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Aspectos transferenciales y contratransferenciales en los Procesos Diagnósticos” -una aproximación a su estudio


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"Aspectos transferenciales y contratransferenciales

en los Procesos Diagnósticos”

-Una aproximación a su estudio-

Lic. Eduardo Daniel Levin



"La extraordinaria diversidad de las constelaciones psíquicas, la plasticidad de todos los procesos psíquicos y la riqueza de los factores que hemos de determinar, se oponen a una mecanización de la técnica y permiten que un procedimiento generalmente justificado no produzca en ocasiones resultado positivo alguno, o inversamente, que un método defectuoso logre el fin deseado...". Freud, S. (1913) La iniciación del tratamiento, Obras Completas
ACERCA DE LA ENTREVISTA PSICOLÓGICA
Uno de los textos tradicionales sobre esta temática es el que ha desarrollado José Bleger1. Allí señala y distingue a la entrevista psicológica como "aquello que intenta el estudio y la utilización del comportamiento total del sujeto en todo el curso de la relación establecida con el técnico [entrevistador], durante el tiempo en que dicha relación se extienda”.
Mas adelante dirá: "Es una relación de índole particular que se establece entre dos o más personas... Consiste en una relación humana en la cual uno de sus integrantes [entrevistador] debe tratar de saber lo que está pasando en la misma y debe actuar según ese conocimiento". Finalmente señalará que la entrevista es "un campo de trabajo en el cual se investiga la conducta y la personalidad de seres humanos".
Queda claro, entonces, que, según este autor, hay presentes tres ejes iniciales:


  • El comportamiento y la personalidad del sujeto.

  • Lo que se constituye en ese marco de encuentro, ese particular vínculo.

  • Los roles que cada una de las partes adquiere a partir del mismo.

Evidentemente ello no es de ninguna manera 'estático' sino que, por el contrario, son numerosos los factores que incidirán sobre el mismo y las relaciones entre ellos.


Al decir de Bleger (1973, op.cit.) existen dos partes definidas: “alguien que se constituye como entrevistado y alguien que protagoniza el rol de entrevistador”. No obstante, la casuística denota muy diferentes situaciones en las cuales no siempre puede lograrse definir tan claramente dicha adjudicación de roles.
Podemos encontrarnos con determinados modelos de personalidad más avasallantes que tienden a dirigir el campo de la entrevista, preguntando al entrevistador, por ejemplo, acerca de cuestiones personales del entrevistador, o poniendo a prueba sus conocimientos o manejo del curso de la entrevista. No faltan, tampoco, aquellos que por medio de una conducta seductora, intentan tomar dominio de la dirección de la entrevista.
En oposición a estos ejemplos, también pueden llegar a presentarse otros modelos de personalidad con rasgos de introversión, con actitudes más pasivas o bien que muestran una importante dificultad para la expresión oral, como así también existen aquellos otros que plantean su oposicionismo en forma clara y abierta, llegando a decir: “Yo no tengo nada que decirle a usted”.

Este último caso suele asociarse a aquellos sujetos que generalmente "son traídos” o “enviados por un especialista” contra su propia voluntad.


Sabemos bien que todas estas conductas pueden llegar a ser producto de dificultades personales o bien de resistencias ante la situación de ser observado y evaluado por un otro.
Estos observables plantean al entrevistador, una serie de variables que deberá sortear, resolver y sobrellevar en aras de efectivizar su rol y, por sobre todo, su objetivo de trabajo.
Las preguntas que surgen, entonces, son:

  1. ¿Cuáles son las sensaciones y pensamientos que llegan a despertar en uno mismo, dichas conductas del entrevistado?

  2. ¿Qué actitud debería ser tomada, cuándo y cómo llevarla a cabo?

CUANDO LA TRANSFERENCIA HACE SU APARICIÓN


No solo el entrevistado puede presentar “dificultades” a la hora de entrar en una entrevista psicológica. Recordemos que también es el mismo entrevistador el que se encuentra implicado en el campo de la entrevista.
Para ir introduciéndonos en esta temática tan compleja, podríamos señalar tres ítems iniciales que pueden llegar a incidir en el desempeño de rol del entrevistador amateur:


  • El manejo de la ansiedad.

  • El nivel de formación y de experiencia del profesional.

  • Los propios “puntos oscuros” de su historia y las propias resistencias que se re-editan a la hora de escuchar al entrevistado.

La ansiedad, aquella emoción compleja que se encuentra presente en reiterados momentos, la cual mayoritariamente se torna obstaculizadora de nuestro desempeño de rol.


El nivel de formación (estudio, supervisión e investigación) posibilitan una mayor adecuación en las intervenciones, pudiendo conocer más sobre los diferentes cuadros psicopatológicos y sobre el trabajo del síntoma.

El nivel de experiencia incide en el desarrollo de las entrevistas, puesto que el factor “sorpresa” del relato del entrevistado, el haber escuchado y trabajado con casos similares, y el conocer mínimamente las posibles reacciones y consecuencias de determinadas intervenciones, aminoran el monto de ansiedad e incertidumbre, y posibilitan una intervención más acertada.


Numerosas veces se ha podido observar comienzos de entrevistas en las cuales su apertura resulta ser un "ping pong" de preguntas y respuestas, influenciados por los ítems anteriores que generan además una falta de escucha sobre lo que el otro se encuentra diciendo. Numerosas veces solemos escuchar argumentaciones por parte del entrevistador que expresa su lectura de la dificultad transitada, diciendo: “El entrevistado no deseaba hablar, era muy retraído, se encerraba en sí mismo, tenía conductas evitativas, etc.”. No cabe dudas que esto puede ser posible, aunque no deberíamos desestimar la influencia que el propio entrevistador tiene para la aparición de dichas conductas, tal como lo han planteado autores como Bleger, Phillipson2 y Rapaport3, entre otros.
Dentro del acotado campo experimental que la cátedra puede proponer a los alumnos, al plantearse la ejercitación de rol por medio de la aplicación de un psicodiagnóstico, las dificultades que se han ido observando en materia del manejo de la entrevista, han sido argumentadas además por la adjudicación de un rol paternalista, justificando el no querer llegar a “incomodar al sujeto que voluntariamente estaba colaborando con la tarea, con preguntas que las vería como comprometedoras”.
Muchas veces podemos leer a trasluz de los informes de entrevistas, que la falta de indagación y profundización de determinadas temáticas del sujeto, se han visto detenidas por el hecho de no querer “invadir” terrenos de privacidad o bien que pudieran generar un desequilibrio emocional severo. Como suelen decir los alumnos: “¿Con qué derecho yo me entrometo en su vida privada sin darle nada a cambio ni ofrecerle nada a posteriori?”.
En muchos textos podemos hallar referencias acerca del rol de entrevistador y su particular participación en el curso de la entrevista.
Aquí haremos hincapié en uno de los ítems fundamentales para el ejercicio del rol: la escucha. La posibilidad de escuchar a un sujeto que habla puede resultar una obviedad, sin embargo no deja de ser algo complejo para llevarlo a cabo como es debido. Ya que escuchar implica por un lado, mantener una especial actitud de concentración y, por el otro, requiere dejar de lado nuestras propias opiniones, posiciones, sensaciones, valores e ideales.

Para ello debemos anexar al menos dos grandes conceptos que estamos acentuando:



  1. Como lo nombra Bleger: la disociación instrumental; o bien -aunque con algunas diferencias conceptuales- al decir de Freud: la atención flotante; conceptos centrales en la práctica profesional. Estos conceptos han sido sumamente trabajados en muy diversas bibliografías -entre ellas el Libro de Veccia4- razón por la cual no serán desarrollados en este escrito.

  2. El segundo, entrelazado a lo mencionado anteriormente, abordando el concepto de lo que se denomina Transferencia.

Antes de abordar de lleno lo que denominamos transferencia, es válido mencionar previamente algunas de las situaciones que se deben sortear al momento de la escucha de otro.


En el campo de la entrevista, todo tipo de expresión que realiza tanto el entrevistado como el entrevistador, pueden provocar diferentes reacciones y sensaciones en el otro.
Muy frecuentemente en la práctica se suelen observar "apresuramientos" por parte del entrevistador, ante frases “armadas” que no son expresadas con total claridad. Frases tales como: "me quedé re-caliente con la situación", "con mi mamá hablo de todo", "él es re-gamba en todo", "tuve un parto normal", "con mi familia me llevo re-bien", etc., provocan en el entrevistador una determinada imagen que no necesariamente es coincidente con lo que el entrevistado está diciendo o considerando sobre sí mismo.
Aceptar callar y no indagar sobre este tipo de frases hace que la entrevista tome un curso diferente, transformándose en una mera "charla de conocidos". ¿Por qué? Porque nos estamos guiando por nuestro propio mundo imaginario, con nuestras terminologías y códigos, con nuestros valores y nuestras consideraciones, y no con las que verdaderamente está presentando el entrevistado. Estamos, entonces, poniendo un significado subjetivo, dejando de lado lo que el sujeto nos está diciendo en verdad.
Ser “re-histérica” o ser “regamba” para nosotros puede representar un determinado significado que para el otro seguramente no lo es.
¡Cuántas veces uno hasta se encuentra "rellenando" las frases incompletas que el otro deja con suma intencionalidad, observando luego al proceder de esta forma, que no era exactamente -por suerte- lo que el sujeto quería decir! "Tenía que entrevistarme con el jefe y…”, “Me entendés, ¿no?", "¡Viste como son las madres!, ¿no?", “Tuve que ir al banco y, no sabés…”, etc.
¿Por qué ocurren estas situaciones? ¿Por qué no pedir más aclaración sobre un término ambiguo o una frase incompleta o lábil? ¿Qué lleva a un entrevistador a acompañar al otro completando y re-creando un diálogo casi de amigos? ¿Y por qué se ve como necesario cambiar rápidamente de tema cuando aparece un silencio o bien se asoma alguna lágrima por parte del entrevistado?
Es como si se tendiera a "no molestar demasiado" y a sostener una especie de imaginario en el cual el entrevistador ENTIENDE Y SABE TODO lo que le pasa al otro.
Cuando nos encontramos entrevistando a un sujeto, numerosos pensamientos e imágenes suelen aparecerse en milésimas de segundos.

Como bien es señalado por Veccia5 “El entrevistador acomete varias tareas simultáneas: Escucha y observa mientras en el ´fondo´ de su mente aparecen asociaciones, pensamientos, fantasías, recuerdos, relacionados con lo que manifiestan los entrevistados”.


Como mencionábamos antes, al decir de Phillipson6 sabemos que el entrevistador constituye el estímulo más importante... ya que es EL ESTÍMULO propiamente dicho. ¿Qué significa ello? Que inevitablemente la mera presencia del entrevistador incide en el otro y en todo el acontecer de la entrevista.
Sabemos bien que, además de su presencia, hay todo un bagaje de elementos en juego que afectan positiva o negativamente en el desarrollo de la entrevista. Los ejemplos planteados anteriormente denuncian estos elementos, los cuales promueven un estilo particular en el desarrollo de la misma.
Ahora bien, estas diferentes conductas que se van perfilando en el curso de las entrevistas, inclusive ante la aplicación de las técnicas auxiliares como ser los test gráficos o verbales, al tornarse en resistencia, evidentemente requerirán de nuestra intervención. Dicha intervención deberá facilitar al entrevistado, una apertura de sus expresiones, salvándolas de autocríticas y restricciones que entorpecen el despliegue de su personalidad. Por supuesto, estas conductas serán tomadas en cuenta, de igual manera, a la hora del diagnóstico.
LA TRANSFERENCIA A LA LUZ DE LA CONDUCTA
Es sabido que ingresar en este concepto pilar de la labor terapéutica no es tarea nada sencilla, ya que sería merecedora de un gran desarrollo teórico desde las diversas corrientes científicas.
Intentaremos aquí, muy acotadamente, dar cierto cuerpo a todo aquello que hemos estado enunciando en la primera parte de este trabajo. Queda claro, asimismo, que en líneas generales, uno suele hablar de transferencia dentro de la labor terapéutica, pero, ¿acaso no se genera también, en cierta forma, durante el curso de un psicodiagnóstico?
Haciendo un recorte de autores y textos, mencionaremos principalmente las explicaciones y enunciados que nos señalan autores como Laplanche y Pontalís, José Bleger y Sigmund Freud.
Encontramos en el Diccionario de Psicoanálisis de Laplanche y Pontalís7: "[La transferencia] designa, en psicoanálisis, el proceso en virtud del cual los deseos inconcientes se actualizan sobre ciertos objetos, dentro de un determinado tipo de relación establecida con ellos y, de un modo especial, dentro de la relación analítica. Se trata de una repetición de prototipos infantiles, vivida con un marcado sentimiento de actualidad...".
Completando la lectura, agregamos desde Bleger8 las siguientes definiciones:

"...Son fenómenos que aparecen en toda relación interpersonal... Es la actualización de sentimientos, actitudes y conductas inconcientes por parte del entrevistado, que corresponden a pautas que éste ha establecido en el curso del desarrollo y, en particular, en la relación interpersonal con su medio familiar... Son actitudes afectivas que el entrevistado vivencia o actúa en relación al entrevistador... Ellos agregan una importante dimensión al conocimiento de la estructura de la personalidad y al carácter de sus conflictos... Asigna roles al entrevistador y se comporta en función de los mismos... En la transferencia se podría encontrar lo que se espera del entrevistador...”.
Intentando alcanzar una suerte de síntesis, podríamos decir que por diferentes motivos, determinadas historias y conductas pertenecientes al pasado se llegan a reactualizar, poniéndose en juego con ese otro presente, llevándolo, inclusive a actuar de una determinada manera. En definitiva, podríamos decir, la transferencia conlleva a la acción.
Sin embargo, este proceder puede tener tanto fines positivos como negativos, ya que, si bien permite ver al sujeto mismo, también lo puede llevar a “ocultarse” evadiendo así, la tarea terapéutica.
Al decir de Freud9: "¿...Por qué la transferencia se nos opone como resistencia en el tratamiento psicoanalítico? Allí donde la investigación analítica tropieza con la libido, encastillada en sus escondites, tiene que surgir un combate. Todas las fuerzas que han motivado la regresión de la libido se alzarán, en calidad de resistencias, contra la labor analítica, para conservar la nueva situación... De este modo, la transferencia que surge en la cura analítica se nos muestra siempre, al principio, como el arma más poderosa de la resistencia y podemos deducir la conclusión de que la intensidad y la duración de la transferencia son efecto y manifestación de la resistencia...Tenemos que decidirnos a distinguir una transferencia "positiva" y una "negativa", una transferencia de sentimientos cariñosos y otra de sentimientos hostiles...”.
Podemos agregar unos párrafos más que amplían los términos expresados:

“…Hemos visto ya que el analizado repite en lugar de recordar, y que lo hace bajo las condiciones de la resistencia… Repite todo lo que se ha incorporado a su ser partiendo de las fuentes de lo reprimido: sus inhibiciones, sus tendencias inutilizables y sus rasgos de carácter patológico…De las reacciones de la repetición que surgen en la transferencia parten luego los caminos ya conocidos para la evocación de los recuerdos, los cuales surgen sin esfuerzo aparente una vez vencidas las resistencias”10.

“…A todas luces, el peligro de los estados transferenciales reside en que el paciente confunda su índole, tomando por vivencias reales y actuales lo que no es sino un reflejo del pasado…”11.
Algunas de las múltiples posibilidades que suelen presentarse a modo de expresiones de los entrevistados son, por ejemplo:
“…Ah! Yo pensé que era más mayor usted...”, “¿Qué quiere que le diga, doctor? usted me recuerda mucho a mi hijo...”; “Dele, doctor, sea bueno; no me dé tanto para dibujar...”; “¡Uy! ¡Lo que debe de estar pensando de mí! ¿Vio qué mal que me sale? Nunca pude, doctor, siempre me costó mucho hacer estas cosas...”.
¿Qué ocurre en estos ejemplos? El sujeto, de acuerdo a su propia historia de vida, va desplegando modalidades de conducta y de expresión, según las circunstancias y ante quien se encuentre siendo entrevistado. Esas actitudes y expresiones tienden a poner al entrevistado en un lugar particularmente significativo para el sujeto. El entrevistador deberá, entonces, observar dichas actitudes aunque sin llegar a ubicarse en ese rol adscrito.
Cabe aclarar que en determinados ámbitos institucionales, los sujetos entrevistados pueden llegar a denominar al psicólogo con el término “doctor”, más allá del título que verdaderamente posea.
Las modalidades que adopta cada sujeto ante la presencia del otro son múltiples, y éstas siempre estarán respondiendo a su propia historia y hacia lo que el entrevistador despierta y provoca al sujeto entrevistado.
Dentro del acotado tiempo que dispone la aplicación del proceso psicodiagnóstico, debemos mantener un nivel transferencial óptimo como para facilitar que el sujeto pueda desplegar sus principales rasgos de la estructura de la personalidad.
El enojo, la desconfianza, el miedo a llegar a ser “descubierto” por ese otro extraño que “se entromete” en su vida, inclusive el miedo a descubrir su “locura”, entre otras tantas actitudes, obstaculizan y restringen la libre expresión de sus pensamientos, fantasías, sentimientos y emociones.
Como numerosas personas suelen expresar en el curso del psicodiagnóstico, con cierto tinte de humor y hasta con un tono infantil: “¡Ay! ¿Estoy muy loco, doctor?, ¡Estoy para el Borda!, ¿No?, Dígame la verdad: estoy re-loco, ¿No?” ¡Lo que debe estar pensando de mí ahora!
Nosotros debemos posibilitarle disminuir esos pensamientos y fantasías de tinte persecutorio, para lograr mantener una transferencia positiva que facilite el despliegue de sus pensamientos y sentimientos.

ADENTRÁNDONOS AL CONCEPTO DE “CONTRATRANSFERENCIA”


Hasta aquí hemos expuesto lo que mayormente le ocurre al sujeto que se integra a un proceso de entrevistas. Pero, ¿qué ocurre en relación al propio entrevistador? ¿Acaso está exento de todo ello?
Evidentemente el entrevistador también es influenciado por la presencia del entrevistado, quien le genera –conciente o inconcientemente- toda una serie de desencadenantes, producto de escenas, pensamientos, sensaciones, sentimientos, que, de no mediar una adecuada percepción de ellos, el curso de la entrevista será seguramente desvirtuado.
Siguiendo los conceptos vertidos por Bleger12: “La contratransferencia son los fenómenos que aparecen en el entrevistador, las respuestas a las manifestaciones del entrevistado, el efecto que tiene sobre él... Es un indicio de gran significación y valor para orientar en el estudio que realiza…".
Si bien es cierto que, en particular tomando los textos de Freud, todo lo referente al concepto de transferencia estaría vinculado con el tratamiento analítico, observamos en la práctica profesional diaria, un sinfín de situaciones y conductas que se acercan a dicho concepto princeps. Como lo enunciaba Freud13: “…La transferencia surge espontáneamente en todas las relaciones humanas…”.
Es que en realidad, desde el mero contacto entre un entrevistador y un entrevistado, comienzan a aparecer una cantidad de asociaciones y pensamientos que luego, muy probablemente, nos lleve a una particular posición ante el otro.
Mas allá del marco teórico, lo cierto es que hay algo que media entre entrevistado y entrevistador, y que es algo que contiene de ambos dos, jugando un papel fundamental en el desarrollo de la entrevista, ya que de acuerdo a ello, a lo que comienza a instaurarse, deviene su rumbo.

Desde el inicio de la pre-entrevista, el entrevistador comienza a conformar un imaginario vinculado con lo oído, percibido y dialogado con el entrevistador.


En el comienzo de la entrevista, un cúmulo de supuestos, imágenes yuxtapuestas, pensamientos y asociaciones personales, se ponen en marcha en el devenir del discurso del entrevistado. De acuerdo a lo que el sujeto irá diciendo, acentuando y desarrollando, y de acuerdo a los afectos que pondrá en ellos, el entrevistador empieza a percibir un entrecruzamiento de sensaciones, pensamientos y actitudes que favorecerán o bien entorpecerán dicha escucha y exploración de la personalidad.

Nuestra historia personal juega un papel preponderante en la función de escucha. Muy frecuentemente ocurre que el sujeto nos relata un determinado episodio, conflicto o preocupación que inclusive nosotros mismos hemos estado atravesando o bien nos mantiene en alerta.


Evidentemente no podemos denegar el vínculo aunque sí debemos tenerlo en cuenta ya que seguramente influenciará nuestras intervenciones futuras.

En realidad todo dependerá de la magnitud de la “coincidencia”, sin embargo, siempre en alguna medida, estos “puntos oscuros” pueden llegar a convertirse en un obstáculo en la dirección de nuestro ejercicio de rol.


Como es señalado en el Diccionario de Psicoanálisis14 “…Ningún analista va más allá de lo que le permiten sus propios complejos y resistencias internas, lo cual tiene como corolario, la necesidad de someterse él mismo a un análisis personal”.
Siguiendo la línea de pensamiento planteada, cabe abrir un paréntesis para acentuar la importancia del poder “pensar” nuestras intervenciones en el campo de las entrevistas. Este pensar implica tener presente:


  1. Qué preguntar, teniendo en cuenta el por qué y el para qué de nuestra intervención, es decir, qué es lo que queremos llegar a obtener o producir en el otro.

  2. Contemplando el momento exacto en el cual lo realizo, inclusive evaluando si es verdaderamente el adecuado para el sujeto y en el curso de la entrevista; en otras palabras, si lo va a poder “escuchar” y hacerse eco del mismo.

  3. Evaluando los posibles desenlaces de dicha intervención, aunque sabemos bien, por supuesto, que muchas veces logramos llegar a conocerlo desde su consecuencia posterior, es decir, de la respuesta que nos dará a posteriori.

Vale agregar que dentro de un proceso psicodiagnóstico, nuestras principales intervenciones deben girar entorno a la obtención de aclaraciones y ampliaciones de los datos que nos va dando el sujeto.



Muy pocas veces podemos hablar de “señalamientos” dentro de este proceso, ya que implica una intencionalidad que tiende a poner énfasis para que el sujeto re piense sobre lo enunciado. Mucho menos podemos llegar a pensar en “interpretaciones” (como concepto psicoanalítico), ya que este procedimiento debe ser utilizado exclusivamente en el campo de un tratamiento y no dentro de un psicodiagnóstico.
Un párrafo de Freud complementa lo señalado hasta aquí: “La atención flotante es no intentar retener especialmente nada... en cuanto esforzamos voluntariamente la atención con una cierta intensidad comenzamos también, sin quererlo, a seleccionar el material que se nos ofrece... Si nos dejamos guiar por nuestras esperanzas, corremos el peligro de no descubrir jamás sino lo que ya sabemos, y si nos guiamos por nuestras tendencias, falsearemos seguramente la posible percepción... Debe escuchar al sujeto sin preocuparse de si retiene o no sus palabras...”15.
Podríamos referir aquí diferentes aspectos de lo que se denomina “contratransferencia”. Existe una amplia variedad de emociones y pensamientos que pueden llegar a invadirnos en el momento de estar frente a un sujeto que ingresa en entrevistas o bien se encuentra en tratamiento.
Al decir de Maladesky16 “Aun el mejor terapeuta experimentado, se siente movilizado frente a las situaciones que observa ya que algo siempre tiene que ver con su propia historia…”.
A modo didáctico, los podríamos agrupar en diferentes tipos de reacciones internas:
Partiendo de la percepción que tenemos sobre el sujeto que entrevistamos y de los primeros avances en el curso de la entrevista, podrían ponerse en juego una serie de pensamientos y sensaciones basados en el cómo nos “cae”, a quién nos hace recordar, los sentimientos de atracción o rechazo generadas por ser del mismo o diferente sexo, por su apariencia general (vestimenta, rasgos físicos, etc.) o bien, por sus rasgos más destacables (aspecto físico, estudios, situación familiar) por su postura o la actitud de seducción que presenta, etc.
Otros tipos de efectos que pueden llegar a generarse en uno mismo serían, por ejemplo, cuando aparecen momentos de “distracción”, y nos descubrimos pensando en otras cosas ajenas a lo que el sujeto está diciendo. Dichos pensamientos e imágenes pueden estar basados en tareas pendientes, situaciones recientemente vividas que aún quedaron inconclusas, o algún acontecimiento de la vida personal de uno mismo (peleas, discusiones, separaciones, des-amoríos, preocupaciones por un enfermo cercano, o hasta la preocupación o ansiedad por una entrevista que tendríamos a posteriori).
Otro estilo de manifestaciones contratransferenciales podrían llegar a ser las reacciones de enojo, “bronca”, fastidio, por el cómo nos está hablando y se dirige a nosotros, o porque suele faltar, o no cumplir con el pago de honorarios. Se suman a estos, el sentir que no se llegan a observar avances en su tratamiento, no desea realizar los gráficos de una técnica, no amplía lo que se le pide, o no responde lo que uno está buscando obtener.
Hay también posibles reacciones manifestadas a través del cuerpo mismo, como ser sensaciones de cansancio, sueño, agotamiento o aburrimiento. Estas pueden llegar a ser generadas por el hecho de que nos resulte monótono, que esté hablando “demasiado”, que siempre gire alrededor del mismo tema, o bien que esté hablando de un tema que decididamente nos afecta de alguna forma. Como consecuencia podrá surgir en uno mismo, la ansiedad de que diga algo “interesante” o bien, que termine pronto y se vaya.
Pueden surgir, asimismo, otro tipo de reacciones físicas o fisiológicas como ser dolor de cabeza, cervical, estomacal, sentir necesidad de ir al baño, inquietud y necesidad de pararse, necesidad de fumar, de tomar algo, bostezar, cerrar los ojos, u otros manifestaciones o dolores agudos.
Es válido aclarar en este punto, por supuesto, que muchos de estos últimos indicadores pueden también llegar a ser ajenos o independientes a la situación contratransferencial. Estas manifestaciones físicas deben ser tomadas en consideración cuando se presentan, por sobre todo, en un momento determinado de nuestra labor profesional con el sujeto entrevistado.
Por último, así como fueron citadas toda una serie de manifestaciones “negativas” pertenecientes al entrevistador, también puede ocurrir, particularmente en un tratamiento, que surjan expresiones positivas por parte del sujeto, y que producen en uno mismo, otro tipo de reacciones. Mayormente son generadas cuando nos dice que anda mucho mejor, que se siente bien, o clama por lo bien que le hizo venir la última vez, habla maravillas del señalamiento que hemos hecho, lo amigo y confidente que le resultamos ser para él o para ella, cuán comprensivo, gentil, atento somos, y hasta puede hallarse aquel que da regalos o nos recomienda a otros conocidos suyos.
Decíamos en párrafos anteriores que muchas veces ocurre en el curso de la entrevista, que uno “cree” saber qué nos está queriendo decir, qué es lo que le está pasando y hasta cuál sería el verdadero problema de su aflicción. Nos ataca un imperioso deseo de comunicárselo para “sanarlo” rápidamente y que éste pueda reconocernos cuán buenos profesionales somos.
Es claro que aún en un tratamiento, el terapeuta debe evaluar constantemente cuándo hablar, qué decir y cómo decir, respetando el timing del paciente y lo que verdaderamente puede llegar a ser escuchado, en aras de la dirección de la cura.
Es cierto que, como nos lo indica la Escuela Francesa, en un inicio de tratamiento es necesario sostener un lugar de “Supuesto Saber” para que el paciente pueda entrar en transferencia. El peligro de ello, sin embargo, es permanecer en ese lugar y por sobre todo, creerlo nosotros mismos.

Muchos de los errores que se van cometiendo, en particular, a la hora de administrar un psicodiagnóstico, están basados en este ideal que entrelaza directamente nuestro propio narcisismo.

EL PSICODIAGNÓSTICO: “TRANSFERENCIA - CONTRATRANSFERENCIA”
¿Qué debemos hacer, entonces, ante todo este panorama presentado?

¿Podemos hablar de “transferencia” en un proceso psicodiagnóstico?


Como es señalado por Veccia17 “El proceso psicodiagnóstico es pues un proceso dinámico, transferencial-contratransferencial…”.

Evidentemente estos conceptos son parte de todo encuentro entre dos o más personas. La diferencia se construirá en base a las particularidades de ese encuentro.


Podríamos enunciar aquí, en definitiva, que en ese lazo tan particular y acotado que se genera a partir del proceso psicodiagnóstico, ambos sujetos, entrevistador y entrevistado, transitan en forma paralela al motivo de los encuentros, junto a un constante fluir de sentimientos, imágenes y pensamientos que se van generando en esa situación particular, con ese otro particular, y en ese momento histórico particular.
Será de fundamental importancia para la adecuada formación del profesional, la continuidad y profundización en sus estudios y el desarrollo dentro del campo de la investigación, tener su propio espacio de psicoterapia para poder trabajar aquellos puntos cruciales de su historia, y llevar adelante el trabajo de supervisión de la tarea profesional.
Con el seguimiento de este “trípode”, muy probablemente el ejercicio del rol le resultará más llano y su posición profesional permitirá que el entrevistado pueda ser escuchado plenamente.

BIBLIOGRAFÍA



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Freud, S. (1909) 5º Conferencia – Psicoanálisis, O.C. Biblioteca Nueva, Madrid, 3ra.edición.
Freud, S. (1912) Consejos al médico, O.C. Biblioteca Nueva, Madrid, 3ra.edición.
Freud, S. (1912) Dinámica de la Transferencia, O.C. Biblioteca Nueva, Madrid, 3ra.edición.
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Rappaport, D. (1978), Implicaciones teóricas de los procedimientos de verificación diagnóstica, Buenos Aires, Ed. Hormé.
Veccia, T.A. (2002) Diagnóstico de la Personalidad, Buenos Aires, Ed. Lugar.



1 Bleger, J., (1973) Temas de Psicología.

2 Phillipson, H. (1973), Actualizaciones en el Test de Phillipson: Encuadre para el uso terapéutico de los métodos proyectivos, Pág. 256

3 Rappaport, D., Implicaciones teóricas de los procedimientos de verificación diagnóstica, pág. 260

4 Veccia, T.A. (2003) Diagnóstico de la Personalidad, Cap. I.


5 Veccia, T.A. (2003) Diagnóstico de la Personalidad, Cap. I, Pág.26

6 Phillipson, H. (1973) (op.cit.).

7 Laplanche y Pontalís, Diccionario de Psicoanálisis, Pág.439

8 Bleger, J., (1973) (op.cit.).


9 Freud, S.(1912)Dinámica de la Transferencia, O.C., pág. 1648

10 Freud, S. (1914)Recuerdo, repetición y elaboración, O.C., Pág.1683

11 Freud, S. (1938)Compendio de Psicoanálisis, O.C., Pág.2391

12 Bleger, J. (1973) op.cit.

13 Freud, S. (1909) 5º Conferencia – Psicoanálisis, O.C.

14 Laplanche y Pontalís, Diccionario de Psicoanálisis, Pág.84

15 Freud, S. (1912) Consejos al médico, O.C., Pág.1654

16 Maladesky, F.A., (2004), Diagnóstico en niños, Buenos Aires, Ed.Lugar, pág.20

17 Veccia, T.A. (2003) Diagnóstico de la Personalidad, Cap. I, Pág.38






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