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Aquí yo estoy, no puedo hacer otra cosa


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Maurizio Ferraris:

“Aquí yo estoy, no puedo hacer otra cosa”


Por José Luis Jerez

21/03/2014, 11:32 p.m.


En este breve texto se expone la crítica que Enrique Lynch hizo en su reseña sobre el Manifesto del nuovo realismo de Maurizio Ferraris,1 la cual ha sido publicada en la Revista Babelia bajo el título de “Posmoderno arrepentido”. Así también se expone, ya en la segunda parte, la respuesta que el mismo Ferraris realizó a dicha crítica.

De Lynch a Ferraris
Según Lynch, el Manifiesto sobre un nuevo realismo de Maurizio Ferraris es un fenómeno sumamente interesante por estar escrito por la pluma de –según consideración del propio Lynch– uno de los ideólogos más conspicuos y activos de la postmodernidad. He aquí el título del artículo: “Postmoderno arrepentido”. De acuerdo con esto, Lynch sostiene que ingresar a este Manifiesto es disponerse a oír el discurso del pentito, del arrepentido, de un apóstata. No conforme con esto, Lynch se decide a llamar a Ferraris el Tomasso Buscetta del postmodernismo.2 Ferraris se arrepiente de todo, según Lynch. “Contra el relativismo afirma la realidad del mundo definida como contexto que no puede ser enmendado. Contra la estética como hermenéutica reivindica una teoría de la sensibilidad reconciliada por la percepción. Contra la tesis del final de la metafísica, sostiene una ontología social como teoría de la documentalidad. Contra la deconstrucción de la razón moderna, se confiesa solapadamente habermasiano y reclama una reconstrucción. Contra las tesis posmodernas de que la realidad es un constructor social y que la verdad importa menos que la solidaridad (Rorty), recupera la importancia de la Verdad con mayúsculas. Y se levanta contra la crítica irónica del dogmatismo y la desublimación del deseo con vistas a la emancipación (Deleuze), y lo que llama desobjetivación sintetizada en el célebre apotegma nietzscheano: no hay hechos, sólo interpretaciones, que fue una de las banderas del posmodernismo”.3 Según Lynch, el trabajo insisivo y belicoso de Ferraris, viene a demoler con la misma eficacia argumentativa lo que años atrás había erigido junto a grandes personajes de la filosofía posmoderna, y del Pensiero debole, como por ejemplo, su maestro, Gianni Vattimo.

Con todo, Ferraris viene a reafirmar y a defender una vuelta al realismo y a la ontología, que no es otra cosa que la afirmación de una realidad independiente de nuestros marcos conceptuales como de nuestro sistema sensorio-perceptual. No obstante, al decir de Lynch, en tanto que Ferraris asegura que su realismo no es ingenuo (al mejor estilo Moore), sino más bien una suerte de realismo modesto –lo que Lynch define como realismo ma-non-troppo, y que podemos traducir como “realismo pero-no-demasiado”– salta a las leguas la picardía del mismo italiano que predicaba el pensamiento débil de su amigo Vattimo.



De Ferraris a Lynch
Sin extenderse demasiado, aunque de una forma muy precisa, Maurizio Ferraris responde al artículo de Enrique Lynch, y comienza su descargo por esta caracterización que el autor (Lynch) hizo sobre él: un “Tomasso Buscetta del posmodernismo”. En palabras del propio Ferraris: “no es un cumplido, desde luego, sino un verdadero lynchamiento, visto que Buscetta era un asesino con grandes gafas de sol que por dinero y por salir de la cárcel denunció a sus cómplices. Pero tampoco es una comparación adecuada, visto que yo no soy un asesino, no llevo grandes gafas de sol, no he estado nunca en la cárcel, no he cobrado nunca por delatar a nadie. Y, visto que, sobre todo, la postmodernidad, contra la que apuntado mis críticas filosóficas no es una organización criminal”.4 Tras esto, Ferraris dice que no es cierto que descalifica lo mismo que años atrás profesaba, tal como lo afirma Lynch, de hecho no podría encontrarse huella alguna de antirrealismo –asegura Ferraris– en su paso por la hermenéutica (Historia de la hermenéutica, por ejemplo), ni tampoco así, en su paso por el Pensiero debole (El pensamiento débil, G. Vattimo – P. A. Rovatti, por ejemplo). De hecho, tampoco era condición sine qua non ser antirrealista para hablar o contribuir a reflexiones del pensamiento débil.5

Ferraris no deja de invitar, desde su nuevo realismo, a consideraciones de sentido común. La realidad está allí, frente a nosotros, con independencia de nosotros y en clara relación de resistencia a nuestra sola voluntad; una resistencia que dice no, pero al tiempo nos ofrece un , como condición de posibilidad de transformación. A las claras no resulta demasiado agradable golpear en el centro de lo que fue el mainstream de la filosofía continental, y en especial –tal como lo dice el propio Ferraris– con un maestro y amigo como Vattimo. No obstante, también estaba a las claras que programa emancipador de la posmodernidad, que venía de la mano de la mediatización a gran escala, no ha sido un hecho, como sí una idealizada interpretación que ha quedado trunca. Con todo, se puede ver en Ferraris que un filosofar con criticidad y realismo debe aceptar, pero también así rechazar lo que en las corrientes reflexivas o filosóficas hay de inaceptable. Así su descargo sobre la hermenéutica: esta ha entregado mucho en manos de las meras interpretaciones en conflicto, como ha reducido la realidad a la sola comprensión y el lenguaje. No obstante, no fue la de Ferraris lo que todos entendemos bajo el nombre de “crítica destructiva”, como sí una especie de crítica que construye. Así, Ferraris ofrece a Lynch el reconocimiento que ha recibido su crítica a la hermenéutica justamente del mismo paño hermenéutico: desde la hermenéutica analógica de Mauricio Beuchot, como desde el realismo analógico en el cual me alineo junto a Beuchot.6

Por otro lado –y Ferraris comenta a Lynch– es indiscutible que el realismo de Ferraris no es asunto reciente, sino que viene de más de 20 años de trabajo y argumentación reflexiva.7 En fin, qué mejor que concluir este breve texto con las palabras (en respuesta a Lynch) del propio Ferraris: “Si necesariamente tuviéramos que tomar un término de ese vocabulario de la policía y de la inquisición al que usted se muestra particularmente ligado, he sido un hereje, es decir he hecho una hairesis, una elección. De la que estoy orgulloso, porque ha sido libre (nadie me obligaba a hacerla, es más hubiera tenido una vida más fácil de no haberla hecho) y a la vez obligada, porque se me ha impuesto con la necesidad de una evidencia. ¿Cómo decía Lutero? Hier stehe ich, ich kann nicht anders. Así es aquí yo estoy, no puedo hacer otra cosa, estoy seguro que usted bien, en su vida y en su trabajo, se haya impuesto esta exigencia y esta evidencia, sin la cual no se es filósofo o estudioso, sino cortesano. Y es precisamente por esto que encuentro desconcertante que el ejercicio del sentido último de nuestra profesión, pensar con la propia cabeza, como decía Kant, usted lo compare con la delación de un asesino mafioso.


1 M. Ferraris, Manifesto del nuovo realismo, Roma-Bari: Laterza, 2012.

2 Tomasso Buscetta (1928-2000), fue un mafioso siciliano. Si bien no fue el primer pentito (informante) del programa de protección de testigos. Es ampliamente reconocido como el primer individuo importante que rompe con la omertá o Ley de silencio (código de honor siciliano que prohíbe informar sobre los delitos que incumben a las personas implicadas.

http://es.wikipedia.org/wiki/Tommaso_Buscetta



3 E. Lynch, “Posmoderno arrepentido”, (Biblioteca Nueva), Babelia, 25 de enero, 2014, p. 73.

http://www.udllibros.com/html/utilidades/muestraFoto.php?foto=Z3dtbWxpYm1lZCMyMDg2NiMjYWRqdW50byNtYW5pZmllc3RvbnVldm8ucGRm



4https://www.facebook.com/permalink.php?id=236277326497768&story_fbid=467765100015655

5 Sobre esto Ferraris cita a Eco, quien siempre se ha declarado realista, como ejemplo de contribución al pensiero debole.

6 Véase M. Beuchot – J.-L. Jerez, Manifiesto del nuevo realismo analógico, Neuquén-Argentina: Círculo Hermenéutico, 2013.

7 Al respecto Estetica razionale (1997), Documentalitá (2009), La hermenéutica (1998), Nietzsche y el nihilismo (2000), entre otros.


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