-estimulantes y parecen más hábiles en reestabilizar las respuestas emocionales desorganizantes del niño. Por lo tanto, los niños logran permanecer relativamente organizados en situaciones de estrés. Las emociones negativas pueden ser comunicadas a los padres que les van dando un sentido ya sea verbalmente o respondiendo a sus demandas y de este modo las emociones negativas son sentidas como menos amenazantes (Grossman, Grossmann y Schwan, 1986; Sroufe, 1979, 1996).

El niño "seguro" puede adueñarse de su experiencia interna, y comprenderse a sí mismo y a los otros como seres intencionales cuya conducta está organizada por estados mentales, pensamientos, sentimientos, creencias y deseos (Fonagy et al., 1995a; Sroufe, 1990).

Se puede inferir que los niños con apego ansioso/evitativo han tenido experiencias en las cuales su activación emocional no fue reestabilizada por los padres o que fueron sobrestimulados por conductas parentales intrusivas; por lo tanto, sobrerregulan su afecto y evitan situaciones que pudieran ser perturbadoras. Los niños con apego ansioso-resistente subregulan afectos, incrementando su expresión de malestar posiblemente en un intento de despertar la respuesta esperada por parte de la madre. El bajo umbral para las condiciones amenazantes lleva al niño a buscar contacto con la madre, pero al mismo tiempo, a sentirse frustrado aun estando con ella (Sroufe, 1996).


Aportes de Daniel Stern
Daniel Stern es psiquiatra, psicoanalista e investigador de infantes, actualmente trabaja en Suiza. Muchos de sus desarrollos se produjeron a partir del trabajo conjunto entre psicoanalistas e investigadores de infantes. Stern plantea que el desarrollo no se da por cambios progresivos sino por saltos que describen procesos co-creados entre el infante y sus cuidadores. Estos saltos son oportunidades para cambios estructurales de consecuencias trascendentes.

La originalidad del trabajo de Stern es que partiendo de una orientación psicoanalítica construye sus teorías a partir de un enfoque evolutivo prospectivo no basado en la psicopatología. En este sentido, como clínico, diferencia entre las consultas por dificultades en el acompañamiento del desarrollo y en las interacciones niño-padres de cuadros psicopatológicos definidos.

Stern (1985) se ha interesado en la ampliación del estudio del vínculo temprano más allá de la teoría del apuntalamiento. Si bien en los primeros tres meses de vida el mantenimiento de la homeostasis se caracteriza por la regulación fisiológica del bebé, las investigaciones muestran que más frecuentemente la regulación se sostiene en el intercambio de conductas sociales que en la satisfacción de la necesidad instintiva.

Stern profundizó en el enfoque interpersonal. La exploración y actividad del bebé y sus estados emocionales se producen vía la estimulación del otro y son una creación mutua. La empatía de la madre para leer los mensajes no verbales del bebé y las respuestas de éste activan un diálogo interactivo que aporta a la regulación mutua.


Stern propone que los infantes tienen una vida subjetiva, aun desde los primerísimos momentos y ubica en el centro de su indagación al sentido de sí mismo, el cual entiende como un patrón constante de percatación, una experiencia subjetiva organizadora que partiendo de lo preverbal va adquiriendo sentidos más complejos hasta llegar a la autopercatación verbal.
Las experiencias interactivas son internalizadas como vivencias de “estar con” el otro significativo y se integran a la memoria episódica relacional, a través de la internalización de las experiencias de repetidas gratificaciones interpersonales con el cuidador primario quien tiene a su cargo la regulación afectiva del infante y la transformación de los estados emocionales negativos en positivos. Esto puede ocurrir con o sin conciencia de ello por parte del infante.
Stern encontró que los infantes poseen una capacidad general innata para tomar información recibida en una modalidad sensorial y traducirla a otra modalidad sensorial sin aprendizajes previos. Los infantes parecen experimentar un mundo de unidad perceptual en el que perciben cualidades amodales, representan abstractamente esas cualidades y después las trasponen a otras modalidades. El tipo de representaciones abstractas que el infante experimenta no son sensaciones visuales, táctiles o auditivas, ni objetos nombrables sino formas, intensidades y pautas temporales, cualidades más bien globales de la experiencia.
Stern llega a estas conclusiones a partir del resultado de investigaciones microanalíticas con bebés. Entre ellas, Meltzof y Borton (1979) vendaron por unos segundos los ojos a bebés de 3 semanas y les dieron a succionar uno de dos chupetes diferentes. Un grupo recibía un chupete con tetilla esférica y el otro un chupete cuya tetilla presentaba protuberancias en distintos puntos de su superficie. Luego de esta experiencia de succión, se colocaban ambos chupetes a ambos lados de cada uno de los bebés. Al quitarles la venda, los bebés dirigían su vista por un tiempo más prolongado al chupete que habían succionado. Esta observación cuestionaba, según los investigadores, las conclusiones de Piaget que planteaba la necesidad de construcción de esquemas específicos, heterogéneos que recién posteriormente y a partir de una experiencia reiterada podrían integrarse. Según el enfoque piagetiano el niño debía contar con un esquema visual, posteriormente un esquema háptico1 y luego estos dos esquemas debían intercomunicarse por asimilación recíproca de modo que resulte un esquema visual háptico coordinado. En el experimento descrito, el resultado obtenido no podía explicarse por asociacionismo ya que los bebés no habían tenido experiencia visual previa con los chupetes ofrecidos. Los investigadores concluyeron que esta transferencia de información háptico-visual se encuentra en las primeras semanas y va mejorando a medida que el bebé crece. Otros trabajos se hicieron presentando a los bebés sonidos del habla por vía visual y por via auditiva. Los infantes miraban por más tiempo los rostros cuyos labios coincidían con los sonidos que escuchaban que aquellos rostros que movían los labios en disonancia con los vocablos escuchados. Stern considera que los infantes están preconstituidos para realizar este tipo de equivalencias transmodales, y para forjar ciertas integraciones de su experiencia sensorial. Los infantes no necesitan tener experiencias repetidas para formar algunas de las piezas del sí mismo y del otro.
Para Stern, cada etapa es una oportunidad única de desarrollo, pero también lo es de cierre y autonomía. El desarrollo no implica sólo la ampliación de la recepción de estímulos, también implica, cierre y selección. El desarrollo implica capacidad de seleccionar estímulos metabolizables y evitar la inundación. Decir no a la oferta del ambiente es un indicio de autonomía.
Estos conocimientos respecto de las capacidades innatas de los bebés y de la discriminación perceptual temprana pueden corresponderse con el planteo freudiano del yo de realidad inicial, como marca objetiva de discriminación entre un interior y un exterior. Por otro lado la noción de cierre y autonomía, también postulada por las neurociencias puede corresponderse con el planteo freudiano de un yo como dispositivo que inhiba las grandes transferencias de cantidad de excitación. A partir de las experiencias con el objeto maternante, el Yo se va constituyendo como sistema de representaciones investidas libidinalmente, que retiene en esa trama representacional una cantidad de energía suficiente como para asegurar su eficacia y reprimir así la reproducción alucinatoria del objeto, logrando la discriminación (Calzetta, 2000).

Stern plantea que la capacidad de ir cerrándose y seleccionar estímulos tiene un progreso evolutivo cuyos indicadores de autorregulación y autonomía se van complejizando.

Si bien, los recién nacidos muestran sutiles pero precarios esbozos de autorregulación, a partir de los 4 meses puede observarse cómo los bebés utilizan la desviación de la mirada para expresar su deseo de cesar la interacción.

A los 7 meses ya expresan su deseo de autonomía con gestos claros de corte y vocalizaciones.

A los 14 meses ya adquirida la marcha el bebé muestra excitación y placer por huir del adulto. Disfruta el ejercicio de su nueva motricidad y se regocija alejándose del cuidador del cual, al mismo tiempo, se siente tan dependiente.

A los 2 años ya es el lenguaje el que manifiesta el deseo del niño de autovalerse y autosostenerse a sí mismo, “yo solito”.


Stern plantea que los infantes comienzan a experimentar desde el nacimiento un sentido del sí mismo emergente. Están preconstituidos para darse cuenta de los procesos de autoorganización, para ser selectivamente responsivos a los distintos acontecimientos de la vida cotidiana. Nunca hay total indiferenciación sí mismo-otro y entre los 2 y los 6 meses van consolidando un sentido de sí mismo nuclear como unidad separada tendiente a la cohesión, a un sentido de la propia agencia, logrando un sentido de sí mismo nuclear y de otro nuclear con continuidad en el tiempo y agente de sus propias acciones. Este logro evolutivo se basa en la incipiente posibilidad de memoria de la propia experiencia y en un aumento de las distinciones físicas y sensoriales entre el sí mismo y el otro.

De los 9 a los 18 meses el infante logra un sentido de sí mismo subjetivo a partir del cual se experimenta a sí mismo y al otro en términos de compartir y diferenciar intenciones. El infante descubre que tiene una mente y que otras personas también la tienen, dando una nueva perspectiva organizadora a su vida social en la cual se produce un dominio de relacionamiento intersubjetivo. En este estadio, el infante comienza a compartir estados afectivos. Stern desarrolló el concepto de “entonamiento afectivo” que caracteriza este estadio. El adulto no se limita a imitar o reflejar la tonalidad afectiva del bebé sino que se da un proceso de acompañamiento activo, como quien se suma a un coro para entonar. Este entonamiento comprende la lectura por parte del progenitor del estado afectivo del infante y pone en acción conductas que den cuenta de la correspondencia con el estado afectivo del infante. El infante lee la acción del progenitor como teniendo que ver con su propia experiencia emocional y recíprocamente. Muchas veces, la madre desentona deliberadamente para conseguir que el niño la siga, como “poniéndose a tono”, en una afinación compartida.

A partir de los 2 años se produce el sentido del sí mismo verbal. Si bien el relacionamiento verbal constituye una ampliación y enriquecimiento de la comunicación y la aspiración a la autopercatación, Stern advierte que este dominio solo recubre parcialmente las experiencias del dominio de relacionamiento emergente, nuclear y subjetivo. Estos dominios permanecerán en parte independientes del lenguaje y provocan una escisión en la experiencia del sí mismo. De esto se desprende que se producen dos líneas en el desarrollo: el lenguaje como nueva forma de relacionamiento y el lenguaje como un problema para la integración de la experiencia del sí mismo y la experiencia con el otro.
Stern, aun proviniendo del campo evolutivo, toma la perspectiva psicoanalítica respecto de la condición doble del lenguaje. El lenguaje brinda una ampliación del relacionamiento y una nueva forma de autopercatación e integración que expande la experiencia interpersonal, pero al mismo tiempo introduce el desfasaje entre dos formas simultáneas de experiencia interpersonal: la vivida y la representada. El lenguaje por su relación con lo inconciente inaugura también el equívoco y el desencuentro.


Reflexiones finales
La perspectiva evolutiva permite construir patrones interactivos y conductuales capaces de cierta generalización, cuya finalidad es la detección temprana de indicios de malestar y obstrucciones en el desarrollo de los niños y en las interacciones entre padres e hijos. Estos aportes brindan la oportunidad de realizar acciones preventivas que podrán colaborar para disminuir la potencialidad psicopatológica que el malestar en los vínculos tempranos conlleva.

Sin embargo, si bien los conocimientos evolutivos acerca de los significados de los mensajes preverbales que el infante emite y sus efectos pueden ser una herramienta muy potente para la clínica en la primera infancia, ésta está inevitablemente superpuesta a los efectos de discurso y los fantasmas inconcientes parentales inscriptos que sólo podrán ser resignificados a posteriori.



Bibliografía
Bowlby, J. (1969). Attachment and loss. Vol 1: Attachment. London: Hogarth Press and the Institute of Psycho-analysis.

Brazelton, T.B. (1975). Parent–infant interaction. Ciba Foundation Symposium, 33 Amsterdam: Associated Scientific Publishers.

Brazelton, T.B, Cramer B. (1993). La relación más temprana. Buenos Aires: Paidós.

Calzetta, J.J. (2000). Algunas puntualizaciones sobre los momentos iniciales en la constitución del aparato psíquico. Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires: Departamento de Publicaciones

Campbell, B.K. (1977). An assessment of mother-infant interaction and the subsequent development of the infant in the first two years of life. Dissertations Abstract International.

Diccionario Latino-Español Spes (1960). Barcelona: Publicaciones y ediciones Spes.

Fajardo, B. (1993), The relevance of infant research to Psychoanalysis International Journal of Psychoanalysis 74, 975.

Ferrater Mora, J. Diccionario de Filosofía. Editorial Ariel, Barcelona, 1994.

Fonagy P. Persistencias transgeneracionales del apego: una nueva teoría.Aperturas Psicoanalíticas. Noviembre 1999 .

Fonagy, P., Gergely, G., Jurist, E.,Target, M. (2002). Affect Regulation, Mentalization: Developmental, Clinical and Theoretical Perspecties. New York:Other Press.

Fonagy, P. y Target, M. Psychoanalytic Theories. Perspectives from Developmental Psychopathology. Whurr Publishers. London and Philadelphia.

Freud, S. Obras completas. Amorrortu, Buenos Aires

(1895) Proyecto de una psicología para neurólogos, en AE vol. 1.

(1905) Tres ensayos para una teoría sexual. En AE vol.7.

(1909) Análisis de la fobia de un niño de 5 años.

(1912) Totem y Tabú. AE vol 13.

(1914) Introducción del narcisismo. En AE, vol 14

(1915) Pulsiones y destinos de pulsión

(1917) Duelo y melancolía en AE vol 16

(1925) La negación, AE, vol 19

(1926) Inhibición, síntoma y angustia, vol 20

(1930) El malestar en la cultura AE, vol 21

(1939) Moisés y la religión monoteísta. AE vol 23

García, R. (2000). El conocimiento en construcción. Barcelona: Gedisa.

Gergely, (1995). The role of parental mirrorong of affects in early psychic structuration. Paper presented at the fifth Conference of Psychoanalytic Research. London.

Gianino AF, y Tronick EZ (1988). The mutual regulation model: the infant self and interactive regulation and coping and defensive capacities. In TM Field, PM McCabe, N. Schneiderman (eds) Stress and Coping Across Development. Hillsdale, NJ: Erlbaum.ed.

Green, A. (1980). La madre muerta en Narcisismo de vida, narcisismo de muerte. Buenos Aires: Amorrortu.

Green, A. (1993). Desconocimiento del inconsciente (Ciencia y psicoanálisis) En el inconsciente y la Ciencia. Amorrortu.

Izard, C.E., Dougherty, L. (1980). A system for identifying affect and expressions by holistic judgments (AFFEX). Newark: University of Delaware, Instructional Resources Center.

Jallinsky, S. y otros (2001-2002). Capítulo "Complejidad". Asociación Psicoanalítica Argentina.

Lebovici, S., (1988). El lactante, su madre y el psicoanalista. Las interacciones precoces. Buenos Aires: Amorrortu.

Lebovici, S. Y Weil-Halpern F. (1989). Psychopathilogie du Bebé. Paris: Presses universitaires de France.

Levinger (1984). Infant irritability and consolability and their relationship to mother’s perception of her baby and reciprocity in the mother-infant interaction. Ramat Gan, Israel: Bar Ilan University Publication.

Mahler, M y otros

Morin, E (2001). Introducción al pensamiento complejo. Gedisa.

Schejtman, C. (1984). The relationship between maternal self acceptance, identification with own mother, and unconscious attitudes towards mothering to mother - infant interaction. Ramat Gan, Israel: Department of Psychology, Bar Ilan University Publication.

Schejtman, C. (1998). Interacción madre-bebé: incidencia de la variable materna. Buenos Aires: Editorial de Belgrano, Universidad de Belgrano.

Schejtman, C., Silver, R., Umansky, E., Lapidus, A., Mindez, S. (2003). Estudio de la autorregulación del infante y regulación de la díada a través de la observación de la Expresividad emocional. Publicado en Memorias de las X jornadas de investigación Salud, educación, justicia y trabajo. Aportes de la investigación en Psicología, Tomo III.

Schejtman, C., Leonardelli, E. Vardy, I., Huerín, V. (2003) Aportes de una metodología de evaluación cuantitativa al estudio de la interacción temprana madre-bebé. Memorias de las X jornadas de investigación Salud, educación, justicia y trabajo. Aportes de la investigación en Psicología, Tomo III.

Schejtman, C. (2006) Regulación afectiva diádica madre-bebé y autorregulación del Infante en la estructuración psíquica temprana. Anuario XIII Facultad de Psicología, UBA.

Spitz, R. (1965). The first year of life. New York International Univesity Press.

Spitz, R. (1951). The psychogenic diseases in infancy: an attempt at their etiologic classification. The psychoanlytic study of the child. 6.1951.

Stern, D. (1990). El mundo interpersonal del infante. Buenos Aires: Paidos.

Stern, D. (1978). La primera relación madre-hijo. Madrid: Ed. Morata.

Stern, D., et al. (1998). Non interpretative mechanism in psychoanalytic Therapy. Int. J. Psycho-Anal, 70,903.

Threvarten, C. (1980). The foundations of intersubjectivity: Development of interpersonal and cooperative understanding in infants. In D.R. Olson (Ed.): The social foundations of language and thought. Essays in Honor of Jerome Bruner. N,Y, Norton.

Tronick, E.Z. (1989). Emotions and emotional communication in infants. American Psychologist, 44, 112-119.

Tronick, E.Z., Weinberg, K. (1999). Gender differences and their relation to maternal depression. Stress, Coping and Depression. Johnson et al Editors.Lawrence Erlbaum Associates Publishers. New Jersey. London.

Weinberg, K., Tronick, E.Z. (1996) Infant affective reactions to the resumption of maternal interaction after the Still-face. Child development, 67.

Weinberg, K., Tronick, E.Z., E. Cohn, J., Olson, K. (1999). Gender differences in emotional expressivity and self regulation during early infancy. Developmental Psychology, Vol. 35.

Winnicott, D. (1971). Realidad y juego. Gedisa.

Winnicott, D. (1991). Exploraciones Psicoanalíticas I. Buenos Aires: Paidos.



Winnicott, D. (1965). Los procesos de maduración y el ambiente facilitador. Buenos Aires: Paidos.


1 "El sistema háptico (tacto activo) es un sistema perceptivo complejo, encargado de aprehender y codificar la estimulación que llega a los receptores cutáneos y cinestésicos (Loomis y Lederman 1986). Por percepción háptica se entiende la combinación de la información adquirida a través de la piel que recubre el cuerpo humano, y la información obtenida a través del movimiento, o sentido cinestésico". "Se trata de un sistema perceptivo complejo que incorpora y combina información a partir de distintos subsistemas táctiles, como el sistema cutáneo (percepción de la presión y de la vibración), el sistema térmico y el subsistema del dolor. Además el sistema háptico incluye también el sistema cinestésico que procesa información sobre la posición y el movimiento a partir de los receptores existentes en articulaciones, músculos y tendones".

/


La base de datos está protegida por derechos de autor ©espanito.com 2016
enviar mensaje