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Autor: Juan Reyes del Campillo [*]


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NUMERO: 65

FECHA: Noviembre 1994

TITULO DE LA REVISTA: Proceso Electoral 1994

INDICE ANALITICO: Instituciones Políticas

AUTOR: Juan Reyes del Campillo [*]


TITULO: México 94: ¿Llegó la Hora del Parlamento?

ABSTRACT:


Las elecciones de 1994 pusieron en la mesa de la discusión la necesidad de una reforma del Estado, desde la perspectiva de que al sistema político le quedan muy pocas alternativas. Sólo con democracia logrará oxigenarse. En ello se encuentran inmersos los espacios de la representación política, con el fin de cumplir nuevas funciones en el procesamiento de las definiciones y tomas de decisión de las cuestiones públicas.
TEXTO:
La subordinación de los cuerpos legislativos ha sido parte inherente y substancial de nuestro régimen autoritario. La función del Congreso, de ser freno y contrapeso del poder ejecutivo, terminó finalmente desplazada del escenario político al imponerse el sistema de partido de Estado. La misma idea de representación como atributo del legislativo perdió parte importante de su significado, al quedar en duda el carácter democrático representativo del régimen político.
Pero lo más grave que les ha ocurrido a los órganos legislativos mexicanos es su falta de responsabilidad, [1] en el sentido de no tener capacidad para rendir cuentas (responder) a los representados. En ello debería incluirse el hecho de que la mayoría de los mexicanos no tienen muy claras cuáles son las funciones básicas de los representantes populares, sobre todo porque nuestro sistema presidencialista conlleva a exigir y demandar a las autoridades políticas, mas no a quienes cumplen funciones representativas.
Los órganos legislativos han cumplido cabalmente su misión de avalar las decisiones del poder ejecutivo. Pero no sólo eso. También han servido como contención en las demandas de espacios de las fuerzas políticas. Muchos grupos y organizaciones al interior del sistema oficial, así como los partidos de oposición han visto limitadas sus aspiraciones políticas al aparato legislativo.
Hoy en día existe un cuestionamiento profundo no únicamente respecto a las formas como se plantean en México los accesos al poder, sino sobre la urgente democratización del conjunto del sistema político. Instituciones, actores y prácticas han terminado por agotarse ante la rigidez del presidencialismo, pero también ante una sociedad que exige mayor inclusión y participación en las decisiones.
Las elecciones de 1994 pusieron en la mesa de la discusión la necesidad de una reforma del Estado, desde la perspectiva de que al sistema político le quedan pocas alternativas. Sólo con democracia logrará oxigenarse. En ello se encuentran inmersos los espacios de la representación política, con el fin de cumplir nuevas funciones en el procesamiento de las definiciones y tomas de decisión de las cuestiones públicas. Hasta ahora el Congreso, básicamente la Cámara de Diputados, ha sido un escenario privilegiado del pluralismo mexicano, pero más en la búsqueda de consensar decisiones que en la toma de las mismas.
Los resultados electorales nos plantean la presencia de tres partidos políticos fuertes compitiendo en el ámbito local y nacional. Como fuerzas consolidadas que responden a la pluralidad ideológica de los mexicanos tendrán que encontrar los espacios necesarios para confrontar sus posiciones, de tal suerte que la mayoría deberá, además de limitarse en sus arbitrios, analizar y retomar con seriedad algunos de los planteamientos de las minorías. [2]
En la transición mexicana las instituciones representativas están llamadas a convertirse en procesadoras de esas discusiones. A diferencia del pasado, ahora ninguna polémica realmente importante podrá realizarse a puerta cerrada, sino a la vista de la nación. De ahí el importante y radical cambio de función de las instituciones representativas.
Sin embargo, los caminos no se encuentran plenamente pavimentados, ya que el tamaño de las fuerzas políticas no es equivalente con su representación en los cuerpos legislativos al existir en cada uno de ellos diferentes mecanismos de sobrerrepresentación para el partido oficial. Tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados y en la Asamblea de Representantes del Distrito Federal, se terminaron por producir grandes desequilibrios entre los porcentajes de votos de los partidos y sus porcentajes de curules obtenidas.
La sobrerrepresentación del PRI pudiera traer consigo una prepotente actitud de suficiencia, que despreciara o ninguneara a las fuerzas opositoras. Nada tan peligroso para el futuro político del país en esta etapa de cambios, pues un mal entendimiento de la situación de empate virtual entre el partido oficial y las oposiciones podría echar por tierra las necesarias reformas. Otro punto de conflicto lo encontramos en los escenarios electorales locales, en muchos de los cuales existe una gran competitividad de los partidos, sin contar para ello con reglas suficientemente claras.
Empero, el sistema electoral y los resultados de la elección nos presentan un PRI mas fuerte de lo que realmente es. De nueva cuenta el presidencialismo tiene un buen margen de seguridad a pesar de haber obtenido apenas la mitad de los votos. En la Cámara de Senadores, habiendo obtenido el 50.22% de los sufragios válidos, el PRI alcanzó 64 asientos de 96. Como ya tenía 31 su número ascenderá a 95, lo cual quiere decir que contará con el 75% del Senado. En la Cámara de Diputados, con apenas el 50.10% de la votación, el mecanismo de sobrerrepresentación le asegura 300 curules, esto es, el 60%. También en la Asamblea de Representantes se observa esta situación, pues con sólo 40.56% de los votos tendrá 38 asientos de 66, lo cual equivale a un 57.57% del total.
Los cambios en el senado
Por mucho tiempo el Senado de la República sirvió como candado de seguridad del presidente, el cual finalmente terminó por oxidarse. En México la formación de leyes tiene una cámara de origen y otra revisora para convertirse en norma jurídica, donde se supone que una puede mejorar y perfeccionar lo hecho por la otra. Como la gran mayoría de las iniciativas surgen del poder Ejecutivo, la presencia bicamaral cumple la función de impedir que en una de ellas -tentativamente en la de diputados- pudiera darse una modificación radical de la propuesta inicial. Sin embargo, desde la construcción del Estado revolucionario, ninguna cámara ha llevado a cabo alguna modificación profunda a las iniciativas presidenciales, por lo cual esa función no aparece hoy como muy razonable. [3]
Por otra parte, la idea de dos cámaras se sustenta en que una está integrada con representantes populares -la de diputados- y la otra, la de senadores, con representantes de las entidades federativas. Pero si en la primera puede tener sentido el hecho de que nos encontremos una representación que responde más a un carácter sociológico que a uno ciudadano, como distribución de cuotas de poder a los grupos, camarillas y organizaciones sociales, en la segunda este mismo tipo de representación rompe con cualquier noción de representación federal. Es un hecho que en la Cámara de Senadores el origen estatal es meramente un acto formal, donde la fuerza local ha dejado de ser determinante para formar parte del Senado.
La Cámara de Senadores hasta 1988 había sido coto exclusivo del partido oficial, [4] pues sólo a partir de ese año los partidos de oposición conquistaron curules de mayoría en el Senado. En 1993 la reforma electoral definió que a partir de 1994 habría un senador de minoría, para aquel partido que se alzara como la segunda fuerza en cada entidad federativa. Totalmente desgastadas la función y estructura política tradicional del Senado terminaron por quebrantar su propia existencia, de tal suerte que para seguir operando en el sistema político, se vio en la necesidad de aumentar su tamaño y a decidirse a ocupar un lugar más protagónico en el nuevo escenario plural de la política en México.
A pesar de muchas reticencias las fuerzas del partido oficial aceptaron abrir el Senado a la oposición. Después de todo habría también la posibilidad de un escaño más para repartirlo entre sus grupos y camarillas. Pero cuando se dio la reforma en 1993 se pensó que la apertura significaba meramente una válvula de escape ante los reclamos opositores. [6]
Como las circunstancias cambiaron en el último año, el Senado está llamado hoy a desempeñar un papel más activo en el juego político nacional. La mayor presencia de la oposición obligará a los senadores del partido oficial a abandonar el viejo rol de actitudes pasivas en espera de la línea gubernamental. Dejará también de ser exclusivamente un espacio para probar lealtades o para premiar largas carreras políticas. El Senado tendrá que estar a la altura de la necesidad de recomposición del sistema político. Los senadores del Revolucionario Institucional se verán obligados a hacer uso de toda su experiencia y oficio político para debatir con una oposición inteligente y fortalecida.
Al pasar su número de 64 a 128 asientos, la Cámara de Senadores será ahora sólo cuatro veces más pequeña que la de Diputados. La importancia y experiencia de sus miembros nos indica que será un teatro político excepcional en el que se manifestará la lucha política e ideológica de las tres fuerzas políticas. Podrá ser sin duda, un espacio adecuado para concertar posiciones y definir acciones a largo plazo que permitan fortalecer la convivencia política. Aparte de los 95 miembros del PRI habrá 25 de Acción Nacional y 8 del Partido de Revolución Democrática. [7] Esta legislatura hereda a 32 senadores que terminarán su período en 1997. [8]
Anteriormente señalábamos que el Senado había dejado de ser una representación real de las fuerzas políticas en las entidades federativas. Hoy, sin duda, la presencia de al menos un senador de oposición por estado permite retomar ese camino, aunque tanto en el PRI como en las oposiciones, la mayoría de los candidatos resultan más de la fuerza del centralismo político.
En el PRI la composición de los senadores es la siguiente: 17 funcionarios con origen en el Poder Ejecutivo Federal, 22 en los gobiernos estatales, 17 que surgen del aparato partidario, (10 con origen en el Comité Ejecutivo Nacional), 9 de los grupos y organizaciones del sector popular (incluye un miembro de la FSTSE y uno del SNTE), 12 integrantes de la CTM, 9 del sector rural (8 CNC y 1 propietario rural), 7 empresarios y 2 militares (véase Cuadro 1).
Cuadro 1. Composición de los Senadores del PRI[H-]
Podemos observar que la representación de origen popular es casi el 78% mientras la obrera y campesina alcanza únicamente el 22%. Si distinguimos entre representación funcional y representación corporativa tenemos que en la primera (funcionarios, dirigentes de los aparatos y militares) suman 65 senadores. Los corporativos (empresarios, dirigentes sindicales y líderes campesinos) son 30 en total.
Sin embargo, es posible apreciar la importante presencia que empiezan a tener las fuerzas locales, pues si le sumamos a los 22 funcionarios locales los 7 empresarios, 7 dirigentes del aparato partidario surgidos de los comités estatales y a algunos dirigentes de los grupos del sector popular, llegan a ser alrededor de 40. Los demás, funcionarios federales, dirigentes partidarios surgidos en el CEN, miembros de las organizaciones sociales nacionales (obreras, campesinas y populares) y militares con producto del centralismo.
Los senadores priístas tendrán como coordinador a Fernando Ortiz Arana, quien además de haber sido presidente del partido, fue coordinador en la Asamblea de Representantes y en la Cámara de Diputados. Tendrá el apoyo político de hombres experimentados como Gustavo Carbajal Moreno, Sami David David y Angel Sergio Guerrero Mier, además de otros más jóvenes como Amador Rodríguez Lozano, Melchor de los Santos y Guillermo Hopkins. Las comisiones más importantes estarán presididas por expertos administradores y jurisconsultos, entre los cuales podemos mencionar a José Trinidad Lanz, María de los Angeles Moreno, Fernando Solana, José Luis Soberanes, Oscar López Velarde, Carlos Sales Gutiérrez, Eduardo Andrade y Eloy Cantú Segovia.
El Partido Acción Nacional tendrá en el Senado a un grupo de 25 experimentados y combativos políticos. La fracción se puede desagregar en cuatro partes relativamente equivalentes, 5 miembros del Comité Ejecutivo Nacional, 8 miembros del Consejo Nacional, 5 empresarios y 7 destacados militantes a nivel local. Con excepción de Héctor Terán, electo en Baja California por mayoría en 1991, todos los demás llegaron por minoría al estar ubicados en el primer sitio de la fórmula de senadores. Muchos de ellos alcanzaron la nominación en disputadas y complicadas convenciones estatales.
Habría en la fracción panista un claro predominio del aparato central, pues todos ellos mantienen fuertes vínculos con la dirección nacional. Empero, es indiscutible la presencia local en Acción Nacional, pues de hecho, lo que manifiesta la fracción panista es su fuerza en las distintas entidades federativas. Casi todos son políticos con muchos años de militancia partidaria, con experiencia como diputados federales o como dirigentes locales y, por ello, reconocidos panistas a nivel nacional.
Los senadores panistas estarán coordinados por Gabriel Jiménez Remus, el cual estará apoyado por dos ex presidentes nacionales, Luis H. Alvarez y José Angel Conchello. También darán mucho que hablar Juan de Dios Castro, Luis F. Bravo, Norberto Corella, Alfredo Ling Altamirano y Emilio Goicoechea.
El PRD presenta una fracción en el Senado de ocho miembros bastante heterogénea, donde tan sólo tres de ellos son reconocidos dirigentes del partido. Tal vez por eso se explica que Héctor Sánchez López, senador por Oaxaca y dirigente de la COCEI, será su coordinador parlamentario. Varios candidatos se quedaron en el camino en estados donde los perredistas se sentían seguros de ganar. Al no ser así, quedaron más senadores postulados por la vía de Alianza Democrática.
Lo más seguro es que cada senador del PRD actúe con cierta independencia, además de que la presencia perredista no se sustentará en su número sino en la fuerza de su partido. Al igual que a los panistas, el paso por el Senado les dará fuerza y reconocimiento tanto en cada uno de sus estados, como en al aparato partidario a nivel nacional. Vale la pena recordar que los tres dirigentes del partido fueron candidatos a gobernadores y lo más probable es que lo vuelvan a intentar. Las figuras de Heberto Castillo, Auldarico Hernández, Irma Serrano y Félix Salgado, seguramente darán mucho que hablar en su paso por el Senado de la República.
La nueva composición de la Cámara de Diputados
Como instancia privilegiada para procesar el pluralismo en el país, la Cámara de Diputados ha permitido el juego político y la confrontación de ideas de los partidos políticos. Su tribuna ha funcionado como válvula de escape de un buen número de contradicciones en la sociedad mexicana, ya que no ha habido problema significativo alguno que no haya, por una vía o por otra, entrado en el debate camaril.
Con la reforma política de 1977 el papel de los diputados se hizo más activo, aunque no tanto en cuanto a legislar ni a ejercer un mayor control sobre el ejecutivo, sino en realizar mayores funciones de intermediación. [9] Con esto los diputados traducen el acontecer nacional, discutiéndolo en las sesiones y poniendo en cuestión las insatisfactorias políticas públicas. En este sentido los diputados no necesariamente establecen las decisiones, pero si influyen para que las autoridades tomen cartas en el asunto.
En el escenario político mexicano hoy esas funciones no serán suficientes, pues hay una demanda de que la representación popular tenga una encomienda de mayores dimensiones. Sin duda esa capacidad de intervenir sobre la problemática social se verá fortalecida. Pero no sólo eso. De igual modo la mediación de la Cámara estará presente en los conflictos políticos nacionales y regionales. Para ello hay que tener en cuenta un elemento novedoso, que es el que, con excepción del Partido del Trabajo, no se dará la distracción política de los partidos pequeños.
Aparte de los 300 diputados que por la modificación constitucional de 1993 alcanzará el PRI, [10] el PAN tendrá alrededor de 120 diputados, el PRD 70 y el PT únicamente 10. Con esa composición la definición de fuerzas se encuentra bastante clara, además de que si el PT quiere realmente existir, tendrá que sumarse a la oposición.
El PRI presenta como desde hace varias legislaturas una composición producto de las cuotas a sus grupos y camarillas. Aun a pesar de tener 20 curules menos que en 1991 no presenta cambios significativos en su integración. La distribución entre los sectores quedó aproximadamente de la siguiente manera: 210 diputados, el 70% en manos del sector popular; 50 diputados de extracción obrera, el 16.6%; y de origen agrario hay 40, el 13.3%. [11]
Dentro de los sectores agrario y obrero fueron la CNC y la CTM, respectivamente, quienes se quedaron con la mayoría de las diputaciones obtenidas. La diferencia con las otras organizaciones es tan grande que la CROC solamente alcanzó a colocar a cinco diputados. Si a los sectores agrario y obrero le agregamos los nueve diputados del SNTE, los ocho de la FSTSE y los 12 empresarios se alcanzan un total de 117 diputados correspondientes a los grupos y organizaciones corporativas, lo cual llega a sumar un 39%.

Como en el caso de los senadores la gran porción de los diputados priístas quedó en el sector popular, pero básicamente de los funcionarios federales (35), locales (63) y del aparato del partido (41). Suman 139, un número muy cercano al 50%. De hecho no se alcanzó porque nueve funcionarios del PRI y 11 funcionarios locales se quedaron en el camino a San Lázaro, al perder en sus distritos o por no haber sido colocados en los primeros lugares de las diputaciones plurinominales.


Cuadro 2. Distribución de Diputados del Sector Popular del PRI[H-]
Después del asesinato de José Francisco Ruiz Massieu el PRI decidió que su coordinador parlamentario y al mismo tiempo Presidente de la Gran Comisión fuese Humberto Roque Villanueva, quien llega a la Cámara desde la subsecretaria de Organización y Administración Pesquera, en Sepesca. Fue diputado en la LII Legislatura, (1988-1991) en la que fungió como secretario y después presidente de la Comisión de Programación, Presupuesto y Cuenta Pública. Fue también secretario de Comercialización en la CNC de 1986 a 1988 y director del Banco Obrero en 1981.
Roque Villanueva será apoyado por los coordinadores de las fracciones obrera, José Ramírez Gamero, agraria, Héctor Hugo Olivares Ventura y popular, Ignacio Ovalle Fernández. Por sus vínculos políticos y experiencia en la administración pública se ubicarán en la dirección de las comisiones parlamentarias, entre otros, los siguientes diputados: Francisco Suárez Dávila, Augusto Gómez Villanueva, Dionisio Pérez Jácome, Dulce María Sauri, Alberto Carrillo Zavala, Samuel Palma, Jesús Rodríguez y Rodríguez, Carlos Reta Martínez, Jorge Moreno Collado, Ismael Orozco Loreto, Antonio Sánchez Gochicoa, Marco Antonio Michel, Regina Reyes Retana, Rosario Guerra, Alfredo Valdés Gaxiola, Gustavo Salinas Iñiguez, Oscar Levín, José de Jesús Padilla, Carlos Flores Vizcarra y, en caso de superar un problema legal, Nicéforo Guerrero.
En el caso de la fracción parlamentaria del PAN, que será de alrededor de 120 diputados, resulta que una sexta parte obtuvo su curul a través de la vía uninominal, mientras que los otros cien llegaron por la pista plurinominal. Lo que este hecho produce, además del aumento de 33% en las curules panistas, es que muchos diputados plurinominales no sean muy conocidos a nivel nacional, pues ocupaban lugares secundarios en las listas. Así, lo que tenemos es una fracción con nueve integrantes del Comité Ejecutivo Nacional, unos veinte consejeros nacionales y 33 dirigentes locales. Los demás son miembros distinguidos del partido únicamente a nivel local.
Por otra parte, resulta que más de la mitad del CEN estará en los órganos legislativos. [12] También es notable la presencia de muchos candidatos provenientes de los estados en donde el PAN es gobierno: seis en el caso de Baja California, cuatro por el estado de Chihuahua y otros cuatro por Guanajuato. Lo cierto es que en Acción Nacional la lucha principal se da por ocupar las primeras posiciones plurinominales y no tanto las de mayoría. Otro hecho significativo es que el PAN sólo tendrá 11 mujeres diputadas, varias de ellas porque estaban de relleno en las listas plurinominales.
Los diputados panistas serán coordinados por Fernando Lozano Gracia, representante del partido en el Consejo Federal Electoral y miembro del CEN. Su labor será apoyada por otros miembros del CEN como Cecilia Romero, Rodolfo Elizondo, Ricardo García Cervantes, Salvador Beltrán del Río y Juan García Villa. Será reforzada por muchos dirigentes estatales que si bien carecen de experiencia en el Congreso de la Unión, han sido diputados locales y/o funcionarios en las administraciones estatales o municipales.
La fracción que tendrá el mayor aumento en la Cámara de Diputados es la del PRD, pues de 41 integrantes en 1991 ascenderá a más de 70 en la LVI Legislatura. La intensa recomposición en este partido no nos permite analizar con nitidez la composición de sus fuerzas internas, aunque en términos generales la distribución de las diputaciones quedó de la siguiente manera: 23 miembros de la corriente arcoiris, 9 de la izquierda democrática (trisecta), 8 de cambio democrático (hebertista), 5 de otras corrientes y 25 diputados que forman parte de las organizaciones que se sumaron a la alianza democrática enarbolada por el PRD.
A diferencia de los otros dos partidos, el PRD decidió mediante una forma más transparente en manos de quien estaría la coordinación parlamentaria. Inicialmente se presentaron cuatro candidaturas para dirigir la fracción, Jesús Ortega y Francisco Curi de la arcoiris, Juan Guerra de la trisecta y Mariclaire Acosta de los fuerzas cercanas al partido. El primer resultado fue que los dos miembros de arcoiris obtuvieron la mayor cantidad de votos, por lo que hubo necesidad de una segunda votación en la cual resultó triunfador Jesús Ortega.
La diferenciación al interior de la corriente arcoiris deja entrever que existe una fuerza que se aglutina en torno a la figura de Cuauhtémoc Cárdenas, con quien Jesús Ortega colaboró en la coordinación de su campaña. Otro grupo es cercano a Porfirio Muñoz Ledo, con el cual Francisco Curi estaría fuertemente vinculado. Lo anterior no quiere decir que hubiese una fuerte pugna que perfilara hacia una próxima escisión, sino que fueron dos candidaturas que corresponden a estilos y perfiles diferentes. De hecho el triunfo final de Ortega se logra con los votos de la trisecta, con lo cual Juan Guerra será el vicecoordinador general de la fracción.
Sin duda alguna será una fracción sumamente combativa, donde se vincularán experiencia y capacidad de tribuna. También será expresión del nuevo partido que se está formando, con una generación en plena madurez y la amalgama política de una gran cantidad de orígenes distintos. Apoyando muy de cerca a la coordinación de la fracción encontraremos de la corriente arcoiris a Javier González, Pedro Etienne, Leonel Godoy, Jesús Zambrano y a Graco Ramírez; de la trisecta a Rosario Robles, Guillermo González, Martín Longoria y a Eliseo Moyao; de cambio democrático a Ramón Sosamontes, Alfonso Solórzano y a Héctor Bautista.
Asamblea de Representantes: hacia la democratización del DF
Por tercera ocasión se eligió a los miembros de la Asamblea de Representantes del DF, los cuales tendrán que abordar la creciente demanda de democratización ciudadana. La nueva composición se dará con 38 miembros del PRI que ganaron por mayoría relativa, 14 del PAN (dos de mayoría relativa y 12 de representación proporcional) 10 del PRD, dos del PT y dos del PVEM. [13]
Es importante señalar que puede apreciarse en cada una de las fuerzas la distinta composición de su fracción, con lo cual es posible tener una idea de qué tipo de asambleístas definió cada partido. Esta no es una cuestión menor ante el papel que ha desempeñado y desempeñará en el futuro la Asamblea. En vías de convertirse a mediano plazo en un cuerpo legislativo con calidad de congreso estatal, este órgano deberá profundizar su experiencia como instancia representativa y generador de normas jurídicas.
Cuadro 3. Fuerzas Políticas en la Asamblea de Representantes[H-]
El partido oficial definió una equilibrada composición con distintos tipos de representantes. En primer lugar encontramos un núcleo de funcionarios, casi todos ellos expertos jurídicos, fogueados en el nivel delegacional. Otro grupo, tal vez el más importante y homogéneo, con la experiencia del trabajo partidario en la capital. Otro más es el del liderazgo corporativo, con los dirigentes obreros, de la burocracia y de los artistas. Finalmente encontramos un núcleo que responde a las fuerzas ciudadanas y a grupos organizados de la sociedad civil.
La fracción priista, la cual será coordinada por el ex presidente del partido en el DF, Manuel Jiménez Guzmán, se proyecta como una representación menos dependiente del gobierno de la ciudad y más preocupada por la problemática cotidiana. Deberá responder a la turbulenta situación de la ciudad capital con propuestas claras y precisas, si es que desea ser parte activa de la transformación política del Distrito Federal.
El PAN determinó el arribo de un grupo de asambleístas que se compone de dos características esenciales. Por un lado, un núcleo de políticos con experiencia militante y otro de expertos en el oficio de la Asamblea y el derecho. Con ello pareciera que este partido visualiza la problemática de la ciudad como una cuestión que se centrará en la negociación política y en la definición de reglas jurídicas.
Se observa la idea de la presencia ciudadana, aunque la falta de vínculos con organismos sociales. Se privilegió la experiencia política en los cuerpos parlamentarios, ya que hay cinco asambleístas que vienen de la Cámara de Diputados, de los cuales tres fueron miembros de la primera Asamblea. Los panistas serán coordinados por Gonzalo Altamirano Dimas, el cual es a la vez presidente del partido en el DF.
Si la fracción panista tiende a ser en exceso producto del cubículo partidario, la perredista peca de un exagerado liderazgo territorial. Sus fuerzas políticas se disputaron las posiciones marginando la posibilidad de la presencia de ciudadanos sin apoyo de algún movimiento social. El PRD delineó un núcleo político demasiado marginal, representativo de una porción importante de capitalinos, pero que excluyó a grandes espectros ciudadanos. El costo político será que con ello habrá muchos simpatizantes perredistas que se sentirán totalmente distantes de su fracción en la Asamblea.
La experiencia parlamentaria de los asambleístas del PRD es prácticamente nula, pues tan sólo dos de ellos, Iván García Solís y Pedro Peñaloza ya fueron diputados. Serán coordinados por Dolores Padierna, dirigente como todos ellos del movimiento urbano popular e integrante de la trisecta. En todo caso, para subsanar el evidente déficit, la fracción perredista tendrá que rodearse de un buen grupo de asesores.
Conclusión
Existen varios elementos que nos permitirían señalar que las instancias representativas actuarán como lo han venido haciendo en los últimos quince años de reforma política. El control de la mayoría priista no tendría por qué modificarse ni vería amenazada su hegemonía. Sin embargo, tomando en cuenta las condiciones del país, resulta evidente que las funciones y el papel que desempeñan los cuerpos legislativos tendrá que tomar otros derroteros.
La apertura del Senado, la nueva composición de la Cámara de Diputados y la necesaria reforma democrática del Distrito Federal, nos proyectan un juego político más activo de los espacios de representación. No se trata meramente de que estos se conviertan en eficientes contrapesos del poder ejecutivo, que legislen y controlen asumiendo sus funciones, sino de que se conviertan en los espacios que requiere la sociedad mexicana para ventilar sus contradicciones y toma de decisiones a través de consensos y negociaciones.
La clara definición que hizo el electorado para recomponer la presencia de las fuerzas políticas, no debiera dejar dudas sobre cuáles son los actores que se han ganado su lugar. Tal vez habría que añadir que este escenario se perfiló desde 1988, aunque con una fuerza orgánicamente desarticulada. El pluralismo se abre camino en el país, a pesar de que en muchos lugares la competición aparece sólo entre dos fuerzas.
Cuando la profundidad de la crisis política amenaza la sobrevivencia del sistema político, la construcción de la modernidad política en México vuelve imperativa una regulación más precisa de la lucha entre adversarios fuertes y consolidados. Los partidos políticos, en el camino de transformar al anquilosado sistema partidario, enfrentarán todavía muchas reticencias e intentos de retraso, pero su disposición al diálogo y a la concertación les permitirá salvar obstáculos aparentemente insalvables. Sin duda se ha vuelto un punto importante de la agenda política dar trámite expedito a una próxima reforma política, en la que deberán estar presentes, como actores y como escenarios, como sujetos y objetos, las instancias de representación política.
Las elecciones de 1994 pusieron en la mesa de la discusión la necesidad de una reforma del Estado, desde la perspectiva de que al sistema político le quedan muy pocas alternativas. Sólo con democracia logrará oxigenarse. En ello se encuentran inmersos los espacios de la representación política, con el fin de cumplir nuevas funciones en el procesamiento de las definiciones y tomas de decisión de las cuestiones públicas.
CITAS:
[*] Profesor-Investigador del Depto. de Política y Cultura, UAM-X.
[1] Cotta, Maurizio, "Parlamentos y representación", en Gianfranco Pasquino, et, al., Manual de Ciencia Política, Alianza Universidad Textos, 125, Madrid, 1991.
[2] Sartori, Giovanni, Teoría de la democracia. El debate contemporáneo, Alianza Editorial, México, 1989.
[3] Córdova, Arnaldo, "La práctica y el proceso legislativos", en Senado de la República-UNAM, Política y procesos legislativos, Miguel Angel Porrúa, México, 1985.
[4] Peschard, Jacqueline, "La crisis del monólogo senatorial", en Senado de la República-UNAM, Política y procesos legislativos, Miguel Angel Porrúa, México, 1985.
[5] Se modificó el Artículo 56 Constitucional con lo que a partir de 1994 habría cuatro senadores por estado. Diario Oficial de la Federación, México, 3 de septiembre de 1993.
[6] Ver Reyes del Campillo, Juan, "La legitimidad de la sucesión presidencial", en El Cotidiano, UAM-Azcapotzalco, núm. 58, octubre-noviembre de 1993.
[7] Al momento de escribir este artículo el Tribunal Federal Electoral no había terminado de resolver las impugnaciones presentadas por los partidos políticos, por lo cual la composición del Senado podría cambiar.
[8] Entre los senadores electos en 1991 hay ocho que asumieron el cargo de gobernadores; otro, Manuel Aguilera, la jefatura del Departamento del Distrito Federal y, uno más en el camino de la gubernatura en Chiapas.
[9] Ruiz Massieu, José Francisco, "Las relaciones entre el poder Ejecutivo y el Congreso de la Unión: el trabajo legislativo, el control político y la planeación legislativa", en Política y procesos legislativos, Miguel Angel Porrúa, México, 1985. En la misma obra, Moreno Collado, Jorge, en "El proceso y la práctica legislativos", señalaba que hay en la Cámara de Diputados "un mayor número de proposiciones e iniciativas al observado en épocas anteriores" y agrega que ello "se advierte no sólo en el comportamiento de los partidos de oposición, sino también en el partido mayoritario, cuyos diputados han incrementado su capacidad de presentar iniciativas propias ligadas a demandas populares, así como multiplicado la frecuencia de su intervención con los electores y con los sectores de los que provienen".
[10] Artículo 54, fracción III.
[11] Debido a que el Tribunal Federal Electoral sigue revisando las impugnaciones no es posible dar en estos momentos una cifra definitiva de la distribución de diputados entre los diferentes sectores. En 1991 la distribución de candidaturas fue la siguiente: agrario 14%, obrero 15% y popular 71%.
[12] El miembro del CEN, Gerardo Medina Valdés, varias veces diputado, estaba en la lista de candidatos plurinominales, pero lamentablemente falleció días antes de la elección.
[13] En 1991 el PVEM tuvo el porcentaje necesario para obtener curules de representación proporcional en la Asamblea de Representantes, pero al no obtener el 1.5% de la votación nacional en ninguna elección federal, se quedó sin registro y sin representantes. Ahora, de acuerdo con la modificación del artículo 35, fracción 2 del Cofipe, al tener una segunda oportunidad para la obtención del 1.5%, el PVEM mantiene su registro y por lo tanto tendrá derecho a dos representantes.


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