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Apuntes de etica profesional oscar a. Soriano


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Apuntes de Ética Profesional

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APUNTES DE ETICA PROFESIONAL



OSCAR A. SORIANO


Ciudad Universitaria, Tegucigalpa, 1992

CONTENIDOS



  1. Introducción

  2. Los conceptos de ética y moral

  3. La profesión

  4. La función ética de la profesión

La responsabilidad profesional

La competencia profesional

El secreto profesional

La solidaridad profesional

El problema de la renumeración


  1. La ética profesional y el código de ética

  2. La ética del profesional en el área educativa

Las cinco relaciones básicas

  1. Notas Bibliográficas

  2. Bibliografía



  1. Introducción

Estos apuntes tienen sentido después de haber discutido todo lo relativo a lo que es la ética, su objeto de estudio y las diferentes corrientes éticas conocidas en la historia del pensamiento occidental. El estudiante debe tener claridad conceptual sobre la disciplina filosófica y su objeto de estudio, es decir debe diferenciar entre la ética y la moral en el uso riguroso de los conceptos; además, debe recordar lo relativo a la estructura moral del ser humano.

La historicidad de las normas y el problema de la de los valores, el de la condicionalidad social; el problema de la normatividad de la ética y el problema del valor y la responsabilidad moral.
Las notas, que siguen presuponen que los estudiantes manejan información sobre los problemas antes apuntados, de tal modo que la discusión sobre lo que es una profesión, un código de ética profesional y su carácter indicativo y normativo de deberes y derechos del profesional facilite y posibilite la comprensión del impacto social y por consiguiente de la responsabilidad del ejercicio profesional.

Como aquí nos referimos a la profesión docente, a todos los profesionales involucrados en la enseñanza, mostraremos, en general el espíritu ético que debe regir y la concreción moral del ejercicio docente. En resumen, los objetivos que debemos alcanzar después de estudiar este material son los siguientes:




  • Reforzar y ampliar la compresión de los conceptos “ética” y “moral”.

  • Asimilar y manejar el concepto “profesión”

  • Conocer las definiciones de Ética Profesional y ubicar su núcleo común

  • Comprender qué es un código de ética profesional

  • Comprender qué es la profesión docente y cuál es el espíritu ético que le impulsa y la moralidad que le permite concretarse.

  • Aprender las cinco relaciones básicas de la ética del profesional docente

Debemos enfatizar el carácter exploratorio y provisional de estas notas, elaboradas para contribuir a la discusión que tanto necesitamos acerca de la ética y de la moral, y muy especialmente de los valores, a partir de nuestra realidad social para mejorarla, cambiando lo que hay que cambiar e incentivando en los maestros y estudiantes el cultivo de valores dignos que nos permitan ser un pueblo con mejores perspectivas de convivencia con justicia social, verdadera libertad y dignidad humana.




  1. Los conceptos de ética y moral

Antes hemos conocido diferentes definiciones de la ética. Conviene recordarlas:


“Ética es la Teoría o ciencia del comportamiento moral de los hombres en sociedad”. (Adolfo Sánchez Vásquez).
“El objeto que la ética, en cuanto disciplina filosófica, se propone definir y explicar, es la moralidad positiva, o sea, un conjunto de reglas de comportamiento y reformas de vida a través de los cuales tiende el hombre a realizar el valor de lo bueno”. (Eduardo García Maynez). (1)
En los textos que usted ha estudiado se encontró con los términos ética y moral. Ambos tienen, etimológicamente, igual significado. Ethos en griego y Mos en latín, quieren decir costumbre, hábito. Por ello es, que pueden pensarse que, a partir de la etimología, la ética es teoría de las costumbres. Pero debemos precavernos de tal simplicidad pues las costumbres, en términos generales, involucran tanto los convencionalismos sociales como el derecho consuetudinario y los usos religiosos y morales. Debemos entonces procurar establecer la distinción entre ética y moral, observando más detenidamente los sentidos primarios de ambos términos y encontrar, la razón de que a veces se los utilice como sinónimos. Según Jesús González Bedoya, “... el término ética nos remite a dos vocablos griegos de sonido idéntico pero de significado muy distinto; ethos (con eta o “e” larga) y ethos (con epsilon o “e” breve).

Ethos tiene tres sentidos:




  • Un sentido, prearistotélico que ha sido puesto de moda por la ética ontológica de Heidegger y que viene a significar residencia, morada, lugar donde se habita, país:




  • Un sentido aristotélico, en el que viene a significar raíz profunda de la que brotan todos los actos humanos singulares, fuente de la vida activa;




  • De éste al sentido subiriano de ethos como carácter, forma de vida libremente apropiada, personalidad moral, no hay más que un paso”. (2)

El ethos es lo más íntimo, raíz profunda, carácter, personalidad , moral que se adquiere mediante los hábitos y los actos. Ethos es por lo tanto hábito, es decir, “hexis”, “habitudo” o modo permanente de haber se las con las cosas.


La razón por la cual “ética” y “moral” se utilicen como sinónimos se debe a que al traducir del griego al latín se produce un empobrecimiento semántico, pues el latín MOS funde los dos términos griegos, los dos significados originarios ethos como morada, residencia y ethos como raíz profunda, fuente de la vida activa. Los términos “ética” y “moral” se fueron utilizando cada vez más para indicar “costumbres”, es decir que es habitual, nuestros actos, y se, dejo en la penumbra lo primario, lo fundamental, el carácter.
Por lo dicho hasta aquí vemos que hay tres niveles de la vida moral:


    • El carácter

    • Los hábitos

    • Los actos

El ethos (carácter) es la raíz, está en lo profundo por ello es menos visibles que sus manifestaciones, los hábitos y los actos. Pero a la vez, estos modos de ser corresponden al carácter, encontrándonos aquí con una relación dinámica: nuestro carácter condiciona nuestros hábitos y nuestros actos, a la vez, éstos los refuerzan. ¿Pero, entonces eso significa que nos encontramos atrapados, por así decirlo, en una especie de círculo de hierro del cual no podemos salir? La respuesta es negativa. Antes hemos dicho que el ethos, carácter se adquiere mediante los hábitos y los actos, luego, si es así entonces sí los podemos modificar. De ello que afirmemos que todo ser humano tiene entre manos un problema moral, que hay una estructura moral que podemos modificar y mejorar al tomar conciencia de ello. También se nos aclara lo relativo a buenos hábitos y malos hábitos, actos justos y actos injustos. La conducción habitual injusta y la persistencia de hábitos mal sanos conducirán inevitablemente a un carácter defectuosos, imperfecto moralmente.


La ética como disciplina filosófica se justifica plenamente debido a que existe en el ser humano el problema moral, el cual consiste en que no somos naturalmente buenos ni malos: la moral no viene dada naturalmente a nadie.

El problema moral está en cada uno de los seres humanos debido a las siguientes razones:




  1. Porque todos los seres humanos somos imperfectos pero perfectibles, es decir porque no somos todo lo que podemos y debemos ser;




  1. Porque el llamado a nuestra perfección es imperativa: Aquí de lo que se trata es de que socialmente vamos abandonando, superando, suavizando, lo dado por la naturaleza, es decir la porción biológica y buscando adquirir la porción humana que nos permite la convivencia. La perfección es imperativa porque este poder llega a ser lo que aún no somos nos impele, a buscar lo que podemos llegar a ser. Esta búsqueda será permanente mientras existan seres humanos.




  1. Porque nuestros hábitos y, actos (acciones, modos de ser, de conducirnos) que son el único medio de tender hacia nuestra perfección no son indiferentes con respecto a la, perfección. Es decir, unas formas de actuar nos conducirán a nuestra perfección y otras no; luego, cada uno de nosotros en cada momento de nuestra vida, debemos decidir por los actos buenos, elegir entre aquellas acciones que nos permitan acercarnos a la perfección de nuestro modo de ser y cuales no.




  1. Y finalmente, existe el problema moral debido a que el ser humano goza de libre albedrío. La razón conocedora mediante el atento examen y reflexión puede orientar la voluntad para decidir entre una alternativa y otra. Los actos no son necesarios, si lo fueran entonces nadie tendría responsabilidad moral. (4).

El ethos no nos viene de la naturaleza, es adquirido. Lo que nos viene dado naturalmente es de PATHOS (talante), el cual “es la materia prima, la fuerza de que disponemos para forjar nuestro carácter moral. Todos nuestros actos acontecen desde un talante fundamental. El pathos nos viene dado a cada uno como una individual modulación de la radical habitud humana de estar en la realidad”. (5). El pathos son nuestras pasiones, es lo que, cada cual tiene de natural, de biológico. A partir de él se dan condiciones para los hábitos y los actos, está la base de ellos. Con todo y ser diferentes, el Pathos y el Ethos constituyen una unidad en el ser humano, unidad tensa entre talante y carácter, entre lo natural y lo social, entre la pasión y la reflexión. La relación es estrecha y nuestra vida transcurre al filo de ambos polos, sin mecanicismos para pensar que en un momento e impone el pathos y en otro momento el ethos.

Eso dependerá de la decisión que cada cual tome, según los dictados de su conciencia, según lo que habitualmente hace una de las virtudes cardinales, que consiste en la determinación racional del bien, “sabiduría en las cosas humanas o para vivir bien”. (6).

Entonces la ética es una disciplina filosófica, “ciencia normativa” de la rectitud de los actos humanos según principios últimos y racionales”. (7), que tiene por lo tanto un carácter práctico al preguntar como debe actuar el ser humano.




La Moral

El término “moral” viene del latín MOS, MORES que se traduce como “costumbre”, “costumbres”, en el sentido de conjunto de normas o reglas adquiridas por hábito. Lo moral tiene que ver con el comportamiento adquirido o modo de ser conquistado por el hombre. (8) la moral son las formas de vida, los principios y reglas de comportamiento adoptadas por los seres humanos en la comunidad para realizar el valor de lo bueno.


La ética y la moral no son lo mismo, no son idénticas aunque tienen que ver con lo mismo: ambas se interesan por los comportamientos de los seres humanos. La ética es la disciplina filosófica, es la teorización, cuyo objeto son los juicios morales que se elaboran a partir de las conductas concretas de los seres humanos. Las conductas morales de los individuos expresan siempre una preferencia, una decisión por una opción o alternativa, discriminando obras.
Se opta por algo se realiza una acción porque se considera que entre todas las posibles, ella es la más justa y adecuada. Ello es así debido a que primero tenemos preferencia por algo que consideramos valioso y, a partir de ello, decidimos actuar. Así el problema Qué debemos hacer?, depende lógicamente de la respuesta que se de a esta interrogante. ¿ Qué es lo valioso en la vida? (9). La actuación moral de los individuos va a depender en cada caso de lo que ellos consideran valioso. La noción del deber está fundada en la noción del valor.
Como ya antes se afirmó, el ser humano dispone de libre albedrío, de una autonomía relativa que le permite decidir en aquellos aspectos sobre los cuales sólo él debe decidir. Por tal razón las normas morales no tienen carácter coactivo de las normas jurídicas. La moral concierne a una elección del individuo para actuar; la actuación debe ser autónoma, no coaccionada, para que pueda imputarse responsabilidad mora. Pero hay algo que es insoslayable: el individuo es un producto social, solamente en sociedad se produce la individualidad. El individuo está condicionada tanto material, histórica y socialmente. Todas las personas expresan en su individualidad, por término medio, el nivel de desarrollo económico y político, de cultura y civilización de la sociedad a la cual pertenecen. Así, sus conductas serán evaluadas como moralmente valiosas o no a partir de lo que el grupo social, la clase social y en general la sociedad considere en cada momento como adecuado o correcto.
Ahora bien, discernir lo que es moralmente justo de lo que no lo es, constituye un problema, complejo y el mismo es resuelto según el contexto, y según la idea de lo valiosos que haya interiorizado así optará y decidirá. En todo caso, quizá es más importante actuar justamente que descubrir lo que es justo”. Sin embargo, ¿Cómo saber que actuamos justamente si ignoramos lo que es justo?, ¿Cómo tener la certidumbre de que hacer?. De hecho mucha gente actúa sin conocimiento, por ignorancia, y no se inquietan si es justo lo que hacen o no. Pero, como afirma John Hospers”. Actuar es materia moral sin conocimiento es, sin duda alguna, tan peligroso como lo sería el que un ingeniero intentara construir un puente sin dominar los principios de la ingeniería. (10).
La moral se constituye entonces a partir de las conductas de los seres humanos, al analizarlas, enjuiciarlas y valorarlas teniendo como medida el patrón social del bien común, de lo justo si contribuye a la convivencia armónica, si contribuye a niveles de vida decorosos para todos los miembros de la comunidad. Es indudable que hay reflexión moral y eso es lo que hacemos cotidianamente cuando valoramos nuestra conducta y la de los demás, la cual muchas, la cual muchas veces y en la mayoría de los casos se realiza a partir de nociones muy vagas y aproximadas de lo justo, lo equitativo, lo mejor, lo demás prudente, lo más honesto, lo valioso, lo decente, etc.
Por su parte la ética le interesan dichos juicios, los principios y las normas morales para analizarlas y explicarlas, pero también para plantear un deber ser que partiendo de las realidades concretas trascienda lo limitado y abra horizontes más amplios y prometedores para la perfección humana.
La reflexión de la ética sobre las normas morales es valiosa en tanto la misma nos servirá de orientación en nuestra vida cotidiana, en el trato con los demás y en nuestra vida profesional, que es apertura especializada por sus conocimientos para servir a la sociedad y para desarrollar nuestras potencialidades humanas. La ética sería una especie de faro que ilumina el camino para una vida moral justa o bien “… los principios éticos son las metas u objetivos que rigen las normas y la conducta moral” en la vida cotidiana. (11)
3. La Profesión
“… Toda profesión es fundamentalmente un campo de responsabilidad”.
La profesión, según González Dobles, es “.. un tipo de actividad laboral que la persona desempeña al servicio de los demás de manera permanente, dentro de un medio económico, social y cultural determinado”. (12)

Según el autor citado, en la definición se distinguen cuatro elementos que deben ser puntualizados:




  1. La profesión es un tipo de trabajo. Por ello, dependen de la división social del trabajo, resultado histórico que refleja la historia de las relaciones laborales sus contradicciones, éxitos y fracasos.

  2. Es característico de la profesión la permanencia del ejercicio profesional, lo que implica seriedad y compromiso fundamentales: la profesión es un medio de inserción en la vida social.

  3. La profesión implica la intención de servicio social, siendo un medio privilegiado de contribución social. “Sin embargo .a firma González- surgen una serie de interrogantes, pues nuestra sociedad está desequilibrada y la organización social funciona al servicio de grupos oligárquicos. En este punto es donde toma un papel fundamental la ética de la profesión”.

  4. Finalmente, toda profesión no es un simple saber hacer teórico aislado. Su condicionamiento social determina nuestra inserción profesional. La profesión es determinada por factores que sobrepasan a los profesionales mismos. (13)

El examen de otras definiciones de profesión nos permitirán contrastar orientaciones, modos de entender la profesión y, por tanto, diferentes modos de entender la ética profesional. Entre las definiciones más usuales tenemos:


“Profesión es una capacidad cualificada, requerida por el bien común, con peculiares posibilidades económicas y sociales”. (14)
Otra definición dice que profesión es:
“.. La actividad habitual del hombre encaminada a satisfacer las necesidades ajenas. Es el arte u oficio a que el hombre se dedica con objeto de satisfacer las necesidades que experimenta la sociedad. Por la presentación de tal servicio el profesionalista recibe una remuneración”. (ALVAREZ, JOAQUIN, 1951)(15)
También se dice que profesión es:
“.. Un conjunto de conocimientos teóricos y prácticos, aplicados dentro de una estructura o actividades con funciones determinadas. Los conocimientos y actividades de una profesión se distinguen perfectamente de los de otras, y esta profesión tiende a organizarse para obtener mejor status y ventajas para sus miembros”. (16)
Y una definición más señala que:
“En general, el término profesión se aplica a aquellas ocupaciones de tipo no manual que exigen una prolongada preparación y una competencia en un campo específico; la competencia queda sancionada por un título y es considerada como exclusiva del campo profesional”. (17)
En las cuatro últimas definiciones es notoria la influencia utilitarista, al pensar la profesión con un fin en sí, de “posibilidades económicas” o “para obtener un mejor status” .

Compartimos la opinión de González Dobles en el sentido de que, la remuneración no pertenece a la esencia de la profesión. Este es un agregado externo, propio de tipo de sociedad en la que impera la ley del valor, la mentalidad de mercado. Como resultado de la alineación, suele ocurrir que en la elección de profesión, las que tienen mayor demanda en las universidades son aquellas en que se supone un mayor nivel de ingresos, y un mejor nivel social. La cuestión de la vocación ha pasado a ser, en la mayoría de los casos, secundaria: no se elige profesión por el gusto, por el llamado al servicio y por la certeza de que en ese campo de terminado es donde uno puede desarrollar sus potencialidades; al parecer se elige por algo extraño a nosotros, por la presión social, por la ilusión de riquezas y la ilusión de acceder al núcleo social de “gente bien”. Este tipo de elección de profesión al margen de la vocación es perniciosa y repercutirá después en un servicio profesional deficiente y en un trato a las personas indebido, altanero, prepotente y egoísta. Además, la disciplina científica de de la cual es expresión la profesión sufrirá esclerosis, el cognoscitivo tendrá a endurecerse y a degradarse pues no habrá la necesaria interrelación entre el hacer y el saber.


Todas las profesiones están interrelacionadas, no hay unas más superiores que otras, no hay profesionales privilegiadas, aristocráticas; no debe confundirse la especialización en un área del saber y de la realidad con privilegio. Todas las disciplinas científicas aluden al ser, todas contribuyen a la comprensión y explicación de la realidad natural y social; todas se orientan a resolver problemas que en definitiva tienen que ver, de manera directa o indirecta, con la vida de los seres humanos, todas las profesiones tienen socialmente el mismo valor y su legitimidad viene dada por la efectividad en que contribuyan a resolver los problemas y planteen nuevos horizontes para la vida. La profesión debe ser asimilada siempre con relación al ser humano, a su vida, a su desarrollo, bienestar y felicidad; ser entendidas como medios para alcanzar la perfección del ser humano. Siendo así podemos enumerar algunas características que involucran la idea de la profesión y el ejercicio profesional.

  1. La Función ética de la profesión

El asunto de la función ética de la profesión puede dar lugar a confusión. Si hablamos de la ética estamos haciendo alusión a los deberes de una persona que es el profesional. El deber es norma reguladora de la libertad, el deber consiste en la obligación impuesta al sujeto libre de usar su libertad de un modo determinado. Todo profesional, en tanto que profesional, deviene obligado moralmente a poner sus conocimientos y aptitudes al servicio de los demás. Todo deber, tiene carácter ético, obliga en conciencia, y su violación voluntaria implica responsabilidad. (18).


El carácter de servicio. Este es un aspecto ético de la profesión pues siempre, está o debería estar al servicio de “el otro”, de los demás. Sea que la actividad profesional transforme el mundo físico, o sea que se manifieste como servicios a los otros hombres, la actividad se realiza en un contexto social para satisfacer necesidades humanas y, básicamente, pensando en promover lo humano guiados por un ideal tanto de la sociedad como de los individuos que la integran, y para propiciar el progreso material y espiritual. Algunos ejemplos nos aclaran lo anterior. El ingeniero no construye puentes por el mero deseo de modificar el medio ambiente, sino que lo hace por el servicio que prestará a la comunidad. Por tal razón “un profesional que ejerza su oficio exclusivamente en beneficio personal, está faltando a las exigencias mismas de la profesión: más aún no se le podría llamar propiamente profesional. (…)

Pero, servir es proporcionar algo a otro, pero algo que le sea útil y necesario. Dar a otro lo que no quiere ni necesita, no es servirla. (19).


La idea de servicio a los demás descansa en un presupuesto, acerca de lo que es el ser humano, es una concepción implícita del mundo. En toda profesión está presente un ideal y “una visión optimista de la realidad (…) el médico que atiende a un enfermo debe tener también un ideal. Curar es arrebatar una vida a la muerte. Esta decisión pide una determinada posición ante la vida (más vale vivir4 que morir) y una exigencia moral correspondiente (hay que salvar vidas). El médico que cura exclusivamente porque se le paga, está desvirtuando su profesión”. (20)
La responsabilidad profesional. Esta es básicamente la “obligación” de rendir cuenta de los propios actos”. Así, la conducta práctica del profesional debe estar orientada por la idea de evitar toda falta voluntaria, y procurar disminuir en lo posible el número de faltas involuntarias, producto de la debilidad humana, flaqueza propia o negligencia. (21). Pero la responsabilidad no debe circunscribirse al correcto manejo técnico o de aplicación de doctrinas o teorías, no se reduce tampoco a la eficiencia y productividad; la responsabilidad alude de manera fundamental y primaria a la interrelación humana. Nuestra actividad profesional produce consecuencia mediatas o inmediatas en otros. Nuestro deber es que las consecuencias de nuestra actividad profesional sean positivas y que sean realmente benéficas en la vida de los demás.
Se analice por cualquier lado, nuestro actuar, nuestro trabajo, siempre supone al otro. Por ello la profesión implica una actitud madura e inteligente de apertura a los demás.

Así, se potencia el diálogo y el sentido humano de la profesión. De lo anterior deriva el que toda ética profesional debe tener valores fundamentales, que orienten la actividad profesional. Ese valor fundamental es el servicio a la humanidad, que no es algo abstracto sino que está concreta en nuestros semejantes-- nuestros vecinos, colegas, familiares, alumnos, pacientes, clientes, etc.-- servicio que no admite discriminaciones políticas, sociales raciales o económicas. La vocación de servicio profesional supone un valor no menos importante: es el valor de justicia, también una de las virtudes cardinales. Pues, “una profesión que no responda a la exigencia de justicia, está al servicio de unos pocos y como tal no está al servicio del ser humano, sino de una clase; en nuestro sistema capitalista sabemos cuál es esa clase, la que puede comprar los servicios. (22)


En resumen, todo profesional tiene responsabilidad que se concreta en los siguientes aspectos:


  • Responsabilidad consigo mismo, en tanto que sus deberes le obligan a mantener su preparación técnica y humanista a su actualización; de igual modo es responsable, como todo ser humano, del cuidado de su aptitudes mentales, de su buen estado físico.

  • Responsabilidad con el prójimo, tanto con sus colegas como con las demás personas. Debe recodarse que la actividad profesional se ejerce entre personas, y que la actividad misma debe tender hacia el bien común.

  • Responsabilidad con la sociedad, la que deriva de la función social de la profesión, al tener que intervenir en la solución de los problemas que aquejan a la comunidad. (23)

La competencia profesional. La competencia profesional alude aquí no a disputa o a rivalidad, sino que a la aptitud, a la idoneidad, a la capacidad para realizar, ejecutar, hacer algo. La competencia profesional es primariamente SABER Y HACER. Debe manifestarse en las capacidades adquiridas y estas no se expresan en la simple posesión de un título. Este sirve para acreditar la competencia nada más, pero la legitimidad lo dará la aptitud demostrada en la ejecución. El profesional es competente cuando sabe y hace lo propio de su profesión con eficiencia, demostrando aptitudes y actuando con honradez (actitudes). En resumen la competencia engloba: la competencia intelectual, la técnica, la humanística y la competencia moral. Esta última hace referencia a las virtudes profesionales que son la justicia y la caridad. (24).


El secreto profesional. Este resulta del ejercicio profesional, el cual nos pone en contacto con otras personas que depositan en nosotros su confianza, al plantear sus problemas en busca de solución. Pero no se trata de que veamos nada más el problema en sí, el cual es una abstracción al margen del ser humano que es íntegramente: la enfermedad es nada comparado con la globalidad personal del enfermo, y lo mismo vale de cualquier otro problema. Un ejemplo que puede servir de modelo: “El médico no ve, no conoce, no trata enfermedades, sino personas enfermas. El hecho médico no es tanto un encuentro del hombre a hombre (…) sino un contacto de personas a personas en intensidad de necesidad. El paciente no busca ser curado de un mal, sino de su mal tal como el lo advierte y padece; más que alivio busca seguridad o, si se quiere, busca el alivio como seguridad. Además de curado necesita ser comprendido y acompañado en plenitud vital”. (25).


Si el profesional es buscado por otros es debido a la creencia en que está preparado, apto para brindar un servicio.

Pero la relación no es mecánica pues involucra a las dos personas en tanto que personas. Por tal razón es criticable la actitud altanera, engreída o petulante de aquellos profesionales que asumen un tono de superioridad y al mismo tiempo de menosprecio frente al “otro”, frente al denominado “cliente”. Pero no sólo es criticable sino que también es lamentable por la ignorancia que exhiben quienes así se comportan, pues olvidan que ellos no lo saben todo, que la indigencia humana es multifacético y que ellos son menesterosos en todos los demás aspectos que escapan al ámbito de su profesión. Pero independientemente de lo anterior al profesional debe recordar que está tratando con personas y, que debe entregar mejor, sus servicios y ayudar a los que más padecen de marginación social y de los atropellos de una sociedad competitiva y mercantil. Pues resulta que “el secreto profesional y el respeto a la persona del cliente es visto frecuentemente en una perspectiva clasista. No se suele tomar en cuenta la dignidad humana de cada hombre, sino su situación social. Por ello, muchos profesionales cambian marcadamente su conducta según se trate de los seres humanos que atienden en las instituciones estatales de carácter social o de los miembros de una oligarquía económica que pagan directa y cuantiosamente sus servicios”. (26)


El secreto profesional, la actitud de servicio, el respeto, debe ser igual para todos los que buscan el servicio profesional, independientemente de su condición social. La discreción es imperativa para la continuidad de la relación profesional y humana, tanto para el prestigio de la profesión y del profesional, como por decoro y respeto a la persona de los demás.
La solidaridad profesional. Esta es “… la comunidad de intereses entre quienes ejercen una misma profesión y secundariamente entre todos los profesionales universitarios. Creemos que esta solidaridad tiene una gran importancia para el porvenir de las profesiones y de la sociedad”. (27).

La solidaridad como virtud va acompañada necesariamente de una de las virtudes cardinales: la justicia, la idea de solidaridad implica la relación, amistosa, la sinceridad que impidan el dañar la reputación y el honor de los colegas, la caridad para evitar el mal y procurar el bien; la humildad para evitar el orgullo y la envidia; la ecuanimidad para evitar la avaricia y la codicia; la madurez y autocontrol, es decir la prudencia para evitar la injuria y la discordia; en fin, la solidaridad profesional se concreta también en la cortesía, la amabilidad, sin afectación, la caballerosidad y el respeto a los demás.


Pero así como tratamos a los colegas como personas merecedoras de respeto debemos tratar a los demás, sean profesionales universitarios, o no. La existencia de colegios profesionales es expresión de la solidaridad profesional. Estos se organizan para encauzar las demandas propias del gremio para planear las reivindicaciones económicas y sociales y para emitir opinión autorizada sobre los asuntos que tocan el ámbito de su competencia. Es decir, los colegios profesionales velan por el correcto ejercicio profesional, por la actuación profesional, por el mejoramiento de las condiciones de los agremiados para cumplir mejor con sus funciones.
El problema de remuneración. Para una manera tradicional y alineada de ver la cuestión profesional, la remuneración constituye uno de los aspectos claves, ya antes hemos hecho ver que la profesión no tiene su razón de ser en el pago o la cuantía de ingresos. En la perspectiva ética humanística, que compartimos, “el papel desempeñado por la remuneración no se refiere directamente al sentido plenario de la actividad profesional, sino que se relaciona con el proceso de distribución del conjunto de bienes y servicios de la sociedad. Desgraciadamente en nuestro ambiente dominado por la mentalidad individualista del capitalismo y por sus ansias de la posesión, la energía creadora del actuar profesional es desvirtuada por el deseo fundamental egoísta de la acaparación . Desde esta perspectiva, muchos profesionales pierden el sentido real del ejercicio de la profesión y la conciben a ésta como a un medio de ganarse la vida, es decir, como a un medio de alcanzar dinero”. (28).
Desde esta perspectiva humanista, la remuneración constituye evidentemente, un problema. No cabe duda que la primera reacción, la “más natural” es que todo trabajo debe ser pagado. Esta “naturalidad” deriva del hecho que la sociedad capitalista y su ideología ha penetrado todos los poros de la sociedad, ha convertido lo convencional e histórico en algo natural y eterno. En esta sociedad el dinero de la espiritualidad humana. Por ello no se conciben como posibles otros modos de intercambio social ni otros medios sociales de los seres humanos, que no sean el dinero y la compra-venta, supuestamente, entre iguales. Al respecto, Marx en los Manuscritos económico – filosóficos de 1844, refiriéndose al poder alienante del dinero dice:
“El dinero, en cuanto tiene la propiedad de comprarlo todo los objetos, es, pues, el objeto por excelencia, el carácter universal de esta propiedad corresponde a la omnipotencia del dinero que es considerado como un ser omnipotente… El dinero es la alcahueta entre la necesidad y el objeto, entre la vida humana y el medio de subsistencia”.
El dinero predomina como medida universal en esta sociedad en la que todo se vuelve mercancía, o es tratado como tal. Por esa razón en nuestra sociedad están tergiversadas la individualidad, al autenticidad y la creatividad humanas. El ser humano no se reconoce a sí mismo más que a través de algo extraño a él y su conciencia y solamente se valora a partir de aquello extraño: el dinero el ser humano carece de atributos y de propiedades en la medida que carece de dinero. En esto consiste la inhumanidad o deshumanización que se critica a la sociedad capitalista: el reducir a cosas, a mercancías hasta los seres humanos. En términos bastante gráficos y que tienen actualidad, Marx señaló:
“Mi poder es tan grande como el poder del dinero. Las propiedades del dinero son las mías propias (las del poseedor) y mis facultades propias. Lo que yo soy y puede hacer no está determinado, pues, de ninguna manera por mi, individualidad. Soy feo, pero puedo comprarme lo más hermosa de las mujeres. En consecuencia, no soy feo puesto que el efecto de la fealdad, su fuerza repelente, queda anulada por el dinero. Como individuo soy estúpido, pero como el dinero es el espíritu real de todas las cosas su posesor no puede ser estúpido.
Además puede comprar a los que tienen talento y ¿No es acaso el que tiene poder sobre los inteligentes es, acaso el que tiene poder sobre los inteligentes más inteligentes que ellos? Yo puedo tener, mediante el poder del dinero, todo lo que ansía el corazón humano? No poseo todas las facultades humanas? ¡No transforma mi dinero, pues, todas mis incapacidades en sus opuestos?”. (29).
Esa es la expresión de la alineación humana en la sociedad capitalista., y aunque para el poseedor del dinero, que puede exteriormente anular su fealdad, limitaciones físicas, su estupidez y falta de escrúpulos no puede, sin embargo, eludir u ocultar para si mismo ni en la conciencia de los demás su verdadera situación alienada. Para su propia conciencia el seguirá siendo feo, limitado, estúpido, deshonesto e inescrupuloso.
Frente a este planteamiento puede alguien con todo derecho pensar que esa es la realidad, este es el sistema y no hay otro, por lo tanto no cabe otra alternativa. En consecuencia, carece de sentido plantear la crítica de la alineación y de sus fuentes. La respuesta es bien sencilla: este tipo de sociedad, sus fundamentos y su forma de organización social, su forma de distribuir los bienes materiales producidos socialmente, no es, no ha sido ni será eterno, no es natural, ha surgido históricamente, por lo tanto, puede ser modificado, según el ideal de vida plenamente humano.
Pero mientras tanto, la vida continúa y la actividad profesional debe ejercitarse en esta sociedad aquí en nuestro planeta y no en otro. Debe por tanto asumirse una posición crítica que permita comprender las condiciones sociales en las cuales se desarrollan las actividades profesionales, una actitud crítica respecto de las normas y principios morales vigentes de tal manera de evitar el dogmatismo y avizorar posibilidades de desarrollo, de aplicación consecuente en esta misma sociedad, de principios de justicia, de respecto a la dignidad humana y de la realización cada vez más plena del ser humano. El compromiso laboral no puede eludirse, debemos ejercer con toda responsabilidad nuestra profesión sin caer en complicidades con el sistema de alienación. Y como parte de esa actitud alerta, la solidaridad debe orientarse para evitar el mercantilismo y promover mejoras profesionales más amplias que vayan más allá de la mera demanda económica.
La lucha económica se dará siempre debido a que el sistema asalariado se rige por la ley del menor costo para mayores utilidades, luego la presión por mejoras y más ajustados salarios animara a los colegios profesionales y a los sindicatos.
Los profesionales que piensan que por derecho propio ellos merecen una situación económica y social diferente al resto de la población no profesional, habrá que recordarles que la educación universitaria es costeada casi en su totalidad por la sociedad y que las universidades cumplen con esa función social importantísima, al formar profesionales que necesita la sociedad. La universidad retribuye parcialmente el gasto social mediante la graduación de profesionales universitarios bien preparados científica, técnica y humanísticamente para resolver los problemas del país.
Ahora bien, ¿quién debe fijar los niveles o cuotas de remuneración, en el caso de las profesiones liberales?. Lo que ha ocurrido es que no son los colegios profesionales los que fijan las cuotas, los niveles salariales y luego son refrendados por los legisladores. En definitiva son los mismo profesionales los que deciden las cuantías mediante sus aranceles. Con todo, interesa señalar que en las condiciones imperantes en nuestra sociedad es inmoral la actitud del profesional que” ... condiciona la eficiencia y competencia de un trabajo o servicio al monto de la retribución”. (30)
5. La ética profesional y el Código de ética
La ética profesional, en opinión de González Dobles, tiene dos aspectos seleccionados: la ética del profesional y la ética de la profesion. La primera consiste en establecer la corrección de la ejecución individual con respecto a una profesión socialmente instituida.

“por otra parte, existe una ética de la profesión que consiste en determinar las condiciones y modalidades del desempeño social de la profesión misma, es decir, del conjunto de profesionales actuando en relación a la estructura y al funcionamiento de la sociedad. La ética de la profesión es un problema de la ética social”. ( 31 )


En la distinción entre la ética del profesional y ética de la profesión, únicamente se consideran aquellos aspectos que conciernen a la acción directa del profesional. De allí que al pensar únicamente la ética del profesional aparezca con problemas sólo la cuestión de la competencia profesional, el respecto al cliente y la exigencia derivada del secreto profesional. Las consideraciones tradicionales se quedan con la ética del profesional, reduciendo el ámbito de los problemas a la competencia profesional, el respecto al cliente y el secreto profesional. Para dicho enfoque tradicional no cuenta la ética de la profesión pues se elude el hecho de que “. . .La moral del profesional depende de la moral de la profesión” Tal actividad parase corresponder a la idea de que la situación social de las profesiones es buena sin mas, expresión de la aceptación tácita de las condiciones sociales que determinan la existencia y el desempeño de aquellas. En esa visión conformista se soslaya la deformación social que sufren las profesiones en una sociedad clasista. El reconocimiento de tal hecho nos plantea una situación ambigua en tanto que profesionales conscientes, debiendo asumir una posición moral y política, por lo tanto, “Nuestra posición ética debe partir de una toma de conciencia de la situación real del ejercicio de la profesión en nuestro sistema capitalista.
Ella nos plantea un problema moral muy serio, pues no podemos eludir nuestro compromiso laboral, mientras, se realizan las transformaciones sociales, económicas y políticas que permitan un ejercicio profesional plenamente humano. Pero, al mismo tiempo, no podemos hacernos cómplices del sistema al ejercer la profesión dentro de los cánones que nos impone” (32)
Es útil, mostrar otras definiciones de la ética profesional para cómo se manifiesta la actitud que apuntamos anteriormente. Para la Escuela de Servicio Social de Temuco, Chile, la ética profesional es:

“El conjunto de principios morales que rigen la actividad total de una profesión, en forma de deberes que el profesional debe cumplir, respecto de la sociedad, de los clientes y de los demás colegas”.



Otras definiciones dicen:

La ética profesional comprende el conjunto de obligaciones y deberes que deben cumplirse durante el ejercicio de la profesión; estas obligaciones son imperativas y el profesional no puede trasgredirlas sin faltar al honor de la profesión”.



“Ética profesional es el conjunto de deberes que se le exigen al titular de la profesión, en el ejercicio de la misma, para desempeñarla con honradez”. (33)
Todas las definiciones aluden únicamente a deberes y obligaciones del profesional para con su semejantes, pero con la sociedad, dando casi por sobreentendido que los derechos ya están reconocidos. Más aún, pareciera que la ética profesional se concibe más bien como una especie de muralla para contener conductas que no reconocen límites morales, las cuales deben ser en cierta forma refrendadas. Probablemente es por ello que el énfasis cae sobre los deberes morales y no tanto sobre los derechos. En nuestra búsqueda sobre la ética profesional encontramos que la definición que entrega Alquiles Menéndez es la excepción de lo anotado anteriormente. Este autor plantea que la “ética profesional o moral profesional se puede definir como la ciencia normativa que estudia los deberes y derechos de los profesionistas en cuanto tales”. (34)
Del hecho de plantear la ambigüedad que encierran los planteamientos de la moralidad profesional en una sociedad dividida en clases sociales, surge de manera inevitable la cuestión de si la ética en general y la ética profesional en particular es neutral, si la ética planea por encima de las diferencias sociales. Esta cuestión es bastante compleja y demanda una análisis más detenido y una indagación que nos permita mostrar como realmente se desenvuelven los profesionales en la compleja trama social. Sin embargo, a partir de las relaciones económicas y sociales imperantes, fundadas en la relación mercantil (vendedor – comprador, propietario – no propietario) parece indudable que en las sociedades coexisten modos diferentes de entender la moral. No parece caber duda respecto de que” .. las condiciones de la vida en la sociedad burguesa influyen en la conciencia de los científicos y de otros especialistas orientándolos al espíritu de casta, al enajenamiento del “mundo de los profesionales” respecto de las tareas humanitarias de la ciencia y de las necesidades del progreso social, propiciando las tendencias individualistas”. No hay una ética neutral , sostener lo contrario, es decir, “. . . l a idea ilusoria de la ética profesional al margen de las clases no hace sino encubrir el servicio de una parte de los intelectuales a los intereses de la clase dominante “. ( 35)
La existencia de la doble moral, de la ambigüedad ética que se oculta en las declaraciones de una ética que se oculta en las declaraciones de una ética independiente de las condiciones sociales, exige de nuestra parte la reflexión el examen y discusión atenta, de los problemas éticos y de la moralidad imperante. La ética profesional humanista nos demanda la inclusión de estos problemas en nuestros debates y en nuestra vida, de tal manera de evitar la meza de aceptación formal de las normas y principios morales.
No obstante lo dicho anteriormente, y precisamente porque existen las ambigüedades y una practica, profesional de doble moral, se justifica y legitima la ética profesional humanista. Las discusiones sobre la ética profesional y sobre la moralidad de los comportamientos de los profesionales cumplen una importante función, pues “. . . forman en el científico el estilo democrático de relaciones con la gente, la posibilidad de percibir correctamente la crítica , a su nombre, de estar dispuesto a valorar con sentido critico la labor de los colegas independientemente de su autoridad ,posición y ambición” . (36)
El código de la ética profesional. Los códigos de ética, como otros códigos expresan la sanción de cuestiones de hecho. Esto último ocurre en los códigos jurídicos. Sin embargo, en un código de ética profesional, además de explicitar lo sancionado como moralmente justo, a la par de señalar las limitaciones, no lo aceptado por ser considerado como conductas indebidas, sugieren también un “deber ser” expuesto en términos de ideal de servicio, de honestidad y responsabilidad en el ejercicio profesional. Toda profesión tiene una función social y con los códigos se pretende indicar la mejor manera de cumplir la misma. Al respecto se afirma que “... las profesiones que han alcanzado, un alto nivel de estabilidad y organización, poseen un código de ética con el objeto de orientar y regir la conducta moral de sus miembros en el desempeño de sus funciones”. (37)
La aparición de los códigos tuvo una significación progresista, por cuanto significaron el ordenamiento racional de las normas morales, pero también porque “ ... reflejaban el acrecentamiento del valor de la personalidad, afirmaban los principios humanitarios en las relaciones interpersonalistas”. (38) No obstante, dicho progreso se ha visto influido, y en cierta medida deformado, por la lucha entre influido, y en cierta medida deformado, por la lucha entre clases sociales antagónicas, de las cuales la burguesía, desde la época moderna fue imponiendo el egoísmo, el individualismo en el seno de la sociedad. Por tal razón, “.. los códigos son tan contradictorios como la moral burguesa en general. Proclamando los altos principios de servicio de los especialistas al hombre, deben contar al mismo tiempo con los intereses corporativos aislados de diferentes grupos profesionales”. (39)
La definición de lo que se entiende por un código de ética profesional resume lo dicho hasta el momento.
Un código de ética profesional es “la ordenación sistemática de principios, normas y reglas establecidas por un grupo profesional o cuasi profesional, para su propia vida, con el fin de regular y dirigir la conducta moral de sus miembros o sus relaciones mutuas”. (40)

Respecto de los códigos de ética profesional debemos plantear algunas precisiones. Un código de ética profesional, sea éste de los médicos, ingenieros, abogados, pedagogos, etc., propone una ordenación racional de principios y normas. Pareciera que los principios solo podrían proponerse cuando existe un colegio profesional. Pero entonces ¿Qué ocurre cuando hay profesionales que no tienen un colegio profesional organizado? La reglas y principios morales no son inventadas ni establecidas por los profesionales. Estos, apoyándose en las directrices que proporciona la ética, en el conocimiento del nivel de desarrollo social y en los preceptos morales aceptados socialmente plantean entonces de manera específica para profesión como se aplicarán los ideales éticos y qué tipo de normas, principios y reglas regirán para el grupo profesional. Como los códigos de ética profesional recogen para un grupo profesional las ideas morales reconocidas socialmente y las plasman mediante principios y normas, parece conveniente decir al acerca de lo que es una norma.


La “norma” es entendida como “una regla o criterio de juicio. La norma puede estar también constituida por un caso concreto, un modelo o un ejemplo, pero el caso concreto, el modelo o el ejemplo valen como norma sólo en el caso de poder ser utilizados como criterio de juicio de los otros casos o de las cosas a las que el ejemplo o el modelo hacen referencia”. (41) así, de la norma se pueden dar dos conceptos:
Norma como criterio infalible para el reconocimiento o para la realización de valores absolutos, este es el concepto que ha sido elaborado por al filosofía de los valores, y aceptado por las doctrinas absolutistas.
Norma: como procedimiento de garantiza el desarrollo eficaz de una actividad determinada.

Por otro lado, la máxima se presenta como una regla de conducta práctica, orientadora de la conducta y expresa con brevedad. A veces se dice de la máxima que es algo casi axiomático, reconocida como principio que no admite duda.



La norma se distingue de la máxima, pues no es como ella sólo una regla de conducta, sino que puede ser regla o criterio de cualquier operación o actividad. La norma se distingue también de la ley, porque puede faltarle el carácter coercitivo de la ley misma. Así, por ejemplo, una norma de la costumbre resulta ley cuando se hace coactiva mediante una sanción pública. La diferencia entre la norma y la ley es importante. Estas últimas aluden a lo necesario, con ella se pretende explicar los hechos; en cambio, la norma aluden al orden práctico, no pretende explicar nada sino más bien provocar un comportamiento. Como lo expresa García Maynez, “El investigador de la naturaleza no hace juicios de valor; simplemente se pregunta a que leyes obedecen los fenómenos; en el otro orden, (en el orden normativo) lo que importa no es el proceder real de los hombres, sino la formulación de los principios a que su actividad debe quedar sujeta”. (42)
Para H. Kelsen, “La norma es la expresión de la idea de que algo debe acaecer y, especialmente, de que un individuo debe comportarse de una determinada manera. Nada se dice en la norma sobre el comportamiento efectivo del individuo en cuestión”. (43) Toda norma moral, como regla de acción que postula deberes, se apoya en una valor. Al tener su apoyatura en un valor la norma expresa un deber ser. El deber ser por lo tanto supone un valor. Y “El deber ser postulado por las proposiciones normativas no es otra cosa que la exigencia de realización de algo, valioso”. (44)
Las normas son entonces reglas de acción que mandan un deber para el sujeto a quien se dirigen. Al expresar deberes, las normas se exponen para individuos que son capaces de cumplirlas o violarlas, debido a que se presupone la existencia de la libertad humana. El individuo puede dejar de actuar conforme a las normas, puede violarlas; si no pudiese dejar de hacer lo que mandan, entonces no serían normas morales, sino que leyes naturales (debido a que estas tienen un carácter de necesidad y determinación natural). De lo anterior deriva la importante cuestión de la validez de las normas. Estas valen independientemente de que sean violadas u observadas. Reside su validez en cuanto expresión de un deber ser que sintetiza algo valioso.
Tal como afirma García Maynez, “La validez de los preceptos rectores de la acción humana no está condicionada por su eficacia, ni puede ser destruida por el hecho de que sean infringidos. La norma que es violada sigue siendo norma, y el imperativo que nos manda ser sinceros conserva su obligatoriedad a pesar de los mendaces y los hipócritas.” (45
La ética y la moral no están desvinculadas de la vida concreta y social de los individuos. Al contrario, surgen en el seno de las relaciones sociales para sancionar, conservar lo que es considerado valioso para la vida de la comunidad y, también para plantear ideales que corresponden a la visión del mundo imperante. La idea de lo que es esta visión está siempre acompañada de lo que deber ser. El deber ser se expresa de distintas maneras, y caben las posiciones más opuestas debido a que el ser humano no es “algo”, no está ya “hecho”, sino que siempre está haciéndose, y en este hacerse con los demás está la idea reguladora de la perfección. Existe, como decía Alfonso Guillén Zelaya, una inconformidad en el hombre; y mientras la misma exista el análisis criterio de la moralidad en uso, y de las normas imperantes, será fuente de renovación, de búsqueda de lo mejor para la sociedad.
Los códigos no deben ser considerados como algo acabado, inalterable; pues al cambiar las condiciones sociales, al mejorar los niveles de cultura y civilización, aquellos deben ser modificados en los aspectos que concretan los ideales éticos. Para finalizar este apartado, recordemos que “Se actúa moralmente, cuando nuestras acciones están determinadas por la decisión de realizar lo que nuestra conciencia interior nos presenta como bueno o malo. Las reglas morales pretenden imponerse a las personas como un imperativo de conciencia independientemente del enjuiciamiento social. Pero las normas morales nos vienen de la sociedad y dependen finalmente de ella. De aquí que toda renovación moral es un renovación social y toda renovación social es una renovación moral”. (46)
6. La Etica Profesional en Educación
En este apartado abordamos lo relativo a la ética del profesional en la enseñanza. Ya antes vimos que toda profesión tiene una función ética, pero la cuestión del desempeño responsable tiene una mayor magnitud, mayor impacto en aquellas profesiones en que el trato con las personas es directo. Es por ello que “la necesidad de exigencias morales elevados y, como consecuencia, de una moral profesional especial (...), se manifiesta ante todo en la labor médica, jurídica, pedagógica, científica, periodística y artística, es decir en las esferas directamente relacionadas con la educación y la satisfacción de las necesidades de la persona. (47)
La ética del profesional del profesor adquiere mayor dimensión cuando recordamos cuáles son sus funciones y con quienes trabaja, la generación joven, niños y adolescentes que constituirán los relevos en las distintas ocupaciones de la sociedad. Por tal razón el profesional en este campo debe tener presente que no sólo está enseñando, es decir entregando información, sino que también su deber es educar, es decir formar, inspirar al educando para su desarrollo y autodesarrollo, cada vez con más autonomía y libertad.
Para mostrar la delicadeza del trabajo docente valga una analogía entre el trabajo del escultor y el trabajo del educador. Ambos tienen una materia que modelan, a la cual dar una forma determinada según un ideal, un modelo prefijado deliberadamente. El escultor hace su trabajo y en el transcurso del mismo puede errar, dar un golpe de martillo demasiado fuerte al extremo que le desfigure su obra., en este caso el escultor puede reconsiderar su proyecto, renunciar o sustituir y cambiar la materia objeto de su acción, de su trabajo. En cambio, el docente debe saber, consciente que en el acto educativo trabaja con personas, con seres humanos, y por lo tanto sus pasos, sus acciones educativas cotidianas, (modo de enseñar, estimular, aplicación de autoridad, modos de reaccionar, etc.), deben ser bien pensados en sus consecuencias pues aquí no podemos reponer, ni sustituir la materia prima: cada acción nuestra, cada hecho cotidiano en el salón de clases y en la institución educativa deja una marca, una huella en el educando, y son ellas las que lo van modelando.
Como puede apreciarse, la responsabilidad moral del docente tiene profundas consecuencias, especialmente cuando se trabaja en los primeros niveles de enseñanza. Es indudable que la responsabilidad formativa de los seres humanos no descansa absolutamente en los procesos educacionales formales.

Sabemos que la familia y la comunidad social influyen también en aquel proceso formativo. Pero en sentido estricto normativo, es decir educación como formación de seres humanos mejorados, educados, esa responsabilidad solamente compete a las instituciones educativas. La influencia distorsionara de la sociedad con sus contraejemplos y el serio problema que representan las condiciones económicas y sociales adversas, obligan a la institución escolar a mantener comunicación fluida con la familia, con la comunidad y con las autoridades departamentales y nacionales para coadyuvar en la solución del problema educativo del país. Debido a que la educación involucra a diferentes actores sociales, se presenta el peligro de la difuminación de la responsabilidad moral. Pues, es un hecho que “la enseñanza y la educación de la joven generación reviste necesariamente carácter colectivo y, por tanto, resulta difícil “sopesar”,m determinar y evaluar el aporte laboral de cada maestro de escuela. Este rasgo de labor del maestro, junto con las importantes ventajas, encierra ciertos momentos negativos pues permite a personas que no tienen suficiente sentido del deber profesional librarse moralmente de la responsabilidad por unos u otros errores en la labor educativa. De ahí dimana el problema difícil de la confianza moral de la sociedad en el pedagogo y de su derecho a esta confianza”. (48)


Pero, concediendo que la enseñanza se haya producido esos no significa que necesariamente se haya producido la educación, pues, sabemos que la educación implica la enseñanza pero la enseñanza no implica necesariamente la educación. Y los modos de enseñar, tener implicaciones éticas, al constatar que:
El sistema educativo y las circunstancias vitales agradan o empequeñecen nuestra capacidad de discusión. Pero una educación para la obediencia para la resignación ante las injusticias del sistema, necesariamente, una educación empequeñecedora. El grave problema de la ética profesional es que en el fondo, no tiene confianza en el ser humano y, en lugar de prepararlo para el riesgo y la aventura existencial, lo programa como a un robot al servicio del sistema establecido”. (50)
La concepción tradicional de la enseñanza va de la mano con dicha concepción tradicional de la ética. La denominada escuela tradicional asume al educando como al objeto vacío de saberes, como sujetos pasivos que desean recibir “los” conocimientos y }2los” modales de conducta, y “los” usos sociales del profesor. En el aula, y en la institución educativa para el tradicionalismo pedagógico, el docente es el centro de gravedad. Es muy probable que los bajos niveles de rendimiento y de cultura que hoy padecemos se originen en la imposición de modos de enseñar en las cuales están asociados un conductismo y un mecanicismo que ha obstruido el potencial del desarrollo de la inteligencia en nuestros jóvenes. Constituye una responsabilidad moral para todos, los docentes comprometidos con los intereses de la mayoría de la población nuestra, evaluar crítica y concienzudamente que estamos enseñando y cómo estamos enseñado, y si nuestro trabajo cotidiano permite formar individuos despiertos, activos, con espíritu de autonomía, o si por el contrario, estamos pastoreando la ignorancia al reproducir conductas sumisas. No cabe duda que debemos resolver con justicia la dicotomía que se genera entre la autoridad del profesor y la libertad y autonomía del educando. Pero ello no es mayor problema si entendemos que la autoridad jurídica (el reconocimiento del profesor en tanto que profesor) no contribuye a la acción educativa como si lo hace la autoridad de hecho, (reconocimiento cedido por los alumnos al profesor, porque sabe su profesión y sabe enseñar).
Otro aspecto que se suma a la compleja actividad docente es el relativo a la doble función del hecho educativa: por una parte, es conservador de las tradiciones, refuerza los modos de ser, sociales, pero también tiene la faena educativa su función crítica, renovadora. Ambos aspectos polarizantes están a la base del trabajo docente. En palabras de Nérici, “El caso de la ética profesional del profesor se manifiesta todavía con mayor complejidad, porque éste tiene compromiso con el estado social actual, puesto que tiende a la conservación de las tradiciones y del orden social; pero al mismo tiempo está comprometido con la evolución, con el cambio, con el progreso social. (49)
Lo quiera o no, el profesor es asimilado por los niños y jóvenes como modelo. Y siendo así, debe procurar éste no traicionar la ingenua confianza depositada en el por sus discípulos. Los núcleos de exigencia y los de recompensa material para el profesor probablemente no estén equiparados; pero, en el trabajo educativo hay una recompensa mucho más valiosa y duradera que la remuneración; es la ascendencia espontánea, la autoridad cedida con cariño hacia el profesor, del maestro, es coronar sus esfuerzos al ver a sus discípulos en la vía correcta de hacerse hombres y mujeres autónomos, reflexivos, responsables y amantes de la búsqueda del saber. No hay satisfacción más grande que ver a un discípulo superando nuestros niveles cognoscitivos, actúan con responsabilidad y madurez consigo mismo, con su familia y con la sociedad.
El ideal de ser humano, la concepción antropológica que el profesor maneje influirá no cabe duda, en los modos en que se conduzca frente a los estudiantes.

Si el profesor se aplica como el “sabelotodo”, como la autoridad sólo porque él es el profesor, es bastante probable que piense que sus estudiantes son meros receptores, vacíos de experiencia y de conocimientos y que entre los, algunos no concluirán por no tener las condiciones o por ser haraganes, o por lo que sea. El profesor se sacude olímpicamente su responsabilidad, al olvidar que la educación en sentido estricto involucra una relación bipolar: Docente – Alumno.


Según sea el modo de actuar y de enseñar del profesor, así serán sus resultados y debe decirse que no porque le apruebe todo el grado, curso o sección, su enseñanza fue exitosa.

Por ello es conveniente recordar que el papel del profesor NO ES ENSEÑAR AL ALUMNO QUE PENSAR, SINO QUE ES MAS IMPORTANTE Y DECISIVO ESTIMULARLES Y ENSEÑARLES COMO PENSAR.


La ética del profesional de la educación va encaminada a la orientación de la conducta del profesor en el sentido de la solidaridad gremial, de su responsabilidad y del mantenimiento de la autoridad del docente. Y resulta que el docente tendrá mayor autoridad ( de hecho) cuanta mayor sea su responsabilidad (actualización profesional, transparencia y ecuanimidad en el trato con sus alumnos y sus colegas, magnanimidad, comprensión y ayuda oportuna para los estudiantes, etc.)
El respeto a la dignidad del educando, en cualquier nivel, la promoción de la solidaridad y espíritu de trabajo colectivo entre ellos son condiciones indispensables para la faena educativa. De igual modo lo es la orientación que debe dársele a la fuerza primigenia, al pathos, del ser humano que estamos contribuyendo a formar. Si queremos jóvenes respetuosos el día de mañana respetémosles ahora; si queremos hombres con autonomía y disciplina, iniciativa y responsabilidad colectiva mañana, propiciemos hoy la experiencias de aprendizaje necesarias. Por tal razón es que se hace indispensable que los educadores se formen de manera intedisciplinaria; este es el sentido que tienen asignaturas como Psicología, tanto general como de la educación, sociología, historia, filosofía general y de la educación.
El futuro docente debe ser la característica tanto del alumno según las edades así como el peso que tienen las condiciones históricas, económicas, políticas y sociales, que rodean e influyan el acto educativo.
Las cinco relaciones básicas del trabajo del Docente
A continuación hacemos un resumen del planteamiento de Nérici, de las relaciones básicas que permiten apreciar la ética profesional del docente. Las cinco relaciones básicas se enumeran para que usted ejercite su capacidad de búsqueda y reflexione para dar contenidos específicos a los mismos.
En este ejercicio es conveniente buscar información Bibliografica, consultar a personas enteradas y reunirse en grupos de trabajo para la discusión y planteamiento final que ustedes sugieren.
Las relaciones del profesor

I. Con la Sociedad: El profesor como representante de la sociedad, como continuador directo de los padres en los tocante a la acción educativa; el comportamiento público y privado del profesor.
II. Con la Escuela

    • Compromiso con las autoridades del centro educativo: lealtad, cooperación.

    • Cooperación con los compañeros de trabajo

    • Reservado y discreto respeto de los problemas de la institución educativa

    • Honestidad y actitud franca para discutir los problemas surgidos entre colegas.

III Con los alumnos


Actitud comprensiva, de amistad y simpatía
Aspectos que influyen en las relaciones

  1. Actitud de justicia y trato igualitario

  2. Discreción

  3. Actitud franca

  4. Intervención oportuna

  5. Ecuanimidad

  6. Imparcialidad

  7. Honestidad

  8. Amable

  9. Juicio

  10. Correcto en la expresión verbal

  11. Ayuda y no imposición

  12. Abstención de política partidarista

  13. Firmeza

  14. Rectitud

  15. Responsabilidad

  16. Amigo en la búsqueda de la verdad

  17. Solicito



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