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Anexo no. 3 (Guía No. 10) Textos sobre la misericordia


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ANEXO No. 3
(Guía No. 10)

TEXTOS SOBRE LA MISERICORDIA

Presentamos aquí algunos breves apartes de la Encíclica Dives in Misericordia, de Juan Pablo II (30/XI/80) y del libro El principio-misericordia, de Jon Sobrino, S.J.




  1. Apartes de Dives in Misericordia, de Juan Pablo II




  • Encarnación de la misericordia

«A Dios nadie lo ha visto», escribe San Juan para dar mayor relieve a la verdad, según la cual «precisamente el Hijo unigénito que está en el seno del Padre, ése le ha dado a conocer». Esta “revelación” manifiesta a Dios en el insondable misterio de su ser –uno y trino- rodeado de “luz inaccesible”. No obstante, mediante esta “revelación” de Cristo conocemos a Dios, sobre todo en su relación de amor hacia el hombre: en su “filantropía” (Tit 3, 4)…. De este modo, en Cristo y por Cristo se hace también particularmente visible Dios en el atributo de la divinidad, que ya el Antiguo Testamento, sirviéndose de diversos conceptos y términos, definió misericordia. Cristo confiere un significado definitivo a toda la tradición veterotestamentaria de la misericordia divina. No sólo habla de ella y la explica usando semejanzas y parábolas, sino que además, y ante todo, él mismo la encarna y personifica. El mismo es, en cierto sentido, la misericordia. A quien la ve y la encuentra en él, Dios se hace concretamente «visible» como Padre «rico en misericordia»1.





  • Cuando Cristo comenzó a obrar y enseñar



«Ante sus conciudadanos en Nazaret, Cristo hace alusión a las palabras del profeta Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ungió para evangelizar a los pobres; me envió a predicar a los cautivos la libertad, a los ciegos la recuperación de la vista; para poner en libertad a los oprimidos, para anunciar un año de gracia del Señor”. Estas frases, según san Lucas, son su primera declaración mesiánica, a la que siguen los hechos y palabras conocidos a través del Evangelio. Mediante tales hechos y palabras, Cristo hace presente al Padre entre los hombres. Es altamente significativo que estos hombres sean en primer lugar los pobres, carentes de medios de subsistencia, los privados de libertad, los ciegos que no ven la belleza de la creación, los que viven en aflicción de corazón o sufren a causa de la injusticia social, y finalmente los pecadores. Con relación a estos especialmente, Cristo se convierte sobre todo en signo legible de Dios, que es amor; se hace signo del Padre. En tal signo visible, al igual que los hombres de aquel entonces, también los hombres de nuestros tiempos pueden ver al Padre.
Es significativo que, cuando los mensajeros enviados por Juan Bautista llegaron donde estaba Jesús para preguntarle: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?”, El, recordando el mismo testimonio con que había inaugurado sus enseñanzas en Nazaret, haya respondido: “Id y comunicad a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, los pobres son evangelizados”, para concluir diciendo: “y bienaventurado quien no se escandaliza de mí”»2.



  • El estilo de vida y acciones de Jesús

«Jesús, sobre todo con su estilo de vida y con sus acciones, ha demostrado cómo en el mundo en que vivimos está presente el amor, el amor operante, el amor que se dirige al hombre y abraza todo lo que forma su humanidad. Este amor se hace notar particularmente en el contacto con el sufrimiento, la injusticia, la pobreza; en contacto con toda “la condición humana” histórica, que de distintos modos manifiesta la limitación y la fragilidad del hombre, bien sea física, bien sea moral. Cabalmente el modo y el ámbito en que se manifiesta el amor es llamado “misericordia»”en el lenguaje bíblico»3.





  • En la temporalidad, el amor se revela y actúa como misericordia

«Creer en ese amor significa creer en la misericordia En efecto, es ésta la dimensión indispensable del amor, es como su segundo nombre y a la vez el modo específico de su revelación y actuación respecto a la realidad del mal presente en el mundo, que afecta al hombre y lo asedia, que se insinúa asimismo en su corazón y puede hacerle “perecer en la gehenna”»4.


«En el cumplimiento escatológico, la misericordia se revelará como amor, mientras que en la temporalidad, en la historia del hombre —que es a la vez historia de pecado y de muerte— el amor debe revelarse ante todo como misericordia y actuarse en cuanto tal»5.
«Precisamente porque existe el pecado en el mundo, al que “Dios amó tanto… que le dio su Hijo unigénito”, Dios que “es amor”, no puede revelarse de otro modo si no es como misericordia»6.

II. Apartes de El principio-misericordia, de Jon Sobrino7



  • El corazón de carne y el principio-misericordia.

«El ejercicio de la misericordia da la medida de la libertad, tan proclamada como ideal del ser humano en el mundo occidental. Por ser misericordioso, no por ser un liberal, Jesús transgredió las leyes de su tiempo y curó en sábado. Jesús comprendió la libertad desde la misericordia, y no a la inversa. La libertad significó para él, primariamente, que nada se podía convertir en obstáculo para el ejercicio de la misericordia.


Esta misericordia es la exigencia que hemos redescubierto desde El Salvador, pero la hemos redescubierto también como bienaventuranza y buena noticia. “Dichosos los misericordiosos”, dice Jesús. Y desde ahí, en cuanto ejercicio de la misericordia consecuente, podemos reinterpretar otras bienaventuranzas: “Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia. Dichosos los que trabajan por la paz. Dichosos cuando os persigan por causa de la justicia”. Y si desde las bienaventuranzas reinterpretamos lo que antes hemos dicho sobre los ojos nuevos, podemos decir también: “Dichosos los de corazón limpio”. Y, finalmente, si ojos nuevos y misericordia están realmente al servicio de los pobres y nos hacen participar un poco en su destino, podemos escuchar también: “Dichosos los pobres”» 8.



  • La Iglesia samaritana y el principio-misericordia

«Una Iglesia verdadera es, ante todo, una Iglesia que “se parece a Jesús”, y todos intuimos que sin algún parecido con él no seremos su Iglesia ni ésta se hará notar como Iglesia de Jesús. ¿Cómo es, entonces, una Iglesia que se parece a Jesús?


Parecerse a Jesús es reproducir la estructura de su vida. Según los evangelios, esto significa encarnarse y llegar a ser carne real en la historia real. Significa llevar a cabo una misión, anunciar la buena noticia del reino de Dios, iniciarlo con signos de todo tipo y denunciar la espantosa realidad del anti-reino. Significa cargar con el pecado del mundo, sin quedarse mirándolo desde fuera…significa, por último, resucitar teniendo y dando a los demás vida, esperanza y gozo….
Lo que queremos proponer en este artículo es que el principio que nos parece más estructurante de la vida de Jesús es la misericordia; por ello, debe ser también de la Iglesia.
El término “misericordia” hay que entenderlo bien, porque puede connotar cosas verdaderas y buenas, pero también cosas insuficientes y hasta peligrosas: sentimiento de compasión (con el peligro de que no vaya acompañado de una praxis), “obras de misericordia” (con el peligro de que no se analicen las causas del sufrimiento), alivio de necesidades individuales (con el peligro de abandonar la transformación de las estructuras), actitudes paternales (con el peligro del paternalismo…
Para evitar las limitaciones del concepto “misericordia” y los malentendidos a que se presta, no hablamos simplemente de “misericordia”, sino del “principio-misericordia”...entendemos aquí un específico amor que está en el origen de un proceso, pero que además permanece presente y activo a lo largo de él, le otorga una determinada dirección y configura los diversos elementos dentro del proceso. Ese “principio-misericordia” –creemos- es el principio fundamental de la actuación de Dios y de Jesús, y debe serlo de la Iglesia.
En el principio estaba la misericordia”
Es sabido que en el origen del proceso salvífico está presente una acción amorosa de Dios: “He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas contra los opresores, me he fijado en sus sufrimientos y he bajado a liberarlos” (Ex 3, 7ss)…A esta acción del amor así estructurada la llamamos “misericordia”. Y de ella hay que decir: a) que es una acción o, más exactamente, una re-acción ante el sufrimiento ajeno interiorizado, que ha llegado hasta las entrañas y el corazón propios (sufrimiento, en este caso, de todo un pueblo, infligido injustamente y a los niveles básicos de su existencia); y b) que esta acción es motivada solo por ese sufrimiento…
La misericordia según Jesús
Esta primigenia misericordia de Dios es la que aparece historizada en la práctica y en el mensaje de Jesús. El misereor super turbas no es solo una actitud “regional” de Jesús, sino lo que configura su vida y su misión y le acarrea su destino…A veces aparece explícitamente en los relatos evangélicos la palabra “misericordia”, y a veces no. Pero con independencia de ello, siempre aparece como trasfondo de la actuación de Jesús con el sufrimiento de las mayorías, de los pobres, de los débiles, de los privados de dignidad, ante quienes se le conmueven las entrañas. Y esas entrañas conmovidas son las que configuran todo lo que él es: su saber, su esperar, su actuar y su celebrar»9.


1 Dives in Misericordia, I, 2.

2 Dives in Misericordia, II, 3.

3 Dives in misericordia, Ib.

4 Dives in Misericordia, V, 7.

5 Dives in Misericordia, V, 8.

6 Dives in Misericordia,VII, 13.

7 SOBRINO, JON, S.J., El principio-misericordia. Bajar de la cruz a los pueblos crucificados. Colección Presencia Teológica, 67. Sal Terrae, 1992.

8 SOBRINO, JON, S.J., El principio-misericordia, extracto de pp. 25-27.

9 El principio-misericordia, extracto de pp. 31-37. Este capítulo del libro fue publicado originalmente en Sal Terrae 927(1990/10), pp. 665-678.



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