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Anarquistas, hamburguesas y vampiros (¿De qué trata este libro?)


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Anarquistas, hamburguesas y vampiros

(¿De qué trata este libro?)

“La fuerza del vampiro está en el hecho de que nadie cree en su existencia.”

Bram Stocker, Drácula
“A lo que estos fanáticos realmente se oponen es al sistema capitalista”

Ray Kroc
“El capital es trabajo muerto que sólo se reanima,

a la manera de un vampiro, al chupar trabajo vivo, y que vive más cuanto más trabajo vivo chupa.”

Carlos Marx, El Capital


Un hombre desconocido pronuncia su nombre: “¿Helen?” La mujer, pequeña y de edad mediana, mira con sorpresa mientras el extraño personaje arroja a sus pies un sobre y se retira rápidamente. El misterioso individuo es un enviado de los abogados de McDonald`s y Helen es Helen Steel, militante del grupo anarquista London Greenpeace. El sobre contiene un “Statement of Claim”, un documento que intima judicialmente a quien lo recibe. Cada uno de los otros cuatro miembros del grupo se encuentra con un sobre idéntico, con el mismo contenido. McDonald`s los conmina a retractarse del contenido del panfleto que London Greenpeace ha distribuido en acciones contra la empresa. ¿Qué dice el panfleto? Que McDonald`s vende alimentos nocivos para la salud (tanto por su contenido graso, poco nutritivo, bajo en fibras, excedido en azúcar, etc., etc., como por la presencia de químicos, bacterias, pesticidas y otros elementos por el estilo), que manipula a los niños (y sus padres) con publicidad obsesiva, que es responsable de la destrucción de bosques y selvas en todo el mundo a medida que se expande la ganadería vacuna que constituye su materia prima, que tiene prácticas crueles con los animales que ofrece como alimento, que paga a sus empleados salarios bajos por trabajo excesivo. Dos de los cinco intimados se niegan a retractarse y la empresa procede a iniciarles acciones legales por “calumnias e injurias”. Así empieza el juicio más largo de la historia inglesa y uno de los episodios más interesantes (y absurdos) de la historia de la sociedad capitalista: durante siete años, la empresa de comidas rápidas más grande del mundo y una de las multinacionales más poderosas (y conocidas) del siglo XX, se empeña en demostrar que dos ignotos anarquistas, desocupados, carentes de toda propiedad y que ni siquiera han escrito el panfleto, la han dañado material y moralmente.

Siete años, una corte de abogados experimentados, uno de los mejores “libel lawyers” (especialista en juicios por injurias) de Gran Bretaña, costos promedio de £6.000 por día, uso de detectives privados, transporte de testigos desde el exterior, liberalidad en gastos para transcripciones de datos, todo para demostrar que una jardinera (nuestra ya conocida Helen) y un cartero (Dave Morris, el otro miembro de London Greenpeace que se negó a retractarse), mentían acerca de la realidad de McDonald`s. Acusados que debían defenderse a sí mismos porque las leyes inglesas excluyen de la ayuda judicial a los casos de delito contra la dignidad. Ni siquiera contaban con el apoyo de una organización importante, porque London Greenpeace no tiene ninguna vinculación con la conocida organización ecologista (es, en realidad, anterior). La pregunta inmediata es: ¿por qué la empresa cuyos referentes publicitarios (el payaso Ronald y los arcos dorados) son casi tan conocidos como Papá Noel y la cruz cristiana, que ha vendido tanto que las hamburguesas colocadas una sobre otra podrían perderse en el espacio, se enreda en un juicio como éste, donde no tiene nada que ganar y mucho que perder? Si What`s Wrong with McDonald`s? (algo así como ¿Cuál es el problema con McDonald’s?) era un panfleto injurioso, está claro que su efecto no podía sobrepasar el de los graffitis de los baños públicos, dada la escasa capacidad de la organización anarquista para imprimirlos y distribuirlos, aún cuando fuera auxiliada por otras por el estilo, como los ignotos “Veggies” de Nothingham.

Se podrían imaginar dos explicaciones, según uno manifieste mayor o menor simpatía hacia la empresa o los acusados: a) McDonald`s es una empresa particularmente autoritaria y soberbia que no puede soportar las críticas; b) McDonald`s, autodefinida como “a good corporate citizen” (o sea, “un buen ciudadano corporativo”) se toma en serio, a diferencia de otras, la imagen que intenta dar a sus clientes y es, por eso, celosa de su reputación. Pero en cualquier caso, siempre parecerá una exageración. Sobre todo cuando se compara con el resultado final del juicio: mientras la empresa salió victoriosa en una serie de ítems importantes, fue encontrada “culpable responsable” de crueldad con los animales y fueron comprobados como hechos la explotación de los niños a partir de su estilo publicitario, el perfil “anti-sindical” de su forma de relación con el mundo del trabajo, los salarios bajos que contribuyeron a deprimir los de toda la industria de la provisión de alimentos, que el alimento que vende no es “nutritivo” y que engaña a los consumidores cuando lo promueve como tal y, por último, que existe riesgo para la salud de los clientes muy frecuentes. Los acusados, condenados a pagar una suma de dinero despreciable para los montos que maneja la creadora de la “cajita feliz”, apelaron el fallo en las partes adversas y se propusieron llevar al gobierno británico a la Corte Europea de Derechos Humanos, a fin de cuestionar las leyes sobre calumnias e injurias (en especial, la negación de ayuda legal gratuita y de juicio por jurado). Por si fuera poco, no sólo parecen haberse transformado en héroes populares, sino que se constituyeron en el centro de un movimiento anti-McDonald`s en varios países y obligaron a la empresa a entregar una enorme cantidad de información (que puede verse en McSpotligh, un sitio donde se acumulan datos de todo tipo). Y, por supuesto, What`s Wrong... ha superado por lejos el nivel de lectura de los graffitis de baño público.

Mientras nuestros héroes festejan este resultado como una victoria, porque de hecho lo es, (la actitud de McDonald`s les dió una oportunidad brillante para elevar el nivel de su actividad política) a mí me queda la sensación, un tanto amarga, de que algo falló. No sólo porque la empresa no perdió un solo peso, sino porque aunque hubiera ido a la quiebra, el resultado no habría sido mucho mejor. “Eh! ¿Cómo que no?” dirá el lector. Imaginemos los titulares: “¡Gigante de los negocios muerde el polvo por culpa de dos anarquistas desocupados!” Y sí, por supuesto, el impacto hubiera sido mayúsculo: obligaría a las empresas a comportarse con más cuidado en muchos aspectos importantes, daría coraje y valor a los ciudadanos comunes y corrientes en sus acciones contra los abusos corporativos, reivindicaría a los sindicatos repudiados por el Big Business, etc., etc.. Sin embargo, los efectos podrían ser perjudiciales también. Podemos imaginar otros titulares: “McQuiebra: ¡2.000.000 de obreros en la calle!” ¿Cuánto habría que esperar para ver manifestaciones pro-McDonald’s? Además, ¿qué impediría el crecimiento exponencial de los competidores de Mc que no tardarían en auto promocionarse subiéndose a la ola victoriosa que barrió con la cajita feliz, como hacen Adidas y Reebok a costa de Nike? Es más: ahora tendrían la excusa perfecta para subir los precios amparándose en la necesidad de “calidad”, lo que dejaría muy contentos a los pudientes que pueden comprar “alimentos orgánicos”, pero alejaría del consumo a los millones que recorren las góndolas en busca de números pequeños más que de promesas de vida sana. Porque, hay que decirlo, las hamburguesas de McDonald’s, Wendy’s o Burguer King pueden parecernos una porquería, pero son baratas, al menos para ciertos segmentos de la población: para muchos obreros y sus hijos, por unos pocos pesos se puede comer en un restaurante limpio, con aire acondicionado y tratado como un señor.

Tengo para mí que es ilusorio creer que se puede causar un gran daño al sistema en que vivimos con medidas de este tipo, ni siquiera que se pueda causar grandes problemas a una sola gran empresa. Por crímenes infinitamente peores que maltratar un pollo (por usar mano de obra esclava de los campos de exterminio judío en la Alemania nazi, por ejemplo) ninguno de los grandes consorcios alemanes fue ni va a ser destruido. Ni hablar de la complicidad de las empresas americanas con los golpes de estado y las dictaduras en todo el mundo, que no verán jamás a sus directivos sentarse en ningún banquillo de acusados. En suma, más que preocuparme “What’s wrong with McDonald’s?”, me intriga What`s wrong with Helen and Dave? (o sea, en lugar de ¿Cuál es el problema con McDonald’s?, ¿Cuál es el problema con Helen y Dave? -dicho en criollo…).O, si se quiere, ¿por qué es tan inútil una consigna como No logo? Detrás de la respuesta a esta última pregunta se encuentra el secreto de un problema que sólo ha sido rozado a lo largo de siete años de valiente y dura batalla. Aclaremos: nuestros compañeros han hecho un servicio enorme a la dignidad humana y a todos los que luchamos por una sociedad mejor. Eso no está en discusión. Ni su coraje ni su honestidad. Es un gran acierto haber atrapado en más de una falta a una multinacional. Pero lo que no parece muy acertado, más bien parece un error importante, es tomar a una empresa aislada e individual como enemigo principal. Ni siquiera a varias, como hacen los que luchan contra las “marcas”, la globalización y otras tonterías. Como argumentaremos más adelante, su estrategia se parece mucho a la idea de eliminar la viruela pinchando los granos en la piel en lugar de matar el virus. El resultado puede arrojar victorias parciales pero asegura la derrota final. Es en este sentido que intentaremos probar que la frase de Ray Kroc, el padre de McDonald’s, que encabeza este capítulo, es incorrecta en relación a nuestros compañeros ingleses pero perfectamente pertinente a lo que nosotros nos proponemos. Por eso, este no es un libro contra McDonald’s, aunque su título (cuyo sentido explicaremos hacia el final) alude metafóricamente a su creación más famosa. No tiene tampoco ninguna relación importante con el conjunto de las empresas fast food ni con ninguna empresa en particular. No. Este es un libro contra el sistema capitalista como tipo de sociedad humana.

Como veremos, esta posición depende de una concepción particular del mundo en la cual la totalidad es mayor y más importante que la suma de las partes. Preste atención querido/a lector/a, porque ésta es la idea más importante del libro: queremos entender el conjunto de problemas que tratamos, no como consecuencias de actos de maldad de ésta o aquella compañía, ésta o aquella política económica, éste o aquel político, sino como contradicciones propias de un tipo de sociedad. No es esto o aquello lo que está mal, sino todo. Por eso, el sistema no puede reformarse, ha de ser demolido por completo. Lo que queremos probar es que es al capitalismo a quien debe culparse por todos los males que aquejan la vida humana contemporánea. Y por eso debe ser destruido.

Pero si uno quiere destruir algo, debe entender cómo funciona. Entender implica realizar un trabajo, cumplir una tarea, desplazarse, caminar, ir hacia. ¿Y por qué tenemos que realizar ese trabajo, ese viaje? Porque, y esta es la segunda idea importante para lo que en este libro vamos a examinar, la realidad no se ve a simple vista. O mejor dicho, lo que se ve a simple vista no es toda la realidad. Hay que hacer un esfuerzo, trabajar duro para encontrar la verdad. Es necesario partir de la superficie y adentrarse en la oscuridad de las profundidades, en busca del elemento que constituye la base de la explicación. Por eso, este libro fue concebido como un relato de viajeros: iremos de viaje de la mano tanto de Ray Kroc como de Bill Gates, Sam Walton, la General Motors y una larga lista de personajes por el estilo, sin despreciar la colaboración local de los Pérez Companc, Macri o Fortabat. Nos acompañarán también algunos señores más agradables, en especial dos amigos míos que saben mucho, dos alemanes muy simpáticos (o muy odiosos, según se los mire), los compañeros Carlos Marx y Federico Engels. Como verán en las páginas que siguen, tengo muchos más “amigos” que nos ayudarán a comprender quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos.

Podríamos tomar cualquier ejemplo de viaje tal, pero la elección de Drácula no sólo guarda relación con mis predilecciones mitológico-cinéfilas y con la iconografía obrera que siempre describió al patrón como un chupasangre, sino que nos permitirá entender la tercera idea importante de este libro: que en las sombras, ocultándose, existe el poder que mantiene con vida a este sistema. No “poderes” múltiples y dispersos sino uno y concentrado: el poder del capital. Un poder impersonal, muerto, que se alimenta de la vida del conjunto de la humanidad. Cuando entendamos que es él el que está detrás de todo, comprenderemos por qué es necesario clavarle la estaca y hacerlo desaparecer de una buena vez. Por eso, otra vez, este libro puede ser considerado no sólo como un viaje imaginario, como ya dijimos, sino también como un relato de terror. Un viaje que comienza, como en cualquier cuento fantástico, por el simple expediente de atravesar una zona prohibida: una puerta cerrada, un espejo, un pasadizo extraño, una región desconocida. O unos “arcos dorados”, que es de donde partiremos nosotros. Es un viaje a lo más oscuro de la sociedad, hacia lo que no se ve, otra vez, a simple vista. Se trata, entonces, de una aventura iniciática. Como todo viaje iniciático, el objeto que se busca finalmente resulta ser uno mismo, en este caso, nuestro lugar en la sociedad que construimos y nos construye: la búsqueda de la conciencia de nuestro ser en el mundo. Sin esa conciencia resulta imposible la libertad. Por eso, luego de este viaje, no podremos volver a ser los mismos.

Empezaremos como se empieza toda travesía: acumulando los pertrechos necesarios. Primero, el pacto que nos permitirá sabernos compañeros aún en las situaciones más peligrosas: la idea de totalidad como clave explicativa, el que los seres humanos vivimos en sociedad, que nuestros problemas más importantes sólo se explican a partir de la sociedad en la que vivimos y no por el mero capricho individual. Después las herramientas: poleas, cuerdas, clavos, luces y todo lo que demanda el partir hacia parajes extraños, es decir, algunos conceptos básicos elementales. Tampoco podemos partir sin un mapa, aunque sea aproximado: una primera mirada de conjunto sobre la realidad. En el capítulo 1, entonces, mostraremos someramente en qué consiste esta sociedad específica en la que vivimos, cómo llegó a ser y por qué pensamos que morirá algún día.

Terminada esta etapa preparatoria, comienza la aventura propiamente dicha. En el capítulo 2 cumpliremos con la primera parada antes de seguir más al Oriente, tras las huellas del protagonista del clásico del vampirismo, acercándonos al mundo de los señores de la noche, los que mandan, la clase dominante de la sociedad capitalista: la burguesía. A las puertas del mercado, atravesaremos el espejo mágico de la mercancía y preguntaremos por el déspota (el capitalista), y sus dominios (el capital), a fin de comprender (superficialmente todavía) en qué consiste eso que le confiere tanto poder. Una vez zanjado este obstáculo, verdaderamente riesgoso pero necesario, nos adentraremos en las entrañas del castillo, en el mundo del trabajo capitalista. El capítulo 3, trata de explicar la razón por la cual los seres humanos tienen tan diferentes disposiciones vitales, tan diferente suerte en el mundo cotidiano, tan disímil perspectiva de vida. En suma, veremos qué significa ser un obrero, qué es la explotación. Entramos, por lo tanto, a la fábrica misma para mirar más de cerca ese mundo del trabajo alienado, del trabajo para otros: nos meteremos (sin permiso, por supuesto) allí donde reina el despotismo del capital.

Intentando salir del castillo, continuaremos nuestro viaje rumbo a una zona particularmente peligrosa, llena de trampas, pasadizos y soluciones engañosas. En el capítulo 4 nos acercamos al mundo en perpetua conmoción del capitalismo, el de las turbulencias permanentes, donde todo se desvanece en el aire: la acumulación y la crisis. Si sobrevivimos a este verdadero mar eternamente embravecido, seguiremos adelante, alejándonos cada vez más de la tumba (es decir, de la empresa capitalista) y haremos un alto en cierto barrio suburbano, en el que comprobaremos que todo aquello que creemos haber dejado atrás nos persigue implacablemente bajo la forma de la miseria, la enfermedad y la desesperanza. En el capítulo 5 hablaremos, entonces, de la pobreza, la salud y la locura. Como a esta altura ya habremos llegado a la mitad de nuestro viaje, descansaremos brevemente en la primera posada que encontremos, a la luz del fuego de la chimenea, buen vino y queso mediante.

Repuesta la energía y con las ideas centrales claras y distintas, comenzamos el viaje de regreso, dispuestos ahora a cuestionar todo lo que se nos inculcó durante años por la escuela o los medios de comunicación. El camino nos llevará a la entrada de un edificio pintado a tres colores, donde deberemos comparecer ante un extraño tribunal compuesto de una señora con gorro frigio, túnica blanca y un pecho al aire, y otros dos caballeros no menos particulares. Uno de ellos estará armado de una vara con la que intentará reducir todo a la misma medida, mientras el otro declarará amarnos todo el tiempo de una manera que no parecerá muy sincera. Los capítulos 6, y 7 hablan, entonces, de la libertad y la igualdad, o más bien de lo que quedó de ellas luego de que el Conde las sometiera al lecho de Procusto del orden burgués. Examinaremos allí al estado (capitalista) y la justicia (capitalista). En el capítulo 8 trataremos de entender por qué nos peleamos continuamente por lo que no corresponde, mientras abandonamos el campo de batalla real. Es decir, criticaremos aquí el sexismo, el racismo y el nacionalismo, interrogándonos en dónde quedó aquello de la fraternidad. Sobre esa base comprenderemos mejor por qué se nos intenta hacer creer, y cómo, que el culpable real no tiene ninguna culpa: hablaremos, en el capítulo 9, del mundo de la ideología. Con todo lo que hemos acumulado hasta aquí, pondremos en la picota las principales explicaciones actuales sobre la sociedad en que vivimos y trataremos de dar una interpretación propia acerca de hacia donde va el mundo actual. Luego de este capítulo 10, nos sentaremos, ya de regreso a casa, a realizar un balance final de este largo pero, espero, fructífero itinerario.

Alguna que otra aclaración más antes de partir. Primero, en cuanto a las fuentes de información, quisiera explicitar lo siguiente. Aunque el conocimiento social es remiso a mostrarse a simple vista, me gustaría demostrar que los materiales necesarios para construir una comprensión cabal del mundo en el que vivimos están, casi todos, al alcance de la mano. No hemos extraído, a propósito, nada que no esté en libros que se consiguen en librerías “de viejo” a precios absurdos por lo bajos. Creo que ninguno de los que cito o tomo como referencia a lo largo de todo Cajita me costó más de 20$, la gran mayoría no supera los 10 y una proporción importante pueden adquirirse por 1 o 2. El resto de los datos proviene de diarios y revistas de circulación nacional, como Clarín, La Nación, El Cronista Comercial, Ámbito Financiero, cuyo precio no supera los 2,5$ cuando vienen con revista y suplementos, e incluso que hasta pueden conseguirse gratis, como La Razón. Si el lector tiene cable, descubrirá que Discovery Channel, National Geographic o History Channel me ayudaron mucho. Internet no está al alcance de todos, pero el que pueda pagar un par de pesos la hora tendrá ante sí un archivo gigantesco de todo lo que se pueda imaginar, archivo que no dejé de consultar. Más a mano todavía están mis propios recuerdos personales, que no me han costado más que vivirlos. Seguramente el lector tendrá tantos recuerdos significativos como yo, simplemente porque ha vivido en la misma sociedad. Úselos, son la mejor fuente de información y la más barata. Si tiene televisión, se dará cuenta de que este libro ha sido construido, adrede, con lo que puede encontrarse cotidianamente en cualquier telenovela o película de cine americano, de esas que me fascinaban en las tardes de Sábados de Súper Acción y Hollywood en castellano y que ahora pueden sacarse de cualquier videoclub.

En segundo lugar, este libro pone énfasis en la explicación de los fenómenos. No es un libro que busque describir hechos o contar la historia con detalle. Eso puede conseguirse en otro lado e insisto en que todos los materiales necesarios para entender el mundo están a mano. Yo no he descubierto nada, no he hecho ninguna investigación espectacular, ni he arriesgado la vida tratando de dar a conocer cuestiones que el mundo ignore. Entonces, ¿por qué asimilo conocimiento con misterio, oscuridad, peligro, cuando todo está allí al alcance de quien quiera tomarlo? Porque el problema no es la información, sino la clave de interpretación. El problema no son los datos, sino cómo interpretarlos. Por eso, la intención principal detrás del uso de material casi de descarte es remarcar que el problema no radica en el conocimiento de los hechos, sino en la clave interpretativa. El problema no son los datos sino la teoría, los anteojos con los cuales se mira el mundo. Por eso mismo, quiero poner todo el énfasis posible en que el núcleo de este libro es un ejercicio de explicación, no de información. Intento que el lector pueda, luego de culminar este ejercicio, no tener más información sino mayor capacidad de análisis de la realidad en la que vive. No se trata de dar pescado sino de enseñar a pescar… No soy Jesús (válgame Dios…) pero me interesa que los lectores tengan a mano tanto las fuentes como la experiencia personal de todo lo que aquí se dice, porque eso facilita enormemente la comprensión de procesos complejos y problemas en apariencia abstractos. Por eso mismo es que se ilustra todo dos y tres veces, con ejemplos tomados de la cultura popular (y de la no tanto también, que para eso uno fue a la facultad…) a fin de que se entienda, es decir, se pueda explicar.

En tercer lugar, este libro está pensado como la primera parte de una trilogía. Le debiera continuar Adiós a la Argentina, donde me propongo utilizar como base los conceptos ya desarrollados aquí para analizar las transformaciones, a mi juicio, tristes y definitivas, que ha sufrido nuestro país en los últimos veinte años. El tercero debiera ser, si todo sale según lo esperado, El sueño escondido, una defensa del socialismo como la solución más adecuada a los problemas más importantes de la humanidad. El lector juzgará (y me lo hará saber, espero) por la experiencia que hará con La cajita infeliz, si estos otros libros merecen ver la luz del día. Esperaré ansioso la orden de largada…

Me gustaría terminar esta introducción señalando para quién fue pensado La cajita infeliz. Este es un libro de divulgación que intenta abarcar una problemática muy extensa, tanto como lo es la sociedad capitalista. De modo que no es una “reducción” o un “resumen” de El Capital como los que se confeccionaron durante los primeros y gloriosos años de la lucha socialista. No intenta, por lo tanto, emular ni a Gabriel Deville ni a Karl Kautski. Se parece más, guardando las gigantescas distancias, a los grandes panfletos que jalonaron la historia de la lucha por el progreso y la igualdad. Aunque lejos, muy lejos, de la eficiencia, la claridad y la inteligencia de un Bebel o un Lafargue, me gusta pensar que tiene algún resto de esa voluntad de confrontar y explicar, de trazar zanjas y marcar territorios, que hacen tan apreciados a La mujer y el socialismo o El derecho a la pereza. Muchos lectores verán que su lectura puede ser difícil, un tanto críptica y creo que tiene que ver con que he tratado de juntar la gris teoría con el verde de la vida y no me ha salido del todo bien. Pero también tiene que ver con que no quise escribir un libro fácil. No está, en principio, dedicado a especialistas. Tampoco a quienes este libro debería acusar como los principales responsables por los problemas que sufrimos: no es, éste, un tratado reconfortante para burgueses. Allá ellos si los domina el masoquismo. Es un trabajo hecho (vale más que nunca la redundancia) para trabajadores. Sobre todo, para los trabajadores más jóvenes, para aquellos que comienzan a peregrinar cotidianamente ese mundo subterráneo del trabajo capitalista. Por supuesto, me gustaría que pudiera ser leído por todos los obreros, incluso por los que viven en las peores condiciones. Pero en esta sociedad no sólo aprender a leer es un privilegio, sino más lo es aún el tener un libro entre manos y entenderlo. De modo que sé que muchos no podrán hacer solos esta experiencia. Pero hay cosas que no son fáciles y entender la sociedad en la que vivimos no figura entre ellas. Aún así habrá que esforzarse. No hay otra forma.

Por eso, compañero, compañera: si no entiendes algo, pregunta, júntate, discútelo, llámame. Si no sabes qué es tal o cual palabra, usa el diccionario. Si no reconoces algún concepto, hecho o cosa, revuelve otros libros, enciclopedias, atlas. Al final de cada capítulo, un resumen te ayudará a repasar y un listado de bibliografía te orientará para profundizar cada tema. Pero no esperes todo servido, todo masticado. Parafraseando al poeta, “lo que no aprendes por tí mismo, no lo sabes”. Pero no renuncies: “estás llamado a ser un dirigente”. No esperes que me haga pueblo: lucha, lucha con bronca por hacerte artista. Aprieta los dientes, róbale tiempo a la dictadura de la necesidad, a la codicia de los patrones y amasa esa violenta dulzura con la que cambiaremos el mundo. Esto que pongo aquí, este libro, es mi pequeña y modesta colaboración en la dura tarea de aprehender la realidad, entenderla y, por sobre todo, cambiarla. Espero que leerlo te sirva tanto como a mí me sirvió escribirlo.



Resumen

Este libro examina, a partir de materiales de fácil acceso, las características, la dinámica y las consecuencias de un tipo específico de sociedad, la sociedad capitalista, la sociedad en la que vivimos. Las premisas de las que parte son tres: 1) que nada se entiende si no se lo ubica en la totalidad que le da sentido; 2) que la realidad es mucho más que lo que se ve en la superficie; 3) que este mundo no es como es porque sí, sino que hay interesados en que así sea y así se quede. A lo largo del texto, concebido como un viaje a la manera del Drácula de Bram Stocker, entraremos al mundo del capital, al dominio del trabajo alienado, examinaremos la forma de funcionamiento del sistema y sus consecuencias sobre la vida y la cultura humanas. Terminaremos con una idea de hacia dónde está caminando el mundo hoy y cuáles son las perspectivas más probables para la población mundial bajo este tipo civilizatorio.



Bibliografía

Los datos sobre el Mcjuicio han sido tomados de Vidal, John: McLibel. Burguer Culture on Trial. La bibliografía sobre McDonald’s es interminable, pero resultará útil leer el libro de George Ritzer, La McDonalización de la sociedad, sobre todo porque en el último capítulo intentaremos refutar sus tesis centrales, profundamente erróneas. En el mismo sentido, puede ir ganando tiempo, leyendo No logo, de Naomi Klein y El libro negro de las marcas, de Klaus Werner y Hans Weiss. Si usted tiene preocupaciones culinarias y sabe leer francés, métale con Ariès, Paul: Les fils de McDo. Ahora, si lo suyo es más prosaico y quiere saber si es cierto el mito de la lombriz (no lo es, pero mire Ud. mismo) consiga el siguiente libro: Grefe, Christiane, Peter Heller, Martin Herbst y Siegfried Pater: El imperio de la hamburguesa. Como no descarto que haya lectores que no puedan creer lo que un zurdito prejuicioso como yo pueda decir sobre capitalistas exitosos, recomendaría una visión simpática para con la empresa: Love, John: McDonald’s. La empresa que cambió la forma de hacer negocios en el mundo. Para datos sobre la Argentina, el número 221 de Prensa Económica. ¿Se dio cuenta ya de que no se puede leer este libro sin ir al cine (o al menos pasar por el videoclub)? Entonces, no se pierda Super Size Me. La entenderá mejor si comprende la razón por la cual la carne nos resulta tan atractiva. Lea, para eso, Bueno para comer, de Marvin Harris, especialmente el capítulo dedicado a las hamburguesas, “San Vacuno, EE.UU.”. Y esto es todo (por ahora).







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