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Artículo en discus filos vol. 10 no. 14 Manizales Jan./June 2009


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La filosofía del entendimiento, de Andrés Bello

(Artículo en discus.filos vol.10 no.14 Manizales Jan./June 2009)

Juan Manuel Cuartas R. 


Universidad del Valle, Colombia

"En el resto de la América Latina, la acción del pensamiento inglés es mucho menor; sin embargo, un gran pensador se forma en la escuela de Reid y de Dugald Stewart: es Andrés Bello, nacido en Venezuela, que a la cabeza de la vida intelectual de Chile influye en dondequiera. Su espíritu de análisis, su fuerte lógica, su psicología un poco abstracta, pero penetrante y segura, le daban acción original, varia y profunda sobre la dirección de las ideas. Aplica el análisis inglés a los principios de la gramática, a la lógica, a los códigos, a las leyes de la lengua, al derecho internacional, y siempre se exhibe como filósofo de la escuela anglosajona, lleno de common sense, de estoicismo moral, de análisis cerrado y poderoso".

Carlos Arturo Torres, Idola fori.

Me propongo hablar de filosofías, si bien, genuinamente, hablaré de una obra única de filosofía, escrita por un humanista americano en los fueros de su época, sus reivindicaciones y su pensamiento; el libro Filosofía del entendimiento; el autor: Andrés Bello. Mi observación inicial es la siguiente: el filólogo Andrés Bello, su más depurada carta académica, colabora en la escritura de su obra filosófica; o para ser más claros, hay en la obra una presencia de filólogo que declara cómo están siendo utilizadas las palabras. Por tanto, dos aprendizajes recaen sobre el lector:

i) la institución de un léxico filosófico que exige desprenderse del uso común para avanzar en la exposición de los temas relacionados con la conciencia, la percepción, el entendimiento. Si empezamos por este aspecto estrictamente metodológico, encontramos en Bello una filosofía hondamente lingüística que recupera para el lector reflexiones necesarias como: "facultad y acto son palabras correlativas que se explican una por otra". ¿Qué queda sentado aquí?, se diría con Bello que "la facultad no es otra cosa que la posibilidad de ejecutar un acto".

ii) la discusión acerca de una línea filosófica que "en cuanto tiene por objeto conocer las facultades y operaciones del entendimiento", aborda un buen número de problemas filosóficos actuales, como la relación mente-cuerpo, la percepción, los estados mentales, la memoria; línea denominada por Bello: psicología mental o intelectual, que parte del siguiente presupuesto:

El espíritu humano es un ser que tiene conciencia de sus actos, y que puede hasta cierto punto determinarlos a su arbitrio [...] Todo aquello de que tenemos conciencia, existe en el espíritu, o hablando con propiedad, es el espíritu mismo, que obra o padece de cierto modo particular en un instante dado. De lo que no pasa en el espíritu, no tenemos ni podemos tener conciencia (Bello, 2006: 107).

En la obra ya emblemática de Germán Arciniegas, El pensamiento vivo de Andrés Bello (1981), llama la atención la tesis:

La revolución no se reduce a provocar el desprendimiento político de España. Quiere reaccionar contra un sistema de filosofía que considera caduco, abomina de una escolástica que juzga insuficiente, tiene la ambición de precipitar a las nuevas generaciones de América en la corriente vertiginosa de las ciencias contemporáneas, se enamora de las matemáticas, de las ciencias naturales, opone el contrato social de Rousseau al derecho divino de los reyes, implica una revisión de todos los conceptos tradicionales (Arciniegas, 1981: 9).

La declaración de Arciniegas no es menos cierta refiriéndose a Bello, en cuanto éste había viajado a Londres con Simón Bolívar como representante del movimiento de independencia de Venezuela; en Europa Bello siguió de cerca el pensamiento de los utilitaristas, colaboró con el filósofo inglés Jeremy Bentham, y a la muerte de éste participó en la trascripción de los manuscritos de su última gran obra Deontology or the science of morality (1834); finalmente Bello en una extensa obra filosófica titulada Filosofía del entendimiento (1881, póstuma)1, pone en consideración las tesis de autores como Berkeley, Hume, y la escuela escocesa del common sense.

No vuelvo por tanto a la obra de Bello para admirar un fósil, sino para integrar su deliberación en la historia de la filosofía. Bello trajo de regreso a América en 1829 a instancias de Simón Bolívar, no una sino muchas revoluciones: organizó en Chile la "instrucción pública", fue Rector de la nueva Universidad de Chile, redactó el Código civil chileno, orientó la política exterior, redactó un Tratado de derecho internacional, en fin, llevó a feliz término suGramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos (1847). Entre estas tareas de desprendimiento revolucionario, conviene explorar el cariz de una de ellas, representada en la Filosofía del entendimiento2. La tarea así propuesta no resulta sin embargo sencilla, puesto que la revolución es en esta obra contundente en relación con sistemas filosóficos caducos orientados a la prescripción de cánones de comportamiento y a la observancia de dogmas.

De cara a la situación de la filosofía en América en los tiempos de Bello, la primera consideración y acaso la esencial a tener en cuenta, reside en su observación minuciosa de la realidad con el propósito de distinguir y definir las denominadas "percepciones intuitivas", en contraste con las "percepciones sensitivas exteriores". En cuanto a las primeras, Bello declara: "es de toda necesidad percibir nuestros pensamientos para poder expresarlos" (Bello, 2006: 125). Además, "la más simple forma de percepción es aquella en que el alma se percibe a sí misma; sujeto y objeto a la vez" (Ibíd.: 129). 

Mientras que en el segundo caso expone:

Todo lo que sabemos es que las causas corpóreas impresionan de varios modos los nervios y el cerebro, y que a cada variedad de impresión en este aparato orgánico, corresponde una sensación particular en el alma.

[...] Todos saben que en las percepciones de una u otra familia, las sensaciones son producidas por causas corpóreas que obran sobre los órganos inmediatamente (Ibíd.: 136-138).

Depurando los términos, Bello traza una distancia en relación con el saber escolástico de tendencia mística, según el cual la filosofía, que se basta a sí misma, debe observar un sometimiento unívoco a la verdad, el cual puede resumirse en la fórmula: "lo sabido es lo creído". El pensamiento escolástico consideraba que el conocimiento sensible es improcedente, y se concentraba sin reparos en el estudio de asuntos como Dios, ente, esencia, existencia, intelecto, ser, sustancia, trascendental, universal; contrario a esto, desde las primeras frases de su Filosofía del entendimiento, Bello acude a la observación y a la ciencia:

El objeto de la filosofía -escribe- es el conocimiento del espíritu humano y la acertada dirección de sus actos. Nuestro espíritu no nos es conocido sino por las afecciones que experimenta y por los actos que ejecuta. De su íntima naturaleza nada sabemos (Ibíd.: 105).

En la exposición detallada de estos y otros presupuestos entablará Bello la discusión sobre el conocimiento y la naturaleza humana, asumiendo sin timidez una actitud desafiante contra el que denomina: "lustre jefe de la escuela escéptica" (Ibíd.: 133). El filósofo aludido es Víctor Cousin (1792-1867), para quien las modificaciones de la sensación explican todos los fenómenos existentes en la conciencia. Bello advierte:

esta doctrina presenta, a mi juicio, dificultades insolubles. Las modificaciones no son otra cosa que la situación misma modificada. Percibir las unas y no percibir la otra es absolutamente imposible (Ibíd.: 132).

Queda propuesto así un tipo de valoración de la experiencia humana, cuyo centro de atención no será en adelante ni el "sentido común", ni los "preceptos". Bello da paso al 'conocimiento directo' del espíritu humano a través de las 'afecciones que experimenta' y los 'actos que ejecuta'; en este viraje hay, sin lugar a dudas, una reacción contra los sistemas filosóficos que no se paran a contemplar el despliegue de facultades con las que el hombre "investiga la verdad", de un lado, y con las que de otro "apetece la felicidad".

En la Filosofía del entendimiento, Bello declara el tipo de eventos con los que cualquier individuo puede reconstruir el conocimiento, a saber: percepciones sensitivas externas, percepciones sensitivas internas, percepciones relativas, semejanzas y diferencias, relaciones de igualdad de más y menos, sucesión y coexistencia, relaciones causa efecto.

El procedimiento contempla la discusión de ideas, para su caso estrictamente contemporáneas, de filósofos europeos, apartándose de plano de la celebración de las mismas por pertenecer a una tradición particular de pensamiento. Lo anterior significa que las consideraciones de Bello no están fundadas en el principio de autoridad, y que su labor filosófica no es estrictamente exegética -concentrada en la interpretación de textos clásicos- sino experimental. Se hace evidente en el anterior recurso una ambición que quiere dar cuenta del conocimiento desde los propios elementos que participan en él, en franca confrontación con los términos de escuelas y autores ingleses y escoceses que para los tiempos de Bello celebraban sin restricción las tesis del Tratado de la naturaleza humana, de David Hume, obra referida a la probabilidad, creencia y causa del conocimiento, a la distinción moral de las pasiones y la voluntad humana, considerando que la mente humana contiene percepciones que difieren según su vivacidad, siendo las impresiones originales sólo 'copias desvaídas' de las retenciones de la mente.

En la "Introducción" a la Filosofía del entendimiento, escrita por el filósofo español José Gaos a instancias de la reedición de la obra, éste advierte:

Sorprende no encontrar nombrado, ni siquiera aludido, a Hume, a quien se halla, sin embargo, citado por su nombre en la exposición "De las causas de error" [...] ¿Conocimiento de Hume escaso, indirecto? ¿Temor a ser alistado en un escepticismo al que se asiente en el fondo, cuando los graves filósofos de todos los tiempos han combatido tanto al escepticismo cuanto al materialismo, mientras que no se teme ser alistado en este último, porque se le rechaza expresamente, porque se le considera doctrina ya no realmente en vigor entre los filósofos, graves o no?... (Ibíd.: 24).

Ahora bien, en la confrontación emprendida por Bello, conviene detenerse en lo siguiente:

Todo error -escribe- engendra errores; pero los hay más o menos fecundos. La memoria nos engaña, ya introduciendo en el raciocinio una premisa falsa que creemos haber antes reconocido por verdadera, ya suprimiendo alguna de las premisas que hemos reconocido por verdaderas, y cuya presencia es importante para la exactitud del raciocinio.

Esta falencia de la memoria puede tener lugar hasta en el raciocinio demostrativo; y como apenas hay caso en que no sea posible, Hume dedujo de aquí que aún las verdades demostradas no son nunca para el entendimiento sino meramente probables (Ibíd.: 609).

La inversión que recomienda renunciar al menos de grado al rigor del conocimiento soportado en la mente como primera fuente de las impresiones, pone a Bello en la ruta del tipo de error que suspende la elocuencia de la experiencia, disponiendo en cambio otros rumbos posibles y complementarios: el de las sensaciones internas que dan cuenta de la presencia y las facultades del entendimiento, y el de las sensaciones externas que disponen de la corporeidad humana como fuente activa de impresiones y versiones originales del conocimiento. El error ha quedado denunciado en el acatamiento irrestricto de tesis no revisadas, según las cuales la suspensión de la experiencia es móvil y correlato del conocimiento, que se resuelve en última instancia en la comprensión que el entendimiento alcanza de sí mismo. Bello reacciona por tanto contra toda suerte de validación intrínseca de la mente que difiera su vinculación con la sensación externa corporal.

El anterior no será más que un caso de la manera como Bello toma distancia del recurso filosófico heredado en América, donde una larga y obsoleta tradición imponía ideas insuficientes con las que se educaba para alabanza de los principios de una doctrina, antes que para la revisión de un saber. El que José Gaos califica como el decisivo capítulo "De la materia", comienza precisamente con una consideración que riñe con la concepción tradicional de la causa primera; Bello afirma:

Cuando los hombres simbolizan en sus sensaciones causas independientes de su propia sustancia, convirtiendo lo subjetivo en objetivo, obedecen a un principio de constitución del entendimiento que los induce a referir todo fenómeno a alguna cosa o causa precedente, supuesta la existencia de la cual es necesario que exista en seguida, o, como lo expresa la lengua castellana con una propiedad filosófica, es necesario que suceda lo que observan. Éste es, según hemos visto, uno de aquellos principios que la observación, aunque indispensable para que se verifique su desarrollo, no basta a producir por sí sola en la mente; porque el haber observado gran número de conexiones constantes y uniformes, es decir, gran número de causas y efectos, no nos autoriza para deducir que todo, todo lo que se produce en el tiempo, haya de tener una causa (Ibíd.: 441-442).

El entendimiento humano no se deja guiar por tanto por la validación de teorías, dejando éstas para soportar facetas parciales de la descripción y explicación de los eventos empíricos; la reticencia humana al suponer la existencia de causas para cada tipo de sensaciones, no confronta la percepción, tanto menos el entendimiento, por lo que Bello acude a la reconsideración de lo material como objeto último de su psicología, a partir del cual motivar la indagación hasta llegar a dar cuenta de las facultades y operaciones del entendimiento que entablan semejanzas y diferencias de sucesión y coexistencia, de extraposición y composición de las ideas. En el mismo capítulo, Bello hace mención explícita de la 'materia' entendida según dos acepciones diversas, a saber: i) existencia de la causa de las sensaciones como algo distinto de nosotros, y ii) sustancialidad expresada en el lenguaje mismo del pueblo con la palabra cuerpo.

Para Bello la 'materia' es, sin discusión, elemento primero del mundo exterior a partir del cual las impresiones sensibles son formas en tránsito de definición de un saber distinto refrendado y alcanzado en el entendimiento; de esta manera "la referencia objetiva (material) es un principio de la constitución intelectual", tesis que bien podría considerarse pionera de la investigación que realizará posteriormente Edmund Husserl sobre la noción de 'constitución'. Para Husserl la descripción de la constitución de la naturaleza material, de la realidad anímica a través del cuerpo, de la empatía y del mundo espiritual, es en sí misma la cuestión del significado que tiene que ver con el establecimiento del objeto de la conciencia.

El cuerpo se constituye primigeniamente de manera doble: por un lado es cosa física, MATERIA, tiene su extensión, a la cual ingresan sus propiedades reales, la coloración, lisura, dureza, calor, y cuantas otras propiedades materiales similares haya; por otro lado, encuentro en él, y SIENTO "en" él y "dentro" de él: el calor en el dorso de la mano, el frío en los pies, las sensaciones de toque en las puntas de los dedos (Husserl, 1997: 185).

Bello localiza y enfatiza por su parte, la necesidad de un conocimiento soportado siempre en la causa de las sensaciones, reconociendo allí la virtud de cierta acción material que afecta la percepción de manera variable, por encontrarse el conocimiento humano inserto no en una situación abstracta intelectual, sino más bien en un tipo de acción que se complementa corporalmente de manera diversa sin siquiera llegar a agotarse. De esta manera la percepción se dota de contenido, antes que dotar de forma y solución al ser material de los objetos. En este ofrecimiento del saber filosófico, Bello está declarando insuficiente el escepticismo que resuelve en la conciencia humana su conocimiento de la realidad, y está invocando el concurso de las ciencias contemporáneas para que participen en la descripción y revaloración de los eventos.

A este respecto José Gaos no tiene ningún reparo para aclarar que: "es en la psicología donde nuestro pensador inserta sus ideas metafísicas y su 'visión del mundo'" (Bello, 2006: 27).

Contemporáneo de Bello, el humanista español Marcelino Menéndez y Pelayo, dejó dicho lo siguiente:

Fue psicólogo penetrante y agudo; paciente observador de los fenómenos de la sensibilidad y del entendimiento, positivista mitigado, si se le considera bajo cierto aspecto, o más bien audaz disidente de la escuela escocesa en puntos y cuestiones muy esenciales, en que más bien parece inclinarse a Stuart Mill que a Hamilton (Menéndez & Pelayo,1983: CXXIII).

Que todo pensar, todo decir humano procede de otros, como en la corriente cada gota es el torrente, es una verdad de a puño que en el caso de Bello estaría reclamando una consideración más detallada de sus ideas e intuiciones. La figura de Bello acusa mundo y universalidad; es en la primera generación de la América independiente el portavoz del saber en los campos político, jurídico, epistemológico, psicológico, sin ignorar el importante gesto de autonomía del nuevo hombre americano simbolizado en su Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos, como en sus Silvas americanas. Bello conoció de primera mano obras como el Tratado de la naturaleza humana de Hume, los Principios del conocimiento humano de Berkeley, el Leviatán de Hobbes, la Crítica de la razón pura de Kant, los Principios de moral y legislación de Bentham, amén de las obras de autores como Víctor Cousin, Dugald Stewart, Thomas Reid, Thomas Brown, John Hersche, William Hamilton, entre otros3.

Como se ha insistido, la filosofía de Bello pasa a primer plano al suscribirse a versiones diferentes de pensamiento, y al oponerse de plano a tesis como las del español Jaime Balmes, que representaba en su tiempo el resurgimiento de la neoescolástica; intento agónico de conciliación entre la idealidad y la realidad, que buscaba salvar la existencia de verdades inconmovibles4. Bello entra en cambio en relación directa con las tesis del utilitarismo inglés de John Stuart Mill y Jeremy Bentham, para quienes el valor supremo es la 'utilidad', resultado del instinto o de un sistema de creencias orientadas hacia la conveniencia. Bien dijo en Colombia hacia finales del siglo XIX el crítico Aníbal Galindo: "nada de eclecticismo. Balmes y Bentham no pueden darse las manos en los claustros universitarios"5.

El trabajo de Bello cobrará aun mayor relevancia al realizar en el Capítulo XVIII de la Filosofía del entendimiento, el "examen de la teoría de las percepciones sensitivas externas, según la escuela escocesa"; para comenzar, Bello considera improcedente la doctrina de Thomas Reid, para quien la percepción es una intuición inmediata del objeto corpóreo, que se origina en el intelecto a consecuencia de la sensación, sin tener nada que ver con ella; Bello advierte que Reid niega de plano "una conexión evidente entre la impresión orgánica, la sensación y la percepción sensitiva" (Bello, 2006: 377). Adicionalmente Bello plantea que la teoría de Reid realiza suposiciones gratuitas cuando concibe como igual la experiencia natural que nos lleva a suponer o imaginar diversas causas de las impresiones sensibles, y la percepción intuitiva de las mismas.

Según el doctor Reid, son sensaciones simples, esto es, homogéneas, aquellas de que nacen las percepciones de la extensión, dureza, blandura y otras cualidades complejas. Éste es otro error fundamental de su teoría. La extensión no podemos concebirla absolutamente sino como un agregado de extraposiciones; y ya hemos visto que cada extraposición se compone de elementos diversos a cada uno de los cuales corresponde, ya una sensación del tacto o de la vista, ya una sensación de esfuerzo, ya una relación intelectual (Ibíd.: 382).

Thomas Reid, para no abusar del desmerecimiento de su obra, fue un ministro presbiteriano profesor de filosofía moral en Glasgow y en Aberdeen, donde fundó una sociedad filosófica que dio origen a la conocida "Escuela escocesa del common sense"; en su obra Inquisición en la mente humana de los principios del sentido común (1764), Reid plantea que los juicios originales constituyen el 'sentido común', suficiente como base del conocimiento en tanto que lo poseen todos los seres humanos. La "Escuela escocesa del common sense", por su parte, en la que participaron además de Reid, George Campbell, Dugald Stewart y otros, considera absurdo poner en duda el sentido común, que consideran como una facultad fundada en cuestiones de principio y no de hecho, por la que se 'percibe' la verdad.

Sólo resta decir que algo relacionado con la independencia efectiva de América se suscribe en Bello al pergeñar su obra filosófica no como un capítulo más de la escolástica tardía española, sino como apertura y renovación de un pensamiento que involucra de manera definitiva las ciencias positivas en los problemas centrales de la filosofía. No de otra manera tienen hoy validez sus consideraciones acerca de la percepción, el entendimiento, la memoria, la materia; la Filosofía del entendimiento es por tanto diálogo, confrontación, respuesta y su escasa recepción en América deja un amargo sabor por la revolución perdida, justamente en el campo de las ideas, resaltado por Arciniegas como el espacio del desprendimiento final que estábamos llamados a realizar de las mentalidades hispánicas. El pensamiento americano exige permanente observación, tanto más si la distancia en relación con fundadores del humanismo como Bello, pareciera retirarlos del tiempo vivido.




NOTAS AL PIE

1 "Hay que aclarar -anota Carlos Valderrama Andrade- que en vida de don Andrés sólo alcanzó a publicarse parte de esta obra bajo el título de Teoría del entendimiento, en El Crepúsculo de Santiago, en diez entregas a partir del 1° de junio de 1843 hasta febrero de 1844. Cuando el gobierno de Chile decretó la edición de las obras completas del maestro, 1872, se pensó comenzar la edición con la Filosofía del entendimiento. La empresa se puso en manos del presbítero Juan Escobar Palma por comisión del Consejo de la Universidad de Chile" (Valderrama, 1981: XXVII). 


2 La tesis propuesta va en contravía del juicio de Rafael Caldera, "uno de los más consumados bellistas de nuestro tiempo", quien afirma: "no alcanzó en ella -la filosofía- el rango revolucionario y creador que lo acreditara como jefe de una escuela, tal como sucediera, por ejemplo, con el Bello poeta americanista, o con el Bello de la Gramática para uso de los americanos. Era demasiado modesto para arrogarse la creación de un nuevo sistema filosófico y estaba profundamente convencido de las verdades cardinales de la filosofía clásica para adoptar una actitud iconoclasta" (Caldera, 1975: 75). 
3 Carlos Valderrama Andrade recoge de manera sucinta el tipo de interés filosófico de Bello en relación con estos y otros autores, así: "John Locke (1632-1753), autor del Ensayo sobre el entendimiento humano, con su división de las cualidades corpóreas; George Berkeley (1665-1753), en la cuestión relativa a la existencia real de los cuerpos, en la noción de sustancias materiales, etc.; Thomas Reid (1710-1796), con su teoría de la percepción, de la intuición primitiva del entendimiento, de las sensaciones simples y homogéneas, sobre el modo de existir de la materia, en la refutación de la llamada teoría ideal, etc.; Dugald Stewart (1753-1828), en lo pertinente al juicio de anterioridad, en la afirmación de que todos los juicios son sustancialmente afirmativos, en lo de suponer las hipótesis como simples analogías, sobre la necesidad de las observaciones y los experimentos para el conocimiento de los hechos, etc.; Thomas Brown (1778-1820), en lo concerniente a las percepciones intuitivas y de la conciencia, en la teoría de la contituidad, en la manera de explicar los llamamientos de la conciencia, en la explicación del raciocinio, etc.; Víctor Cousin (1792-1867), en la distinción entre las ideas de sucesión y de duración, en la percepción de sensaciones sucesivas (teoría contradicha por Bello), en la división de los conocimientos en necesarios y contingentes, etc." (Caro, 1981: XXVIII) Cfr. Valderrama, A. "Introducción". En: Escritos sobre Don Andrés Bello. Bogotá: Instituto Caro y Cuervo, 1981. 
4 En diciembre de 1845, Bello publica en El Araucano una nota de El protestantismo comparado con el catolicismo, del presbítero Jaime Balmes; posteriormente, de marzo a abril de 1848, publica en El Araucano tres extensos ensayos sobre la Filosofía fundamental, de Balmes. 
5 Citado por Germán Marquínez Argote en "Bentham y antibenthamismo". En: La filosofía en Colombia. p. 223. 2001.




Referencias

ARCINIEGAS, G. (1981). El pensamiento vivo de Andrés Bello. Bogotá: Plaza & Janés editores.        


BELLO, A. (2006). Filosofía del entendimiento. México: Fondo de Cultura Económica.         
CALDERA, R. (1975). Andrés Bello. Caracas: Biblioteca Popular Nacional.   

GAOS, J. (2006). "Introducción". En: Filosofía del entendimiento. México: Fondo de Cultura Económica.   


HUSSERL, E. (1997). Ideas relativas a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica, Libro segundo: investigaciones fenomenológicas sobre la constitución. México: Universidad Autónoma Nacional de México. Instituto de Investigaciones Filosóficas.       
MARQUÍNEZ A., G. (2001). "Bentham y antibenthamismo". En: La Filosofía en Colombia.         
MENÉNDEZ & PELAYO, M. (1983). Antología de poetas hispanoamericanos. Tomo II. Madrid: Factoria ediciones.         
VALDERRAMA ANDRADE, C. (1981). "Introducción". En: Escritos sobre Don Andrés Bello. Bogotá: Instituto Caro y Cuervo.        

 






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