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ANÁlisis lingüÍstico p. 3 Morfología y sintaxis


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José / Saramago / es / un / gran / escritor


Cada una de estas palabras puede a su vez descomponerse en unidades menores que reciben el nombre de fonemas. Es la segunda articulación:

J-o-s-é / S-a-r-a-m-a-g-o / e-s / u-n / g-r-a-n / e-s-c-r-i-t-o-r


La doble articulación es fundamental para mantener un principio básico del lenguaje: el de la economía. Con un número limitado de fonemas podemos construir un número ilimitado de palabras. Así, por ejemplo, con los fonemas /a/, /m/, /o/ y /r/ podemos construir las palabras amor, roma, mora, armo, y en el futuro podrían surgir otras formas.

El niño, desde que nace, está sometido a un proceso de aprendizaje que lo capacita para emitir mensaje cada vez más complejos a partir de la combinación de estos elementos mínimos: fonemas y palabras.




  1. Los elementos de la comunicación

En todo acto comunicativo interviene una serie de elementos que cumplen una función determinada. En una conversación normal encontramos:

-Un emisor, encargado de emitir el mensaje.

-Un receptor, que es quien recibe el mensaje.

-Un mensaje, que es el elemento informativo o emocional que se transmite en toda comunicación.

-Un código o conjunto de reglas que garantiza la comunicación.

-Un canal o medio por el que se transmite el mensaje (papel, aire, televisión, radio, etc.).

-Un contexto o realidad exterior que existe en toda comunicación.


El emisor y el receptor son elementos reversibles, es decir, los participantes en una conversación cotidiana actúan alternativamente como emisores y receptores. Además, en situaciones excepcionales, el emisor y el receptor pueden ser la misma persona. Eso ocurre, por ejemplo, cuando alguien canta en la ducha o habla solo por la calle.


  1. Las funciones del lenguaje

La importancia de cada uno de los elementos de la comunicación varía de u un mensaje a otro. En general, se puede decir que en cada mensaje suele predominar uno de ellos. Dependiendo de cuál sea ese elemento predominante se habla de diferentes funciones del lenguaje:


ELEMENTOS



FUNCIONES

Referente (contexto)



Referencial

Emisor



Emotiva

Receptor



Apelativa o conativa

Mensaje



Poética

Código



Metalingüística

Canal



Fática

La función referencial

Es la función que recae sobre el referente o contexto, es decir, sobre la realidad (que, por otro lado, puede ser distinta para cada comunidad, pues depende de un contexto cultural e ideológico determinado). La función referencial nos proporciona toda la carga informativa del mensaje y es predominante en los mensajes corrientes y, en especial, en los relacionados con el saber humano.

Es la función primordial, pues casi todos los mensajes se refieren a la realidad extralingüística, si bien dicha realidad puede ser imaginaria, como cuando Don Quijote habla de gigantes y encantadores.


La función emotiva

La función emotiva se centra en el emisor, y expresa la actitud del hablante ante lo que está intentando comunicar

La función emotiva está presente, en mayor o menor medida, en mensajes de tipo muy diferente, pero no en todos. Piénsese en los textos científicos o técnicos, en los que el emisor no se proyecta en absoluto. En el otro extremo están los mensajes constituidos sólo por interjecciones. En este caso, el mensaje está construido exclusivamente para que se exprese el emisor, sin que exista siquiera rastro de la función referencial.

Los mensajes en los que predomina la función emotiva suelen presentan rasgos fónicos y sintácticos propios: interjecciones, exclamaciones, entonación característica, etc.


La función conativa o apelativa

Al receptor le corresponde la función conativa o apelativa. Sirve para llamar la atención del receptor. La lengua dispone de algunas unidades gramaticales especializadas en la función apelativa, como el vocativo (¡Eh tú, chaval!) o el imperativo (¡Ven!).

Existen mensajes en los que la función apelativa predomina de forma llamativa. Tal es el caso de los mensajes publicitarios, cuyo objetivo, más que informar, es incitar al receptor, mediante todo tipo de mecanismos de persuasión, para que compre un producto.
La función poética

La función poética es la que recae exclusivamente sobre el mensaje. Aunque puede darse en textos de muchos tipos –en la publicidad, incluso en la conversación cotidiana– esta función es predominante en la literatura.

Leamos este poema de Federico García Lorca:
Empieza el llanto

de la guitarra.

Se rompen las copas

de la madrugada.

Empieza el llanto

de la guitarra.

Es inútil

callarla.

Es imposible

callarla.

Llora monótona

como llora el agua

como llora el viento

sobre la nevada.

Es imposible

callarla.

Llora por cosas

lejanas.

Arena del Sur caliente

que pide camelias blancas.

Llora flecha sin blanco,

la tarde sin mañana,

y el primer pájaro muerto

sobre la rama.

¡Oh guitarra!

Corazón malherido

por cinco espadas.
El lector no busca en el poema de Lorca información propiamente dicha (aunque el texto contenga elementos informativos), ni el escritor pretende convencer al lector de nada (aunque haya componentes de la función apelativa). El propósito primordial del texto es producir placer estético. Para ello, el poeta ensambla con especial cuidado las palabras que componen el poema.

La función fática

Todo mensaje necesita de un soporte material o un medio a través del cual llegar al receptor. Éste recibe el nombre de canal.

La función fática es la que recae sobre el canal. Es la encargada de garantizar la continuidad en la transmisión del mensaje. En una conversación telefónica, el receptor suele utilizar expresiones como «sí, sí», «vale», «de acuerdo» para que el emisor sepa que lo sigue en su mensaje telefónico. En otras palabras, la función fática sirve para establecer, prolongar o interrumpir la comunicación. Por eso se le llama también función de contacto. En algunas ocasiones, la función fática llega a cubrir toda la extensión de un diálogo, como en esta conversación en la que intervienen dos personas que no son capaces de vencer su timidez:

Juan.― ¿Cómo estás?

María. ― Bien, gracias, ¿y tú?

Juan.― Muy bien, gracias... Entonces, estás bien...

María. ― Sí, yo te veo muy bien.

Juan.― Bueno, bueno.

María. ― ¿Sí? ¿Decías algo?

Juan.― Nada. Bueno, que... En fin...
La función metalingüística

Lo que garantiza la comunicación entre dos personas de una misma lengua es la existencia de un código común. El código es un conjunto de reglas gramaticales y leyes lingüísticas que permite la comprensión de un mensaje.

El código también tiene su propia función: la metalingüística. El lenguaje humano tiene la capacidad de poder hablar de sí mismo, lo que resulta imposible en otros lenguajes. Así, por ejemplo, las señales de tráfico forman un código que permite que conductores y viandantes puedan interpretarlas, pero las señales no pueden explicarse a sí mismas.

La función metalingüística se produce, por ejemplo, cuando el lingüista explica los mecanismos internos de la lengua («El predicado es el conjunto de palabras que se agrupan en torno a uno de los dos núcleos de la oración, el verbo»); también en las definiciones de los diccionarios («verdad. Hecho que tiene existencia.»), o cuando el profesor aclara el significado de un término («En economía el término “excedente” se utiliza para designar los productos sobrantes, que el productor no destina para su uso personal y reserva para intercambios comerciales»).

Pero también la función metalingüística forma parte del lenguaje cotidiano, como ocurre en esta conversación entre amigos:


  • Al repelente le dieron calabazas.

  • ¿Qué es dar calabazas?

  • Dar calabazas es lo mismo que catear

  • ¿Y qué es catear?

  • Catear significa suspender.

  • Pero ¿qué es un repelente? —insiste el preguntón, que está in albis en cuestiones de vocabulario infantil.



  1. El signo lingüístico

El signo lingüístico es la unión de un significado y un significante. Así, podemos

decir que el signo lingüístico ÁRBOL es la suma del significado: «planta de tallo leñoso que se ramifica a cierta altura del suelo», y su significante o forma fónica correspondiente: á + r + b + o + l.

Por tanto, el signo lingüístico precisa siempre de un significado (elemento conceptual) y un significante (elemento físico). El significante puede ser de diferentes tipos, dependiendo del canal empleado. En un discurso oral el significante es fónico (los sonidos de las palabras) y gráfico en la escritura.

Diferencia entre signo y señal

Debemos distinguir entre signo lingüístico y señal. El signo lingüístico forma parte de un código y, por eso, sólo cobra valor en relación con el resto de las unidades de ese código. Piénsese, por ejemplo, en los adjetivos frío, tibio, caliente, y se comprenderá que los signos no «significan» aisladamente, sino en relación con otros (café frío/ café caliente/ café tibio): forman parte de un sistema, de un código. Sin embargo, la señal, a pesar de que tiene un significante y un significado, no forma parte de un código y, por tanto, adquiere su valor aisladamente, aunque siempre dentro de un contexto. Por ejemplo, cuando en el teatro acaba la función y el público aplaude, ese acto, tan conocido por todos nosotros, significa la aprobación y el disfrute de la representación; pero esos aplausos no son signos, sino señales.

En el lenguaje común, tendemos a llamar señal a determinados signos no lingüísticos. Por ejemplo, es habitual decir «señal de tráfico», cuando dichos elementos son signos, pues pertenecen a un código.
Diferencia entre signo y símbolo
Aunque en el lenguaje común también se hace con frecuencia, no debe confundirse tampoco con símbolo. En el símbolo siempre hay una relación motivada y necesaria entre el significado y el significante. Así, el símbolo de la cruz siempre “significa” lo mismo para creyentes o no creyentes, independientemente de la edad, la cultura o la nacionalidad de la persona. Sin embargo, en el signo MESA, el significante cambia de una lengua a otra (table, mahaia...).
El signo lingüístico es arbitrario y convencional
Una de las características fundamentales del signo lingüístico es que la relación entre el significante y el significado es arbitraria. Esta relación es lo que hace posible que cada idioma haya desarrollado un término distinto para referirse al mismo objeto. En cierto modo, todos los hablantes de una lengua nos hemos puesto de acuerdo para llamar a las cosas de una forma determinada. Por eso decimos también que la relación entre significado y significante es convencional.
6. Los signos no lingüísticos
Muchos signos no pertenecen a un código o sistema de comunicación lingüístico, como ocurre por ejemplo con las señales de tráfico. En este sentido, su capacidad para emitir mensajes resulta más limitada, entre otras razones porque carecen de la doble articulación y deben ser interpretadas de manera global. Es lo que ocurre con el lenguaje de las banderas en el mundo marítimo, o con los sonidos procedentes del mundo animal.

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