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André kertéSZ, el fotógrafo humanista


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ANDRÉ KERTÉSZ, EL FOTÓGRAFO HUMANISTA
André Kertész es el fotógrafo más original del siglo XX. Sin contemporizar, consecuentemente y a menudo en contra del deseo de sus clientes, se mantuvo firme y creó su propio estilo: la “fotografía fotográfica”. Desde la primera hasta la última fotografía, una visión humana, lírica, subjetiva y, por encima de todo, humanista marcó su obra.
Él mismo confiesa que no hizo otra cosa que llevar un diario fotográfico de su propia vida. Muchos han tratado de descubrir la razón de su increíble popularidad:
Durante toda mi vida he seguido un principio –y se lo puedo recomendar a todo el mundo: ser fiel a mí mismo. Usar la fotografía para mostrar mi visión particular del mundo. En mi vida he contraído compromisos, y tal vez ese sea el secreto de mi éxito. La gente que se ha fijado en mis fotos, ha sentido que tienen algo personal, algo natural y original. Es curioso puesto que nunca me he esforzado en forzar un estilo particular o un método complejo. Simplemente he sacado fotos de las cosas según éstas me afectaban. Se necesita un sentimiento particular para poder realizarlo.
En Hungría no fue apreciado hasta que cumplió los treinta, y fue en París donde se labró un nombre. En adelante, durante casi otros treinta años, América tampoco lo trató acorde a su talento. Al final de su vida afirmó con amargura que querían concentrar en unos meses, en uno o dos años, toda la atención, reconocimiento y aprecio que le fueron negados durante décadas.
Andor Kertész (1894-1985) y sus dos hermanos, Imre (1890-1957) y Jenő (1897-?) nacieron en una familia judía de clase media baja en la época en que Hungría formaba parte de la Monarquía Austrohúngara y el país disfrutaba de un auge económico sin par respecto a épocas anteriores. Su padre, Lipót Kertész (circa 1842-1909), un librero que conoció y entendió a fondo a los clásicos de la literatura húngara, pero no logró mucho éxito con el comercio, trabajaba además en la bolsa y poseía algunas fincas. Su madre, Ernesztin Hoffmann (1863-1933), fue propietaria de un pequeño café. Lipót Kertész murió de tuberculosis en 1909, y desde entonces la educación de los tres hermanos fue dirigida por su tío y tutor Lipót Hoffmann (1855-1925), un hombre de negocios de mucho éxito que trabajaba en la bolsa del cereal, lo que influyó de forma decisiva en la carrera que elegirían los tres muchachos.
Los hermanos Kertész, sobre todo Andor y Jenő, pasaron parte de su infancia en Szigetbecse, a orillas del Danubio, en casa de Mihály Klöpfer, en cuyo desván encontró Andor a los seis años aquellas viejas revistas ilustradas alemanas para la familia –entre ellas la Die Gartenlaube–, que marcaron su opinión sobre la visualización y concretamente sobre la fotografía. En las entrevistas posteriores solía relatar esas experiencias y cómo hojeando las revistas pensó que también él un día obtendría imágenes similares:
Pensé que más adelante yo también haría cosas parecidas, y desde entonces me fijaba en cómo fotografiaría posteriormente esas cosas. Y acerté.

Durante su estancia en Szigetbecse entró en estrecho contacto con la naturaleza y el paisaje como temas, y según cuenta en sus memorias, en todos los paisajes volvía a ver el de Szigetbecse y escogía soluciones visuales que se lo recordasen:


Szigetbecse no se volvió tan importante y decisivo para mí por los parientes sino porque pude estar muy cerca de la naturaleza y de la gente que formaba parte de lo que me estaba pasando. Más tarde, cuando tomaba fotos de paisajes o gente de Tiszaszalka, Esztergom y Haraszti, o de Francia y Nueva York, renacían en todas las imágenes esos paisajes y esa gente de Szigetbecse.

Hungría, 1912-1925

Atendiendo a que fue su tío Lipót Hoffmann quien pagó la escolarización de los hermanos, Andor estudió en la Academia de Comercio, donde hizo el bachillerato en 1912. Ya entonces se había propuesto como objetivo ganarse la vida con la fotografía. Gastó el primer salario en una cámara ICA-Platten y empezó a tomas sus primeras imágenes de manera autodidacta. Los conocimientos de laboratorio los adquirió a través de su amigo László Chmura cuya familia dirigía una tienda de fotografía en Budapest. Las imágenes de esta época reflejan una visión fotográfica totalmente madura, y como el mismo Kertész afirma en declaraciones posteriores, ya estaba «formado», siendo la importancia del equilibro y la línea lo primero que aprendió:


En realidad empecé a hacer fotos en 1912. Para entonces ya estaba formado respecto a la composición. Eso fue lo primero que aprendí, instintivamente sabía cómo armonizar el equilibrio y la línea. No es mérito mío, nací con ello.
Su primera foto conocida es el Muchacho durmiendo, tomada en Budapest el 25 de mayo de 1912.
Al acabar los estudios, su tío le consiguió un puesto en la Bolsa de Cereales y Valores de Budapest donde trabajó como corresponsal, aunque no fuese demasiado de su agrado. En su tiempo libre tomaba fotos con una cámara Voigtländer Alpin, regalo de su tío, a la que aplicaba un negativo de 9x12 centímetros. Puesto que el trabajo de funcionario no le gustaba, decidió ser apicultor. Encontró por causalidad una revista especializada y le llamó la atención un anuncio de Ede Papszt según el cual se formaba a apicultores. Kertész se fue a Abony para aprender apicultura, y resultó que Papszt era un pintor aficionado quien junto con su mujer, que era maestra, se había visto obligado a dedicarse a la apicultura por mera subsistencia. Según las memorias de Kertész, los dos meses que pasó como «apicultor» fueron una de las épocas más libres y bonitas de su vida: las abejas trabajaban, él se dedicaba a la fotografía a su gusto y el apicultor pintaba.
En 1914 estalló la Primera Guerra Mundial y Kertész se alistó como alférez voluntario en el 26º Regimiento de Infantería. Primeramente fue destinado al frente polaco, allí hizo las primeras tomas sobre la retaguardia. A comienzos de 1915, en Austria, se matriculó en la Escuela de Oficiales de Görz. El 1 de enero sacó la imagen Soldado escribiendo una carta y el 19 de julio la Marcha forzada. Según cuenta en sus memorias estuvo en el frente polaco, donde los rusos capturaron parte de su regimiento y se hizo necesario que los reemplazaran, por eso caminaron cuarenta y ocho horas seguidas. A finales de año en el frente polaco fue herido de gravedad en el brazo izquierdo y estuvo casi un año parcialmente impedido. Ingresado en primer lugar en un hospital de Budapest y posteriormente en otro de Esztergom, pasó con algunas altas casi dos años. La herida del brazo le dificultaba sobremanera el ejercicio de la fotografía, pero se aplicó en el empeño y poco a poco consiguió seguir adelante. En la piscina del instituto de rehabilitación tomó las primeras fotografías de las formas torcidas y los destellos reflejados en la superficie del agua. Sus compañeros, que preferían retratos de sí mismos, lo tomaron por loco por fotografiar precisamente esos reflejos. Fue entonces cuando tomó, entre otras, la famosa imagen Nadador bajo el agua.
En 1916 se presentó a una convocatoria de fotografías y dibujos humorísticos de la guerra organizada por la revista Borsszem Jankó con un autorretrato hecho en el frente. En la foto se le ve sentado a la orilla de un arroyo espulgando su uniforme. En los resultados publicados en el número 20 de febrero de 1916 de esta revista la foto de Kertész quedó la novena de las diez premiadas. Los éxitos fotográficos continuaron en 1917 cuando en una convocatoria para aficionados expusieron dos imágenes suyas; más adelante empezaron a verse sus trabajos en distintos periódicos de la época, como el Érdekes Újság, uno de los semanarios satíricos de espíritu liberal de mayor tirada. Sin embargo, se conservaron muy pocas de esas fotografías tomadas durante guerra porque las copias y los negativos se perdieron al acabar ésta.
Terminada, pues, la guerra volvió a ocupar un puesto de funcionario en la Asociación de Bancos de Liquidación y Cajas de Budapest donde conoció a su futura esposa, Erzsébet Sali (Salamon), quien por entonces apenas había cumplido los quince años. Sus memorias cuentan que los unió el amor por el arte.
El 26 de septiembre de 1920 realizó en Szigetbecse la fotografía Virgen del Pueblo con la figura de la hija de un viñador del pueblo. Tenía la idea de marcharse a París, pero las protestas de su madre lo retuvieron. En junio de 1921 fue de vacaciones a Tiszaszalka, y después hizo una visita a Abony, a ver a su amigo el apicultor. Entonces sacó la famosa foto el Músico ciego:
Esta imagen fue hecha un domingo, me despertó la música. Ese músico ciego tocaba con tanta belleza que incluso ahora lo oigo, a lo mejor hubiese podido ser un gran músico de haber nacido en una familia de Budapest o Viena. Lo conducía su hijo, y al fondo estaba Csicsó, la hija de mi anfitrión.
En mayo de 1924 en la IV Exposición Fotográfica Artística, siendo miembro de la Asociación Nacional de Fotógrafos Aficionados de Hungría, presentó las imágenes Plaza Kálvin, Primavera y Ambiente primaveral. Ganó un diploma, pero no le fue otorgada la medalla de plata porque rechazó hacer copias de bromoleo de las fotos, lo que no hubiese sido lo bastante «fotográfico» a su parecer. Ese año decidió hacer una recopilación de su obra y llevarla a la revista Érdekes Újság. Según cuenta en sus memorias, a la semana siguiente la portada ya lucía una foto suya. Esa foto de portada, la primera, fue publicada el 26 de junio de 1925 con el título Una noche en el Tabán. En la imagen figura su hermano Jenő que, según recuerda el autor, aguantó con heroicidad la tortura que suponía una exposición de ocho o diez minutos.
París, 1925-1936
En septiembre de 1925, a los treinta y un años y en contra de las protestas de su madre, emigró a París, y poco después de llegar a la capital francesa adoptó el nombre de André. Sobre el cambio dijo en un correo:
Respecto a mi nombre, en el certificado de nacimiento figuro como Andor, mi mujer me llama “mi Andris”, mis hermanos y amigos Bandi. En París automáticamente usé la versión francesa de mi nombre: André. Y creo que ya moriré con ese nombre.
En esa época varios artistas húngaros probaban suerte en París, como François Kollar, Robert Capa, Emeric Fehér o Brassaï, y también durante esos años emigraron Man Ray y Germaine Krull, con quien Kertész había participado en varias exposiciones. En los primeros años se movió más en los círculos húngaros puesto que no hablaba bien francés. A su círculo de amigos pertenecían el ya famoso pintor Lajos Tihanyi, quien lo acogió y lo presentó a los personajes del mundo artístico de París, y la fotógrafa Ilka Révai. Asimismo conoció al conde Mihály Károlyi, que huyendo del entorno político de Hungría, se había refugiado en París, y del que hizo varios retratos. El segundo año de su estancia en París conoció a Brassaï, con quien en principio mantuvo una amistad muy estrecha. De su círculo más amplio de creadores formó parte la bailarina Magda Förster, la protagonista de la conocida imagen Bailarina satírica. La fotografía fue tomada en el taller del escultor István Beöthy. Quienes tal vez más influyeron en su representación visual fueron sus amigos los pintores János Mattis-Teutsch, originario de Transilvania, y Béla Czóbel, con los que Kertész mantuvo una relación más íntima. Además realizó retratos de artistas como Piet Mondrian, Marc Chagall, Colette o Sergei Eisenstein, todos los cuales llegaron a ser amigos suyos.

La carrera artística de Kertész siguió despegando; así, en una carta fechada el 13 de noviembre de 1926 y dirigida a su hermano Jenő, que entonces ya vivía en Buenos Aires, demuestra que abrigaba muchas esperanzas de éxito:


¿Que hasta ahora no hemos tenido suerte? Repasa toda la familia por rama paterna y materna. ¿Cómo es posible que pese a haber crecido en el mismo entorno, incluso habiendo sido el nuestro un poco más mezquino, superemos a cualquier otro pariente intelectualmente? [...] Tenemos vocación, y esta vocación, tarde o temprano, se convertirá en éxito. Eso no es fanatismo, sino certeza, y ni siquiera se necesita suerte: tan sólo que la mala fortuna deje de perseguirnos. [...] Y ahora hablemos de ti. Sé que las palabras de reconocimiento, las buenas críticas por las que con tanto ardor has luchado, te dan de momento ánimo y coraje para el futuro. [...] No es eso lo que me alegra tanto, sino el hecho de que hayas podido llegar a ser fotógrafo. Si fueses un “baldover”1 de la bolsa, o un apicultor que tardase dos días en contar todas sus colmenas, como Papszt, lo máximo que lograrías ser es un hombre rico. Sin embargo, así serás un hombre feliz…
Su primera exposición en Francia se inauguró el 12 de marzo de 1927 en la galería Le Sacre du Printemps, donde tras la apertura se recitaron poemas de Lajos Kassák, Attila József, Arp Hans, Goethe y Tristan Tzara en sus idiomas originales.
En principio la fotografía más popular de Kertész fue la Bailarina satírica, que envió a Hungría donde fue publicada como suplemento del número 12 de la revista especializada Fotografía Húngara. En 1928 hizo la foto más conocida de su época francesa, La villa. Las fotos de Kertész ya se publicaban en distintas revistas como el Berliner Illustrierte Zeitung o el Münchener Illustrierte Presse. Además gracias a la recomendación del titiritero Géza Blattner, fue empleado como fotógrafo en el teatro de títeres Théâtre Arc-en-Ciel, fundado en 1929 y considerada la compañía más progresista de su época.
El 27 de octubre de 1929 se casó con Rózsi Klein, quien también se hizo fotógafa más adelante bajo el seudónimo de André Rogi. Ese mismo año visitaron Hungría, pero al volver a París su relación se fue a pique; Kertész se mudó de casa –más tarde se divorció– y volvió a entablar correspondencia con su antiguo amor, Erzsébet Sali, que en 1931 había viajado a París para vivir con él.

A comienzos de los años treinta cambió su vieja cámara por una Leica de 35 mm, y desde entonces pudo fotografiar su entorno sin llamar la atención, como quien lleva un diario, lo que supuso un gran cambio en su estilo. Como artista reconocido, muchos jóvenes se dirigían a él para pedirle su consejo o su opinión. Henri Cartier-Bresson dijo de él: «Todos estamos en deuda con Kertész». En ese tiempo trabajó regularmente para revistas francesas y alemanas, como por ejemplo Vu, Art et Médecine, L’Art vivant, Münchner Illustrierte o Die Dame.


En junio de 1933 se casó con Erzsébet y ese mismo mes murió su madre por cuyo entierro volvió a Hungría. En París conocieron a Robert Capa, al que Kertész ayudó varias veces durante su estancia en esa ciudad. Ese año llevó a cabo la serie de 200 fotografías Distortion, que le trajo el reconocimiento de la vida artística de París. La serie fue un encargo que el redactor jefe de la revista Le Sourire le pidió que hiciese sobre el cuerpo femenino, tema que era ajeno para Kertész. Con la ayuda de dos espejos deformantes de circo jugó con las modelos Nainskaya Verackhatz y Nadia Kasine creando imágenes distorsionadas que «subrayan lo extraño de la realidad, pero no la falsifican». Al demostrar la inmaterialidad del cuerpo humano, buscando insólitas soluciones visuales en esta serie, Kertész dio un paso de gigante.


Nueva York, 1936–1985
En los años treinta el partido nazi se había ido haciendo más fuerte en Alemania, las revistas publicaban más artículos de tema político y algunas cerraron. Kertész recibía cada vez menos encargos y por eso, junto a Erzsébet, decidió trasladarse a Nueva York durante una temporada.
Llegaron en 1936 invitados por la agencia fotográfica Keystone. Los primeros encargos no satisficieron a Kertész porque tuvo que trabajar en un estudio, un mundo que no era propiamente el suyo puesto que se sentía mucho más atraído por el trabajo de reportero gráfico; por ello, diez meses después de su llegada, dejó el estudio. No encontraba su lugar en los Estados Unidos, Nueva York le era ajeno, echaba de menos a sus amigos, a su entorno creativo, y además tenía que trabajar por encargo. Aunque consiguió montar algunas exposiciones, no logró grandes éxitos como artista, y lentamente comenzó a perder la fe en su talento. Su estilo no encajaba en la tendencia habitual de las revistas americanas de moda por aquel entonces, pero la editorial Condé Nast lo encontró interesante y comenzó a hacerle cada vez más encargos. Posteriormente, por medio de un contrato de larga duración, lo ataron durante décadas a la revista Home and Garden, publicada por ellos.
Durante la guerra, siendo ciudadanos de un país enemigo, sufrieron fichados y a Kertész le prohibieron fotografiar. Erzsébet, con Tamás Frank, de origen húngaro también, fundó una empresa de cosméticos bajo el nombre Cosmia Laboratory que vendía perfumes parisinos. Esta empresa les aseguró el sustento en ese periodo. En 1944 los dos asumieron la ciudadanía estadounidense. Decidieron establecerse definitivamente en los EEUU porque se sentían demasiado mayores para llevar una nueva existencia en otro lugar.
La carrera de Kertész despegó, se multiplicaron las exposiciones que montó, sobre todo las de las fotografías tomadas durante sus años en París. Se dedicaron varios álbumes a su obra. De los editados tras la Segunda Guerra Mundial, el más importante y el cual lo consagró mundialmente, fue el álbum André Kertész Photographer, escrito por John Szarkowski y publicado en 1964 por el Museum of Modern Art.
El 21 de octubre de 1977 murió su mujer, y desde entonces la depresión de Kertész se agravó; dejó de salir de casa y empezó la serie que mostraba los objetos y las piezas de común recuerdo de su mujer cuyas habitaciones dejó intactas. Fue la última serie considerable de su vida, publicada en 1981 en un libro que llevó el título From my window.

En 1984 volvió a ir Hungría y los lugares donde de pequeño había pasado los veranos. Fue a En Szigetbecse visitó el edificio designado a guardar su memoria, y recibió una de las condecoraciones estatales a las artes más importantes, la Orden de la Bandera de la República Popular. También estuvo en Esztergom. Además se publicó un álbum de gran importancia que durante su estancia en Hungría firmó al público interesado.

Falleció el 28 de septiembre de 1985 en Nueva York. De su obra, las copias vintage, las cámaras y parte de sus objetos se quedaron, de acuerdo a su testamento, en Nueva York bajo la gestión del Estate of André Kertész, y los negativos de casi cien mil tomas fueron entregados a la Mission du Patrimoine Photographique en Francia.

Autor: Peter Baki



Traducción: Éva Cserháti

1 Ladrón astuto en yiddish.





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