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Antología poética para primero de eso


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Antología poética

para primero de ESO
(en construcción)

Cuando yo sea 3

La muralla 4

¿Qué quieres que te traiga? 5

El otoño 6

Lagartija 7

Susto 8


Noche 9

Renglones al roquefort 10

No quiero 11

Sobre el olivar 13

Cocido de ceros 14

Geografía física 15

Arbolé Arbolé 16

Helado de lágrimas 17

Baladilla de los tres ríos 18

Un calcetín olvidado 20

Pensándolo de pronto 21

Cuando me vaya de Roma 22

El tren 23

El sol 24

Romancillo de la Esperanza de Triana 25

Sensemayá 27

Romance del enamorado y la muerte 28

Un son para niños antillanos 29

Autobiografía 30

Encanto de luna y agua 31

La tarántula 33

El corazón de la Tierra 35

Río y orilla  36




Cuando yo sea


Cuando yo sea grillo


cantando a la luna,
si oyes mi organillo,
dame una aceituna.
Cuando hormiga sea
cargando un gran peso,
que al menos te vea
a la luz de un beso.
Cuando sea ciempiés
con mis cien botines,
deja que una vez
cruce tus jardines.
Cuando no sea nada
sino sombra y humo,
guárdame en tu almohada
que yo la perfumo.

Eduardo Polo (seudónimo de Eugenio Montejo)


La muralla


Para hacer esta muralla, 
tráiganme todas las manos: 
Los negros, su manos negras, 
los blancos, sus blancas manos. 
Ay, 
una muralla que vaya 
desde la playa hasta el monte, 
desde el monte hasta la playa, bien, 
allá sobre el horizonte.

—¡Tun, tun! 


—¿Quién es? 
—Una rosa y un clavel... 
—¡Abre la muralla! 
—¡Tun, tun! 
—¿Quién es? 
—El sable del coronel... 
—¡Cierra la muralla! 
—¡Tun, tun! 
—¿Quién es? 
—La paloma y el laurel...  
—¡Abre la muralla! 
—¡Tun, tun! 
—¿Quién es? 
—El alacrán y el ciempiés... 
—¡Cierra la muralla!

Al corazón del amigo, 


abre la muralla; 
al veneno y al puñal, 
cierra la muralla; 
al mirto y la yerbabuena, 
abre la muralla; 
al diente de la serpiente, 
cierra la muralla; 
al ruiseñor en la flor, 
abre la muralla...

Alcemos una muralla 


juntando todas las manos; 
los negros, sus manos negras, 
los blancos, sus blancas manos. 
Una muralla que vaya 
desde la playa hasta el monte, 
desde el monte hasta la playa, bien, 
allá sobre el horizonte...
Nicolás Guillén, 1958

¿Qué quieres que te traiga?

—¿Qué quieres que te traiga

si voy

a un país muy lejano?



—Un puñado de fina arena

en el cuenco de tus manos.


—¿Qué quieres que te traiga

si voy


a un país invisible?

—Tráeme el perfume

de una flor

de sus jardines.


—¿Qué quieres que te traiga

si voy


al país de los sueños?

—Mi cara reflejada

en tus ojos abiertos.
—Y del país de las palabras,

¿qué quieres que te traiga

del país

donde el sol dice

“buenos días”

y el mar conversa

con la playa?

—Tráeme, por fin,

el nombre de la luz

que entra de noche

por la ventana.
Juan Carlos Martín Ramos

El otoño

El otoño es un barco que navega


con abrigos, silencios y paraguas,
sobre los parques y las arboledas.

¡Gaviotas amarillas!


Son las hojas que vuelan
y caen lentamente
hasta pisar la tierra.

El cielo frío se parece al humo


de los barcos sin velas
que dibujan el sueño de los vientos
con los pinceles de sus chimeneas.

Yo soy el marinero del otoño.


Mira mi barba seca
y las bellas gaviotas melancólicas
volando en mi cabeza.

En la orilla dormida de la tarde


hay olas de silencio y de tristeza.

Por las ramas desnudas,


por el agua secreta,
por los abrigos grises,
el otoño navega
como un barco perdido
sobre las arboledas.

Luis García Montero

Lagartija


Son las cuatro. Silencio.


Por la rendija
se ha asomado, risueña,
la lagartija.

Bajo un sol asfixiante,


ráfaga verde,
entre luces y sombras
pronto se pierde.

¿En la hora de siesta


tanto trajín?
¿Vas buscando un tesoro
por el jardín?

Lagartija curiosa,


rabo de cuerda,
ten cuidado del perro,
¡que no te muerda!

.

Antonio A. Gómez Yebra


Susto

Con sombrero viejo


y cara de palo,

con ropa de hombre


y crucificado,

ayer por la tarde,


dentro del sembrado,

me dio un susto negro


el espantapájaros.
Antonio Murciano

Noche

Quietos en la noche clara.


Mi cara junto a tu cara;
la misma luna nos baña.

Piel contra piel, en mi cuerpo


siento el ritmo de un latido
¿es tu corazón o el mío?...

No sé cuándo me he dormido.

Ángela Figuera Aymerich

Renglones al roquefort


Se toma un cuaderno de hojas rayadas

y se le arrancan, por lo menos,

los renglones de cinco páginas.


Se ponen a hervir durante diez minutos

con un poco de aceite

y se les quita el agua en un escurridor.
Quien los prefiera con chorizo,

solo tiene que escribir la palabra chorizo

en cada renglón.
Remover de vez en cuando

con un lapicero del dos.

Tendrán que aliñarse con roquefort rallado

de queso de goma de borrar.

José Antonio Ramírez Lozano

No quiero


No quiero
que los besos se paguen
ni la sangre se venda
ni se compre la brisa
ni se alquile el aliento.
No quiero
que el trigo se queme y el pan se escatime.

No quiero


que haya frío en las casas,
que haya miedo en las calles,
que haya rabia en los ojos.

No quiero


que en los labios se encierren mentiras,
que en las arcas se encierren millones,
que en la cárcel se encierre a los buenos.

No quiero


que el labriego trabaje sin agua
que el marino navegue sin brújula,
que en la fábrica no haya azucenas,
que en la mina no vean la aurora,
que en la escuela no ría el maestro.

No quiero


que las madres no tengan perfumes,
que las mozas no tengan amores,
que los padres no tengan tabaco,
que a los niños les pongan los Reyes
camisetas de punto y cuadernos.

No quiero


que la tierra se parta en porciones,
que en el mar se establezcan dominios,
que en el aire se agiten banderas
que en los trajes se pongan señales.

No quiero


que mi hijo desfile,
que los hijos de madre desfilen
con fusil y con muerte en el hombro;
que jamás se disparen fusiles
que jamás se fabriquen fusiles.
No quiero
que me manden Fulano y Mengano,
que me fisgue el vecino de enfrente,
que me pongan carteles y sellos
que decreten lo que es poesía.

No quiero amar en secreto,


llorar en secreto
cantar en secreto.

No quiero


que me tapen la boca
cuando digo NO QUIERO…

Ángela Figuera Aymerich


Sobre el olivar

Sobre el olivar,


se vio la lechuza
volar y volar.
Campo, campo, campo.
Entre los olivos,
los cortijos blancos.
Y la encina negra,
a medio camino
de Úbeda a Baeza.

Por un ventanal,


entró la lechuza
en la catedral.
San Cristobalón
la quiso espantar,
al ver que bebía
del velón de aceite
de Santa María.
La Virgen habló:
Déjala que beba,
San Cristobalón.

Sobre el olivar,


se vio la lechuza
volar y volar.
A Santa María
un ramito verde
volando traía.
¡Campo de Baeza,
soñaré contigo
cuando no te vea!
Antonio Machado

Cocido de ceros

Se escogen aquellas palabras, cómo aguacero o hechicero,


que contienen este rico fruto y, con un cuchillito, se les arrancan uno a uno sus ceros
hasta un total de docena y media.
Se ponen a hervir media hora
con su chorrito de aceite.
Después se dividen por el número de comensales y resultará el cociente, un cociente sabroso,
sin resto ni decimales.
Conviene no cocer a la izquierda.
Los ceros a la izquierda
pierden todo su valor nutritivo.

José Antonio Ramírez Lozano

Geografía física

Nadie sabe Geografía,


mejor que la hermana mía.

—La anguila azul del canal


enlaza las dos bahías.

—Dime, ¿dónde está el volcán


de la frente pensativa?

—Al pie de la mar morena,


solo, en un banco de arena.

(Partiendo el agua, un bajel


sale del fondeadero.
Camino del astillero,
va cantando el timonel.)

—Timonel: hay un escollo


a la entradita del puerto.

—Tus ojos —faros del aire—,


niña, me lo han descubierto.
¡Adiós, mi dulce vigía!

¡Nadie sabe Geografía,


mejor que la hermana mía!
Rafael Alberti

Arbolé Arbolé


Arbolé arbolé


seco y verdé.

La niña del bello rostro


está cogiendo aceituna.
El viento, galán de torres,
la prende por la cintura.
Pasaron cuatro jinetes
sobre jacas andaluzas
con trajes de azul y verde,
con largas capas oscuras.
«Vente a Córdoba, muchacha».
La niña no los escucha.
Pasaron tres torerillos
delgaditos de cintura,
con trajes color naranja
y espadas de plata antigua.
«Vente a Sevilla, muchacha».
La niña no los escucha.
Cuando la tarde se puso
morada, con luz difusa,
pasó un joven que llevaba
rosas y mirtos de luna.
«Vente a Granada, muchacha».
Y la niña no lo escucha.
La niña del bello rostro
sigue cogiendo aceituna,
con el brazo gris del viento
ceñido por la cintura.

Arbolé arbolé


seco y verdé.
Federico García Lorca

Helado de lágrimas

Hay que ir guardando las lágrimas durante todo el invierno en dos frasquitos.


En uno pondremos las lágrimas del llanto; en otro, las de la risa.
No os fiéis de los que venden en las heladerías;
son de lágrimas falsas, importadas de Egipto, lágrimas de cocodrilo.
Mejores son las caseras: las de la abuela cuando cumple años,
o las de papá cuando corta cebolla.
Batir luego con azúcar y aguardar a que cuajen en el congelador.
El helado de lágrimas de risa sabe a sombrilla mandarina.
El de lágrimas de llanto, a flor de penumbra".

José Antonio Ramírez Lozano


Baladilla de los tres ríos


El río Guadalquivir

tiene las barbas granates.

Los dos ríos de Granada,

uno llanto y otro sangre.

¡Ay, amor

que se fue por el aire!

Para los barcos de vela

Sevilla tiene un camino;

por el agua de Granada

sólo reman los suspiros.

¡Ay, amor

que se fue y no vino!

Guadalquivir, alta torre

y viento en los naranjales,

Dauro y Genil, torrecillas

muertas sobre los estanques.

¡Ay, amor

que se fue por el aire!

¡Quién dirá que el agua lleva

un fuego fatuo de gritos!

¡Ay, amor

que se fue y no vino!

Llevo azahar, lleva olivas,

Andalucía, a tus mares,

¡Ay, amor

que se fue por el aire!
Federico García Lorca
El ciprés del cementerio

Yo no soy triste,


es que estoy en un sitio
que nadie viene con sonrisas.

Yo no soy triste,


es que todo el que viene aquí
parece como si le faltara algo.

Yo no soy triste


y si no que lo digan los pájaros
a ver
¿qué tienen otros árboles que no tenga yo?

Yo no soy triste,


lo que pasa es que todos me miráis con tristeza.
Gloria Fuertes

Un calcetín olvidado

Esta casa está llena de poemas:


ayer mismo encontré en la lavadora
un calcetín desolado.
Tenía lágrimas,
los hombros apagados,
un agujero muy grande
y un temblor
en el color morado.

Su pareja estaba muerta


hacía al menos dos lavados
y él se había escondido ahí
entre el tambor y los aros.

Un calcetín sin pareja


es como el azar sin dados,
como un hombre sin perfil,
como caricias sin manos.

Como un poeta que pierde


las palabras
y que intenta renacer
de un calcetín olvidado.

Chus Melchor

Pensándolo de pronto

Con voz de mi tierra quiero


-pues tierra mía tú eres-
decirte lo que te quiero.

Decirte que tú, mi niña…


Decirte que yo… Decirte…
Ay, ¿cómo te lo diría?

Lo digo de corazón.


¿La vida, si no es contigo,
para qué la quiero yo?…

De corazón te lo digo.


¿Cómo voy a querer yo
la muerte si no es contigo?
Rafael Montesinos

Cuando me vaya de Roma


Cuando me vaya de Roma,

¿quién se acordará de mí?

Pregunten al gato,

pregunten al perro

y al roto zapato.

Al farol perdido,

al caballo muerto

y al balcón herido.

Al viento que pasa,

al portón oscuro

que no tiene casa.

Y al agua corriente

que escribe mi nombre

debajo del puente.

Cuando me vaya de Roma

pregunten a ellos por mí.

Rafael Alberti


El tren

Por la puerta de mi casa

va pasando un tren-tren-tren.

Si se para, yo me monto

y a ti te monto también.
Sus vagones son veloces,

los viajeros no se ven.

Si se para yo me monto

y a ti te monto también.


Muchos dicen que no existe,

pero están en el andén.

Si se para, yo me monto

y a ti te monto también.


Mi abuelo cuando era niño

viajó mucho en tren-tren-tren,

después se puso viejito

contando del uno al cien.


Si se para, yo me monto

y a ti te monto también.


Eduardo Polo.

El sol

El sol es una gran naranja.

—Y ¿quién la exprime?

Los labios de la aurora

cuando sonríe.

—El sol es un fresón maduro.

—Y ¿quién lo come?

—Lo comen las montañas

y el horizonte.

El sol es un balón de fuego.

—Y ¿quién lo juega?

—Las nubes y los rayos

de la tormenta.

El sol es un gran ojo abierto.

—Y ¿a quién vigila?

A todos los niños que juegan

por las esquinas.

El sol es una inmensa llama.

—Y ¿a quién calienta?

—A todo lo que vive

sobre la tierra.
Ángela Figuera Aymerich

Romancillo de la Esperanza de Triana




La Virgen duda,
llena de gracia,
si nazarena,
si sevillana.

Cirios tendidos,


tunicas blancas,
cien capirotes
sobre cien capas.
Ya por San Pablo
la Virgen pasa
(la Cruz de Guia,
por la Campana)

Si nazarena,


si sevillana.

Porque es ahora


Semana Santa,
bajo su palio
va por la plaza,
entre varales
de sueño y plata
(gritan y rezan,
rezan y cantan).

Porque de Egipto


no se acordaba
y ahora se acuerda,
pasa callada,
entre sus dudas
inauguradas
(dudas de Niña
Virgen mimada).

Si las piramides,


si la Giralda.

Por San Jacinto,


de madrugada,
lejos del Puente,
pasa callada
(hoy no se acuesta
nadie en Triana).
La Virgen duda
frente a su casa.

Si trianera,


si sevillana

Rafael Montesinos




Sensemayá

Canto para matar a una culebra


¡Mayombe—bombe—mayombé!
¡Mayombe—bombe—mayombé!
¡Mayombe—bombe—mayombé!

La culebra tiene los ojos de vidrio;


la culebra viene y se enreda en un palo;
con sus ojos de vidrio, en un palo,
con sus ojos de vidrio.

La culebra camina sin patas;


la culebra se esconde en la yerba;
caminando se esconde en la yerba,
caminando sin patas.

¡Mayombe—bombe—mayombé!


¡Mayombe—bombe—mayombé!
¡Mayombe—bombe—mayombé!

Tú le das con el hacha y se muere:


¡dale ya!
¡No le des con el pie, que te muerde,
no le des con el pie, que se va!

Sensemayá, la culebra,


sensemayá.
Sensemayá, con sus ojos,
sensemayá.
Sensemayá, con su lengua,
sensemayá.
Sensemayá, con su boca,
sensemayá.

La culebra muerta no puede comer,


la culebra muerta no puede silbar,
no puede caminar,
no puede correr.
La culebra muerta no puede mirar,
la culebra muerta no puede beber,
no puede respirar
no puede morder.

¡Mayombe—bombe—mayombé!


Sensemayá, la culebra…
¡Mayombe—bombe—mayombé!
Sensemayá, no se mueve…
¡Mayombe—bombe—mayombé!
Sensemayá, la culebra…
¡Mayombe—bombe—mayombé!
Sensemayá, se murió.
Nicolás Guillén

Romance del enamorado y la muerte


Un sueño soñaba anoche   soñito del alma mía,


soñaba con mis amores,   que en mis brazos los tenía.
Vi entrar señora tan blanca,   muy más que la nieve fría.
—¿Por dónde has entrado, amor?   ¿Cómo has entrado, mi vida?
Las puertas están cerradas,   ventanas y celosías.
—No soy el amor, amante:   la Muerte que Dios te envía.
—¡Ay, Muerte tan rigurosa,   déjame vivir un día!
—Un día no puede ser,   una hora tienes de vida.

Muy deprisa se calzaba,   más deprisa se vestía;


ya se va para la calle,   en donde su amor vivía.

—¡Ábreme la puerta, blanca,   ábreme la puerta, niña!


—¿Cómo te podré yo abrir   si la ocasión no es venida?
Mi padre no fue al palacio,   mi madre no está dormida.
—Si no me abres esta noche,   ya no me abrirás, querida;
la Muerte me está buscando,   junto a ti vida sería.
—Vete bajo la ventana   donde labraba y cosía,
te echaré cordón de seda   para que subas arriba,
y si el cordón no alcanzare,   mis trenzas añadiría.

La fina seda se rompe;   la muerte que allí venía:


—Vamos, el enamorado,   que la hora ya está cumplida.

Anónimo



Un son para niños antillanos

Por el Mar de las Antillas 


anda un barco de papel: 
Anda y anda el barco barco, 
sin timonel.

De La Habana a Portobelo, 


de Jamaica a Trinidad, 
anda y anda el barco barco 
sin capitán.

Una negra va en la popa, 


va en la proa un español: 
Anda y anda el barco barco, 
con ellos dos.

Pasan islas, islas, islas, 


muchas islas, siempre más; 
anda y anda el barco barco, 
sin descansar.

Un cañón de chocolate 


contra el barco disparó, 
y un cañón de azúcar, zúcar, 
le contestó.

¡Ay, mi barco marinero, 


con su casco de papel! 
¡Ay, mi barco negro y blanco 
sin timonel!

Allá va la negra negra, 


junto junto al español; 
anda y anda el barco barco 
con ellos dos.
Nicolás Guillén, 1947

Autobiografía

No cojas la cuchara con la mano izquierda. 


No pongas los codos en la mesa. 
Dobla bien la servilleta. 
Eso, para empezar.

Extraiga la raíz cuadrada de tres mil trescientos trece. 


¿Dónde está Tanganika? ¿Qué año  nació Cervantes? 
Le pondré un cero en conducta si habla con su compañero. 
Eso, para seguir.

¿Le parece a Ud. correcto que un ingeniero haga versos? 


La cultura es un adorno y el negocio es el negocio. 
Si sigues con esa chica te cerraremos las puertas. 
Eso, para vivir.

No seas tan loco. Sé educado. Sé correcto. 


No bebas. No fumes. No tosas. No respires 
¡Ay sí, no respires! Dar el no a todos los "no" 
y descansar: Morir.
Gabriel Celaya

Encanto de luna y agua

La luna pesca en el charco

con sus anzuelos de plata.

El sapo canta en la yerba,

la rana sueña en el agua.

Y el cuco afila la voz

y el pico contra las ramas.

 

Con su gesto de esmeralda, 



la rana, soltera y sola,

desnuda al borde del agua.

La luna, quieta y redonda.

 

-Cuco ,cuclillo,



rabiquín de escoba,

¿cuántos años faltan

para la mi boda?

 

Habló el cuco desde el árbol:



-  Rana pelona,

chata y fondona,

si quisieres maridar,

rana pelona,

 fofa y buchona,

habrás de saber cantar...

 

Cantar  y bailar,



y llevar la luna

del agua en tu ajuar.

 

 

Estaba la rana



con la boca abierta;

le cayó la luna 

como una moneda.

 

Chapuzón, y al charco...



 

¡ Hoy cantó la rana

un cantar tan blanco !

  

Dijo la rana: -¡Qué linda canción!



Dijo el sapo: -De luna y amor.

Dijo la rana: -De amor sin marido...

Dijo el sapo: -Yo duermo contigo.

Dijo la rana:  -Preñada me quedo.

Dijo el sapo:- De un gran caballero.

 

La rana parió un lucero...



¡ mi Dios, cómo lo besaba !

Todas las mañanas viene

a verlo la luz del alba.

 - ¿ Cuánto me das, lucerito,

por que te saque del agua ?

 

 - Yo no quiero que me saques



ni ser estrella de plata,

que yo tengo sangre verde

de yerbas y de espadañas.

 

Ay, mi casita de juncos,



ay, mi casita del agua,

ay, con macetas de luna,

ay, con barandales de algas...

 

La rana tiende pañales,



y el sapo toca la flauta.
Alejandro Casona

La tarántula


Danza la tarantela


con patas enmarañadas.

Ocho veces te mira: ojos


no le hacen falta.

Ocho veces te abraza:


cuéntale bien las patas.

¿Cuántos sustos


te habrá dado,
la tarántula?

Hay quien dice que es un lobo


cuando está entre las arañas.

Por mí que sea un cordero,


que baile el twist o la salsa:
prefiero que no me vea,
y no verla
————– ————————- ni encontrarla.

Germán Machado


Y no sé por qué

Estoy triste... y no sé por qué;
he bebido amor,
y aún tengo sed.
Estoy sola... y no sé por qué
quisiera saberlo,
mas no lo diré...
Estoy sola y no sé por qué,
quisiera besar,
y no sé a quién.
Estoy enamorada... y no sé de qué.
Quisiera saberlo...
y no puede ser.
Estoy triste y sola...
y no sé por qué.
Gloria Fuertes


El corazón de la Tierra


El corazón de la Tierra


tiene hombres que le desgarran.
La Tierra es muy anciana.
Sufre ataques al corazón
—en sus entrañas—.
Sus volcanes,
laten demasiado
por exceso de odio y de lava.

La Tierra no está para muchos trotes


está cansada.
Cuando entierran en ella
niños con metralla
le dan arcadas.
Gloria Fuertes

Río y orilla 

EL Duero pasa y se lleva


trozos del cielo de agosto
como jirones de seda...

¿En dónde está la verdad?


¿En el río
huidizo,
siempre movible y distinto?
¿En la orilla
que lo mira,
siempre quieta y la misma?...

¿En dónde está la verdad?


¿En la tierra
que se queda,
o en el agua
que se va?

Alamillos plateados


de la ribera del Duero
ya, fijos, en mi recuerdo.

Ángela Figuera Aymerich






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