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Anexo: documento tecnico para la elaboración de la estrategia (junio 2005) Primera parte


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Normativa


Hasta el momento no se ha desarrollado una normativa específica sobre la conservación de recursos genéticos forestales, por lo que las actuaciones han de enmarcarse en normas de carácter general, como la Ley de Montes o la Ley de Conservación de la Naturaleza. Estas, sin embargo, no contemplan la singularidad de los problemas de las especies forestales. Por ejemplo, no hay ninguna especie arbórea incluida en el Catálogo de Especies Amenazadas, ya que generalmente son taxones de distribución amplia, pero el nivel específico obvia las amenazas sobre variedades o poblaciones.

Relativo a los recursos genéticos forestales, aunque no a su conservación o mejora, hay que mencionar el Real Decreto 289/2003, sobre comercialización de los materiales forestales de reproducción, que incorpora la Directiva 1999/105/CE. Este decreto regula la producción, comercialización y control de los materiales forestales de reproducción, para 71 especies de interés forestal. Se identifican las regiones de procedencia y se incorpora el Comité de Mejora y Conservación de Recursos Genéticos Forestales como comité adscrito a la Comisión Nacional de Protección de la Naturaleza. Además de esta norma nacional, las comunidades de Galicia, Extremadura y Comunidad Valenciana tiene normativa propia sobre material forestal de reproducción.

E
LEY 43/2003, de Montes.
Capítulo II. Competencias de las Administraciones públicas.
Artículo 7.2. ...corresponden a la Administración General del Estado, en colaboración con las comunidades autónomas...:

f) la elaboración de programas de mejora genética y conservación de recursos genéticos forestales de ámbito nacional, así como el establecimiento de normas básicas sobre procedencia, producción, utilización y comercialización de los materiales forestales de reproducción y, en particular, la determinación de sus regiones de procedencia y el mantenimiento del Registro y del Catálogo Nacional de Materiales de Base.


Capítulo IV. Sanidad y genética forestal.
Artículo 54. Recursos genéticos forestales.

  1. El Ministerio de Medio Ambiente, en colaboración con las comunidades autónomas, elaborará y desarrollará programas de ámbito nacional que promuevan la mejora genética y la conservación de los recursos genéticos forestales.

  2. El Gobierno, consultadas las comunidades autónomas, establecerá las normas básicas sobre producción, utilización y comercialización de los materiales forestales de reproducción a propuesta conjunta de los Ministerios de Medio Ambiente y de Agricultura, Pesca y Alimentación.

  3. El Ministerio de Medio Ambiente, en colaboración con el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y con las comunidades autónomas, determinará las regiones de procedencia de los materiales forestales de reproducción y, en particular, mantendrá el Registro y el Catálogo Nacional de Materiales de Base.




ntre las leyes nacionales de carácter general, la nueva Ley de Montes (43/2003) supone un avance al incluir por primera vez referencias directas a los recursos genéticos forestales y a la necesidad de programas de mejora y conservación (Cuadro 1). Entre las competencias de la Administraciones, atribuye a la AGE, en colaboración con las Comunidades Autónomas, la elaboración de programas de mejora genética y conservación de recursos genéticos forestales de ámbito nacional, así como el establecimiento de las normas básicas relativas a los materiales forestales de reproducción. El artículo 54, titulado Recursos Genéticos Forestales, delimita estas funciones. Sin embargo, no existe ninguna referencia a la necesidad de considerar la mejora o la conservación de los recursos genéticos dentro de la gestión forestal. Sería deseable también la inclusión de criterios genéticos en la elaboración de los indicadores de gestión forestal sostenible.
Cuadro 1.- Referencias a los recursos genéticos forestales en la Ley de Montes (43/2003).

Por otro lado, la Ley 4/1989, de Conservación de los Espacios Naturales y de la Flora y Fauna Silvestres contempla la preservación de la diversidad genética y un aprovechamiento sostenido entre sus principios inspiradores (Cuadro 2), pero no hay ninguna mención concreta a la protección de los ecosistemas forestales. Los puntos que resultan relevantes de cara al manejo y conservación de los recursos forestales señalan (artículo 27):



  • La aplicación preferente de medidas de conservación in situ, con medidas ex situ complementarias si es preciso

  • Evitar la introducción de material foráneo que pueda competir o alterar la pureza genética de las especies autóctonas, o alterar el equilibrio ecológico.

  • D
    LEY 4/1989, de Conservación de los Espacios Naturales y de la Flora y Fauna.
    Art. 2.1. (Principios inspiradores):

    b) La preservación de la diversidad genética.

    c) La utilización ordenada de los recursos, garantizando el aprovechamiento sostenido de las especies y de los ecosistemas, su restauración y mejora.

    Art. 27. La actuación de las Administraciones Públicas en favor de la preservación de la diversidad genética del patrimonio natural se basará principalmente en los siguientes criterios:

    a) Dar preferencia a las medidas de conservación y preservación en el hábitat natural de cada especie, considerando la posibilidad de establecer medidas complementarias fuera del mismo.

    b) Evitar la introducción y proliferación de especies, subespecies o razas geográficas distintas a las autóctonas, en la medida que puedan competir con éstas, alterar su pureza genética o los equilibrios ecológicos.

    c) Conceder prioridad a las especies y subespecies endémicas, así como a aquellas otras cuya área de distribución sea muy limitada y a las migratorias.



    Art. 30.1. Dependiente del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, con carácter administrativo y ámbito estatal, se crea el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas, que se instrumentará reglamentariamente, en el que se incluirán las especies, subespecies y poblaciones clasificadas en las categorías previstas en el artículo 29 de la presente Ley sobre la base de los datos de que pueda disponer el Estado o de los que facilitarán las Comunidades Autónomas.

    2. Las Comunidades Autónomas, en sus respectivos ámbitos territoriales, podrán establecer, asimismo, catálogos de especies amenazadas.


    ar prioridad a las especies y subespecies endémicas o de distribución limitada.


Cuadro 2.- Artículos con referencia a recursos genéticos en la Ley de Conservación de la Naturaleza.

Esta Ley crea el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas (art. 30), en el que se incluyen especies, subespecies y poblaciones cuya protección efectiva exija medidas específicas por parte de las Administraciones Públicas. A enero de 2002, ninguna especie forestal arbórea estaba incluida en ninguna de las categorías previstas: “En peligro de extinción”, “Sensible a la alteración de su hábitat” (eliminada en 2004 por la Comisión Nacional de Protección de la Naturaleza) “Vulnerable” o “De interés especial”. La posibilidad de incluir poblaciones sería interesante para la protección de los recursos genéticos forestales; sin embargo, hasta el momento sólo se han incluido especies o subespecies.


Acceso a los recusos genéticos.

Uno de los objetivos del Convenio sobre Diversidad Biológica es el reparto equitativo de los beneficios derivados del uso de los recursos genéticos mediante, otras cosas, el acceso adecuado a esos recursos. Con anterioridad al CDB, existía una confusa mezcla de situaciones, desde el libre acceso a leyes nacionales restrictivas, junto con el sistema de patentes, convenios internacionales (CITES), acuerdos bilaterales, etc.


El CDB configura el marco en que actualmente se sitúa el acceso a los RG en torno a cuatro parámetros básicos:

  1. Soberanía nacional. Los estados tienen la responsabilidad última sobre los recursos genéticos de sus países, la legislación nacional regula el acceso.

  2. Derecho al acceso. Se deben crear las condiciones que faciliten la utilización de los materiales genéticos disponibles en el país.

  3. Beneficios compartidos. Los beneficios económicos que puedan derivarse de los materiales donados debe revertir de alguna forma en beneficio del donante.

  4. Organización del acceso por medio de acuerdos con el consentimiento fundamentado de ambas partes.

Para llevar a la práctica estos principio básicos se están desarrollando diferentes estrategias, tratados o acuerdos. Entre estas iniciativas cabe destacar, las Directrices de Bonn sobre acceso a los recursos genéticos y distribución justa y equitativa de los beneficios provenientes de su utilización (La Haya, 2002); la Estrategia Mundial para la conservación de las especies vegetales (La Haya, 2002); el Tratado Internacional para la conservación y utilización de los recursos fitogenéticos para la agricultura y la alimentación (FAO, 2004) y la propuesta Sistema de Acceso y beneficios compartidos para los jardines botánicos.

Los recursos genéticos están constituidos por todos los genes de todas las especies. Sin embargo, a efectos prácticos, se dividen en recursos genéticos de especies silvestres y recursos genéticos de especies explotadas por el hombre en la alimentación, la agricultura, la ganadería o los sistemas forestales. Cada uno de estos apartados tiene sus características, limitaciones o desarrollo propio, pero nunca debe olvidarse que son parte de un total, dividido por necesidades de trabajo y estudio, pero con una fuerte interdependencia.

Gracias a los esfuerzos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y de Instituto Internacional para los Recursos Fitogenéticos (IPGRI), el apartado de la Conservación y Utilización de estos recursos genéticos ha alcanzado un gran desarrollo en su estrategia, gestión y legislación. Por supuesto dicho desarrollo está presente también en la accesibilidad de los recursos y la organización del principio de beneficios compartidos.

España es un país que actúa como proveedor de recursos, por su alta biodiversidad, y como usuario, tanto en investigación como en el desarrollo de productos de distintos sectores industriales. Como parte contratante del CDB, además, ha aceptado crear las condiciones para facilitar a otras Partes el acceso a sus RG (art. 15.2), así como tomar medidas para el reparto de resultados de beneficios (art. 15.7).

El Centro de Recursos Fitogenéticos (INIA) está exclusivamente dedicado a la conservación y utilización de los Recursos Fitogenéticos para la Agricultura y la Alimentación. Además tiene adjudicados dos funciones relevantes en la Red española de Bancos: ser Centro de Documentación de toda la Red y gestionar el Banco Base de semillas. Por ello mantiene una cooperación muy estrecha con los Organismos Internacionales antes mencionados. Esta situación ha facilitado el desarrollo de los protocolos de actuación y las redacciones del Acuerdo de trasferencia de Materiales (para el envío de materiales almacenados) y del Acuerdo de Adquisición de Materiales (para las expediciones internacionales en suelo español). Estos acuerdos han servido de modelo a diversos bancos y jardines botánicos españoles. (Desarrollo de la Directrices de Bonn??)


El sector forestal no ha regulado un procedimiento de acceso a los recursos genéticos, a pesar de que el intercambio y recolección de material es frecuente, especialmente en actividades de investigación y mejora. Sería deseable el desarrollo de un protocolo de actuación en los casos en que España actúa como país proveedor de recursos.

Gestión y administración forestal.

La atribución de las competencias a las Comunidades Autónomas conlleva una gran diversidad de situaciones relativas a las estructuras administrativas encargadas de la gestión. La gestión forestal puede integrarse en la gestión del medio ambiente, agricultura, o en la política territorial, dependiendo de la Comunidad, aunque es frecuente que estructuras de otras Consejerías o Departamentos ejerzan también algunas competencias.

En la nueva Ley de Montes se contempla la elaboración, por parte de las Comunidades Autónomas., de Planes de Ordenación de los Recursos Forestales (PORF), como herramienta para la planificación forestal de territorios con características homogéneas, de extensión superior a un monte. Se dispondrá así de un instrumento de planificación comarcal de los espacios y recursos forestales, que ofrece también una oportunidad para incluir criterios de mejora o conservación de los recursos genéticos en la gestión de los montes.

El hecho de que sólo una tercera parte de la superficie forestal española está bajo gestión pública supone un reto a la hora de implicar a los propietarios privados en la gestión sostenible. Como se señaló en la Estrategia Forestal Española, es necesario crear un marco para que, sin restringir sus facultades de gestión, los propietarios contribuyan a la multifuncionalidad y sostenibilidad, pero sobre todo es preciso extender la sensibilización acerca del papel fundamental de los bosques para la sociedad.


Uso del material forestal de reproducción
Al emprender una restauración vegetal en el medio natural, además de la consabida elección de especie, ha de plantearse cuáles son la procedencia y nivel de selección del material forestal de reproducción a utilizar más adecuados para lograr el fin perseguido. Este cuestionamiento revestirá especial importancia cuando la especie en cuestión presenta ecotipos muy marcados. Pero además del componente genético se han de considerar atributos de estado y de respuesta de la planta e, incluso, parámetros de cultivo, vitales para el éxito a corto plazo de la actuación restauradora.
Sin embargo, es frecuente que no se dé importancia a este planteamiento, lo que se traduce en un olvido o falta de concreción de cualquier referencia al origen del material a emplear. Por otra parte, la legislación reglamenta la producción y comercialización, pero deja libre su uso. Sólo en caso de ayudas oficiales a la reforestación se señalan algunos requerimientos al efecto, en ocasiones impregnados de localismo. Esta inconcreción ha sido denunciada por el sector viverístico, pues es motivo frecuente de desencuentros.
Desde el punto de vista genético, debe utilizarse un material de reproducción que, asegurando su adaptación, dé lugar a masas persistentes de valor máximo compatible con la estación y que no suponga un riesgo de contaminación genética indeseada. En la práctica, el problema planteado radica en definir para cada especie que procedencias se consideran susceptibles de empleo ante la eventual carencia de material de la procedencia local, haciendo constar que las razas locales no tienen por qué ser las más óptimas desde el punto de vista productivo ni tampoco las más adaptadas. Las circunstancias señaladas, junto a la gran diversidad genética de las especies forestales en adaptación y crecimiento, obligan a buscar métodos para poner en práctica recomendaciones de uso, al objeto de buscar la mayor concordancia posible entre los elementos del binomio origen-destino.
La primera respuesta se ha de ofrecer a través de los ensayos de campo (ensayos de procedencias), pero éstos son costosos, requieren tiempo y, principalmente, no pueden cubrir todas las posibles combinaciones de especies-regiones de procedencia y condiciones ambientales del destino potencial. Por tanto, es preciso plantear una estrategia que combine, en la medida de lo posible los ensayos de campo (alcance siempre parcial de lo resultados) con los métodos de homologación ecológica (inmediatez de resultados).
En nuestro país, para realizar unas recomendaciones de uso en un ámbito geográfico amplio, se han delimitado las regiones de utilización del material forestal de reproducción, que pueden definirse como “una parte del territorio, ecológicamente homogéneo, donde el material de reproducción presenta un crecimiento y adaptación similar”. Mediante la homologación climática de estas regiones de utilización con las de procedencia, definidas, según especies, de forma individual o conjunta, y sus características edáficas y botánicas, es posible facilitar recomendaciones de uso, tanto fuera como dentro del área natural de la especie en cuestión.
La homologación citada se basa en la previsible similitud del comportamiento del material de reproducción entre zonas con similares condiciones ecológicas, lo que facilitará la toma de decisiones en los programas de reforestación y de mejora y conservación de recursos genéticos. Sin embargo, es preciso hacer constar que tal homologación no deja de ser una aproximación sujeta a revisión y que no pretende ser una recomendación inequívoca.
Con respecto al material cualificado y controlado, es importante insistir en el hecho de que tras su homologación como tal, puede ser comercializado en toda la U.E., pero sin obligación de reseñar en la documentación identificativa ni los caracteres considerados ni, en su caso, las condiciones en las cuales su superioridad ha sido demostrada.
Atendiendo al usuario final, de forma reglamentaria sólo cabrá prohibirse la comercialización de un determinado material forestal cuando su uso pueda tener repercusiones negativas en la silvicultura, el medio ambiente, los recursos genéticos o la diversidad genética de las especies en todo o parte del territorio español, bien debido a sus características fenotípicas o genéticas bien a características morfologías y fisiológicas que comprometan el desarrollo y supervivencia de las plantas. En ambos casos es preciso que tales proscripciones estén avaladas por ensayos o investigaciones científicas o se deriven de resultados obtenidos de la práctica forestal.
En el caso de especies en las que la forma usual de reproducción es la vegetativa, la limitación impuesta por la normativa a que el material de reproducción a comercializar corresponda únicamente a la categoría cualificada o controlada, puede suponer un cierto inconveniente a la hora de obtener material para acometer actuaciones restauradoras, debido al mal encaje que supone la reducción de la diversidad y los requisitos implícitos que conllevan los materiales de base de dichas categorías.

Las actuaciones medioambientales suelen implicar la puesta en campo de plantas de una tipología determinada con la esperanza de que alcancen los objetivos previstos en la actuación. Si la estabilidad biológica de la planta con el medio es requisito a medio-largo plazo y se consigue con una adecuada información genética, su capacidad intrínseca para arraigar primero y prosperar después viene altamente influenciada por lo que se ha denominado calidad. Si entendemos que calidad es sinónimo de capacidad, podemos definir la calidad de la planta como la capa­cidad que tiene de arraigar, desarro­llarse y generar una planta con vir­tualidad propia, y cabe pensar todo aquello que aumente las posibili­dades de éxito debe ser conside­rado como aumento de calidad.


Frente a esta amplia consideración del concepto de calidad -que se puede y debe concretar en cada caso y para cada especie en unas características determinadas según el manejo previsto y el medio ambiente a restaurar - se enfrenta la concepción normativista. Esta se basa en tablas más bien rígidas que quieren “medir” la calidad de los lotes de plantas haciéndolas pasar por “cribas”, en donde la morfología y determinados aspectos cualitativos nos dan una idea de la adecuación fisiológica de las plantas a las finalidades. Aunque las últimas normativas han venido a relajar la dureza de las primeras, la aplicación de estos cuadros a la evaluación de la calidad choca con fuertes impedimentos entre los que destaca la subjetividad para evaluar algunos de los requisitos cualitativos, que exigirían previamente el desarrollo y establecimiento de una base común de apreciación.
Los criterios cuantitativos (dimensionales) de las tablas reseñadas, si bien son objetivos y fáciles de evaluar, pueden no resultar útiles para reflejar calidad, pues una planta esbelta y bien conformada puede encontrarse fisiológicamente debilitada o incluso muerta. La calidad sanitaria de los lotes es una asignatura pendiente, difícilmente evaluable, pero de enorme importancia y que, paradójicamente, ha concitado relativa poca atención por parte de los investigadores.
Si la calidad es capacidad, debemos también ser muy conscientes de que esta capacidad no es un concepto absoluto, y factores como el lugar de la plantación o la especie modulan fuertemente este concepto. Así factores tales como la capacida­d de control transpirante, la potencialidad de generación radical y la capacidad de retranslocación de nutrientes son muy diferentes según se trate de una pinácea o una quercínea. Son grupos de especies que ante una situación ecológica concreta despliegan estrategias casi opuestas de adaptación al medio. Pero incluso, a igualdad de especie, una plantación de otoño exige un tipo de planta diferente que una plantación de primavera y la irregularidad pluviométrica, definida a nuestros efectos como la esperanza de lluvias en periodos biológicamente útiles para el crecimiento radical, puede condicionar la relación parte aérea /parte radical y por tanto nuestra tipología de planta objetivo. Tampoco se puede exigir lo mismo a una planta con vocación de producción que a otra con un objetivo puramente restaurador, pues si a ambas se les pide arraigar, quizás a las primeras se le exija además caracterís­ti­cas adicionales tales como rapidez de crecimiento, rectitud del fuste y una sola guía terminal. Por ultimo, el hecho incuestionable de que la planta debe de ser manejada para su plantación nos obliga a considerar la consistencia del cepellón como requisito de calidad y ser muy exigentes en ello.
Así pues, la elección del material vegetal mas adecuado debe de exigirse y definirse en la medida de lo posible en los Pliegos Técnicos y esto solo puede hacerse tras un análisis cuidadoso de la actuación planteada, apoyado en suficientes conocimientos sobre la calidad real de las plantas y sobre las capacidades técnicas de producción de los viveros. Actualmente nos situamos en la creencia de que la probabilidad de arraigo y por tanto de supervivencia de una planta radica, no tanto en su resistencia al medio hostil, (sequía edáfica la mayoría de las ocasiones), sino sobre todo en una alta funcionalidad del sistema absorbente/fotosintético que genere suficiente crecimiento aéreo y radical que la haga “escapar“ a tiempo de esas condiciones hostiles, Por ello, factores como el estado sanitario, la capacidad fotosintética instantánea/total o la capacidad de generación radical son quizás más determinantes que las resistencias a estrés o unos determinados ratios altura/diámetro. La dificultad de medir y evaluar estas capacidades y/o atributos fisiológicos y sanitarios nos conduce inexorablemente a la alternativa de acudir al vivero como fuente generadora de calidad, de modo que, si aún no somos capaces de "cuantificar" la calidad, si lo somos en "producir" la calidad. Hemos avanzado mucho en el conocimiento de la influencia de los factores de cultivo en el resultado final de una planta. Con la tecnología actual, buenos viveristas pueden producir “plantas a la medida” que sean capaces de adecuarse a las exigencias de las cláusulas de abastecimiento de planta de los proyectos. Nuevos conocimientos y concepciones deben aparecer en el horizonte de la restauración y solo a través de la experimentación en el ámbito local (local en el sentido de homogeneidad ecológica) pueden irse centrando y cuantificando esos atributos de calidad que luego pasaran a formar parte de los documentos condicionantes. Mientras se alcanza ese estado de conocimiento, no nos queda mas remedio que apoyarnos en lo que tenemos y lo que hay son criterios normativos por un lado, conocimientos sobre calidad real por otro y experiencia sobre la influencia en la supervivencia y en los atributos de los factores de cultivo más importantes (contenedores, sustratos, nutrición, luz, etc.).

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