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Título: Modernismo decorativo: tema y variaciones. Arquitectura pública y artes decorativas en Argentina y sus vinculaciones con otras experiencias internacionales (1925-1945).

Autora: Cecilia Durán

Dirección correo electrónico: durancecilia@gmail.com

Formación de grado y/o posgrado en curso: Arquitecta (UBA)

Posgrado en curso: Maestría en Historia y Cultura de la Arquitectura y la Ciudad (UTDT)

Posgrado en curso: Doctorado con mención en Ciencias Sociales (UNQ)

Tipo de beca: Doctoral CONICET

Tema de la tesis en preparación: Jorge Sabaté: arquitectura moderna, política y espacio público. Una biografía artística e intelectual.

Director de la beca: Dra. Anahí Ballent

Denominación del programa o proyecto en el marco del cual se inscribe la beca y director del mismo: Proyecto: Obras públicas, política y cultura. Directora: Dra. Anahí Ballent.

Unidad de investigación y director del mismo: Instituto de Estudios sobre la Ciencia y la Tecnología (IESCT). Director: Hernán Thomas.
Algunas consideraciones preliminares
Esta ponencia se inscribe en el marco de un trabajo de investigación acerca de la emergencia de un sector de la arquitectura pública en Argentina (1925-1945) que incorporó obras de arte decorativo a los encargos oficiales de edificios públicos como parte de una propuesta disciplinar, pero también como parte de un proyecto político-cultural más amplio. Se trató de una corriente de renovación modernista, promovida por un grupo heterogéneo de actores (arquitectos, artistas, gobernantes, funcionarios estatales) e instituciones, que se propusieron como programa la mancomunión de las artes con el objetivo de comunicar contenidos y valores simbólicos a través de las obras públicas. Consideramos que el estudio de esta tendencia permite, en primer lugar, contribuir al estudio del período de emergencia y consolidación de la arquitectura moderna en nuestro país, y al mismo tiempo, seguir ahondando sobre las relaciones entre arquitectura y Estado en esos mismos años.

En esta oportunidad, nos vamos a concentrar en los vínculos entre esta tendencia tal como se produjo en la Argentina y otras experiencias contemporáneas de similares características que se produjeron en países como Francia, Alemania, Italia, la U.R.S.S. y los Estados Unidos, por nombrar algunos ejemplos. El enfoque del trabajo se encuentra atravesado por el problema de la circulación de conocimientos, imágenes y estéticas. Si bien, por un lado, buscamos destacar que esta arquitectura formó parte de un escenario internacional en el cual circularon una serie de ideas estéticas y políticas afines a distintas experiencias nacionales; por otro lado, intentaremos precisar con mayor exactitud cuáles fueron los contactos entre los actores locales y las prácticas y las teorías de sus pares extranjeros para así determinar cuáles de esas experiencias fueron recepcionadas y reelaboradas con mayor éxito en el ámbito local.

Antes de continuar, es importante aclarar que la investigación se basa en el análisis de esta vertiente decorativa de la arquitectura pública a partir de un estudio de la prensa especializada del período. Más específicamente, el proyecto se concentra en la Revista de Arquitectura, publicación que funcionó como órgano corporativo de los profesionales nucleados en torno a la Sociedad Central de Arquitectos (en adelante, S.C.A.)1. La elección de este material como fuente principal del trabajo nos permite aproximarnos por un lado, a una dimensión disciplinar de la arquitectura que da cuenta de los debates estéticos, técnicos y culturales de la época, y por otro lado, a una dimensión profesional que hace visibles los avatares del ejercicio de la arquitectura como profesión liberal y las condiciones de inserción de la institución en el conjunto más amplio de la sociedad.

Respecto del tema que aquí nos convoca, el de la circulación de ideas, imágenes y estéticas, la relación entre la arquitectura y los medios de comunicación de masas se convierte en una cuestión central2. La historiografía reciente ha demostrado la importancia de volver sobre las revistas de arquitectura por su indiscutible participación en la construcción y difusión de ideas, valores e imágenes que contribuyeron a hacer moderna la arquitectura3. Las publicaciones periódicas funcionaron como uno de los principales vehículos a través de los cuales se transmitía e intercambiaba información (de obras, de proyectos, de arquitectos, de cuestiones artísticas, técnicas y profesionales comunes), construyendo en ese acto una mirada específica sobre la cultura arquitectónica internacional, atravesada inevitablemente por las problemáticas locales.

A través de un estudio sistemático de las fuentes, buscamos analizar los procesos de selección, valorización y también de omisión de las distintas tendencias modernistas operantes realizada por el grupo de arquitectos nucleados en torno a la S.C.A., con el objetivo de complejizar nuestra mirada acerca de las relaciones de intercambio cultural entre “centros” y “periferias”. En esta línea, reconocemos la relevancia de trabajos señeros como los de Liernur (1986, 1993, 2008), Liernur y Pschepiurca (1987, 2008), Gorelik y Liernur (1993), Gorelik (1994) y Ballent (1995), quienes desde el campo de la historia de la arquitectura -y en línea con investigaciones provenientes de la historia cultural sobre la circulación de ideas en la Modernidad4- se propusieron reemplazar la noción de “influencia”, caracterizada como “una visión simplista de una vía de mano única entre un modelo central y su aplicación periférica” (Gorelik, 1994), por la idea de un “complejo cruce de miradas, de referencias e influencias mutuas” (Ballent, 1995: 7) propia del concepto de intercambio.
Introducción: “Pinta el universo y verás tu aldea”5
Adrián Gorelik (1994) ha señalado que durante los años 1930 existió un “territorio común” de intereses y objetivos compartidos por la arquitectura como “institución” y el Estado como “agente estructural de la modernización”, a partir del cual ambos se construyeron mutuamente. Es sabido que a raíz de la crisis económica y política que se abre con el decenio, las obras públicas se tornaron piezas clave en el marco de las políticas puestas en marcha por los distintos gobiernos para superar las dificultades y construir legitimidad política. Partiendo de esta base, consideramos que la tendencia de arquitectura pública decorada que nos proponemos caracterizar funcionó como una de las respuestas culturales posibles que elaboró un determinado grupo de arquitectos en conjunto con una serie de artistas. La solución propuesta debía hacerle frente a una doble demanda del Estado que exigía, por un lado, modernizarse a través de la descentralización de sus dependencias y el despliegue territorial de sus infraestructuras, y simultáneamente requería de la construcción de estrategias de representación del accionar estatal que apelaran a imaginarios sobre “la idea de nación”, la historia argentina y determinados valores de la sociedad tradicional que tanto artistas como funcionarios se proponían fomentar.

En esta ponencia intentaremos contestar algunas de las siguientes preguntas: ¿Cómo se relaciona la emergencia de esta declinación particular de la edilicia pública con la consolidación de la arquitectura moderna en nuestro país? ¿Qué nos dicen las fuentes acerca de los intercambios culturales entre esta tendencia tal como se produjo en el ámbito local y otras de características similares que se desarrollaron en otros países? ¿Qué puede decirnos la Revista de Arquitectura acerca de la mirada que los arquitectos de la S.C.A. estaban construyendo sobre la modernización arquitectónica si analizamos las operaciones de selección y valoración de referencias extranjeras que allí se pusieron en juego?

Como veremos a continuación, esta mirada que intentamos reconstruir no se mantuvo estática. A lo largo de los veinte años en los que transcurre nuestro período, los intereses fueron mutando en función de estímulos diversos, a veces originados en el interior de la arquitectura como disciplina, otras como resultado de las interacciones generadas por el ejercicio de la profesión en el marco de una coyuntura social, cultural, política y económica más amplia. A pesar de esto, creemos posible reconocer ciertas continuidades que atraviesan los distintos momentos de la publicación. Entre ellas, identificamos dos líneas principales que nos interesa destacar por su relación con nuestro objeto de estudio. La primera es una línea de selección de referencias que valora especialmente aquellas variantes modernistas que tomaron distancia de la idea de un “estilo internacional”, para defender, en cambio, la creación de “estilos propios”, capaces de reflejar las características de la “identidad” de cada nación, patria o raza, según el caso. La segunda se configura en base a la observación de distintas experiencias internacionales, donde la arquitectura se encontraba trabajando al servicio del Estado. Durante el período de entreguerras, se produce un auge de las obras públicas, encaradas simultáneamente por distintos gobiernos intervencionistas representantes de las más diversas ideologías políticas. Por aquellos años convivieron experiencias tan diversas como el fascismo italiano, el nacional-socialismo alemán, el stalinismo ruso y el New Deal norteamericano, sólo por nombrar algunos. Intentaremos precisar cuáles de aquellas variantes fueron recuperadas por la revista, y cuáles omitidas a la hora de configurar su propio mapa de referencias.

En definitiva, se tratará de analizar no sólo en qué medida ese abanico de referencias nos indica el desarrollo de un proceso de selección activo en el marco de un contexto internacional plural y heterogéneo, sino también de qué manera esa edición de referencias acerca de los problemas y las soluciones elaboradas por “los otros” funcionaba también como un modo de seguir reflexionando, tácitamente, sobre cuestiones locales.


Los Congresos Panamericanos de Arquitectos: entre el regionalismo y el internacionalismo de la arquitectura contemporánea
Cuando revisamos las revistas en busca de contactos con otras experiencias internacionales, entre los primeros intercambios que aparecen como relevantes, sobre todo durante la década del 1920, aparecen los Congresos Panamericanos de Arquitectos. La idea de celebrar estos encuentros organizados por la Unión Panamericana data del año 1916, pero el primero se realizaría en Montevideo cuatro años más tarde, en 1920. Los congresos se realizaron con regularidad durante toda la década, reuniendo a profesionales de distintos países de todo el continente. La participación se realizaba a través de delegaciones oficiales que eran designadas por las asociaciones gremiales de arquitectos de cada país. En el caso argentino, la Sociedad Central de Arquitectos era la encargada de seleccionar a los participantes y además estuvo a cargo de la organización del Tercer Congreso Panamericano realizado en Buenos Aires en 1927.

El evento funcionaba como un espacio de discusión acerca de los problemas comunes que afectaban a los profesionales de la región, y al mismo tiempo como una instancia de sociabilidad. Además de las sesiones de debate sobre los temas prefijados, se realizaba una gran exposición de las obras de profesionales y estudiantes seleccionados por país, así como una serie de eventos de camaradería destinados a estrechar los lazos entre los colegas panamericanos. Los temarios eran amplios y versaban sobre un abanico de asuntos que iban desde las luchas gremiales comunes, como la pelea por la reglamentación profesional de las actividades del arquitecto, que en la mayoría de los casos aún no había sido sancionada, hasta cuestiones teóricas, estéticas y hasta incluso filosóficas acerca de “la identidad americana” y de cómo esta podía manifestarse a través de la Arquitectura.

Si bien cuestiones como “la definición del arquitecto en América y sus actividades” o “la orientación espiritual de la Arquitectura en América” ya habían formado parte del temario debatido en las sesiones plenarias de 1927, es en el IV Congreso realizado en Rio de Janeiro en 1930 que se plantea por primera vez la conflictiva relación entre “regionalismo e internacionalismo en la arquitectura contemporánea”6. Entre las conclusiones sancionadas por los arquitectos en aquella oportunidad se establecía:
a) Que se indique a los Poderes Públicos la necesidad de crear una Cátedra de Arte Decorativa de Arquitectura, especialmente destinada al aprovechamiento y estilización de los elementos de la flora y la fauna nacionales, de manera que éstas puedan concurrir a la individualización de las expresiones arquitectónicas.

b) Indicar a los Poderes Públicos la necesidad de fomentar el estudio y la aplicación de la Arquitectura de carácter nacional, de modo que sea capaz de cumplir su finalidad social moderna.

c) Que la Arquitectura de los edificios escolares, sea inspirada en un sentido de tradición regional, con el objeto de despertar en el espíritu de los niños, el sentimiento de la propia nacionalidad.

d) Que se formule un voto para que sea creada en los cursos de Arquitectura, una cátedra especial para el estudio del arte nacional, la que tendrá por fin coordinar las tendencias y la evolución del arte en cada país.

e) Que no existe incompatibilidad entre el regionalismo y el tradicionalismo con el espíritu moderno, ya que es posible obtener una expresión plástica nacional dentro de las normas y prácticas de común orientación que los programas y los materiales imponen. (S/A, RA 117, septiembre 1930: 543)
En base a la cita podemos extraer varios elementos a considerar. Por un lado, la necesidad por parte de los arquitectos participantes de definir la existencia de un “arte nacional” que permitiera reflejar las características regionales recuperando elementos de la tradición y de la naturaleza propios de cada país. Por otro lado, el rol activo asignado a los “Poderes Públicos”, es decir, al Estado, en la gestación de ese “arte nacional” a través de creación de instituciones educativas para su difusión y su enseñanza, y también a través su “aplicación” en la edilicia pública. Finalmente, otro punto a tener en cuenta es que esta individualización regionalista no se presenta como incompatible con la arquitectura moderna. En este sentido, el “Arte Decorativo de Arquitectura” es señalado como el vehículo a través del cual habría de producirse esa “caracterización nacional”.

La cuestión del “estilo propio” de los americanos también interesaba a los arquitectos de Estados Unidos que participaron activamente de los Congresos Panamericanos y cuyos referentes tuvieron además una participación destacada en el Concurso del Faro a Colón7. En ocasión de la visita del arquitecto Albert Kelsey a la Argentina, luego de su paso por el Brasil donde había participado del jurado de premiación del concurso, los arquitectos de la S.C.A. recibieron con honores al colega norteamericano y además publicaron en la revista un texto de su autoría titulado “La función social del arquitecto”. Allí, Kelsey se pronunciaba en contra de la copia de los estilos europeos, fundamentalmente de las enseñanzas de la Escuela de Bellas Artes francesa, por considerarla como una “arquitectura extranjera impuesta a pueblos benévolos”. En consecuencia, planteaba que una de las funciones sociales del arquitecto consistía en “liberarse del yugo extranjero”. Para ello, consideraba que la vuelta al pasado colonial resultaría el mejor antídoto:


El espíritu y la imaginación del arquitecto deberían ser libres. Y solían ser libres en la Argentina en la época colonial. Unos monjes sinceros que no tenían publicaciones francesas, italianas o norteamericanas para confundirlos y que no tenían que luchar y competir para ganarse la vida, ni tampoco tenían que copiar ni seguir servilmente un sistema, erigieron algunos conventos y reducciones que poseen todavía un delicioso encanto y carácter propio al país en donde todavía permanecen. (RA 132, diciembre 1931: 602)
El norteamericano aconsejaba a sus colegas de América Latina desde una posición un tanto ambigua. Por un lado, presentándose como un par, aunque un poco más adelantado cuando dice: “Nosotros en Norte América hemos pasado por esta misma fase incierta y servil, pero al fin empezamos a valernos por nuestros propios medios, lo mismo que lo están haciendo Vds.” Pero por otro lado, a la hora de nombrar los principales referentes internacionales para América del Sur, la ciudad de Nueva York es equiparada a la ciudad de París y a la Roma Moderna. La condición de paridad es, cuanto menos, confusa.

Sin embargo, la encendida defensa de Kelsey de la arquitectura colonial como el verdadero “estilo propio” que debían abrazar los latinoamericanos, se contrapone al resultado final del concurso para el Faro a Colón, que consagró como ganador al arquitecto inglés Joseph Gleave con un proyecto que combinó la forma de una gran cruz de escala monumental, con la imagen de las pirámides escalonadas prehispánicas, articulando ambas a través de un lenguaje de líneas rectas depuradas muy cercano en su estética al estilo Art Decó: un verdadero experimento del sincretismo moderno al servicio de la representación simbólica.


Corresponsales alemanes: la arquitectura de Fritz Höger y la “esencia de la raza”
Tal como acabamos de comprobar, el problema del “estilo nacional” no fue patrimonio único de los países latinoamericanos en busca de una identidad. Frente a los procesos de abstracción, depuración y homogeneización de las formas que estaba atravesando la arquitectura en la renovación de su lenguaje estético como consecuencia de su inserción en un sistema de producción industrial cada vez menos artesanal y más estandarizado, una de los principales efectos observados por los críticos y por los propios arquitectos fue el internacionalismo del estilo. Es decir, frente a similares demandas y “modos de vivir” compartidos por habitantes de las más lejanas metrópolis, la arquitectura estandarizaba sus códigos. Esta característica fue celebrada por los modernistas más radicales, seducidos por la idea de hacer tabula rasa para erradicar los vínculos con las leyes clásicas del arte y la composición, pero también fue denostada por aquellos que reivindicaban la continuidad con la tradición y la caracterización de lo regional como un valor en arquitectura.

Paralelamente, si en la revista de los comienzos de los años 1920 sólo era posible encontrar distintas variantes de la arquitectura ecléctica o manifestaciones del llamado “estilo neocolonial”, a partir del segundo lustro comienzan a aparecer de manera esporádica algunas nuevas expresiones de la arquitectura moderna internacional. Por ejemplo, en el año 1928 aparece por primera vez la “Arquitectura Moderna Alemana” de la mano de la figura de un “socio corresponsal de la S.C.A. en Hamburgo”, el arquitecto Fritz Höger. Su colaboración se compone de una serie de fotografías y planos de sus propias obras en la ciudad portuaria alemana, acompañadas de un texto también de su autoría acerca del estado de la arquitectura en su país. Este personaje vinculado a las tendencias de renovación expresionistas fue introducido por la revista como un “artista de vanguardia” y como “uno de los más grandes propulsores de las nuevas orientaciones arquitectónicas que se destacan en el ambiente artístico mundial” (S/A, RA 87, marzo 1928: 113). Sin embargo, sabemos que la vanguardia más radicalizada en Alemania durante aquellos años no se estaba desarrollando en Hamburgo sino en Dessau, más precisamente en la Bauhaus, una escuela de arte, diseño y arquitectura fundada por el arquitecto Walter Gropius en 1919. Pero aún habría que esperar unos años más para encontrar las obras de Gropius y sus colaboradores en las páginas de la Revista de Arquitectura.

Mientras tanto, Höger presentaba las bases de su argumento, que en algunos aspectos se tocaba con la polémica en torno al tandem regionalismo/internacionalismo señalada en el punto anterior. Si bien el arquitecto alemán reconocía que la base de los programas constructivos, es decir, las utilidades prácticas para las cuales se edificaban las obras, eran en gran medida idénticas en todo el mundo (internacionales), por otro lado consideraba un equívoco concluir que por esa razón habría de llegarse a un estilo mundial. En cambio, afirmaba que factores como “las condiciones locales”, “la esencia de cada raza” y también la “influencia personal” del arquitecto8 eran los factores que permitían alcanzar un “estilo nacional”. En esta línea, reivindicaba la calidad del “oficio manual, animado con gran cariño a la patria”, al tiempo que denostaba la mezquindad y las excesivas simplificaciones de algunas tendencias defensoras de “lo elemental primitivo”, definiéndolas como “caprichos de la moda (…) que nunca conducen a la formación de un estilo” (RA 88, abril 1928: 159). Höger realiza una crítica lapidaria de los arquitectos afectados por “la manía de lo sencillo”, y aquí sospechamos que se está refiriendo justamente a sus colegas de la escuela de Dessau. En su texto afirmaba que:
Nunca, hasta ahora, ha demostrado el pueblo tanto interés para construir y para la arquitectura y nunca tampoco tanta comprensión por las nuevas formas, pues éstas nacen del pueblo y de la realidad.

Aclarar quiere decir simplificar, volver a los hechos, volver a lo elemental; pero esto es fácilmente muy mal interpretado por los ignorantes y en especial por los imitadores, resultando así un exceso de lo sencillo, hasta cierto punto una manía de lo sencillo. Esta se vuelve hueca, falta de carácter y de vida en contra de la real grandeza (…) Llégase por este camino a la intolerable y horrible monotonía y al desagradable amaneramiento. (…) Deducirá Vd., por mis trabajos, que no sigo el peldaño de la mezquindad sino que tomo el peldaño al cual arribarán mis colegas de este país dentro de unos años.


A diferencia de los muros blancos que caracterizaban el “estilo internacional”, su versión del “estilo nacional” germánico se destacaba por un trabajo artesanal sumamente refinado en la utilización del ladrillo, material que el arquitecto consideraba representativo de la tierra de su patria. Por otro lado, incorporaba la utilización de decoraciones, fundamentalmente piezas escultóricas, que le permitían “dar a la estructura arquitectónica una gracia de detalle” ausente en las formas excesivamente despojadas de sus compatriotas.

Si bien las colaboraciones de este arquitecto alemán con la revista continúan hasta el año 1933 inclusive, a partir de la década de 1930 advertimos que a las imágenes de las arquitecturas “nacionalistas” y decoradas de Höger se van sumando paulatinamente otras referencias, algunas en la línea del expresionismo, como las de Hans Poelzig9, Paul Bonatz10, Erich Mendelsohn11 y Hans Herkommer12, y otras ya francamente asociadas a las vertientes del llamado “estilo internacional”, como las de Ludwig Mies van der Rohe13 y el propio Gropius14. Esta apertura de la revista a las nuevas propuestas alemanas no sucede como un hecho aislado, sino que coincide con un momento en que la publicación comienza a mostrar la producción internacional modernista en un amplio abanico de tendencias entre las cuales también se encontraba la obra del célebre arquitecto suizo-francés Le Corbusier15.

Esta cuestión la atribuimos por un lado la consolidación de los modernismos arquitectónicos por sobre las propuestas de corte eclecticista durante los años 1930, pero también al efecto que causó en la Revista de Arquitectura el lanzamiento de una nueva publicación especializada en agosto de 1929: la revista Nuestra Arquitectura. Este suceso, junto con otros factores, puede haber sido uno de los indicadores que condujeron a la publicación de la S.C.A. a emprender un proceso de “aggiornamiento”. La voluntad de renovación se hace visible –en el sentido más literal de la palabra- en los cambios que la revista va incorporando en materia de diseño gráfico, que la conducen hacia una imagen más depurada y moderna, emparentándose con Nuestra Arquitectura hasta en las tipografías utilizadas. Pero además, el nuevo rumbo quedaría asentado en el primer editorial del flamante Comité de Redacción que asumía sus tareas en octubre de 193116. Allí los arquitectos declaraban sus “propósitos”: “Es necesario ponerse a tono con la época, participar del dinamismo universal actual, porque en los tiempos que corren, permanecer estacionario es retrogradar.”

A raíz de esto, veremos que la polémica entre regionalismo/nacionalismo e internacionalismo por momentos se diluye en este renovado y nutrido abanico de referencias internacionales que muestra la revista durante el primer lustro de la década del 1930. En cambio, cobrarán más relevancia las alianzas entre arquitectura y Estado que comienzan a observarse más detenidamente durante estos años. Sin embargo, el antagonismo volverá a principios de 1940, cuando las críticas al “funcionalismo ortodoxo” comienzan a surgir a partir del desencantamiento con el progreso técnico que produjo la guerra.


Saberes de Estado: la arquitectura moderna como representación
El auge de la obra pública resultante de la alianza entre Arquitectura y Estado tal como se dio en nuestro país durante el período de entreguerras no se trató de un fenómeno aislado de su contexto internacional. Muy por el contrario, el intervencionismo estatal en materia edilicia se manifestó en varios países, sin que esto implicara una coincidencia en términos de ideologías políticas. En Europa, este tipo de arquitectura pública se produjo con mayor trascendencia en Italia, Alemania, Francia y la U.R.S.S. En el continente americano, alcanzó gran notoriedad en México, Brasil y Estados Unidos. Las revistas en este caso resultan fuentes privilegiadas que nos permiten medir cuál fue el grado de difusión con el cual contaron las distintas vertientes de arquitectura pública de tan diversas experiencias.

Entre las experiencias más destacadas en la revista, por la cantidad de información que circuló sobre ella y por la relevancia que le dieron los arquitectos y funcionarios políticos cercanos a la S.C.A., se encuentra sin dudas la del fascismo italiano. El caso entró a la publicación por diferentes vías. Por un lado, reconocemos, siguiendo a Ballent y Crispiani (1995), la puesta en marcha de una campaña de propaganda y difusión de la arquitectura fascista italiana en Latinoamérica que fue auspiciada por el propio régimen de Mussolini. En este contexto, tuvieron lugar una serie de visitas y eventos que permitieron conocer tanto las obras como las ideas de los principales exponentes de la arquitectura italiana construida para el Estado. Por otro lado, a partir de los años 1930, comienzan los viajes de egresados de arquitectos argentinos a Europa. Las conexiones culturales y su gran tradición artística hicieron de Italia uno de los destinos obligados de estos viajes oficiales, en cuya organización intervenían no sólo los alumnos y la Universidad de Buenos Aires, sino que también involucraba a las autoridades del gobierno argentino y de las embajadas de los países anfitriones. Las crónicas de viaje y las imágenes fotográficas tomadas por los arquitectos argentinos también eran objeto de publicación para la Revista de Arquitectura17.

Respecto de la difusión encarada por el propio gobierno italiano, debemos mencionar que las actividades realizadas en Argentina eran organizadas por el Instituto de Cultura Itálica, que funcionaba en el país desde 1924 trayendo arquitectos y artistas, pero también profesionales e intelectuales provenientes de otras disciplinas18. La primera de las actividades más destacadas de la serie consistió en la realización de la muestra “Arquitectura italiana de hoy” realizada en los salones de la Dirección Nacional de Bellas Artes en diciembre de 193319. La exposición estuvo a cargo del crítico de arquitectura y director de la Galería de Roma, Pietro María Bardi. La secuencia se completó con la muestra de “Arte escénico italiano” organizada por Anton Giulio Bragaglia y la visita del arquitecto Alberto Sartoris, ambas en 1935.

Ballent y Crispiani han rescatado especialmente la muestra organizada por Bardi por lo que su realización significó en ese momento específico de la cultura arquitectónica local. Los autores señalan que el año 1933 la arquitectura moderna comienza a imponerse y difundirse en la Argentina no sólo a través de los personajes de una elite disciplinar en parte vinculada al grupo de vanguardia de la revista Martín Fierro, sino que además se incorporan a la escena personajes de “segunda línea” que contribuyen a consolidar la corriente de la nueva arquitectura moderna (1995: 56-57). Efectivamente, el año 1933 fue un año de exposición para los arquitectos argentinos: con diferencia de unos pocos meses se realizaron sendos salones, uno fue el Primer Salón Nacional de Arquitectura, realizado -al igual que la muestra italiana- en el local de la Dirección Nacional de Bellas Artes, mientras que el segundo fue el Primer Salón de Arquitectura Contemporánea que tuvo lugar en el local de Amigos del Arte.

Cada uno de estos salones representaba a un grupo específico de la escena arquitectónica local: el primero era un evento organizado por la Sociedad Central de Arquitectos bajo el auspicio de la Dirección de Bellas Artes, la idea surge como fruto del acercamiento entre el gremio de los arquitectos y los funcionarios estatales, que comienza a desarrollarse a principios de la década.20 La inauguración contó con la presencia de altos funcionarios del gobierno, incluidos el propio Presidente de la República, el General Agustín P. Justo y el Ministro de Obras Públicas, Dr. Alvarado. El evento fue publicado por la Revista de Arquitectura, presentando fotografías sociales en las que pueden identificarse los visitantes ilustres, un resumen de los discursos pronunciados en la inauguración y una imagen del afiche con el cual se publicitó el salón. Se destacan por su ausencia las imágenes de las obras expuestas en aquella oportunidad, de la que sólo puede adivinarse el dibujo –o la fotografía, no llega a distinguirse- de una fachada en el último plano de una de las imágenes sociales del evento.

En cambio el segundo Salón, contó con la participación de los arquitectos más modernos de la escena local. Entre las principales figuras expositoras estaban Alberto Prebisch, Ernesto Vautier, Alejo Martínez (hijo), González Pondal y Sacriste, Ocampo y Rodríguez Remy. El evento fue publicado por la revista Nuestra Arquitectura que, a diferencia de lo comentado respecto del caso anterior, presentaba gran cantidad de material gráfico (planos, croquis, perspectivas, fotografías de maquetas) sobre las obras expuestas.

Finalmente, la muestra de la arquitectura italiana parece quedar encabalgada entre ambos salones. Si bien, por un lado, las obras que se exhibían pertenecían a la línea modernista del arte fascista impulsado por Bardi21 y además, tal como lo señalan Ballent y Crispiani, buena parte de ellas habían compartido los salones de exhibición de la V Trienal de Milán con algunas de las obras expuestas en el Primer Salón de Arquitectura Contemporánea (Prebisch, Martínez, Ocampo y Rodríguez Remy). Por otro lado, la exposición italiana tuvo como sede el local de la Dirección Nacional de Bellas Artes y, al igual que en el caso del Primer Salón organizado por la S.C.A., también contó presencias estelares como la del Presidente Justo, y finalmente fue publicada por la Revista de Arquitectura, esta vez sí con abundante material gráfico.

Este carácter bifronte de la muestra de arte italiano da cuenta de una serie de identificaciones que en ese momento los arquitectos nucleados en torno a la S.C.A. se permitieron establecer con la experiencia italiana. Primero, una visión del Estado como promotor de la arquitectura pública como obra colectiva, que en la Argentina comenzaba a consolidarse desde comienzos del decenio. Segundo, la idea de una función social del arte y de un sentido público de la arquitectura, opuestas a otras concepciones vanguardistas que defendían “el arte por el arte”. Tercero, la idea de un país que llega con atraso al “movimiento renovador” pero que igualmente triunfa en la construcción de su camino a hacia la modernización22.

A pesar de que otros casos de arquitectura pública representativa no llegaron a equiparar el lugar de las referencias italianas, sí podemos reconocer presencias a la vez que ausencias. La arquitectura de Estado alemana, por ejemplo se presenta en varias ocasiones a raíz de investigaciones temáticas emprendidas por la revista: en los artículos sobre modelos de aeropuertos, ciudades universitarias y estadios las construcciones del nacionalsocialismo aparecen como una de las opciones disponibles de un país en un estado avanzado de su proceso de modernización. Por otra parte, cuando se incorpora la sección “La obra arquitectónica a través de las revistas”23 a la Revista de Arquitectura en 1936 se registra la presencia frecuente de obras publicadas en Moderne Bauformen y Der Baumeister, ambas revistas alemanas importantes del momento. Respecto de una vertiente decorativa de la arquitectura pública alemana, es recién en 1941, cuando se publica el número especial de octubre sobre el tema de la Decoración en Arquitectura, cuando aparecen imágenes de obras estatales con decoraciones, como el Palacio de la Cancillería obra del arquitecto Albert Speer y del escultor Arno Brequer.

La experiencia de la U.R.S.S. aparece escasamente reseñada, únicamente con cierta profundidad en un artículo de Bertold Lubetkin sobre “El urbanismo en Rusia”, traducido por Ernesto Vautier, acerca de las ciudades diseñadas ex novo por los soviéticos. Pero no encontramos referencias a arte público de la U.R.S.S. durante aquellos años. La arquitectura pública mexicana tampoco recibe demasiadas atenciones, aunque algunas de sus obras aparecen mencionadas en los listados de las publicaciones norteamericanas. Hacia fines de la década (1938), dos revistas mexicanas serían además incorporadas a la lista de publicaciones reseñadas: Arquitectura editada por Mario Pani y Arquitectura y Decoración, revista que circuló entre 1938 y 1939. Suponemos que en ambos casos el desinterés puede estar asociado a cierta antipatía ideológica hacia los estados comunistas desde la política de la S.C.A. Las obras del New Deal norteamericano, son recuperadas sobre todo a partir de The Architectural Record, The Architectural Forum, American Architect and Architecture y Pencil Points, nuevamente desde la sección “La obra arquitectónica a través de las revistas”. Aunque también es posible encontrar mayor cantidad de referencias en Nuestra Arquitectura, cuyo director era además el ingeniero norteamericano Walter-Hylton Scott. Por último, la arquitectura del Estado en Francia emerge en clave celebratoria, a través de las exposiciones internacionales realizadas en aquel país durante los años 1930: la primera fue la Exposición de las Colonias de 1931, y la segunda, la Exposición Internacional de París de 1937. Las revistas francesas como L’Architecture d’aujourd’hui, La construction moderne y L’Architecture también figuran como referencias frecuentes entre las publicaciones reseñadas.

A modo de resumen, podemos decir que la Revista de Arquitectura durante los años 1930 amplía considerablemente su bagaje de referencias internacionales. Por un lado, aparecen por primera vez los “maestros clásicos” de la Arquitectura Moderna, que hasta el momento habían sido ignorados por la publicación de la S.C.A., como Le Corbusier, Gropius y van der Rohe, entre otros. Por otro lado, vemos que, también en este mismo momento los arquitectos deben enfrentarse a la resolución de programas urbanos complejos como la vivienda masiva, o la construcción de grandes infraestructuras como aeropuertos, estadios, ciudades universitarias, que requieren inevitablemente de la intervención de un Estado que actúe como promotor de esas obras. Es entonces que la mirada también comienza a posarse sobre otras experiencias contemporáneas que habiliten a pensar las propias soluciones. Es aquí donde ingresan con más fuerza las referencias italianas, no sólo por una demanda interna de los arquitectos locales, sino también como vimos recién, producto de una campaña de difusión de las políticas artísticas del fascismo financiada por el propio gobierno italiano.

Otra de las grandes referencias europeas que cabe mencionar para el caso argentino es la de Francia, cuyo vínculo con el arte y la arquitectura en la Argentina data del siglo anterior, desde los comienzos mismos de la disciplina en nuestro país. Pero en este caso, las identificaciones únicamente parecen realizarse en el plano de lo estético y formal, dejando sin considerar el rol del Estado en la promoción de las obras, que de seguro existió a juzgar por la gran cantidad de arquitectura pública que ha quedado registrada bajo la sección “La obra arquitectónica a través de las revistas”.


Coda: regionalismo, internacionalismo y la historia como tragedia
A medida que nos acercamos hacia la década de 1940, algunos de los temas tratados en la primera parte de esta ponencia se repiten, aunque un tanto trastocados por el nuevo escenario de guerra internacional. En primer lugar, luego de un intervalo prolongado, vuelven a realizarse los Congresos Panamericanos de Arquitectos24. El V Congreso, realizado en Montevideo a comienzos del año 1940, contó con la presentación oficial por parte de la delegación argentina de un extenso folleto25 en el cual se recopilaba la vasta obra construida durante la década de 1930, fruto en su gran mayoría de aquella alianza de intereses mutuos entre Arquitectura y Estado ya mencionada. Por otra parte, también se hace visible en dicha oportunidad el fortalecimiento de los lazos de colaboración entre arte y arquitectura en esos años, al menos en el círculo de profesionales nucleados en torno a la S.C.A. Así lo demuestran el apartado temático especial dentro de la presentación dedicado a “La Decoración en Arquitectura” y también la “Exposición de Artes Plásticas de Arquitectos Argentinos” realizada en la Sede de la Sociedad de Arquitectos del Uruguay como parte de las “manifestaciones culturales” del congreso26. (RA 231, marzo 1940)

Pero esta revalorización de los lazos entre arte y arquitectura que los arquitectos de la S.C.A. habían comenzado a trabajar por lo menos desde mediados de los años 1930 se conjuga a principios de los años 1940 con un debate más amplio de la cultura arquitectónica internacional: la “derrota del duro racionalismo de entreguerras” tras la pérdida de creencia en el progreso que trajo como consecuencia la Segunda Guerra (Liernur, 2008: 51). Las críticas que comienzan a realizarse al “funcionalismo ortodoxo” difundido por el “estilo internacional” son levantadas en la Revista de Arquitectura, por ejemplo, a través de la traducción de artículos de revistas extranjeras. En mayo de 1941, se traduce un artículo de The Architectural Forum publicado en marzo de ese mismo año sobre una casa en Pittsburgh construida por dos arquitectos alemanes exiliados en aquel país, el ya mencionado Gropius y Marcel Breuer. Si bien el artículo estaba destinado a presentar una vivienda particular, el autor realiza una reflexión que excede el tema de la habitación moderna y vuelve a colocar la discusión en el centro de la polémica entre regionalismo e internacionalismo.


El estilo “internacional” tiene su origen en Europa. Nada tiene de notable este hecho ya que lo mismo puede decirse del Colonial y de casi todas las demás expresiones tradicionales de la arquitectura americana. Merece señalarse, sin embargo, el hecho de que las condiciones sociales y las tendencias predominantes en la Europa de 1920, cuando floreció aquel estilo, no se repitieron aquí en 1930, y que las tentativas realizadas para su aclimatación sólo encontraron el apoyo de un grupo muy limitado, la fase norteamericana del estilo “internacional” (…) terminó antes de haber madurado. No debe por esto menospreciarse su influencia estimulante sobre los arquitectos locales, ni puede negarse que toda la arquitectura contemporánea adopta un carácter internacional que probablemente se acentuará en el transcurso de los años venideros. Debe empero señalarse una diferencia entre las analogías internacionales de la construcción, que nacen de análogos modos de vivir y métodos constructivos, y el estilo “internacional”, el cual es en sí una expresión muy especial y limitada. Asimismo existe dentro de las posibilidades actuales y futuras de la arquitectura, amplio campo para una gran diversidad. Esto ya es evidente en la obra realizada por los mejores arquitectos jóvenes del Este, del Noroeste y de California, donde comienzan a surgir expresiones claramente regionales. (RA 245, mayo 1941: 204-205)
Nuevamente aparece la idea –antes planteada por el arquitecto alemán Höger- de que “análogos modos de vivir” no debían conducir a un “estilo internacional” que volviera a la arquitectura limitada en su capacidad de expresar las cualidades de la región. En el debate arquitectónico local, la vuelta sobre lo regional se articuló con lo que Ballent y Gorelik (2001) han caracterizado como “la ofensiva del país rural”, es decir, la puesta en evidencia de dos realidades contrapuestas entre una capital floreciente que emergía como “la cabeza de Goliat” y un interior provinciano vaciado. El problema de la integración entre ambos “países” (el urbano y el rural) sería un tema central para la arquitectura y especialmente para la planificación urbana de una década que recién comenzaba.

Terminada la guerra, las trágicas experiencias de los estados totalitarios como la Italia fascista y la Alemania nazi obligaron a los artistas y críticos de aquellos países en particular, pero también a todo el resto de la cultura artística internacional, a realizar una fuerte autocrítica respecto de los lazos entablados entre el arte y la política. Esto significó por un lado, el fin de esta tendencia de “arquitectura pública decorada” en la mayoría de los países afectados por el conflicto bélico, por la fuerte estigmatización que suponía la representación monumental del Estado. En el caso argentino que aquí estudiamos, si bien la revista va perdiendo paulatinamente su interés por estas manifestaciones, sobre todo a partir de 1943, cuando el ingreso a la redacción del arquitecto y urbanista José M. Pastor cambia radicalmente el rumbo de la publicación hacia intereses vinculados a la problemática del planeamiento, a tono con el contexto de reconstrucción de posguerra. Por otro lado, advertimos que los lazos construidos entre algunos arquitectos de la S.C.A. y el Estado permanecerán vigentes y hasta incluso seguirán fortaleciéndose durante el peronismo.




Consideraciones finales
En esta ponencia hemos intentado mostrar cómo la emergencia de una arquitectura estatal moderna que reivindicó su condición de objeto de arte público se produjo, por un lado, en un momento de consolidación de la arquitectura moderna en nuestro país que, como señalaron Ballent y Crispiani (1995), paulatinamente dejaba de ser una opción exclusiva de las elites vinculadas a los movimientos de vanguardia artísticos y se profesionalizaba. Por otro lado, esta corriente se consolida al calor de un debate internacional álgido, en el cual las alianzas entre la Arquitectura como institución y el Estado como promotor se producen entre las más variadas experiencias políticas aunque compartiendo similares lineamientos estéticos.

Las fuentes nos hablan de este momento de consolidación de la arquitectura moderna durante los años 1930, en parte a través del notable aumento que registramos en el abanico de referencias internacionales disponibles respecto de la década anterior. También nos indican que el procedimiento de selección de esas referencias no aconteció como un proceso de recepción pasivo, sino que estuvo directamente asociado con los intereses de la asociación gremial de los arquitectos como institución, y también de las inquietudes de las figuras que en cada momento formaron parte de la redacción de la revista.

Finalmente, nos interesaba remarcar esa operación de extrañamiento a la que nos someten estas “referencias a experiencias remotas”, cuando en realidad quizás en algunos casos no sea más que otra forma de volver a introducir, aunque en forma velada, las propias ideas sobre los propios problemas.

Bibliografía citada

BALLENT, Anahí. 1995. El diálogo de los antípodas: los CIAM y América Latina. Refundación de lo moderno y nuevo internacionalismo en la posguerra (Buenos Aires, Secretaría de Investigaciones en Ciencia y Técnica, FADU, UBA).

BALLENT, Anahí y Alejandro CRISPIANI. 1995. ““Il racionalismo è vivo”: L’irruzione della nuova architettura italiana nell’Argentina degli anni trenta”, en Metamorfosi 25-26, pp. 56-62.

BALLENT, Anahí, y Adrián GORELIK. 2001. “País urbano y país rural: la modernización del país y su crisis”, en Nueva Historia Argentina, Tomo VII. Crisis económica, avance del Estado e incertidumbre política (1930-1943), dirigido por Alejandro Cattaruzza, pp. 143-200 (Buenos Aires: Sudamericana).

GENTILE, Emilio. 2007. El culto del littorio: la sacralización de la política en la Italia fascista (Buenos Aires: Siglo XXI)

GORELIK, Adrián. 1994. “El Estado como vanguardia. Nostalgia y plan” en AAVV, Arte, historia e identidad en América. Visiones comparativas: XVII coloquio internacional de historia del arte, Vol. 2: La problemática de las escuelas nacionales (UNAM/IEE).

GORELIK, Adrián, y Jorge Francisco LIERNUR. 1993. La sombra de la vanguardia. Hannes Meyer en México 1938-1949 (Buenos Aires: Proyecto Editorial)

LIERNUR, Jorge Francisco. 1986. “El discreto encanto de nuestra arquitectura 1930/1960”, Summa 223, Buenos Aires, marzo 1986, pp. 60-79.

--------------. 2008. Trazas de futuro. Episodios de la cultura arquitectónica de la modernidad en América Latina, Santa Fe, Universidad Nacional del Litoral.

LIERNUR, Jorge Francisco, y Pablo PSCHEPIURCA. 1987. “Precisiones sobre los proyectos de Le Corbusier en la Argentina 1929/1949”, Summa 243, Buenos Aires, noviembre 1987, pp. 40-55.

--------------. 2008. La red austral. Obras y proyectos de Le Corbusier y sus discípulos e la Argentina (1924-1965) (Bernal: Universidad Nacional de Quilmes, Buenos Aires: Prometeo Libros).
Fuentes citadas

AA.VV., “Número especial dedicado al V Congreso Panamericano de Arquitectos”, Revista de Arquitectura N° 231, marzo 1940.

Kelsey, Albert, “La función social del arquitecto”, en Revista de Arquitectura N°132, diciembre 1931, pp. 601-602.

Repetto, Bartolomé, “Muestra de la Arquitectura Italiana de Hoy”, en Revista de Arquitectura N° 157, enero 1934, pp. 21-28.

S/A, “III Congreso Panamericano de Arquitectos. Conclusiones definitivas”, en Revista de Arquitectura N° 80, agosto 1927, p. 313.

S/A, “Arquitectura Moderna Alemana”, en Revista de Arquitectura N° 87, marzo 1928, pp. 113-122.

S/A, “Fragmentos de los discursos inaugurales al IV Congreso Panamericano de Arquitectos”, en Revista de Arquitectura N°116, agosto 1930, pp. 476-483.

S/A, “Las conclusiones del IV Congreso Panamericano de Arquitectos”, en Revista de Arquitectura N° 117, septiembre 1930, pp. 543-546.

S/A, “Propósitos”, Revista de Arquitectura N° 130, octubre 1931: 482

S/A, “Casa en Pittsburgh EE UU de A. Por los arquitectos Walter Gropius y Marcel Breuer”, Revista de Arquitectura N° 245, mayo 1941, pp. 204-208.



1 La revista era editada en conjunto por el Centro de Estudiantes de Arquitectura de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la UBA y la Sociedad Central de Arquitectos. Los estudiantes iniciaron la publicación en 1915, pero con la incorporación de la S.C.A. a la dirección en 1917 fueron perdiendo injerencia sobre la revista, que para 1923 ya estaba hegemonizada por el gremio de los arquitectos. De aparición mensual hasta 1951 y con intermitencias hasta 1962, funcionó como órgano corporativo de la S.C.A. (Gentile, 2004: 175)

2 Véase: Beatriz Colomina. 2010. Privacidad y publicidad. La arquitectura moderna como medio de comunicación de masas (Murcia: Centro de Documentación y Estudios Avanzados de Arte Contemporáneo).

3 La constitución de este nuevo campo de estudios en el mundo de habla hispana puede advertirse, por ejemplo, en la realización del Congreso Internacional “Las revistas de arquitectura (1900-1975): crónicas, manifiestos, propaganda”, organizado por la Universidad de Navarra en 2012. Al respecto, pueden verse las actas publicadas en http://www.unav.edu/documents/29070/376778/actas08.pdf.

4 Véase: Carl Schorske. 2011 (1980). La Viena de fin de siglo (Buenos Aires: Siglo veintiuno). Marshall Berman. 1988 (1982). Todo lo sólido se desvanece en el aire: la experiencia de la modernidad (Madrid: Siglo veintiuno). También la obra de la escritora argentina Beatriz Sarlo. 1988. Una modernidad periférica: Buenos Aires 1920 y 1930 (Buenos Aires: Nueva Visión).

5 El título retoma una figura acuñada por Jorge Francisco Liernur en su conferencia “Pinta el universo y verás tu aldea. Modernizing the History of Modern Architecture looking from out there: possibilities and obstacles” publicada en las memorias de las Cuartas Jornadas de Investigación en Arquitectura realizadas en Montevideo, Uruguay, del 26 al 28 de septiembre de 2005.

6 Además de este primer tema, cuyo título completo era: “Regionalismo e Internacionalismo en la Arquitectura Contemporánea. Orientación Espiritual de la Arquitectura en América”, otros puntos tratados en las sesiones plenarias también reflejaban distintas aristas de la cuestión de la identidad americana. Por ejemplo, el tema II “La enseñanza de la Arquitectura” sancionó entre sus conclusiones “Que se incluya en los planes de estudio de cada país la enseñanza de su arte nacional.” Mientras que el tema IV versaba sobre “La defensa del patrimonio artístico, principalmente arquitectónico de las Naciones Americanas. (S/A, RA 117, 1930: 543-546).

7 Un certamen internacional organizado por la Unión Panamericana para la construcción de un monumento en homenaje a la figura del “descubridor de América” que habría de emplazarse en las costas de Santo Domingo. Entre los jurados de la segunda vuelta del concurso, realizad en Brasil, participaron arquitectos norteamericanos destacados como Frank Lloyd Wright, Raymond Hood y el finlandés radicado en Estados Unidos Eliel Saarinen.

8 Decía Höger: “Siendo el constructor de una obra alemana, un alemán, con un profundo espíritu germánico, el resultado será una construcción esencialmente alemana. Mientras el espíritu de todas las razas no se identifique, podría decirse también no se nivelare o llegare a ser indolente, el sentimiento popular influirá sobre la expresión de las obras artísticas y, ante todo, en las obras arquitectónicas e incurriremos en un error al creer llegar ahora a un estilo internacional o mundial.” (RA 87, marzo 1928: 114)

9 RA 111, marzo 1930.

10 RA 119, noviembre 1930.

11 RA 142, octubre 1932.

12 RA 143, noviembre 1932

13 RA 143, julio 1932.

14 RA 143, noviembre 1932

15 Este arquitecto había visitado la Argentina en el año 1929, sin embargo su visita no fue recogida por la Revista de Arquitectura en dicha oportunidad.

16 Aquel comité de redacción estaba integrado por Raúl J. Álvarez, Alberto Prebisch y Juan Antonio Bercaitz por la S.C.A., y Hector C. Morixe junto a Laurencio Adot Andia, por el Centro de Estudiantes de Arquitectura. La gestión culminó en

17 Entre las crónicas más salientes publicadas durante estos años se destacan las “Impresiones de Viaje” del arquitecto Macedonio Oscar Ruiz (RA 158, febrero 1934); la reseña sobre “La Exposición Trienal de Arquitectura y Artes Decorativas de Milán”, por José Aisenson (RA 156, diciembre 1933); y la serie de colaboraciones enviadas por el arquitecto Mario Roberto Álvarez desde su gira europea, luego de haberle sido otorgado el Premio “Ader” en 1938 (RA 212, agosto 1938; RA 215, noviembre 1938; RA 218, febrero 1939; RA 219, marzo 1939)

18 Por ejemplo, Eugenia Scarzanella (2006) ha escrito sobre las conferencias dictadas por médicos italianos en Argentina durante los años 1930, también organizadas por el Instituto de Cultura Itálica.

19 Vale recordar que el artista futurista Filippo Marinetti ya había visitado la Argentina en el año 1926. Luego, en el año 1930, se realizó la exhibición “Pintura italiana del Novecientos” en los salones de Amigos del Arte que contó con la presencia de la crítica de arte italiana Margherita Sarfatti, famosa por haber sido amante de BenitoMussolini.

20 La Dirección Nacional de Bellas Artes fue creada por el Gobierno Provisional en 1931. El nuevo organismo, destinado a patrocinar “la alta cultura artística”, tuvo entre sus propósitos fundacionales la obligación de “Celebrar periódicamente certámenes y concursos con el fin de estimular la cultura artística y ponerla en contacto directo con el pueblo” y además “Instalar una sección de arquitectura para el público interesado en la construcción, facilitando todos los elementos de orden estético que pueda necesitar” (Ibarra García, RA N°151: 306).

21 Siguiendo a Emilio Gentile (2007), vale recordar que si bien no existió en Italia un único “arte de estado” como corpus de obras homogéneo, por otro lado clasicistas y modernistas disputaron un lugar para definir cómo debía ser el verdadero “estilo fascista”. Mientras unos consideraban que la gloria de tiempos pasados podría recuperarse a través de formas evocadoras de la romanidad clásica, otros en cambio aspiraban a la construcción de “nuevos órdenes” a través de la modernización radical. Ambos sectores contaron con representantes destacados dentro de la cultura arquitectónica italiana, mientras el arquitecto Marcelo Piacentini puede ser considerado como el referente de los primeros, Pietro Maria Bardi fue uno de los más importantes impulsores de la segunda corriente.

22 ““Cuando el hombre modifica la naturaleza, sistematizando un camino, poniendo dique a un río, levantando una torre, o cuando fabrica un aeroplano o una nave, o también cuando extrae de un árbol un mueble o de un mineral una joya, determina hechos arquitectónicos (…) Esta consideración que inviste enteramente el fin humano, sugiere esta otra: que la arquitectura es el reflejo perdurable de la civilización, es el arte directivo, es la razón de ser de la vida”. Y este sentimiento es el que da realmente un interés especial a esta exposición, por cuanto demuestra que si bien la arquitectura italiana llega con relativo atraso a este movimiento renovador, lo hace con la enjundia que su acerbo artístico le impone, con plena firmeza de sus fundamentos sociales y con un concepto de la arquitectura que le permitirá seguir sin titubeos su propia senda.” (Repetto, RA 157, enero 1934: 21) La cita corresponde al texto introductorio a la publicación de la muestra de la “Arquitectura Italiana de Hoy” en la Revista de Arquitectura, firmado por el arquitecto Bartolomé Repetto. Este a su vez cita a Bardi en la primera parte del pasaje.

23 Se trata de una sección de la Revista de Arquitectura en la cual se listan obras aparecidas en publicaciones de otros países (fundamentalmente Estados Unidos, Francia, Alemania, Italia, Inglaterra) y se las clasifica por temas (edificios públicos, enseñanza, iglesias, bibliotecas, museos y exposiciones, habitación, urbanismo, etc.). También Nuestra Arquitectura contaba con una sección muy similar llamada “Revista de revistas”.

24 El último congreso se había realizado en Rio de Janeiro, diez años antes, en 1930.

25 Publicado como parte de un número especial de la revista sobre el Congreso (RA 231, marzo 1940).

26 Allí se exhibieron obras que ya venían mostrándose en exposiciones de arquitectos realizadas con frecuencia anual desde 1938 en los salones de la S.C.A. como parte de una política cultural encarada por la dirección que estuvo al frente de la asociación gremial durante el período 1938-1941, siendo su presidente el arquitecto Jorge Sabaté.



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