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Anexos centro martin cunz entrevista # 2 Con Mabel Moyano (secretaría general y principal referente) y Fernando Cardozo Vitale


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ANEXOS

CENTRO MARTIN CUNZ
Entrevista # 2

*Con Mabel Moyano (secretaría general y principal referente) y Fernando Cardozo Vitale (vocal y coordinador de actividades).
-¿Qué el Centro Martin Cunz?

Mabel Moyano: Es una ONG, una asociación civil sin fines de lucro, conformada por laicas y laicos, aunque es su mayoría somos cristianos, también hay no cristianos. Diría que nos formamos como para darle un marco legal a todo un trabajo que nos interesa hacer con la comunidad en nuestro país. Básicamente lo que nos importante es el trabajo social, el tema es que en la Argentina para poder moverse y funcionar en algunos ámbitos necesitas una personería jurídica, entonces tuvimos que conformar una asociación. Aquí yo ocupa el cargo de Secretaría General, también hay un tesorero, cuatro vocales, y dos revisores de cuentas, en lo que es legal. Pero después hay mucha gente que trabaja con nosotros, por ejemplo el médico que es fundamental, que es parte de la asociación, que aunque no está legalmente.


-¿Colaboran como voluntarios?

MM: Todos son voluntarios.


-¿Quién es el presidente?

MM: El presidente es Luís Coscia, un hermano religioso capuchino, que sigue ejerciendo como sacerdote a sus 75 años. Trabajó toda su vida desde la Iglesia pero con una mirada social, tiene una formación teología para el pueblo, un espacio en el que estamos más o menos enmarcados todos.


-¿Cuál es la historia de nacimiento de Martin Cunz?

Fernando Cardozo: Hay como varias vertientes. Por un lado la histórica, en la que están Luis, Mabel, Hilda, Rey y Antonio que venían del Centro Franciscano.


-¿Qué era el Centro Franciscano?

FF: El movimiento franciscano está compuesto por varias familias, congregaciones de religiosas y religiosos, es muy diverso y muy amplio en todo el mundo. Por en general, en cada país, a partir de la década del 70, se comenzaron a conformar centros que unificaba a las familias y había espacios de reflexión, formación y puesta en práctica de lo que se reflexionaba en cada país concreto. Entonces yo pertenezco a una congregación, pero me junto, con otros que siendo franciscano tiene otro carisma y nos comprometemos en algo concreto. El Centro Franciscanos caminó muchísimo y tuvo un recorrido muy amplio, muy fuerte en la Argentina. Tuvo un papel muy importante durante veinticinco años y estaba coordinado por los superiores provinciales de cada congregación, de cada familia religiosa. Hubo un recambio de gente y ese recambio de gente consideró que el Centro tenía una orientación que no era lo que ellos querían. En general, la Iglesia toda y las congregaciones, han vuelto a una concepción más monarcal, más retraída, más espiritualistas, y le quitaron todo respaldo y apoyo a la gente que buscaba una alternativa ligada al pueblo. Ellos, quienes venían caminando en el Centro Franciscano, a pesar de todo lo doloroso, siguieron apostando a que el bien uno puede seguir haciéndolo fuera del marco institucional. Y otros que veníamos de otros grupos, que los conocíamos, pero no estábamos institucionalizados, personas que nos sentíamos franciscanos sin pertenecer a la institución, mucha gente que no creía también, nos encontramos y nos sentimos convocados por un proyecto común, que implica comprometernos con el pueblo, con las distintas realidades, y así nos fuimos conformando. Esa es un poco la historia. Quienes nos sumamos también lo hicimos sintiéndonos identificados con el camino que ellos venían recorriendo durante muchísimos años.


-¿Y ahora tienen algún tipo de relación formal e institucional con la Iglesia?

-MM: De trabajo, no. No trabajamos en colaboración con la institución católica. Somos parte de la religión, pero salvo la relación con Luís y otros colaboradores que son sacerdotes, no tenemos ninguna relación institucional. Antes, sí la teníamos. Estábamos en ese otro Centro, que estaba dentro de la institución franciscana, y era el eje tutor de la familia franciscana en la Argentina, entonces de alguna manera le respondíamos a los provinciales, los máximos dirigentes, de las congregaciones en el país. Actualmente ya no es así. Ya no tenemos por encima nuestro ni provinciales, ni obispos, ni nada de eso. Comulgamos en misa como uno más.

-F: También tenemos espacios de retiro y ámbitos donde vivir la fe, pero no desde el lado institucional. Todos los trabajos que hace la asociación no son pastorales. Uno si puede trabajar cerca de una capilla o de un colegio religioso, a la par, pero no desde la institución directamente.
- ¿La disolución o ruptura del Centro Franciscano cuando sucedió formalmente?

MM: En julio de 2005. Venía gestando desde antes. En diciembre de 2004 hubo una Asamblea donde realmente se plantearon las dos posiciones, líneas, por un lado los provinciales que asumían la dirigencia, y por otra, nosotros que ya veníamos caminando. Entonces se vio que ya no teníamos el mismo objetivo en común, y seguimos los primeros meses del 2005, hasta que decidimos que así no podíamos seguir. Yo particularmente dije “hasta acá llegué”, y en julio decidimos irnos.


-¿Algunos de los trabajos, actividades o proyectos que estaban en ese momento siguen ahora?

MM: Sí, siguen. Y ese es uno de los motivos que nos alienta a continuar la labor. Lo que más nos dolió es que nosotros teníamos un hogar para chicos, a cuatro cuadras de acá, y en esa Asamblea nos dijeron que un Centro Franciscano no tenía por qué tener un hogar, o tenía por qué organizar huertas comunitarias, como las que en aquel momento teníamos en González Catán (Pcia. de Buenos Aires). Había mucha gente que dependía de esta organización y eso es lo que nos mueve, porque nadie te puede prohibir hacer el bien. También un poco por honestidad con la gente con la que veníamos trabajando, decidimos seguir. Eso es de alguna manera también, lo que nos obliga a tener el marco legal para poder seguir avanzando en los proyectos. Pero lo que nos motiva es seguir haciendo los trabajos que veníamos haciendo.


-¿Cuáles son los trabajos que venían haciendo de antes y cuáles son los nuevos?

MM: De los que continuaron, el trabajo en González Catán fue mermando, porque también lo que mermó fueron los recursos económicos que teníamos para ese proyecto. Antes, estar ligado a una cabeza de Iglesia, nos permitía estar ligados al dinero. A nosotros nos bajaban un dinero que podíamos distribuir de cierta manera, y repartíamos para la huerta, para La Rioja, para Misiones. Cuando de ahí ya no tenemos más dinero, la cosa se hace más difícil. Seguimos haciéndolo a pulmón, pero disminuyó bastante en González Catan. Lo que si seguimos haciendo es acompañar a familias, en situaciones más particulares, quizás ayudarlos en el cuidado de la salud, darle clases de apoyo. Si creció el trabajo en La Rioja y en Misiones, y acá mismo en Pompeya, ahora que tenemos esta sede a disposición sin que pertenezca más a la Iglesia, nosotros estamos más libres. Tenemos gente que viene acá albergarse para atenderse en los hospitales, acá también hay apoyo escolar, alfabetización, o podemos también ir a la villa sin pedirle permiso a nadie. Crecieron algunas cosas sociales que quizás la Iglesia tenía más cuidado para involucrarse. Ahora también estamos preparando un bañito para que los chicos de la calle puedan venir a bañarse, y por ejemplo, de la cuadra de enfrente, de la parroquia, sabemos positivamente que los echaron a todos la semana pasada. Pero nosotros ahora ya no tenemos que pedirles permiso para darles el baño.


-¿Cómo es el tema de la casa de la sede? Era del Centro Franciscano y la habían perdido, ¿cómo fue que la recuperaron? ¿Ahora es de ustedes?

MM: Sigue siendo propiedad de la parroquia de enfrente. Pero después de lo que sucedió en 2005 llegó un provincial nuevo, que gracias a Dios, es amigo nuestro, sobre todo de Luís Coscia, y él nos da la casa en comodato, otra vez, por seis años. Tenemos esta casa, que si bien es propiedad ellos, la tenemos por medio de una escritura en comodato por seis años. El comodato consiste en que nosotros tenemos que cuidar y mantener la casa, pero no pagamos alquiler. Y tenemos libertad, porque tuvimos la reunión con el provincial y le dijimos lo que íbamos hacer, y estuvo de acuerdo. Mientras no le rompamos la casa, digamos que no puede decir nada. La casa la recuperamos recién desde octubre del año pasado.


-¿Y entre 2005 y 2008 donde funcionaban?

MM: Funcionábamos en mi casa, en la casa de Fernando, de quién nos daba un espacio. En distintas casas. Recuperar la casa nos dio libertad de acción.


-¿Qué es lo que estás haciendo actualmente en esta casa?

MM: Tenemos la alfabetización que es el programa que todavía Macri no pudo terminar, es el programa para terminar la primaria para adultos, que funciona acá los martes y jueves de 17.30 a 21.30. Es el programa PAEVI. Hilda trabaja en ese plan en la villa de Barracas, donde percibe un sueldo, pero le dieron el permiso de que venga hacerlo acá también, ad honorem. También tenemos el apoyo escolar, dos días a la semana, de seis a siete de la tarde, ahora con la posibilidad de llevar el apoyo los miércoles a un comedor de Villa Riachuelo, donde nos pidieron. Porque para las familias es muy difícil traerlos a los chicos para acá, que sería más lindo por el silencio, la comodidad, pero la realidad es que ellos no cruzan el Puente Alsina para este lado. Entonces hay que ir allá, vamos a empezar una vez por semana.


-¿Y cómo logran la llegada al barrio?

MM: Caminando el barrio, hablando con las madres, dejándoles un papelito. Así conocimos al hombre que está encargado del comedor y el mismo nos dijo que ahí les hacía falta. Y a los pibes les súper entusiasmó.

El consultorio empieza a funcionar todos los sábados a la mañana, a partir del 9 de mayo. Sobre todo para las señoras y para la prevención de las chicas jóvenes, porque si quieren ir al Penna o algo similar, tardan mucho en darles el turno, y acá uno al menos puede también tener en contacto a la familia. Porque la idea no es lo masivo, sino que creemos que el contacto personal es lo que va cambiando a la persona. Creemos que eso es lo que ayuda a cambiar una situación. En vez de abrir un consultorio en el que esperamos que vengan 50 personas, nos preocupa el contacto más directo. Nos interesa el contacto más.

FF: El contacto de base sería.

MM: Cuando uno se pregunta por las conductas de los chicos, las respuestas seguramente están conociendo a la familia.

FF: Otra forma de militar sería ir a reclamar con pancartas frente a la embajada paraguaya. En cambio, Hilda hace la cola con la persona que tiene hacer el trámite desde la cinco de la mañana, y es una forma de acompañar y ayudar más directa. Lo que elegimos es poder ir con el otro, que el otro aprenda hablar, que se siente más contenido, acompañado.

MM: Eso es lo importante, que después de dos o tres veces, el otro pueda ir solo. Pueda tomarse el colectivo, por ejemplo, como nos pasa mucho con la gente de Gonzáles Catán, cuando tal vez necesitan hacer un trámite en una obra social. Entonces uno va una o dos veces con ellos, para que aprendan. La salvación siempre está en el otro, nosotros lo único que podemos hacer es ayudar, desentrañar, ver por dónde, pero el otro sólo quien tiene que salir adelante. Lo mismo sucede en Misiones o en La Rioja. No es que llegamos y les decimos, “vamos a criar conejos” y les compramos los conejos, porque volvemos al año siguiente y están los conejos muertos. Si la persona no entendió, no pudo ver lo que quiere, como va a salir adelante, no funciona. Por eso el trabajo es mucho más lento, y hay cosas que ni siquiera las vemos nosotros. Por ejemplo ahora queremos en La Rioja empiecen hacer alpargatas, pero ellos no le agarran la mano.
-¿Cuál es el trabajo específico en La Rioja y en Misiones?

MM: En La Rioja vamos a las Sierras de los Quinteros, donde hay una salita comunitaria, a la que vamos una vez al año, quizás yo puedo llegar a ir dos. Pero tanto Luis, como Juan el médico, van una vez al año. Vamos de lunes a viernes, llevamos remedios, Juan revisa a todo el mundo, y nos permite detectar los casos más serios, y si es necesario, porque tienen problemas para la atención, tratamos de que puedan venir a atenderse a Buenos Aires. Y ahí cuando les damos el albergue acá en la casa. En este momento hay un pibe internado de Misiones, con una fractura por un accidente de moto. Allá le querían cobrar más de 2000 pesos, y Juan le dijo que si viniera. Cuando va Luis hace lo que le pidan, si necesitan una misa, un bautismo, un casamiento. Pero él no llega y se pone el alba, sino que toma mate y vino. (Risas). El trabajo de fondo fue detectar que en esa zona no hay agua por lo que no hay pasto, entonces no hay ovejas, entonces no hay lana y no tienen con qué hacer los tejidos. El tema era cómo conseguir lanas para que ellos pudieran seguir tejiendo. Se trabaja para la gente más pobre, porque si uno ve la calidad de los tejidos, no es la mejor terminación, pero justamente lo que queremos es trabajar con los que menos tienen. Entonces el año pasado, por ejemplo, les conseguimos lanas de una estancia de Villa María, Córdoba, y con eso siguieron tejiendo. Ellos lo venden allá, y también nos dan a nosotros como forma de pagarnos los telares que les estamos mandando, que son telares más chicos que los típicos telares criollos que se plantan en la tierra, con los que en invierno es imposible tejer afuera. Entonces se les manda lo que se venden acá en Buenos Aires, que también les permite hacer cosas más chicas, que tengan más salida de venta, porque por ejemplo una manta de dos plazas es más difícil venderla. Lejísimos estamos de armar cooperativas, no es lo que buscamos.


-¿Con cuántas familias están trabajando?

MM: Entre las dos sierras serán alrededor de 40 familias.


-Del Centro, ¿hay alguna persona fija allá?

MM: No, son todos amigos. Cuando llegamos al pueblo, alguien nos lleva hasta la ruta, y después llegamos caminando alguna otra familia, o en mula, y así ellos mismos nos van llevando de casa en casa. Ahí es muy difícil el traslado porque no hay caminos, entonces en el día podemos visitar una familia o dos. Entonces lo que hace es, en general, el último día antes de venirnos, es concentrar la mayoría de gente en una casa, y ellos vienen caminando o en mula.


-¿De dónde obtienen los recursos económicos?

MM: Es todo a través de donaciones, que quien nos ayuda mucho en eso es Luis, que conoce mucha gente y a través de él se consigue mucho. Ahora en Pascuas él dijo que si se conseguía algo era para las familias del interior, y se juntaron alrededor de dos mil pesos, pero eso es para esa gente. La vamos a depositar para unos chicos que estamos becando en Misiones, que son becas de setenta u ochenta pesos, pero que les sirven para llegar al pueblo, que no tienen. Esas pequeñas becas podemos dar, y eso les ayuda porque es gente que está en la colonia y una vez que termina noveno año en la escuela rural, si quiere seguir, tiene que pagar para llegar al pueblo a diario o conseguirse el albergue.


-¿Ese es el trabajo que hacen en Misiones?

MM: Trabajamos en las escuelas y con los indígenas.



FF: Con el pueblo guaraní fue empezar a caminar, a conocer, a recorrer y nos hicimos amigos de una comunidad, donde el cacique nos empezó a contar cómo es la realidad en la que viven. Pasa lo mismo que en La Rioja con las artesanías, que es un tema que no tienen resuelto. Los turistas les compran el trabajo de todo un día a un peso, a un peso con cincuenta. Ese fue el primer gran problema que nos presentaron, pero cuando empezamos a charlar un poco más reconocimos el problema más de grave de ellos, que son los temas concretos referidos a tierras y documentos. Fuimos aprendiendo de la cultura también, porque es un universo totalmente distinto al nuestro, con tiempos y formas totalmente distintas. Es un aprendizaje y un ejercicio constante acostumbrarnos a eso. Porque uno, por ejemplo, quisiera acelerar los trámites, y ellos tienen que consultar con los ancianos, y ellos lo rezan, y después hablan con el consejo de la comunidad, quizás para que la respuesta sea tan sólo “no, ahora no”. Entonces en todo un ejercicio. Lo cierto es que a partir de ahí empezamos a conocer más esta realidad, a vincularnos con otras organizaciones que ya estaban en el tema. Conocimos que hay una ley de emergencia que dice que hay otorgar los títulos de las tierras a todas las comunidades que hay en la Argentina, y eso en Misiones, concretamente no se da. Entonces vamos con el cacique a reclamar a Posadas, ahí dan vueltas, entonces ya vino una vez a Buenos Aires a presentar la denuncia. Y el otro problema concreto es de los documentos, y para ninguno de los dos hay solución. Con las tierras se vuelve siempre una cuestión circular que nunca se sabe dónde va a terminar. Y los documentos, dicho por la asesora técnica de la provincia, la plata giró desde Nación y se perdió en Posadas. Entonces preguntamos, ¿qué van hacer por la plata que se perdió? Y la gran acción es un levantar un sumario administrativo. Hablando con otras organizaciones nos enteramos que el Jefe del Departamento Gubernamental de Asuntos Indígenas de Posadas, está condenado por la Corte Interamericana. Entonces vimos que la guita la bajaron para otra cosa, y mientras tanto, de los mil guaraníes que tiene la población de la provincia, la mitad no tiene documentos. Eso les impide acceder a la medicina blanca, y su medicina está en decadencia porque todos los herbicidas les han matado la farmacia natural. No tienen sus documentos, por lo que no pueden ir al hospital porque no los atienden, tampoco pueden desplazarse libremente por la provincia porque los para la Gendarmería. Ellos no sé qué pensarán de nosotros, porque es un misterio, pero al menos podemos colaborarles con algunas donaciones para necesidades concretas, como la falta de ropa, de frazadas, y hacer lo que se puede. Lo vamos sumando con pequeñas donaciones de gente que acá trae una bolsita, o dos, un buzo, dos pantalones, una pollera, juntándolo todo a pulmón para que cuando juntamos un paquete grande hagamos un envío. Y con los trámites realmente es muy dificil, porque también sucede que quedan presos de la compra del sistema, entonces tampoco sabemos si el cacique termina arreglando o no con el gobierno. También tenemos que alcanzar entender sus ideas y valores, porque mientras quieren sus tierras, su cultura es nómade. Entonces lo más concreto son las donaciones, y también un grupo de artesanos nos mandan sus trabajos que se venden acá. Ese dinero les vuelve cada dos o tres meses, es decir, no viven de eso. Ese dinero lo invierten en algunas actividades comunitarias, compraron chanchos, pollos y semillas, la última vez.
-¿Eso es coordinado por ustedes?

FF: No, no es algo que nosotros sugerimos, sino que va naciendo de la misma comunidad. Cuando vemos que es una idea común a todos, que hay participación comunitaria, les ponemos el acento para que lo hagan, que está bueno, y que no van a estar solos. En otras situaciones más particulares, tal vez nos corremos. Entonces tenemos que estar atentos y hacer un discernimiento constante.


-¿Cuáles son las actividades relacionadas a la ecología?

MM: Para nosotros la ecología es parte de la defensa total de la vida. Está todo ligado, porque las personas son parte de la ecología. Pero en particular trabajamos en la capacitación, se trabaja con docentes. Por ejemplo, ahora el 23 de mayo tenemos en Rosario, un encuentro con docentes, donde va Daniel Emmerich, un biólogo que conocemos desde hace tiempo. Él es especialista en agua dulce, y se va a trabajar ese tema en particular, para que después los docentes lo puedan bajar a sus aulas. Todo lo que podemos hacer en cuanto a concientización, lo hacemos y lo distribuimos con amigos y gente de buena voluntad. A quienes conocemos o quien podemos, lo distribuimos. Antes, en el otro organismo era diferente, porque al tener una estructura más clara, nosotros podíamos enviarlo a un provincial, y él lo mandaba a sus parroquias y seguía el camino. Por ahora no quisimos meternos en eso, creemos que aún no es el tiempo. Pero en realidad todavía no lo hicimos, porque se podrían mandar a las diócesis y no pasaría nada. Pero deberíamos preguntarnos si es justo ese el lugar. Tendríamos que pensar con quiénes tendría más sentido y sería más necesario vincularnos por este tema.


-¿Y cómo financian el mantenimiento de la casa y los pocos salarios que tienen que pagar?

MM: Eso también es siempre con donaciones privadas, al menos por el momento. Además, la duplicadora y la fotocopiadora que tenemos, nos dan otro ingreso. A las chicas que las atienden a la tarde, pudimos el año pasado pagarles un cursito de diseño, para que también podamos ofrecer ese servicio y complementarlo. Aportar el ingenio hacía afuera. Todo lo es folletería de duplicación hacemos nosotros, incluso para los colegios, por ejemplo, los cuadernos de comunicaciones. Ahí está donde el contacto y el conocimiento es bueno, porque si te conocen, te encargan. Como somos una asociación civil sin fines de lucro, no podemos hacer publicidad como la librería de la esquina, entonces funciona por amistad sobre todos: del santuario nos piden los sobre, el colegio los cuadernillos, las hermanas de atrás otra cosa, y así va funcionando todo por amistad.


-¿En qué consiste el área de formación? ¿Qué es el curso de carisma misionero?

MM: Se trata de un curso que se da en todos los continentes y en América Latina en casi todos los países, y viene desde la otra institución. Como conocemos a quienes lo organizan a nivel mundial, decidimos en conjunto, que después de la separación del 2005, fuéramos nosotros quienes siguiéramos con la coordinación del curso, aunque ya no tuviéramos el nombre franciscano y seamos ecuménicos. Entonces lo seguimos haciendo, sobre todo para grupos del interior. Ahora el 25 tenemos un encuentro en Concordia, Entre Río. Se van formando distintos núcleos de gente que quiere seguir el cursa, que forma para una acción misionera, aunque con una espiritualidad franciscana. El curso es a distancia, pero hacemos encuentros presenciales, porque es lo que da la riqueza.


-¿Cuál creen que puede ser el aporte que podemos darles, cómo los podemos ayudar? ¿Cuáles creen que son los conflictos que atraviesan hoy?

MM: Como grupo somos nuevos, entonces necesitamos organizarnos mejor y tener mayor claridad institucional. Si bien yo lo tengo todo en la cabeza, pero a lo mejor si los plasmamos en un papel o en palabras, eso ayuda.


-¿Cuál es su objetivo o su imaginario ideal a futuro como organización? ¿Cuál sería el sueño del proyecto?
FF: Creo que el sueño más grande es poder caminar con otros y comprometernos con el otro en su realidad, desde una opción que implica elegir a quien está más vulnerable. Salir a la búsqueda y al encuentro, dejarnos encontrar. Pero creo que no hay una meta o un objetivo, como decirte construir dos pisos más. La salvación está en el otro, entonces una ya ni siquiera espera ver el cambio, vendrá si el otro lo decide. Uno alberga la esperanza de que el otro ojalá se animé y tenga confianza en si mismo para salir adelante. Y ojalá que siga contando con nosotros, pero con ese recorrido nos alcanza.
MM: Creo que en este trabajo es muy difícil pautar eso, porque no tiene un comienzo y un fin. Desde nuestros proyectos, tal vez se puede decir que el sueño sería, por ejemplo, que los chicos se puedan bañar, y que las señoras vengan atenderse todos los sábados al consultorio. Eso es un sueño, pero en una realidad que es muy cambiante. Porque tal vez la realidad en tres meses no responde y hay que cambiar y hace otra cosa. El sueño entonces está en el caminar, tener una línea definida en cuanto a nuestra relación con los más pobres, estar seguros que no vamos a entrar en un proyecto masivo, porque creo que no sirve, mantenernos en lo más chico. Aunque si nos gustaría, sería bueno, tener cierta seguridad económica, acotada, pero que sirviera para planificar, estar más libres y trabajar más seguros. Aunque sabemos que si no hay, aunque sea en el colectivo, vamos hacer el camino.
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