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Autor: Ovidio Salgado Rodríguez


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CUENTO

Título: Historias de un soldado.

Autor: Ovidio Salgado Rodríguez.

Índice:




Índice: 2

INTRODUCCIÓN: 3

JUCARO. 4

ODESSA. 13

LA UNITA. 22

RUMBO A MUSSENDE. 33




INTRODUCCIÓN:


Un sencillo y dramático testimonio, en ocasiones impresionantes, recuentos del pasado y presente revolucionario. Denuncias del pasado cubano, esto es lo que ofrece historias de un soldado. Obra testimonial. A través del recuento el autor relata los hechos del escenario de la cuba pre revolucionaria, su estudio en la URSS y etapa posterior. Atrapa al lector desde las primeras líneas con un lenguaje claro y peculiar.

No existe en esta obra artificios literarios sino el estilo sencillo y lacónico del lenguaje militar con la transmisión de un mensaje diáfano y real, tal y como el que le toco vivir en esta etapa de su vida de la cual dedico 43 años al servicio ejemplar en las F.A.R.


JUCARO.


Al frecuentar el pequeño poblado donde pase mi niñez, no me explico cómo es posible estar vivo. Desde temprana edad padecí de asma bronquial la cual combatía en aquel adverso ambiente mi madre con medios tradicionales como la flor del chamizo y jarabes con miel de abejas y güira, manteca de maja y cuanto remedio casero le recomendaban. Al estar situado en la costa sur de la Isla el poblado de Júcaro es un lugar muy bajo, rodeado de pantanos. En la época de lluvia sus calles se inundaban y en época de ciclones, penetraba constantemente el mar, al pasar el ciclón y bajar el agua del mar que penetraba en todas las casas sin excepción, ocurrían las crecidas de las aguas de lluvia que bajando por las zanjas que dan al mar inundaban nuevamente el pequeño poblado hasta niveles de varios pies de agua. En algunos lugares al pasar las crecientes y cesar la época de las lluvias, quedaban las calles en un estado deplorable con charcos que duraban varios meses en secarse e imposibilitaban el cruce de algún vehículo. La humedad relativa en ese lugar alcanzaba niveles altos. En ocasiones al ser trasladado en estado de falta de aire por crisis de asma, al cambiar de ambiente en el camino me curaba y al llegar al médico en Ciego de Ávila ya estaba sin crisis. Mi madre se dio cuenta y empezaron a pensar en un cambio de lugar de residencia cosa muy difícil en aquella época. Nuestra casa modesta y de madera reunía las condiciones necesarias de acuerdo a la media del lugar construida con no pocos esfuerzos por mi padre. El terraplén que servía para comunicar con Ciego de Ávila, la cabecera municipal en aquel entonces, no daba paso a los vehículos debido a su mal estado.

Solamente el tren servía para comunicar 3 veces al día el poblado con Ciego. Luego que salía el último a las 8 de la noche el pueblo quedaba incomunicado. El agua (potable) era traída en cisternas del ferrocarril y se vendía a 5 centavos la lata., constituyendo la única fuente de agua potable existente para beber. Era fácil hacer un pozo pues prácticamente el agua estaba a flor de tierra, pero era salobre. Muchas personas sin recurso para comprarla se veían obligadas a beber agua salobre. Las tinajas de barro y los tanques de 55 galones servían para almacenar el agua potable hasta la llegada del próximo tren con cisterna, que con una frecuencia semanal abastecía de agua.

El único recurso económico con que contaban los habitantes del lugar era el embarcadero de azúcar de los centrales aledaños, el cual solo era viable durante la época de zafra lo que constituía una actividad cíclica que no garantizaba la vida de los pobladores durante todo el año, quedando como único recurso alternativo de algunas personas la pesca. Esta era abundante, con medios muy rústicos y se pescaban las especies de escama, el camarón la langosta en menor medida. En que incurrían de víveres, petróleo, hielo y para dejar alimento a la familia en los largos periodos en las campañas de pesca en el mar. Conocí a familias que pasaban hambre y necesidades por no tener una fuente de ingresos o poder trabajar solamente una parte del año. Los que tenían hijas las colocaban de criadas en las casas que tenían un poco más de solvencia económica para luego de las comidas recoger la losa y fregar y de esta forma poder llevar estas sobras a la casa para que comiera la familia que esperaba ansiosa. Recorrer sabanas en busca de pájaros o nidos para recoger los huevos y de esta forma mitigar el hambre era otra opción en tiempo muerto como se le decía al tiempo que concluía la zafra. Todavía perdura en mi memoria el recuerdo del viejo Serapio que deambulaba por las calles y mitigaba el hambre en los latones de basura y sancocho. Existían 3 kioscos rústicos para la venta de fiambres fritas, chicharritas y tamales. Uno de Regino, el otro de Juan el Pelú y otro del viejo Salvador. En ambiente económico tan sombrío solamente tenían algunos clientes en época de embarques de azúcar el resto del tiempo pasaban también muchas necesidades.

Vivíamos modestamente sin lujos, en tiempo muerto, compraba puercos en los alrededores y los mataba y de los pocos ingresos que generaba esta actividad íbamos viviendo malamente.

Cuando reunía varios puercos para matar yo daba varios recorridos proponiendo la carne en casa de los familiares pudientes. Algunos aceptaban la oferta y compraban a bajos precios y con grandes requerimientos; limpia la carne, sin grasa, sin hueso. Lo que me ocasionaba un gran fastidio en ir a cobrar luego el importe de la misma. A pesar de ser personas con algunas solvencias dilataban el pago y me hacían recorrer los lugares en varias ocasiones, mi padre se enfurecía y algunas veces yo pagaba las culpas. Los subproductos, las empellas y los chicharrones se vendían con gran trabajo en los bares a la hora que la gente acudía a los mismos y en la valla de gallos no sin grandes esfuerzos. Por las tardes con mi cajón de limpiabotas acudía al parque a disputar la limpieza de 1 o 2 pares de zapatos para así poder ganar 10 o 15 centavos y poder en ocasiones asistir al cine o ahorrar para comprar una muda de ropa o de zapatos.

Un hecho que no olvido de aquella época de mi infancia fueron los Reyes Magos que cada 6 de Enero visitaban las casas y dejaban regalos. Yo siempre pedía y no me dejaban, en ocasiones me dejaban algo que yo no pedía. Nunca entendí por qué motivos a otros niños de familia pudientes recibían muchos regalos. Años más tarde al desaparecer esa creencia y conocer la realidad de este hecho tenía 10 u 11 años y ya trabajaba haciendo mandados y limpiando la oficina por un peso semanal, dinero que cobraba los sábados. Ocurrió un hecho que no he podido olvidar en vísperas del día de Reyes, los juguetes los sacaban en los portales de las tiendas en lugares bien visibles. Muchacho al fin me gusto una guagua que valía 0.40 centavos y el día del cobro la compré quedando solamente 0.60 centavos de los cuales consumí alrededor de 0.40 centavos en chucherías, refrescos y galletas. Al llegar a mi casa me esperaba mi madre que sabía que yo cobraba ese día y me espetó “donde está el dinero”, lo gasté le dije mira que guagua más linda compré. Vaya y entregue eso y recoja el dinero que aquí no se ha desayunado hoy, compra un pan y una lata de leche condensada con el dinero y tráigamelo. Resultó bochornoso en extremo pero tuve que pasar por ese trance para poder desayunar ese día.

Con el decursar de los años se pierden estas experiencias de cómo se vivía antes y resulta difícil en ocasiones que las nuevas generaciones comprendan que esta vida existió hace solo 50 años que la revolución lo cambió todo para bien de las personas. Que en ese mismo lugar, ya existen acueducto, carreteras, policlínicos, cosas que fueron un sueño en un pasado no muy lejano. Contaba mi madre que cuando yo tenía un año a pesar de existir medios de transporte para poder ver a su familia, sus hermanos a caballo atravesaban el monte desde Jibaro, Sancti Spiritus hasta Júcaro para recogerla y llevar a verla. Yo cabalgaba junto con ella dormido en la montura según ella me contaba. Esa era la desesperante situación económica en que se encontraban las familias pobres en aquel entonces. La dieta principal del cubano era harina de maíz y algunas viandas en el mejor de los casos.

Existían en aquel entonces en mi pueblo un pequeño cuartel de la guardia rural y un cuartel de la Marina de Guerra más numeroso, encargados de velar por el orden en él, pequeño poblado. Era de esperar que en un estado de cosas tan precario hubiesen muchas inquietudes revolucionarias por parte de los habitantes lo cual condicionó la creación de células revolucionarias del M-26 de Julio y del Directorio Revolucionario 13 de Marzo los cuales se mostraron muy activos en los y últimos de la tiranía y al paso por el territorio de la Columna 8 comandada por el Che Guevara. Una tarde del mes de Octubre de 1958 al oscurecer y luego de presenciar con estupor los aviones de la tiranía, bombardear los montes situados al este y del poblado en busca de los lugares donde acampaba la tropa de los guerrilleros, el bombardeo se trasladó hacia el lugar conocido por la finca La Puchita todos presenciaban este hecho en el pueblo y de pronto uno de los aviones al comenzar una picada para arrojar las bombas explotó en el aire. El clamor del pueblo fue unánime, el júbilo fue grande y todos gritaban “lo tumbaron”, “lo tumbaron”, delante incluso de los marinos de la tiranía que salieron a auxiliar al piloto. Al regreso contaban que debido a lo intrincado del lugar no habían podido llegar y además ya había oscurecido.

En el pueblo se corrió la versión que tenían miedo y habían regresado.

Es así que en este ambiente de situación económica precaria y grandes tensiones sociales reflejadas por el apoyo a la revolución de la gran mayoría de la población sometida a la más férrea explotación se produce la huida del tirano el 1 de Enero de 1959 dando al traste con un periodo sangriento de la historia de nuestra Patria. Triunfaban así las fuerzas que habían luchado para el derrocamiento de la tiranía batistiana.

Mi padre se encontraba durmiendo temprano en la mañana y al escuchar la radio nos dimos cuenta que algo grave estaba pasando, se anunciaba la huida del tirano y todo el pueblo se lanzó a la calle a festejar este acontecimiento ante los ojos atónitos de las fuerzas de la tiranía que no creían posible lo que estaban viendo.

Rápidamente se llevó a cabo una reunión al parecer de una célula clandestina en los alrededores del pueblo en casa de Nico el carpintero a la cual mi padre fue citado y se nombró un comité del 26 de Julio y se procedió de forma audaz y temeraria a instar a la entrega de las armas a los marineros y guardias rurales. Era tanta la desmoralización de estas fuerzas que entregaron las armas sin tirar un solo tiro. No conozco las condiciones bajo las cuales se produjo este hecho pero si puedo decir que la alegría del pueblo, que se volcó a las calles a festejar fue inmensa, salieron a relucir las banderas del 26 de Julio, del Movimiento Revolucionario 13 de Marzo y hasta del II Frente Nacional del Escambray.

A los pocos días del caos y el desorden en el pueblo matizados por la alegría y el júbilo revolucionario, hicieron su aparición los rebeldes a los cuales se les entregó el poblado por parte de la Milicia local y el armamento capturado.

A pesar de ser un pequeño caserío con escasa población su aporte a la lucha fue grande. Combatientes del Ejército Rebelde durante la lucha en la Sierra Maestra como Ramón Domínguez de la Peña caído gloriosamente en Pino 3 así como el capitán del Ejército Rebelde Arnaldo Pernas de la misma columna y de Jaime Vega. Revolucionarios clandestinos como el negro Siso, Gilberto Palomo, Dante y otros fueron testigos en más de una ocasión de las torturas en los calabozos del tirano sin que nunca se les pudiera arrancar una sola confesión. Verdaderos héroes revolucionarios de este pequeño pueblo.

A partir de entonces nueva vida vivieron los pobladores del lugar que vieron concretarse sus sueños de una vida mejor, grandes fueron los cambios en lo político y en lo social y se abrieron nuevas perspectivas para sus pobladores, de estudio, de trabajo bajo las nuevas condiciones, de justicia social y oportunidades para todos. Viejos sueños de sus antiguos pobladores se hicieron realidad; la carretera, policlínico de salud, escuela, acueductos entre otros. Al triunfar la revolución tenía 11 años y no había concluido el 3er. Grado había llegado al tope de las posibilidades en la escuela.

Aunque había triunfado la revolución la situación económica era tensa, la estructura económica no se cambiaba de un día para otro, eran muchos los problemas acumulados 0.47 ctvs. costaba un pasaje de ida y vuelta de Júcaro a Ciego de Ávila con más de 30 ctvs. para el almuerzo debajo de los elevados en las fondas de los chinos que consistía en arroz, bistec, ensalada y un plato de sopa o frijoles. Cuando visitaba a los parientes a la hora del almuerzo esperando pasar el tiempo para la sección de la tarde en la escuela, estos me invitaban a almorzar. Apreciaba esto como un gesto de mucha bondad por parte de mis tíos Santiago y Rosita a los cuales nunca olvidaré. A pesar de la tensa situación económica la forma solidaria del gesto me conmovía y en ocasiones aceptaba no sin pena al verlos compartir lo suyo con el pariente que llegaba sin aviso a la hora del almuerzo.

Cuando esto ocurría quedaba a mi disposición 30 ctvs. para pasteles y malta en la terminal de trenes a la hora de coger el tren de regreso.

Todavía no se la formula pero mi padre ganaba 3.00 pesos diarios como patrón de una patana de azúcar y yo consumía 70ctvos diarios.

Los zapatos que usábamos eran tenis de lona. En principio un solo par costaba $1.20 lo que ocasionaba que se deterioraban rápidamente, se gastaban sus suelas y se le abrían huecos en la parte de la suela debido al uso. Era necesario alargar su vida con cartón tapando el hueco porque no siempre cuando se abría el hueco existía el dinero disponible para comprar el otro par.

Mientras éramos niños esto no constituía un problema pero al llegar a la adolescencia empezaba a presumir y mi madre al darse cuenta decide comprarme una muda de ropa de salir y un par de zapatos de piel. Consistió en una camisa de hilo blanca, un pantalón azul Prusia y un par de zapatos, todo ello dos o tres tallas por encima para que cuando creciera que no me quedara pequeña esta muda de ropa de salir, hasta que estando becado en Tarara en el año 1961 se deterioró totalmente. Tuve además un pantalón de Bombache verde para por las tardes que mi madre me obligaba a ponerme por estar de moda en aquel entonces pero llegue a odiarlo porque no me gustaba.

Quiero referirme brevemente a los métodos de la escuela pública, asignados en pupitres comidos por el comején que hacía que desviáramos la atención debido a la constante picazón que este insecto producía al recostarnos al pupitre para escribir. No recuerdo haber recibido nunca un libro, un lápiz o libreta en esta época debían proporcionarlas los padres. Ante las faltas cometidas por los alumnos los métodos [ predilectos ] del maestro Fuentes eran de rodilla en la esquina del aula durante varias horas en ocasiones apoyados en granos de maíz, sin embargo su método predilecto ante sus ataques de cólera por la falta cometida eran los cocotazos a los cuales le inspiraba gran fuerza en otras ocasiones había que exponer las manos abiertas para ser castigados con reglazos o cintos de cuero los cuales golpeaban mientras durara la cólera de este sujeto. Así se hacía realidad el principio que imperaba en aquel entonces las letras entran a las buenas o las malas.

Odio y repulsa provocaba este sujeto entre la mayoría de los alumnos. Sin embargo grandes deseos de estudiar albergábamos la mayoría de los alumnos aunque entendíamos todos que no teníamos esa posibilidad que la situación imperante no priorizaba la educación para los hijos de familias humildes y pobres. Solo era para los hijos de las familias pudientes. Esta impotencia entre deseo y posibilidad desapareció al triunfar la revolución y abrir oportunidades para todos. Estaba dispuesto a no desaprovechar esta oportunidad y no sin grandes esfuerzos, por parte de mi familia, pude matricular en la escuela pública de Maidique, barrio pobre de Ciego de Ávila lugar donde curse el 4to. grado viajando diariamente y es allí donde me encuentro al declararse la campaña de alfabetización. Con gran júbilo acepté la posibilidad de alfabetizar y al ser autorizado por mis padres me incorpore en la campaña, la cual concluí y 5 de mis alumnos hicieron la carta a Fidel comunicándole que habían aprendido a leer y a escribir de su puño y letra.

La consigna era preguntarle a Fidel en aquel acto el 22 de Diciembre de 1961 en la Habana que otra cosa había que hacer. Se proclamaba ante el mundo que Cuba era el 1er país de América Latina libre de Analfabetismo. Una gran emoción nos embargaba habíamos contribuido a esta hazaña del pueblo cubano. Fidel traía la respuesta…… estudiar era la tarea de orden para los más de 100,000 alfabetizadores que nos encontrábamos en este acto.

Con agrado acogí la noticia y con la anuencia de mis padres luego de unas breves vacaciones me encontraba becado en Tarará, la otrora bella ciudad balneario donde en 9 meses cursamos el 5to y 6to. grado para luego continuar en Miramar el 1er.año de secundaria. Enormes deseos de estudiar me hacían vencer las lagunas propias de la edad con relación al grado que cursaba un joven de 17 años, hoy en día debía estar terminando el pre y no empezando la secundaria como yo en aquel entonces.

En el receso vacacional de fin de año en los meses de Septiembre, Octubre y Noviembre recogimos café en Baracoa, en Maisí, en la Escuela Nacional de Café y Cacao que nos albergó y allí luego de pasar la crisis de Octubre en este lugar regresar nuevamente a la Habana. Debo decir que durante la crisis los barcos americanos que pasaban por el lugar nos iluminaban con sus potentes reflectores, cosa que no entendíamos pero parece ser que al ver el asta de bandera en nuestro campamento, nos confundía con un campamento militar. Nos molestaba la luz y al estar durmiendo daban la alarma y nos veíamos obligados a comer en los refugios y ocultarnos en los lugares previstos en los cafetales.

Fueron días muy difíciles alejados de nuestra familia recogíamos café y teníamos que atender nuestras necesidades, lavar la ropa y los fines de semana cocinarnos nosotros mismos y hacer en fin, vida de campaña que comprendía como es lógico dormir en hamacas. Al concluir la crisis de Octubre en el mes de Noviembre, de nuevo traslado en tren cañero con frio, hambre y hamacas de saco en un viaje que duro 8 días de Guantánamo a Ciego de Ávila con una comida caliente en todo el trayecto en Camagüey. Al llegar a mi casa mi padre estaba movilizado todavía en la unidad de cohetes de los rusos. A los pocos días no pude aguantar los deseos de verlo ya que llevaba alrededor de un año sin verlo. Se encontraba en un campamento que daba cobertura a esta unidad de cohetes que todavía se encontraba en el lugar. Mi padre muy contento me saludó y me enseñó a sus fraternos amigos rusos de la base. Recuerdo a Vladimir entre otros, los cuales me acogieron con simpatía y amistad.

Años más tarde al cursar estudios en la URSS lamenté no haber preservado la dirección de estos compañeros de mi padre durante la crisis. Las cosas habían cambiado y el país se organizaba. Transcurre el año 1964 y había continuado estudios después de la crisis de Octubre en Miramar donde concluí el 1er. Año de secundaria en la escuela Lazo de la Vega. Enormes deseos de estudiar y de aprovechar las oportunidades que se ofrecían, sin embargo en Noviembre de 1964 fui llamado al Servicio Militar al 1er. Curso de Maestros de las FAR Pepito Tey en Tyscornia en la Escuela de Instructores Políticos, Osvaldo Sánchez. Me incorporé con agrado a tan importante tarea no sin dejar de reconocer que me atrasaría en mis estudios. Lejos estaba de saber que pasarían 43 años para poder volver a la vida civil.

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