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Anexo: documento tecnico para la elaboración de la estrategia (junio 2005) Primera parte


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Investigación


La investigación forestal, y particularmente en materia de mejora y conservación forestal, se lleva a cabo fundamentalmente desde tres tipos de centros:

  • Organismos Públicos de Investigación de la AGE: Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA), Centros Nacionales de Mejora Genética Forestal, Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

  • Bajo competencia autónomica, la investigación se centra en las Universidades, y en los Centros autonómicos de investigación forestal (TAbla 5) que centran sus líneas de investigación en las especies de interés local.




CCAA

Centro De Investigación Forestal

Andalucía




Aragón

Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria (CITA)

Asturias




Canarias




Cantabria




Castilla y León

Valonsadero

Castilla-La Mancha

Dehesón del Encinar

Cataluña




Comunidad Valenciana

Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo (CEAM)

Extremadura




Galicia

Centro de Invest. Forestales y Ambientales de Lourizán

Islas Baleares




La Rioja




Madrid

Instituto Madrileño de Investigación Agraria (IMIA)

Murcia




Navarra




País Vasco

Inst. Vasco de Invest. y Desarrollo Agrario (Neiker)


Tabla 5.- Centros de Investigación Forestal dependientes de comunidades autónomas.

A COMPLETAR.

SEGUNDA PARTE. Medidas y actuaciones.

MÉTODOS DE CONSERVACIÓN

Los principios de conservación de la variación genética son los mismos para todos los organismos vivos. Sin embargo, los métodos de conservación varían de acuerdo con los objetivos concretos de conservación (ecosistemas, especies, poblaciones e individuos), la distribución de la especie, el contexto socioeconómico, y la naturaleza biológica del material a conservar. Tal complejidad conduce a una falta de unanimidad entre conservacionistas para definir el tipo de actuación.

Conservación evolutiva y conservación estática

Existen dos estrategias básicas en cuanto a la conservación de recursos genéticos: la conservación evolutiva y la estática. Ambos conceptos, introducidos por Guldager (1975), se corresponden, respectivamente, con los principios de “conservación del potencial evolutivo” y de “preservación de la diversidad existente”.

La conservación evolutiva, también conocida como “dinámica” (Eriksson et al., 1993) tiene por objetivo que la variación genética existente en el material conservado no sólo garantice su adaptabilidad actual sino también la evolución continua de la especie. Trata de mantener una amplia diversidad genética, a la vez que el potencial adaptativo, mediante la doble influencia de la presión selectiva del medio y de la reproducción sexual. De este modo, van apareciendo nuevos genotipos por recombinación y apareamiento, sin llevarse a cabo una selección fenotípica de los árboles padre. Esta estrategia requiere una protección efectiva frente a la introgresión genética desde el exterior, así como frente a incendios u otro tipo de perturbaciones de la población conservada. De este modo, la conservación dinámica puede requerir considerable espacio y costes y se puede enfrentar al uso actual que recibe la población a proteger o el territorio colindante.

Por su parte, la conservación estática esta ligada a la creación de colecciones que mantienen composiciones genéticas específicas, sin respuesta a posibles cambios en el ambiente y sin generar nueva diversidad. Los métodos de conservación estática se aplican a un material bien identificado genéticamente y que estabiliza su composición genética actual, definida por el material incorporado a la colección o banco de genes.

Los esfuerzos se concentran en la conservación de genotipos individuales, que se pueden preservar de muy diversas formas como semillas, polen, partes de plantas o plantas enteras. La conservación se puede realizar a corto plazo en los bancos de semillas, cuya duración la define la pérdida de la capacidad germinativa de la semilla o a mayor plazo en los bancos o colecciones clonales propagadas vegetativamente o mantenidas indefinidamente mediante técnicas de crioconservación (almacenadas sin daño a temperaturas de –196 0C en nitrógeno líquido).

La conservación estática tiene como ventajas que se puede implementar con rapidez y el material que se conserva está disponible directamente para ser utilizado, ya sea para la reconstrucción de poblaciones desaparecidas en su área primitiva o para incrementar la variabilidad en los programas de mejora. A largo plazo, su inconveniente se deriva de impedir los efectos de la recombinación derivada de la reproducción sexual y de la selección que permiten aparecer una diversidad que responda a nuevas condiciones ambientales.



Conservación in situ y conservación ex situ

En función de la localización donde se mantienen los recursos genéticos en un programa de conservación se habla a menudo de conservación in situ o ex situ.

La conservación de los recursos genéticos bajo las condiciones propias de su hábitat natural, ya sea en bosques productivos o en áreas protegidas, se denomina conservación in situ. Este tipo de gestión permite la interacción con otras especies y organismos a largo plazo, dejándolas evolucionar en su medio natural, en conexión con la evolución de las condiciones ambientales de su localidad. El término se aplica a la regeneración natural que permite preservar el potencial de adaptación de las especies, pues hace posible que la selección y el flujo genético actúen como procesos que caracterizan la evolución. La conservación in situ se halla, por tanto, en relación con las estrategias de conservación dinámica.

Un programa de conservación genética in situ debe cumplir tres requerimientos básicos (Koski et al, 1997):



  1. la regeneración de la población debe estar asegurada y la nueva generación debe proceder predominantemente de los cruzamientos entre los individuos de la población conservada

  2. el número de genotipos de la población conservada debe ser lo suficientemente grande para incluir la mayoría de los alelos comunes

  3. la red de poblaciones conservadas debe cubrir toda la variación genética espacial presente en la especie.

Por el contrario, en la conservación ex situ las poblaciones se encuentran fuera de su estación natural. Por supuesto, la mayor parte de las estrategias de conservación estáticas se llevan a cabo ex situ. Sin embargo, también puede llevarse a cabo ex situ una conservación dinámica. En este caso, se puede llevar a cabo su gestión de modo dinámico, bajo unas condiciones que pueden ser muy próximas a las del lugar de origen. Cuando estos rodales de conservación se sitúan bajo climas diferentes se promueven adaptaciones e interacciones diferentes a las de su primitiva procedencia. Pese a su origen artificial, el objetivo es dejar a la población evolucionar y reproducirse de modo natural.

Actualmente, la sociedad otorga mayor valor a los métodos de conservación in situ por estar ligados al entorno originario, lo que permite una fácil identificación con la historia natural de la localidad. Sin embargo, cuando la conservación plantea problemas en su hábitat natural, bien por estar amenazado, bien por ser una especie de área dispersa, o por producirse introgresión genética o por riesgo de desaparición debidos a plagas o enfermedades se debe acudir a su conservación en lugares libres de la problemática desencadenante. Por otra parte, las nuevas tendencias en conservación no se basan en el cuidado individual de una especie o planta, sino que promueven la atención a su hábitat natural. A menudo incluye las funciones de un ecosistema y las interacciones entre las especies componentes. Los bosques incluyen un número variable de árboles y de especies de matorral que pueden tener menor interés para el gestor forestal, pero que pueden ser valiosos en términos de recursos genéticos y uso futuro.

En cualquier caso, la conservación de los recursos genéticos forestales implica la gestión científica de las especies establecidas como prioritarias en una red de espacios denominados áreas de conservación genética. El establecimiento de una red permite abarcar la diversidad genética existente en el área de distribución de la especie. La aplicación del concepto de Sistemas de Mejora mediante Poblaciones Múltiples (MPBS) es considerada como un método muy adecuado de conservación genética (Eriksson & Ekberg, 2001). En su variante menos intensiva exigiría la selección de subpoblaciones en bosques que representen la variación ambiental existente en la especie, con objeto de salvaguardar las adaptaciones y la diversidad existente bajo las condiciones selectivas de cada ambiente.

La conservación de recursos genéticos, para ser eficaz, normalmente requiere el uso simultáneo de varios métodos. Por ejemplo, una población en peligro puede parecer plenamente conservada in situ, pero un fuego, la podría llevar a la extinción, por lo que se requiere diversificar actuaciones. La experiencia práctica sugiere que una gestión valida de los recursos genéticos debe incluir esfuerzos en dos líneas complementarias: la gestión de las masas naturales respetuosa con el mantenimiento de la variabilidad en sus recursos genéticos y el establecimiento de redes que agrupen áreas específicas de conservación genética.


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